La incorporación de cuatro provincias ucranianas a la Federación Rusa y el retiro de las tropas rusas de la ciudad de Liman ante el avance de las brigadas de Kiev impactaron en la última semana del mes de setiembre en el marco del conflicto iniciado el 24 de febrero en el Este de Europa. Pero si algo faltaba para demostrar que lo que se juega es la reconfiguración del mundo, se produjeron otros dos hechos sospechosamente simultáneos: resultaron seriamente dañados los gasoductos Nord Stream I y II, que conectan a Rusia con Alemania, mientras se inauguraba el Baltic Pipe, que llevará gas desde una plataforma noruega a Polonia. Desde ahora, el país de Chopin tiene fácil acceso al precioso combustible y deja a la tierra de Beethoven en terapia intensiva, no solo porque se avecinan los fríos del invierno, sino porque el desarrollo industrial de la principal potencia económica europea estaba basado en los precios convenientes del fluido ruso.
Este sábado, el Kremlin confirmó el retiro de Liman, en la región de Dontesk. «Desplegamos nuestra bandera nacional y la colocamos en nuestro territorio. Limán siempre formará parte de Ucrania», celebró el ministerio de Defensa ucraniano. Para Kiev es un triunfo importante que se suma al avance en Jarkov, a principios del mes. Fuentes rusas le bajaron el precio y, como aquella vez, calificó al repliegue como un «reagrupamiento» de tropas ante una inferioridad numérica insalvable. Y destacan que no hubo pérdida de vidas.
Horas antes, el presidente Vladimir Putin había dado un discurso en el acto de aceptación de la reincorporación de los cuatro distritos separatistas que este martes culminaron con los referendos de adhesión a Rusia en el que, entre otras cosas (ver aparte) dijo que Donetsk, Lugansk, Zaporiyia y Jerson «son ahora parte de Rusia para siempre».
A esa altura ya se sabía de lo ocurrido en los tubos submarinos que desvelaron a Estados Unidos desde el mismo día que anunciaron los acuerdos. El gasoducto Nord Stream I fue inaugurado el noviembre de 2011, el Nord Stream II está listo desde setiembre pasado pero las presiones de Washington bloquearon la certificación del gobierno de Olaf Scholz. Mientras tanto, se terminaba de poner en marcha el llamado Baltic Pipe (literalmente Tubería Báltica) entre el Mar del Norte, en jurisdicción noruega, y Goleniow, en Polonia.
El mismo día que terminaban los referendos, abrumadoramente favorables a la incorporación –son las regiones que vienen sufriendo violencia de parte de Kiev desde 2014 – se detectaron fugas en uno de los caños. Luego se sabría de una fuga en el otro. Más tarde se confirmaría que no se trataba de una falla sino de un atentado.
El caso es quién podría querer destruir esos conductos. Fuentes occidentales culparon a los rusos de hacerlo para presionar aún más a los gobiernos europeos en favor de su posición sobre Ucrania. Pero en estos casos siempre conviene buscar quiénes no querían que se construyesen los gasoductos y a quiénes beneficiaría que no existieran.
Ucrania, con los caños bajo el Báltico, perdían el peaje de los tubos que pasan por su territorio. Estados Unidos se perdía de vender combustible de sus propias cuencas de shale gas. Polonia y Noruega tenían en carpeta el proyecto Baltic Pipe –que pasa por Dinamarca– desde 2001.
Esta operación le da el tiro de gracia al proyecto de integración entre Europa y Rusia. O mejor dicho, entre Francia y Alemania con Moscú. Pero sobre todo, puede ser un punto de inflexión para la poderosa industria germana, basada en el empuje y la tecnología propia más el combustible ruso.
Si las guerras mundiales del siglo XX se produjeron por la voluntad alemana de abrirse paso ante los anglosajones, qué no deberían hacer ahora los europeos con EE UU. Pero quien hizo ese tipo de planteos fue Putin, que específicamente mencionó a Rusia como la potencia encargada de romper con la hegemonía anglosajona.
¿Qué dicen los gobiernos? EE UU culpa a Rusia, los europeos prefirieron tirar la pelota afuera y los medios dominantes están con la OTAN y contra Putin. Algunos analistas recordaron un tramo de una entrevista a Joe Biden este año. «Si Rusia invade Ucrania –dice, a principios de febrero– le pondremos fin al Nord Stream II». Una periodista le pregunta: «¿Cómo harán eso, si está bajo control de Alemania?». A lo que replica, con una media sonrisa: «seremos capaces de hacerlo, se lo prometo».
Esa media sonrisa, para la especialista en política internacional estadounidense Diana Johnstone, recuerda la semiótica de la mafia. «Las guerras imperialistas se hacen para conquistar pueblos, territorios. Las guerras de gángsters se libran para eliminar a los competidores. En las guerras de gángsters emites una oscura advertencia, luego rompes las ventanas o quemas el lugar». En EE UU saben de eso.
Otros encontraron evidencias de naves de EE UU merodeado la zona donde se produjeron las fugas de gas, cerca de la isla de Bornholm, donde la Otan realizó en junio maniobras militares bajo el mando de la Sexta Flota estadounidense, cuya Fuerza de Tarea 68 se especializa en operaciones submarinas. Detectaron en las inmediaciones a la unidad anfibia LHD 3 USS Kearsarge, a pocas millas del lugar de los ¿presuntos? atentados.
«Todo cuanto he oído de Samarcanda es cierto, aunque es más hermosa de lo que podía imaginar», dijo Alejandro Magno cuando en el 330 A.C llegó a esa ciudad bañada por el río Zeravshan. Fundada hace 2700 años, fue y es un cruce de culturas y prosperó como paso de la ruta de la seda. Muy adecuado ungir a esa ciudad de Kazajistán como sede de esta Cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS) marcada por el creciente enfrentamiento de Occidente contra el resto del mundo.
Allí fue que los presidentes Xi Jinping y Vladimir Putin volvieron a verse luego de la firma del acuerdo de amistad en Beijing el 4 de febrero pasado. «China está dispuesta a hacer esfuerzos con Rusia para asumir su responsabilidad de grandes potencias y tomar el papel de guía para inyectar estabilidad y energía positiva en un mundo caótico», dijo Xi. «Los intentos de crear un mundo unipolar han cobrado recientemente una forma absolutamente fea y son completamente inaceptables», respondió Putin.
La OCS fue fundada en 2001 por Kazajstán, China, Kirguistán, Rusia, Uzbekistán y Tayikistán, a los que se sumaron Pakistán e India. Ahora, Irán está a las puertas de incorporarse como miembro pleno y Turquía ya fue invitada a participar. Al mismo tiempo, Azerbaiyán, Sri Lanka, Camboya, Nepal, Armenia, Egipto, Qatar y Arabia Saudí son «socios de diálogo», un escalón previo a su incorporación.
Invitado especial, el mandatario turco mantuvo reuniones bilaterales con Xi, con el primer ministro pakistaní, Shehbaz Sharif y con el jefe de gobierno indio, Narendra Modi. Recep Tayyip Erdogan mantiene una relación de difícil equilibrio con la OTAN, de la que Turquía forma parte, y con Rusia. Eso le permitió obtener grandes descuentos en el precio del gas ruso y ventajas financieras para construir una central nuclear. Xi, en tanto, llamó a «consolidar una confianza política mutua» entre ambos países.
Como en política nada es gratuito, ahora Erdogan percibe las consecuencias del contacto con Putin y con Xi: este viernes Washington anunció que levantará el embargo a la venta de armas al gobierno de Nicosia, una medida dictada en 1987 tras la guerra civil. Chipre es un problema para el gobierno de Erdogan. Con una población mayoritaria de origen griego, desde 1974 la isla está dividida en dos sectores, al norte una República Turca de Chipre, solo reconocida por Ankara, y al sur una de mayoría griega con reconocimiento internacional y miembro de la UE. Turquía aspira a integrar la UE desde hace décadas, pero el tema Chipre siempre fue esgrimido como argumento para trabar su ingreso.
Estados Unidos levanta el embargo a condición de que el gobierno del presidente Nicos Anastasiades se sume a las restricciones al comercio con Rusia e impida que los buques rusos entren a puertos chipriotas. «Se trata de una decisión histórica, que refleja la creciente relación estratégica entre los dos países, incluso en el ámbito de la seguridad», dijo Anastasiades en Twitter. «Esta decisión afectará de manera negativa los esfuerzos para la resolución de la cuestión chipriota y provocará una carrera armamentística en la isla», replicó el ministerio turco de Relaciones Exteriores.
El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, se metió otra vez en la disputa y, en una conversación telefónica con su par ruso Vladimir Putin, ofreció su mediación en la controversia por la planta nuclear de Zaporiyia. Voceros de Turquía, no desmentidos por el Kremlin, informaron que la charla entre los dos líderes euroasiáticos giró también sobre el comercio de cereales, facilitado luego de un acuerdo entre Moscú y Kiev alcanzado en Estambul en julio para el transporte por el Mar Negro de la mercancía. Este nuevo acercamiento se da en el marco de la llegada de la comisión del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) comandada por el argentino Rafael Grossi a la central atómica, bajo control de tropas rusas desde marzo pero asediada por fuerzas ucranianas, con el riesgo que esto implica para la seguridad.
«Estamos preocupados. No queremos otro Chernóbil», dejó trascender Erdogan, que como líder de un país miembro de la Otan pero de buen diálogo con Putin es, en la práctica, el único canal de diálogo entre el gobierno de Putin y los países occidentales cuando se están por cumplir los 200 días de combates en esa región del globo.
A su llegada a Zaporiyia, Grossi declaró que la instalación de la planta había resultado dañada, sin dar mayores precisiones. «Estamos estableciendo una presencia permanente sobre el terreno, esta vez con dos inspectores que continuarán su trabajo», dijo Grossi a su regreso a Viena, la sede de la OIEA. La integridad física de la planta «fue violada no una vez, sino varias veces», agregó Grossi, para indicar luego que se registraron rastros de bombardeos en el área de la central. «Carecemos de elementos de evaluación», pero «esto no puede volver a suceder», alertó.
De hecho, Kiev reconoció este viernes que había bombardeado posiciones militares rusas en Energodar, la ciudad más próxima a Zaporiyia, fundada en 1970, en tiempos de la Unión Soviética, para residencia de los trabajadores de la central, la más grande aún de Europa. «Nuestras tropas han realizado ataques precisos en las ciudades de Jersón y Energodar, destruyendo tres sistemas de artillería enemigos, así como un arsenal de municiones», informó el ejército ucraniano en un comunicado.
Fuentes de la región de Donetsk afirmaron que los ucranianos habían comenzado el ataque ni bien llegó la delegación de la OEIA y que el objetivo habría sido aprovechar la distracción entre las tropas de vigilancia para tomar posiciones al otro lado del río Dnieper, cosa que no lograron.
Las fuerzas de Kiev vienen manteniendo una contraofensiva sobre las rusas desde hace dos semanas sobre Jerson y aseguran haber tomado varias localidades que habían quedado bajo control de las milicias del Donbass.
Foto: Genya Savilov / AFP
Por otro lado, las autoridades rusas informaron que a raíz de los daños sufridos en una línea eléctrica atribuidos a ataques ucranianos, había sido suspendido el suministro de energía eléctrica de Zaporiyia a territorios controlados por Kiev. Al cierre de esta edición no se había informado cuándo volvería el servicio.
Al mismo tiempo, la empresa estatal rusa Gazprom anunció el cierre del gasoducto Nord Stream I, que transporta el combustible a Alemania, por una fuga de aceite en una turbina. El cierre es visto en los medios y el gobierno alemán como una amenaza que preocupa de cara a la llegada del invierno, cuando podrían hacerse más frecuentes este tipo de cortes que impactarían en una sociedad que padecerá las consecuencias de las sanciones contra Rusia por el ataque en Ucrania. La fabricante de la turbina, la alemana Siemens Energy, por las dudas abrió el paraguas y aseguró que «este tipo de fugas no suelen afectar el funcionamiento de una turbina y pueden sellarse in situ».
En Rusia, mientras tanto, otra firma del negocio energético, la petrolera Lukoil, informaba que el presidente de la compañía, una de las más grandes del país, se había tirado por la ventana del Hospital Central de Moscú, donde se hallaba internado a raíz de un paro cardíaco. Ravil Maganov, de 67 años y un alto cargo en la firma desde 1993, habría venido padeciendo de una gran depresión y decidió quitarse la vida, según la información que publicaron las agencias de noticias Tass e Interfax.
En ese mismo centro asistencial murió el martes pasado el último mandatario de la Unión Soviética y el que selló su disolución, Mijaíl Gorbachov, a los 91 años. Las agencias occidentales dijeron que a las exequias no asistiría Putin, sin embargo el presidente ruso despidió a los restos de Gorbachov en el hospital donde falleció antes de emprender una visita a Kaliningrado, el enclave ruso en el Báltico.
El funeral del exjefe de estado convocó a una multitud en la Casa de los Sindicatos, de Moscú, tradicional lugar ceremonial para los líderes soviéticos. Entre los que asistieron estuvo el primer ministro de Hungría, Viktor Orban, acompañado por una delegación de su país. Orbán también es un miembro de la Otan con cercanía a Putin que resulta incómodo para sus vecinos. «
China anuncia «contramedidas» por el paquete de armas de EE UU a Taiwán
El gobierno chino advirtió que pondrá en marcha «contramedidas» ante el anuncio de Washington de un acuerdo para la venta armas por 1100 millones de dólares a Taiwán. China tomará «las legítimas y necesarias contramedidas a la luz del desarrollo de la situación», dijo el portavoz de la embajada china en Washington, Liu Pengyu.
El nuevo paquete de «ayuda militar» todavía debe ser aprobado por el Congreso y contempla el envío un fondo de 665 millones de dólares para la compra de un sistema de radar de alerta temprana «para ayudar a Taiwán a rastrear los misiles que se aproximan», indica un comunicado del Departamento de Estado. A este bagaje se le agregan 85,6 millones para proveer de un centenar de misiles Sidewinder.
El portavoz de la presidencia de Taiwán, Chang Tun-han, agradeció el «continuo apoyo de Estados Unidos a la defensa y seguridad» de la isla.
Las tensiones entre Washington y Beijing se intensificaron desde la visita de Nancy Pelosi, titular de la Cámara Baja, que desencadenó fuertes quejas de las autoridades continentales, que replicaron maniobras militares sin precedentes en torno a Taiwán.
A la visita de Pelosi a principios de agosto le siguió la de una delegación de congresistas estadounidenses con el senador Ed Markey a la cabeza y el gobernador del estado de Indiana, Eric Holcomb.
El vocero de la embajada en Washington dijo a la agencia rusa Sputnik que Estados Unidos debe adherir al principio de «Una sola China» para no dañar aún más los lazos bilaterales, ante situaciones que el gobierno de Xi Jinping percibe como provocaciones.
Según como caiga la moneda, el punteo de cómo el mundo llegó a este azaroso presente podrá ser la primera versión de la historia de estos tiempos de amenaza nuclear. Si cae cruz, ya no habrá historia.
Julio de 2018: El partido viene de lejos, pero partamos de esta fecha. Cumbre de la Otan en Bruselas, segunda a la que asiste Donald Trump. El presidente de EE UU recrimina a la canciller Angela Merkel su sociedad con Rusia por la construcción del Nord Stream 2, el gasoducto para alimentar a bajo costo a la industria y los hogares alemanes. “Paga miles de millones a Rusia y nosotros tenemos que defenderla de Rusia. Alemania está totalmente controlada por Rusia porque obtendrá entre el 60% y el 70% de la energía a través del nuevo gasoducto”, despotrica. Diciembre de 2019, Londres: Emmanuel Macron dice a la prensa que la Otan, que cumple 70 años, “experimenta una muerte cerebral”. Protesta porque Trump retiró tropas de Siria sin consultar a los socios que también participan de esa aventura. Las tropas rusas intervienen en favor del presidente Bachar al Assad desde 2015 y frustran el proyecto de “primavera árabe” diseñado en tiempos de Barack Obama. En 2014, Moscú había incorporado a Crimea tras el golpe de estado en Kiev.
Noviembre de 2020: el demócrata Joe Biden gana la presidencia, Trump denuncia fraude. En Europa celebran. Biden asume en enero de 2021 y dice: “Estados Unidos está de vuelta”.
Junio de 2021: Alemania retira sus tropas de Afganistán, donde estaban bajo la bandera de la Otan. En un operativo muy desordenado, EE UU hace lo propio en agosto, dejando Kabul bajo control de los talibán.
Septiembre de 2021: el 15, EE UU, el Reino Unido y Australia anuncian el pacto militar AUKUS para la región del Indo-Pacífico. Washington le birla a Francia un contrato para proveer submarinos nucleares a Australia. También sin aviso previo. El 26, el socialdemócrata Olaf Scholz gana las elecciones germanas, primeras en 16 años de las que no participa Merkel, que se retira de la política. Scholz recién puede armar gobierno y asumir en diciembre.
Ante este escenario, Vladimir Putin reclama garantías de que la Otan no continuará su expansión y recuerda que Occidente no cumplió las promesas de 1991. La Casa Blanca dice que Rusia va a invadir Ucrania.
Febrero 7 de 2022: Putin y Xi Jinping se encuentran en Beijing en la inauguración de los Juegos Olímpicos -boicoteados por EE UU- y anuncian un acuerdo de “amistad sin límites” que propugna el multilateralismo, la defensa de la ONU y detener la expansión de la Otan. El 24, Putin ordena una “operación militar para desnazificar y desmilitarizar Ucrania”. Washington se jacta de haber advertido de la invasión. Comienza una ola de sanciones contra Rusia. Scholz impide que el nuevo gasoducto entre en funcionamiento.
Junio 30: culmina la Cumbre de Madrid. La Otan confirma la “invitación” a Suecia y Finlandia, y anuncia su nuevo Concepto Estratégico, una hoja de ruta para la defensa común que designa a Rusia como “una amenaza directa” a la seguridad de los aliados y a China “un desafío” a los intereses y valores occidentales.
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