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Amenazan a la periodista que reveló la campaña de fake news de Bolsonaro

Amenazan a la periodista que reveló la campaña de fake news de Bolsonaro

La periodista brasileña que reveló el apoyo de empresarios que financiaron la campaña de fake news en favor de Jair Bolsonaro recibió amenazas de muerte para ella y su hijo, le hackearon sus cuentas de redes sociales y su celular. Mientras tanto, el candidato ultraderechista anunció que en caso de ganar la presidencia, convertirá a diario que publicó la información, el Folha de San Paulo, en su enemigo y tratará de arruinarlo quitándole las pautas publicitarias oficiales.

Patricia Campos Mello es especialista en internacionales y de esas periodistas que no rehúyen meterse en medio de guerras y conflictos para contar el otro lado de la trama, el de la gente que no decide políticas bélicas pero padece sus consecuencias.

Fue corresponsal de O Estado de San Paulo en Washington y luego incursionó en Sierra Leona, Tanzania, China, India y Siria en extensos reportajes, algunos de los cuales volcó en libros. Luna de miel en Kobane es la historia de una pareja que se conoció por internet y que le sirve para mostrar la violencia desatada en los ataques del Estado Islámico. «Si hay personas viviendo en lugares considerados tan hostiles, lo mínimo que puedo hacer por ellos es ir allá, oírlas y hacer que el mundo conozca sus historias», explica.

India, de la miseria a potencia y ¿El mundo tiene miedo a China? Nosotros también, son investigaciones sobre el crecimiento de las dos potencias asiáticas. Campos Mello fue galardonada en Brasil y también con el premio Rey de España. Pero su primera gran cobertura fue una del 11 S de 2001 en Nueva York.

En ese momento no trabajaba en periodismo, pero vivía cerca de las Torres Gemelas y aquel día fue a hablar con la gente de la calle. En una entrevista que le hicieron hace un par de años dijo que lo que más le impactó fue el caso de una familia musulmana que montó un hospital improvisado en su cafetería para socorrer a las víctimas de los ataques. «A la semana siguiente -le dijo a shemeansbusiness.fb.com- esa misma familia pasó a ser agredida con insultos y escupidas porque a causa de su apariencia fueron asociados al terrorismo».

Algo así le pasó ahora luego de publicar la semana pasada un artículo en Folha de Sao Paulo, donde es columnista especial. En ese texto, producto de otra de sus investigaciones, muestra que un puñado de empresas compró paquetes de ataques masivos de mensajes por WhatsApp contra el PT. «La práctica es ilegal, ya que se trata de una donación de campaña por empresas, algo prohibido por la legislación electoral, y no declarada», puntualiza Campos Mello.También viola reglas de juego limpio en una campaña.

De inmediato el ataque masivo lo sufrió ella en su cuenta de WhatsApp, con no menos de 220 mil mensajes amenazantes desde 50 mil contactos. Contactada por Tiempo Argentino, Patricia Campos Mello dijo que no puede dar entrevistas. «Lo siento, no puedo hablar con nadie por recomendación de los abogados. Están amenazando a mí y a mi hijo». En los ataques cayeron también los dos colaboradores que participaron de la investigación.  

Para el diario, la amenaza fue más explícita y de parte del propio candidato, que en cuanto a la periodista había declarado que él no puede saber lo que harán cada uno de sus partidarios. Así, en un tuit, Bolsonaro dijo que «la mamada de la Folha de San Paulo se va a terminar, pero no con censura. El dinero público que reciben para hacer activismo político se va a secar y además, con su credibilidad por el sumidero y sus informaciones tendenciosas menos serias que una revista de chistes».

Más allá de estas bravatas, intelectuales de todo el mundo manifestaron su rechazo al postulante a la presidencia brasileña que reivindica la dictadura militar y la tortura. Entre los más destacados figuran Noam Chomsky, Bernard-Henri Levy, Juan Villoro, Gael García Bernal, Juan Manuel Serrat y Alejandro Sanz entre los foráneos, Chico Buarque de Hollanda, Caetano Veloso y Walter Salles entre los brasileños, y por el lado de los argentinos, la ex canciller Susana Malcorra, Adolfo Pérez Esquivel, Claudia Piñeiro y Beatriz Sarlo.  

En cuanto a Campos Mello, periodistas de todo el mundo le brindaron su adhesión y también agrupaciones defensoras de los Derechos Humanos y de la mujer. Representantes legales del diario -uno de los más antiguos y respetados de Brasil, y no vinculado al PT, por si hiciera falta aclarar-  acudieron al Tribunal Superior Electoral (TSE) reclamando a la Policía Federal que investigue las amenazas contra su personal.

Tiempo Argentino, 25 de Octubre de 2018

Mohamed bin Salman, el heredero en apuros

Mohamed bin Salman, el heredero en apuros

Los días del príncipe Mohamed bin Salmán bin Abdulaziz Al Saud, más conocido como Mohamed bin Salman o simplemente MbS, tienden a opacarse aceleradamente. En un régimen como el saudita esto puede no querer decir gran cosa, pero muchos de los socios más añejos de la dinastía comienzan a esquivar el bulto, algo que el heredero de la corona, de 33 años, parece no entender demasiado. Es que en el marco de tropelías bastante escandalosas como las que viene cometiendo personalmente y siendo descendiente de una tribu que gobierna Arabia Saudita con parámetros no tan diferentes, la muerte de un periodista en el consulado en Estambul no daba la impresión de ser algo que llamaría tanto la atención. Aunque para eso hayan ido especialmente un grupo de 15 personas, hayan descuartizado el cuerpo y presumiblemente lo hayan destruido en ácido. Pero con Jamal Khashoggi algo estalló sino en las conciencias al menos en los estándares habituales en esa parte del mundo y el caso es un escándalo internacional de proporciones inéditas.

El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan es uno de los que presiona para saber qué paso aquel 2 de octubre cuando el periodista, que había puesto distancia con la monarquía reinante en Arabia Saudita y desde el Washington Post se enfrentaba a MbS, entró en el edificio del consulado en Estambul a buscar documentación personal para casarse con una ciudadana turca y nunca más salió.

Al principio, desde Riad se dijo que Khashogi salió tranquilamente tras hacer el trámite y pretendían mostrar el video donde se lo veía cruzar la puerta trasera de la sede. Pero no se tardó mucho en determinar que se trataba de un hombre algo más corpulento que el periodista, de 59 años, pero que usaba su ropa, una barba postiza y cabello, algo que no debía escapársele a un equipo comando con todas las luces ya que Khashoggi tenía una calvicie incipiente.

De inmediato, Donald Trump mandó a su secretario de Estado, Mike Pompeo, a hablar con el rey, Salman bin Abdulaziz y el heredero, MbS. Dijo que buscaba que los monarcas investigaran el caso y que ellos se habían comprometido a hacerlo en forma transparente. Ya Trump les había tirado un centro: para él, se trataba de «un grupo de asesinos deshonestos», con lo cual exculpaba al príncipe, que cumple la más alta función ejecutiva en el reinado de su padre, de 83 años.

Pero las certezas que fueron desplegando las investigaciones de las autoridades turcas eran demoledoras. A pesar de que las oficinas sauditas son legalmente territorio con inmunidad diplomática, ordenaron un allanamiento que dio como resultado que había vestigios de haber sido repintado el día anterior, y encontraron indicios de que algo terrible se había producido allí adentro.

Por lo demás, se sabe que los servicios trucos tienen grabaciones de la sesión de torturas a las que había sido sometido Khashoggi. Para colmo, están filmados los 15 comandos que el mismo lunes fueron a Estambul en un vuelo privado desde Riad y regresaron a la noche. Se los ve en el aeropuerto y entrando y saliendo del consulado.

El miércoles pasado, la cadena CNN adelantó que MbS estaba dispuesto a reconocer que el periodista había estado en el consulado y que algo terrible había sucedido adentro. Tardó dos días más modificar su primera versión, la de que entró, hizo el trámite y salió tranquilamente. Para el viernes, Khashoggi había discutido con alguien a trompadas y que en ese intercambio de puñetazos violento había muerto. También informaron que habían detenido a 18 personas involucradas en el incidente.

Pero la cosa seguía sin cerrar y este lunes la versión cambió a que Khashoggi fue torturado y como comenzó a gritar desaforadamente, le taparon la boca y ahí fue que murió. Para lo cual se creó una Comisión Investigadora.. a cargo de MbS.

La primer obvia pregunta de los analistas -no se necesita demasiada perspicacia- es qué pasó con el cuerpo del columnista de Washington Post. La segunda es cómo puede ocurrir que 15 personas que luego se descubriría, son todos cercanos al equipo de seguridad de MbS, hayan viajado a a Estambul en vuelos privados sin conocimiento de su jefe.

A esto se agrega que Turquía ya dijo que se habían detectado llamadas a MbS desde el consulado a poco de entrar Khashoggi. La hipótesis es que el propio periodista fue puesto en contacto con MbS, que quería hacerlo volver a Arabia, y que el hombre se negó. Lo que habría ocurrido después es fácil de imaginar.

Trump reconoció que romper con Arabia Saudita no está en sus cálculos, que de por medio hay una vente de 110 mil millones de dólares en armas, que se utilizarán en la guerra de Yemen, donde desde 2015 la monarquía interviene en un conflicto interno en contra de rebeldes chiitas hutíes. Esa guerra ya causó miles de muertos y dejó a más de seis millones en la indigencia.

Riad no solo compra armas en EEUU sino también en Alemania, el reino Unido y España. Por eso ciertos silencios estruendosos del rey Felipe VI y del gobierno británico. Pero la canciller germana, Angela Merkel fue de las primeras en indignarse públicamente por el caso, lo mismo que el francés Emmanuel Macron. Lo que forzó a que Washington tuviera que dar volteretas para explicar su posición.

Socios fundamentales para sostener la presencia de EEUU en el Medio Oriente -y hasta de financiar grupos extremistas en contra de Siria-, Arabia Saudita también es clave para mantener la provisión y el precio del petróleo y en ese mercado, para conservar el uso del dólar como moneda de cambio internacional. Sin ese sostén, la divisa estadounidense se desmoronaría estrepitosamente.

Esas evidencias fueron suficientes por décadas para que los árabes tengan carta blanca y desde la Casa Blanca hayan sido puntillosamente tolerantes con sus desvíos. Conviene recordar que tras los atentados del 11 S de 2001, el FBI detuvo a 19 sospechosos, 15 de ellos sauditas. Y que el enemigo público número 1 en esos años, Osama bin Laden, pertenecía a una de las familias sauditas más vinculadas el régimen. Lo mismo puede decirse de los Khashoggi, uno de los cuales, Emad, lejano pariente del periodista, terminó en 2011 de construir el Castillo Luis XIV, ubicado en un suburbio de Paris. Se trata de una fastuosa construcción de 5000 metros cuadrados en un terreno de 23 hectáreas que en 2015 pasó a manos de MbS por 301 millones de dólares.

El príncipe fue designado sucesor del trono de su padre en 2017 en lugar de su primo Mohammed bin Nayef, al que desde entonces mantiene detenido con prisión domiciliaria. El hotel Ritz Carlton de Riad fue centro de detención, vaya el término, de unos dos centenares de oligarcas de ese país y uno de ellos, el general Ali al Qatani, habría sido torturado hasta la muerte. El militar había sido asistente del príncipe Turki bin Abdulah, ex gobernador de Riad y rival en la línea sucesoria del reino saudita. Los «ricos» habían sido acusados de haberse enriquecido de manera ilícita y conminados a devolver su dinero para recuperar la libertad.

Es en este contexto es que se produce uno de los casos más inexplicables desde que MbS tomó las riendas del poder. El viernes 3 de noviembre del año pasado el primer ministro libanés, Saad Hariri, fue convocado de urgencia por MbS a Riad. Desde ese momento se lo dio por desaparecido.

Luego se sabría que también había sido «invitado» a permanecer en el Ritz Carlton hasta arreglar sus cuentas con el régimen. Horas después se difundió un video en que se lo veía, no muy convincente, renunciando a su cargo. Esa vez Macron llamó al príncipe para decirle que esas cosas no se hacen, o al menos no se hacen así, y Hariri volvió a Líbano cono si nada hubiese ocurrido.

Por eso muchos sostienen que cuando trascendió el caso Khashoggi, MbS se sorprendió. ¿Cuál es el problema? arguyen que se preguntó, acostumbrado a que esas cosas, en ese país, a nadie escandalizan. Pero esta vez había sido demasiado incluso para él y para su principal socio, Trump, que intenta desde entonces de calmar las aguas y hacer digerible un hecho que indigna hasta a los tibios.

MbS se presentaba como una apertura para un régimen de corte cuasi feudal. Lo quiso demostrar cuando permitió que las mujeres puedan tener carnet de conducir automóviles. Y había organizado un encuentro para inversores, al que se llamó el «Davos del desierto», para presentar sus planes para desarrollar a Arabia Saudita más allá de la enorme riqueza que representan las mayores reservas petroleras del planeta.

Pero el foro Future Investment Initiative (FII) que comenzaba este lunes se fue vaciando. Es que a medida que los detalles más escabrosos de la muerte de Khashoggi fueron saliendo a la luz se fueron quedando en el camino la mayoría de los asistentes. Los más conocidos son el secretario del Tesoro de EEUU, Steven Mnuchin; la directora del FMI, Christine Lagarde; ejecutivos de Siemens, Uber, el HSBC, además de los medios especializados, como Bloomberg, CNN y el Financial TImes.

Tiempo Argentino, 23 de Octubre de 2018

Florencia Grieco: «Kim Jong–un fue el que mejor entendió a Trump»

Florencia Grieco: «Kim Jong–un fue el que mejor entendió a Trump»

Florencia Grieco hizo dos largos recorridos por ese rincón del mundo. Su libro En Corea del Norte: viaje a la última dinastía comunista muestra cómo es ese extraño, misterioso e intrigante país.

–¿Cómo se le dio por ocuparse de Corea del Norte?

–Trabajaba como periodista, y al principio era pura curiosidad. En 2006 Corea del Norte había hecho su primera prueba nuclear y la cosa estaba como tema en 2008 cuando yo estaba en Crítica. Acá no se hablaba mucho, lo empecé a seguir como tema raro. La información que había era muy escasa y fue en ese contexto que decidí hacer mi primer viaje, en 2015. Era un viaje a un espacio muy particular pero también se parecía mucho a un viaje en el tiempo, ir a una época que ya no existe, la del comunismo de la Guerra Fría que allí sobrevive.

–¿Es el comunismo?

–Corea del Norte fue un país de la órbita soviética pero siempre con particularidades que la diferenciaron un poco de Europa del Este. El culto a la personalidad fue muy potente y se profundizó aun luego de la época de Stalin. Y también es una dinastía. Tiene rasgos del comunismo, tiene una impronta soviética fuertísima hasta los años ’90 porque la asistencia, la ayuda financiera y el conocimiento eran soviéticos. Hay que pensar que el país deja de ser colonia japonesa cuando termina la guerra y la península se divide a partir de 1950. Comunismo soviético al norte y capitalismo al sur. Es muy difícil separar a los Kim de Corea, no sólo porque es la tercera generación y gobierna desde hace 70 años, sino porque el país se creó con Kim il-Sung. Son una unidad. No estoy de acuerdo en definirla sólo como una dictadura, porque es mucho más que eso. Dictadura da la idea de un grupo que tomó el poder y antes había otra cosa. Y en Corea del Norte no había otra cosa. Había habido una colonia pero no un país.  La fundación del país está ligada a los Kim.

–Pero había una nacionalidad, una cultura previas, tienen un idioma, una escritura propia, una identidad particular.

–Antes de los japoneses tenían sus propios reinos, pero con los Kim se crea el país. Una cosa es la civilización y la cultura, y otra el país.

–¿Qué es el concepto Juche, del que habla en su libro?

–Es difícil traducirlo, lo más aproximado es autosuficiencia. Hay una reivindicación de cierta independencia, tanto de la URSS como de China. El país siempre reclamó cierto espacio propio. Autosuficiencia es cierta distancia de las potencias del mundo. El extranjero es percibido en general como una amenaza. Corea del Norte tiene el tamaño de la provincia de Santa Fe pero está rodeada de megapotencias: Rusia, China, Japón y EE UU en Corea del Sur. Juche habla de eso, Corea del Norte es otra cosa. Es comunismo, pero de otra forma.

–En el libro habla de un término, songbun, que remite a clases sociales muy estratificadas.

–Después de la guerra, Kim Il-sung desarrolla un sistema podríamos decir de castas, una división basada sobre todo en las lealtades, tanto sea a Kim como a los que pelearon contra los japoneses y en la guerra de 1950. Las familias más leales fueron localizadas en la capital y están en la cúspide de la pirámide. Los menos confiables fueron localizados en el interior del país, lejos de las costas y las fronteras. Por eso se desarrolló con muchas desigualdades regionales que a la vez son desigualdades sociales. Aunque en los últimos años empezó a surgir un elemento nuevo, los comerciantes, la nueva clase del dinero.

–¿Cuándo surge?

–Después de la hambruna de los años ’90, con el segundo Kim (Kim Jong-il). Kim Jong-un (el actual) promovió reformas que favorecen estos elementos de mercado que explican entre el 30% y el 40 % de la economía norcoreana hoy. Este tercer Kim basa su política en dos patas: el desarrollo económico y el programa nuclear.

–¿Quién inicia el proyecto nuclear?

–Con el segundo Kim, pero Jong-un le da una velocidad que el mundo no esperaba. Y con un desarrollo científico bastante propio.

–¿La razón para este programa es meramente militar?

–En parte sí, pero hoy se percibe que el plan nuclear es lo único que garantiza la supervivencia respecto de las potencias que amenazan su integridad.

–La imagen que se muestra de Kim Jong-un es la de un loco que lidera un régimen con bombas atómicas.

–Es difícil saber cómo es, pero yo creo que no es un loco, y lo digo a partir de cosas que hace. Se trata de una familia que gobierna desde hace 70 años y para mantenerse en el poder en condiciones tan adversas claramente alguna estrategia más o menos exitosa hay. La locura supone que uno no tiene coherencia en sus actos, que es errático. Corea del Norte no es errática. Uno puede estar de acuerdo o no con lo que hacen, sobre todo en temas como los Derechos Humanos o las libertades, pero tienen una lógica propia, una racionalidad. Kim es muy coherente, no es un loco.

–En todo caso, se lo ve como un ser medio diabólico que asesinó al hermano y a su tío de manera horrorosa.

–Él no era el sucesor natural porque es el menor. El heredero era Kim Jong-nam, asesinado en el aeropuerto de Singapur el año pasado. Algunas fuentes muy confiables coinciden en que estas purgas, ejecuciones, desplazamientos, fueron en la cúpula, no en las jerarquías más bajas. Y eso revela tensiones internas, posibilidades de golpes palaciegos. Lo del tío al parecer tiene que ver con eso. Uno puede horrorizarse por las formas y la decisión, pero es algo que resulta muy aleccionador internamente. Eso ocurrió cuando su liderazgo era nuevo, hoy ya no ocurre.

–Se dice que estudió en Suiza.

–Sí, y tal vez eso lo haya preparado mejor para entender estos tiempos. Una de las cosas que se vio en su entrevista con Donald Trump es que habla inglés, cosa rara en su país.

–Muchos se sorprendieron por esa cumbre.

–Es la primera vez que un presidente de EE UU en funciones se sienta con un Kim. Probablemente Kim sea uno de los líderes del mundo que más entendió o supo leer a Trump y qué botones tocar para que funcione. Probablemente Kim esté trabajando sobre la arrogancia de Trump para conseguir cosas que de otro modo nadie conseguiría. Todos los presidentes previos trataron de evitar esa reunión porque implica un reconocimiento como quiere Corea del Norte, en términos de «somos un país nuclear nosotros también». A mí me parece además que la mejor política con Kim es el diálogo, y en ese sentido me parece muy bien lo que hace el presidente surcoreano, Moon Jae-in.

–Ese diálogo ahora está mediado por la ONU

–Moon tiene unas capacidades diplomáticas asombrosas, porque dialoga con Kim y con Trump y de alguna manera logró que ellos también dialogaran.

–¿Cómo son las relaciones entre ambas Coreas?

–La anterior presidenta (Park Geun-hye, presa por corrupción y opuesta al diálogo con Kim) había suspendido un experimento muy interesante de cooperación directa en la ciudad de Kaesong. Era mano de obra bastante calificada y barata del norte y, mucha tecnología y dinero del sur. Está la posibilidad de reabrirlo. El norte tiene mucha minería, que para el sur es fundamental porque importa todo. Pero todavía están las sanciones internacionales.

–¿Cómo repercutiría un acercamiento? ¿Hubo separación de familias como ocurrió entre las dos Alemanias?

–Ese fue un tema muy sensible, muchas familias quedaron separadas durante la guerra. Pero fue perdiendo consenso la idea de la reunificación a medida que los más viejos se van muriendo y además la diferencia económica es abismal, muy superior a la que había entre las dos Alemanias. El norte no tiene Internet, el interior no está mecanizado y el sur es una de las economías más tecnologizadas.

–¿Cómo es la situación de los DD HH?

–Sigue habiendo campos de reeducación. Ya no son lo que eran con los otros Kim, cuando hubo purgas masivas. Antes eran más parecidos a campos de concentración, ahora se dice que ya no son eso, pero de todas maneras son centros de prisioneros que atentan contra los estándares de DD HH universales.

–Habría que ver qué tan diferentes pueden ser de la cárcel de Guantánamo, por ejemplo.

–Sí, pero en este caso hay más información para trabajar, en Corea del Norte sólo se sabe lo que dicen los que lograron escapar. Son la parte más oscura, la más inaccesible de ese país.

Tiempo Argentino, 21 de Octubre de 2018

La oscuridad rodea la desaparición de un periodista en el consulado saudita en Estambul

La oscuridad rodea la desaparición de un periodista en el consulado saudita en Estambul

La desaparición de un periodista árabe en el consulado del reino saudí en Estambul se convirtió en una bomba de tiempo para la estabilidad regional. Lo sabe Donald Trump, que en su intento por brindar una salida elegante al régimen del rey Salman declaró que Jamal Khashoggi tal vez fue asesinado por «elementos descontrolados». Pero el juego de ajedrez en esa zona del mundo es tan intrincado que la sola amenaza de sanciones al principal productor petrolero internacional choca con la advertencia de que Arabia Saudita podría cerrar las canillas y al mismo tiempo dejar de comprar armamento en Estados Unidos. En todo este meollo, trascendió que para salir del atolladero, el gobierno de Riad admitiría que Khashoiggi fue víctima de un «interrogatorio que salió mal».

La culpa por esa muerte recaería así sobre el personal subalterno que habría participado del hecho pero no en el príncipe heredero Mohamed bin Salman, de 33 años, que se venía perfilando como un líder reformista que intentaba actualizar un modelo de gobierno feudal basado en conceptos religiosos ultra-ortodoxos. Sin embargo, la oscuridad se cierne sobre este caso que conmueve a Turquía y Arabia Saudita desde que el 2 de octubre se vio entrar a Khashoggi al edificio céntrico de Estambul y no registró su salida.

En principio, los medios occidentales se apuraron a pintar al periodista como un comprometido profesional crítico del régimen que tuvo que exiliarse en EEUU y escribía columnas encendidas contra la monarquía desde el Washington Post. Un liberal perseguido por sus ideales. Pero la realidad no se parecería tanto a este panorama.

Khashoggi -descendiente de una familia de origen turco pero de las más ligadas el establishment saudí desde el inicio de la dinastía, en la segunda década del siglo XX- tiene 59 años y estuvo íntimamente vinculado a medios oficiales, que son los únicos permitidos en la nación saudita. Su ruptura con el gobierno coincide con la designación de Salman como el príncipe heredero. 

Quienes conocieron a Khashoggi en esos años o siguieron su carrera lo muestran como un personaje que sabía acomodarse a los vientos que soplaron en cada momento y añaden, misteriosos, que estuvo ligado a los servicios de inteligencia y «sabía dónde estaba enterrado cada cadáver». En sentido figurado pero también en sentido literal.

«Algunos escritores sufrieron mientras Khashoggi era su jefe en el periódico Al-Watan. Khashoggi, al contrario de lo que se está escribiendo, nunca fue castigado por el régimen, excepto un poco hace dos años, cuando el príncipe heredero de la corona saudita Mohammed bin Salman le prohibió que tuiteara y escribiera para Al-Hayat, el periódico panárabe con  sede en Londres, de propiedad del príncipe saudí Khalid bin Sultan», lo describió Assad Abu Khalil, profesor de nacionalidad libanesa que ejerce en la Universidad de California.

El escocés Finian Cunningham, otro muy bien informado reportero especializado en ese rincón del planeta, recuerda que Khashoggi fue asesor de medios del príncipe Turki al Faisal, quien fue el enlace con los servicios estadounidenses y británicos y que dirigió la Mukhabarat, el aparato de inteligencia saudita desde 1977 hasta -sospechosamente- diez días antes de los ataques a las torres Gemelas del 11-S de 2001. Quizás por ese lado habría que buscar la enemistad de Salman, ya que Al Faisal resultaría ser medio hermano del actual rey, Salman bin Abdulaziz, el padre del príncipe Mohamed bin Salman.

Si es verdad que Khashoggi tiene data peligrosa para el joven Mohamed, esa podría ser una razón conveniente para eliminarlo, de acuerdo a todos los cánones de la novela de suspenso. El problema en este caso sería que este tipo de crímenes no suelen hacerse a la luz del día. Y la desaparición del periodista deja muchas hilachas a la vista.

Khashoggi estaba por casarse con una joven turca, Hatice Cengiz, para lo cual debía tener todos los papeles en regla. Por eso el 28 de septiembre fue al consulado saudita en Estambul a buscar los documentos de su divorcio. Poco después de salir del edificio recibió un llamado donde le informaban que tenía que completar un trámite. Según parece, algo sospechó porque le dijo a su novia y avisó a un corresponsal de la BBC de que tenía que pasar nuevamente por las oficinas el 2 de octubre.

Ese mismo día un grupo de 15 personas bajó en Estambul en dos jets Gulfstream privados procedentes de Riad. De acuerdo a los medios turcos, que difundieron imágenes de las cámaras del aeropuerto y del trayecto hasta el consulado, los recién llegados entraron al edificio en una furgoneta negra que salió horas después del ingreso de Khashoggi. El periodista nunca salió.

La presunción es que ese grupo fue  el que mató al columnista del Washington Post, que llevaban una sierra para trozar el cuerpo y que diluyeron los restos con ácido. Esa misma noche viajaron de vuelta a Arabia Saudita.

Lo que ocurrió después es un grave incidente diplomático. Ankara reclamó por la violación a su soberanía y ordenó allanar la sede diplomática. Las autoridades turcas aseguran que encontraron indicios de que algo raro había ocurrido allí adentro. Habían pintado algunas paredes y retirado alfombras.

El presidente Recep Tayyip Erdogan dijo que también habían encontrado vestigios de tóxicos y pidió urgentes aclaraciones a Riad. Trump hizo lo propio, enviando a su secretario de Estado, Mike Pompeo, a mantener un encuentro con Mohamed bin Salman. Luego trascendió en la cadena CNN que el príncipe estaría dispuesto a  reconocer que hubo un interrogatorio que se les fue de las manos.

Sobre posibles represalias en la misma línea de las sanciones a Irán o Venezuela, Trump dijo que quería cuidar los puestos de trabajo en su país ya que hay acuerdos pendientes para la venta de armamento por 110.000 millones de dólares. Desde la capital saudita, en tanto, fuentes oficiosas salieron a recordar la inconveniencia de enfrentar a un país que provee de un millón de barriles de petróleo al día a Estados Unidos.

Pero más allá de la vidriosidaa que rodea al caso, el incidente revela ciertos pliegues en que se desenvuelve la política en Medio Oriente, el poco apego a la vida de muchos y el papel que juegan los servicios de espionaje de las potencias mundiales.

Cómo evolucionarán los hechos es también un enigma. De la gravedad del caso da muestra el viaje de Pompeo a Riad y el que hará este miércoles a Ankara. Como en algunas series televisivas, puede decirse que la historia continuará. Esto recién comienza.

Tiempo Argentino, 16 de Octubre de 2018