Seleccionar página

El voto vergüenza

Un sondeo electoral es certero si los estudios previos coinciden con el resultado de las urnas. Ante el yerro flagrante, y más allá de que la sospecha de manipulación siempre está a flor de piel, puede maliciarse inoperancia en el encuestador. Pero hay otro concepto que puede entrar el juego. Los sociólogos suelen hablar de «voto vergüenza» para explicar un comportamiento esquivo y mendaz que se percibe en determinados momentos de la historia política de un país. O sea, la gracia de una encuesta consiste en que el ciudadano responda lo que verdaderamente piensa votar. El No sabe/No contesta da para la especulación. Pero qué pasa cuando el entrevistado miente porque el candidato que íntimamente está más cerca de lo que espera de un dirigente es un personaje denostado por el consenso social generalizado. Qué pasa cuando alguna propuesta representa valores que el conjunto de una sociedad reprueba.

La primera vuelta en Brasil terminó alejada de muchos indicios previos, y puede ilustrar sobre lo que implica el voto vergüenza.

Cuando a Jair Messias Bolsonaro -el ex capitán del Ejército que reivindica la tortura, promueve la libre posesión de armas, la xenofobia, la homofobia, la misoginia- fue acuchillado en un acto en Minas Geraes, los sondeos no mostraron el explosivo crecimiento en la intención de voto que suele darse en este tipo de casos.

La fecha casi fue coincidente con el registro de la fórmula Fernando Haddad-Manuela D´Avila como representación del espacio político que dejaba vacante Lula da Silva, proscripto por el poder judicial. Y la figura del ex ministro de Educación del PT comenzó acrecer al punto de ponerse cabeza a cabeza con Bolsonaro, que a esta altura ya parecía seguro candidato a pasar a segunda vuelta.

En la última semana, los análisis comenzaron a dar señales de que el ultraderechista se había despegado de Haddad y superaba los 30 puntos, mientras el suplente de Lula se estancaba. En el bunker del PT hablaron de una cadena de fake news que se extendió desde usinas «bolsonistas» a través de la plataforma de whatsapp. Bolsonaro ni apareció en el último debate televisado con la excusa de que todavía estaba convaleciente, pero le dio una entrevista a la cadena Rede Record, perteneciente al «dueño» de la Iglesia Universal del Reino de Dios, Emir Macedo.

Bolsonaro creció mediante noticias falsas, exageradas, aberrantes, que despertaron oscuros sentimientos en el votante. Más o menos como los directivos de Cambridge Analytica dice que hicieron en elecciones en Estados Unidos, el Reino Unido, Argentina y ya habían hecho en Brasil. Pero montado en un componente latente en el imaginario colectivo.

Hablando de estos tiempos de Donald Trump, Robert Scheer, el editor general del portal Truthdig recuerda un oscuro presagio de Christopher Browning, historiador del holocausto y el nazismo, acerca de las similitudes entre Estados Unidos y la República de Weimar, que terminó con la llegada de Adolf Hitler el poder, en 1933. Y en una extensa entrevista, Browning le dice: «lo que hace la política fascista es representar al sistema como corrupto, y cuando lo representas como corrupto, puedes correr contra el sistema incluso si eres increíblemente corrupto. Porque puedes, por ejemplo, decir: ´Mira, el hecho de que sea corrupto me hace un buen defensor de la gente, porque sé cómo funciona este sistema corrupto´».

No es ociosa esta cita, ya que Steve Bannon, un supremacista estadounidense que trabajó en la campaña de Trump y tiene como tarea «darle letra» a todos los ultraderechistas de Europa y América también estuvo en Brasil asesorando al ex militar.

Bolsonaro dice que el error de los dictadores del 64 al 85 «fue torturar y no matar» a los opositores de izquierda y comenzó a ser conocido fuera de su país cuando al explicar las razones para votar por la destitución de Dilma Rousseff dijo que lo hacía por el coronel Carlos Alberto Brilhante Ustra, el que había torturado a la presidenta cuando ella era integrante de un grupo armado, en los 70.

Pero el diputado carioca creció sobre todo tras el desbarajuste político posterior agosto de 2016. Ninguno de los partidos golpistas, ni el PMDB, el socio traidor del PT, ni el PSDB, pudieron sacar provecho de la caída en desgracia del gobierno exonerado. Para colmo, las causas judiciales contra miembros del PT terminaron colocando a la dirigencia que había participado del putch en la misma bolsa.

En esas aguas turbias, Bolsonaro supo captar la indignación moralista que destilaron los medios hegemónicos. A lo que sumó la promesa de que a la inseguridad la iba a combatir a sangre y fuego. En sociedades atravesadas por la violencia este discurso gana adeptos, como se ve en todos los rincones del mundo.

También tuvo apoyo del antipetismo diseminado desde la prensa y dirigentes políticos, muchos de ellos ahora espantados ante la posibilidad de que termine poniéndose la banda presidencial. Bolsonaro tiene el apoyo irrestricto del llamado Partido Militar, un sector de las Fuerzas Armadas que ya no apuesta al desarrollo de Brasil para convertirse en potencia sino que se conforma con ser custodios de los intereses de las elites. Y que se hizo neoliberal porque piensa que para terminar con el populismo y el movimiento obrero lo mejor es no tener industria. Sin ese perro, difícilmente haya rabia organizada. Que de la otra rabia ya se encargan los grupos armados que son el terror de las favelas de todo el país..

El caso es que en las urnas hubo una vergüenza que se perdió. Fue claro en muchos centros de votación, donde partidarios de Bolsonaro se hicieron selfies señalando con la punta de una pistola a quién iba a votar. Exhibir armas de fuego como muestra de los tiempos que vienen. Tiempos de fascismo desembozado.

Muchos brasileños seguramente irán al balotaje con un broche en la nariz. Los que buscan aunque sea un hilito de igualdad y aspiran a una sociedad civilizada, se sobrepasarán a denuncias de corrupción que en estos últimos años atravesaron la agenda pública. Otros, con tal de que la izquierda no llegue al poder, aceptarán Bolsonaro.

Son dos vergüenzas en pugna. La pregunta es qué vergüenza podrá más el 28 de octubre.

Tiempo Argentino, 7 de Octubre de 2018

Primer round entre el machirulo y la garota

Durante la campaña presidencial para la reelección de Dilma Rousseff, el «tucano» Aecio Neves aprovechó los ataques de los grupos pentecostales y dijo que la candidata del PT iba a promover la despenalización del aborto. No era la primera vez que Dilma tenía que salir a desmentir ese aserto en un país de honda raigambre machista como Brasil. Ya le habían cuestionado a Lula que los hubiera llevado a elegir a una mujer. Sostener, además, una agenda de género parecía demasiado.

Desde que se ofreció para presidir Estados Unidos, Donald Trump habló pestes de los inmigrantes mexicanos, juró que iba a levantar un muro para que no crucen y que pensaba expulsar a los indocumentados. Así y todo, muchos residentes mexicanos votaron a Trump en 2015. ¿Por qué? Porque Hillary Clinton, además de ser mujer, podía llevar adelante una agenda de género, entre cuyos puntos figuraba la ampliación de la cobertura de salud al aborto, que tiene amparo legal desde un fallo de la Corte de 1973.

El debate sobre el juez que Trump quiere para el Supremo Tribunal, Brett Kavanaugh, tiene ese eje: es un hombre acusado de abusos sexuales que se propone revocar el caso Roe-Wade. Propuesto por otro misógino que puede ir a juicio político por haber silenciado sus desenfrenos con dinero de campaña.

El comicio brasileño está teñido de ese espíritu machirulo. Un candidato que pasó por el Ejército, reivindica la tortura, es xenófobo, pero básicamente misógino y fascista, se enfrenta a una fórmula que integra una mujer joven que sostiene una agenda de género. Y además es comunista.

Jair Bolsonaro tuvo que pagar una indemnización por haberle dicho a una diputada que no la violaría porque es fea. También declaró que es correcto que una mujer gane menos que un hombre por el mismo trabajo porque tienen capacidades inferiores.

Manuela D’Avila, la postulante a vice de Fernando Haddad, suele usar remeras estampadas con la frase «Rebelate», «Nuestras ideas son a prueba de balas», «Mi cuerpo es político» o «Lute como uma garota» (Luche como una chica). A los 36 años, mostró las dificultades de una mujer para participar en política cuando al mismo tiempo, debe criar a un hijo. «Eso, los hombres lo tienen resuelto».

La semana pasada, las calles de las principales ciudades brasileñas y de otros distritos del mundo se llenaron con una consigna: «Ele nao», (Él, por Bolsonaro, no). El excapitán representa lo peor de la política en los tiempos que corren. En Francia, el diario Liberation hizo tapa con la imagen del candidato y junto a la enumeración de sus «virtudes», un fuerte titular: «Y sin embargo seduce al Brasil».

La revista Time compone una imagen de Christine Blasey Ford con frases destacadas de su declaración sobre el ataque sexual de Kavanaugh. «Su testimonio cambió a Estados Unidos», completa la publicación.

El jueves, Bolsonaro dio una entrevista a la Rede Record cuando por el canal de O Globo debatían sus contendientes. Acuchillado en un mítin hace algunas semanas, Bolsonaro dijo que no estaba en condiciones de asistir, pero habló ante la cadena que pertenece a Edir Macedo, obispo de la Iglesia Universal del Reino de Dios.

La alianza con grandes sectores evangélicos es fuerte y complementaria y Bolsonaro propone aumentar la pauta publicitaria para la red televisiva. Los últimos sondeos indican que Bolsonaro trepó al 32% de votos y que Haddad se estancó en el 22 por ciento.

Algunos análisis atribuyen este crecimiento a una catarata de fake news por WhatsApp, el principal medio de comunicación de las clases bajas. En un meme falso, la frase en la remera de Manuela decía «Jesus es travesti». «La izquierda no puede competir con eso», concluye Arnobio Rocha en el portal DCM.

El PT explica el despegue de Bolsonaro en que algunos medios prefieren a un fascista antes que un «trabalhista». Pero puede ser que en ciertos estratos aún pesa más la voz de un machirulo que la de una garota con las remeras bien puestas. Y por ahí plantean la campaña los estrategas de Bolsonaro.

Tiempo Argentino, 7 de Octubre de 2018

Confirman la sentencia a otro director del FMI

Confirman la sentencia a otro director del FMI

Los últimos directores del Fondo Monetario Internacional (FMI) no pueden ser presentados como un modelo de transparencia e integridad. La actual, Christine Lagarde, fue declarada culpable en diciembre de 2016 de negligencia en el marco de una causa por desvío de dinero público en el sospechoso pago de una indemnización a un empresario cuando era ministra de Economía de Francia. El anterior, Dominique Strauss Khan, cayó por un escándalo sexual y había sido condenado por proxenetismo en junio de ese mismo año. Ahora se confirmó en el tribunal de última instancia judicial la condena a cuatro años y medio de prisión contra Rodrigo Rato por apropiación indebida de bienes.

Rato fue director del FMI entre junio del 2004 y octubre del 2007. Fue el hombre que negoció con el gobierno de Néstor Kirchner la salida del default de 2001. La última vez que pisó Buenos Aires fue a hurtadillas, para evitar el rechazo popular, y por apenas 10 horas. Quería que Kirchner y el ministro Roberto Lavagna aceptaran una propuesta para un arreglo con los bonistas según sus términos. No tuvo suerte  y en enero de 2006 el gobierno canceló toda la deuda con el FMI para iniciar un período de políticas económicas sin interferencias del organismo internacional.

Los caminos de Rato prosiguieron vinculados al Partido Popular, del que ya  había sido vicepresidente de Gobierno y Ministro de Economía en tiempos de José María Aznar en el Palacio de La Moncloa. Dirigió en 2010, a pedido de Mariano Rajoy, el grupo financiero Bankia, que había caído en bancarrota durante la crisis del 2008. Una crisis, como indican sus críticos, se fue gestando mientras él era director del FMI y no fue capaz de ver.

Tampoco tuvo suerte en esta nueva actividad pública, o más bien, le ganó la tentación. Y terminó procesado por varios delitos económicos . El más escandaloso fue la utilización de tarjetas de crédito sin límite para uso personal, las llamadas «tarjetas black». El menos visible para el vulgo ocurrió durante su gestión en Bankia, que según los informes que presentó en 2011 tenía 309 millones de euros de beneficios, pero al retirarse, resultaron en 3000 millones de quebrantos. La revista económica Bloomberg lo puso en la lista de los peores CEOs del mundo en 2012. Ni siquiera entonces sobresalió, estaba en el quinto puesto.

En abril de 2015, Rato fue detenido por los delitos de fraude, ocultamiento de bienes y blanqueo de capitales. Salió a las pocas horas en libertad mientras se sustanciaba el proceso judicial. En 2017 fue sentenciado en la Audiencia Nacional de España a cuatro años y medio de prisión por el caso de las tarjetas black. Este miércoles, el Tribunal Supremo ratificó la condena y Rato tendrá diez días para presentarse espontáneamente para cumplir la sentencia, caso contrario la corte fijará la fecha para capturarlo.

Rato había sido el último director General del FMI en pisar suelo argentino hasta Christine Lagarde. La actual mandamás del organismo de crédito también fue ministro de Economía, en su caso en la Francia del conservador Nicolas Sarkozy, entre 2007 y 2011. Era el fatídico año de 2008 cuando en plena crisis internacional, designó un tribunal arbitral para laudar en un intrincado caso que le venía de rebote.

En 1993 Bernard Tapie era socio mayoritario de Adidas cuando el presidente socialista François Mitterrand lo convocó para formar parte del Gabinete como ministro de Ciudades. Su paso fue efímero y no trascendió sino porque para adherir tuvo que desprenderse de sus acciones en la empresa fabricante de ropa deportiva. El banco Crédit Lyonnais le compró su participación en 315,5 millones de euros, pero al año las vendió por 701 millones. A Tapie le saltó la térmica y denunció que había sido estafado.

No es que el hombre fuera un improvisado. En 1993, siendo propietario del Olimpique de Marsella, protagonizó otro escándalo cuando arregló un partido contra el Valenciennes en un encuentro previo a la final de la Champions Ligue que implicó una fuerte sanción: la pérdida del título de campeón francés, el inmediato descenso a la categoría B y la prohibición de jugar en competencias internacionales por un año.

Con el tema Adidas le fue mejor: el tribunal que nombró Lagarde le otorgó una indemnización de 404 millones de euros a pagar por el Estado. De allí la investigación contra la ministra por «negligencia», ya que no defendió como debía los intereses del ciudadano francés. En 2015 la justicia civil anuló la sentencia arbitral por considerarla fraudulenta y ordenó que Tapie devolviera el dinero.

«El riesgo de fraude se me escapó totalmente», se justificó la mujer que ahora comanda literalmente la Economía argentina y negoció los últimos créditos pedidos por el gobierno de Mauricio Macri. La condena de hace dos años -le hicieron precio, podría decirse- se conoció cuando hacía cinco años que era directora gerente del FMI. Una de las argumentaciones del tribunal para eximirla de pena -el epíteto de negligencia no representa sanción- fue precisamente la «reputación internacional» de Lagarde en ese momento y a que en cuando ocurrieron los hechos había una crisis financiera internacional.

Lagarde había sido elegida para su cargo en el FMI en noviembre de 2011, luego de un interregno de casi dos meses desde la renuncia obligada de su connacional Dominique Strauss-Kahn. En los organismos de crédito internacional es tradición que los directores sean nombrados por consenso entre Estados Unidos y la Unión Europea, que son los socios más fuertes y con derecho de veto, como quien dice. Y normalmente un estadounidense comanda el Banco Mundial y un europeo –preferentemente han sido franceses- el FMI.

También ministro de Economía, durante el gobierno de Mitterrand, este docente de la Universidad de Nancy y militante del Partido Socialista Francés fue en 2007 la opción que en el Fondo consideraron más adecuada para cambiarle la cara a una institución que venía desprestigiada luego del derrumbe de los tigres asiáticos de fines del siglo XX, la caída de Argentina en 2001 y la tremenda crisis del 2008 tras la quiebra del Lehman Brothers. Estallidos que le estallaron a Rodrigo Rato.

El francés, que aspiraba a la presidencia de su país, era alguien que desde la socialdemocracia prometía remover viejas estructuras del FMI anquilosadas en soluciones ortodoxas a problemas económicos que habían llevado regularmente al fracaso. De triunfar, esas mismas soluciones hubiesen servido para aplicar en la Europa. Y ya había tomado partido por el uso de Derechos Especiales de Giro (DEG) como moneda de cambio y reserva internacional en lugar del dólar.

La propuesta de DSK, como se lo conoció en los medios, era revolucionaria para lo que son esos organismos y lo enfrentaba fuertemente con Estados Unidos, que no quería perder la hegemonía de su moneda. Pero resultó víctima de sus instintos desenfrenados.  Todo se desmoronó cuando el 14 de mayo de 2011 una mujer que trabajaba en un hotel de Nueva York denunció que había intentado violarla cuando fue a limpiar su habitación.

El 18, DSK renunció a su cargo y también a la posibilidad de presentarse en la interna del PSF. Después saldría a la luz que eran famosas sus participaciones en fiestas íntimas y donde incluso contrataban a prostitutas. Por esa razón fue condenado en junio de 2016 a pagar una multa en concepto de daños y perjuicios a una ONG de lucha contra la prostitución, bajo la figura de proxenetismo. Fue absuelto del mismo cargo en relación a las orgías de las que intervino durante su paso por el FMI porque para los jueces su comportamiento fue de cliente y no de facilitador.

Tiempo Argentino, 3 de Octubre de 2018

A 50 años de la masacre de Tlatelolco

A 50 años de la masacre de Tlatelolco

Eran tiempos de revueltas populares en todo el mundo. Había ocurrido el Mayo Francés, la guerra de Vietnam estaba en el candelero y levantaba protestas a lo largo del planeta, la Revolución Cubana estaba por cumplir diez años y también se vivía en plena Guerra Fría. Pero México había iniciado el año a toda máquina. La capital del país había sido nominada sede de los Juegos Olímpicos de 1968 tras ganar la compulsa contra Detroit, Lyon y Buenos Aires y el gobierno mexicano estaba listo para mostrar que era la potencia del futuro en Latinoamérica. Los dos posibles contendientes para ese galardón, Brasil y argentina, estaban sumidos en dictaduras y México, después de todo, podía exhibir una continuidad legal envidiable para la región, con el Partido Revolucionario Institucional (PRI) en su momento de mayor esplendor desde 1929. Pero algo no estaba bien.

Los estudiantes reclamaban mayores libértateles y una democracia más amplia para la nación. Varias manifestaciones masivas habían alertado al presidente Gustavo Díaz Ordaz de que los universitarios podrían aguarle la fiesta olímpica. Peor, los informes de los servicios de inteligencia le marcaban que los chicos eran llevados de la mano por dirigentes afines a Cuba, la Unión Soviética, la China de Mao y quién sabe cuántos otros ejes del mal.

Faltaban diez días para que la antorcha olímpica llegara a México DF en la mano por primera vez de una mujer, la atleta Enriqueta Basilio. Díaz Ordaz, un abogado al que no le temblaba el pulso para ordenar las más feroces medidas represivas -amparado en que el PRI decidía a su antojo por la falta de una oposición real y efectiva-, pareció tener sin embargo un gesto conciliador y el 2 de octubre de 1968 mantuvo un encuentro con representantes estudiantiles.

En la Plaza de las Tres Culturas, del barrio de Tlatelolco, una multitud de estudiantes se estaban manifestando pacíficamente y a la espera de lo que el presidente fuera a decirles a sus delegados. Los líderes del Consejo Nacional de Huelga mantenían presión sobre el gobierno desde hacía por lo menos dos meses. Una quincena antes de ese fatídico 2 de octubre, tropas del Ejército habían ocupado la sede de la Universidad Autónoma de México (UNAM) deteniendo a estudiantes y en el Zócalo, la plaza central de la ciudad, se habían juntado 200 mil jóvenes para expresar su repudio. A la protesta estudiantil se habían sumado los gremios de los ferroviarios, que también tenían sus propias demandas al gobierno.

En Tlatelolco, en tanto, eran muchos menos los jóvenes que escuchaban los discursos de sus representantes, tal vez 10 mil, no demasiados más. De pronto desde un helicóptero se lanzaron bengalas verdes que iluminaron el cielo y comenzó una balacera terrible. La plaza esta rodeada de edificios tipo monoblock y desde los pisos altos lo que se vio a continuación fue confusión. La reconstrucción posterior indica que las bengalas eran la señal de inicio de una feroz represión por parte de tropas del Ejército, que estaban apostados en las cercanías con tanquetas y fuertemente pertrechados.

Pero al mismo tiempo que los militares comenzaban un indiscriminado tiroteo, había efectivos de la Dirección Federal de Seguridad y de un grupo parapolicial llamado Brigada Blanca, que iban de civil y se identificaban por un guante blanco en una de sus manos, que también disparaban. De pronto ninguno de ellos sabía cuál era el objetivo sobre el que abrir fuego.

La estrategia del gobierno era provocar una estampida y que en la confusión el caso pudiera mostrarse como «incidentes entre estudiantes». De pronto desde el edificio Chihuahua, el más emblemático del vecindario, francotiradores completaron el caos disparando a mansalva con ametralladoras. Decenas de cuerpos se fueron apilando, entre regueros de sangre, mientras la multitud trataba de dispersarse, huyendo de la masacre.

A 50 años de aquellos hechos, Jesús Fonseca, fotoperiodista del diario El Universal, le contó a la agencia AFP que cuando fue por la redacción a preguntar por qué no habían sido publicadas las fotos que había obtenido, le dijeron que agentes del gobierno se habían llevado todo. «¡Cinco rollos se llevaron!», exclamó.

Nidia Marin, que también era reportera, pero de la edición vespertina de ese medio, dijo a su turno quelos diarios «no te publicaban o te publicaban lo que querían. Si había violencia o sangre, nada, a menos que fuera entre estudiantes».

Al otro día, los diarios publicaron, en notas sin firma, que se habían registrado una veintena de muertos, que los responsables habían sido terroristas y que intentaban boicotear los Juegos Olímpicos.

La cifra de muertos nunca pudo ser verificada, porque los testimonios que afloraron más tarde indicaban que iban apilando los cuerpos en camiones y se los llevaban. Un corresponsal del diario británico The Guardian computó 325 muertos. Una investigación de la revista Proceso, según testimonia la agencia Sputnik, identifica 78 muertos, 44 de ellos en la plaza, pero además hubo 31 desaparecidos, 186 heridos y casi 1500 detenidos.

Los archivos del gobierno nunca fueron desclasificados. Un documento de la embajada estadounidense en México reportó ese día que había unos 50 cuerpos pero revela que el número de muertos estaría cerca de los 200. Lo interesante que a pesar de la paranoia anticomunista, para el analista de la CIA que participó del informe, «las protestas estudiantiles estallaron por políticas locales y no fueron planeadas por cubanos o soviéticos».

El que fuera ministro de Gobierno de Díaz Ordaz. Luís Echeverría, el responsable político de las fuerzas que intervinieron, dijo en su momento que él no tenía nada que ver con la represión. Que se enteró por teléfono, que el presidente no le había anunciado nada. Dos años más tarde, dentro del régimen imperante en la democracia mexicana de entonces, fue elegido sucesor de Díaz Ordaz y gobernó el país entre 1970 y 1976.Recién en 2002 echeverría fue llevado a un estrado judicial en un juicio por genocidio. Fue a raíz de la investigación ordenada por el presidente Vicente Fox mediante una Comisión de Nacional de los Derechos Humanos que investigó también la masacre de Corpus, en 1971, otra matanza de 30 estudiantes el día de Corpus Christi de aquel año cometida por un grupo parapolicial, Los Halcones.

Echeverría zafó de la cárcel en 2002 por un amparo judicial, en 2005 otro juez le dio el beneficio de la prisión domiciliaria por la masacre de Tlatelolco debido a su estado de salud y su edad (tenía 83 años) pero terminó absuelto porque para un tribunal, el delito había prescripto. En una nueva voltereta judicial, otro magistrado le decretó en 2006 un auto de prisión por genocidio en torno de ambas matanzas, pero en marzo de 2007 un tribunal federal le concedió la suspensión definitiva del auto. Dos años más tarde, otro estamento de la Justicia decretó la libertad absoluta del ex presidente y terminó exonerado del cargo de genocidio.

El ex agente de la CIA Philip B. Agee reveló en un libro que tanto Echeverría como Díaz Ordaz habían sido colaboradores de la «compañía». Díaz Ordaz murió en 1979. Echeverría todavía vive.

El 27 de setiembre de 2014, 43 estudiantes de una escuela normal de Ayotzinapa, a unos 300 kilómetros de México DF, fueron desaparecidos por fuerzas parapoliciales. Fueron secuestrados cuando se disponían a marchar hacia la capital del país para recordar la masacre de Tlateloclo y nunca mas se supo de ellos. A pesar de los años transcurridos desde ese 2 de octubre, los estudiantes siguen siendo un enemigo interno temible para el poder en México.

Este martes, el presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, hizo un homenaje a la víctimas de la Plaza de las Tres Culturas y prometió que en su gobierno no habrá represión. Muchos vieron su llegada al Palacio de los Pinos como la coronación de una lucha que se enlaza directamente con aquel reclamo estudiantil.

Tiempo Argentino, 2 de Octubre de 2018