por Alberto López Girondo | Ene 1, 2019 | Sin categoría
Hay una suerte de eslogan que se fue popularizando entre los sectores peronistas menos amigables con el oficialismo. «Hay 2019», dicen, en referencia a la posibilidad de triunfar en las presidenciales de octubre. Ese 2019 electoral está a la vuelta de la esquina, porque siguiendo ya tradicionales estrategias, habrá elecciones provinciales a lo largo del país a partir de febrero, cuando se lleven adelante las primarias en La Pampa.
En concreto, 17 provincias ya decidieron adelantar comicios para gobernadores, intendentes y legisladores locales, pero otros distritos, entre los cuales están los territorios en manos de Cambiemos, como Jujuy, la Ciudad Autónoma y la provincia de Buenos Aires, todavía no tomaron una decisión. Formosa y Salta es muy probable, aunque no definitivo, que convoquen el mismo día que se elige primer mandatario y legisladores nacionales. El jujeño Gerardo Morales, que irá por su reelección, analiza la mejor jugada para quedarse cuatro años más y no descartó ir por separado. En CABA y La Plata, el panorama depende de las pujas internas y de las encuestas. Horacio Rodríguez Larreta tiene el aval de la Legislatura porteña para unificar comicios mientras que del otro lado de la avenida General Paz todo es más incierto. Sucede que María Eugenia Vidal debería modificar varias leyes para desdoblar de acuerdo a las expectativas más favorables para el triunfo cambiemita, que sería someterse a la voluntad popular antes de junio.
Mano dura
El actual no es el mejor momento político para el gobierno. Los indicadores económicos continúan empeorando. La inflación y la desocupación están al tope y el cierre de pymes se cruza con los casos judiciales que golpean no solo a la principal figura de la oposición, Cristina Fernández, sino a los más grandes empresarios nacionales.
De tal manera que el gobierno debió suspender su principal apuesta para una recuperación económica en tiempo de campañas electorales, como el ambicioso Programa de Participación Público Privada (PPP), que hubiese desplegado obras por más de 20.000 millones de dólares pero que con más de 800 puntos de riesgo país, amenaza de default y empresarios desfilando por los Tribunales, no consiguió financiación externa.
En Brasil, el principal socio comercial argentino, asume la presidencia un exmilitar que ganó con Lula da Silva preso y proscripto, pero también bajo la promesa de combatir el delito con mano dura. Aquí, el gobierno de Macri había tomado una línea agresiva contra el conflicto social desde que, a días de asumir, reprimió brutalmente una protesta de trabajadores de Cresta Roja. Después vendría la «doctrina Chocobar», un aval presidencial para el gatillo fácil y el nuevo protocolo de seguridad que, entre otras acciones, permite a los policías federales disparar sin dar la voz de alto. Pero el dato que salió a relucir tras la Cumbre del G20 fue que la imagen de la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, era la única en el gobierno que había crecido. Influyó que el encuentro de los mayores líderes políticos del mundo se haya desarrollado en forma relativamente calma, bien que al precio de una ciudad sitiada.
El ejemplo brasileño elevó el predicamento de los sectores más extremos del espectro político, mucho más cercanos a la violencia institucional que al debate democrático, Bullrich representa esa tendencia y aparece como posible acompañante de Macri en una fórmula para la continuidad oficialista. En ese contexto, los estrategas del macrismo buscan instalar a las políticas de seguridad como uno de los ejes de la campaña.
Extraordinarias
El cierre del año político no fue el mejor para el gobierno. En las sesiones extraordinarias no pudo imponer ninguno de los proyectos que presentó: la ley de barras bravas y el proyecto para la financiación de las campañas políticas. En cambio, uno que nació de dos diputados de la diáspora peronista, Diego Bossio y Marco Lavagna, para reformar la ley de Papel Prensa, salió airoso del debate parlamentario, con los votos del sector impulsor y del macrismo.
La suerte corrida por las iniciativas gubernamentales es una señal de que otros son los tiempos que se vienen en el Congreso. La ley que se presentó como de «transparencia» de los aportes de empresas quedó trabada en el Senado aunque, ya en Diputados, Elisa Carrió se había diferenciado. Las críticas más enconadas consideran que ese «sinceramiento» consolidaría la inequidad de fondos entre los candidatos. No son pocos los que lo ven incluso como una maniobra para diluir el escándalo de los aportes en las campañas de Cambiemos en CABA y Buenos Aires.
Tampoco pasó el filtro del Congreso la ley contra la violencia en el fútbol, una iniciativa del mandatario ahora sorprendido por la existencia de los barras, aunque presidió Boca Juniors entre 1995 y 2008 y sigue siendo el hombre fuerte de esa institución. La normativa volvió a comisión en Diputados a pedido de Martín Lousteau, aliado de Cambiemos.
Desde el bloque oficialista echaron culpas de esta doble frustración a chicanas del Frente para la Victoria.
La ley que sí pasó, y casi sin debate, fue la que elimina el precio único del insumo básico para la impresión de los diarios. Conforman el paquete accionario de Papel Prensa el Estado Nacional, Clarín y La Nación. Pero hay un acuerdo de sindicatura entre los dos privados. Los medios más chicos del país y los cooperativos serán los principales afectados por la ley que beneficia al multimedios, que podrá dictar el costo del papel a voluntad.
Revista Acción, primera quincena de Enero de 2019
por Alberto López Girondo | Dic 30, 2018 | Sin categoría
La Revolución Cubana se puede explicar en un puñado de frases y un rosario de fechas desde aquel 1° de enero de 1959 cuando un grupo de insurgentes tomó el poder tras derrotar a una dictadura que había sometido a la sociedad a las más brutales aberraciones.
El camino había comenzado con dos aparentes derrotas, una en el asalto al cuartel de Moncada, el 26 de Julio de 1953, y la otra el desembarco de un grupo de guerrilleros que venían en un barquito llamado Granma, el 2 de diciembre de 1956. Sin embargo, en la génesis de ese movimiento está marcado a fuego que lo que parece un retroceso no es más que el envión para tomar impulso.
El ataque a dos destacamentos militares, Moncada, en Santiago de Cuba, y el Carlos Manuel Céspedes, en Bayamo, fue realizado por un grupo liderado por un joven abogado, Fidel Castro, que rechazaba el golpe de Fulgencio Batista que había impedido el triunfo electoral del Partido Ortodoxo. Quedó un tendal de muertos y el propio Castro fue a prisión. Terminó su alegato ante el tribunal que lo condenó, diciendo: «La historia me absolverá».
Al cabo de 22 meses, por la presión popular, el gobierno decidió amnistiarlo. Castro formó el Movimiento 26 de Julio y viajó a México para reagrupar a sus fuerzas. Allí, el 7 de julio de 1955, conocería a un médico argentino, Ernesto Guevara, quien escandalizado por el golpe contra el presidente progresista de Guatemala, Jacobo Árbenz, de junio de 1954, había comprobado de primera mano a qué jugaban los gobiernos de Estados Unidos. El ahora bautizado como Che, Fidel, Raúl Castro, Camilo Cienfuegos y otros 78 guerrilleros cruzaron a Cuba en el Granma. Allí se toparon con fuerzas del régimen y sólo poco más de 20 pudieron internarse en la Sierra Maestra, donde comenzó la lucha final contra la dictadura.
El Che protagonizaría la batalla decisiva, en Santa Clara, cuando el 31 de diciembre de 1958 comandó las tropas que tomaron el tren blindado que el gobierno había despachado para fortificar ese bastión. Anoticiado del resultado del combate, Batista huyó con una fortuna durante los festejos de Año Nuevo. Cienfuegos y el Che entraron en La Habana el 2 de enero. Castro, en un discurso desde Santiago de Cuba, fue deslizando lo que iría a hacer, ahora que tomaron «de verdad el poder». Y le puso el título a la etapa que culminaba: «Duro y largo ha sido el camino, pero hemos llegado».
Luego sentenció: «La Revolución empieza ahora, la Revolución no será una tarea fácil, la Revolución será una empresa dura y llena de peligros». Tampoco en esto se equivocaba. Estados Unidos fue desde entonces el primer escollo para que el nuevo gobierno pudiera asentarse y desarrollar el proceso revolucionario. El republicano Dwight Eisenhower presionó primero políticamente y después amenazó con limitar la compra de azúcar, el principal producto de exportación. La Habana respondió con una reforma agraria, la expropiación de multinacionales y el acercamiento a la Unión Soviética. En represalia, ya en octubre de 1960, Eisenhower, héroe de la II Guerra Mundial, anuncia el bloqueo económico a la isla y en enero de 1961, poco antes de entregar el poder, rompe relaciones diplomáticas. Miles de cubanos de las clases más acomodadas se trasladan a Miami.
El 19 de abril de 1961, ya con John Kennedy en la Casa Blanca, un grupo de estos exiliados a los que se sumaron mercenarios con apoyo de la CIA, intenta la invasión a través de Playa Girón, en la Bahía de Cochinos, al centro de la Isla. Castro se pone a la cabeza de la defensa y logra un triunfo aplastante sobre esas milicias armadas por Washington.
Cuba se convierte en ejemplo para generaciones de latinoamericanos que veían al imperialismo estadounidense como el mayor obstáculo para la democracia y el crecimiento armónico en la región. Estados Unidos buscaba desesperadamente derrotar a esos barbudos que se rebelaban a apenas 90 millas de sus costas y mostraban al mundo que con voluntad y patriotismo, se podía. La guerra de Vietnam estaba en pleno auge, como para tener en cuenta el significado de la gesta cubana.
Fue así que el 31 de enero de 1962, y con la presión de EE UU, la OEA expulsa a Cuba de esa organización. Cuba era mala palabra y varios gobiernos fueron destituidos por no seguir esa línea de enfrentamiento radical, entre ellos el del Arturo Frondizi, luego de saberse que había mantenido una reunión con Guevara.
Desde La Habana salieron tropas para combatir en Angola en favor de la independencia, comandadas por el Che, quien luego incursionó en Bolivia, donde fue asesinado el 9 de octubre de 1967. Una frase del guerrillero argentino también forma parte del acervo cubano. «Hasta la victoria siempre», en una carta de 1965 a Fidel.
Vendría luego un período en que Cuba consolidaría un proyecto económico con base socialista que le permitió ser el país de América (incluida la del Norte) con menos mortalidad infantil, con alfabetización completa. O lo que es lo mismo, salud y educación garantizadas. Pero además, con un desarrollo de la medicina que la hace líder en el mundo.
Cuba resistió la caída de la Unión Soviética y del bloque socialista, su principal aliado estratégico, en 1991, aunque al precio de limitaciones extremas. Se reconvirtió para obtener divisas a través del turismo y de alianzas con empresas europeas y canadienses. EE UU, mientras tanto, profundizaba a niveles demenciales el bloqueo, generando lo que en La Habana definen como un genocidio por los daños sociales que causa.
Poco a poco los países de la región fueron volviendo a tener relaciones con Cuba y durante la primera parte de este siglo la isla fue clave en el proceso de integración. Hasta que el 17 de diciembre de 2014 el presidente Barack Obama mantiene una conversación telefónica con el mandatario cubano Raúl Castro en la que reconoce que la política seguida por sus antecesores fue un fracaso y que en lugar de aislar a Cuba aisló a EE UU.
El deshielo duró poco, sin haberse levantado el bloqueo. Con el gobierno de Donald Trump volvió una Guerra Fría particular que pretende revertir el reloj de la historia. El 25 de noviembre de 2016 muere Fidel Castro, quien se había alejado de todos los cargos públicos en 2008.
El 19 de abril pasado fue elegido presidente de Miguel Mario Díaz-Canel. El primero que no pertenece a la generación que hizo la Revolución. El que llevará adelante el proceso de reformas económicas de esa Cuba que se reinventa para seguir de pie, como hace 60 años.
Tiempo Argentino, 30 de Diciembre de 2018
por Alberto López Girondo | Dic 23, 2018 | Sin categoría
Donald Trump presionó con rechazar el presupuesto del Congreso si no se incluían 5000 millones de dólares para construir el muro en la frontera con México. Dijo que no tendría problemas en ir a un cierre del Estado, esto es, a cortar fondos destinados a tareas no esenciales. Luego felicitó a la patrulla que impidió el ingreso de cientos de migrantes que salieron de San Pedro Sula, en Honduras, en octubre pasado. «¿Recuerdas las caravanas? Bueno, no lo lograron y ninguna se está formando o en camino», destacó en su cuenta de Twitter. El jueves obtuvo el sí legislativo al financiamiento que buscaba en la Cámara Baja, pero porque todavía tiene mayoría de republicanos, en lo que sería el último suspiro de una composición cameral que va a cambiar cuando asuman los nuevos representantes. Ahora falta el paso por Senadores, un trámite que no será sencillo de resolver porque los demócratas pueden trabar la aprobación. Recuerdan lo que tuvo que transpirar Barack Obama en sus últimos ejercicios antes de terminar su mandato.
Todas las miradas están centradas, por estas horas, en el sur. El nuevo presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, se encontró con un problema que apareció durante el período de transición entre el triunfo electoral y su llegada al gobierno. Este jueves se hizo cargo de la situación y aceptó que migrantes de terceros países puedan permanecer o hacer el camino de regreso por territorio mexicano, una medida que en otros gobiernos no era usual.
Se trata por ahora de decisiones que se van armando sobre la marcha. Son miles de personas que fueron rechazadas en la frontera y ya comenzaban a impactar como un problema humanitario a través de los medios.
«Queremos mantener una relación de entendimiento y amistad con el gobierno de Estados Unidos, pero al mismo tiempo defender los principios de la política exterior de México», dijo AMLO en lo que ya es una habitual rueda de prensa matutina. Esa política, dijo, pasa por «ser defensores de los derechos humanos y en todo momento dar protección a los migrantes».
El canciller Marcelo Ebrard, sin embargo, recalcó que México no había firmado ningún acuerdo con EE UU para la creación de un «Tercer Estado Seguro», esto es, para que un solicitante de asilo permanezca en un país intermedio hasta que se acepte su pedido en el país al que quiere ir. Hay al menos 4000 personas en Tijuana a la espera de que los dejen cruzar al norte.
Este martes EE UU y México anunciaron una millonaria inversión para el desarrollo del sur mexicano, Guatemala, El Salvador y Honduras para frenar la emigración dando oportunidades en los lugares de origen. Un Plan Marshall en pequeña escala que habrá que ver si llega a destino o se pierde en recovecos burocráticos.
Tiempo Argentino, 23 de Diciembre de 2018
por Alberto López Girondo | Dic 23, 2018 | Sin categoría
Donald Trump tiene un fin de año a toda máquina. Golpeado por una elección de medio término que le quitó el control de la Cámara Baja, busca desde entonces recuperar la iniciativa ante el embate de la oposición y en esta semana particularmente, se vio que la pelea política de 2019 será feroz. El martes tuvo que cerrar su fundación tras una demanda de la fiscal general de Nueva York por aprovechar beneficios impositivos para pagar hasta la publicidad electoral; el miércoles anunció que retirará todas las tropas de Siria y parte de las que están en Afganistán; el jueves debió enfrentar la renuncia del jefe del Pentágono y amenazó con cerrar el gobierno si no le aprobaban el presupuesto para construir el muro en la frontera con México, y el viernes se mostró en un video vestido de granjero para anunciar la firma de una ley agrícola. Todo esto en medio de un alboroto mayúsculo cuando avanzan causas por la presunta injerencia de Rusia en la campaña electoral de 2016. Una causa que lo pone contra las cuerdas para el año que se inicia.
La noticia de que los soldados estadounidenses dejarán Siria, como suele hacer el mandatario, la dijo por Twitter. «Hemos derrotado al Estado Islámico en Siria, la única razón para estar allí durante la Presidencia de Trump», escribió el mismo Trump y desató la sorpresa en analistas y sobre todo entre funcionarios de su propio gobierno. Todos recordaron que en abril pasado había hecho un anuncio similar y a los pocos días ordenó un ataque con misiles Tomahawk luego de que informaciones surgidas de fuentes británicas y francesas afirmaran que el gobierno de Bashar al Assad había lanzado armas químicas sobre en un hospital, un dato nunca comprobado como real.
A esto agregó que también volverían militares apostados en Afganistán, un país ocupado desde hace 17 años por efectivos estadounidenses y sumido en un escenario devastador. En Siria, todo indica que la decisión de irse fue acordada con el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan.
El polémico inquilino de la Casa Blanca prosiguió con su fiebre de tuits con uno en el que se justificaba preguntándose si Estados Unidos debe ser el «policía» de Medio Oriente. En otro mensaje consideró que «es tiempo de que otros peleen finalmente» contra los terroristas. A este siguió otro en que señalaba que «Rusia, Irán, Siria y otros muchos países no están contentos con la salida de Estados Unidos (…) porque ahora tendrán que luchar contra EI ellos».
Los primeros en mostrar su descontento fueron los kurdos. EE UU había acordado en 2014 su apoyo en la lucha contra los yihadistas. El plan implicaba que una vez derrotados los extremistas islámicos, podría comenzarse a hablar de construir la nación kurda en los territorios liberados. El punto es que tanto el gobierno sirio como el turco buscan destruir al EI pero no tienen la menor intención de ceder espacio para un estado kurdo. La noticia de que Erdogan y Trump hubieran acordado el retiro de tropas no hizo sino generar alarma en la región.
Esa es una de las razones para le renuncia de Mattis. El general, que mantiene fuerte prestigio dentro de las filas militares, ocupaba el cargo de secretario de Defensa y cuando fue designado tranquilizó a muchos críticos del presidente porque evaluaron que es un hombre racional que no habría de permitir “la locuras de un hombre como Trump”. Ahora, tras el anuncio presidencial, en su renuncia hace hincapié en “la necesidad de tratar a los aliados con respeto”, en referencia a que los kurdos esperaban que no terminaran abandonados por Washington. Pero también a Gran Bretaña y Francia, que en el ataque de abril jugaron su parte y buscan el paraguas estadounidense para irse del todo de esa parte de mundo.
«Usted tiene el derecho de tener un secretario de Defensa cuyos puntos de vista estén mejor alineados con los suyos… creo que lo correcto para mí es renunciar a mi cargo», anotó Mattis en su carta de dimisión. Los más encumbrados dirigentes del Partido Demócrata lamentaron esta decisión. Lo que revela de qué se habla en las esferas del poder en EE UU: Trump anuncia otra vez que se pone en marcha el plan de retiro de tropas de esa región que fue caballito de batalla de la campaña de Barak Obama en 2008. Y Mattis, como dijeron incluso los medios hegemónicos, era el que frenaría las locuras trumpianas.
Otros conocedores de los entresijos del poder en Washington perciben una política no tan pacífica en esta movida de Trump, sino que encarna peligro para los latinoamericanos. De alguna manera el retiro de tropas representa el reconocimiento de una derrota en un territorio en el que durante la gestión Obama, EE UU había intentado asentarse. Una derrota incluso que le deja la zona servida a Rusia, que puso todas las fichas para salvar el gobierno de Al Assad y lo pudo sostener.
Para el francés Tierry Meissan, fundador del portal Voltairenet, Trump en realidad está llevando a cabo una estrategia que surge de su consejero de seguridad John Bolton para meter baza militar en el patio trasero. En la mira de la administración están por supuesto Venezuela y Cuba, para lo cual cuentan con un nuevo aliado de armas llevar desde el 1° de enero, Jair Bolsonaro.
A la lista se fue agregando en los últimos meses Nicaragua. Este jueves, también, dio luz verde a un proyecto que se conoce como la Nica Act, una ley fogoneada por anticastristas fervorosos como Ileana Ros-Lehtinen, Ted Cruz, Marco Rubio y el demócrata Bob Menéndez, que condiciona la aprobación de préstamos internacionales al gobierno de Daniel Ortega a la llamada a elecciones en ese país centroamericano. Ortega fue reelecto con 65% de votos en 2017 y tiene mandato hasta 2022.
Pero todo este zafarrancho fue sazonado, como también suele hacer el presidente, con un toque bizarro. Y en un video, vestido con uno de esos viejos mamelucos de granjero propios de una novela de John Steinbeck, y acompañado por la actriz Megan Mullaly, se lo vio cantando, horquilla en mano, un tema musical de una comedia de los años sesenta, Green Acres. Celebraba así la aprobación de una ley agrícola que otorga ayudas por 867 mil millones de dólares a agricultores afectados por la guerra comercial.
Tiempo Argentino, 23 de Diciembre de 2018
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