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May, la Dama de Hierro II que se fue entre lágrimas

May, la Dama de Hierro II que se fue entre lágrimas

Las horas de Theresa May en el 10 de Downing Street estaban contadas desde hace meses, pero ella no quería -o no podía- dar el brazo a torcer. Había llegado al poder tras la renuncia de David Cameron, envuelto en un entuerto que él mismo había creado como la consulta popular sobre la permanencia del Reino Unido en la Unión europea, y el liderazgo del Partido Conservador había quedado por el piso. Irse significaba tirar la toalla, bajarse del ring sin al menos dar pelea. Pero la señora que alguna vez soñó con ser la primera mujer en ocupar el cargo de jefe de gobierno británico tuvo que anunciar este viernes que se va irremediablemente el 7 de junio. Muchos de los tiburones que a su alrededor olfateaban sangre ahora se lanzan a una lucha feroz para determinar quién habrá de conducir los destinos de la nación en medio del caos generado por el Brexit y el enfrentamiento con el organismo de integración continental.

May, nacida Theresa Brasier, hija de un vicario de la iglesia de Inglaterra -esa que fue creada en 1534 por Enrique VIII para divorciarse de Catalina de Aragón sin rendir cuentas a Roma- usa el apellido de su marido desde que se casaron, allá por 1980. Se habían conocido en la Universidad de Oxford, donde fueron presentados en una fiesta por la que luego sería primera ministro de Pakistán, Benazir Bhutto, asesinada en 2007, y desde entonces conforman una sólida pareja que, como no pudieron tener hijos, tienen todo el tiempo disponible para que cada uno se ocupe a full de lo que más le interesa. Él, Phillip May, al mundo de las finanzas, ella a la política.

Desde que comenzó a militar en el partido tory, se propuso ser la primera mujer en gobernar la nación. Pero le ganó de mano Margaret Thatcher, en 1979. Libriana, como la Dama de Hierro -Thacther del 15 de octubre de 1925, Theresa del 1 de octubre de 1956- también tenía que ser una mujer dura y sin concesiones, como mandan reglas tácitas para manejarse en un mundo tradicionalmente regido por hombres.

Pero los tiempos no eran los mismos, Cameron le dejó un campo minado y ella terminó envuelta en lágrimas.

Porque el hasta entonces líder conservador, que había llegado al poder en una alianza con el partido Liberal Demócrata en 2010, no tuvo mejor idea cinco años después que apostar a un referéndum para determinar si Gran Bretaña quería continuar en la Unión Europea. En medio del avance de los denominados «euroescépticos», a raíz de una fenomenal crisis económica que se iba extendiendo por el continente, era una forma de tranquilizar los ánimos dejando la decisión en las urnas. En 2014 el intento separatista escocés había sido ahogado en una consulta popular, ¿qué podría salir mal?

Sin embargo, la derecha eurófoba logró imponer el Brexit, el no a la UE, el 23 junio de 2016 por 52 a 48%. Luego se sabría de la actividad de la consultora Cambdrige Analytiuca en la difusión de fake news en los redes sociales y la manipulación de datos, en una operación ligada a los intereses de los grupos neoconsevadores internacionales cercanos a Steve Bannon, el que fuera asesor de Donald Trump. Pero ya era tarde.

El adalid de aquella liga antieuropea fue Nigel Farange a través del UKIP (Partido de la Independencia del Reino Unido), una agrupación xenófoba y ultranacionalista que atribuye los males de los ciudadanos británicos a los extranjeros que emigran a las islas y a las relaciones no beneficiosas con los socios continentales.

Ahora podría decirse que Farange lo hizo nuevamente.

May intentó vanamente desde que tomó el cargo hacer un acuerdo con Europa que no fuera demasiado desastroso para los intereses británicos. Ella, que había militado por permanecer, terminó defendiendo el Brexit como política de estado en defensa de lo que en el Reino Unido es una marca de distinción: si los ciudadanos votaron por irse, hay que respetar la decisión democrática.

Pero en Bruselas no se la hicieron fácil. Es que tanto Cameron, hasta que se fue en octubre de 2016, como ella, aplicaron en estas negociaciones otra característica muy británica como es sacar ventaja de toda oportunidad que se presente. Con sorna, en la capital belga decían que Cameron hacía como un tipo que va solo a un club de swingers.

Con ese mismo nivel de acidez, ahora aducen que los ingleses son como quien dejó de fumar pero pide un puro. Por eso de que se van pero no terminan de irse. Y a May le llegaron a decir que sus propuestas eran «nebulosas», lo que generó una fuerte réplica al presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker.

En estos tres años, May llevó tres iniciativas diferentes a Bruselas. Desde una separación pero con un mercado común abierto y la posibilidad de veto ante decisiones europeas que no les resultaran convenientes, a plantear un frontera abierta en Irlanda del Norte, un puñal clavado en medio del archipiélago ya que deberían retornar controles militares a una región que a duras penas conserva la paz entre el Ulster británico y la Irlanda independiente, que no piensa en irse de la UE.

Entre tanto devaneo, y como en Westminster le rechazaron cada uno de los acuerdos preliminares que pudo alcanzar en el continente, la Dama de Hierro II se tiró a la pileta y en el 2017 adelantó elecciones. No le fue como esperaba y quedó en minoría en el parlamento. Otra jugada equivocada de los tories que debilitó más al sesquicentenario partido.

A principios de año Theresa May superó dos embates contra su cargo. Uno de su propio partido y otro de los laboristas, que de la mano de Jeremy Corbyn ven la posibilidad de volver a Downing Street. Así transcurrieron el 29 de marzo, primera fecha para la separación, y el 15 de abril, la segunda oportunidad. La primer ministro logró una ampliación del plazo hasta el 31 de octubre. Por esa razón, y contra toda lógica, los británicos a votaron este jueves para elegir 71 representantes al Europarlamento.

El resultado no se conocerá sino el domingo a la noche, cuando cierren todos los países. Lo que adelantan las encuestas en boca de urna es que el nuevo sello electoral de Farange, el Partido del Brexit, obtendría el 37% de los sufragios, los laboristas el 21% y los Liberal Demócratas el 12%. Los conservadores, en el mejor de los casos, rondarían el 10%, la peor elección en su historia. El golpe al bipartidismo que rige desde el fin de la segunda guerra mundial es catastrófico.

May se va el 7 de junio y no hoy, entre otras cosas, porque el 3 alguien tiene que recibir a Donald Trump en su visita oficial. La convención de los tories estaba planeada para el 15.

Antes, ya salieron a disputarse el cargo varios dirigentes conservadores. En el sistema británico, el partido que gana la elección elige a quien los representará y será la reina quien convocará para formar gobierno. Boris Johnson ya se está peinando su díscolos cabellos rubios para la foto. Es el más controvertido de los candidatos de los que figuran en esa lista. Con posiciones homófobas y racistas, fue dos veces alcalde de Londres y es lo más parecido a un Trump, incluso físicamente, que podría encontrase en las islas.

También entran en este selecto grupo Dominic Rabba, ex secretario del Brexit; Matt Hancock, ex secretario de Salud; o incluso Jeremy Hunt, ex secretario de Relaciones Internacionales.

En la mira tienen a Bruselas y a Corbyn, que con un planteo de izquierda antineoliberal viene sumando adeptos en el laborismo.

Tiempo Argentino, 24 de Mayo de 2019

Cierran una acería británica por la incertidumbre del Brexit

Cierran una acería británica por la incertidumbre del Brexit

A horas de que comience la ronda de elecciones al Euro parlamento, un comicio clave para el futuro de la Unión Europea e incluso del Reino Unido, la primera ministra Theresa May lanzó el último intento para que en el Palacio de Westminster le aprueben la última versión del tratado de divorcio del continente. Mientras tanto, las consecuencias de tanta idas y vueltas con el Brexit, que debería haberse producido el 29 de mayo y fue prorrogado al 29 de octubre, se hacen sentir en la economía real. Es así que al concurso de acreedores de los locales del mediático chef Jamie Oliver, que hace peligrar 1300 puestos de trabajo, se sumó el quiebre el grupo siderúrgico British Steel, que en este caso deja literalmente en la calle a 25.000 personas.

Luego de varios intentos fallidos, la premier conservadora hizo lo que seguramente serán las últimas concesiones al parlamento británico en torno de la ruptura con la UE. Este martes envió un nuevo proyecto a la cámara de los Comunesa, el cuarto, para un acuerdo de separación en el que incluso aceptaría la convocatoria de un segundo referéndum.

El plebiscito de 2016 dio como resultado un 52% a favor del Brexit contra un 48% que querían permanecer dentro de la comunidad continental. A simple vista el resultado parece muy ajustado para una decisión de semejante envergadura, ya que compromete el futuro de los habitantes actuales y los por venir. Con un agregado, en regiones como Escocia o Irlanda y hasta en Londres, de que la mayoría votó por quedarse en la UE, de modo que en esos territorios el descontento fue creciendo en estos años.

Hay, por otro lado, un grave problema en Irlanda, ya que el norte de la isla, genéricamente conocida como Ulster, en caso de que el Reino Unido deje la UE, deberá establecer fronteras con la República de Irlanda, al sur, independiente de Londres y parte de la unión regional. Se sabe de lo delicado que sería poner nuevamente fuerzas armadas en un límite que hasta no hace tanto fue escenario de fuertes enfrentamientos.

En una nueva comparencia en Westminster, el edificio del parlamento británico, May recibió ataques de todos los costados: amigos y enemigos coincidieron en repudiar la última propuesta. «Se han convertido en un ritual doloroso en un proceso tortuoso: la primera ministra presenta una visión para el Brexit y los diputados hacen cola para demolerla en la Cámara de los Comunes», fue la síntesis más exacta que dio la BBC.

Mientras tanto crece una grieta que se generó en Gran Bretaña desde que el entonces primer ministro David Cameron decidió descomprimir presiones antieuropeas llamando a un plebiscito que pensó que podría ganar fácilmente. Dos años antes había aceptado una consulta para decidir sobre la independencia de Escocia y el desafío le había salido bien. Aplico esa vez la máxima presión de la amenaza de las empresas que se irían de esa región del norte si dejaban de pertenecer a la corona de los Windsor.

Ahora ya no se trata de amenaza sino de realidades más concretas. el lunes pasado, Jamie Oliver, un chef y activista inglés que se hizo famoso en programas de televisión, anunció que está en literal bancarrota. Y culpó de esa situación a la incertidumbre por el Brexit.

Oliver abrió su primer local en Londres en 2002, The Fifteen, donde ubicó a cocineros y camareras provenientes de oficinas de desempleados y centros de rehabilitación. No tardó en replicar ese modelo de inclusión en otros distritos del país y del continente. Logró imponer otras marcas como Jamie´s Italian y Barbecoa con precios moderados «e ingredientes de calidad superior».

Pero hace un par de años todo se fue desmoronando lentamente y ahora se anunció que la consultora KPMG se hará cargo de la gestión y tratará de vender los activos para pagar a los acreedores y eventualmente las indemnizaciones de los trabajadores, que suman en total cerca de 1300.

Este miércoles, para colmo, las autoridades nacionales informaron que fue liquidada totalmente la mayor acería británica, British Steel, con 4500 empleados directos y una cadena de valor que eleva la cifra de afectados a 25.000. «La Alta Corte ordenó la liquidación de British Steel Limited (BSL). Se nombró al administrador judicial oficial como liquidador», dice el comunicado oficial.

BSL es una firma privada perteneciente al fondo de inversiones inglés Greybull Capiutl, del millonario Marc Meyohas. Hace diez días había enviado un comunicado al gobierno advirtiendo que necesitaba dinero fresco de manera urgente para continuar con sus actividades y señaló como lo más grave de su situación a la tensión por el Brexit.

Creada en 2016 sobre la base de la acería del grupo indio Tata, tuvo un par de años de prosperidad hasta que desde fines de año pasado viene tecleando. La posibilidad de que Gran Bretaña se salga de la UE afectará sus planes a futuro y quizás la quiebra sea un curarse antes de que todo empeore. «El Brexit ha despojado a British Steel de su cartera de pedidos en el extranjero», declaró la diputada laborista Jo Stevens.

Por ahora no está tan claro quién esta de cada lado en el universo político británico. Hay euroescépticos en cada partido, de allí la imposibilidad de acuerdos para el divorcio. Y en Bruselas solo se limitaron a darles más plazo, sin aminorar ninguna de las exigencias que los británicos deben cumplir para irse de la unión.

Para ilustrar lo que se piensa en la UE sobre el Brexit, nada mejor que una figura de un periodista español, que comparó el rol que cumple Theresa May, yendo de Londres a Bruselas para una negociación que parece clausurada, con el caso de un invitado pesado que «cuando terminó la fiesta y el anfitrión no para de bostezar, pide otro whisky junto a la estufa como si nada».

Pero este jueves los británicos tendrán posibilidad de expresar algo de esto en las urnas. Sucede que como el Brexit no se consumó, la convocatoria a europarlamentarias los incluye. Hasta el domingo, 430 millones de europeos elegirán a sus futuros representantes en Estrasburgo. Tratándose de comicios no obligatorios, el primer dato será cuántos ciudadanos acudan a los centros de votación. El otro será qué eligen.

Quizás ahí este la respuesta a Bruselas. Una estampida sin acuerdo como piden los ultras o una nueva consulta popular que remedie lo que ocurrió hace tres años.

Tiempo Argentino, 22 de Mayo de 2019

Huawei asegura que sabe como reemplazar a Google y Trump le dio 90 días de tregua

Huawei asegura que sabe como reemplazar a Google y Trump le dio 90 días de tregua

La guerra comercial-tecnológica entre Estados Unidos y China se tomó un respiro luego de que el gobierno de Donald Trump dio un plazo de 90 días para que Huawei siga comprándoles a proveedores de su país antes de establecer un bloqueo total. El anuncio tranquilizó a los inversores, que calmaron sus expectativas vendedoras de acciones de la firma y de algunas empresas ligadas a ese negocio, como la austríaca AMS, la holandesa STMicroelectronics y la alemana Infineon. Pero no resuelve el problema de fondo, que complica el futuro del gigante de telefonía celular creado por Ren Zhengfei, un ex ingeniero del ejército chino, y que tuvo un crecimiento explosivo en los últimos diez años en todo el mundo.

La crisis entre Huawei y la administración Trump tiene su origen no solo en la guerra comercial que desató el inquilino de la Casa Blanca contra Beinjing, sino fundamentalmente por el desarrollo de las nueva tecnología 5G, en la que la firma china ya le sacó varias cabezas a los fabricantes estadounidenses, especialmente a Apple.

Pero tiene otro condimento no despreciable. Para las autoridades norteamericanas, Huawei utiliza aplicaciones e investigaciones robadas a productores locales y sobre todo, esa plataforma le servirá para espiar a los ciudadanos y a organismos estratégicos de EEUU y eventualmente interrumpir comunicaciones a voluntad, lo que atenta contra la soberanía e incluso la independencia nacional.

Este punto es interesante porque son precisamente las plataformas desarrolladas en Silicon Valley las que están acusadas de espiar en todo el planeta en favor de las agencias estadounidenses. Esa fue la denuncia de uno de sus analistas, Edward Snowden, en 2013, que lo obligó a exiliarse en Rusia para no terminar como ahora le ocurre a Julian Assange, detenido bajo severos cargos por difundir secretos de estado.

Es cierto que probablemente también a través de Huawei se pueda espiar a los usuarios de ese servicio o los que desarrollen en los próximos meses, pero en todo caso la guerra entre ambas potencias pone a cada individuo con un equipo móvil en el campo de batalla sin haber sido avisados.

Por lo pronto, la primera proveedora de los chinos que informó que rompería lazos con Huawei fue Google, que dijo que a raíz de la prohibición, dejará de dar actualizaciones de sus aplicaciones, como el programa operativo Android, el buscador, Google Maps y Google Play, que permite bajar todo tipo de programas en los celulares.

Qualcomm, Qorvo y Texas Instruments, productores de chips, también anunciaron que suspenderían sus entregas.La guerra no les resultarán gratis tampoco a las empresas occidentales, ya que Huawei es el segundo fabricante mundial de teléfonos móviles y dejar de venderles significará un agujero enorme en sus ingresos.

Zhengfei ya dijo que no le hará mella el bloqueo ya que asegura que tienen un stock de chips que les permitirá seguir en carrera hasta poder reemplazar los que no consigan en EEUU. Igual podrían hacer con un programa operativo propio, que aseguran tener en la gatera como para lanzarlo en octubre. En cuanto al resto de la oferta de Google, proseguirán garantizando las actualizaciones de los teléfonos ya vendidos, afirman, como si nada hubiese ocurrido.

El detalle a tener en cuenta es que los servicios de Google, al igual que las redes de Facebook y Twitter, están prohibidos en China por las mismas razones que Trump quiere bloquear a Huawei. Porque son tecnologías que permiten espiar a ciudadanos pero específicamente a los estamentos más sensibles estratégicamente del gobierno.

Mientras tanto, Huawei presentó este lunes en Gran Bretaña un nuevo modelo de celular al que bautizó Honor, y jura que ninguno de los compradores quedará desguarnecido si se profundiza el ataque en Estados Unidos o se extiende a Europa, que en este momento soporta las presiones den Washington para que siga sus pasos.

«Los políticos estadounidenses, con su forma de actuar en la actualidad, demuestran que subestiman nuestra fuerza», dijo Zhengfei en una entrevista con la televisión estatal china. «La red 5G de Huawei no se verá afectada para nada», agregó, para ufanarse luego de que «en 5G, que las otras empresas alcancen a Huawei no es cuestión de dos o tres años», sino de varios más.

Ren fue claro al explicar parte del esquema de funcionamiento de la empresa. «Antes nos abastecíamos en un 50% con los chips procedentes de Estados Unidos y en otro 50% con los procedentes de Huawei. No se nos puede aislar del resto del mundo».

También adelantó que no dejaron de conversar con Google para intentar una solución al problema planteado por el bloqueo. Google también señaló que en los teléfonos existentes no habrá problemas con Android ni Google Play Protect, el sistema de seguridad. Pero aclaró que deberá de romper lazos con los chinos a raíz del decreto presidencial.

La arremetida contra Huawei incluyó en diciembre pasado la detención en Canadá de la directora financiera de la empresa Meng Wanzhou, hija de Ren, acusada de supuesta violación de las sanciones de Estados Unidos contra Irán, por haber comerciado con Teherán a pesar de las sanciones que Trump impuso ni bien asumió su cargo.

Por ahora todo sigue como hasta entonces, salvo por el hecho de que el valor comercial de Huawei puede haber caído a su límite mínimo en los países occidentales. Cualquier persona se lo piensa dos veces antes de adquirir un producto de esa firma ante el riesgo de quedar desactualizado en poco tiempo. Como contrapartida, en China las ventas se disparan ya que la empresa es vista como víctima de las locuras de Trump y de Estados Unidos en su conjunto. Y allí hay 1400 millones de habitantes, lo que podría compensar con creces lo que pierdan de este lado del mundo.

Mientras tanto, habrá que estar atentos a lo que ocurra de aquí el 19 de agosto, cuando venza el plazo establecido ahora antes de poner en marcha el bloqueo total.

Tiempo Argentino, 21 de Mayo de 2019

«Enfrentamos al socialismo que ha comprado el marco ideológico de la derecha»

«Enfrentamos al socialismo que ha comprado el marco ideológico de la derecha»

Martiño Noriega recibe a Tiempo en su despacho del Palacio Rajoy, el edificio de más de dos siglos y medio que oficia de sede del ayuntamiento de Santiago de Compostela. Médico de profesión, una hija de casi cinco años y un niño de diez meses, es dirigente político por vocación y alcalde de la capital de la región de Galicia desde 2015 como parte de esa izquierda rupturista nacida al calor de las protestas de los indignados en 2011.

Con cierta melancolía, lamenta que divisiones internas hayan generado «un retroceso en la acumulación de fuerzas» para la construcción de un país más justo. Pero respira aliviado porque al menos se pudo frenar a la extrema derecha en las elecciones generales. En 15 días espera revalidar su cargo en las urnas, pero reconoce que enfrenta una alianza que no quiere que se repitan experiencias como la suya. «Como en Juego de Tronos, esta es la batalla final: no nos pueden permitir que continuemos.»

–¿Por qué?

–Hemos sido catalogados como intrusos. Hemos entrado en el gobierno de la capital de la región en cohabitación con el gobierno gallego (que es del PP), con una iglesia con un peso específico, una universidad cinco veces centenaria, y eso ha hecho saltar las alarmas. Hemos sufrido una guerra sin cuartel desde el minuto cero. Yo creo que algún día se estudiará en la facultades de periodismo cómo los poderes facticos, mediáticos, políticos, han operado en estos cuatro años. Y lo que les ha sorprendido es que bajando mucho a la calle, estando en los barrios, hablando con la gente, tenemos un espacio consolidado. Yo creo que a muchos les gustaría colgar mi cabeza como las que cuelgan los cazadores en las paredes de su vivienda. Porque hay la decisión tomada de que esto no puede volver a repetirse. Nos enfrentamos en un campo donde el árbitro está comprado y donde el arco de la cancha va cambiando continuamente y nosotros estamos en inferioridad, pero con cierto arrope popular. Nos enfrentamos a un exalcalde durante 13 años del socialismo, (Xosé Sánchez Bugallo) que forma parte de la tradición de la liga de veteranos del PSOE, que han comprado el marco ideológico a la derecha, con Felipe González y Alfonso Guerra.

–El establishment del PSOE…

– … que además puede convertirse en el voto útil de la derecha para recuperar Santiago como un mal menor ante «estos chicos de la izquierda rupturista». Hay como el mandato de que no podemos continuar.

–En ese sentido es fuerte la presión sobre lo que fue la estatización del servicio de grúas y estacionamiento.

–Hemos puesto nerviosos a poderes político mediáticos. ¿En torno a qué pivotan los intereses en una administración de una ciudad chica pero con una gran carga simbólica? Santiago tiene acceso a cuerpo diplomático, a cohabitación con el gobierno gallego, tiene agenda internacional, es un escaparate. Pero pivota en torno a una dependencia de los poderes mediáticos que nosotros en cierto modo hemos subvertido porque no la hemos respetado en temas como la publicidad institucional. Pivota en torno a las grandes contratas que operan en la ciudad como la limpieza, el agua y la ORA de movilidad (el ticket de estacionamiento) y la grúa. Nosotros hemos recuperado la grúa, la defensa jurídica del ayuntamiento, que dependía de grandes bufetes de abogados, y estamos en el debate para recuperar el servicio del agua porque el contrato acaba este año.

–¿Cuál fue la reacción?

–Hemos percibido la dependencia de los partidos tradicionales de esas contratas. No tengo ninguna duda de que la campaña de mucha gente va a ser financiada por las contratas, la nuestra no. Pero además buscamos la recuperación del desenvolvimiento urbanístico. Se está saliendo del período de recesión y hay una reactivación urbanística y la gente sabe que vamos por un modelo sostenible. Que si hay crecimiento de la ciudad tiene que ir dotado de equipamiento, de parámetros no especulativos. Ese es el grupo que está lanzando otras candidaturas para intentar recuperar lo que ellos entienden como «las cuestiones de orden» que no se pueden discutir.

–¿Por qué comenzaron por las grúas?

–Hubo un sentencia que anuló una concesión de anteriores gobiernos que fue irregular. Entonces vimos al posibilidad de recuperar el servicio. Teníamos el objetivo centrado en el servicio del agua porque teníamos la experiencia del ayuntamiento de Teo. Nuestro principio es que no tiene que haber un afán recaudatorio, entonces el número de retirada de vehículos ha disminuido mucho. No aumentamos ninguna zona de pago, sino zonas residenciales. Creemos que tiene que haber una zona de pago para provocar rotación de vehículos, pero eso debe ser conciliable con zonas residenciales para estacionamientos. Allá donde recuperamos servicios, hagamos políticas públicas, renunciemos al beneficio industrial y lo pongamos al servicio de la gente. Claro, nos dicen que la gestión directa no es competitiva. ¿Y por qué?

–También dicen que eso recorta ingresos.

–Hemos disminuido la deuda del ayuntamiento, que tiene un presupuesto de 100 millones de euros cada año. Cuando llegamos estaba en 47 millones de euros, casi un 50% del presupuesto. A diciembre del 18 la tenemos en 25, duplicando el gasto social y aumentado otras partidas. ¿Cómo hicimos? Priorizando las áreas que entendimos como sensibles, eliminando gastos superfluos, entre ellos el gasto de publicidad institucional. Pero sobre todo hemos hecho una política de captación de fondos europeos. Pero todo esto no es comunicado a la ciudad.

–¿Cómo hacen que la gente se entere de esto, si los medios son hostiles?

–Hemos activado mecanismos como los presupuestos participativos por barrios, y activamos los ao vivo, por las que el conjunto del gobierno va por los barrios una vez al mes y se sienta a dar cuentas en actos públicos. Hemos bajado a pisar la calle todo el rato, por necesidad. Nosotros hemos intentado combatir en un hábitat muy adverso. Y creo que eso nos permite mantenernos en el partido. Ha sido muy duro y creo que se han pasado de frenada. Cuando tú ves una cámara de la tevé gallega (la que maneja el gobierno regional) en el ayuntamiento no es para informar sobre algo positivo. Por eso la sensación es que incluso si ganamos el partido no nos van a dejar ganar el campeonato.

–¿De qué manera?

–Tengo la sensación de que nos van a intentar tumbar electoralmente o bien a posteriori.

–¿Con estas estatizaciones, por ejemplo, como hicieron en Bogotá con Gustavo Petro?

–Sí sí, yo creo que este precedente no puede seguir, porque hemos entrado en cuestiones totémicas. Pero es lo único divertido, lo que merece la pena. El servicio de ORA y grúa lo tenemos recurrido por un abogado a título individual. Que te ataquen mediáticamente cuatro años provoca desgaste. A mí se me ha hecho un traje bastante injusto y soy consciente de eso. Pero si estamos aquí en el tiempo que nos toca es para vivir un espacio de incomodidad. Yo asumo el coste de todo esto, porque si me sintiera bien tratado por los grupos mediáticos y por los poderes fácticos, pensaría que estoy haciendo algo mal. Hay que asumir ese espacio de incomodidad para ocupar el lugar correcto. 

Tiempo Argentino, 19 de Mayo de 2019