por Alberto López Girondo | Sep 12, 2016 | Sin categoría
Patricia Villegas es colombiana de Cali, y desde hace cinco años presidenta de Telesur, la experiencia multiestatal latinoamericana que nació bajo el impulso de Hugo Chávez en 2005 y de la que Argentina formaba parte tras un convenio firmado por el ex presidente Néstor Kirchner.
Hasta que el gobierno macrista decidió salirse de la sociedad, y la señal fue bajada de la grilla en los servicios de cable y quedó fuera de Televisión Digital Abierta, lo que impide que llegue en forma gratuita a cientos de miles en todo el territorio.
Ante Tiempo, argumentó que no pierden las esperanzas de regresar. “Hace unos días, las autoridades dieron marcha atrás con la decisión de sacar al canal ruso RT de la plataforma TDA, ¿por qué no podrían hacerlo con un canal como el nuestro, que por otro lado es el que tiene la cobertura más extendida de lo que ocurre en nuestro continente?”
Villegas y representantes locales de Telesur recorrieron redacciones y estudios para plantear sus razones, estuvieron con militantes sociales y políticos, pasaron por el Congreso y se reunieron con el secretario de Medios Públicos, Jorge Sigal.
Por ahora la respuesta fue negativa. Acusan al canal de “no respetar la pluralidad de contenidos”, pero curiosamente la respuesta, al menos por ahora, es que esa voz “no tendrá lugar”.
Tiempo Argentino
Setiembre 11 de 2016
por Alberto López Girondo | Sep 12, 2016 | Sin categoría
Visitó Buenos Aires junto con la presidenta de Telesur (ver aparte) y se puso al hombro la defensa de la dirigente jujeña Milagro Sala. Piedad Córdoba tiene un largo historial de lucha por reivindicaciones sociales y políticas en Colombia y aquí se enteró de dos novedades de gran peso específico para su propio desagravio: se cayó una de las causas que le quitó su mandato como senadora por el Partido Liberal, en 2010, y está por cerrarse otra en un par de días, al tiempo que el personaje que ordenó su inhabilitación –en un caso por 18 años y en el otro por 14–, el procurador general Alejandro Ordóñez, fue cesado del cargo por irregularidades flagrantes en su designación hace tres años. La había acusado de vínculos con el terrorismo, cuando ella es una pieza clave en el proceso de paz con las FARC que está a punto de cumplir su etapa fundacional.
–Uno de los temas pendientes para llegar a la paz pasa por desarmar a los paramilitares. ¿Cómo que se puede lograr, cuando el ex presidente Álvaro Uribe es uno de los opositores al acuerdo y uno de los impulsores de esos grupos criminales?
–Debe ser una decisión del Estado en su conjunto, porque muchas instancias del Estado están permeadas de este fenómeno paramilitar. Los acuerdos dejan planteada toda una estrategia para desmantelar a los paramilitares, pero ellos no existirían si no existieran empresarios que los cobijan, o sectores de las fuerzas militares y policiales que trabajan de la mano con ellos. Porque a pesar de que supuestamente cuando era presidente Uribe se aprobó la ley de Justicia y Paz y se hizo una desmovilización, la verdad es que siguen vigentes. En los últimos 12 años hubo muchos asesinatos de líderes y lideresas populares. No hubo realmente una voluntad expresa de terminarlos. Además, hubo una incursión paramilitar muy reciente en Venezuela que ayudó muchísimo a desestabilizar en una sociedad que no está acostumbrada a este tipo de fenómeno y un ejemplo es lo que ocurrió la semana pasada (antes de la marcha de la oposición al chavismo) cuando detuvierona a 92 paramilitares que, hasta donde tengo conocimiento, son todos colombianos. Da cuenta de un mercenarismo, de un sicariato de exportación que va a lugares donde hubo procesos progresistas como en Ecuador o Venezuela. Es un obstáculo muy grande no sólo para el acoplamiento de los acuerdos en el territorio sino para los países de la región.
–El sistema judicial, como en el resto de nuestros países, también es un factor clave.
–En Colombia se está hablando de una constituyente para hacer una reforma de justicia. Pero la gente tiene claro que la administración de justicia no funciona como debería. Aunque hay que reconocer que ha habido avances. Hubo una serie de desfalcos de grupos financieros que captan dinero y estafaron a muchas personas y la justicia puso tras las rejas a delincuentes de «cuello blanco». Grandes empresarios, industriales, “gente bien” como dicen ellos, pero que robaron a la gente. Ahí sí operó la justicia. Otro caso es cuando se denunció que el 30% del paramilitarismo se tomó el Congreso de la República, y más de 80 parlamentarios terminaron en la cárcel. Pero falta muchísimo y yo diría que en algunos casos como el del procurador general, se demora demasiado, tres años.
–En su caso, le quitaron seis años de su vida política.
–El procurador utilizó su cargo para perseguir y judicializar opiniones. Como cuando pedí en México que los gobiernos demócratas de América Latina cortaran relaciones con un gobierno paramilitar como el de Uribe. A Ordoñez le pareció que era contribución al terrorismo y fue uno de los argumentos para inhabilitarme. Otro argumento era mi amistad con (Hugo) Chávez y con Fidel. Lo que demuestra que también el aparato contencioso administrativo se utilizó para perseguir a quienes creemos de otra manera.
–A Ordoñez lo echan tres años después de haber sido reelecto en condiciones irregulares…
–Tenía que haber una terna para ese procedimiento y al renunciar una candidata, él logró manipular al Congreso para no seguir las reglas y que lo designaran. Le tienen terror y pánico: había ido contra mí, contra el alcalde de Bogotá, Gustavo Petro, al que destituyó, y pretendía hacer lo mismo con el congresista Iván Cepeda.
–¿Qué cambió en su vida en estos seis años?
–Mucho. Estaba acostumbrada al Congreso, donde muchas de las inquietudes que se recogen en el trabajo con la gente se lo puede volver un debate o una política pública. Fue una experiencia muy importante porque me permitió estar más con la gente, conocer más de cerca las dinámicas. En estos seis años se levantó el movimiento campesino que yo realmente conocía como demandas pero no en dinámica.
–Metió los pies en el barro.
–Realmente sí. Me permitió crecer con el movimiento estudiantil, me metí en el movimiento social con todo, y no volví ni al partido.
–¿Cambió su pensamiento, su visión del mundo?
–Adquirí más conocimiento, más argumentos, pero sobre todo más compromiso. Porque me pasaron tantas cosas: el escarnio público, el señalamiento, la macartización, prácticamente me sacaron de todas las listas porque era una persona peligrosa aliada con el terrorismo. Pero de todas maneras me dediqué a profundizar en las teorías del socialismo, a convencerme cada vez más de que eso era lo que yo debía hacer. Otra persona hubiera podido ir a buscar el poder para quitarse ese problema de encima. Yo asumí esto, demandé ante la autoridad competente y esperé tranquilamente que se dieran las cosas como se están dando.
–¿Volverá al Congreso?
–No me volveré a presentar. Hubiera querido estar en esta etapa, para eso me preparé, para eso luché tanto. Me imaginaba en los grandes debates argumentando, empujando para este proceso. Pero ya no me preocupa volver. Sí me preparo para ir a una constituyente; allí se tiene que dar cuenta de las reformas que requiere el país.
–¿Cómo la tratan los medios de comunicación que en estos años fueron lapidarios?
–Ave María, les tengo pánico. Y mucha aversión, lo tengo que reconocer. Nunca fui una persona pendiente de canjear favores para aparecer en un medio o por una entrevista. Siempre fui muy autónoma en eso y muy clara de que no iba a ser muy bien recibida. Eso no va a cambiar y tú tienes claro que un medio de comunicación es la extensión del poder financiero y que ellos se apoderan del poder político; no van a querer a personas como yo. Primero porque no voy a las fiestas sociales. Segundo, vamos a estar en la línea de quema siempre, porque siempre iremos a hablar por los pobres, a favor de los grandes cambios que tienen que darse en la sociedad y que no van de la mano del sistema financiero ni de las multinacionales. En Colombia, pensar en una ley de medios es como pegarse un tiro en la sien, pero eso lo vamos a tener que hacer. No puede ser posible que el derecho a la información, que es un derecho humano fundamental, esté birlado por quienes detentan el poder económico.
–Es curioso pero el presidente Juan Manuel Santos proviene de una familia que fue dueña del grupo El Tiempo, el principal medio gráfico colombiano.
–Sí, ahí se acunó, es un hombre del poder, indiscutiblemente, pero también creo que llegaron a un empate en que ni gana el Estado ni gana la insurgencia. Durante muchos años la insurgencia no permitió que muchas regiones muy ricas no pudieran ser totalmente explotadas ni arrasadas por empresarios o multinacionales. Nosotros vemos una paz muy distinta. Para ellos la paz es que se acabe la confrontación y los riesgos para la inversión. Para nosotros es la posibilidad de construir un sistema social, político y económico que dé garantías para el buen vivir. Al presidente Santos debo reconocerle que así sea por esa razón, pudimos llegar a unos acuerdos y a la posibilidad de cesar esa matanza, aunque no se haya tocado el modelo. Se necesita una reforma política que permita expresarse a muchos sectores que no pueden hacerlo. Me preguntará por qué. Porque los requisitos para formar un partido o para acceder al Congreso son tan altos que sólo se mantienen ellos en el poder. Algunos dicen que las FARC están tan desprestigiadas que no van a poder llegar. Pero es que no se trata de que las FARC lleguen sino de que llegue un conjunto de la sociedad.
–¿Se siente parte fundamental de este proceso de paz?
–Sí, claro, me siento así, y a pesar de que los costos fueron muy altos no me arrepiento. Diría, como el título del libro, “confieso que he vivido”. Aunque hay una cosa que no repetiría: no confiaría tanto en algunos que no debí confiar.
–¿En alguien en particular?
–Mucha gente en la que creía y que me dio la espalda. Lo más duro fue la salida del Congreso y por eso no quiero volver. Muchos de mis compañeros no me dejaron ni exponer mi defensa. Fue como una especie de entierro donde una está muerta y a la vez puede ver quién va, quien habla, quién llora.
–En cierto modo es lo que le ocurrió a Dilma Rousseff.
–Así es. Cuando me pasó, recibí mucho apoyo de Cristina y de Chávez. Yo le dije ayer (por el jueves) a Cristina que no podía dejarse meter en la cárcel porque mañana o pasado sale pero ya obstaculizaron el camino para que una lideresa como ella pueda ser la que jalone un proceso que no se puede perder. Los medios se ensañan con ella como lo hicieron en Brasil con Dilma. Parece que todo lo que pasa es culpa de Cristina. Es una matriz de noticias donde parece que lo peor que ha pasado hemos sido nosotras.
Tiempo Argentino
Setiembre 11 de 2016
Fotografía, Soledad Quiroga
por Alberto López Girondo | Sep 7, 2016 | Sin categoría
La destitución de Dilma Rousseff tenía una estricta agenda que los conspirados siguieron con precisión quirúrgica: tenía que abrirse el impeachment antes del inicio de las Olimpíadas de Río, y culminar el proceso final antes de la cumbre del G20 en China. El 5 de agosto no debía cumplirse el sueño del líder del PT, Lula da Silva -que en su momento de auge político internacional consiguió atraer para América Latina el mayor de los certámenes deportivos- con su sucesora en el gobierno. Hubiese significado darle un espaldarazo en medio del acoso mediático y judicial a que era sometida Dilma Rousseff desde que juró su segundo mandato, en enero de 2015.
El 5 de setiembre, en cambio, el que se sacará la foto consagratoria con Barack Obama y los líderes del mundo desarrollado en Hangzhou tenía que ser Michel Temer, «el destituyente». Y a eso viajó presuroso el ahora presidente, para buscar el respaldo en el gigante asiático que no puede lograr en su país, donde tiene una imagen negativa del 68% según la última encuesta de Ipsos.
Curiosa cumbre la que enfrentan los chinos, con un puñado de jefes de gobierno que estrenan cargos en medio de situaciones no demasiado claras. El caso de Temer es el más paradigmático y el jefe del PMDB -el partido de centroderecha que acompañó al PT en estos últimos doce años y se dio vuelta cuando comenzaron a soplar nuevamente vientos neoliberales- ahora encuentra el rechazo de los medios internacionales más influyentes, algo que en su país natal no le ocurre porque si llegó a ocupar el cargo fue por la presión constante de los grupos brasileños sobre la anterior gestión. Tanto el New York Times como Le Monde, que no se pueden tildar de «petistas», rechazan la forma en que la democracia brasileña resulta afectada por el golpe parlamentarios contra Dilma.
Está también el caso de la primera ministro británica, Theresa May, que llegó al 10 de Downing Street no por elecciones populares sino luego del referéndum para que el Reino Unido deje la Unión Europea, y uno que entra casi por la ventana, Mariano Rajoy. España es un invitado de cortesía a estas cumbres ya que su país no forma parte del G20.
Rajoy llega con un cargo altamente cuestionado y luego de recibir el segundo cachetazo a su investidura y ante la perspectiva de ir a una tercera elección general en menos de un año. De todas maneras, se reunirá con Temer para hablar de inversiones y prometer acercamientos que difícilmente se puedan cumplir bajo su mandato. El que en este contexto parece más «prolijo» sería el argentino Mauricio Macri, que si bien está en medio de manifestaciones en su contra en su país por su política económica, al menos puede vanagloriarse de que llegó al poder mediante el voto ciudadano.
Mientras tanto en Brasil las calles volvían a llenarse de manifestantes que en forma espontánea salían a protestar por el golpe institucional contra la presidenta elegida por 54 millones de votos hace apenas dos años. Nuevamente hubo represión policial con bombas lacrimógenas y gas pimienta en Río de Janeiro y San Pablo.
La represión es la única arma fuera de la protección mediática con que cuenta Temer para imponer un plan económico que echa por tierra con todas y cada una de las políticas inclusivas que mantuvo el PT (ver columna aparte). El poder de los medios en Brasil es de tal magnitud que en una conferencia que dio el viernes desde el Palacio de la Alvorada, que deberá dejar en un par de semanas, Dilma Rousseff reconoció que su partido se dio cuenta tarde de la influencia decisiva de «cuatro o cinco grupos de medios» sobre el conjunto de la sociedad. O Globo, de la familia Marinho, fue clave para limar el poder de su gestión, y luego forzar el imaginario popular para aceptar la destitución.
O Globo había reconocido y asumido culpas por el apoyo al golpe de 1964 cuando se cumplieron 50 años de aquel otro atentado contra la democracia, que llevó al poder a una brutal dictadura militar que mantuvo en cautiverio y torturó a la ahora ex presidenta, por entonces militante de un grupo armado.
La parábola de todo este proceso de impeachment es que aquellos militantes habían apostado por la lucha política en 1985 y así pudieron llegar a cargos durante el periodo que acaba de concluir, como en cierto modo resaltó Dilma Rousseff, y se quedan con el sabor amargo de que la derecha nunca acepta perder el control social. Ni aun cuando en estos años la gran burguesía ganó dinero como pocas veces en su historia.
En Shanghai, ni bien llegó desde Brasilia para el encuentro del G20, el canciller de la gestión de Temer, José Serra -dos veces derrotado en las urnas por el PT- se permitió sermonear a sus vecinos regionales, al responder una pregunta sobre el enfrentamiento con el gobierno uruguayo en torno al Mercosur. «Tengo certeza de que nuestras relaciones con Uruguay mejorarán, pero no tengo la misma certeza respecto de Venezuela o frente a las medidas adoptadas por Ecuador y Bolivia (que retiraron sus embajadores de Brasilia), que se están dando un tiro en el pie de ellos mismos. Espero que tengan madurez para aprender de la experiencia democrática brasileña», dijo sin inmutarse. Serra gestiona esa foto de Temer con Obama porque la considera clave para consolidarse ante el escenario internacional.
Para Obama la foto también puede ser importante. Es su último G20 y cuando asumió, en 2009, Estados Unidos venía de sufrir un duro golpe con el NO al Alca que entre Néstor Kirchner, Lula da Silva y Hugo Chávez le propinaron a su antecesor George W. Bush en Mar del Plata en 2005. Sin decir «agua va» durante su gestión se iniciaron los golpes parlamentarios primero en Honduras, ese mismo año, luego en Paraguay en 2012 y ahora en Brasil. En el medio, en Argentina ganó un amigo de Estados Unidos, abrió relaciones con Cuba y aprieta el lazo con Venezuela. Una forma de entregar el poder con el «patrio trasero» -como no olvida su secretario de Estado John Kerry- bastante ordenado. No podría pedir mucho más.
Tiempo Argentino
Setiembre 4 de 2016
por Alberto López Girondo | Feb 29, 2016 | Sin categoría
A una semana del primer comicio que perdió Evo Morales desde que llegó al poder en Bolivia, en enero de 2006, los dos temas de debate en el país del altiplano son, en ese orden, el embate de los medios y de la derecha, que presagian el final abrupto del proceso revolucionario y la existencia de un hijo ilegítimo del mandatario con una mujer que actualmente es gerenta de una empresa china.
El resultado del referéndum con el que Morales esperaba reformar la constitución del Estado Plurinacional por él promovida, en 2009, fue lo suficientemente ajustado como para no hablar de una derrota fulminante, 51,27 a 48,73 por ciento. Fue casi un empate bien lejos del estrepitoso golpe del chavismo en las parlamentarias de diciembre pasado. Pero en un escenario continental donde la derecha antipopulista viene ganando elecciones, era obvio que este traspié fuera leído desde el establishment y desde sus medios dominantes como un nuevo avance para revertir esta década larga de gobiernos progresistas. Y justo en el corazón de América Latina y ante el proceso, junto al venezolano, que más había logrado reconvertir las instituciones en beneficio de los desposeídos.
Es cierto que el gobernante MAS no había perdido ninguna elección desde entonces y de hecho siempre ganó con un promedio de 60% de los votos. Pero no es verdad que Morales se haya mantenido invicto hasta el domingo pasado. En realidad, ya había perdido las presidenciales de 2002 a manos de Gonzalo Sánchez de Lozada -el dirigente criado en Estados Unidos que habla castellano con notable acento «gringo»- quien duraría en el cargo lo que un suspiro tras las políticas ultra-neoliberales que aplicó.
Más allá de estos detalles, es bueno recordar que el propio Hugo Chávez Frías perdió un referéndum para reformar la constitución por él creada para poder ser reelecto, en 2007. Y que luego de ese único tropiezo ganó todos los comicios posteriores, incluso el que le permitió un nuevo período presidencial, en 2012. De allí las palabras de Morales tras reconocer el resultado adverso: «Se perdió una batalla, pero no la guerra».
La importancia de esta consulta popular, que se adelanta en tres años a las futuras presidenciales, que serán en 2919, radica en que precisamente por ser un país rodeado de naciones ahora envueltas en sus propias problemáticas -en Brasil con el acoso de la oposición conservadora y en la Argentina, con el triunfo de Mauricio Macri- debía dar señales de previsibilidad.
Hace unos meses Morales hizo una gira por Europa para buscar inversiones. Bolivia creció y consolidó un modelo económico exitoso como nunca había ocurrido en los 180 años de independencia, conducido por el primer presidente de raíz indígena. Pero el entorno regional y la crisis mundial, debido a la baja de sus principales productos de exportación, como son los hidrocarburos y los recursos mineros, ponen en jaque esa misma espiral creciente.
Hasta los medios y los analistas más derechosos reconocen el éxito en la gestión del MAS. Es que a pesar de haber expropiado algunas de sus empresas de servicios durante este gobierno, los inversores cuentan con horizontes de crecimiento y ganancias que los mercados agradecen: un estado fuerte y bien administrado, una sociedad con expectativas de crecimiento pero sobre todo sin conflictos sociales.
En esa gira, y tras un encuentro con la líder alemana Angela Merkel -desde 2005 jefa de gobierno alemán y aspira a lograr su cuarto mandato en 2017, algo que en Europa no llama la atención- Morales se preguntó por qué si en el viejo continente los dirigentes no tienen límite para su gestión él no podría hacer lo propio en Bolivia. Desde el punto de vista retórico, el argumento es cierto, pero en la práctica hay algunas diferencias entre los gobiernos parlamentarios a la usanza europea y los presidencialistas calcados del modelo estadounidense que pululan en nuestra región. Los americanos, sin distinciones, no aceptamos las monarquías, salvo en los cuentos infantiles o para la festividad del 6 de enero.
El primer ministro con poder ejecutivo y un parlamento detrás, bajo la sombra de un monarca o un presidente que garantice la institucionalidad en caso de crisis, es una respuesta europea a los problemas europeos. Un sistema que en Argentina alguna ver propuso el presidente Raúl Alfonsín y que suele alentar el ex juez supremo Raúl Zaffaroni.
Quizás entre las razones para que más de la mitad de los bolivianos hayan dicho NO a una nueva reelección de Morales esté el hastío por liderazgos de largo aliento, aún a pesar de que todos reconocen el avance que los ciudadanos lograron desde la llegada de Morales al Palacio Quemado. Sobre esta percepción es que se montó una furiosa campaña en los medios concentrados de información acerca de las bondades de la alternancia en el poder. Algo que la realidad desmiente: sólo basta mirar la encrucijada en que se sumergió España con la ruptura del bipartidismo el 20D de 2015.
Morales y sus partidarios se mostraron particularmente afectados por el embate furioso de los medios. Pero es bueno recordar que alguna vez Juan Domingo Perón se burló del rol de los medios en la política al decir que «en 1955, con toda la prensa a favor, nos echaron. En 1973, con toda la prensa y los medios en contra, volvimos». De todas maneras, habrá que admitir que influyen.
Aquí viene a cuento mencionar el viejo recurso de socavar la credibilidad de un líder político ventilando trapitos personales al sol en medio de un comicio. Gabriela Zapata, quien fue pareja del presidente entre 2005 y 2007, habría tenido un hijo con él del que hasta ahora no se tenía noticia. Entre otras razones porque según informó el presidente, el niño habría muerto al nacer. El caso salió a la luz a través de un periodista, Carlos Valverde, sindicato como agente de inteligencia de gobiernos de derecha. Y salió justo tan oportunamente como para enchastrar al mandatario unos días antes del referéndum del 21F. Morales es soltero y tiene otros tres hijos reconocidos con dos mujeres distintas. El tema de debate ahora es que la familia de Zapata, detenida por la justicia porque la denuncia original habla de tráfico de influencias, asegura que el pequeño no murió. Evo asegura que a él le dijeron que había muerto. Las dos cosas pueden ser ciertas.
Los hijos no reconocidos de presidentes no son algo extraño en la política del todo el mundo. Y sino que lo diga Anne Pingeot, que tuvo una hija con el ex presidente francés François Mitterrand de la que se supo recién cuando el líder socialista dejó el cargo, en 1995. En Paraguay, las primeras acusaciones contra Fernando Lugo ni bien llegó al poder es que tenía varios hijos no reconocidos con sendas mujeres. Lugo, de tendencia centroizquierdista, había sido obispo en la región de San Pedro y el hecho daba para hablar de la hipocresía de un representante de la iglesia que prometía cambiar el orden socioeconómico en ese empobrecido país. Pero el caso fue ventilado por los que se niegan a perder prebendas centenarias que incluyen, en muchos casos, el medieval «derecho de pernada».
En Brasil, Lula perdió la segunda vuelta de 1989 ante un personaje construido por O Globo con técnicas sutiles de marketing electoral , Fernando Collor de Mello, quien tuvo que renunciar dos años más tarde por corrupción. Días antes del balotaje, la cadena O Globo invitó a Miriam Cordero, una enfermera con la que Lula había tenido una relación antes de su segundo casamiento y con la que había tenido un hijo. Ante las cámaras, Cordero aseguró que el dirigente metalúrgico le había pedido que abortara. Un escándalo en el país católico más grande del mundo.
Pero ahora se conoció un escándalo mucho más grande y duradero que salpica al ex presidente Fernando Henrique Cardoso, quien tuvo una relación extramatrimonial con la periodista de O Globo –cuándo no- Mariam Dutra. La mujer denunció que el viejo líder político que reclama la renuncia de Dilma Rousseff por casos de corrupción que publican los medios y se muestra como hombre venerable y digno no solo le hizo abortar en dos ocasiones sino que cuando nació su hijo, hace 25 años, se las arregló para que madre e hijo viajaran a Europa, lejos de los focos de la prensa, y armó una estructura ilegal para financiar los gastos de ambos.
La protección mediática que tuvo Mitterrand mientras tuvo poder es comparable a la de Cardoso en un cuarto de siglo. Los ataques mediáticos que sufrió Lula desde que quiso ser presidente trocaron ahora a presuntos casos de corrupción en los que se implica a uno de sus hijos. Ni que decir los ataques contra Evo cuando era simplemente un dirigente cocalero. Son los mismos ahora que quiere un nuevo mandato para garantizar continuidad a un proyecto político revolucionario. Y que sufrirá su hija Evaliz, si verdaderamente se ofrece como garante de ese proceso en 2019.
Tiempo Argentino
Especial 29 de febrero de 2016
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