por Alberto López Girondo | Nov 11, 2017 | Sin categoría
Desde que pisó suelo moscovita, el capitán argentino acaparó todas las miradas locales, que esperan con ansias la cita del junio próximo. La penetración del 10 en la cultura rusa se mezcla con la tradición y los recuerdos soviéticos.
Cuando por los altavoces anunciaron –en ruso y en inglés– la formación de los equipos, estalló una ovación al escuchar el nombre del 10 argentino. Había apoyo para el equipo ruso, había entusiasmo, pero fundamentalmente había ganas de ver a Lionel Messi sobre el césped del estadio Luzhniki, de Moscú.
No es novedad que Messi es un ídolo en cuanto idioma se hable en el mundo. Pero en el Luzhniki resultaba gracioso escuchar los comentarios de los espectadores nativos. No hay forma para quien no conoce la lengua de entender de qué venía la conversación, pero el «Messi» se escuchaba clarito cada vez que el capitán argentino se encontraba con la pelota y armaba una jugada.
Los rusos no confían en llegar demasiado lejos con su formación, que esta vez salió a jugar con la camiseta roja de otras épocas, pero sin el CCCP soviético, sino con el escudo actual, el de la Federación.
Por eso todos los ojos estaban puestos en el crack argentino. Quedó claro cuando Messi fue a tirar un córner y tanto mujeres –que las había en gran proporción– como hombres dieron unas extrañas cabriolas para sacarse una selfie con el rosarino. Son los tiempos que corren.
En los primeros ataques argentinos se escucharon también varios «oi oi oi» preocupados. Pero el seleccionado ruso tuvo algunas jugadas que, si bien no llevaban peligro, despertaban el apoyo de los simpatizantes locales, que gritaban «Ro-sha, Ro-sha», o cruzaban sílabas con la tribuna de enfrente, al mejor estilo estadio español.
Los restos de la URSS
El Luzhniki se identifica fácil: es donde se abrirá el campeonato Mundial de Fútbol del año próximo y donde se disputará la final. Además, es la única de las 12 sedes que tiene una enorme estatua de Lenin a la entrada.
El Lenin se explica porque el Luzhniki es el único estadio que no se hizo de cero, sino que se aprovechó la estructura del que fue sede de los Juegos Olímpicos de Moscú de 1980, boicoteadas por varios países occidentales a pedido de Estados Unidos, incluida Argentina. Cuatro años más tarde los países comunistas boicotearon los de Los Ángeles, pero esa es otra cuestión.
Messi fue el personaje a curiosear en los entrenamientos y en cercanías del Hotel Radisson. El soberbio edificio tiene más de 500 habitaciones, 38 apartamentos, restaurantes, salas de conferencias y desde allí salen cruceros para recorrer el río Moscova.
También tiene su historia, es uno de los edificios que hizo construir Stalin a fines de la Segunda Guerra para alojar las oficinas de todos los ministerios. Se los conoce como las siete hermanas o los rascacielos de Stalin y tienen más de 300 metros de altura. Ahora, uno de esos edificios alberga a la Universidad Estatal de Moscú, otro a la Cancillería. La Selección se alojó en el que fuera el Hotel Ucrania hasta la caída de la Unión Soviética, y desde 2010, el Radisson-Royal.
Costumbres rusas
El gol del Kun Agüero sorprendió a muchos espectadores saliendo del estadio. Aun así tuvieron tiempo de lamentar que casi al final se terminara el sueño de al menos no perder con el que consideran el mejor equipo del mundo. El embajador argentino, Ricardo Lagorio, presente en la platea, comentó que en el gobierno ruso estaban preocupados hasta hace unas semanas. «Un Mundial sin Argentina no es Mundial», dice que le susurraban. Un Mundial sin Messi, tampoco.
El rosarino aparece en revistas, en anuncios, pero también en los locales de souvenirs se lo ve en jarras, compitiendo con el propio presidente Vladimir Putin, o los símbolos de la era soviética, como Lenin y Stalin. En banderas también, aunque aquí en Moscú se ve más el Messi de Barcelona que el de la Selección.
Donde también es personaje común es en las Mamushkas, o Matrioshkas, como se las llama por estas regiones de donde son originarias esas muñecas de madera tallada y pintada que esconden otras muñecas en su interior. La palabra deriva de una mezcla entre Matriona, mamá, y Bábushka, abuela, y tiene sentido ya que representa la continuidad generacional o de la especie.
En caso de Messi, había en el mercado de artesanías locales de Izmailovo, uno de los más transitados de la capital rusa, una Matrioshka con la imagen del capitán y los colores del seleccionado de la AFA. Adentro había un Dybala que adentro tenía un Higuain que adentro tenía un Agüero que finalmente terminaba en un Di María.
Lo curioso es que el apellido del goleador de la Juventus estaba escrito «Dubala». Es que en caracteres cirílicos, la Y se lee como U. El vendedor, un hombre venido de Uzbekistán, dice en un inglés bastante comprensible, que se las compra a una señora que las pinta en su barrio, y que ella las copia de imágenes que el hijo le baja de Internet. Por eso La Albiceleste y Argentina están bien escritos. El problema, parece, se le hizo al intentar traspasar a mano los caracteres latinos. El vendedor no tenía la menor idea del problema. Cosas que pasan en la Rusia que espera por ver a Messi en el Mundial.
Tiempo Argentino Sábado 11 de Noviembre de 2017
por Alberto López Girondo | Nov 11, 2017 | Sin categoría
Columna de opinión.
Medios gráficos argentinos asignaron enviados especiales para el encuentro que este sábado disputó el equipo de Argentina con el seleccionado de fútbol ruso. La televisión se hizo presente también en el estadio Luzhniki. Fue un acontecimiento relevante, porque se trató del partido inaugural en el campo de juego donde en menos de un año se disputarán los partidos más importantes de la copa más importante de la FIFA. Porque jugó Argentina luego de todo lo que tuvo que sufrir para clasificarse. Porque el técnico Jorge Sampaoli tuvo la posibilidad de consolidar al equipo sin las urgencias de sumar puntos.
Un par de días antes se recordaba la toma del Palacio de Invierno, un acontecimiento que conmovió al mundo, al decir de su historiador John Reed. Un hecho que marcó a fuego a todo el siglo XX e imprimió el ritmo a la clase trabajadora y al sistema capitalista mientras estuvo vigente. Tuvo influencia decisiva incluso en la cultura de varias generaciones.
Pero solo hubo un enviado de un medio gráfico local, Tiempo Argentino. Había de un canal, Barricada TV, y nadie más que quisiera reflejar cómo se vivían esos días en la Rusia actual.
Es cierto que el periodismo de hoy día no es el mismo del de hace una década, sin ir más lejos. Que los costos son altos, que desde el punto de vista empresarial, la información circula de tal modo que todo lo que ocurre en cualquier lugar del planeta se conoce al instante. Y cualquier administrador sin visión periodística puede creer que se trata de gastos que no reportan beneficios.
Para Tiempo, en cambio, es fundamental buscar poder estar donde resulta clave ver lo que ocurre con la mirada que reclaman nuestros lectores. Esos lectores y asociados que valoran el esfuerzo que significa tener enviados en el sur del país para contar con la mejor información y una óptica acorde sobre el caso Maldonado, por ejemplo.
También lo fue en este caso para tener un enviado a esos lugares donde hace un siglo el destino de la humanidad daba un giro trascendente. Y mostrar con ojos argentinos, los ojos de Tiempo, qué queda de esa utopía. «
Tiempo Argentino Sábado 11 de Noviembre de 2017
por Alberto López Girondo | Nov 11, 2017 | Sin categoría
El dirigente sindical tártaro, analiza las causas de la caída de la Unión Soviética y de las contradicciones del presente ruso.
Renat Karimov es el secretario general del Sindicado de Trabajadores Migrantes de Rusia, la organización más grande en su área de la Federación Rusa, con cerca de 30 mil personas provenientes de todos los rincones de la región. De hecho, Karimov es de Tartaristán. La mayoría de los afiliados es de Uzbekistán, Ucrania y Kazajstán, pero también hay sirios y hasta de Bangladesh entre los que buscan en ese gremio la defensa de sus derechos. Karimov fue uno de los fundadores de ese gremio, que es crítico de la central obrera mayoritaria, la Federación de Sindicatos Independientes de Rusia, heredera en todo el sentido de la palabra –afiliados y bienes materiales como los centros de veraneo- de los que existían en la era soviética–. Nieto de campesinos, es la segunda generación de universitarios en la familia.
A los 59 años, Karimov, este ingeniero industrial que trabajó en una fábrica de camiones en el Volga, también tiene un bagaje teórico importante como para responder a una cuestión que aún hoy asombra a quien visita ese extenso país: ¿por qué se desmoronó la Unión Soviética?
–La caída de la URSS (Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas) debe verse desde tres ángulos diferentes porque fue un proceso muy complejo. El primero es el económico.
–¿Qué fue lo que ocurrió en ese campo?
–En la última época de la URSS el desarrollo económico fue decayendo. Era necesaria en ese momento una reforma económica profunda. Porque por entonces comenzó a decaer en una gran medida la producción y las mismas empresas ya no estaban tecnológicamente acordes a la época, habían quedado desactualizadas. Frecuentemente el problema es que sólo había inversiones en el desarrollo militar y no en el resto de la industria.
–¿El nivel de vida de los trabajadores disminuyó?
–No gran cosa, pero fue un factor que afectó de algún modo porque no había ocurrido anteriormente. Otra cuestión es la crisis en el Partido Comunista de la URSS. Muchos militantes y muchos trabajadores se fueron convirtiendo en burócratas y perdieron contacto con lo que ocurría. En el fondo no hubo un desarrollo de la teoría marxista. Pero también hubo un tercer momento que fue el de los conflictos entre las naciones.
–¿A qué se refiere?
–En las repúblicas soviéticas empezaron a levantar la bandera del nacionalismo. Fue un engaño que se le hizo a la gente. Les hicieron creer que si se salían de la URSS iban a estar mejor. Fue un enorme error. Ese tremendo engaño arruinó a la URSS, fue un golpe mortal.
–¿Qué cree que debió hacerse en ese momento?
–No quedarse solamente en el problema del desarrollo. Era necesario ser constante y luchar por defender lo que había, porque las condiciones que se daban en el socialismo siempre iban a ser mejores que las que se pueden dar en el capitalismo.
–¿Hicieron una autocrítica de los errores cometidos?
–Acá se inició un proceso revolucionario y en ese camino hubo errores. En alguna medida es lógico que ocurriera porque fue la primera prueba. Pero no debemos olvidar esos errores, hay que estudiar las causas para no repetirlos en el futuro si apareciera la posibilidad de emprender ese camino a una nueva sociedad otra vez. Pero nadie puede borrar los logros de los trabajadores. Como los derechos garantizados del trabajo, los derechos de la maternidad, los fondos sociales de consumo el nivel de vida que subían permanentemente. Todos esos elementos eran una cosa cotidiana. La gente no se daba cuenta mucho de eso y ahora se dan cuenta de lo que perdimos a medida que nos alejamos del período soviético. Entre las mentiras que hoy vemos, cada vez más pretenden que olvidemos eso. No es cierto que lo grandioso sólo se puede ver desde mucha distancia. Nos hablan de libertad pero sólo el socialismo puede garantizar el progreso para toda la gente liberando a la persona de difíciles problemas de la vida, cómo alimentar a los hijos, cómo mantener a los viejos. «
Tiempo Argentino Sábado 11 de Noviembre de 2017
por Alberto López Girondo | Nov 10, 2017 | Sin categoría
Las obras en el centro que encara el alcalde capitalino, del riñón de Putin, avanzan a paso rápido pero en las afueras el debate es por las destrucción de las jruchovskas, viviendas de baja calidad de la era de Nikita Jruchov.
La inauguración del Estadio Luzhniki, el campo de juego donde se disputará la final de la copa del Mundo 2018, como se sabe, contará con la presencia del equipo argentino, pero con el gancho de su figura más convocante, Lionel Messi. Cuando este sábado comience a rodar la pelota se habrá cumplido uno de los objetivos que se fijó el gobierno de Vladimir Putin cuando decidió proponer a Rusia como sede del máximo certamen de la FIFA. Para esa tarea fue preparando durante cinco años al gobernador de la región siberiana de Tiumén, Sergei Sobianin, y finalmente logró colocarlo como alcalde de Moscú en 2010. Desde entonces el Lord Mayor moscovita literalmente dio vuelta a la ciudad para embellecerla y dejarla en condiciones de recibir la mirada de miles de periodistas y turistas de todo el mundo que sin dudas acudirán al evento. Pero tal vez no consiga dejarla como la pensó.
En el centro de Moscú, principalmente alrededor de la Plaza Roja, son varios los edificios que están siendo totalmente remozados. Si no se notan tanto las obras que se realizan es porque cubren las paredes, como se está popularizando en todo el mundo, con una malla que tiene dibujado el contorno de lo que será el frente definitivo. Pero en cuando uno se aleja, aparecen esos bellos palacios del siglo XIX totalmente pelados a la espera de una nueva capa de revoque y pintura. Una puesta en valor de toda una metrópoli.
Según dicen por las calles, Sobianin es un “hombre eficiente”. Lo había demostrado en la lejana Siberia y eso llamo la atención del líder ruso. Es entonces de la máxima confianza de Putin.
Demostró en principio que cumplía con los plazos establecidos al terminar a tiempo el Luzhniki, un estadio que tiene su historia durante el periodo soviético y que estaba bastante venido abajo, según los estándares que plantea la FIFA.
Sobianin dice estar satisfecho con lo que se consiguió con el estadio, en el que se gastaron casi 500 millones de dólares. Y ahora dice que quiere hacer lo mismo en toda la ciudad. Para eso comenzó con el arreglo de las veredas, que son de placas de granito de unos 10 centímetros de espesor. Y le da una profunda “lavada de cara” a los edificios más característicos.
Pero también tiene planes más ambiciosos para las éras perifericas, en un proyecto que le generó no pocos dolores de cabeza.
Resulta ser que entre los viejos edificios colectivos de la era soviética hay una gran parte que fueron construidos durante el stalinismo y otros en la época de Nikita Jruschov. Los primeros son sólidos y dan para aguantar varios vendavales más como los que cada tanto sacuden a Rusia. Pero las llamadas “jruchovskas” están construidos con materiales de baja calidad, no tienen ascensor a pesar de que tienen hasta cinco pisos de altura, son fríos y feos y las instalaciones están deterioradas. Son como barrios Lugano I y II pero muy venidos menos.
El alcalde, con el apoyo de Putin, comenzaron un proyecto de destrucción de esos edificios para levantar nuevas viviendas más acordes con estos tiempos y sobre todo, de mejor calidad. El problema es que cuando se hicieron las cuentas se vio que había que planificar al traslado de 1,5 millones de personas, algo así como el 10 por ciento de la población. Y además se desnudaron las desconfianzas.
¿Dónde iremos a parar, qué nos darán a cambio?, decían los implicados en la mudanza en los medios locales hace unos meses.
Hubo manifestaciones de protesta en reclamo de definicones bien claras y por ahora la cuestión está en stand by ante los debates que se generan y a pocos meses de las elecciones Putin no quiere abrir en frente de tormenta. Pero también se acerca el Mundial, la otra condicionante del proyecto.
Para la oposición liberal, lo que se traen bajo la maga Putin y Sobianin es un formidable negocio inmobiliario y señalan que las jruchovskas de los otros países comunistas se renovaron totalmente pero sin derribarlas.
En las marchas de junio muchos vecinos mostraban su temor a la intervención estatal en un problema como ese porque recuerdan lo que sucedió en los 90 y no quieren ser nuevamente víctimas de intereses que no entienden ni manejan.
Tiempo Argentino Viernes 10 de Noviembre de 2017
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