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Alfredo Serrano Mancilla: «Ni Macri ni Temer pueden dar lecciones de democracia a Venezuela»

Alfredo Serrano Mancilla: «Ni Macri ni Temer pueden dar lecciones de democracia a Venezuela»

Foto: DIego Martínez

El vendaje en la mano derecha es la consecuencia no deseada de un partido de fútbol en Caracas con gente de la Cancillería. A Alfredo Serrano Mancilla, economista y académico español, director ejecutivo del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica. (CELAG) y asesor del presidente Nicolás Maduro, le gusta ir por el medio campo, pero no correr mucho. Dice que le gusta jugar al toque, como el Barça. Y eso que nació en la otra punta de España, en Cádiz. En esta charla con Tiempo analiza la crisis venezolana y la del Mercosur en el marco del triunfo de Donald Trump en EE.UU. y de la muerte de Fidel Castro en Cuba.

-¿Cómo interpreta la suspensión de Venezuela del Mercosur?

-Parece que hay una estrategia cada vez mas delimitada de las grandes potencias económicas internacionales de ir desintegrando cualquier bloque regional emergente, como ya han hecho con la Comunidad Andina de Naciones hace algunos años cuando la Unión Europea comenzó a tratar de país a país en lugar de bloque a bloque. En el acoso a Venezuela hay una intencionalidad de ir haciendo valer esta capacidad desintegradora.

-¿Qué puede pasar ahora con este organismo regional?

-Hace pocos días se aprobó un acuerdo complementario que era una de las exigencias-excusas que le ponían, eso debía terminar con los planteos jurídicos que se le hacían, pero es obvio que hay países que tienen la apuesta clara de expulsar a Venezuela alegando una cantidad de bobadas que casi no tienen sentido ni jurídico ni político. Un gobierno golpista como (Michel) Temer no puede presumir de dar lecciones democráticas en el marco del Mercosur, un gobierno como el de (Mauricio) Macri, que sigue manteniendo a Milagro Sala en la cárcel, no puede hacer ningún tipo de sugerencia democrática a un país como Venezuela. Mercosur es un bloque verdaderamente mucho más heterogéneo ideológicamente que hace unos años, lo que dificulta esa cuestión, pero no hay que olvidar que Mercosur tuvo como punto de partida un mercado común comercial, nunca fue como el Alba, la Unasur o la Celac, que tienen dimensiones políticas más fuertes. Qué ocurrirá con el Mercosur es muy difícil saber, porque si bien hay declaraciones de la canciller (Delcy Rodríguez) y del presidente (Nicolás Maduro) de que quieren estar en Mercosur, hay que recordar que cuando Venezuela entró se le aceptó la posibilidad de no suscribir tratados de libre comercio junto con el resto del bloque. Si Mercosur firmara un TLC con la Unión Europea, Venezuela tiene una cláusula que le permite no acabar en ese precipicio que sería para muchas economías. En eso fue muy cauteloso el comandante Chávez. Es más, me atrevo a decir que muchos empresarios en Paraguay, en Brasil y en Argentina estarían deseando acceder a un mercado interno como el venezolano, que sigue siendo muy jugoso a pesar de las dificultades económicas del país.

-¿Por qué no lograron acceder?

-Porque las propuestas de agresión política de sus gobiernos en estos últimos meses es contraproducente. Es muy contraproducente que (el presidente paraguayo Horacio) Cartes haga las declaraciones que hizo y que luego pida a escondidas que sus empresarios penetren en el mercado interno venezolano, lo mismo le pasa al señor Macri en Argentina. Los empresarios en ese sentido tienen intereses económicos muy pragmáticos y los gobiernos parecen que juegan por instancias más del Norte de sacar a Venezuela del mapa político.

-La situación política en ese país mejoró en estas últimas semanas, ¿es así?

-El dialogo es una iniciativa del propio gobierno con el apoyo de instancias internacionales como la presencia activa de Unasur, de ex presidentes de la región y del ex presidente español (José Luis) Rodríguez Zapatero. Todos han cumplido un papel relevante, han tenido una actitud positiva creyendo en el dialogo, respetando mucho la soberanía, no han sido injerencistas. La presencia final del Vaticano ha ayudado a que algunos sectores de la oposición que no querían ni estar, hayan cedido y me parece que eso ha rebajado mucho la tensión política y ha permitido canalizar el conflicto de cara al futuro, planteando mesas de diálogo en temas de política y economía.

-El diálogo revela que la oposición no tiene la homogeneidad que los medios intentan reflejar.

-Cuando uno elige un nombre lo que hace es mostrar al mundo de lo que carece. Llamar a la oposición Mesa de la Unidad Democrática es un desesperado intento de poner una etiqueta de lo que no son. La oposición en Venezuela es muy fragmentada y vienen de tradiciones históricas y políticas muy diferentes, hay gente de la ultraderecha fascista y otra que casi le da un codazo al de al lado para aparecer en la foto. Nadie acepta el liderazgo del otro, ni siquiera (Henrique) Capriles, que ha sido candidato en los dos últimos comicios. También está el presidente de la Asamblea, Henry Ramos Allup, el secretario de la MUD, Jesús Torrealba. A lo largo del diálogo se demuestra que no hay capacidad de ponerse de acuerdo, no han ido todos a la mesa y algunos siguen buscando la vía fascista. Todavía el partido más votado en las elecciones legislativas, aunque se perdió la mayoría, sigue siendo el chavismo, la oposición es infinitamente fragmentada y se nota.

-También parece un logro importante de Maduro que la OPEP tomara acciones para estabilizar el precio del petróleo.

-Nunca se ha valorado desde afuera el valor que tiene Venezuela en la OPEP, que no sólo es por la cantidad de petróleo que produce sino porque desde principios del siglo XXI (Hugo) Chávez tomó un rol clave en materia de la determinación soberana de los precios del petróleo por parte de los países productores y exportadores. Venezuela no sólo es importante cuantitativamente sino cualitativamente como marcador y eso hoy en día es clave. Venezuela ha sido de los países que han impulsado buscar espacios para entrar en un equilibrio en la cuota de producción de muchos de los países, como el caso de Arabia Saudita y la reinserción de Irán en el mundo petrolero después de los acuerdos nucleares con EE.UU. El precio del petróleo venezolano, que suele estar siete puntos por debajo del Brent, en 2014 era 88 dólares el barril en promedio anual, en el 2015 fue 44 y el primer trimestre del 2016 era 23. Hoy está en torno a 42 gracias a una política proactiva, soberana en materia de precios y ahora los ministros de los países de la OPEP discuten nuevas medidas en Viena con el agregado de Rusia, gran productor por fuera de la OPEP. Me parece que es casi irrefutable el papel que ha tenido el presidente Maduro. Pero siempre aparece opacado en los medios internacionales.

-¿Qué puede pasar en Venezuela y en la región con el triunfo de Trump?

-No hay duda que en la época de (Barack) Obama se han dado golpes de Estado muy fuertes, como Honduras, Paraguay, y ahora Brasil, más los intentos de derrocar a Chávez, a Maduro, a Correa, a Evo. No estoy exagerando y no creo que un futuro con (Hillary) Clinton hubiera sido mejor. Esto no niega que Trump tenga un papel muy agresivo en la política exterior en contra de la región latinoamericana, como lo mostró con México. En relación con Venezuela, después de un decreto que todo el mundo puede consultar de Obama declarando a Venezuela como un «enemigo amenazante», me parece que es difícil que Trump pueda redoblar esa apuesta. Seguramente la continuará y declarativamente pueda hacer algún tipo de disparate retorico. Venezuela es un país muy soberano, y con esto me quedo con cierta calma, sin que esto signifique que haya que estar tranquilo. No creo que en Venezuela puedan intentar hacer más de lo que ya hizo el señor Obama en el último tiempo.

-En relación con Cuba, sí podría haber un camino opuesto.

-La gran dificultad que tiene Trump, que parece que no le molesta, es tener que ir contra el mundo. Porque el mundo ha decidido ya hace años que el bloqueo es una locura, que la política es errada. Incluso la abstención de EE.UU. en la última votación demuestra que están en contra. Es difícil ir contra el mundo cuando hay un mundo que apoya y protege a Cuba en el sentido de las relaciones políticas y económicas, como China, Rusia, buena parte de Europa, buena parte de América Latina. Trump ha hecho declaraciones de que quiere desandar lo andado, habrá que ver cuánto puede echar atrás lo que se había avanzado con Obama, teniendo en cuenta que en ningún momento había levantado el embargo. O sea que Trump no tendría que volver a poner el embargo. A pesar de las buenas intenciones y de los acuerdos comerciales como la apertura de cuentas bancarias que se han ido produciendo en mínima medida, lo cierto es que no se levantó el embargo.

-¿Qué puede cambiar en el mundo con Trump?

-Creo que Trump retoma los viejos valores del nacionalismo-proteccionismo, lo cual no significa que no vaya a impulsar a sus trasnacionales con base y casas matrices en EE.UU. Muchas veces ha habido confusión, lo que Trump le está pidiendo al mundo es tener acuerdos comerciales desiguales de una manera clara. Es decir, que no penetren nada en EE.UU. y que EE.UU. siga penetrando en el mundo, lo cual es proteccionismo para un lado y libre comercio para el otro lado. Creo que esa es un poco la clave de la política exterior comercial de Trump y me parece que seguramente los grandes acuerdos como el transatlántico y el transpacífico seguramente van a estar condicionados por ese nuevo intento.

-Él dijo que el 21 de enero rompe el acuerdo TPP.

-Seguramente va a ser difícil predecir qué curso va a tener con las grandes marcas trasnacionales de EE.UU. Pero seguramente no va a permitir que esas grandes marcas internacionales no tengan los beneficios de los acuerdos de libre comercio que tienen afuera. Su problema es cuando estas grandes empresas no son productivas casa adentro. A nivel económico mundial reasulta interesante una nueva apuesta del señor Trump, más allá de las locuras políticas que va planteando. «

(Recuadro)

«No habrá antes y después de la muerte de Fidel»

-¿Qué cree que puede pasar en Cuba ahora que murió Castro?

-En los últimos años Cuba ha venido discutiendo los lineamientos de una nueva política económica. Se discutió mucho en todos los estamentos públicos, se ha discutido la aparición de los cuentapropistas con régimen tributario nuevo, están estudiando cómo reordenar los subsidios, el tema de la cartilla (de racionamiento), de las inversiones extranjeras directas, con nueva ley garantizando la soberanía que ha permitido la construcción del puerto Mariel, ha permitido entrada de capitales extranjeros con direcciones muy especificadas. En turismo han hecho grandes avances. No hay que pensar que va a haber un antes y un después de la muerte de Fidel. Va a seguir el modelo cubano garantizando soberanía hacia adelante, algo que parece innegociable. Cada vez que visito la isla y hablo con las contrapartes siento la maravillosa tranquilidad de que ellos tienen claro su estrategia de no negociar soberanía. Seguramente se tendrán que adaptar en algunos aspectos, lo han venido haciendo en los últimos años con este nuevo sujeto político que es el cuentapropista. Pero han sido muy inteligentes en ir reacomodándose a fenómenos económicos y políticos que estaban dándose por el propio proceso en la isla y en el mundo. El legado de Castro es muy vigoroso y Raúl tiene una calidad claveen materia económica y por mucho que digan que no hay cuadros, en Cuba lo que sobran son grandes cuadros políticos para seguir conduciendo la revolución hacia adelante.

Tiempo Argentina
Diciembre 4 de 2016

Burbujas de Coca Cola fabricada en la Franja de Gaza

Burbujas de Coca Cola fabricada en la Franja de Gaza

La inauguración de la primera planta elaboradora de Coca Cola en la Franja de Gaza reaviva las tensiones entre Israel, el dueño de la franquicia de la popular bebida gaseosa –un palestino cristiano que tuvo que emigrar hace medio siglo y ahora es un millonario inversor con ciudadanía estadounidense- y la multinacional con base en Atlanta, en el estado norteamericano de Georgia.

El empresario Zahi Khouri ya había instalado varias plantas en territorio palestino desde hace 25 años. Al recibir un premio en Oslo el año pasado, Khouri destacó que “cuando volví a Palestina en 1991 para sentar las bases de la nueva economía palestina, uno de los logros que más me enorgullece fue convencer a The Coca-Cola Company para que abriera una empresa embotelladora en Palestina.

Hasta la fecha, la Compañía Nacional de Bebidas de Palestina sigue siendo la mayor inversión de capital no árabe en Palestina. Pensé que si The Coca-Cola Company reconocía Palestina, el mundo pronto seguiría”.

El reconocimiento al estado de Palestina fue creciendo en el mundo pero no por el papel que desempeñó Coca Cola, uno de los emblemas de Estados Unidos.

Cierto es que el apoyo en la Organización de Naciones Unidas aumentó y actualmente son más de 130 países, incluida la Argentina y el resto de los países latinoamericanos.

Pero si Palestina no es reconocida como estado miembro de la ONU -es apenas un estado observador- es por la negativa de Israel pero fundamentalmente de Estados Unidos. Esa situación representa una anomalía para las reglas que los países ganadores de la Segunda Guerra Mundial se fijaron a formar la ONU, en 1945.

Es que si algo había quedado establecido entonces es que no se permitiría que ningún país ocupara territorialmente a otro por fuera de las fronteras reconocidas hasta entonces. La división de Palestina, que había sido protectorado británico desde la desaparición de imperio otomano en la Primera Guerra, quedó específicamente determinada en 1948 entre un estado judío en Israel y otro árabe palestino.

En 1967, tras la Guerra de los Seis Días, Israel ocupó militarmente Cisjordania y la Franja de Gaza, y desde entonces fue extendiendo colonias de ciudadanos israelíes en territorios a todas luces ocupados ilegalmente.

Es así que en noviembre de 2015 los países de la Unión Europea acordaron que todo producto que ingrese en el continente desde esas colonias debe tener una identificación que indique que proviene de asentamientos ocupados desde 1967 y no reconocidos como parte del territorio israelí. Lo que generó las consabidas protestas del gobierno de Tel Aviv. La ocupación Coca Cola se comenzó a fabricar en Israel en 1966.

No hubo demasiados problemas religiosos ya que desde 1935 el rabino Tuvia Geffen, vecino de la central de la firma en Atlanta, había determinado que era aceptada como bebida kosher. Fue una decisión complicada, cuenta la historia, porque tenía que encontrar la forma de aceptarla sí o sí en vista de que había sido adoptada como bebida de consumo masivo por la comunidad judía estadounidense.

La forma fue muy sencilla: Coca-Cola le aseguró al rabino Geffen que utilizarían exclusivamente el azúcar de caña durante la Pascua y se comprometió a no usar otro ingrediente que el sacerdote no consideraba kosher. Y asunto arreglado.

Para los árabes la cosa fue más complicada, ya que el apoyo estadounidense a las reclamaciones y a las posiciones más extrema de los sucesivos gobiernos de Israel llevó a que por grandes períodos hubiese un boicot contra la popular gaseosa.

Bloqueo en Gaza

Desde enero de 2008, y tras una serie de enfrentamientos que terminaron con una desigual cantidad de víctimas de uno y otro lado (el conflicto de 2014, sin ir más lejos, dejó un saldo de 35 veces más víctimas palestinas que israelíes, 2310 contra 66) Israel decretó un bloqueo total a la Franja de Gaza.

Cuando en 2010 una nave turca con activistas sociales quiso romper el bloqueo fue bombardeado desde una nave israelí y fueron muertos 9 militantes, generando un incidente de proporciones con el gobierno de Tayyip Recep Erdogan.

Gaza, para intelectuales y dirigentes incluso israelíes, es una cárcel de 365 kilómetros cuadrados, apenas más grande de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Los palestinos no disponen siquiera de agua potable propia, la que es abastecida por una empresa privada israelí, ni de los servicios más esenciales, como la electricidad.

No pueden ingresar por las fronteras material de construcción con el argumento de que algunos de ellos pueden tener aplicación bélica. Y es muy restringido el ingreso de alimentos y venidas en general.

El millonario Khouri fue acusado en los últimos tiempos, sobre todo desde el anuncio de la planta de Coca Cola en Gaza, de compartir valores antisemitas con algunas organizaciones que plantean un boicot contra productos israelíes.

La explicación de esas instituciones es que promueven medidas económicas para forzar a que Israel reconozca y facilite la formación del estado palestino, lo que implica que abandone la ocupación de esos territorios.

Khouri fundó en 1998 la National Beverage Company (NBC), y para el 2006, tenía tres plantas de embotellado y siete centros de distribución en Cisjordania que empleaban a 400 trabajadores en forma directa y a otros 4,000 de manera indirecta. La sede central está en Ramallah.

El desafío más grande fue convencer a Coca Cola de hacer una fábrica en Gaza, donde emplearía a 120 personas con una inversión de 20 millones de dólares.

Boicot y algo más

Para cuando se anunció la instalación de la fábrica, la francesa Orange, de telecomunicaciones, también había anunciado una fuerte inversión en ese territorio.

El CEO de la empresa, Stephane Richard, primero se sumó a esos grupos de presión pero pudo más el lobby del gobierno de Benjamin Netanyahu y finalmente tuvo que recular. Khouri, en cambio, se llamó a silencio sin por ello haberse bajado de la inversión que, asegura, es con sus propios fondos ya que Coca Cola trabaja mediante franquicia.

«La instalación de nuestra nueva fábrica en Gaza muestra nuestro continuo compromiso para invertir y apoyar el progreso de las sociedades de todo el mundo», dijo arte el presidente de Coca-Cola, Muhtar Kent, al inaugurar la embotelladora gazebí.

Al otro día en su despacho recibió una carta del centro jurídico The Shurat Hadin de Israel. “Esa carta es una advertencia a la empresa Coca-Cola para que rescinda el contrato de franquicia que mantiene con la Compañía Nacional de Bebidas de Palestina, encabezada por Zahi Khouri, quien defiende abiertamente sanciones contra Israel,” amenaza el titular de la organización, Nitsana Darshan-Leitner.

El magnate está acusado de haber dado su apoyo al Movimiento de Boicot, Desinversión y Sanciones contra Israel (BDS por sus siglas en inglés), una de aquellas instituciones que reclaman el reconocimiento de Palestina y la devolución de territorios y que para los sectores más radicales de Israel son antisemitas..

BDS también pide indemnizaciones por los daños generados. En la Franja de Gaza, gobernada desde 2007 por Hamas, la organización política a la que Israel considera terrorista, viven casi 1,9 millones de habitantes.

El PBI fue en el 2008 de unos 6.641 millones de dólares, lo que dejaría un PBI de poco más de 6000 dólares anuales. Puede ser un potencial mercado para muchos productos y la apuesta de Coca Cola va en ese sentido.

La bebida de la “alegría” se fabrica en todo el mundo, y bien mirado no hay razones para que no tenga una embotelladora en ese castigado territorio. Habrá que ver cuáles serían las consecuencias para una marca que gasta el 25% de su presupuesto en políticas de marketing para que nada salpique su sacrosanta imagen.

tiempoar.com.ar
Diciembre 2 de 2016

El efecto Trump

La victoria del millonario Donald Trump en las elecciones presidenciales sorprendió a los medios, los encuestadores y la dirigencia internacional. Todos habían apostado por la continuidad de los demócratas en la Casa Blanca y nunca imaginaron al controvertido magnate inmobiliario como presidente. Es cierto que Hillary Clinton obtuvo mayor cantidad de votos populares –superó al republicano por unos dos millones de sufragios– pero el sistema de elección indirecta favoreció al mediático personaje, que logró 290 electores contra 232. Números holgados que produjeron un escozor que recorre el mundo desde ese 8 de noviembre. ¿Es realmente el fin de la globalización, al menos tal como se desarrolló en esta etapa de la historia? ¿Será el comienzo de una nueva era de confrontaciones nacionalistas? ¿Es el regreso de lo que nunca se terminó de ir: la xenofobia, el racismo y el sexismo? ¿Es el fin del sueño del libre comercio?

Poco a poco Trump va despejando algunas de esas incógnitas. Asumirá el 20 de enero y la intranquilidad que despertó su nominación genera presiones dentro y fuera de su país. Por lo pronto, dio fuertes señales de que a algunas de sus promesas de campaña las piensa sostener tras la asunción. Así es que se rodea del ala de los republicanos que se consideran «halcones», si es que existen «palomas» en ese viejo partido cooptado por el Tea Party.

Las designaciones de Steve Bannon, un supremacista blanco, como estratega jefe del presidente generó rechazos, pero otros futuros miembros de su gabinete están tan corridos a la derecha como él. Jeff Sessions, declarado antiinmigrante, será fiscal general; el general retirado Michael Flynn, conocido por su oposición a la firma de los acuerdos nucleares con Irán, será asesor principal de Seguridad Nacional. El congresista Mike Pompeo será jefe de la CIA, mientras James Mattis, conocido enemigo de Irán que encabezó las invasiones de Afganistán e Irak, sonaba para la cartera de Defensa.

Castillo de naipes

La preocupación en el establishment internacional ante el posible triunfo de Trump era la misma que mantenía el partido Demócrata, que veía caerse como castillo de naipes una construcción que ya lleva más de dos décadas y que Obama había hilvanado pacientemente durante sus ocho años en el poder. Trump ganó la interna republicana y luego la presidencia con un discurso encarnizadamente opositor a los tratados de libre comercio y reclamando un nuevo rol para Estados Unidos en el mundo, no solamente el de gendarme de Occidente. Por un lado, es cierto que Flynn es antimusulmán, pero también es «amigo de Rusia» y promueve un acercamiento al gobierno de Vladimir Putin, algo diametralmente opuesto a la estrategia desplegada por los demócratas y por la Unión Europea en los últimos años.

Esto preocupa a los aliados de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), que captaron el mensaje de que van a tener que hacer mayores aportes para la seguridad continental. El gasto militar mundial es una de las razones, sostiene el presidente electo, para la caída en el poderío estadounidense. Y él vino para «hacer grande otra vez» a Estados Unidos, según su lema de campaña.

Por eso, el secretario general de la OTAN, el noruego Jens Stolterberg, dijo desde Estambul en un encuentro del organismo –del que forma parte Turquía– que confía en que EE.UU. mantendrá sus compromisos con los europeos, pero que los miembros de la Alianza también deben cumplir su promesa de gastar al menos el 2% de su Producto Interno Bruto (Pib) en Defensa.

No son los únicos que tiemblan ante la posibilidad de que realmente Trump cumpla sus promesas. Durante la gestión de Obama se fueron gestando acuerdos internacionales como el Transatlántico y el Transpacífico que tienen como modelo el que Bill Clinton promovió con el Consenso de Washington en los 90.

En la última gira antes de entregar el bastón de mando, Obama manifestó este temor. En Grecia sugirió a los jefes de Estado europeos mantener la calma pero también exigir el cumplimiento de los acuerdos. Lo mismo hizo en la capital peruana, donde dirigentes de 21 países de la cuenca Asia-Pacífico se reunieron para fijar posición ante el cambio de guardia en la Casa Blanca. Pidieron, junto con Obama, respetar el libre comercio y los documentos firmados. Su futuro personal y el de las elites globalizadas dependen de ello.

Cuellos azules

El libre comercio fue bandera de lucha del neoliberalismo desde la caída del muro de Berlín, y a partir del 8N parece a punto de estrellarse contra un muro similar, ahora entre México y Estados Unidos. Trump supo interpretar la angustia de millones de asalariados blancos empobrecidos del cordón industrial del centro del país –Michigan, Illinois, Ohio, Pensilvania–que, tras el acuerdo con Canadá y México (el Nafta), vieron perder sus ingresos primero y luego su trabajo.

El único que parecía tomar en cuenta esta situación fue el senador por Vermont Bernie Sanders, que apostó a disputar la interna demócrata por izquierda con un mensaje que representaba a los trabajadores de cuello azul (por el overol). Pero aunque dio lucha, no pudo contra el aparato partidario, que domina el matrimonio Clinton. Trump derrotó a las estructuras partidarias republicanas a fuerza de correr el arco hacia posiciones temerarias en cuanto a lo racial pero efectivas a la hora de reflejar a esos amplios sectores que nada esperan ya de los mercados abiertos.

En julio, el cineasta Michael Moore –apoyaba a Sanders– había escandalizado con su lúcida percepción de que Trump podría alzarse con el triunfo. Dijo entonces que el empresario concentraría sus esfuerzos en cuatro estados: Michigan, Ohio, Pensilvania y Wisconsin, que forman el antiguo cinturón industrial de Estados Unidos tradicionalmente demócrata, y que trataría por todos los medios de no perder los enclaves típicos de los republicanos.

Son distritos que desde 2010 tienen gobernadores republicanos y que desde ese momento reformularon los límites de los distritos electorales para beneficiar a los votos del partido. Una mirada desprejuiciada habría previsto, como Moore, que allí los republicanos juntarían 64 electores clave para retomar el poder, fuera quien fuera el candidato.

Revista Acción
Diciembre 1 de 2016

 

 

Trump al gobierno ¿los paleocons al poder?

 

Como los medios hegemónicos y la dirigencia política jamás pensaron que Donald Trump podría llegar a la presidencia de EE UU, recién ahora se desayunan con algunos de los soportes ideológicos del polémico magnate inmobiliario. Sin embargo, más que fijarse en el componente racista, xenófobo y sexista del hombre que ocupará el Salón Oval durante al menos los próximos cuatro años –de no mediar una «catástrofe»– deberían haber reparado en un movimiento que lenta pero persistentemente fue creciendo al amparo de las redes sociales y de medios con mucho capital intelectual y monetario detrás, que fueron diseminando las ideas «paleoconservadoras» que ahora florecen y amenazan el sistema cultural de la primera potencia del mundo.

Uno de los personajes más influyentes es sin dudas Richard Spencer, creador del término altright, (derecha alternativa) y que escandalizó con el grito Heil Trump en la celebración del triunfo del millonario. Otro es Steve Bannon, al que el propio Trump designó como jefe de asesores de la Casa Blanca. Aquí nace entonces una cuestión de fondo: es cierto, tanto ellos como cientos de miles de estadounidenses son decididamente supremacistas blancos y coquetean con ciertos componentes culturales del nazismo –Spencer se «disculpó» del exabrupto diciendo que había sido una ironía maliciosamente tomada por los medios– pero, ¿qué características tiene esa derecha que alguna vez pudo desbarrancar en un atentado como el que en 1995 dejó 168 muertos en Oklahoma City?

Hay una larga tradición en EE UU de un conservadurismo individualista, sobre todo en el sur esclavista, que nunca dejó de añorar aquellos «viejos buenos tiempos» en que los negros solo tenían la obligación de trabajar en los campos de algodón y no podían aspirar a la presidencia del país.

Spencer, a los 38 años, dirige el National Policy Institute, un think tank de la derecha supremacista pero no neoliberal ni globalizadora (npiamerica.org) tras una veloz carrera académica y difusora en medios de la derecha estadounidense. El NPI se define a sí mismo como «una organización independiente dedicada a mantener la herencia, la identidad y el futuro del pueblo de ascendencia europea en Estados Unidos y alrededor del mundo». Creado por dos teóricos de esa línea como William Regnery y Samuel Todd Francis, el sitio muestra una profusa producción teórica y mantiene un portal de noticias como Radix Journal, que sirvió de apoyo a la campaña de Trump, aunque no de manera oficial.

«Hay un vínculo emocional entre el movimiento Trump y el altright, incuestionablemente. Pero, ¿hay un vínculo directo? –se preguntó Spencer en una entrevista–. ¿Estoy visitando a Donald Trump? No». De hecho, cuando trascendió lo del saludo nazi, Trump se apuró a declarar al New York Times que desautorizaba y condenaba a ese movimiento.

Samuel Todd Francis, quien murió en 2005 a los 58 años, fue uno de los fundadores del NPI y uno de los más influyentes de sus mentores. Es un conocido «paleoconservador», una forma de expresar a esos conservadores bien rancios que no solo buscan mantener los privilegios sino las tradiciones más arcaicas de la cultura occidental y cristiana.

Por eso definió a EE UU como un «país cristiano» y consideró a la inmigración no europea como una catástrofe para la pureza de la nación. Al mismo tiempo, atacó en su momento la invasión a Irak por considerar que fue una actitud ilegítima de un poder totalitario.

Estos paleocons no tienen los mismos objetivos que los neocons que pululan en el Partido Republicano desde Ronald Reagan y entre los demócratas desde Bill Clinton para llevar al mundo hacia una globalización que no benefició sino al poder financiero y las multinacionales. Y que perjudicó a millones de estadounidenses, de paso.

Lo interesante es, más allá de un primer juicio banal de que son supremacistas, xenófobos, islamofóbicos y sexistas, qué mundo imaginan y cómo piensan llegar a cumplir con ese «nuevo sueño americano».

Spencer escribió en reiteradas ocasiones que su meta en la vida es «crear consciencia entre europeos-estadounidenses» para fundar un «etno-estado» que albergue a toda «nuestra familia extendida y para toda nuestra civilización». Se declara no violento y jura que quiere lograr sus objetivos sin derramamiento de sangre, pero no alcanza a explicar de qué modo «convencerá» a hispanos y afrodescendientes de dejar el país en manos de los blancos europeos. Incluso plantea sancionar a empresas que abaraten costos salariales contratando personal de «etnias inferiores».

Al nombrar a Steve Bannon, Trump dio señales inequívocas de que esa línea no le cae del todo mal. Bannon dirigió durante años Breitbart News, otro portal de la altright afín a Spencer. Ante el NYT el futuro mandatario defendió la designación de Bannon. “Tratamos de traer la mejor gente, no necesariamente gente que sea políticamente correcta, porque eso no funciona”. Queda por ver qué implica esa incorreción política en términos de Derechos Humanos.

Oklahoma City, 1995, 168 muertos

Un estudio de la Universidad George Washington revela que el número de supremacistas blancos y autodefinidos como neonazis en la red Twitter se multiplicó por seis en los últimos cuatro años. Esta cifra supera ampliamente a los autodenominados sitios islámicos, destaca el informe. Los investigadores señalan que los seguidores de estas páginas ultranacionalistas pasaron de 3500 en 2012 a 22 mil en 2016.

Pero más allá de la novedad de que tengan a alguien cercano en la Casa Blanca, esos sectores tienen un peso importante en la cultura de ese país desde tiempos remotos. Y quizás no habría que ir tan lejos para encontrar algún antecedente.

El 19 de abril de 1995 una explosión derrumbó el edificio Alfred Murrah de la ciudad de Oklahoma, segando la vida de 168 personas.

Era el segundo año de mandato de Bill Clinton y el demócrata estaba en su mejor momento. ¿Quién podría haber causado la masacre, algún grupo terrorista? La respuesta no tardó en llegar: dos estadounidenses, Timothy McVeigh y Terry Nichols, habían sido prontamente identificados por el FBI como los autores materiales de la explosión. Cuando McVeigh fue detenido tenía una remera que decía «Sic sempertyrannis» («Así a todo tirano»), la frase que usó John Wilkes Boothal disparar contra Abraham Lincoln. El joven había querido atacar la sede de un edificio federal para manifestar su rechazo a un gobierno que consideraba despótico. Pero no era un anarquista, era un derechista individualista extremo. Fue ejecutado en 2001.

Tiempo Argentino
Noviembre 27 de 2016