por Alberto López Girondo | Dic 19, 2016 | Sin categoría
La Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos, la tan célebre como tenebrosa CIA, parece inmersa en otra de sus ancestrales costumbres: la de elaborar estrategias para derrocar presidentes poco amigos “de la casa”. O al menos eso denuncian muchos cronistas que no se creen eso de que Rusia intervino en las elecciones de Estados Unidos a favor de Donald Trump en un inédito resabio de la guerra fría. Sin embargo, el pedido de investigar una posible incursión cibernética de expertos de Moscú es apoyado hasta por líderes del mismo partido por el que compitió el polémico empresario inmobiliario.
Paul Ryan, presidente de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, fue candidato a vice de Mitt Romney en 2012 y es uno de los favoritos del Tea Party, el grupo más radicalizado dentro del partido republicano, lo que no es poco decir. A regañadientes –como muchos otros republicanos- aceptó que Donald Trump hubiera sido el aspirante a la Casa Blanca y se supone que lo votó por disciplina partidaria aunque con un broche en la nariz.
Ahora se sumó al abanico de dirigentes que rechazan las nuevas alianzas que “su” presidente electo quiere establecer con Vladimir Putin. Y es uno de los conservadores que se sumó al pedido de investigación de espionaje ruso en los comicios estadounidenses que la CIA viene fogoneando en sordina desde hace meses.
Un caso que, de ser verdad, implicaría no solo un escándalo internacional sino que debería poner al país en pie de guerra. Trump, sin embargo, dobló su apuesta y nombró a alguien que conoce muy bien a Putin y negoció infinidad de veces con él, como el CEO de ExxonMobil Rex Tillerson para la secretaría de Estado.
Quema esos mails
Desde sectores políticos de izquierda y principalmente desde rincones libertarios de tendencia pacifista, sin ser “trumpistas” sostienen que hay en danza una colosal operación del servicio de inteligencia que se inició en mayo con la intención de limar el apoyo ciudadano al mediático empresario. Y ahora, elucubran, buscan quitarle apoyos en el colegio electoral. Es bueno recordar que Hillary Clinton obtuvo más de 2,6 millones de votos que Trump, aunque tiene 232 electores contra 302 del republicano.
Justin Raimondo, un “paleolibertario antibélico”, es agudo en la ironía: “la CIA está a la altura de sus viejos trucos, derribar un gobierno democráticamente elegido. Solo que esta vez es nuestro gobierno”.
El 18 de mayo, cuando las primarias estaban a pleno y Trump venía arrollando entre los republicanos, el director de Inteligencia Nacional del gobierno de Barack Obama, James Clapper, denunció una serie de ataques informáticos contra los dos partidos y adelantó que “a medida que la campaña avance probablemente sabremos mucho más” sobre el asunto.
Un mes más tarde, una empresa de ciberseguridad contratada por el Partido Demócrata señaló como posibles responsables del robo de datos del sistema informático a “los poderosos y muy capacitados servicios de inteligencia del gobierno ruso”.
Al otro día de la nominación de Trump, el 22 de julio, WikiLeaks publicó cerca de 44.000 mails y unos 18.000 documentos pirateados al Comité Nacional Demócrata (CND).
WikiLeaks entre en el juego
No fue sino hasta octubre, en plena disputa electoral entre Clinton y Trump y a un mes de la elección, que Clapper denunció que detrás de los ataques estaba Moscú. Desde entonces WikiLeaks fue poniendo en la web correos electrónicos de la cuenta personal del director de campaña de Clinton, John Podestá, que afectan especialmente a la aspirante a la Casa Blanca por las maniobras que expone para llegar al poder y por su responsabilidad en el uso de servidor oficial para mandar información privada.
Algunos de esos mails demuestran que la esposa de Bill Clinton estaba muy preocupada por el avance de Bernie Sanders en la interna demócrata y desnuda oscuras estrategias para atacar al senador por Vermont. La defesa del CND fue decir que los mismos que habían atacado al comité son los que hackearon las cuentas y las filtraron a WikiLeaks.
Tras la confirmación del triunfo electoral de Trump, desde la comisión de Inteligencia del Senado estadounidense se comenzó a menear la idea de investigar si hubo intervención de Rusia en el comicio para beneficiar al empresario. Y este último fin de semana el Washington Post y el New York Times se hicieron eco de un informe de la CIA que afirma que el gobierno ruso quiso ayudar a Trump publicando los correos hackeados a Podestá y al CND.
El Post, incluso, asegura –siguiendo la línea indicada por el dossier de la CIA- que espías ligados a Rusia entregaron los correos pirateados a WikiLeaks. Y agrega, citando a un alto funcionario estadounidense al que deja en el anonimato, que “la opinión de consenso” en la agencia es que “el objetivo de Rusia era favorecer a un candidato sobre el otro, ayudar a Trump a ser elegido”.
Por las dudas, el diario aclara líneas abajo que esa información es apenas una evaluación de una de las 17 agencias de Estados Unidos y que no hay pruebas de quienes serían los funcionarios rusos que ordenaron filtrar la información a WikiLeaks. El mandatario electo, como era de esperar, rechazó las conclusiones del informe de inteligencia y las calificó de ridículas. «No saben si fue China, Rusia u otro», aseveró. Y golpeó en un lugar que duele en las mentes mejor pensantes de Estados Unidos: “Son los mismos que dijeron que Saddam Hussein tenía armas de destrucción masiva”.
¿Pirateo o filtración?
La primera gran desmentida sobre la información partió desde la embajada ecuatoriana en Londres. Allí el asilado creador de WikiLeaks, Julian Assange, declaró que la fuente de los documentos publicados por el sitio no es ningún agente ni intermediario ruso.
A favor de los dichos de Assange intervino Craig Murray, un diplomático, académico y bloguero británico que fue por casi dos años embajador de Londres en Uzbekistán, hasta que fue depuesto por decir cosas inconvenientes para la política de la corona como que el uzbeco era un régimen fascista. Ahora Murray reveló que no hubo hackeo en la difusión de los correos. Más aún, tras aclarar que hay una diferencia sustancial entre piratear y filtrar, asegura que la información que supuestamente benefició a Trump salió de Langley, la sede de la CIA. Y afirma que conoce al “garganta profunda” que llevó el material a WikiLeaks. Que obviamente no es ruso, recalca.
El nuevo enemigo publico
Varias preguntas surgen a partir de todo esto. Una es por qué desde la agencia e incluso entre quienes proponen investigar el caso desde el Congreso -ligados al partido republicano muchos de ellos- quieren ir contra Trump. La periodista independiente Marcy Wheeler, experta en temas de seguridad y defensora de las libertades civiles, percibe que las nuevas alianzas que pretende Trump incomodan a la gran corriente de pensamiento e intereses creados en torno de la política exterior estadounidense en varias décadas.
Y un punto clave sería el Medio Oriente, ya que el acercamiento a Putin implica correrse de la intervención en Siria, donde Moscú es el principal sostén de Bashar al Assad. Por otro lado, la relación con el régimen de Arabia Saudita cambiaría radicalmente, lo que dejaría a la CIA fuera de foco en esa región y complicaría una relación tortuosa pero beneficiosa para las necesidades estratégicas de Washington.
“La CIA tiene una relación de larga data con Riad y juntos han trabajado asiduamente no sólo para derrocar a Al Assad en Siria, sino para forjar una alianza sunita ´moderada´ que vigile la región mientras establece a los saudíes como hegemón regional”, sostiene Wheeler.
Esto explicaría algunas de las razones para ir contra el inefable Trump y también para haber planteado la operación cuando todavía se podía minar el apoyo al empresario en la interna partidaria y luego cuando se lo podía derrotar en la presidencial. La otra cuestión sería porqué con el resultado puesto seguir batiendo ese parche.
El que ensaya una respuesta es Raimondo. El 19 de diciembre se reúne el Colegio Electoral que debería ungir a Trump. Los que se oponen a su nominación podrían tener en este informe de la CIA –que bueno es decirlo, carece de fuentes identificadas y no generó una protesta encendida de Obama ni de su canciller John Kerry- una buena excusa para abstenerse o votar por otro, que no necesariamente debería ser Hillary Clinton.
La opción es la que desliza Paul Craig Roberts, ex funcionario del Tesoro en el gobierno de Ronald Reagan y encendido opositor ahora a la limitación de derechos que se extendió en Estados Unidos desde el 2001. “Si los oligarcas neoconservadores o de seguridad militar están dispuestos a actuar tan públicamente en violación de la ley contra un presidente entrante que podría acusarlos y someterlos a juicio por alta traición, ¿no estarían dispuestos a asesinar el presidente electo?”.
Inquietante pregunta para una nación que ya sabe de qué se trata eso.
Tiempo Argentino
Diciembre 15 de 2016
por Alberto López Girondo | Dic 14, 2016 | Sin categoría
El embate contra el polémico presidente de la Cámara de Senadores brasileña, Renan Calheiros –que se atrevió a no dejar el cargo ante el pedido de un juez de la Corte y se salió con la suya– es apenas una muestra en escala de la descomposición que envuelve a la dirigencia política, que usó una argucia para acusar y destituir a Dilma Rousseff y ahora enfrenta escándalos de proporciones mayúsculas. Uno de los protagonistas de esta trama es la empresa Odebrecht, uno de los emblemas del período de Lula en el poder y ahora una pieza clave para develar los manejos de la política en Brasil.
La historia de este gigante que emplea a 168 mil trabajadores en 28 países –incluida la Argentina– y factura alrededor de 29 mil millones de dólares anuales comienza en 1856. Ese año, Emil Odebrecht, un joven de 23 años oriundo de Jacobshagen, Pomerania –entonces parte de Prusia y ahora territorio polaco– llegaba a América para afincarse en el sur del Brasil.
Era la segunda gran oleada de alemanes que llegaban a este rincón del mundo. En 1820 hubo una primera migración, atraída por el emperador Pedro I, que quería poblar de connacionales de su esposa, María Leopoldina de Habsburgo, esa región en disputa con las Provincias Unidas. Muchos de aquellos germanos terminaron como mercenarios en la guerra contra Buenos Aires, entre 1825 y 1828.
El primero de los Odebrecht se casó con su paisana Bertha Bichels y tuvieron 15 hijos. Es el tronco de una rama que computa más de 1300 personas con ese apellido. El más famoso en estos últimos meses es Marcelo Odebrecht, condenado a 19 años de prisión bajo severos cargos de corrupción como responsable de uno de los mayores conglomerados empresariales del mundo, con intereses en la construcción y la industria petrolera y química.
Marcelo Odebrecht fue uno de los principales aliados de Lula desde que llegó al poder, en 2003. Tanto la megaempresa como otros grandes holdings como Camargo Correa, constituyeron la “burguesía nacional” con la que el PT aspiraba al despegue de Brasil como potencia mundial.
Con créditos del Banco Nacional de Desarrollo y un empuje indudable, Odebrecht había extendido sus tentáculos hacia la mayoría de los países latinoamericanos y algunos africanos de lengua portuguesa. En Argentina ganó decenas de licitaciones desde 1987 y es uno de los que hará el soterramiento del ferrocarril Sarmiento. En Cuba construyó el complejo Puerto Mariel, una de las mayores apuestas del gobierno de la isla en esta etapa de actualización del modelo socialista.
Pero desde que intentaron poner un pie en Miami, murmuran en la filial porteña, se le complicaron las cosas. Y cuando el juez Sergio Moro avanzó en la megacausa Lava Jato, el nombre de Odebrecht era figura cantada en el despacho del polémico magistrado. Hace 16 meses, tras varios amagues, Moro ordenó la detención de Marcelo Odebrecht y de otros directivos de la firma. Ya había dejado tras las rejas a responsables de otras contratistas de Petrobras.
Marcelo Odebrecht cerró la boca por más de un año, como para cumplir un pacto de caballeros con el partido con el que había crecido tanto. Hasta que un golpe parlamentario dejó fuera de juego a Dilma Rousseff en agosto pasado. Y entonces abrió negociaciones con el juez. Prendería el ventilador y ordenaría hacer lo propio a ejecutivos bajo la figura de la “delación premiada”.
La semana pasada trascendió la lista de los que recibieron aportes de Odebrecht en distintas etapas de estos últimos años. Podría decirse que están todos, pero todos. Es cierto que aparecen encumbrados representantes del PT –no así Lula ni Dilma– pero especialmente se pueden ver los dirigentes que dieron el golpe. El que abrió el impeachment y terminó expulsado de la Cámara Baja, Eduardo Cunha, el canciller José Serra, algún apellido Temer que se relaciona fácilmente con el presidente y, claro, el senador Calheiros.
Esta semana hubo un pase de comedia cuando el juez supremo Marco Aurelio Mello ordenó suspender al jefe de los senadores por una causa de corrupción que data de 2007. La edición de Playboy de octubre de ese año mostraba como “conejita” de tapa a Mónica Veloso, examante del presidente de la Cámara Alta. La mujer, periodista, dijo que tenía una hija de tres años con Calheiros y que le retaceaba dinero. Era grave que las hubiera mantenido en las sombras, pero más que había conseguido “aportes” de empresas para darles una mensualidad bajo cuerda durante años.
Calheiros, del mismo partido de Temer y pieza clave hoy día para aprobar una reforma constitucional que limita el gasto público por dos décadas, también fue acusado de haber beneficiado a una fabricante de cerveza y de ser socio oculto de emisoras de radio. En esa época, el escándalo repercutía en el PT, ya que el hombre era aliado del gobierno de Lula. Ahora, todos sus atributos quedaron expuestos, como en una tapa de Playboy.
Tiempo Argentino
Diciembre 11 de 2016
por Alberto López Girondo | Dic 7, 2016 | Sin categoría
Foto: DIego Martínez
El vendaje en la mano derecha es la consecuencia no deseada de un partido de fútbol en Caracas con gente de la Cancillería. A Alfredo Serrano Mancilla, economista y académico español, director ejecutivo del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica. (CELAG) y asesor del presidente Nicolás Maduro, le gusta ir por el medio campo, pero no correr mucho. Dice que le gusta jugar al toque, como el Barça. Y eso que nació en la otra punta de España, en Cádiz. En esta charla con Tiempo analiza la crisis venezolana y la del Mercosur en el marco del triunfo de Donald Trump en EE.UU. y de la muerte de Fidel Castro en Cuba.
-¿Cómo interpreta la suspensión de Venezuela del Mercosur?
-Parece que hay una estrategia cada vez mas delimitada de las grandes potencias económicas internacionales de ir desintegrando cualquier bloque regional emergente, como ya han hecho con la Comunidad Andina de Naciones hace algunos años cuando la Unión Europea comenzó a tratar de país a país en lugar de bloque a bloque. En el acoso a Venezuela hay una intencionalidad de ir haciendo valer esta capacidad desintegradora.
-¿Qué puede pasar ahora con este organismo regional?
-Hace pocos días se aprobó un acuerdo complementario que era una de las exigencias-excusas que le ponían, eso debía terminar con los planteos jurídicos que se le hacían, pero es obvio que hay países que tienen la apuesta clara de expulsar a Venezuela alegando una cantidad de bobadas que casi no tienen sentido ni jurídico ni político. Un gobierno golpista como (Michel) Temer no puede presumir de dar lecciones democráticas en el marco del Mercosur, un gobierno como el de (Mauricio) Macri, que sigue manteniendo a Milagro Sala en la cárcel, no puede hacer ningún tipo de sugerencia democrática a un país como Venezuela. Mercosur es un bloque verdaderamente mucho más heterogéneo ideológicamente que hace unos años, lo que dificulta esa cuestión, pero no hay que olvidar que Mercosur tuvo como punto de partida un mercado común comercial, nunca fue como el Alba, la Unasur o la Celac, que tienen dimensiones políticas más fuertes. Qué ocurrirá con el Mercosur es muy difícil saber, porque si bien hay declaraciones de la canciller (Delcy Rodríguez) y del presidente (Nicolás Maduro) de que quieren estar en Mercosur, hay que recordar que cuando Venezuela entró se le aceptó la posibilidad de no suscribir tratados de libre comercio junto con el resto del bloque. Si Mercosur firmara un TLC con la Unión Europea, Venezuela tiene una cláusula que le permite no acabar en ese precipicio que sería para muchas economías. En eso fue muy cauteloso el comandante Chávez. Es más, me atrevo a decir que muchos empresarios en Paraguay, en Brasil y en Argentina estarían deseando acceder a un mercado interno como el venezolano, que sigue siendo muy jugoso a pesar de las dificultades económicas del país.
-¿Por qué no lograron acceder?
-Porque las propuestas de agresión política de sus gobiernos en estos últimos meses es contraproducente. Es muy contraproducente que (el presidente paraguayo Horacio) Cartes haga las declaraciones que hizo y que luego pida a escondidas que sus empresarios penetren en el mercado interno venezolano, lo mismo le pasa al señor Macri en Argentina. Los empresarios en ese sentido tienen intereses económicos muy pragmáticos y los gobiernos parecen que juegan por instancias más del Norte de sacar a Venezuela del mapa político.
-La situación política en ese país mejoró en estas últimas semanas, ¿es así?
-El dialogo es una iniciativa del propio gobierno con el apoyo de instancias internacionales como la presencia activa de Unasur, de ex presidentes de la región y del ex presidente español (José Luis) Rodríguez Zapatero. Todos han cumplido un papel relevante, han tenido una actitud positiva creyendo en el dialogo, respetando mucho la soberanía, no han sido injerencistas. La presencia final del Vaticano ha ayudado a que algunos sectores de la oposición que no querían ni estar, hayan cedido y me parece que eso ha rebajado mucho la tensión política y ha permitido canalizar el conflicto de cara al futuro, planteando mesas de diálogo en temas de política y economía.
-El diálogo revela que la oposición no tiene la homogeneidad que los medios intentan reflejar.
-Cuando uno elige un nombre lo que hace es mostrar al mundo de lo que carece. Llamar a la oposición Mesa de la Unidad Democrática es un desesperado intento de poner una etiqueta de lo que no son. La oposición en Venezuela es muy fragmentada y vienen de tradiciones históricas y políticas muy diferentes, hay gente de la ultraderecha fascista y otra que casi le da un codazo al de al lado para aparecer en la foto. Nadie acepta el liderazgo del otro, ni siquiera (Henrique) Capriles, que ha sido candidato en los dos últimos comicios. También está el presidente de la Asamblea, Henry Ramos Allup, el secretario de la MUD, Jesús Torrealba. A lo largo del diálogo se demuestra que no hay capacidad de ponerse de acuerdo, no han ido todos a la mesa y algunos siguen buscando la vía fascista. Todavía el partido más votado en las elecciones legislativas, aunque se perdió la mayoría, sigue siendo el chavismo, la oposición es infinitamente fragmentada y se nota.
-También parece un logro importante de Maduro que la OPEP tomara acciones para estabilizar el precio del petróleo.
-Nunca se ha valorado desde afuera el valor que tiene Venezuela en la OPEP, que no sólo es por la cantidad de petróleo que produce sino porque desde principios del siglo XXI (Hugo) Chávez tomó un rol clave en materia de la determinación soberana de los precios del petróleo por parte de los países productores y exportadores. Venezuela no sólo es importante cuantitativamente sino cualitativamente como marcador y eso hoy en día es clave. Venezuela ha sido de los países que han impulsado buscar espacios para entrar en un equilibrio en la cuota de producción de muchos de los países, como el caso de Arabia Saudita y la reinserción de Irán en el mundo petrolero después de los acuerdos nucleares con EE.UU. El precio del petróleo venezolano, que suele estar siete puntos por debajo del Brent, en 2014 era 88 dólares el barril en promedio anual, en el 2015 fue 44 y el primer trimestre del 2016 era 23. Hoy está en torno a 42 gracias a una política proactiva, soberana en materia de precios y ahora los ministros de los países de la OPEP discuten nuevas medidas en Viena con el agregado de Rusia, gran productor por fuera de la OPEP. Me parece que es casi irrefutable el papel que ha tenido el presidente Maduro. Pero siempre aparece opacado en los medios internacionales.
-¿Qué puede pasar en Venezuela y en la región con el triunfo de Trump?
-No hay duda que en la época de (Barack) Obama se han dado golpes de Estado muy fuertes, como Honduras, Paraguay, y ahora Brasil, más los intentos de derrocar a Chávez, a Maduro, a Correa, a Evo. No estoy exagerando y no creo que un futuro con (Hillary) Clinton hubiera sido mejor. Esto no niega que Trump tenga un papel muy agresivo en la política exterior en contra de la región latinoamericana, como lo mostró con México. En relación con Venezuela, después de un decreto que todo el mundo puede consultar de Obama declarando a Venezuela como un «enemigo amenazante», me parece que es difícil que Trump pueda redoblar esa apuesta. Seguramente la continuará y declarativamente pueda hacer algún tipo de disparate retorico. Venezuela es un país muy soberano, y con esto me quedo con cierta calma, sin que esto signifique que haya que estar tranquilo. No creo que en Venezuela puedan intentar hacer más de lo que ya hizo el señor Obama en el último tiempo.
-En relación con Cuba, sí podría haber un camino opuesto.
-La gran dificultad que tiene Trump, que parece que no le molesta, es tener que ir contra el mundo. Porque el mundo ha decidido ya hace años que el bloqueo es una locura, que la política es errada. Incluso la abstención de EE.UU. en la última votación demuestra que están en contra. Es difícil ir contra el mundo cuando hay un mundo que apoya y protege a Cuba en el sentido de las relaciones políticas y económicas, como China, Rusia, buena parte de Europa, buena parte de América Latina. Trump ha hecho declaraciones de que quiere desandar lo andado, habrá que ver cuánto puede echar atrás lo que se había avanzado con Obama, teniendo en cuenta que en ningún momento había levantado el embargo. O sea que Trump no tendría que volver a poner el embargo. A pesar de las buenas intenciones y de los acuerdos comerciales como la apertura de cuentas bancarias que se han ido produciendo en mínima medida, lo cierto es que no se levantó el embargo.
-¿Qué puede cambiar en el mundo con Trump?
-Creo que Trump retoma los viejos valores del nacionalismo-proteccionismo, lo cual no significa que no vaya a impulsar a sus trasnacionales con base y casas matrices en EE.UU. Muchas veces ha habido confusión, lo que Trump le está pidiendo al mundo es tener acuerdos comerciales desiguales de una manera clara. Es decir, que no penetren nada en EE.UU. y que EE.UU. siga penetrando en el mundo, lo cual es proteccionismo para un lado y libre comercio para el otro lado. Creo que esa es un poco la clave de la política exterior comercial de Trump y me parece que seguramente los grandes acuerdos como el transatlántico y el transpacífico seguramente van a estar condicionados por ese nuevo intento.
-Él dijo que el 21 de enero rompe el acuerdo TPP.
-Seguramente va a ser difícil predecir qué curso va a tener con las grandes marcas trasnacionales de EE.UU. Pero seguramente no va a permitir que esas grandes marcas internacionales no tengan los beneficios de los acuerdos de libre comercio que tienen afuera. Su problema es cuando estas grandes empresas no son productivas casa adentro. A nivel económico mundial reasulta interesante una nueva apuesta del señor Trump, más allá de las locuras políticas que va planteando. «
(Recuadro)
«No habrá antes y después de la muerte de Fidel»
-¿Qué cree que puede pasar en Cuba ahora que murió Castro?
-En los últimos años Cuba ha venido discutiendo los lineamientos de una nueva política económica. Se discutió mucho en todos los estamentos públicos, se ha discutido la aparición de los cuentapropistas con régimen tributario nuevo, están estudiando cómo reordenar los subsidios, el tema de la cartilla (de racionamiento), de las inversiones extranjeras directas, con nueva ley garantizando la soberanía que ha permitido la construcción del puerto Mariel, ha permitido entrada de capitales extranjeros con direcciones muy especificadas. En turismo han hecho grandes avances. No hay que pensar que va a haber un antes y un después de la muerte de Fidel. Va a seguir el modelo cubano garantizando soberanía hacia adelante, algo que parece innegociable. Cada vez que visito la isla y hablo con las contrapartes siento la maravillosa tranquilidad de que ellos tienen claro su estrategia de no negociar soberanía. Seguramente se tendrán que adaptar en algunos aspectos, lo han venido haciendo en los últimos años con este nuevo sujeto político que es el cuentapropista. Pero han sido muy inteligentes en ir reacomodándose a fenómenos económicos y políticos que estaban dándose por el propio proceso en la isla y en el mundo. El legado de Castro es muy vigoroso y Raúl tiene una calidad claveen materia económica y por mucho que digan que no hay cuadros, en Cuba lo que sobran son grandes cuadros políticos para seguir conduciendo la revolución hacia adelante.
Tiempo Argentina
Diciembre 4 de 2016
por Alberto López Girondo | Dic 5, 2016 | Sin categoría
La inauguración de la primera planta elaboradora de Coca Cola en la Franja de Gaza reaviva las tensiones entre Israel, el dueño de la franquicia de la popular bebida gaseosa –un palestino cristiano que tuvo que emigrar hace medio siglo y ahora es un millonario inversor con ciudadanía estadounidense- y la multinacional con base en Atlanta, en el estado norteamericano de Georgia.
El empresario Zahi Khouri ya había instalado varias plantas en territorio palestino desde hace 25 años. Al recibir un premio en Oslo el año pasado, Khouri destacó que “cuando volví a Palestina en 1991 para sentar las bases de la nueva economía palestina, uno de los logros que más me enorgullece fue convencer a The Coca-Cola Company para que abriera una empresa embotelladora en Palestina.
Hasta la fecha, la Compañía Nacional de Bebidas de Palestina sigue siendo la mayor inversión de capital no árabe en Palestina. Pensé que si The Coca-Cola Company reconocía Palestina, el mundo pronto seguiría”.
El reconocimiento al estado de Palestina fue creciendo en el mundo pero no por el papel que desempeñó Coca Cola, uno de los emblemas de Estados Unidos.
Cierto es que el apoyo en la Organización de Naciones Unidas aumentó y actualmente son más de 130 países, incluida la Argentina y el resto de los países latinoamericanos.
Pero si Palestina no es reconocida como estado miembro de la ONU -es apenas un estado observador- es por la negativa de Israel pero fundamentalmente de Estados Unidos. Esa situación representa una anomalía para las reglas que los países ganadores de la Segunda Guerra Mundial se fijaron a formar la ONU, en 1945.
Es que si algo había quedado establecido entonces es que no se permitiría que ningún país ocupara territorialmente a otro por fuera de las fronteras reconocidas hasta entonces. La división de Palestina, que había sido protectorado británico desde la desaparición de imperio otomano en la Primera Guerra, quedó específicamente determinada en 1948 entre un estado judío en Israel y otro árabe palestino.
En 1967, tras la Guerra de los Seis Días, Israel ocupó militarmente Cisjordania y la Franja de Gaza, y desde entonces fue extendiendo colonias de ciudadanos israelíes en territorios a todas luces ocupados ilegalmente.
Es así que en noviembre de 2015 los países de la Unión Europea acordaron que todo producto que ingrese en el continente desde esas colonias debe tener una identificación que indique que proviene de asentamientos ocupados desde 1967 y no reconocidos como parte del territorio israelí. Lo que generó las consabidas protestas del gobierno de Tel Aviv. La ocupación Coca Cola se comenzó a fabricar en Israel en 1966.
No hubo demasiados problemas religiosos ya que desde 1935 el rabino Tuvia Geffen, vecino de la central de la firma en Atlanta, había determinado que era aceptada como bebida kosher. Fue una decisión complicada, cuenta la historia, porque tenía que encontrar la forma de aceptarla sí o sí en vista de que había sido adoptada como bebida de consumo masivo por la comunidad judía estadounidense.
La forma fue muy sencilla: Coca-Cola le aseguró al rabino Geffen que utilizarían exclusivamente el azúcar de caña durante la Pascua y se comprometió a no usar otro ingrediente que el sacerdote no consideraba kosher. Y asunto arreglado.
Para los árabes la cosa fue más complicada, ya que el apoyo estadounidense a las reclamaciones y a las posiciones más extrema de los sucesivos gobiernos de Israel llevó a que por grandes períodos hubiese un boicot contra la popular gaseosa.
Bloqueo en Gaza
Desde enero de 2008, y tras una serie de enfrentamientos que terminaron con una desigual cantidad de víctimas de uno y otro lado (el conflicto de 2014, sin ir más lejos, dejó un saldo de 35 veces más víctimas palestinas que israelíes, 2310 contra 66) Israel decretó un bloqueo total a la Franja de Gaza.
Cuando en 2010 una nave turca con activistas sociales quiso romper el bloqueo fue bombardeado desde una nave israelí y fueron muertos 9 militantes, generando un incidente de proporciones con el gobierno de Tayyip Recep Erdogan.
Gaza, para intelectuales y dirigentes incluso israelíes, es una cárcel de 365 kilómetros cuadrados, apenas más grande de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Los palestinos no disponen siquiera de agua potable propia, la que es abastecida por una empresa privada israelí, ni de los servicios más esenciales, como la electricidad.
No pueden ingresar por las fronteras material de construcción con el argumento de que algunos de ellos pueden tener aplicación bélica. Y es muy restringido el ingreso de alimentos y venidas en general.
El millonario Khouri fue acusado en los últimos tiempos, sobre todo desde el anuncio de la planta de Coca Cola en Gaza, de compartir valores antisemitas con algunas organizaciones que plantean un boicot contra productos israelíes.
La explicación de esas instituciones es que promueven medidas económicas para forzar a que Israel reconozca y facilite la formación del estado palestino, lo que implica que abandone la ocupación de esos territorios.
Khouri fundó en 1998 la National Beverage Company (NBC), y para el 2006, tenía tres plantas de embotellado y siete centros de distribución en Cisjordania que empleaban a 400 trabajadores en forma directa y a otros 4,000 de manera indirecta. La sede central está en Ramallah.
El desafío más grande fue convencer a Coca Cola de hacer una fábrica en Gaza, donde emplearía a 120 personas con una inversión de 20 millones de dólares.
Boicot y algo más
Para cuando se anunció la instalación de la fábrica, la francesa Orange, de telecomunicaciones, también había anunciado una fuerte inversión en ese territorio.
El CEO de la empresa, Stephane Richard, primero se sumó a esos grupos de presión pero pudo más el lobby del gobierno de Benjamin Netanyahu y finalmente tuvo que recular. Khouri, en cambio, se llamó a silencio sin por ello haberse bajado de la inversión que, asegura, es con sus propios fondos ya que Coca Cola trabaja mediante franquicia.
«La instalación de nuestra nueva fábrica en Gaza muestra nuestro continuo compromiso para invertir y apoyar el progreso de las sociedades de todo el mundo», dijo arte el presidente de Coca-Cola, Muhtar Kent, al inaugurar la embotelladora gazebí.
Al otro día en su despacho recibió una carta del centro jurídico The Shurat Hadin de Israel. “Esa carta es una advertencia a la empresa Coca-Cola para que rescinda el contrato de franquicia que mantiene con la Compañía Nacional de Bebidas de Palestina, encabezada por Zahi Khouri, quien defiende abiertamente sanciones contra Israel,” amenaza el titular de la organización, Nitsana Darshan-Leitner.
El magnate está acusado de haber dado su apoyo al Movimiento de Boicot, Desinversión y Sanciones contra Israel (BDS por sus siglas en inglés), una de aquellas instituciones que reclaman el reconocimiento de Palestina y la devolución de territorios y que para los sectores más radicales de Israel son antisemitas..
BDS también pide indemnizaciones por los daños generados. En la Franja de Gaza, gobernada desde 2007 por Hamas, la organización política a la que Israel considera terrorista, viven casi 1,9 millones de habitantes.
El PBI fue en el 2008 de unos 6.641 millones de dólares, lo que dejaría un PBI de poco más de 6000 dólares anuales. Puede ser un potencial mercado para muchos productos y la apuesta de Coca Cola va en ese sentido.
La bebida de la “alegría” se fabrica en todo el mundo, y bien mirado no hay razones para que no tenga una embotelladora en ese castigado territorio. Habrá que ver cuáles serían las consecuencias para una marca que gasta el 25% de su presupuesto en políticas de marketing para que nada salpique su sacrosanta imagen.
tiempoar.com.ar
Diciembre 2 de 2016
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