por Alberto López Girondo | Nov 26, 2011 | Sin categoría
En la mira de los especuladores, Italia tuvo que pagar unas tasas de interés fuera del límite de lo razonable para colocar bonos por poco más de 12 mil millones de dólares. Duro estreno del gobierno tecnócrata de Mario Monti, quien hasta hace unos días era la promesa de consolidación de la esquiva realidad económica que dejó el inefable Silvio Berlusconi.
Para poner esta aseveración en números, Italia tuvo que pagar un promedio de 7,814% para conseguir 2000 millones de euros en bonos a dos años, casi el doble de los 4,628% que debió pagar en la anterior subasta, el 26 de octubre.
Por los otros 8000 millones de euros que emitió ayer, pagarán a seis meses el 6,504%, que también duplica una colocación anterior, de 3,535%. El rendimiento de los bonos italianos a diez años subió a 7,30%, una cifra que está por encima del margen de 7% que se considera el tope de sustentabilidad, en vista de lo que se vivió en los momentos previos a los rescates de Grecia, Irlanda y Portugal. Estos números incluso podrían ser mayores si no fuera porque el Banco Central Europeo salió a comprar deuda italiana en el mercado secundario, según revela la agencia Bloomberg de fuentes reservadas.
Pero los mercados especulativos no solo afilan sus dientes sobre Italia. Portugal padece un nuevo embate sobre sus devaluados papeles y la prima de riesgo país trepó por encima de los 1000 puntos básicos (curiosamente muy similar a la que la Argentina de 2001 padecía hace una década). Las agencias de evaluación habían bajado la calificación de su deuda a cuasi basura, ahora las obligaciones lusitanas a diez años en el mercado secundario cotizan al 12,3% de interés. En el caso de los títulos portugueses a dos años, la prima pasó del 16,2%.
Por las obligaciones a cinco años, los inversores se plantaban en el 15,4%. También Bélgica apareció en el ojo de la tormenta, y los papeles belgas para el término de diez años superaban por primera vez los 350 puntos básicos (3,5%) sobre la deuda alemana.
El índice país en esos territorios es el diferencial por sobre lo que pagan los inversores por el bono alemán. Y precisamente estos títulos, medida de todas las cosas en el mundo económico financiero de la Europa de estos tiempos, están mostrando también señales de que ya no son el refugio que supieron ser hasta no hace mucho. Así, el Euro-Bund-Future –instrumento de referencia– cayó un 0,53%, hasta los 134,33 puntos, y el rendimiento a diez años volvió a subir hasta 2,235 %. Es más, el miércoles Berlín sólo pudo colocar el 62% de los papeles que sacó a oferta pública, lo que expresa para los analistas del Commerzbank el miedo de los inversores a la solidez que pueda mostrar la primera potencia europea cuando todos alrededor –incluido su principal socio, Francia– están en zona crítica.
El nivel de descrédito sobre la consistencia europea llevó a que el presidente de la Comisión Europea (CE), el portugués José Manuel Durão Barroso, volviera a lanzar un pedido desesperado a las naciones más poderosas del continente para que den muestras indubitables de que apoyarán al euro “sin reservas” en este momento “preocupante” para la Unión Europea. Desde Estoril, Durão Barroso consideró que el reto de la zona euro es ver si “hay la solidaridad necesaria para sustentar una moneda única”.
Por ahora, la solución que aceptarían los alemanes pasa por modificar el Tratado de Lisboa, el documento que oficia de Carta Magna para el bloque regional. No se sabe mucho de los detalles de lo que pretenden Nicolás Sarkozy y fundamentalmente Angela Merkel, pero todo indica que irá en la línea de las modificaciones que debieron aceptar españoles e italianos, que incluyeron una cláusula para que el desborde fiscal sea un delito de lesa constitución. En el caso de la UE, además del compromiso económico, cada país debería aceptar la intervención de los organismos supranacionales para comandar los barcos que caigan en avería financiera a “buen puerto”.
Habría que mencionar que no sólo el ataque especulativo se ensaña con los países del euro, ya que las agencias también devaluaron los bonos húngaros, ante la protesta del gobierno magyar, que desplegó buenas razones para considerarlo un ataque meramente especulativo: Hungría, en la UE pero con moneda propia, subió su nivel de endeudamiento hasta el 82% del PBI, similar al de Francia y Alemania, contra el 180 % de Grecia y el 120 % de Italia. Hay que señalar que, además, no se pueden dar el lujo de devaluar porque eso significaría abandonar el euro. O sea, Hungría no está peor, pero la califican peor.
Ante esta situación, algunos especialistas europeos ya hablan de que se está produciendo una verdadera fuga de capitales. Hacia América Latina, en forma de financiación de proyectos mineros o industriales. O en busca de menos riesgo bancario, aunque parezca extraño.
“América Latina es uno de los nuevos centros de poder en el mundo”, se encargó de registrar el ministro alemán del Exterior, Guido Westerwelle, durante una conferencia en una cumbre a la que asistieron representantes latinoamericanos. “Europa tiene que reformular su postura” sobre esa región del mundo, destacó el alemán.
“Una Europa en crisis y una América Latina emergente tienen buenos motivos para re enamorarse”, replicó la Secretaria General de la Unasur, María Emma Mejía. La diplomática colombiana, quien sucedió al ex presidente Néstor Kirchner al frente de la institución regional, abundó luego en detalles sobre los recursos que tiene la región.
“En una época de crisis como esta podemos decir que hoy somos parte de la solución y no parte del problema, como nos ocurría antes”, añadió Mejía, quien destacó además que América Latina vive un “renacimiento político, económico y cultural sin precedentes”.
Hace unos días, en un encuentro informal, el analista internacional Carlos Escudé recordaba con ironía el grave error que suelen cometer los evaluadores de riesgo internacionales. Porque, insistía, “durante el siglo XX cualquiera que apostó a mantener sus riquezas en Europa padeció una infinidad de crisis económicas pero básicamente lo perdió todo en dos cruentas guerras mundiales”. Cierto que América Latina es un territorio de paz sin conflictos entre los países y con una uniformidad destacable que permite que casi 600 millones de personas esparcidas en 21 millones de kilómetros cuadrados puedan hablar prácticamente un mismo idioma.
Pero, como recuerda elípticamente Emma Mejía, el continente siempre ha padecido en mayor medida las crisis europeas. Sin embargo, ahora, por alguna inédita alquimia, los países centrales no han podido trasladar sus desbarajustes y sufren las consecuencias de sus errores en carne propia.
La medida del riesgo es sobre bonos a una década. ¿Quién hubiera apostado a este presente de América Latina y principalmente de la Argentina hace diez años? ¿Quién se atrevería a apostar por el futuro de Europa hacia 2021?
Tiempo Argentino, 26 de Noviembre de 2011
por Alberto López Girondo | Nov 5, 2011 | Sin categoría
La última sorpresa griega fue el intento de referéndum anunciado por Georgios Papandreu que, ante las nada diplomáticas presiones de franceses y alemanes, tuvo que retirar de la escena. “Teníamos tres alternativas: la primera era catastrófica, convocar elecciones; la otra era el referéndum, y la tercera solución era lograr un consenso más amplio para sacar adelante el plan de salvamento”, explicó en una nerviosa jornada en que terminó por pedir un voto de confianza ante el revuelo de su anuncio. “El referéndum no era un fin en sí mismo. El fracaso a la hora de aprobar el rescate hubiera supuesto nuestra salida del euro. Pero si hay consenso no hace falta un referéndum”, se explayó.
Los aprietes del francés Nicolas Sarkozy y de la alemana Angela Merkel fueron feroces pero ponían sobre el tapete la cuestión de fondo que se dirime en la Eurozona. Las reglas de juego las dictan Francia y Alemania, mal que les pese a sus socios regionales. Y entre ellas no figura que uno de sus países miembros decida cortarse solo y decidir si un acuerdo como el alcanzado a los tirones para reducir la deuda a la mitad a cambio de ajustes brutales –y que compromete el futuro de un par de generaciones– debe ser o no sometido a la voluntad popular.
Porque ¿Qué ocurriría de triunfar el rechazo, como se puede prever sin ser ducho en sondeos preelectorales? ¿Qué salida podría ofrecer Atenas que no fuera abandonar el euro y forzar una quita aún mayor o directamente ir a un default total? Esa posibilidad no cabe en los cálculos de los dirigentes paneuropeos, porque cualquier abandono sería un golpe mortal para la moneda común y seguramente la extremaunción para la economía continental.
Bueno es recordar ahora que la crisis se ensañó sobre todo en países que ya venían algo escorados en 2008 y que terminaron de darles la razón a los gurúes que, ante la primera señal de que el sistema financiero comenzaba a mostrar grietas, anotó con un acrónimo despiadado la inicial de las primeras posibles víctimas. Portugal, Italia (al principio era Irlanda), Grecia y España (Spain) da como resultado Pigs (cerdos, en inglés).
Así se sienten los ciudadanos de esas naciones, que reclaman soluciones a una situación que se traduce en la pérdida de beneficios sociales, baja de salarios, desocupación, inestabilidad y desesperación y que terminaron convertidos en espectadores de medidas que no aceptarían jamás por las buenas.
En el caso de Grecia, una decena de huelgas generales sirvieron para mostrar mucha fuerza pero poca efectividad práctica. En España, salvo el movimiento 15-M, que no se plantea opciones de política electoral, todo parece centrado en esperar el resultado de las elecciones del 20 de noviembre, con el prácticamente seguro triunfo del derechista Partido Popular, que cortará allá donde el Socialismo Obrero Español no se atrevió aun a hincar las tijeras. Que a esa altura ya no será tanto.
Italia ve tambalearse nuevamente al gobierno de Silvio Berlusconi. Pero a lo largo de su carrera política Il Cavaliere atravesó tantos trances en contra que para él no pasaría de ser otro embate contra su persona. Sólo que esta vez los planes de austeridad que le exige la Unión Europea no vienen solos sino que incluyen la instalación de un equipo de inspectores del FMI en territorio italiano para vigilar de cerca que se cumplan las promesas de reducir el presupuesto. Portugal, que en junio cambió gobierno, no por eso dejó de adecuarse al Diktat de Bruselas.
El embate final, sin embargo, es en la cuna de la democracia, el territorio donde el tercer Papandreu que llega a primer ministro (su abuelo lo fue en los ’60, su padre en los ’90), luchó por meses como gato entre la leña para darle largas al asunto y conseguir en tanto una quita del 50% en la deuda.
Hasta que anunció un referéndum que hizo temblar a Merkel y Sarkozy, y tiró un escalón más abajo todas las bolsas. Sucede que a la solución democrática no le fue muy bien para respaldar las decisiones del sistema de gobernanza común. Dinamarca y Suecia, por ejemplo, forman parte de la Unión Europea pero rechazaron en sendas consultas populares adherir a la moneda común, en 2002 y 2003. El año pasado, los islandeses también votaron en contra de los acuerdos de su gobierno para reparar las pérdidas sufridas por los bancos británicos y holandeses con el derrumbe de su sistema financiero de 2008.
Pero el antecedente más dramático se produjo en 2005, cuando se estaban dando las puntadas finales para la aprobación de la Constitución de la Unión Europea, el corpus legal que debía institucionalizar a la comunidad de naciones.
Algunos miembros de la UE aprobaron el texto en el Parlamento, pero otros decidieron someter la Constitución a una consulta popular, como para darle mayor entidad democrática. El problema fue que Holanda y Francia la rechazaron abrumadoramente. Para no arriesgarse a otro fracaso, la dirigencia comunitaria apostó a un documento que contuviera las mismas prerrogativas y características de una Ley de Leyes, pero sin el problemita de que pudiera ser denegado. Fue así que se elaboró el Tratado de Lisboa, finalmente aprobado por representantes de la población a través de cada uno de los congresos sin pasar por el veredicto de las urnas.
El Tratado de Lisboa fue firmado por los representantes de todos los miembros de la UE en diciembre de 2007 en la capital portuguesa. De la Constitución ya nadie habla fuera de las academias de estudio o los libros escolares.
Destino de olvido tendrá también el proyecto de referéndum de Papandreu. No así los acuerdos económicos que la UE obliga a cumplir sin la posibilidad de salirse del juego ni de debatir en un comicio.
Tiempo Argentino, 5 de Noviembre de 2011
por Alberto López Girondo | Oct 29, 2011 | Sin categoría
Al principio, las palabras del presidente francés, Nicolas Sarkozy, fueron todo elogios para el acuerdo alcanzado luego de durísimas negociaciones que terminaron con una quita del 50% a la deuda griega, sumada a un incremento en el fondo financiero de equilibrio y una recapitalización a los bancos en riesgos en el continente.
“De no haberlo hecho, no sólo Europa, sino todo el mundo hubiera ido hacia la catástrofe”, dijo Sarkozy a un programa de la televisión gala en horario central. El mandatario afirmó luego que las naciones de la Eurozona ya pagaron “las consecuencias de esa crisis en los últimos meses”. Pero justificó el costo del rescate con una alegoría hogareña. La UE, aseguró, se ha visto ante un “problema moral: Europa es una familia (…) y si cuando un miembro tiene problemas se le deja caer, ¿Qué mensaje se envía?”, se preguntó.
Pero a continuación descargó culpas hacia la dirigencia de principios de siglo, cuando el país helénico dejó de lado el drama e ingresó al mundo del euro. “Fue un error haber dejado entrar a Grecia, porque entró con cifras que eran falsas”, descargó el francés.
La jugosa entrevista también sacó a relucir el papel de las agencias de calificación en el proceso de aumento de la burbuja que terminó en una explosión en cadena en los países desarrollados que todavía no se sabe cuándo terminará. “El problema no son las agencias de calificaciones, sino nosotros, que gastamos demasiado”, añadió el inquilino del Elíseo.
Extraña defensa de las calificadoras, cuando desde hace meses los gobiernos europeos están despotricando contra esas instituciones que en las últimas décadas vienen cumpliendo un rol determinante en la circulación de inversiones alrededor del mundo.
Pero también en la profundización de las crisis, como curiosamente advertían en mayo de 2010 el propio Sarkozy y la canciller alemana, Angela Merkel, cuando las principales de este selecto club de evaluadoras, Moody’s, Standard and Poor’s y Fitch, descargaban su artillería contra la debilidad de la economía griega para hacerse cargo de sus deudas.
“La decisión de las agencias de rebajar la calificación de Grecia nos lleva a considerar el rol de esas consultoras en la transmisión de las crisis”, deploraron los líderes en una carta conjunta al presidente del Consejo Europeo, Herman Van Rompuy.
No por casualidad estas agencias son las mismas que desde fines de septiembre vienen bajando regularmente las deudas estatales y de privados de España e Italia, los dos países que siguen en la lista de las naciones más comprometidas con el pago de la deuda y la posibilidad de caer en default.
No se necesitaba que Sarkozy lo dijera en la tevé francesa. Que Grecia estaba floja de papeles como para entrar en la zona euro se sabía desde hace tiempo. Al punto que en febrero de 2010 una investigación del diario estadounidense The New York Times había revelado que Atenas pudo birlar los estándares de la rígida disciplina económica de la Eurozona mediante un entramado de ingeniería financiera armado por los bancos de inversión Goldman Sachs y JP Morgan, con el beneplácito del gobierno del entonces primer ministro conservador Konstantin Karamanlis. Juntos elaboraron la estrategia para dibujar descaradamente los datos de la economía, cuestión de ocultar el monto de la deuda real.
Con la base de los números artificiales y el guiño cómplice y favorable de las calificadoras, los inversores de todo el mundo no dudaron en fondearse con los “ultraconvenientes” bonos helénicos. El diario explicaba entonces algunos de los subterfugios para esquivar los controles legales.
*Goldman Sachs –el banco de inversiones que tiene un porcentaje de acciones del Grupo Clarín en la Argentina– colocaba bonos de deuda griega y entregaba al gobierno contratos de derivados, para reducir el impacto de las fluctuaciones en el tipo de cambio.
*Atenas emitía además deuda en monedas distintas al euro, y se contrataban seguros con los bancos de inversión. Pero según el diario neoyorquino, el secreto del éxito de esta maniobra fue que alteraba artificialmente el tipo de cambio al que se firmaban los contratos, con lo que en la práctica recibía más dinero del que nominalmente figuraba como deuda emitida.
De este detalle nada dijo Sarkozy en la entrevista, y es extraño que no le haya llegado un brief de prensa en aquel momento. O pasa que tiene compromisos con Goldman Sachs que se lo impiden.
Porque es bueno recordar que en mayo pasado, Sarkozy tuvo una gravitación determinante para la elección del italiano Mario Draghi al frente del Banco Central Europeo, la entidad que regula el flujo de moneda entre los miembros de la Eurozona, en remplazo del francés Jean-Claude Trichet. Draghi es “un hombre de calidad” para el puesto, alentó Sarkozy tras una reunión con Silvio Berlusconi.
El dato es que Draghi, un ortodoxo neoliberal, fue vicepresidente para Europa del Goldman Sachs ente enero de 2002 y enero de 2006. O sea que el primer mandatario galo apoyó a uno de los hombres que participaron desde su modesto lugar para construir ese enorme dibujo financiero que terminó por poner en riesgo la totalidad del sistema armado en torno de una moneda común y al que ahora criticó ante una millonaria audiencia.
Para el Nobel de Economía Paul Krugman, el problema del euro fue, no tanto el diseño de una moneda creada para cumplir los sueños hegemónicos de Alemania, como que incorporó a socios menores de un modo demasiado apresurado.
“La élite de la política europea debe cargar con la responsabilidad: ella empujó con firmeza hacia la moneda única, desatendiendo advertencias que señalaban que exactamente este tipo de cosas (la crisis) podían suceder”, escribió el galardonado economista.
La otra parte de los acuerdos que permitieron salvar la ropa en Grecia –por el momento– es que los otros países al borde del abismo, como España e Italia, profundicen sus recortes presupuestarios. Increíblemente, porque es la política que ya fracasó en Grecia desde que se publicara aquel informe del New York Times.
Y los resultados se encaminan hacia el mismo rumbo. España ya tiene una tasa récord de 5 millones de desocupados y no hay visos de que recupere en el corto plazo. En Italia, mientras tanto, la UE pidió concretar “los compromisos que ha asumido, y que lo haga siguiendo un calendario claro”. Entre esos compromisos, que las autoridades paneuropeas piden acelerar de una buena vez, hay una que con el argumento de que incrementarán la competitividad y liberalizarán la economía, obliga a una profunda reforma del mercado laboral que contenga “una nueva reglamentación de los despidos por motivos económicos en los contratos de empleo de tiempo indeterminado”. Esto es que, además de contemplar para un despido una “justa causa o un motivo justificado”, el nuevo estatuto deberá incorporar una cláusula que permite hacerlo por razones de índole económica.
El camino seguido por las élites europeas entonces es más de lo ya conocido en otras épocas de la Argentina: ajuste, flexibilización laboral, baja de la calificación de la deuda, default.
Lo increíble es que vuelvan a insistir en ese camino tan trillado como errado.
Tiempo Argentino, 29 de Octubre de 2011
por Alberto López Girondo | Oct 22, 2011 | Sin categoría
No sabemos cómo murió. Y hay que investigarlo”, se plantó el portavoz del Alto Comisionado para los Derechos Humanos de la Naciones Unidas, Rupert Colville, después de que los funcionarios del área observaran por tevé esos últimos minutos en la vida del ex hombre fuerte de Libia, Muammar Khadafi. Colville añadió que todo les había resultado “muy intranquilizador”.
Amnistía Internacional también pidió una investigación seria e imparcial sobre la muerte del raïs, contrastando las imágenes que quedaron grabadas en los celulares de algunos de los milicianos que estuvieron en el refugio donde fue capturado Khadafi con la versión oficial que dieron las autoridades del Consejo Nacional de Transición, que se erigió en protagonista de los alzamientos contra el régimen de Trípoli.
Más allá de las certezas de que el coronel fue ejecutado sumariamente, quizás por algún exacerbado opositor, el que aparece como jefe del CNT, Mustafá Abdel Jalil, dio una lacónica explicación sobre el operativo en Sirte. “Hemos estado esperando este momento por mucho tiempo.”
Las últimas imágenes conocidas muestran el cuerpo sin vida de Khadafi, torso desnudo y ensangrentado, echado sobre un colchón en el piso del freezer de un centro comercial en Misurata. Se dijo que permanecerá allí hasta que inspectores de los organismos internacionales hagan su revisión y den el visto bueno –o eventualmente fustiguen– las acciones de los milicianos y de los nuevos jefes del gobierno provisorio.
Mientras tanto, desde todos los rincones del planeta, aparecen voces de beneplácito por la eliminación del hombre que gobernó durante 42 años en el país norafricano. Y otras que cuestionan severamente la política emprendida por la OTAN y los Estados Unidos de invadir países considerados enemigos y deshacerse de personajes molestos sin reparar en leyes y normativas internacionales en vigencia.
En los Estados Unidos se anotaron prolijamente esas divergencias. El que lo explica es Ben Feller, de la agencia Ap: “La doctrina del presidente Barack Obama para encarar a los enemigos de los Estados Unidos acaba de superar otra prueba con la muerte del dictador libio Muammar Khadafi y, para él, es otra convalidación de su política en materia de seguridad internacional.”
El mensaje para la sociedad sería que Washington, desde que está en el gobierno el primer presidente interétnico, puede hacer este tipo de operativos militares a un costo político, por lo que se está percibiendo, muy beneficioso. Lo que a esta altura conforma una doctrina, definida en términos de un “estilo Obama”, que consistiría lisa y llanamente en “despachar enemigos sin embarcar a los Estados Unidos en una guerra”. Cualquiera podría haberlo dicho más alto, pero no más claro. El vicepresidente Joe Biden fue todavía más preciso: “Es una receta más de cómo encarar al mundo a medida que avanzamos más allá de lo hecho anteriormente.”
Por esa razón, se especula, Obama se presentó triunfal en los jardines de la Casa Blanca para informar sobre la muerte de Khadafi, en un año donde ya se sacó de encima a Osama bin Laden y a otros dos líderes de Al Qaeda sin despeinarse.
En un sistema presidencialista tan acotado como el de los Estados Unidos, donde las relaciones exteriores son prácticamente el único ámbito en el que el Ejecutivo puede tomar decisiones sin encontrarse con la férrea oposición parlamentaria, estos son los únicos momentos de disfrute de Obama.
En coincidencia con el compañero de fórmula del demócrata, Aaron Miller, quien fuera asesor de política internacional de media docena de secretarios de Estado, subrayó la importancia si se quiere económica de la doctrina Obama, que implica una “inversión relativamente de bajo costo para los Estados Unidos”.
El habitualmente bien informado analista Leslie Gelb, del influyente Council on Foreign Relations (CFR), teme en cambio que a largo plazo esta estrategia repercuta en forma negativa sobre la continuidad del mandatario en 2012. “La gente va a empezar a debatir si debemos o no estar jugando este papel en la eliminación de los dictadores, y pronto se dará cuenta de que esta política está llena de contradicciones.” Como que por ejemplo, la dinastía saudita es también una dictadura “¿Vamos a entrar y ayudar a acabar con ellos?”, se pregunta insidiosamente Gelb.
“Yo diría la primera lección que aprendimos en Libia es que la OTAN funciona, que rápidamente podemos concretar una estrategia real y efectiva para apoyar, en este caso, las resoluciones del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas”, terció el comandante supremo aliado de las tropas de la organización atlántica en Libia, el almirante estadounidense James Stavridis, un personaje con un gran futuro dentro en el sistema de defensa de los Estados Unidos.
Más allá de críticas puntuales a la colaboración que recibió de algunos países que forman la OTAN, que no estuvieron de acuerdo con la intervención y por lo que desliza Stavridis lo hicieron notar, el marino –apasionado de Facebook y Twitter– destacó que “la OTAN tiene un papel que desempeñar en el mundo, ese tipo de papel para el bien, y creo que seguiremos haciéndolo”.
Pero la crisis económica no perdona y los mismos que adhieren a la política exterior de Obama, que incluso suena a más radical de lo que prometen los Tea Party, sospechan que a menos que cambien algunas variables en el bolsillo de los estadounidenses, el presidente se las verá difíciles para continuar en el Salon Oval por otro período.
Por lo pronto, a un día de la muerte de Khadafi, los republicanos le bloquearon la “primera pieza” en el andamiaje preparado para el plan de creación de empleo por casi medio billón de dólares anunciado hace unas semanas.
La cosa es así: como la oposición es reacia a darle la firma, los demócratas decidieron enviar el proyecto en partes. Ayer debía aprobarse un primer tramo de 35 mil millones para que los estados más castigados por la crisis contraten maestros, policías y bomberos que habían despedido meses atrás. Pero ni ese tramo pasó el veredicto del Capitolio.
El líder de los republicanos en el Senado, Mitch McConnell, fue lapidario al explicar el rechazo: “El presidente quiere poner impuestos permanentes a unos 300 mil propietarios de negocios en los Estados Unidos para luego usar ese dinero en rescatar a ciudades y estados que no pueden pagar sus cuentas.”
En Europa, donde los mandatarios aplaudieron a manos rojas este desenlace en Libia, tampoco están mejor y las agencias calificadoras son las que cumplen el rol de los malos de la película. Ahora, la vieja y conocida Standard & Poor´s dijo que si todo se sigue desbarrancando, la deuda de Italia podría perder dos grados y la de Francia caería uno.
Pero además, franceses y alemanes muestran cada vez más abiertamente sus desacuerdos entre ellos y con el resto de los países de la Eurozona para encontrar una salida a la debacle generalizada.
El presidente francés, Nicolas Sarkozy, que esperaba recuperar protagonismo con su decidida participación en el operativo en Libia y el nacimiento de su hija con Carla Bruni, tampoco tiene mucho para mostrar ante un electorado que parece inclinarse cada vez más a votar un sucesor socialista.
En España, el país más castigado por la crisis después de Grecia, el oficialismo espera refrendar en las urnas alguna recuperación luego de que los separatistas de ETA anunciaran el fin de la lucha armada.
En la guerra y el amor, dicen, todo vale. Pero para algunas batallas hay límites.
Tiempo Argentino, 22 de Octubre de 2011
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