Mientras Occidente se encamina alegremente a profundizar el baño de sangre en el Este de Europa y ensaya piruetas para disimular el genocidio en Gaza, en otra vergonzante expresión de servilismo, Argentina se sumó a Paraguay y los gobiernos ultraderechistas de Israel, Estados Unidos y Hungría contra una resolución de la Asamblea General de la ONU de respaldo a la solución de Dos Estados que aprobaron 142 naciones el viernes. La votación del representante argentino coincidió, por cierto, con los de Micronesia, Nauru, Palaos, Papúa Nueva Guinea y Tonga, en esa particular interpretación de los vínculos con el mundo que entiende el presidente Javier Milei. La “Declaración de Nueva York” había sido presentada por Francia y Arabia Saudita y aparece en un momento dramático por la brutal ofensiva israelí en Medio Oriente que ya causó más de 64.000 muertos y cuando en Europa crecen las tensiones luego de la incursión de una veintena de drones presumiblemente rusos en territorio de Polonia.
A la hambruna en Gaza y la matanza indiscriminada de civiles en la Franja se agregaron estos días un ataque en Doha contra miembros del grupo de resistencia islámico Hamas que estaban analizando el acuerdo de cese el fuego propuesto por la administración Donald Trump, y la detención de cerca de dos millares de palestinos en la localidad de Tulkarem. El primer ministro Benjamin Netanyahu, que ordenó esta semana la evacuación total de la ciudad de Gaza, firmó el jueves un plan para la construcción de unas 3000 viviendas en abierto desafío a las leyes internacionales y desde Maale Adumim dijo claramente cuál es el objetivo: “Dijimos que no habría un Estado palestino y, de hecho, no lo habrá. Este lugar nos pertenece”. Por las dudas, mostró la inauguración de un paseo bautizado Donald Trump, en honor “al mejor amigo que Israel tuvo nunca en la Casa Blanca”.
El presidente estadounidense, en tanto, se hamaca entre los acuerdos no explicitados que alcanzó en Alaska con Vladimir Putin y el belicismo desenfrenado de los europeos, que aprovecharon el incidente de los drones para amenazar con todo tipo de represalias contra Rusia, que podrían incluir más paquetes de sanciones económicas. En el discurso del Estado de la Unión que dio el martes en Estrasburgo la presidenta de la Comisión Europea Ursula von der Leyen detalló una serie de medidas para avanzar contra Rusia que podrían incluir la apropiación de activos incautados desde el 22 de febrero de 2022 para la compra de armamento destinado a Ucrania.
Curiosamente, el mensaje de Von der Leyen fue en inglés, cuando ninguno de los países de la UE habla esa lengua. El Reino Unido se fue de la Unión definitivamente en enero de 2020, tras el referéndum del año anterior, aunque sí es miembro de la OTAN, la organización militar atlántica. Como sea, los líderes europeos -Keir Starmer, Emmanuel Macron y Friedrich Merz a la cabeza- pusieron el grito en el cielo cuando Varsovia se quejó por la caída de los drones. Sonó a una excusa formidable para ir con más castigos contra Moscú. Pero Trump les puso un freno en un carta que difundió en su red Truth: “Estoy dispuesto a imponer importantes sanciones a Rusia cuando todas las naciones de la OTAN hayan acordado y comenzado a hacer lo mismo, y cuando todas las naciones de la OTAN dejen de comprar petróleo a Rusia”. Luego agregó que si se aplicara entre un 50 y un 100% de aranceles a los productos chinos la guerra terminaría rápidamente. “China tiene un fuerte control, e incluso dominio, sobre Rusia, y estos potentes aranceles romperán ese dominio”.
Los jefes de Estado tampoco tienen tanto para poner sobre la mesa. Macron, que enfrenta una crisis política por el rechazo a los siderales ajustes que pretendía imponer el renunciante primer ministro François Bayrou -que no superó el voto de censura parlamentario este lunes- no tiene grandes esperanzas de que la Asamblea le apruebe la designación de Sébastien Lecornu. Las bravuconadas en política exterior le permiten seguir en el candelero, pero esa es una estrategia de corto alcance.
Starmer, por otro lado, tenía este sábado las calles londinenses virtualmente copadas por una masiva manifestación ultraderechista convocada por Tommy Robinson, un activista xenófobo que viene creciendo en la consideración popular en base a un discurso antiislámico y contra la inmigración. En la marcha de ayer, que tenía el lema “Unite the Kingdom” («Unir al Reino», un juego de palabras con el nombre de la nación) se movilizaron unas 110.000 personas, según la Policía Metropolitana. La señal del impacto de esta tendencia la da el corrimiento perceptible del laborista Starmer a posiciones antiinmigración.
A todo esto, este mismo viernes el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, anunció la operación «Centinela Oriental» para responder a “las continuas violaciones del espacio aéreo” como el vuelo de “numerosos drones rusos” sobre Polonia del 10 de septiembre. Este mismo día se iniciaron ejercicios militares entre Rusia y Bielorrusia en la frontera polaca denominadas Zapad 2025. Todo tranqui por esos lados.
Hay varios términos populares para caratular a esos personajes que se arrastran por la vida sin la menor dignidad con tal de obtener alguna ventaja. El diccionario de lunfardo de Oscar Conde define a olfa como apócope de olfaturista, una forma anticuada quizás de “olfateador”, por el que olfatea con ahínco ¿qué cosa? ¿Dónde y cómo sacar tajada, trepar?
Así parece interpretarse la acción que realiza alguien adulador, obsecuente, alcahuete, acomodaticio, arrastrado, genuflexo. Conde, que es profesor de latín y griego, diría que genuflexo viene a flexionar las rodillas (genu). Se entiende el porqué. Otra palabra, claudicar, tiene más o menos el mismo sentido, sin embargo aquí se podría decir que quien claudica al menos hizo algún intento por conseguir algo pero no tuvo la debida persistencia, o el coraje necesario. Es claramente una agachada, por eso del latinazgo “claudius”, renguear.
Tanto prolegómeno para puntualizar que la política internacional del gobierno de Javier Milei ensayó con particular énfasis todas y cada uno de estos sinónimos de «olfa». Desde ofrecerse como faldero sin discusión de las decisiones, caprichos o brutalidades de Estados Unidos e Israel. Con Benjamin Netanyahu podría decirse que hay continuidad, pero con la Casa Blanca, siguió como perro fiel a Joe Biden como ahora a Donald Trump. Aunque es cierto, con el empresario inmobiliario comparte algunas cuestiones ideológicas más profundas, como el extremismo político y social.
Así fue que expulsó de la cancillería a Diana Mondino solo porque el país había mantenido la línea de la democracia argentina de rechazar el bloqueo estadounidense a Cuba. Hizo a los argentinos partícipes de la vergüenza de ser los únicos que acompañaron a Israel y Estados Unidos en varias de las votaciones de la ONU y de hecho, en noviembre pasado, ni siquiera eso. Fue el único país que levantó la mano en contra de una resolución en favor de los derechos de los pueblos indígenas. Podía haberse abstenido, pero no, quería ser más papista que el papa en ese espacio ultra del que se pretende exponente.
La cosa ahora es más compleja. Era obvio que Milei iba a ser enemigo de Nicolás Maduro y el gobierno bolivariano en general. Si decía lo que decía de Lula da Silva o Gabriel Boric, que no le iba a dejar al venezolano. De modo que lo de declarar al Cartel de los Soles como organización terrorista es apenas un paso más hacia la degradación de la Argentina como país con una política exterior autónoma, o por lo menos digna.
La única razón que expone el comunicado oficial del gobierno es que se trata de un grupo criminal trasnacional encabezado por Maduro y Diosdado Cabello “según un informe del Departamento de Estado de Estados Unidos publicado en marzo del 2020”. O sea, si ellos lo dicen no se discuta más.
Dijimos que el olfa, el obsecuente, el arrastrado, etc, espera alguna ventaja. Y quizás Milei o quienes participaron de esta operatoria –la ministra de Seguridad, el de Justicia y el de Relaciones Exteriores– la hayan tenido o la tendrán en el futuro. ¿Pero Argentina? ¿Y la región latinoamericana y caribeña, que se autodefinió como Zona de Paz? Porque hay que decirlo todo: el objetivo de Estados Unidos es apropiarse de los recursos venezolanos, como no ocultan los jefes del Comando Sur y el propio Trump, por las buenas o por las malas. ¿Los argentinos avalan eso? ¿Hasta dónde llega la claudicación de la dirigencia? ¿El mismo país que auspició el No al Alca ahora aceptará sin cuestionar el Sí a todo, mi amo?
Doctor en Filosofía, docente e investigador en la Universidad de Chile, Rodrigo Karmy Bolton acaba de publicar una serie de ensayos sobre lo que define como “el devenir Nakba del mundo”, donde bajo el título Palestina sitiada analiza lo que considera un experimento del imperialismo que se desarrolla en esa región de Medio Oriente pero cuyos alcances son globales. De eso habló en esta charla vía Zoom con Tiempo.
–Tu planteo es que hay en marcha una especie de Nakba eterna, con bolsones de pobreza, de excluidos en las ciudades, perseguidos y exterminados, como los palestinos desde 1948.
–El sentido sería pensar a Palestina no como un caso aislado de los acontecimientos que se desencadenan en el planeta, sino como el caso más extremo, que por serlo constituye una especie de crisol a partir del cual podemos entender lo que está sucediendo en otros lugares a nivel tecnológico o político. La Nakba no es solamente el término para designar la Catástrofe palestina sino para designar la catástrofe que en Palestina encuentra un momento de intensidad mayor.
–¿Ese sería un laboratorio para el resto del mundo?
–Sí, entendiendo que en ese laboratorio se intensifican las lógicas que se aplican en otros lugares. La diferencia entre Palestina y nosotros es sólo de grado, no de naturaleza. Lo cual significa que nuestras ciudades se pueden convertir en Gaza en cualquier momento y por cualquier razón.
–El objetivo, que ya no ocultan el gabinete Netanyahu, es expulsar a la población originaria o directamente exterminarla.
–El proyecto sionista cristalizado políticamente por el Estado de Israel desde 1948 tuvo siempre ese objetivo, no es un problema exclusivamente del primer ministro. Netanyahu más bien es el síntoma de toda esta historia que Israel despliega a nivel colonial y del que estamos viendo el intento de completar. Netanyahu no quiere hacer concesiones. Hemos visto en estos dos años de genocidio que ha sido Netanyahu el que ha detenido las posibilidades de cese al fuego, y ni siquiera un acuerdo de paz.
–Netanyahu dijo estos días que había cumplido la promesa de impedir el establecimiento de un estado palestino “como me exigen los distintos gobiernos de Estados Unidos”. El ministro Bezalel Smotrich agregó que cada nuevo asentamiento, cada barrio, cada vivienda hecha en Cisjordania “es otro clavo más en el ataúd de esta peligrosa idea”.
–Es que Israel nace con la idea del Eretz Israel, el Gran Israel, que Netanyahu intenta consumar. Mi lectura es que la Nakba no es una excepción en la historia de Israel, sino su mejor textura. Israel intenta expulsar a la población nativa y despojarlos completamente de su mundo. Esta es la cuestión de fondo.
–¿Qué fue pasando en el mundo para que ahora sea tan desembozado este proyecto? No tienen ningún problema en decirlo y además reciben el apoyo de los gobiernos de Europa y de Estados Unidos.
–Es una pregunta para responder por lo menos en tres niveles. El primero es que Israel se funda a partir de la transgresión del derecho internacional. Naciones Unidas había propuesto en 1947 el establecimiento de dos estados, donde el 51% correspondía al estado sionista y el 48 al palestino, lo cual era ya una solución colonial urdida por Gran Bretaña. En ese contexto ha ocurrido una especie de israelización del mundo global donde el derecho internacional y el orden internacional que surgió desde la Segunda Guerra Mundial se derrumba completamente y lo único que nos queda es el reino de la fuerza. ¿Cómo llegamos a este punto? El orden liberal ha sido destruido por los mismos que dicen defenderlo: Israel y Estados Unidos. Segundo nivel: este proceso solo puede darse cuando lo que denominamos sionismo no es una cuestión privativa del Estado de Israel. Hay un sionismo cristiano que funciona como el gran escenario ideológico desde el siglo XVIII de las empresas imperiales. Primeramente por Gran Bretaña y relevada por Estados Unidos y Europa hasta la actualidad. El ideologema sionista es común a Estados Unidos, Alemania, Francia, Gran Bretaña, y por supuesto al Estado de Israel. Podríamos decir, con Samir Amin, este es un imperialismo colectivo, un sionismo colectivo, que ha traspasado sistemáticamente el orden liberal en virtud de sus propias ansias imperiales, de sus propias formas de acumulación de capital.
–¿Qué sería el sionismo cristiano?
–El sionismo cristiano, que ustedes están conociendo con Milei, es más antiguo que el sionismo judío, es la materia ideológica fundamental sobre la cual se asienta. Por eso, el sionismo judío tiene la tragedia de reproducir lo peor del sionismo cristiano, que es su vocación imperial y su forma de apropiar y anexar la tierra a nivel colonial. Para terminar este tercer punto, digamos que la administración Trump está haciendo lo mismo que Netanyahu. El primer ministro está en una política de anexionismo, que yo llamo “anexsionismo”. Trump dice «vamos a anexionar Groenlandia”. El paradigma de la política reaccionaria de nuestra época es la política anexionista por antonomasia.
–Se me ocurren tres cuestiones. En primer lugar: ¿Cómo nace el sionismo cristiano? En segundo lugar, vos atribuís la desaparición del orden fundado tras la Segunda Guerra Mundial al sionismo. Otra lectura diría que ese momento aparece cuando Vladimir Putin ordena la Operación Militar Especial en Ucrania. Por otro lado, no son pocos los que pondrían a la política de Putin también como de anexionismo.
–Respecto al primer punto: el sionismo cristiano en realidad no tiene un autor específico sino un conjunto de articulaciones imperiales que se desatan desde finales del siglo XVIII hasta la primera mitad del siglo XIX y que configuran el imaginario imperial británico. Hay un grupo de evangélicos muy importantes en Gran Bretaña que contemplan al imperialismo español por un lado y al imperialismo francés por el otro y dicen: “estos son dos proyectos anticristianos”. El católico es anticristiano porque tiene a la Iglesia Católica como garantía institucional, y el francés es secularista, liderado por Napoleón. Estos evangélicos dicen “debemos tener un proyecto para la segunda venida de Cristo. Así como los católicos persiguieron a los judíos y los franceses han olvidado a Cristo, nosotros tenemos que volver sobre el pueblo judío, tenemos que ser filosemitas”, así se llamaba, “para restituir a los judíos a su tierra prometida, Palestina”. Desde el punto de vista del sionismo cristiano, eso implicaría la consumación del dominio de Cristo a nivel planetario y por lo tanto la conversión de esos judíos de Palestina al cristianismo. Ese discurso que para nosotros es demente, en realidad es pura geopolítica en un discurso teológico-político. Lo que significa es “Gran Bretaña, una vez que ponga los judíos en Palestina, va a triunfar en el dominio del capital transnacional”. Cristo es el capital transnacional, Cristo va a dominar todo el planeta. Ese sionismo cristiano tiene una ramificación hacia el sionismo judío que interpreta a una burguesía, a una pequeña burguesía judía austriaca y británica al tiempo que comienza a configurar el movimiento colonial sionista, en la segunda mitad del siglo XIX. El sionismo cristiano surge a partir de esta coyuntura imperial en un proceso de por lo menos dos siglos, dentro de lo cual se forma el sionismo judío, y ambos son empresas coloniales que se destinan al dominio de Medio Oriente y tiene a Palestina como puntal. Eso se canaliza en 1917 con la entrada del de las tropas británicas.
–¿Eso implica que el imperialismo angloestadounidense en realidad un imperialismo cristiano-sionista?
–Sí, el imperialismo angloestadounidense es un imperialismo anglosionista. Es heredero del imperialismo hispano portugués del siglo XVI, del imperialismo franco-británico del siglo XVII y XVIII y es una última fase imperialista, que es la del capital fósil: petróleo, hidrocarburos. En cuanto a la pregunta sobre Putin, creo que estamos asistiendo a un momento de colapso de ese imperialismo por el renacimiento no solamente de Rusia como actor internacional, con un aparataje ideológico propio muy relevante, sino también de China. Eso está resquebrajando completamente el lugar de las hegemonías a las que estábamos acostumbrados en los años ’90. Por eso creo que se puede establecer una conexión entre el genocidio actual en Palestina y la guerra en Ucrania.
–¿En qué sentido?
–Lo que conecta a ambos es el capital gasífero, el capital del hidrocarburo. El proyecto israelí siempre fue dominar toda la Palestina histórica, pero en los últimos años se encontró un yacimiento de gas en las costas de Gaza, por eso siempre digo “Gasa”, con ese. Israel quiere convertirse en el sustituto de Rusia para proveer gas a Europa. Estados Unidos pretende que Europa no reciba gas de Rusia, porque se lo vendían muy barato y eso implicaba una fractura geopolítica para el dominio norteamericano sobre el continente. Obligó a Europa a comprarle gas y va a obligarle a comprarle a Israel, si es que Israel consuma ese proyecto. Eso es lo que está dirimiéndose ahí.
–¿Qué papel juega Rusia?
–La Rusia de Putin está produciendo una revolución, aunque en otro sentido a la Rusia soviética. Es una revolución orientada a una descolonización monetaria y reafirmar el carácter nacional de Rusia. De alguna manera también está impulsando una revolución decolonial respecto de su soberanía monetaria, junto con China, mientras Estados Unidos y el imperio anglo están en fatal retroceso. Lo que está experimentando Israel ha sido caracterizado por el historiador israelí Ilan Pappe como un proceso de colapso. Para mi, ese colapso no es privativo de Israel, sino del imperialismo angloatlántico, o del sionismo cristiano.
En una guerra todos pierden, pero alguno logra más objetivos que otro y al fin y al cabo es el que suele considerarse triunfador. Pero difícilmente todos puedan declararse ganadores a menos que todos mientan –lo que no es raro ya que la verdad es la primera víctima de una contienda– o que todo haya sido una representación teatral, como se solía decir ellos barrios, “para la gilada”. Esta última interpretación es la que hace el eximio analista brasileño Pepe Escobar, que califica de “teatro kabuki” a ese choque que Donald Trump pretende que se lo bautice como “la guerra de los 12 días”, en alusión a aquella de 1967 de seis días que terminó con la gran expansión territorial israelí sobre Gaza, los Altos del Golán y Cisjordania. En torno de ese incidente que el fin de semana pasado puso en vilo al planeta por las consecuencias catastróficas para la humanidad que podría desplegar, hay mucha tela para cortar y habrá mucha más en los próximos días. Pero vayamos paso a paso.
El mismo Trump belicoso que el sábado 21 de junio prometía bombardeos definitivos para poner punto final al plan nuclear iraní y hasta sellar la suerte del régimen de la República Islámica, dos días después anunció un acuerdo para un cese el fuego entre Teherán y Tel Aviv y se mostró como hacedor de una paz por la que debería ser premiado. Pero desde entonces los mensajes se cruzan, en un ejemplo de guerra cognitiva como no se tiene antecedentes.
Foto: Xinhua
Según la versión de la Casa Blanca y de Israel, un ataque con bombas de profundidad GBU-57/B desde aviones B-2 Spirit destruyó el complejo nuclear de Fordow, que está a un centenar de metros bajo capas de hormigón armado y la roca montañosa. Allí hay centrifugadoras para enriquecimiento de uranio, esencial para la producción de armamento nuclear, el gran temor que Benjamín Netanyahu promueve desde hace tres décadas. Las otras dos plantas atacadas, Natanz e Isfahan, contaban para Tel Aviv-Washington, pero menos. La central de Busheir, construida por Rusia y que produce energía eléctrica desde 2013, no fue ni mencionada. Dato importante: cuando Trump anunció el cese el fuego, el canciller iraní, Abbas Araghchi, estaba reunido en Moscú con Vladimir Putin.
El caso es que la administración Trump y de Netanyahu buscan desde entonces demostrar que de Fordow y del plan nuclear iraní quedan cenizas mientras que la evidencia muestra que los daños no son tan grandes como se quiere asegurar. Desde aquí no hay manera de saber cuál es la realidad, pero si el río suena… Además, el argentino que podría averiguarlo, el director del Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA), Rafael Grossi, no podrá volver a poner los pies en Irán, que lo acusa de haber revelado información sensible a los israelíes que permitieron asesinar a un grupo importante de científicos especializados el 13 de junio pasado. De hecho, este sábado se desarrolló en la capital persa una multitudinaria despedida a los militares y los expertos nucleares que, en algunos casos junto con sus familiares directos, fueron eliminados en sendos operativos israelíes.
Otras cuestiones: antes del anuncio de Trump, Irán atacó la base aérea Al Udeid de EE UU en Qatar. El 47º presidente dijo que no hubo daños y que las autoridades iraníes le habían avisado antes. El periodista Seymour Hersh y el ideólogo ultraderechista Steve Bannon aseguraban desde días antes que el ataque de EE UU en Irán era inminente. O sea, hubo tiempo y buena info para que vaciaran Fordow, como parece haber ocurrido.
Pero más allá de estas escenas teatrales, en esos 12 días, según las cifras oficiales, se registraron más de 600 muertos en Irán y una treintena en Israel, con una gran destrucción edilicia en ambos países. En el caso israelí, por primera vez su población vivió algo de lo que cotidianamente sufren gazatíes y palestinos de Cisjordania: la destrucción de sus viviendas y la amarga realidad de perderlo todo. Y la no menos amarga verificación de que el “Escudo de Hierro” contra ataques aéreos no funcionó contra los misiles persas, mientras Teherán jura que no más arrojó los más viejos de su arsenal. El país persa, a su vez, prontamente perdió su capacidad aérea por los precisos ataques israelíes en las bases. Otro punto para Israel fue la afectividad de su servicio de inteligencia exterior, Mossad, que realizó actos puntuales contra individuos e instalaciones clave. Lo que puede volver a hacer como actos de terrorismo contra quienes tilden de amenaza existencial.
Lo de Trump es más difuso. Quedó ante sus leales de MAGA como un súbdito de las estrategias israelíes, por más que haga alharaca de estar moviendo los hilos de las relaciones internacionales. Un rol que lo obliga a exagerar sus bravatas hasta el borde del ridículo. En eso no está solo. Los jefes de Estado de la OTAN compiten por imitarlo. El titular de la organización atlántica, el neerlandés Mark Rutte, se calzó su sonrisa de plástico cuando Trump, a su lado, dijo que los israelíes y los iraníes se “pelean como dos niños en el patio del colegio” y acotó: “a veces papi tiene que usar lenguaje fuerte”.
En la cumbre de La Haya todos los países de la OTAN -España con sus reservas- se sometieron a «Papi» para acordar una suba al 5% del PBI destinado a armamento, como reclama el inquilino de la Casa Blanca. Un adicional de más de 2 billones de dólares para fines bélicos. Música para los oídos de las británicas BAE Systems y Rolls-Royce, las alemanas Rheinmetal y Thyssen Kryupp, las francesas Thales y Dassault, las italianas Leonardo y Fincantieri y la sueca Saab. Pero sobre todo de las industrias estadounidenses –Lockheed Martin, Raytheon y Northrop Grumman entre ellas– que se llevarán más del 60% de esa torta.
¿Cuánto pasará hasta la próxima batalla? Difícil saberlo, pero es obvio que todos están analizando lo que pasó y como dar otra vuelta de tuerca. Y también que tanto EE UU como Israel tienen un historial de tomar los acuerdos como papel mojado. «
Foto: Xinhua
Colonos sin freno en Cisjordania
En el marco de la ocupación indiscriminada de territorio de Cisjordania, el Ejército de Israel se cruzó con una turba de colonos ilegales que llevaba días atacando los palestinos que viven en campamentos de refugiados en la localidad de Kafr Malik, pero que, exacerbados en su violencia, apedrearon los soldados e incluso trataron de atropellarlos con sus vehículos, publica la agencia Europa Press.
Las autoridades palestinas, por otro lado, denunciaron que tres personas fueron asesinadas por disparos del Ejército israelí, que en este caso alegó defensa propia. El Gobierno palestino en Cisjordania condena habitualmente que los colonos actúan bajo la protección de los militares «pero también existen tensiones evidentes entre ellos y los soldados que afloran de cuando en cuando», dice EP.
En su comunicado de este sábado, el Ejército denuncia que los colonos ignoraron las órdenes de alejamiento sobre la localidad de Kafr Malik y se acercaron esta pasada noche a la zona con un convoy de vehículos. Ni bien llegaron los refuerzos del Ejército, «decenas de civiles israelíes lanzaron piedras contra los militares, a los que asaltaron físicamente en medio de insultos».
Este incidente se conoció cuando en las últimas semanas están saliendo a la luz denuncias de soldados israelíes que aseguran estar recibiendo órdenes de balear a la multitud que se acerca a los centros de distribución de ayuda de la Fundación Humanitaria de Gaza (GHF en inglés) para ahuyentarla “incluso cuando es evidente que no representaban ningún peligro”, según revelan efectivos de las FDI en un compilado del diario israelí Haaretz.
El avance contra la población cisjordana parece incontenible, violando toda legalidad internacional. Así, el israelí Amos Brison, editor del portal +972, señaló que la Oficina Central de Planificación de la Administración Civil de Israel está desarrollando un plan para expulsar a “unos 2500 palestinos que viven en un grupo de aldeas en la región de Masafer Yatta, al sur de Cisjordania”. Se trata de una zona que abarca unas 20 aldeas “declaradas zona militar cerrada a principios de la década de 1980 para desplazar por la fuerza a sus residentes palestinos”.
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