por Alberto López Girondo | May 10, 2018 | Sin categoría
No debe haber en Estados Unidos personaje más adecuado que Oliver North para presidir la Asociación Nacional del Rifle (NRA por sus siglas en inglés), la mítica ONG que se ocupa de que los estadounidenses conserven el derecho a portar armas contemplado en la Segunda Enmienda de la Constitución. Finalmente, a los 74 años, le llegó el nombramiento, según anunció el director ejecutivo de la institución, Wayne LaPierre, en reconocimiento a que «es un guerrero legendario de la libertad en Estados Unidos, un comunicador talentoso y un líder habilidoso».
Fanática organización armamentista, la NRA apoyó con fervor la candidatura de Donald Turmp a la presidencia de Estados Unidos y el empresario se los agradeció especialmente hace unas semanas, en pleno debate tras una masiva marcha estudiantil luego de la masacre de 15 alumnos en una escuela de Parkland, Florida. «Como presidente, nunca interferiré con el derecho del pueblo de tener y portar armas. La libertad no es un regalo del Gobierno, es un regalo de Dios», dijo Trump.
North alcanzó notoria fama en los años 80 cuando fue asesor en Seguridad Nacional del entonces presidente Ronald Reagan, llegado a la Casa Blanca en 1981. Desde su acceso al poder, el ex actor de Hollywood se propuso combatir a la Revolución Sandinista -que había tomado el poder en Nicaragua en julio de 1979 tras la huida del dictador Anastasio Somoza- y a la Revolución Iraní, que se había producido unos meses antes, cuando fue derrocado el sha, Reza Pahlevi.
En 1980 la CIA logró, si no detener el proceso revolucionario en Irán, al menos ponerlo en aprietos cuando el 22 de setiembre estalló un guerra entre el Irak de Saddam Hussein y la República Islámica. Un conflicto muy beneficioso para los países occidentales, que como siempre aprovechaban para debilitar a las dos naciones, proveedoras de petróleo y ávidas compradoras en esa ocasión de armamento extra.
Con la llegada de Reagan, se apuraron políticas más intervencionistas en ambas regiones. Es así que ni bien asumió firmó un documento súper secreto para que la CIA organizara unidades encubiertas contra el gobierno Sandinista. En ese contexto aparecen los Contras, grupos irregulares que se armaron como guerrilla para combatir a las autoridades revolucionarias nicaragüenses.
El caso saltó a la prensa en 1982 y el Congreso terminó por bloquear todo tipo de operaciones secretas en Centroamérica hasta aprobar en 1984 la Enmienda Boland. Fue la época en que el gobierno de Raúl Alfonsín fomentaba negociaciones junto con sus pares regionales en el llamado Grupo Contadora para evitar una intervención armada de EEUU en Nicaragua.
Nada de eso iba a impedir que la CIA exprimiera al máximo la coyuntura internacional para obtener dinero y apoyar a los Contras. Así, cuando desde Israel indicaron la conveniencia de satisfacer la necesidad iraní de armas para sostener la guerra contra Irak, -y de ser posible mandarles también a opositores al ayatolah Ruholah Jomeini- no dudaron en ponerse en contacto con un intermediario para que armara el negocio.
North estuvo desde el primer momento en esta delicada operación y se lo considera el principal ideólogo, aunque al inicio detrás de escena, ya que los que daban la cara eran otros integrantes del Consejo de Seguridad Nacional con más visibilidad ante la prensa.
Perfil de héroe americano
El teniente coronel de Marines Oliver Laurence North tenía a la sazón 40 años, porte adecuado para el bronce y una mente brillante en lo suyo. Utilizar la ganancia por la venta de armas para financiar a los Contras sin intervención del Congreso ya era una buena operación de alto nivel. Pero el efectivo, se sabe, siempre es escaso cuando se trata de pagar a mercenarios.
De modo que en Centroamérica tuvieron que recurrir a otra forma de ingresos. Y qué mejor que aprovechar la estructura armada por los narcotraficantes que enviaban cocaína de Colombia a Estados Unidos. En este negocio estaban, entre otros, Pablo Escobar Gaviria, Gonzalo Rodríguez Gacha y Rafael Caro Quintero, quienes montaron un emprendimiento en Yucatán, México, para concretar los traslados.
En esta operación también participaba Manuel Noriega, el general panameño que tomó el poder en 1983 y que luego, cuando ya no servía a sus fines, fue derrocado por tropas estadounidenses que invadieron el país en 1989.
El escándalo Irán-Contras había estallado antes, en 1986, a través de un periódico libanés. Pero luego otros investigadores periodísticos recogieron el guante en Estados Unidos. En 1987 Bob Woodward, uno de los que mostró los detalles del Watergarte en 1972, publicó un libro donde habló hasta con el entonces director de la CIA, William Casey, quien no negó las evidencias y agregó más datos a la intriga.
Cuando el caso se hizo políticamente insostenible, el presidente Reagan pidió la renuncia de todos los involucrados, alegó desconocimiento y ordenó la creación de una comisión investigadora. La Comisión Tower, por el ex senador que la presidió, John Tower, en febrero de 1987 dictaminó que los consejeros John Poindexter, Caspar Weinberger y Oliver North habían actuado al margen de la ley y el sistema democrático estadounidense y sin comunicarselo al presidente.
El informe hacía hincapié especialmente en el rol que jugó North en la venta de armas a Irán.
Otra comisión, presidida por el último canciller de Barack Obama, John Kerry, por entonces senador, entendió en 1989 que también los Contras tuvieron financiación ilegal del tráfico de drogas. «El Departamento de Estado de Estados Unidos pagó más de US$ 806.000 a traficantes de droga conocida para llevar ayuda humanitaria a los Contras», concluye.
North declaró ante el Congreso y en una de esas comparencias que ponen el rating televisivo al rojo, confirmó el plan y reconoció que había destruido documentos oficiales que podrían haber arrasado con varias carreras políticas, incluso con la de Reagan. Destituido y juzgado en tribunales ordinarios, el ex consejero fue condenado en 1989 por obstrucción de la justicia y por haber aceptado prebendas. Pero nunca pisó una prisión, porque había negociado inmunidad a cambio de información. A esta altura era tan famoso como para que en algún capítulo de Los Simsponn apareciera de refilón un libro con su biografía. En American dad, la serie de dibujos que desde 2005 intenta competir con la creación de Matt Groening, el personaje sobre el que gira la histortia, Staniel Smith, agente de inteligencia y padre de familia conservador, le canta un irónico himno a su patriotismo.
También el inspector Slegde Hammer, de la serie de culto conocida en Argentina como Martillo Hammer, se ocupó de nuestro hombre y en un capítulo, al referirse a la declaración del acusado de un delito, le dijo a su jefe «mintió más que Oliver North en el Congreso».
La historia Irán Contras también da para una miniserie que comenzó a rodarse para Amazon con Colin Farrell haciendo de Oliver North (en aquellas imágenes de los 80 se parecen por cierto). North, por otro lado, es asesor también para una saga de videojuegos, Call of Duty.
Pero ahora Oliver North tendrá otro papel, el de lobista de los amantes de las armas en un momento en que las sucesivas matanzas crearon conciencia social de que se necesario establecer algún tipo de control. Y con un presidente totalmente contrario a la regulación y que, además, pone en la mira de sus enemigos a Iran.
Tiempo Argentino, 10 de Mayo de 2018
por Alberto López Girondo | May 8, 2018 | Sin categoría
Donald Trump anunció en marzo pasado la suba de aranceles al ingreso de acero y aluminio. Desde su medio de comunicación más apreciado, Twitter, dijo: ¨Las guerras comerciales son buenas y fáciles de ganar». Se apuraron a pedir explicaciones los destinatarios de esa bravuconada, la Unión Europea, los países de la alianza de libre comercio de América del Norte. Pero los dardos apuntaban en primer lugar a China, que no se quedó callada ante el sonido de tambores de guerra.
Este martes, el presidente estadounidense se puso en contacto telefónico con su par chino, Xi Jinping, al que no se privó de llamar «amigo». No solo se ponía sobre el tapete en esa conversación el tema del déficit crónico en el intercambio en favor del gigante asiático, sino el futuro encuentro entre Trump y el líder norcoreano, pero fundamentalmente otro espinoso asunto, como lo es el acuerdo nuclear con Irán.
No puede decirse que Trump pidió permiso, pero si que tuvo el gesto de decirle antes a Xi, ocmo lo había hecho con el francés Emmanuel Macron. Todos ellos, por supuesto, opuestos a esa decisión. China ya había declarado su reconocimiento al papel del Consejo de Seguridad y de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) en todo este proceso y destacó que esa entidad había verificado el cumplimiento de Irán en por lo menos 10 ocasiones.
Es difícil saber cuál es la política exterior que plantea Trump, pero si es por ADN, tal vez tenga algo de su abuelo alemán, Friedrich Drumpf, quien llegó a Estados Unidos en 1885 y para adquirir la nacionalidad simplificó su apellido. En ese caso, en sus genes puede haber algo de la estrategia de Carl von Clausewitz, aquel teórico que decía, entre otras cosas, que la guerra «es un acto de fuerza que se realiza para obligar al adversario a acatar nuestra voluntad».
Mucho más fácil es encontrar en Xi los rasgos del otro gran «filósofo» de la guerra, Sun Tzu. China, con una tradición de más de 4000 años de cultura y civilización y habituada a ser «el imperio del centro» -que eso significa Zhongguo, el nombre con el que autodenominan a su nación- cultiva la «paciencia estratégica». Y mantienen eso de que «el mejor general no es el que gana cien batallas sino el que vence al enemigo sin disputar ninguna».
Que China es la potencia del siglo XXI no lo puede desmentir a esta altura nadie. Se podrá debatir si será más cerca o más lejos del 2040. El caso es que ya pisa fuerte en el concierto de las naciones y una de las razones del llamado entre Trump-Xi es que el presidente chino mantuvo un encuentro con Kim Jong-un este mismo martes para arreglar detalles finales de la cumbre que el mandatario norcoreano va a mantener con Trump en unos días.
La guerra comercial, en este contexto, suena a excusa para tirar sobre la mesa temas que más tienen que ver con el reparto del poder en el mundo. Y en el cual China es protagonista ineludible.
Cuando Trump anunció el desafío de aumentar aranceles, lo que afectaría a exportaciones chinas, desde Beijing dejaron trascender que el gobierno estaba pensando en reducir o paralizar la compra de bonos estadounidenses.
China hoy día es el mayor tenedor de bonos del tesoro de EEUU, con casi el 19% del total, unos 1.189 billones de dólares. Japón tiene algo menos, el 17% y es otro de los jugadores que tiene cosas por decir acerca del reencuentro entre Corea del Norte y del Sur y la posible desnuclearización de la península coreana.
Es fácil darse cuenta de lo que puede implicar para la economía del planeta que China deje de intervenir en ese mercado o comience a desprenderse de los papeles de la deuda de EEUU que ya tiene en su poder. Porque eso llevaría a la bancarrota del país americano pero también arrastraría a la industria china, que tiene su principal cliente en la otra orilla del Pacífico. Por otro lado, el 38% de las reservas chinas están nominadas en dólares, aunque su propia divisa, el yuan, avanza velozmente a ser la moneda de reserva internacional.
Mucha de la turbulencia con las monedas de estas últimas semanas tiene su origen en esta amenaza de Trump y en el aumento del precio del petróleo.
Pero el llamado telefónico refleja que Trump reconoce que ya no puede decidir en soledad temas tan cruciales en el mundo como lo pudo hacer EEUU tras la caída de la Unión Soviética, en 1991.
El rictus de capricho que suelen trasuntar sus labios no se condice con esa llamada a Xi, el trato de mi amigo y el anuncio posterior de que iba a romper el acuerdo con Irán.
Parece una jugada sin sentido: rompe unilateralmente el Acuerdo 5+1 que había firmado el gobierno de Barack Obama y las potencias nucleares (los cinco integrantes del Consejo de Seguridad de la ONU más Alemania) tras más de 15 años de negociaciones con las autoridades iraníes para que ese país islámico acepte controles a su plan de desarrollo atómico. Pero llama al que considera el peso pesado de discusión.
El mismo día en que el nuevo canciller Mike Pompeo viaja a Piongyang para acordar con Kim los detalles del futuro encuentro con Trump, desde la Casa Blanca se informó que los mandatarios de China y de EEUU habían acordado no eliminar las sanciones a Norcorea hasta que no desmantele su programa nuclear.
Horas después Trump anunció algo que venía amenazando desde hace meses: que retira a EEUU del acuerdo nuclear de 2015 para limitar el programa atómico iraní. La excusa es que «la semana pasada, Israel publicó documentos de inteligencia, largamente ocultados por Irán, que muestran de forma concluyente la trayectoria del régimen iraní en su objetivo de desarrollar armas nucleares». Y agregó: «Si permitiera que este acuerdo se mantuviera, pronto habría una carrera de armamentos nucleares en el Medio Oriente».
Lo cual es un argumento no del todo cierto, ya que se sabe desde hace más de 30 años que Israel es una de las potencias nucleares, aunque es algo que nunca fue reconocido oficialmente. Y se sabe no solo por elucubraciones más o menos especulativas como por las revelaciones con pelos y señales del historiador Avner Cohen, docente en la Universidad de Tel Aviv, y de Mordejái Vanunu un ex técnico nuclear israelí al diario británico The Sunday Times en 1986. En 1988, Vanunu fue condenado a 18 años de prisión por difundir información clasificada. Liberado en 2004 tras muchas presiones internacionales, ya que es considerado un preso de conciencia, fue arrestado en numerosas ocasiones desde entonces acusado de violar las condiciones de su libertad.
En un artículo escrito por Cohen y el investigador William Burr publicado en la revista Foreign Policy en 2013 se asegura que en 1964 Israel compró en Argentina entre 80 y 100 toneladas de polvo de uranio, el material necesario para fabricar una bomba nuclear.
El plan nuclear iraní también tiene origen argentino. Nace en 1974 cuando el contraalmirante Oscar A. Quihillalt, que había sido titular de la Comsión Nacional de Energía Atómica, es contratado por el gobierno del Sha Reza Pahlevi. Y continúa con contratos firmados por el gobierno de Raúl Alfonsín con la República Islámica que terminaron abruptamente por presiones de Estados Unidos a Carlos Menem, en 1991.
Pero esa es otra historia.
Tiempo Argentino, 8 de Mayo de 2018
por Alberto López Girondo | May 5, 2018 | Sin categoría
El 3 de mayo de 1968 los estudiantes congregados en La Sorbona fueron dispersados por la policía y la Unión Nacional de Estudiantes y el Sindicato de Profesores llamaron a la huelga. El clima en el país venía caldeado desde hacía algunas semanas, pero si hay que poner una fecha para el inicio de lo que se conoció como el Mayo Francés, tal vez debería ser esa. A 50 años de aquel acontecimiento que marcó a fuego la historia de ese país y generó íconos de rebeldía en todo el mundo, el clima de protesta también viene creciendo, pero por ahora nadie imagina una revuelta semejante.
«En 1968 había reclamos culturales que ahora no existen. Ahora no hay resistencia al orden establecido, en gran medida porque aquellas demandas fueron cumplidas», destaca Fernando Guerrieri, biólogo argentino, investigador y docente de la Universidad de Tours.
En estos días de evocación, estudiantes y trabajadores ferroviarios mantienen desde hace semanas sus protestas contra la política de ajustes del gobierno de Emmanuel Macron. Pero el dato fuerte es que el presidente, que justo el 17 de mayo cumple un año en el poder, si bien cayó mucho en las encuestas desde que aplicó un plan de recortes que no figuraba en su propuesta programática, logró en las elecciones de 2017 una amplísima diferencia en la Asamblea que le permite un cómodo apoyo legislativo para cada una de sus iniciativas.
Así fue que a pesar del rechazo enardecido de los gremios ferroviarios, logró aprobar por 454 votos contra 80 en Diputados la reforma de la empresa estatal de ferrocarriles, SNCF, que prevé cambios en las condiciones laborales y de jubilación, cierres de ramales y reducción de servicios, en consonancia con imposiciones de la Unión Europea para adecuar los trenes franceses a las leyes de competencia en el transporte aprobadas en diciembre de 2016.
Los sindicatos del riel acordaron paros escalonados y sucesivos que finalizarán el 28 de junio, fecha en que volverán a plantearse cómo sigue la lucha, si es que el gobierno se mantiene en sus trece. Hasta ahora se trata de dos días de paro por cada cinco del almanaque. Lo que genera dificultades para millones de pasajeros que día a día usan los servicios e incrementa el tráfico en calles céntricas y rutas suburbanas. Pero no hay quejas de los ciudadanos, que más bien miran con simpatía esta manifestación de condena a las políticas de Macron, según cuenta Guerrieri.
Por el lado universitario, se mantiene la protesta en distintos establecimientos en todo el país contra las políticas relacionadas con la educación y que afectan a un sistema de enseñanza que era orgullo de los franceses. Los estudiantes están en contra de nuevos modelos de selección para el ingreso en las universidades públicas que, entienden, son contrarias al criterio de educación gratuita y de calidad para todos. «Quieren hacer que la educación sea selectiva cuando el principio de este país es que la facultad sea abierta para todos», le dijo una estudiante en la Universidad de París III Sorbonne Nouvelle al diario español El Mundo al inicio de las protestas.
Pero también los planes afectan a los docentes. Bajo la fachada de un supuesto mejoramiento del nivel educativo, por ejemplo, se hace más hincapié en las clases teóricas que en las prácticas. El detalle es que en una cátedra normal, por ejemplo, una clase teórica se puede dar con uno o dos docentes, mientras que los prácticos obligarían a dos decenas de ayudantes por lo menos. Es fácil darse cuenta del «ahorro» en esa pequeña maniobra.
Con una legislatura tan favorable a Macron, difícilmente pueda pensarse que habrá una marcha atrás en la reforma educativa, uno de los pilares para el gobierno. Y los medios hegemónicos no se cansan de ensalzar la figura del ministro Jean-Michel Blanquer, para quien «el discurso igualitarista es destructivo», porque, considera, «muchas cosas contraproducentes se han emprendido en nombre de la igualdad».
Tampoco en la reforma ferroviaria habría retrocesos ya que obedece a la directiva de la Comisión Europea de enero de 2013 que se propone «revitalizar» el sector ferroviario en la UE para «mejorar la calidad de los servicios de trenes y ampliar la oferta a los usuarios». Entre otras medidas propone abrir los mercados ferroviarios a la participación privada.
Si en mayo de 1968 estudiantes y trabajadores se unieron en sus reclamos, al punto de que terminaron por acelerar el ocaso político del general Charles De Gaulle, líder de la resistencia al nazismo y organizador de la Quinta República, por ahora las protestas contra Macron comienzan a hacer mella en la popularidad del más joven de los presidentes franceses.
Una encuesta realizada para el canal BFMTV muestra que el 58% de los franceses rechaza la política económica del gobierno contra un 42% que la ve favorable para la población. Muchos analistas esperaban las marchas del 1 de Mayo para evaluar el clima social y el nivel de conflictividad latente en los ciudadanos.
La manifestación por el Día de los Trabajadores fue masiva y ocupó las calles céntricas bulliciosamente con sus consignas. Pero la CGT, principal central obrera francesa y ligada al Partido Comunista, buscó sumar a las marchas a la Confederación Francesa Democrática del Trabajo (CFDT), de origen democristiano, y a Fuerza Obrera (FO), sin éxito.
Eso sirvió para que los medios destacaran como dato importante que no hubo unidad sindical en un momento en que ferroviarios y estudiantes mantienen sus reclamos, contra viento y marea. También señalaron que la participación fue mucho menor que hace un año. Y algunos, como Le Figaro, de derecha, pusieron énfasis en incidentes producidos por grupos de encapuchados a los que definió como «niños terribles de la izquierda cultural cuya única obsesión es ‘romper policías’ (y que) fueron adoctrinados por una forma de anarquismo depresivo y ultra-violento; sus fuentes de inspiración son, entre otros, Mayo del ’68, el Che Guevara, y los disturbios en Francia de 2005 en los barrios periféricos».
Una forma de tranquilizarse para lo que sigue con una huelga que generó disgustos, si no en territorio francés, sí en el tráfico internacional. Este jueves se anularon la mitad de las conexiones con España, tres de cada cinco trenes Eurostar a Londres y tres de cada cinco servicios del tramo Francia-Suiza.
Fiesta a Macron en París y Buenos Aires
Francia Insumisa es la agrupación política que sirvió de plataforma a Jean-LucMelenchon en las elecciones de 2017. El hombre es amigo de los modelos populistas latinoamericanos y era una opción antisistema que por poco más de 600 mil votos no alcanzó a entrar en el balotaje para disputar la primera magistratura contra Emmanuel Macron.
Ahora, a un año de aquella disputa política, el partido planteó celebrar este sábado 5 de mayo la Fiesta a Macron. En París el encuentro fue entre la Plaza de la Ópera y la Bastilla. El objetivo: combatir «la ofensiva neoliberal del Ejecutivo» y un «sistema de y para los ricos».
¿Por qué una fiesta? Porque el 17 seguramente el oficialismo celebrará su inesperado triunfo y para una parte importante de la sociedad francesa no hay mucho para festejar con ellos.
Pero no sólo en la capital gala hubo «fiesta». Grupos de residentes en Buenos Aires que apoyaron a Melenchon organizaron una charla debate que titularon «Hacia un Nuevo Mayo Francés» se juntaron en la Casa Doblas, del barrio porteño de Caballito para hablar de la resistencia y la lucha contra las reformas educativas no sólo en Francia sino también en Argentina y Chile.
Tiempo Argentino, 5 de Mayo de 2018
por Alberto López Girondo | May 4, 2018 | Sin categoría
El anuncio de la disolución no tomó a nadie por sorpresa, porque desde hace 7 años la organización vasca ETA venía adelantando que sus modos de lucha habían cambiado y que se aceptaba esa realidad. Nacida en el fulgor de las luchas independentistas de fines de los años 50, Euskadi Ta Askatasuna (Patria Vasca y Libertad, tal el significado de la sigla en idioma eskuera) había informado en enero de 2011 su convocatoria a un fuego permanente y unilateral y en octubre de ese año comunicó el cese definitivo de la actividad armada.
El 8 de abril de 2017, bajo la supervisión de la Comisión Internacional de Verificación, integrada por diversas personalidades ligadas a procesos de paz en todo el mundo, entregaron un listado de ocho escondites de armas y explosivos en el país vasco francés. El ministro del interior galo, Matthias Fekl, dijo entonces que habían encontrado 3,5 toneladas de armamento y que eso representaba un ¨gran paso¨ hacia la paz y la seguridad en Europa. El Lehendakari (jefe de gobierno vasco) Iñigo Urkullu, se sumo al beneplácito y aseguró que ese era un ¨paso fundamental en el proceso del final ordenado de la violencia¨.
Pero ni hace un año ni ahora, cuando la ETA comunicó desde Ginebra » y en forma inequívoca» su disolución total y el desmantelamiento de todas sus estructuras, el gobierno de Madrid dio el mínimo gesto que indique que toma en cuenta esta decisión para avanzar hacia una nueva era en relación con el nacionalismo vasco más radicalizado y a las consecuencias de un pasado de horrores.
«Los y las exmilitantes de ETA continuarán con la lucha por una Euskal Herria reunificada, independiente, socialista, euskaldun y no patriarcal en otros ámbitos, cada cual donde lo considere más oportuno, con la responsabilidad y honestidad de siempre», dice el comunicado final de la organización vasca. Que agrega: «ETA no será más un agente que manifieste posiciones políticas, promueva iniciativas o interpele a otros actores».
«Haga lo que haga no encontrará impunidad a sus crímenes, no consiguió nada matando ni tampoco lo hará con propaganda. El Gobierno está con la ley, las FCSE (Fuerzas y Cuerpos de Seguridad Españoles) y las víctimas», tuiteó Mariano Rajoy, el jefe de Estado, del conservador Partido Popular. En la misma línea se expresó Albert Rivera, líder del derechista partido Ciudadanos, «El separatismo terrorista de ETA no ha conseguido su objetivo y son los demócratas los que han ganado», dijo desde Buenos Aires, donde estuvo en una breve visita oficial.
El espinoso tema del reconocimiento a las víctimas de años de violencia política -ETA comenzó su actividad en 1959, en plena dictadura franquista- ya había tenido lugar hace unos días, el 20 de abril, cuando la dirigencia de ETA emitió un comunicado, escrito en tercera persona, en que pide perdón «por el daño que ha causado en el transcurso de su trayectoria armada, así como mostrar su compromiso con la superación definitiva de las consecuencias del conflicto y con la no repetición.»El perdón se hizo puntual en relación con «ciudadanos y ciudadanas sin responsabilidad alguna», en la lucha de la agrupación.
Pero en ese texto avanzan en las razones que llevaron originalmente a la creación de esa organización. Y señalan puntualmente uno de los más brutales ataques que se recuerdan de la Guerra Civil, inmortalizado por quizás la mayor obra de Pablo Picasso. » Las generaciones posteriores al bombardeo de Gernika heredamos aquella violencia y aquel lamento, y nos corresponde a nosotros y nosotras que las generaciones venideras recojan otro futuro».
Este nuevo paso, previsto desde hace dos semanas, se dio en la ciudad suiza que simboliza los acuerdos de paz, Ginebra, ante una nutrida representación de diplomáticos y juristas de fuste internacional. El comunicado final de ETA fue leído por David Harland, director del Centro de Diálogo Humanitario, también conocido como Henry Dunant.
Se supo entonces que la decisión fue tomada luego de un debate interno del que participaron 3000 personas, la mitad con derecho a voto, y que el resultado favorable al cese del ciclo histórico de ETA fue de 93%. El que motorizó este camino hacia la desaparición como herramienta política fue uno de los actuales líderes, Josu Urrutikoetxea, quien permanece en la clandestinidad.
Uno de los temas que quedan por resolver, a los que invita esta disolución de ETA y que la derecha institucional española no quiere atender, es el futuro de más de 300 presos, 245 de ellos en cárceles españolas y los demás en Francia. Y esa es una cuestión de largo arrastre porque en 2006 el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, del PSOE, estuvo a punto de firmar un acuerdo que la derecha boicoteó sin miramientos.
El PSOE, durante el gobierno de Felipe González, había combatido a la ETA con rigor pero cruzando límites que una democracia no se puede permitir.D esde 1982 comienzan a actuar los Grupos Antiterroristas de Liberación (GAL), organizaciones parapoliciales que aplicaron la metodología de la «guerra sucia». A los más de 800 víctimas de ataques de la ETA desde al gobierno respondieron con más de un centenar de muertos por agentes encubiertos o por alguna forma violencia institucional.
Gernika
La ETA nació en un momento en que grupos de liberación tomaban acciones militares para combatir el colonialismo o las injusticias sociales. Eran los años de la toma del poder de Fidel Castro y el Che Guevara en Cuba y de la guerra de Argelia.En ese contexto también había surgido el Ejército Republicano Irlandés, (IRA) que se oponía a la ocupación británica en el norte de Irlanda, buscaba la unificación con el sur, independiente desde 1921, y que fue particularmente activo durante los años 60.
España luego de la derrota de los republicanos en 1939, estaba sumida en una bárbara dictadura que se había ensañado especialmente contra los pueblos que habian encabezdo la lucha contra la monarquía. Uno de ellos era Cataluña, el otro el País Vasco. Pero el puñal de Guernica estaba clavado en el alma de los vascos.
Ese ataque bestial de la Legión Cóndor alemana y la Aviación Legionaria italiana, aliados de las tropas del general Francisco Franco, del 26 de abril de 1937, dejó cerca de 300 muertos pero sobre todo mostró el nivel de inhumanidad de que eran capaces los fascistas que luchaban contra la Segunda República.
Por eso el objetivo tal vez más resonante de ETA fue Luis Carrero Blanco, el 20 de diciembre de 1973. Este almirante ultrafranquista era el seguro continuador del caudillo en caso de fallecimiento y a la sazón tenía funciones degobierno desde 1951. Franco ya estaba viejo y había designado a dedo a Juan Carlos de Borbón como el futuro rey a su muerte, pero la transición que pensaba era con Carrero Blanco guiando los destinos del país.
La Operación Ogro -Gillo Pontecorvo hizo una película sobre el caso- se preparó con bastante tiempo. Carrero Blanco siempre hacía el mismo recorrido por la calle madrileña que lo conducía de su casa a la Iglesia de los Jesuitas, donde invariablemente se detenía a rezar. Un comando a cargo de Luis R. Aizpeolea, Argala, alquila un departamento en esa calle de Claudio Coello y desde allí comienzan un túnel por debajo de la acera.
Allí colocan 50 kilos de dinamita que hacen explotar a las 8.55 del 20 de diciembre. El auto en que viajaba, el jefe de gobierno, un Dodge Dart, terminó en un quinto piso. Murieron Carrero Blanco, el chofer y un custodio. En la calle quedó un cráter del tamaño del vehículo.
El régimen quedó muy golpeado pero recién se produciría una apertura dos años mas tarde, cuando muere del dictador y el que encabeza la transición es un derechista moderado como Adolfo Suárez. Ese proceso condujo a la Constitución de 1978 y al Estatuto de Guernica, firmado en 1979 y que dio la primer autonomía a los vascos desde la Segunda República.
El régimen quedó muy golpeado pero recién se produciría una apertura dos años mas tarde, cuando muere del dictador y el que encabeza la transición es un derechista moderado como Adolfo Suárez. Ese proceso condujo a la Constitución de 1978 y al Estatuto de Guernica, firmado en 1979 y que dio la primer autonomía a los vascos desde la Segunda República.
Dos instituciones que desde la crisis del 2008 están en discusión tanto en Euskal Herria como en Catalunya y que plantean otras formas de lucha para lograr aquello que ETA percibió como una inexorable salida militar en los 50.
Dos instituciones que desde la crisis del 2008 están en discusión tanto en Euskal Herria como en Catalunya y que plantean otras formas de lucha para lograr aquello que ETA percibió como una inexorable salida armada en los 50.
Tiempo Argentino, 4 de Mayo de 2018
Comentarios recientes