por Alberto López Girondo | Dic 10, 2019 | Sin categoría
Para Jair Bolsonaro, debe haber sido un trago difícil de digerir. El desprecio que se manifiestan con Alberto Fernández no nació cuando el flamante presidente pidió por Lula Libre, durante su campaña. El mandatario brasileño, como corresponde a un exmilitar ultraderechista, tiene en la lista de sus enemigos cualquier político que huela a populista y el kirchnerismo, y por tanto tenía en el radar de sus enemistades a los Fernández desde antes incluso de que pensara que podría llegar al Palacio del Planalto. De hecho, jugó todas sus fichas por la continuidad de Cambiemos. Del otro lado de la cordillera, el empresario Sebastián Piñera tenía por cuestiones de clase social más afinidades con Mauricio Macri de las que le caben con un gobierno peronista.
En favor de Piñera se puede decir que bancó a la Unasur cuando le tocó gobernar, entre 2010 y 2014. Y que incluso juró como primer titular de la CELAC en La Habana, en 2011. Defensor de procesos de integración a los que había adherido su país, no tuvo empacho en sumarse a esas construcciones ideológicamente amplias en su momento, con Hugo Chávez al lado de Juan Manuel Santos, para mencionar dos opuestos. Y juró en la capital cubana al lado de Raúl Castro.
Pero ni bien los aires regionales cambiaron, fue junto a Macri y Bolsonaro protagonista fundamental de la creación del Prosur, esa organización derechista a la medida del Departamento de Estado y que no acepta disidencias de izquierda.
Desde que comenzaron las masivas manifestaciones populares en su país -un modelo «exitoso» del neoliberalismo hasta entonces- Piñera mostró su pertenencia indeleble a la clase. Con una brutal represión, en ese contexto de reclamos contra la desigualdad, y desempolvando el manual de culpabilidades de la Guerra Fría al atribuir la organización de las marchas que tomaron las calles a agentes de Venezuela y Cuba. Sinprueba alguna.
Bolsonaro amenazó con no venir a Buenos Aires para la asunción, lo que implicaba una fuerte señal contra el principal socio comercial del Mercosur, una organización a la que, por otro lado, el presidente brasileño pretende eliminar. Tampoco iba a mandar a ningñun representante de su gobierno. Se entiende en el contexto de peleas por la suerte de Lula. Pero la relación entre Brasil y Argentina sonaba como para otro tipo de respuesta diplomática.
En estas semanas, representantes de la cámara empresaria de San Pablo viajaron a entrevistarse con Fernández, para calmar las aguas. Macri y Bolsonaro habían acordado una reunión de Mercosur 5 días antes de la entrega del poder en Buenos Aires y estaba latente la posibilidad de una baja en los aranceles externos, como pide el ministro de Economía brasileño, Paulo Guedes.
Luego, estuvo en Buenos Aires Rodrigo Maia, presidente de la Cámara de Diputados brasileña. Se reunió con dirigentes locales en un evidente intento por acercar posiciones. Todos parecen haber caminado sobre el filo de la navaja.
Finalmente en la noche del lunes se confirmó que en representación de Brasil vendría el vicepresidente, el general Hamilton Mourao.
Como miembro de las Fuerzas Armadas, Mourao mantiene un enfrentamiento político con Bolsonaro, que tiene un gabinete poblado de uniformados. Y cayó, en ese sentido, en la mira de los ataques en las redes sociales de Eduardo, uno de los hijos de Bolsonaro, tal vez el más activo en ese medio.
Mourao fue personalmente a China cuando Bolsonaro, que hace “seguidismo” de los deseos de Donald Trump, estaba por sumarse a una guerra comercial contra el gigante asiático, fuerte socio comercial y estratégico de Brasil a través del grupo BRICS.
Piñera, en cambio, finalmente anunció que no podría venir ya que un avión Hércules de la Fuerza Aérea chilena había desaparecido de los radares cuando iba con rumbo al sector antártico que reclama la nación trasandina.
En cierto sentido, la ausencia de Pîñera es un alivio para su figura y también para las autoridades argentinas. Grupos de militantes y residentes chilenos preparaban un escrache contra el presidente en rechazo a la represión feroz contra las manifestaciones.
En su discurso inaugural, Fernández dijo que había instruido al ministerio de Defensa local para que brinde asistencia necesaria para encontrar al avión chileno.
Tiempo Argentino, 10 de Diciembre de 2019
por Alberto López Girondo | Dic 10, 2019 | Sin categoría
El presidente de Cuba, Miguel Díaz Canel, tuvo una agitada agenda en su primera visita a la Argentina para la asunción de Alberto Fernández y Cristina de Kirchner. Si llegada al país es todo un símbolo de época, cuando a 90 millas de sus costas hay un gobierno que renueva la ofensiva contra la Revolución incrementando las sanciones y tratando de asfixiar a su gobierno con un bloqueo que ya lleva casi 60 años. Y sobre todo en momentos en que las manifestaciones contra el modelo neoliberal se extienden en la región y los medios hegemónicos, en lugar de cuestionar políticas que van contra los intereses populares, acusan de injerencia a agentes cubanos y venezolanos. Y cuando a 90 millas de sus costas hay un gobierno que renueva la ofensiva contra la Revolución incrementando las sanciones y tratando de asfixiar a su gobierno con un bloqueo que ya lleva casi 60 años.
Fuera de ese marco de análisis simplón, el mandatario cubano no se privó de los homenajes en el monumento al general San Martín y en el parque de la Memoria, donde se tomó su tiempo frente a la placa que recuerda a Rodolfo Walsh y ante las que dan testominio de los jóvenes trabajadores de la embajada cubana Crescencio Galañena Hernandez y Jesús Cejas Arias, secuestrados y desaparecidos por la dictadura militar en 1976.
Luego, mantuvo una reunión con empresarios que mantienen negocios con la isla. Argentina es el cuarto mayor socio comercial de Cuba, el noveno a nivel internacional y los turistas argentinos son los segundos en cantidad en recorrer el archipiélago.
Por el lado local, el presidente de la Federación argentina de la Industria Molinera, Diego Cifarelli, destacó el interés en concretar inversiones en Cuba. Juan Salvador Amato, presidente de la Cámara Pyme Argentina, señaló las dificultades en nuestro país como una traba extra para incrementar la relación comercial.
El que más disposición para “transferir nuestros conocimientos para que ustedes desarrollen sus capacidades” fue Gustado Grobocopatel, presidente del Grupo Los Grobos, quien destacó que en las últimas tres décadas la producción de trigo se multiplicó por cinco debido a las nuevas tecnologías. Y se ofreció para desarrollar esas mejoras en Cuba.
También hubo oferta de operadores turísticos y el pedido de que Aerolíneas Argentinas vuelva a volar hacia La Habana y de que cubana de Aviación aumente las frecuencias.
Díaz Canel dijo frente a los empresarios que “Argentina es un país entrañable para Cuba”. La misma frase dijo en la noche del lunes ante una multitud que asistió a un encuentro en el Aula Magna de la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA.
“Aquí nació el Che, que también fue declarado cubano por nacimiento, excepcionalidad que solo comparte en nuestra historia con el Generalísimo Máximo Gómez, extraordinario militar dominicano que llegó a ser General en Jefe de las tropas mambisas en nuestras guerras de independencia”, dijo el mandatario cubano.
Luego reafirmó esa historia en común, que inicia con José Martí, cónsul argentino en Nueva York a fines del siglo XIX, lo que hace “inseparables nuestros sentimientos, desde todos los compañeros que arrastró el Che consigo en la construcción de nuestros sueños de justicia social en los años fundacionales; pasando por el dolor compartido por los 30 000 desaparecidos; las luchas de las abuelas y madres de Plaza de Mayo; la pasión por el fútbol, Maradona y su amistad personal con Fidel; lo mejor del cine latinoamericano y del rock en español, hasta llegar a Néstor y Cristina, cuyo legado cristaliza ahora en el triunfo de Alberto”.
Como cierre de su discurso, recordó a León Gieco, quien dijo que “todo está guardado en la memoria”.
Tiempo Argentino, 10 de Diciembre de 2019
por Alberto López Girondo | Dic 8, 2019 | Sin categoría
Pocos gobiernos llegaron a la Casa Rosada con un escenario internacional tan desfavorable. El de 1973, sin dudas, fue uno. Entre el triunfo de Héctor Cámpora en marzo y el de Juan Domingo Perón en septiembre se produjeron los golpes en Uruguay y Chile, cerrando el círculo de dictaduras militares alrededor del país. Raúl Alfonsín debió lidiar con los mismos protagonistas diez años más tarde y puede decirse que contribuyó para la recuperación democrática de la región.
Alberto Fernández llega a la Casa Rosada 29 días después del golpe contra Evo Morales, tres meses antes de que la derecha vuelva a la presidencia uruguaya y con dos mandatarios, en Paraguay y Brasil, surgidos de procesos democráticos amañados luego de sendos golpes institucionales contra presidentes constitucionales. Chile se debate contra el último vestigio pinochetista: la constitución de 1990.
A. F. perdió en pocos días dos aliados para su proyecto progresista y quedó rodeado de experiencias protofascistas como las de Jair Bolsonaro y Jeanine Áñez. El Mercosur, golpeado en los últimos años, sufre la suspensión de Venezuela, a partir de la llegada de Mauricio Macri al poder en Argentina y de Michel Temer tras la expulsión de Dilma Rousseff.
Pero la integración fundamentalmente padece la amenaza de este Brasil neoliberal de dejar el organismo o forzar una baja de aranceles externos, en un mundo que cierra sus fronteras comerciales.
Donald Trump declaró la guerra a China por los mercados y la tecnología del futuro. Desde la administración Obama para acá, América Latina vuelve a ser el «patio trasero», con lo que el principal campo de batalla de esa contienda es la región.
A. F. recibe un país al borde de la asfixia por la deuda y los planes del FMI. Igual le pasó a Alfonsín y luego a Carlos Menem y a Néstor Kirchner. Como entonces, la deuda es un condicionante político para el inquilino de la quinta de Olivos.
La experiencia argentina demuestra que la cancha siempre viene inclinada cuando asume un gobierno elegido por el pueblo. El viento, la tribuna y el árbitro están en contra, y en este juego los otros no son de respetar códigos. Pero siempre hay posibilidad de pelearla.
En este contexto, las dificultades que pueda tener el nuevo canciller, Felipe Solá, con el idioma inglés serán el menor de sus problemas. «
La enorme obsesión por Venezuela
Venezuela es la gran obsesión para las derechas de todo el mundo. Siempre les viene muy bien denostar al gobierno del país caribeño para ocultar las propias miserias. Por supuesto, en la lista de enemigos de los Estados Unidos, también están Cuba y Nicaragua. Pero el empecinamiento que denota la Casa Blanca contra el gobierno chavista resulta llamativo.
Los jefes militares del Comando Sur invitan a los militares venezolanos a desplazar al presidente Nicolás Maduro y halagan a los uniformados de todos los países para “defender los valores de la democracia”.
Por lo tanto, por propia preservación, el primer gran desafió para el gobierno de Alberto Fernández será de qué manera buscar una salida pacífica para Venezuela sin caer en el intento.
Raúl Alfonsín lo había hecho con la revolución sandinista en los 80 ante la ofensiva de Ronald Reagan. No es casual que algunos de aquellos protagonistas hayan salido de los museos para sumarse a los deseos de Donald Trump.
Tiempo Argentino, 8 de Diciembre de 2019
por Alberto López Girondo | Dic 8, 2019 | Sin categoría
Los demócratas apuran la redacción del texto del impeachment contra Donald Trump como para dejárselo de regalo navideño. El presidente, lejos de mostrarse agobiado por la presión que le llega desde la Cámara de Representantes, les pide celeridad porque, los torea, quiere empezar la campaña para la reelección en las elecciones de 2020. Y por supuesto, está convencido de que tendrá cuatro años más en la Casa Blanca. Si es por las cifras de la economía, descendió el nivel de desocupados, y los ingresos de los trabajadores comunes, creció en torno del 8 por ciento.
«Tristemente, pero con confianza y humildad, con lealtad a nuestros fundadores y un corazón lleno de amor por Estados Unidos, le pido al presidente del Comité Judicial de la Cámara de Representantes, Jerry Nadler, que proceda con la redacción de los artículos de juicio político», dijo Nancy Pelosi, la speaker (presidenta) de la Cámara Baja y líder de la bancada demócrata.
El caso contra Trump se comenzó a armar hace dos meses, cuando se difundió una conversación telefónica con el nuevo presidente de Ucrania, Volodimir Zelenski, en la que el estadounidense aparece sugiriendo que podría liberar un crédito de 400 millones de dólares para comprar armamento si impulsaba una investigación por corrupción contra al hijo del precandidato opositor Joe Biden.
Lo escandaloso para los demócratas –Biden fue vice de Barack Obama y es el que está mejor posicionado para ganar la interna de cara a los comicios de noviembre del 2020– sería, según Pelosi, que Trump «ha incurrido en abuso de poder, ha socavado nuestra seguridad nacional y ha puesto en peligro la integridad de nuestras elecciones. Si permitimos que un presidente esté por encima de la ley, seguramente lo haremos a riesgo de nuestra república».
El tema de fondo es que Hunter Biden fue uno de los más directos beneficiarios de la destitución de Viktor Yanukovich, el presidente prorruso de Ucrania, en 2014. A tal punto que integró desde entonces y hasta principios de este año el directorio de una empresa energético y cobraba un salario de 50 mil dólares mensuales.
No está acusado de ningún delito, las acusaciones se basan en principios éticos. Pero si hubo un inicio de investigación de un fiscal ucraniano que luego fue presionado para renunciar, antes de que Zelenski llegara al gobernó en Kiev. Al mismo tiempo, la extorsión de la que se acusa a Trump se parece mucho a las que todo gobierno estadounidense realiza en cualquier lugar del planeta para lograr sus objetivos.
Pero en el caso de Biden, la investigación desnudaría una maniobra muy usual en la política de EE UU que es aprovecharse de influencias políticas para beneficios privados. Para colmo, que involucra a un alto dirigente partidario que aspira a una candidatura.
Trump confía en que la acusación de los representantes, la cámara acusatoria, dominada por la oposición, chocará en el Senado con la mayoría republicana (53 a 47). Más aun, está convencido de que todo el proceso terminará por convertirse en una campaña publicitaria a su favor. Los únicos dos juicios políticos en la historia de EE UU, contra Andrew Johnson en 1868 y Bill Clinton en 1998, terminaron en absoluciones.
Pero el impeachment pone nerviosos a varios, empezando por el propio presidente, que tuvo una semana agitada en la cumbre de la OTAN en el Reino Unido, de la que se retiró cuando se filtró un video en el que los jefes de Estado de Francia, Gran Bretaña, Holanda y Canadá se burlaban de él.
Biden también acusa recibo de lo que implica este juicio. En un mitin en New Hampton, un agricultor de 83 años le recriminó haber enviado a su hijo a trabajar a Ucrania. «Eres un fucking mentiroso», le espetó, con los ojos encendidos de ira.
Tiempo Argentino, 8 de Diciembre de 2019
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