por Alberto López Girondo | Sep 12, 2017 | Sin categoría
Mañana se juega una partida crucial en las calles de Cataluña, cuando los catalanes celebren la Diada bajo el telón de fondo del llamado a referéndum independentista del 1 de octubre. Ya no solo se recordará el día en que Barcelona cayó en manos de las tropas borbónicas, el 11 de setiembre de 1714, sino la voluntad de ir a las urnas para dirimir una cuestión que fue creciendo en forma insistente en estos años como es la voluntad de formar un estado separado de España.
El miércoles pasado, y luego de unas 12 horas de escaramuzas y debates leguleyos, se aprobó la llamada a consulta popular y una ley de Transitoriedad que regiría en caso de una respuesta afirmativa el 1-O. Los partidarios del NO -que son minoría- se retiraron cuando vieron que no podrían dilatar el debate hasta el jueves, lo que hubiera permitido que Mariano Rajoy tuviera en sus manos un dictamen del Tribunal Constitucional para bloquear la convocatoria.
De todas maneras, el gobierno lanzó una andanada de recursos constitucionales y el TC dictó una cautelar por cuatro presentaciones de Rajoy. A su vez, el Tribunal Superior de Justicia de Catalunya dio lugar a un reclamo de la Fiscalía General de la región, una contra el presidente de la Generalitat Carles Puigdemont y su gabinete, y otra contra la titular del Parlament, Carme Forcadell. En ambos casos la acusación es por desobediencia, prevaricato y malversación, lo que implica una sentencia de prisión e inhabilitación para ocupar cargos públicos.
La misma amenaza rige para los alcaldes que se sumen al reclamo independentista o que den lugar a la votación. Se sabe que hay 670 de 943 municipios que ya avisaron que esperan y apoyan la voluntad popular. Otros ligados al socialismo rechazan el convite y Barcelona intenta mantener una equidistancia que parece difícil de sostener en estas circunstancias.
La alcaldesa Ada Colau llegó al cargo luego de una alianza entre Podemos y movimientos de izquierda locales, Barcelona en Comu. No es que se plante contra la consulta, solo que se la nota tironeada por sus aliados madrileños. Pablo Iglesias busca una alianza con Pedro Sánchez, el nuevo líder del PSOE, para quitar del medio a Rajoy y las políticas neoliberales del PP.
Colau, que tiene como número dos al argentino Gerardo Pisarello, se escuda en la suspensión dictada por el TC mientras cuestiona la cerrazón de Rajoy para «llegar a una solución del conflicto político». Pero también critica a los independentistas que, dice, quieren avanzar contra el deseo de «media Cataluña». Es que según las últimas encuestas, hay un 40% de catalanes que se manifiestan independentistas y otro 40% que no quieren dejar España, más un 20% de indecisos. La opción, en todo caso, sería llevar esta paridad a las urnas.
Desde Madrid, en cambio, quieren mostrar dureza y ordenaron a la Guardia Civil allanar talleres gráficos donde se imprimieron documentos del referéndum, uno en Tarragona y un semanario en Alt Camp.
La intervención del gobierno central choca con la policía local, los Mossos d’Esquadra, que son los que serían llamados por ejemplo a detener a Puigdemont y Forcadell, llegado el caso.
Sucede que este cuerpo policial fue muy celoso de su rol tras el atentado yihadista del 17 de agosto en La Rambla de Barcelona y fue muy evidente la velocidad con que desarticuló al grupo de presuntos responsables sin dejar que actuara nadie de Madrid. El sindicato que los agrupa ya adelantó que respetarán la ley. Lo que no queda claro es cuál de las leyes en disputa. «
Tiempo Argentino
Setiembre 10 de 2017
por Alberto López Girondo | Sep 12, 2017 | Sin categoría
Foto: Tiempo Argentino
Curioso raíd el de Mónica Silvana González. Nació en Buenos Aires y vivió en Mataderos hasta que a los cuatro años sus padres emigran a Esquina, Corrientes. De allí, con un diploma en Turismo por la Universidad del Litoral en la mano, se fue en 2001 con la idea de especializarse en España y recaló en la Universidad de Alcalá de Henares. Ya afincada en la tierra de Miguel de Cervantes, donde la conocen simplemente como Mónica Silvana, fue ocho años concejala, es diputada de la Asamblea de Madrid y desde junio pasado integra «la mesa chica» del Partido Socialista Obrero Español, tras el triunfo en la interna de la tradicional agrupación española del ala izquierda, que lidera Pedro Sánchez. Desde ese lugar clave, impulsa ahora una alianza con Podemos para poder gobernar con el modelo de la coalición de izquierda portuguesa. De paso por Buenos Aires, la secretaria de Movimientos Sociales y Diversidad –el asunto que más le preocupa y al que ha dedicado su vida política– del PSOE habló de estas cuestiones con Tiempo.
«La situación hoy día es que ganamos una interna complicadísima que era vencer a la trama de los medios de comunicación que es el grupo Prisa (Diario El País, radios en la península y Latinoamérica, incluida Continental en Argentina, canales de TV y editoriales como Santillana), hemos vencido al Ibex35 (el principal índice bursátil de ese país)», dice, como para romper el hielo.
–¿Vencieron a la casta?
–A mí no me gusta hablar de casta porque es un término muy de Podemos que debería tener sus aclaraciones. Hemos vencido a todo el poder que quería que gane Susana Díaz para que se justifique la abstención que le permitió a Mariano Rajoy ser presidente del Gobierno. Entendemos que ese fue un error y por eso el perfil que tengo para estar en la Permanente del Ejecutivo Federal, que es el entorno más cercano a Pedro Sánchez.
–¿Cómo podría definirse ese lugar en la cúpula partidaria?
–Hay un ámbito de 49 personas, que es la Mesa Grande y una Mesa Chica por decirlo en términos argentinos, donde somos 17 más el secretario general y es donde hacemos los despachos semanales.
–¿Desde ese sitial discuten la letra chica para la alianza con Podemos?
–El documento que hemos presentado a la interna dentro del 39º Congreso del PSOE y que ha salido refrendado por la gran mayoría de los socialistas españoles viene con un programa muy claro de una alianza estratégica no solamente de los partidos sino una alianza ciudadana, al modelo de Portugal. Allí hoy está gobernando la izquierda como fruto de una alianza con todos los sectores sociales. Es lo que queremos para España, que dejemos de lado a ver quién tiene mas votos si Podemos o el PSOE. No vamos a competir con ellos, aunque quisiera recuperar a esos votantes que han sido socialistas y por los errores múltiples que se han cometido en los últimos tiempos se han ido a Podemos. Como dice nuestro logo, «Somos la izquierda». Y somos una izquierda creíble que produjo un gran crecimiento en el país con el ingreso de España a la Unión Europea (en 1986, con Felipe González en el poder), con todo el paquete de leyes sociales y un enorme avance en cuestiones civiles y en mejora económica.
–¿Cómo podrían hacer eso ahora teniendo en cuenta lo que ha pasado en Grecia, donde fue claro que el paradigma de la UE no va hoy para ese mismo lado?
–Esta claro que en Europa las alianzas con la derecha no han funcionado. Siempre en esas alianzas todos quedan subsumidos en el partido que ha tenido la hegemonía del gobierno. Por eso creo que abstenerse para posibilitar que la derecha gobierne o compartir gobierno con la derecha no ha llevado ningún beneficio ni para los ciudadanos ni para la fuerza política. El modelo de Grecia es otro y no quiero compararme con otro país.
–Pero más allá de las alianzas políticas lo que se ve es que a los organismos centrales de la UE no les importa quién gane la elección y siempre presionan para que imponer medidas neoliberales. ¿No cree que hay una trampa en la que cayeron tantos partidos socialistas en Europa y el propio Syriza en Grecia?
–Es una trampa en la que han caído muchos, por eso nosotros decimos que no se puede hacer ninguna medida sin consultar. Lo hemos hecho en las bases y lo defenderemos estando en el gobierno. Sabemos que todos los cimientos sobre los que se ha construido Europa están en entredicho porque desde los sectores mas de derecha se están intentando separar a Europa. Nosotros defendemos todo lo contrario y decimos que para tener una España fuerte necesitamos una Europa fuerte. Se avecinan elecciones en el Europarlamento que son clave y creemos que las elecciones en Francia han contribuido a que no se siga desmembrando Europa.
–¿Cómo se puede hacer fuerte a España con una situación económica como la actual?
–Uno de los modelos que tiene que defender un nuevo gobierno es el combate de la desigualdad. España hoy día crece, pero con niveles de pobreza tremendos. En Madrid tenemos que hablar de un 21% de pobreza. Madrid, la capital de España, con una de las rentas per cápita más altas de Europa. La herencia que va a quedar después de esta gran crisis económica va a ser la desigualdad. Hace falta recorrer colegios, de rincones de los barrios de Madrid para darse cuenta. Yo como diputada conozco muy bien la realidad de los barrios de Madrid. Hay que hablar de esa pobreza que crece por gobiernos de derecha que están desarmando el modelo de Estado de Bienestar, la inversión en educación publica, en salud pública. Por eso le decimos a los ciudadanos que están viviendo esta situación que ahora la dirección del POSE vuelve a ser la misma de aquellos logros.
–Otro tema preocupante en el país es Cataluña, ¿cómo piensan tratar el caso?
–El tema es muy complejo. Desde la época de Manuel Azaña, presidente de la república española (1936-1939) autor de un libro muy interesante, «El gran problema español», se ve que los mismos temas siguen vigentes. Nuestro modelo refrendado en el 39ª Congreso es el del Estado Plurinacional. España puede ser una nación de naciones pero con un modelo de soberanía única que es España.
Tiempo Argentino
Setiembre 3 de 2017
por Alberto López Girondo | Sep 12, 2017 | Sin categoría
Tema presente en la campaña electoral, el control de los hechos ilegales ocupa un lugar central entre las preocupaciones de la sociedad. Persisten las deficiencias en los organismos responsables de aplicar la ley pese a los reiterados cambios en las cúpulas policiales.
Si hay un tema que atravesó la campaña electoral para las primarias -y lo mismo ocurrirá seguramente ante las legislativas de octubre-, es el del rol de las fuerzas de seguridad en la custodia del orden público y el combate del delito en un contexto en que las propias cúpulas de varios de esos organismos resultaron implicadas en escándalos de toda laya. Desde hace décadas, la sociedad oscila entre las críticas por la represión contra las demandas sociales, los reiterados casos de «gatillo fácil» y el auge de eso que los medios masivos llaman «inseguridad». Sucesivos casos de corrupción que involucran a las jefaturas policiales de distritos gobernados por el oficialismo como la provincia de Buenos Aires y la capital argentina –la detención del comisario José Potocar y su liberación bajo fianza ejemplifican este aserto-, pero también de provincias con otros colores políticos, así como la profundización del uso de la violencia frente a la protesta social, evidencian una deuda que la democracia aún no saldó.
Por caso, a medida que crece el desempleo, el reclamo social también aparece en el centro de la escena, al punto que para el periodista Ricardo Ragendorfer, uno de los conocedores más profundos del submundo policial, «la represión a los trabajadores de PepsiCo -a mediados de julio- fue el primer acto de campaña del gobierno». El autor de La bonaerense y La secta del gatillo destaca además que en épocas electorales hay una «demagogia punitiva» en que distintos candidatos ofrecen alternativas, a cual más dura, para «garantizar la seguridad» de la población, entre ellas es recurrente la idea de bajar la edad de imputabilidad. Tal vez la presencia del ex alcalde neoyorquino Rudolf Giuliani en Tigre con el ex intendente y aspirante a senador Sergio Massa pueda considerarse como ejemplo de esta competencia.
Lo mismo puede decirse de la aparición, en un programa de televisión de clara alineación con el oficialismo, de la grabación de un chico de 11 años diciéndose autor de varios de delitos graves, incluso un homicidio. Al otro día llovieron las críticas sobre el conductor televisivo y el responsable político de maniobra, Diego Kravetz, secretario de Seguridad del municipio de Lanús, donde se filmó la pseudo entrevista. Luego se supo que junto con el equipo periodístico estuvo el ex comisario inspector Daniel Alberto Villoldo, mano derecha de Kravetz y exonerado de la bonaerense por el ex ministro León Arslanian.
Reforma frustrada
Arslanian, uno de los jueces del tribunal que condenó a las juntas militares una vez recuperada la democracia, llevó a cabo la reforma policial más profunda de la policía provincial. La inició en 1998 con Eduardo Duhalde como gobernador, a poco del crimen del fotoperiodista José Luis Cabezas, pero renunció un año más tarde, cuando Carlos Ruckauf se postulaba a gobernador con una propuesta de «mano dura». Tras los asesinatos de Darío Santillán y Maximiliano Kosteki, dos crímenes cometidos por efectivos policiales, Felipe Solá volvió a convocar a Arslanian para proseguir esa tarea inconclusa. Nuevamente el «reformador» se tuvo que ir a su casa, cuando ganó la gobernación Daniel Scioli, en 2007, y volvió a los viejos esquemas de negociación con las cúpulas para mantener la «gobernabilidad».
Desde entonces, regularmente se registran escándalos que obligan a un recambio que en el fondo no tocan lo esencial, que es un esquema de regulación del delito peligroso para la sociedad. La llegada de María Eugenia Vidal a La Plata, en diciembre de 2015, estuvo marcada por este conflicto central para cualquier mandatario bonaerense. De hecho, se mudó a una base militar en Morón alegando que debía mantener su propia seguridad porque estaba decidida a luchar «contra las mafias policiales». El primer jefe designado, Juan Pablo Bressi, recibió críticas de organismos especializados pero la más feroz fue de la diputada Elisa Carrió, una de las fundadoras de Cambiemos, quien lo vinculó con el narcotráfico y otras actividades ilegales.
Vidal lo mantuvo en el cargo hasta que en mayo pasado le pidió la renuncia para no cargar con el lastre en la campaña. Según Solá, en el oficialismo le habrían reconocido que Bressi fue designado a instancias de la DEA, el organismo antidroga estadounidense. Al decir de Ragendorfer, Bressi representa dentro de la interna provincial una línea que continúa la gestión del comisario Hugo Matzkin, el pope durante la gestión de Scioli, y que se mantiene con su reemplazante, Fabián Perroni. La conclusión es que continúa la política de mantener las aguas calmas en el organismo aún con Vidal y su mano derecha en ese rubro, Cristian Ritondo. Más allá de lo que digan públicamente.
En la ciudad de Buenos Aires la situación no es mejor. La Policía Metropolitana fue creada por Macri en 2009 cuando era alcalde porteño. El primer jefe y virtualmente organizador fue Jorge Alberto «El fino» Palacios. Implicado en el proceso por espionaje ilegal que también salpicó a Macri, y en la causa por el atentado contra la Amia, Palacios terminó detenido en diciembre de ese año.
Cuando Macri llegó a la Casa Rosada, Horacio Rodríguez Larreta asumió en Buenos Aires. Entre sus primeras medidas estuvo la conformación de una Policía de la Ciudad, la fusión entre la Federal y al Metropolitana, una vieja aspiración del macrismo que encontró resistencias dentro de la vieja Federal. Los dos primeros titulares de esa fuerza también terminaron presos. Guillermo Calviño y José Potocar están procesados corrupción y si bien recuperaron su libertad, sus carreras quedaron truncas en el marco de disputas internas por el control de la nueva fuerza, según los conocedores del tema.
Los problemas de esta naturaleza no se limitan a la capital y la provincia de Buenos Aires. Santa Fe y Córdoba tienen lo suyo en materia de corrupción policial. Por caso, el 30 de julio, en una entrevista con el editor del diario Perfil, la procuradora Alejandra Gils Carbó contó entre los hechos destacables de su gestión, la creación de una
Procuraduría de Narcocriminalidad, la Procunar, que llevó al banquillo al jefe de Policía de Santa Fe, Hugo Tognoli, y al titular de Drogas Peligrosas de Córdoba, Rafael Sosa.
Más violencia
Para María del Carmen Verdú, una abogada con extensa labor en la defensa de víctimas de violencia policial y referente de la Coordinadora contra la Represión Institucional y Policial (Correpi), hay un incremento notable en los casos de «gatillo fácil» entre otras razones porque las autoridades decidieron poner más personal en la calle para atender a reclamos de seguridad y porque hay órdenes de actuar con dureza. «Si paran a todo el mundo y lo bajan del colectivo para hacer una requisa hay más contacto con la población y más posibilidades de violencia», resume.
Para Verdú, hay una clave que se repite desde 1983 en adelante y es que «el consenso social es como el balancín de un ascensor: cuando sube el consenso social (o sea, cuando el conflicto es menor) baja la represión, cuando baja el consenso, sube la represión». Cabe la aclaración de que para la abogada, cuando la policía no reprime oficialmente lo hacen «patotas», como en el homicidio del joven Mariano Ferreyra a manos de sicarios de un sector gremial. Estos tiempos de cierre de empresas y despidos masivos representan un momento clave en que el actual gobierno se inclina cada vez con mayor asiduidad a mantener el control social con modos cada vez más extremos, sintetiza.
El panorama se agravó al cierre de este panorama. Colectivos de Derechos Humanos y activistas sociales reclamaban ante la desaparición de Santiago Maldonado, un militante platense que reside en la ciudad rionegrina de El Bolsón y el martes 1 de agosto estaba en comunidad mapuche Lof de Cushamen, en Esquel, cuando ingresó un piquete de gendarmería para reprimir una protesta. Los testigos apuntan a que los gendarmes se lo llevaron detenido. Y el joven, hasta el 7 de agosto, no había aparecido. La ministra de Seguridad Patricia Bullrich recién habló del caso ese día, para asegurar que «El juez interviniente dice que no hay ningún indicio de que fue la Gendarmería quien lo tomó a Maldonado. Nosotros tampoco tenemos indicio de que Santiago Maldonado haya estado en el lugar, porque todas las personas estaban encapuchadas».
Los organismos de derechos humanos denunciaron enfáticamente la situación y exigieron la aparición de Maldonado. “Es muy grave esto que está pasando. La ministra Bullrich debe renunciar ya si tiene un poco de dignidad”, sentenció Nora Cortiñas, de Madres de Plaza de Mayo Línea fundadora.uerzas de seguridad.
Revista Acción
Agosto 1 de 2017
por Alberto López Girondo | Sep 12, 2017 | Sin categoría
El anuncio del megaplan de privatizaciones del gobierno de Michel Temer fue muy bien recibido en la Bolsa de valores, como era de prever, y también despertó las más furiosas críticas desde la oposición al neoliberalismo. Para el mandatario de facto, la venta total o parcial de 57 activos en manos del Estado es esencial para equilibrar las cuentas públicas y cumplir con la reforma constitucional que limita los gastos por 20 años. Para la destituida presidenta Dilma Rousseff, la privatización de Eletrobras es una amenaza de apagones en el futuro y lo que es peor, de tarifazos descomunales. «Sólo hay un resultado: el consumidor pagará una factura de luz estratosférica por una energía cuyo abastecimiento no estará garantizado», describió. Pero además, es quizás el último clavo al ataúd del proyecto iniciado por Getulio Vargas, de cuyo suicidio se cumplieron este jueves 63 años.
La ola privatizadora –planificada para que vaya entrando justo antes de las elecciones– incluye, entre otros bienes, además de parte de la eléctrica y de la petrolera Petrobras, la Casa de la Moneda, 13 aeropuertos y 15 terminales portuarias. Según el gobierno, se podrán recaudar un total de 17 mil millones de dólares.
El afán de alentar la inversión privada a como dé lugar liberará para la explotación minera la reserva amazónica, una suerte de santuario protegido del tamaño de Suiza que el último presidente de la dictadura militar, el general João Baptista Figueiredo, había declarado como territorio estratégico.
Con esta decisión de Temer, simbólicamente se le pone punto final al desarrollismo brasileño. En efecto, durante la Segunda Guerra Mundial el presidente Getulio Vargas fomentó la creación de Eletrobras, Petrobras y el Banco Nacional de Desarrollo (BNDes), la otra joya de la abuela que se encamina a ser enajenada por Temer. A lo largo del tiempo, a través de esta entidad se canalizaron préstamos a empresas brasileñas y se financió la expansión de firmas como Odebrecht, Camargo Correa y el frigorífico JBS, todos ahora en la picota por investigaciones judiciales. El banco se fondea con los aportes jubilatorios de los brasileños.
Este proyecto de Estado necesitaba de una alianza con Estados Unidos que Vargas defendió hasta que estratégicamente le resultó inconveniente. Desde entonces la prensa lo atacó ferozmente y en la carta donde explica las razones para su suicidio, producido el 24 de agosto de 1954, Vargas no pudo ser más claro: «Quise crear la libertad nacional potenciando nuestras riquezas a través de Petrobras, mal comienza ésta a funcionar cuando la onda de agitación crece. La Electrobras fue obstaculizada hasta el desespero. No quieren que el pueblo sea independiente».
Los militares que dieron el golpe en 1964 dieron fe de anticomunismo, pero mantuvieron el impulso a la industria nacional. Recién en los ’90 parte de las empresas públicas salieron a la Bolsa y sumaron inversores privados, aunque con control estatal.
Como se ve, la andanada contra Petrobras es de vieja data. Dilma agrega un dato sobre Eletrobras en una carta publicada el miércoles. Toda obra hidroeléctrica se amortiza a los 30 años de su construcción, lo que disminuye los costos. «Entregar a Eletrobras y sus usinas ya amortizadas a algún grupo privado, tal vez extranjero, significa hacer que el consumidor de energía pague una segunda vez por lo que ya pagó, además de abandonar cualquier concepto estratégico en relación con la producción, la distribución y la provisión de energía con seguridad y sin interrupciones ni apagones».
Tiempo Argentino
Agosto 27 de 2017
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