Fue, sin dudas la peor semana de Donald Trump en el gobierno. La que expuso con más rigor eso que ya es usual calificar como «golpe suave». Como esos que las agencias estadounidenses saben hacer en el resto del mundo, pero enfocado hacia las propias entrañas de la Casa Blanca. Claro que no es ajena a esta andanada la cercanía de las elecciones de medio término, que el 6 de noviembre puede modificar la composición del Congreso para, ahí si, impulsar la destitución por alguna de las vías institucionales previstas por las leyes.
La «forma limpia» sería forzarlo a una renuncia, como sucedió en 1974 con Richard Nixon, envuelto en el escándalo de Watergate. Bill Clinton fue sometido a un impeachment por ciertos deslices amorosos con una pasante, pero zafó porque no se lograron los votos de los dos tercios del Senado. Nadie se anima a hablar de la tercera vía para sacarlo del gobierno, en un país en el que tres presidentes fueron asesinados, el último hace 55 años.
El gobierno de Trump se puso de enemigos a la prensa y al llamado Estado Profundo desde que asumió, el 20 de enero de 2016. Pero a medida que se acerca la renovación legislativa arrecian los ataques contra una gestión que el establishment considera errática y peligrosa.
En estos días se presenta un libro explosivo de Bob Woodward, uno de los que investigó el caso Wategate en 1972. Prestigioso periodista ligado al Washington Post –que publicó un adelanto el martes– cada una de sus investigaciones suelen estar sustentadas en documentación y fuentes indiscutibles, al punto que en los ’80 puso en jaque a Ronald Reagan por el escándalo Irán-Contras. Justo el 11 de septiembre, en el aniversario de los ataques a las Torres Gemelas, sale a la venta Fear: (Miedo) Trump en la Casa Blanca. Allí cuenta detalles de cómo se maneja el mandatario republicano en el día a día y lo ejemplifica contando que altos funcionarios retiraron un documento a la firma por el que eliminaba un acuerdo comercial de décadas con Corea del Sur, el aliado estadounidense en esa región desde la Guerra Fría.
El New York Times publicó luego una nota de opinión, sin firma –a contramano de todos los códigos éticos y sus propias reglas de trasparencia, aunque las autoridades del diario aseguran conocer la identidad del autor–, de un supuesto integrante del staff presidencial, que agrega más detalles del funcionamiento del gobierno. Llega a decir que hay todo un equipo que trata de enmendar los arranques impulsivos del presidente para evitarle males mayores a Estados Unidos. «Soy parte de la resistencia en la Administración Trump», se titula el artículo, que causó revuelo en Trump y sus íntimos.
En primer lugar porque lo muestra poco afecto a comprender la política internacional y falto de moral. Pero sobre todo porque el redactor, que aclara que no es de izquierda, desliza que «hay rumores de dentro del Gabinete de invocar le Enmienda 25» para revocar su mandato.
Esa enmienda fue establecida en 1965 a raíz del asesinato de John Kennedy. De acuerdo a la ley de acefalía vigente hasta entonces, cuando toma el cargo Lyndon Johnson, el vicepresidente, quedaba en las brumas el mecanismo de su reemplazo en el Senado. Fue así que se detallan los pasos para cubrir ese bache, pero de paso, para quitarse de encima presidentes que incomoden al establishment. Son cuatro condiciones pero una es la que preocupa a Trump: es la que establece el modo por el cual el vicepresidente y la mayoría de sus secretarios pueden declarar al presidente «incapaz para desempeñar sus funciones» y exigir el recambio.
Lo primero que hizo el mandatario fue criticar la falta de ética del diario y luego demandó una investigación para que revelen quién es el autor de la nota, al que no dudó en calificar de traidor. Al mismo tiempo, fustigó a Woodward y repitió su mensaje de que los grandes medios sólo lo critican por medio de mentiras.
Uno que salió en su ayuda fue Paul Craig Roberts, secretario del Tesoro durante el gobierno de Reagan y un liberal convencido. Roberts, que también es editor asociado en el Wall Street Journal, sostiene que no hay ningún funcionario detrás de la columna, sino el mismo periódico, que intenta crear desconfianza en el equipo de Trump y de este contra sus colaboradores. Pero agrega algunos indicios que muestran el trasfondo del ataque.
El artículo dice textualmente que «en público y en privado, el presidente Trump exhibe una preferencia por los autócratas y dictadores, como el presidente ruso, Vladimir Putin, y el líder norcoreano Kim Jong-un, y muestra poco aprecio por los lazos que nos unen con naciones aliadas que tienen una forma similar de pensamiento». Y cuestiona su renuencia a expulsar espías rusos tras el incidente con el Novichok en Gran Bretaña.
Dice Roberts: «El supuesto ‘alto funcionario’ tergiversa, como lo hace el New York Times, los esfuerzos del presidente Trump por reducir tensiones peligrosas con Corea del Norte y Rusia», y agrega: «¿Por qué resolver las tensiones peligrosas es una ‘preferencia por los dictadores’ y no una preferencia por la paz?». A lo que suma el detalle de que Vladimir Putin fue reelegido tres veces «por mayorías que ningún presidente de EE UU tuvo jamás». Su conclusión es que buscan demoler a Trump por intereses ligados al complejo militar, que mucho tiene que perder si las relaciones internacionales entran en una etapa dialoguista con las otras potencias.
Para colmar el vaso, el cineasta Michael Moore presentó en el Festival de Toronto su nuevo documental, Farenheit 11/9, una suerte de anverso del 11S con fuertes críticas a la dirigencia política estadounidense a la que responsabiliza por el ascenso de Trump al poder. También plantea la forma de evitar un camino irreversible hacia «el despotismo y la tiranía» en noviembre.
La frutilla que corona el postre fue el discurso del viernes del expresidente Barack Obama, que decidió volver al ruedo para sumarse al coro anti Trump y reclamarle al partido republicano que hagan algo para quitarse del medio a este inquilino de la Casa Blanca que «está socavando nuestras alianzas, acercándose a Rusia».
Podría ser una «devolución de gentilezas» o una escalada de la guerra del ex presidente paraguayo, Horacio Cartés, contra gran parte del establishment del partido Colorado. Y tiene su antecedente, porque cuando el polémico empresario anunció el traslado de la embajada de Paraguay en Israel a Jerusalén, la decisión causó rechazo en el equipo de Mario Abdo Benítez, elegido como primer mandatario por la misma agrupación política. Como corolario, podría ser que el tradicional partido nacido al fin de la guerra de la Triple Alianza -esa que con la colaboración de las presidencias de Bartolome Mitre y Domingo F. Sarmiento destruyó a Paraguay entre 1865 y 1870- decidió tomar el toro por las astas y romper con todo vestigio de este quinquenio de «semioficialismo». El caso es que el regreso diplomático a Tel Aviv, tras casi cuatro meses, generó el retiro de embajador israelí en Asunción y al mismo tiempo la apertura de la representación de Palestina en la capital paraguaya. Un enroque difícil de explicar en otro contexto.
El partido Colorado -que salvo breves períodos gobernó ese país en forma continua y hasta acompañó al dictador Alfredo Stroessner entre 1954 y 1989, aunque también lo volteó cuando era un escollo para la gobernabilidad- había quedado bastante lastimado durante la gestión de Fernando Lugo, quien había avanzado hacia la integración regional y ciertos toques de estado de bienestar, y mucho más por el golpe de 2012 contra el ex obispo. Por eso en 2013 había aceptado llevar como candidato a un multimillonario que acumuló tanta fortuna como denuncias por evasión fiscal, lavado de dinero, tráfico de drogas y falsificación de cigarrillos. Eso a pesar de que no cumplía con los plazos de afiliación que los mismos estatutos preveían. Bien se sabe que «billetera mata galán». O a militante.
Pero ni bien ocupó el cargo, Cartes comenzó a gestionar sin ninguna consulta con sus compañeros electorales, lo que generó fuertes controversias que solo pudo acallar porque supo aprovechar un leve viento de cola por la expansión de la exportación de soja, lo que atrajo no pocas inversiones externas. Este año el PBI paraguayo aumentará dentro del promedio de los últimos seis, en torno del 4%, aunque tambièn es cierto que la pobreza no bajó nunca del 27 %.
En 2017, el empresario quiso reformar la Constitución o forzar su sentido para obtener un nuevo mandato, cosa que rechazaron los legisladores, encabezados por el coloradismo. El 22 de abril, sin demasiada sorpresa, el candidato del Partido Colorado, Mario Abdo Benítez, hijo del que fuera secretario privado de Stroessner, ganó las elecciones.
Los votos todavía estaban calientes y faltaba poco para que terminara su mandato cuando el 9 de mayo Cartes anunció que, siguiendo la línea de Donald Trump, había decidido trasladar la embajada de Paraguay en Israel a Jerusalén. Junto con Guatemala y EEUU, fueron los únicos en hacer esa movida.
Paralelamente Cartes negociaba contrarreloj para obtener la banca en el senado a la que había sido autorizado por un amañado fallo de la Justicia. Buscaba obtener los fueros que lo tranquilizarían ante la presumible venganza política de quienes tomaran su lugar, los mismos a quienes había ninguneado por un lustro. Como ex mandatario, tiene derecho a una banca pero sin voz ni voto, pero eso no le resultaba suficiente.
El 28 de mayo, Cartes presentó su renuncia, tres meses antes de la entrega del poder, generando una crisis política que se resolvió un par de semanas más tarde, cuando se convenció de que el Congreso no iba a avalar su jugada. Tuvo que quedarse hasta el fin.
Abdo Benítez llegó al Palacio de los López el 15 de agosto. Apenas habían pasado 100 días cuando desde Asunción llegó la orden de levantar todo de las oficinas que le había destinado el gobierno de Benajamin Netanyahu, en el parque tecnológico de Jerusalén y volver a Tel Aviv. Fue una medida tomada entre cuatro paredes entre el nuevo presidente y su canciller, Luis Alberto Castiglione, cosa de no alertar a medios ni informantes de Israel.
Ni bien se supo la noticia, Netanyahu informó que retiraría su propia embajada en Asunción. Y la autoridad palestina indicó que recibía la novedad con beneplácito y a su vez enviaría un representante diplomático a la capital paraguaya.La pelea entre Cartes y los dirigentes colorados siguió por tuit. Esto dijo Cartés:
Hoy se traicionaron los valores de la civilización Judeo Cristiana; hoy se traicionó a UN AMIGO!, hoy se traicionó la voluntad y el sentimiento del pueblo paraguayo! Hoy se traicionó la amistad entre PARAGUAY e ISRAEL. Cada pueblo que le dio la espalda a Israel pagó muy caro!— Horacio_Cartes (@Horacio_Cartes) 6″=»»>https://twitter.com/Horacio_Ca… de septiembre de 2018
Esto respondió Abdo Benítez:
Paraguay es un país de principios. El espíritu de la decisión anunciada es que los pueblos de Israel y Palestina logren alcanzar una paz amplia, justa y duradera. Siempre seremos respetuosos del derecho internacional.— Marito Abdo (@MaritoAbdo) 5″=»»>https://twitter.com/MaritoAbdo… de septiembre de 2018
El canciller Castiglioni se sumó al debate de este modo:
Paraguay es una nación amiga de Israel y Palestina. Nuestra decisión está basada en el derecho internacional y pretende contribuir a la búsqueda de la paz https://t.co/qqVq4D2VQ0— Luis A. Castiglioni (@LuisCastiglioni) 5″=»»>https://twitter.com/LuisCastig… de septiembre de 2018
En ese sentido se habia expresado la cartera de Exteriores para justificar la vuelta a Tel Aviv. «La República del Paraguay se ha adherido con consistencia a la visión de una región en la que dos Estados democráticos, Israel y Palestina, vivan uno al lado del otro en paz y dentro de fronteras seguras y reconocidas, conforme al criterio plasmado en numerosas resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, como ser la Nº 1397 (2002), Nº 1515 (2003), Nº 1850 (2008) y Nº 2334 (2016)», dice el comunicado de la cancillería. Recuerda luego que las relaciones con Israel datan de 1948 y que en 2005 inició relaciones con Palestina para dar su reconocimiento como estado en 2011.
En una conferencia de prensa, Castiglioni hizo hincapié en la necesidad de aceptar las decisiones de la ONU como vinculantes y señaló que la situación en Medio Oriente indica que se debe volver a las fronteras de 1967, antes de la ocupación de Jeruslaén Este y de gran parte de los territorios asignados a Palestina 20 años antes.
Ni Castiglioni ni Abdo Benítez son dirigentes incilnados a la izquierda. De hecho, el canciller fustigó duramente la cercanía de Lugo a Chávez y Abdo Benítez nunca rompió lanzas con el stronesnerismo, dijo que había conocido al dictador cuando era chico y que no tenía mal recuerdo de él como persona. «Hay que mirar adelante» se limita a decir cuando lo apuran sobre eso.
El tema es mas de fondo y tiene que ver con Cartes y con la influencia que Israel puede haber tenido en la inconsulta, como desde el coloradismo insisten, medida de trasladar la embajada. También Jimmy Morales, el presidente de Guatemala, el otro país en trasladar la embajada jerosolimitana, lucha como gato entre la leña contra la oposición y algunos oficialistas ante sucesivas denuncias por corrupción.
Maria Adélaïde Nielli de Ricci murió en 1970 dejando una fortuna pero sobre todo un nombre, Nina Ricci, sinónimo de diseño y buen gusto para exquisitos. La empresa, que comenzó desde bien abajo y llegó hasta la cumbre, a la muerte de su sucesor y consejero especializado en marketing, su hijo Roberto, pasó a la española Puig, dueña también de las marcas Carolina Herrera y Paco Rabanne. Por esas volteretas del destino, un frasco de perfume Nina Ricci falsificado, según la policía británica, terminó envuelto en una trama de espionaje internacional que involucra a dos presuntos espías rusos y enfrenta a Londres y Moscú.
Lo peor para la marca es que esa botellita que de acuerdo a la investigación contenía restos de Novichok, el potente agente nervioso desarrollado en la Unión Soviética para la misma época que falleció Nina, fue encontrado en junio pasado por dos marginales en un recipiente de los que en el Reino Unido se usan para dejar cosas a los indigentes.
De allí los tomaron Dawn Sturgess, de 44 años y madre de tres hijos, y Charlie Rowley, su acompañante de ese momento, de 48. Ambos terminaron internados pero la mujer murió a las pocas horas. Estaban envenenados con el mismo producto que había contaminado al ex espía ruso Sergei Skripal y su hija Yulia, en marzo pasado.
De las cinco personas que tuvieron contacto con el Novichok, de acuerdo al informe que presentó este miércoles el jefe de la policía antiterrorista inglés, Neil Basu y que incluye al uniformado que encontró a los Skripal, Nick Bailey, murió solamente Sturgess, mientras que los demás se fueron recuperando. Basu, al mismo tiempo, identificó y describió el raid de dos presuntos sospechosos de haber diseminado el veneno, Alexander Petrov y Ruslan Boshirov. Y la primera ministra Theresa May tomó de inmediato esta información para culpar al Kremlin por el atentado. El gobierno de Vladimir Putin negó los hechos y cuestionó toda la investigación, a días de que Donald Trump reforzara las sanciones contra Rusia basado en este incidente.
Según el informe que con el membrete de la Policía Metropolitana de Londres (PML) presentó Basu, hay un par hechos que indican el uso de Novichok en ambos casos (contra los Skripal en Salysbury y el que afectó a Sturgess y Rowlry en Amesbury semanas más tarde) y la participación de Petrov y Boshirov, dos personajes que a Moscú les resultan desconocidos.
Uno es que los laboratorios oficiales que investigan este tipo de tóxicos, y que están a medio camino entre Salisbury y Amesbury, curiosamente, en Porton Down, y los de la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPAQ) en La Haya, corroboran que es la misma sustancia.
Y aquí entra en juego el frasco de perfume Nina Ricci. Dice el documento de la PML que «la forma en que se ha adaptado el envase hace que sea una tapadera perfecta para contrabandear el arma al país, y un método de entrega perfecto para el ataque contra la puerta principal de Skripal». El informe confirma que el veneno estaba en el pomo de la puerta de entrada a la vivienda del ex espía.
La falta de relación y conocimiento entre los Skripal y los vecinos de Amesbury es un fuerte indicio también de que la pareja tomó el frasco del bote de residuos sin conocer el contenido real.
Basu describe el derrotero de los presuntos autores del atentado inicial y responsables del segundo hecho por descuidados. Textualmente lo dejó por escrito así:
«El viernes 2 de marzo a las 3:00 p.m., los sospechosos llegaron al aeropuerto de Gatwick, volando desde Moscú en el vuelo SU2588 de Aeroflot. Desde allí se cree que viajaron en tren a Londres, llegando a la estación Victoria aproximadamente a las 5.40 p.m. Luego tomaron un transporte público de Londres en la estación de Waterloo aproximadamente entre las 6 p.m. y las 7 p.m. Llegaron al City Stay Hotel, en Bow Road, al este de Londres, donde se alojaron el viernes 2 de marzo y el sábado 3 de marzo. El sábado 3 de marzo salieron del hotel y tomaron el metro hasta la estación de Waterloo, llegando aproximadamente a la 11.45 a.m., donde tomaron un tren a Salisbury, llegando aproximadamente a las 2.25 p.m. Se cree que tomaron una ruta similar cuando regresaron a Londres la tarde del sábado 3 de marzo. Salieron de Salisbury aproximadamente a las 4.10 p.m. y llegaron a Bow aproximadamente a las 8:05 p.m.», detalla el documento.
«Evaluamos que este viaje fue para el reconocimiento del área de Salisbury», analiza el detective antiterrorista, para continuar: «El domingo 4 de marzo, hicieron el mismo viaje desde el hotel, utilizando nuevamente el metro desde la estación de Bow a Waterloo aproximadamente a las 8:05 a.m., antes de continuar su viaje en tren a Salisbury. Las cámaras de vigilancia callejera los muestran en las inmediaciones de la casa del señor Skripal y creemos que contaminaron la puerta de entrada con Novichok. Salieron de Salisbury y regresaron a la estación de Waterloo, llegando aproximadamente a las 4.45 p.m. y abordaron el metro de Londres aproximadamente a las 6.30 p.m. hasta el aeropuerto Heathrow. Desde allí regresaron a Moscú en el vuelo SU2585 de Aeroflot, saliendo a las 10.30 pm el domingo 4 de marzo».
En cuanto a la declaración de Charlie, que también consigna la investigación, el hombre dice que encontró una caja en el «contenedor para caridad» con el frasco que creyó ser de perfume y un aplicador el miércoles 27 de junio. «Trató de juntar las dos partes en su domicilio el sábado 30 de junio y, al hacerlo, consiguió algunos de sus contenidos. Dijo que Dawn había aplicado parte de la sustancia a sus muñecas antes de sentirse mal», revela el texto.
El frasquito de perfume en cuestión fue analizado y se comprobó que tenía restos de Novichok. «Hemos hablado con Nina Ricci y hemos realizado más consultas. Nina Ricci y nuestras investigaciones confirmaron que no es una botella, frasco o boquilla de perfume genuino de Nina Ricci. De hecho, es una caja, botella y boquilla falsificados y especialmente adaptados», detalla Basu. Acto seguido, se dehace en explicaciones para salvar el nombre de la empresa. «Me gustaría asegurarle a cualquiera que haya comprado perfume de Nina Ricci en una fuente legítima que no debería preocuparse. Es seguro».
La premier Theresa May aseguró en el Parlamento que Petrov y Boshirov son agentes rusos y que fueron lo que cometieron el atentado contra Skripal, un ex doble agente intercambiado durante el gobierno de Barack Obama por espías occidentales detenidos en Rusia. Las acciones del GRU (la central de inteligencia militar rusa) son una amenaza para nuestros aliados y para nuestros ciudadanos», dijo la líder conservadora.
«Los nombres y las fotografías publicados en los medios británicos no nos dicen nada», replicó la portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores ruso, Maria Zajarova, a la agencia de prensa pública TASS, y acusó al Reino Unido de «manipular información».
El representante permanente de Moscú ante la OPAQ, Alexandr Shulguín, se sumó al rechazo a la denuncia. «El contenido del informe es bastante flexible, lo que no impidió que los británicos declararan que (…) otra vez se trata de Novichok y de Rusia y enunciaran las acusaciones infundadas sobre la implicación de Rusia, que ya se habían repetido hasta la saciedad», cita la agencia Sputnik
Hace diez años estallaba con toda su virulencia la crisis financiera mundial más grande desde 1929. No fue una sorpresa. Porque desde hacía más de un año las señales de la caída eran cada día más visibles, pero como suele ocurrir en estos casos, los responsables de administrar la economía de las principales potencias prefirieron mirar para otro lado y rezar.
Sin embargo, en medio del incendio, el domingo 7 de setiembre de 2008 el gobierno de Estados Unidos, por entonces bajo la administración George W. Bush, tomó el control de dos gigantes del mercado hipotecario en bancarrota, los popularmente conocidos como Fannie Mae y Freddie Mac. La tradición decía que eran “demasiado grandes para caer” y sin embargo, se desmoronaron como castillos de naipes.
Una semana más tarde, se declaraba en quiebra el banco de inversión Lehman Brothers. No era tan grande, pero luego de meses de indicadores de que “todo lo sólido se estaba desvaneciendo en el aire”, fue el dato que faltaba para que los gobiernos de Europa y de Estados Unidos terminaran por reconocer que estaban en medio de una tormenta de imprevisibles consecuencias. Una tormenta, como todas las que ocurren en la economía capitalista, que fue autoinfringida por los mismos responsables de haberla previsto.
Las culpas por esta situación vienen de épocas anteriores y hay coincidencia en que la desregulación de los mecanismos financieros que se extendió como reguero de pólvora en los 90 generó negocios muy lucrativos para pequeños grupos de aventureros que al principio parecieron exitosos colocadores de deuda y por lo tanto incluso fueron premiados desde las instituciones para las que trabajaban.
Todo eso en el marco de una baja sustancial de las tasas bancarias promovidas desde el Tesoro de EEUU, por entonces en manos de alguien al que se consideraba un genio, Ben Bernanke, y que por poco resulta ser el culpable de todo, aunque para cuando estalló la burbuja que le atribuyen haber contribuido a inflar, ya se había retirado.
Así fue que términos poco convencionales como burbuja, titulización, hipoteca subprime, bonos basura o tóxicos formaron parte por unos dramáticos meses de las primeras planas de todos los medios de comunicación.
Un economista español con exquisito sentido del humor graficó entonces cómo se había originado esa situación, en la que España, aunque no lo parecía, tenía mucho que ver. Para Leopoldo Abadía, que ahora tiene 84 años y lleva casi un cuarto de siglo retirado de la docencia, se trató de una “crisis ninja”.
Esto es: hubo clientes de bancos que confiaron su dinero a instituciones que, sin que ellos lo supieran, lo habían colocado en hipotecas a clientes sin ingresos, sin trabajo fijo y sin bienes (No Income, No Jobs, No Assets). Cuando del otro lado del Atlántico todo se fue por los aires y el que no tenía empleo dejó de pagar, la cadena se cortó dejando a los pequeños inversores con las partes al aire y mirando al oeste.
Los primeros síntomas de la crisis comenzaron a sentirse a fines del 2006, cuando algunos gurúes advirtieron que había riesgo de impagos creciente en las hipotecas en Estados Unidos. Por entonces no era fácil determinar qué deudas eran cobrables y cuáles habían pasado a la categoría de irrecuperables o tóxicas.
Para agosto de 2007 los bancos centrales decidieron intervenir para que no se cortara el flujo de créditos y se frenara la actividad económica. A principios del 2008, en febrero, el Banco de Inglaterra nacionalizó el Northern Rock y en marzo la Reserva Federal acudió al rescate del banco de inversión Bear Stearns, finalmente absorbido por el JP Morgan a precio de ganga.
A fines de setiembre era evidente que Bush hijo iba a hacer algo para que no le explotaran los bancos semioficiales y durante un nervioso fin de semana –que hizo recordar a lo que ocurrió en estos días en Argentina- terminó con un salvataje multimillonario para dos joyas de la corona, una de ellas nacida en tiempos de la crisis del 30 y la otra en los 70.
Fannie Mae es como la creatividad popular bautizó al Federal National Mortgage Association (FNMA) (Asociación Federal Nacional Hipotecaria), creado en 1938 por la administración de Franklin Roosevelt dentro del New Deal para reactivar la economía a través de la construcción de viviendas mediante créditos oficiales blandos.
El nombre Freddie Mac obedece a los mismos parámetros que su hermana mayor. Nacido en 1970, el Federal Home Loan Mortgage Corporation, (Corporación Federal de Préstamos Hipotecarios), tenía como objetivo expandir el mercado secundario de hipotecas.
La intervención en Fannie Mae y Freddie Mac aceleró la caída del Lehman Brothers, una semana más tarde. Fundado en Alabama en 1850 por dos hermanos, como su nombre lo indica, había acumulado una deuda de 613 mil millones de dólares y a esta atura ya no había nadie dispuesto a comprarlo. Como dijo Abadía en el video, ninguno sabía cuánta «basura» tenían nadie y era mejor no quemarse con leche. El Lehman fue desguazado entre varios bancos y de lo que quedó a ser distribuido entre sus acreedores, solo pudieron salvar 65 mil millones. La décima parte.
Bush puso para salvar a los bancos unos 700 mil millones de dólares. Fue muy cuestionado por los demócratas tanto por no haber previsto la crisis como por haber acudido en su rescate con fondos públicos. Sobre ese eje hizo su campaña Barack Obama, quien ganó la elección de noviembre de 2008. Pero Obama terminaría acusado por Donald Trump, ocho años después, de haber sido personero de Wall Street, al igual que la candidata a sucederlo.
No es claro cuánto dinero puso la Unión Europea para salvar a los bancos del continente y tal vez sea la misma cantidad. En el caso de España, el número ronda los 60 mil millones y hace un año reconoció que no pudo recuperar el 75% de esa cifra. Al mismo tiempo perdieron sus viviendas como consecuencia de esa crisis y quedaron literalmente en la calle cerca de 180 mil personas. Para ellos no hubo rescate que valga y además, por las medievales leyes de ese país, siguen endeudados a pesar de haber perdido sus viviendas.
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