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Filtraciones celestiales

Desde que Joseph Ratzinger fue ungido Papa, hace siete años, no cesan de aparecer escándalos para la Iglesia que comanda con mano trémula. Este cardenal alemán era el natural continuador del polaco Juan Pablo II, al que cuidó las espaldas por más de 20 años como un bastión ultraconservador, y mucho ayudó desde la Santa Sede a la caída del bloque socialista. Pero desde que se consagró como Benedicto XVI su pontificado debe enfrentar todo tipo de cuestionamientos, desde la pedofilia enquistada por décadas en muchos pliegues de la Iglesia, hasta el entramado financiero que continúa provocando dolores de cabeza en el Instituto para las Obras de Religión (IOR), más conocido como el Banco Vaticano. Y ahora, cuando ya cumplidos los 85 años se aprontan las fichas para una sucesión que por cuestiones de edad puede ser inminente, las intrigas en su entorno alcanzan ribetes novelescos.

PROBLEMAS. Benedicto XVI padece la situación, junto con el secretario privado del Vaticano, el italiano Tarcisio Bertone.

Con todos esos ingredientes un periodista italiano, Gianluigi Nuzzi, armó el libro Sua Santità, donde destapa con profusión de datos y documentos un panorama de lo que ocurre en el Vaticano, desde hace por lo menos diez años, con un grupo de cardenales que manejan la organización religiosa más poderosa del mundo atravesada por la más increíble gama de intereses terrenales y en medio de fuertes disputas entre sectores que se niegan a adecuar la dos veces milenaria institución a los tiempos que corren.
Como aquellos documentos –que fueron comidilla en los medios más importantes del mundo– son indesmentibles, una investigación interna determinó que hubo un culpable de las filtraciones, que por esas cuestiones de la oportunidad se dieron en llamar Vatileaks, y que el «soplón» no podía ser otro que el mayordomo del Papa, Paolo Gabriele. Conocido como Paoletto, este italiano de 46 años que, según su abogado, se mostró arrepentido luego de haber pasado 50 días en prisión, pidió disculpas al Papa, al que jura adorar y servir con fruición desde hace seis años y al que asegura haber querido ayudar con la difusión de informes sobre las amenazas que se ciernen sobre su reinado.
En este thriller, uno de los más destacados protagonistas es el secretario privado del Vaticano y camarlengo del Papa, su hombre de confianza en Roma, Tarcisio Bertone, quien ni bien se conocieron esos documentos sostuvo ante la prensa que el Vatileaks es un «ataque con fines determinados contra el Papa». El camarlengo es el administrador de los bienes e ingresos de la Santa Sede. Pero entre sus funciones está la de certificar burocráticamente la muerte del Papa, organizar el proceso sucesorio y regir los destinos de la Iglesia hasta la designación del nuevo Pontífice.
Rebelión purpurada

Este nuevo bochorno papal salió a la luz cuando se difundieron una serie de cartas enviadas a Ratzinger por el nuncio apostólico en Estados Unidos, Carlo María Viganò, en las que alertaba sobre diversos casos de corrupción y mala gestión en el Vaticano. Fue la punta del iceberg que removió el avispero mientras el libro de Nuzzi estaba en imprenta. La publicación de Sua Santità mostró más documentos pacientemente conseguidos, según el autor, luego de encuentros casi furtivos con informantes a los que identificó bajo el nombre genérico de María, aunque los medios ya habían bautizado al Garganta Profunda de la Iglesia romana como Il corvo (El cuervo). Lo que vino después fue un vendaval mediático que tiene muchos puntos en común con los de hace un año, cuando las denuncias de abuso de menores generaban repulsión en todo el planeta. En este caso, mucho contribuyeron el diario alemán Die Welt y el italiano La Repubblica.
No fue casualidad que a fines de mayo, una semana después de la aparición del libro, Paoletto haya sido detenido, bajo cargos de espionaje. Y unos días más tarde haya caído en desgracia Ettore Gotti Tedeschi, el presidente del Banco Vaticano. Una seguidilla que sólo se explica por la veracidad de la información y de las especulaciones que se hacen en torno de la casa de San Pedro.
Para investigar las filtraciones, Ratzinger nombró una Comisión Cardenalicia presidida por el español Julián Herranz, de 82 años, ex presidente del Consejo Pontificio para los Textos Legislativos; el eslovaco Jozef Tomko, prefecto emérito de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, de 88 años; y el italiano Salvatore De Giorgi, ex arzobispo de Palermo, Italia, de 82. La acusación recayó solamente sobre el mayordomo, un romano que vive con su esposa y tres hijos en el Vaticano y siempre luce impecable.
Pero La Repubblica reveló las sospechas respecto a Ingrid Stampa –ama de llaves de Ratzinger–, al obispo alemán Josef Clemens y al responsable de los discursos papales, el cardenal Paolo Sardi, todos de estrecha y cotidiana relación con Paoletto. Pero también sobre Bertone y otro personaje no menor en esta conjura: el secretario personal de Benedicto, el alemán Georg Gänswein. El atlético cardenal germánico es signado como enemigo de Bertone pero también guarda recelos con los tres implicados en esta nueva denuncia, que fueron prontamente borrados de la cercanía del Papa, lo que para los medios que conocen el entramado Vaticano es suficiente prueba de que algo tienen que ver en el entripado al que no dudaron en llamar «la rebelión de los cardenales».
Barrido y limpieza

La otra pata de este enredo se relaciona con el manejo de los fondos de la Iglesia, que allá por las postrimerías de la década del 70 pusieron a Roma en el candelero, primero por la sospechosa muerte de Juan Pablo I y más tarde por la caída de Banco Ambrosiano y las oscuras relaciones del arzobispo Paul Marcinkus –que era el titular del IOR y se lo conocía como el «banquero de Dios»– con la Logia P2 y el manejo de dinero de la mafia italiana.
Ahora el que cayó en desgracia, aunque con menos estrépito –tapado por la oportuna ebullición del Vatileaks– fue Gotti Tedeschi , un economista vinculado con el Opus Dei que tuvo que renunciar luego de que, según información oficial, el consejo de vigilancia del IOR le hizo una moción de censura porque «no había cumplido determinadas labores de extrema importancia» para la institución. Sin aclarar demasiado a qué se refieren esas labores, aunque con la sospecha mediática de que se estaba hablando entre líneas de lavado de dinero. Gotti Tedeschi era el hombre que con su llegada al IOR en 2009 iba a terminar de hacer el trabajo de limpieza de un banco bastante enturbiado por las anteriores gestiones. Lo que no se sabe es si no pudo, no quiso o en realidad sí estaba cumpliendo la tarea y fue eyectado por los enemigos internos que se granjeó en el camino.
Como sea, unos días más tarde se anunció que el IOR había pasado una prueba clave del Consejo de Europa sobre transparencia financiera, aunque con un tirón de orejas por la «baja efectividad» de sus supervisores bancarios y su escasa capacidad para rastrear transacciones sospechosas. La llamada Comisión Moneyval, de todas maneras, celebró que la curia romana cumpliera «a la letra, o con un grado elevado, 9 de las 16 recomendaciones internacionales claves y fundamentales» para combatir el lavado de dinero y la financiación del terrorismo.
El problema está en los otros 7 puntos que quizás trabaron la tarea higiénica de Gotti Tedeschi. Que aquí se vuelve a cruzar con Paoletto, quien, según su abogado, fotocopió y compartió documentación reservada como «un acto de amor hacia el Santo Padre (…y para) colaborar con el Pontífice en un trabajo de limpieza dentro de la Iglesia».

Revista Acción, 15 de Agosto de 2012

Londres, capital del escándalo financiero

Cuando el 16 de setiembre de 2008 el muy respetable banco Barclays anunció la compra del sector Mercado de Capitales, Fusiones y Adquisiciones del quebrado Lehman Brothers, los principales medios financieros del mundo dejaron escapar un suspiro de alivio. Parecía que la bancarrota más grande en el mundo de las finanzas internacionales desde la crisis del 30 encontraba su cauce desde el propio mercado, una señal alentadora ante un cataclismo que se aventuraba trágico.

TRADICIONAL. El banco fue fundado en 1690 y ahora está en la picota por las denuncias de fraude. Moody’s le bajó la calificación.

El Barclays, nacido en 1690 cuando John Freame y Thomas Gould abrieron las puertas de su primer local en Lombard Street, Londres, creció hasta contabilizar operaciones en más de 50 países del mundo y unos 147.000 empleados. Ahora se había quedado con activos de Lehman valuados en 72.000 millones de dólares y pasivos por 68.000 millones pagando apenas 1.750 millones. Además, incorporaba a cerca de 10.000 de los 25.000 empleados de la firma.
Ese día, también, el estadounidense Bob Diamond ascendía a la cima de su carrera: luego de sus inicios en Morgan Stanley y First Boston y tras 10 años en la cabecera neoyorquina del Barclays, donde había ingresado en 1997, era el factótum de un negocio que colocaba al banco londinense, el segundo en su país, en la cima del mundo. El paso de Diamond a Londres no se hizo esperar pero al mismo tiempo comenzó una exposición pública que en pocos años lo llevó a lo que bien puede ser una caída definitiva, luego de asumir que la entidad que dirigía con espíritu de conquista había manipulado cifras de la tasa de referencia para, entre otras cosas, parecer más solvente de lo que en realidad era.
La otra parte de esta historia incumbe al ex primer ministro británico Gordon Brown. El líder laborista, ministro de Hacienda de Tony Blair, fue el artífice de la liberación del mercado financiero en el Reino Unido que en ese mismo año, 1997, instaló a Londres como uno de los principales centros financieros del mundo. Algo que cuando Brown se postulaba para suceder a Blair, en 2007, cuando ni se sospechaba que los préstamos inmobiliarios se convertirían en una pesada carga para el planeta, usó como argumento de campaña.
Durante ese período el Barclays bajo el mando de Diamond se jactaba de pagar los mejores salarios y de celebrar cada operación con el mejor champagne. Este descendiente de irlandeses nacido en Massachusetts fue el niño mimado –si se puede llamar así a un señor que a fines de julio cumplió 61 años– de las publicaciones de vanidades a ambos lados del Atlántico. La fiesta, a la vista de la tormenta que fueron despertando los créditos «tóxicos», duró bastante. Pero al igual que los diamantes (como ironizó la revista The Economist, jugando con el apellido del CEO de Barclays, Diamond, y la película de James Bond) no fueron eternos y desde hace tiempo los organismos de vigilancia financiera de Estados Unidos y Gran Bretaña venían investigando el papel de la entidad londinense en la manipulación de las tasas Libor y Eurolibor. Un escándalo que estalló a fines de junio y que tiene imprevisibles consecuencias para todo el sistema financiero global.
Falsa solvencia

La London InterBank Offered Rate (tasa ofrecida entre bancos de Londres o Libor) es el interés que se utiliza como referencia para préstamos entre bancos, privados o incluso a países. Se supone que señala la tasa a la que se prestan las entidades entre sí teniendo en cuenta las variables del mercado cada día y las necesidades de efectivo de cada una de ellas. Se utiliza desde 1986 y se publica diariamente a través de la Asociación de Banqueros Británicos. Un punto más o menos de esta tasa implica que el movimiento de miles de millones de dólares pueda variar en sumas siderales.
Hay dos aspectos por los que alguien que tuerce a voluntad esos índices puede ganar fortunas para sí o para terceros. Una es subiendo los intereses artificialmente cuando una entidad tenga que prestar, o bajándolos de un modo conveniente cuando tenga que tomar dinero del mercado. La otra cuestión, que fue relevante durante el crecimiento de la burbuja financiera, es que el «mercado» interpreta como debilidad financiera que una tasa crezca desmesuradamente, ya que indica que alguien está saliendo a captar fondos. Por el contrario, una tasa baja crea una sensación de fortaleza que los números no necesariamente sustentan, como parece haber sido el caso del propio Barclays.
Un documento del departamento de Justicia de Estados Unidos reveló que una red de traders a ambos lados del océano «conspiró para influir sobre las tasas» libor y su versión europea, la Eurolibor entre 2005 y 2009.
Fue entonces cuando los organismos de control financiero estadounidenses y británicos multaron al Barclays por más de 450 millones de dólares y abrieron sus archivos para una investigación judicial. Paralelamente, en Gran Bretaña una comisión parlamentaria llevó al banquillo a la cúpula del banco y ya provocó la renuncia de tres de sus popes, incluido el financista estrella, Diamond.
Además, el primer ministro conservador David Cameron –el mismo que se negó a firmar el Pacto Fiscal con Europa para no acceder a controles financieros, porque podría conspirar contra Londres como centro financiero mundial– tuvo que romper su pacto con los mercados y prometer nuevas regulaciones. También se pusieron bajo análisis otras entidades de relevancia internacional, entre ellos el nacionalizado Royal Bank of Scotland (RBS) y las sedes estadounidenses del Bank of América, el Citigroup, el Morgan Chase y el Deutsche Bank, por nombrar a algunos.
Sospechas con fundamento

Desde antes de que estallara la burbuja, las autoridades reguladoras sospechaban que algo raro pasaba con la libor. Pero nadie con poder de decisión tomó cartas en el asunto. Y eso que la tasa es de aplicación para fijar el interés sobre un volumen de capital financiero calculado en 360 billones de dólares (el número 360 seguido de nueve ceros, algo fuera de toda dimensión humana).
Un empleado, incluso, llegó a reconocer en abril de 2008 a la Reserva Federal (FED) de Nueva York, que el Barclays manipulaba el tipo de referencia. Según un documento de la FED publicado en la web a instancias del representante republicano Randy Neuberger, el «arrepentido», dijo que el banco estaba informando de modo erróneo su tasa para evitar el estigma asociado con distanciarse en sus informes en relación con otros bancos. Una rueda en la que si los demás iban para un lado, lo conveniente era seguir el rumbo. Según esos documentos ahora públicos, el testigo dijo que otros bancos también «dibujaban» la Libor, y agregó que no podía afirmar que al menos Barclays lo hiciera para incrementar sus beneficios.
Como sea, a fines de junio, y tras admitir la existencia de esos informes adulterados, el banco aceptó pagar una multa a los institutos de control de Nueva York y Londres que en total suma algo más de 450 millones de dólares.
Pero el tramo más sustancioso del asunto se ventila en las audiencias públicas que se llevan a cabo ante una comisión multipartidaria en el Parlamento británico. Luego de dar sus explicaciones del caso, a principios de julio renunciaron el presidente de Barclays, Marcus Agius, y el jefe de operaciones financieras, Jerry Del Missier. Las explicaciones de Diamond –que también terminó dejando el cargo– fueron poco menos que grotescas, y las hizo públicas al difundir un memo dirigido a Del Missier de octubre de 2008, poco después de la caída de Lehman que, según dijo, fue mal interpretado.
«Luego de nuestra última conversación, el señor Paul Tucker (gobernador adjunto del Banco de Inglaterra) reiteró que ha recibido llamadas de altos mandos de Whitehall (por la calle de Westminster donde se encuentran los ministerios) que cuestionan por qué Barclays tiene que estar siempre en la parte alta de los precios del Libor», escribió Diamond.
Según su insólita versión de los hechos, la frase fue mal interpretada por sus súbditos, que la tomaron como una orden que venía de muy arriba y que nadie tenía potestad de cambiar. Diamond juró que no se había enterado de que sus palabras habían sido entendidas como un llamado a reducir artificialmente el índice Libor. Pero eso fue lo que hicieron.
El memo para los medios británicos no tuvo desperdicio porque daba tela para vincular con el escándalo a funcionarios del banco central y a miembros del Gobierno, tanto de la gestión laborista como la actual coalición conservadora-demoliberal. Por eso temen por su futuro político, ahora que la crisis financiera y la secuela de recortes presupuestarios van limando la popularidad de la administración Cameron, tanto como la del líder laborista, Ed Miliband, y el portavoz económico, Ed Balls, que tuvieron parte de la responsabilidad en la desregulación financiera como funcionarios en el gabinete de Brown.

Revista Acción, 1 de Agosto de 2012

Buena Vista para los emergentes

Keith Fitz-Gerald no puede considerarse un novato en el manejo de dinero. Como Jefe de Inversiones de Money Morning, tal vez el sitio más importante de noticias sobre mercados globales, lleva años dando consejos a pequeños y medianos inversores sobre nichos donde sacar mejor tajada de algún excedente de capital que queme en los bolsillos. Tampoco Mark Mobius es un imberbe en cuestiones de sacarle el jugo a fondos de inversión. En su último envío, el martes pasado, Fitz-Gerald se pregunta “¿Por qué Mark Mobius apuesta millones a estos acrónimos?”, y pasa a explicar que Joseph Mark Mobius –un hombre apacible que ya pasó los 75 años y lleva más de 40 como gestor de fondos y uno de los líderes en su metier– apuesta a las economías emergentes.
El secreto de Mobius es poner las fichas a las siglas que los analistas económicos están inventando. Desde el BRIC (Brasil, Rusia, India y China) que en 2003 bautizó Jim O’Neill, de Goldman Sachs, hasta uno de los últimos, TIMBIS (Turquía, India, México, Brasil e Indonesia).
Es curiosa la proliferación de acrónimos para facilitar la memorización de especuladores que muy probablemente no sepan la diferencia entre Eslovenia y Eslovaquia. Como esos alumnos de secundaria que aprenden el coseno de un triángulo rectángulo con ese tipo de recursos, los gurúes de centros de estudios y think tanks internacionales se devanan los sesos para encontrar el modo de englobar a naciones unidas por un destino que consideran común. Como hicieron con los PIGS (Portugal, Italia, Grecia y España) que mantienen en vilo al euro, lo mismo intentan con un puñado de naciones que a pesar de la crisis, o precisamente por ella, están creciendo más que los países centrales y prometen ser las potencias de las próximas décadas.
En un artículo publicado el domingo pasado en el diario Perfil se nombran algunos de estos juegos de iniciales. A los BRIC (BRICS cuando se le suma Sudáfrica, o incluso BRICMS si además se le agrega México) incorporaron los CIVETS (Colombia, Indonesia, Vietnam, Egipto, Turquía, y Sudáfrica). Otro bloque, MAVINS, está integrado por México, Australia, Vietnam, Indonesia, Nigeria y Sudáfrica, mientras que los EAGLEs (águilas, son Emerging and Growth Leading Economies, o sea, economías emergentes que lideran el crecimiento global). Según los analistas del banco BBVA, son China, India, Rusia, Brasil, México, Corea del Sur, Indonesia, Egipto, Taiwán y Turquía.
CEMENT, resalta la nota de Perfil, son los Países de Economías Emergentes Excluidos de la Nueva Terminología (Countries in Emerging Markets Excluded by New Terminology, en inglés). Una humorada de un investigador de Ashmore Investment Management para los BRICS (ladrillos), que necesitan indefectiblemente del cemento para una construcción.
El final de la nota resume la idea de que “en ninguna de estas siglas aparece la Argentina”. Algo que ya adelantaba el título: “Grupos de países emergentes, exclusivos clubes a los que la Argentina no ingresa”, porque, destaca la bajada, “la economía argentina es considerada fronteriza, sin liderazgo mundial”.
Es cierto que en las siglas que destaca el bisemanario de Fontevechia no figura Argentina. Pero es porque no se tomaron el trabajo de incluir a otro en el que sí reparan los inversores: VISTA. Que incluye a Vietnam, Indonesia, Sudáfrica, Turquía y Argentina. Algo que sí hicieron Mobius y el estratega de Money Morning. Eric Dutram, analista en “ETF Database” (http://etfdb.com/), otro reducto para quienes quieren encontrar dónde invertir, también levantó la mirada y en un trabajo que tituló “Olviden a BRIC, miren a VISTA, naciones con mejores oportunidades”, reseña el por qué de la propuesta.
“Una de las mayores historias en el mundo de las inversiones en los últimos años fue el crecimiento de los mercados emergentes. Estas naciones (por VISTA) continúan creciendo a un ritmo impresionante y se encuentran en una posición mucho mejor desde una perspectiva fiscal que sus contrapartes de mercado desarrolladas”, indica Dutram.
Más adelante detalla que “el bloque de la VISTA es un grupo de nuevos mercados, no al mismo nivel de tamaño de India o China, pero que van a crecer rápidamente en los próximos años”. Y abunda en que “estas naciones tienen una creciente fuerza de trabajo joven, estabilidad política y aumento de los niveles de consumo”.
Fitz- Gerald dice a su turno que “por primera vez en la historia moderna, los mercados emergentes ya no son completamente dependientes de las economías occidentales ni de su demanda. A riesgo de sonar como un disco roto, esto les da una gama sin precedentes de opciones independientes de la ciénaga política, financiera y económica en que se han convertido los mercados desarrollados.”
Y agrega algo más interesante: “Esta no es la clase de cosas que se pueden encontrar en los medios de comunicación masivos, pero cada una de esas naciones están avanzando más rápido de lo que casi todo el mundo espera.”
Hace un par de meses, en un artículo publicado por NTT Communications (de la compañía de comunicaciones Nippon Telegraph and Telephone Corporation, www.ntt.com) se reporteaba al economista japonés que trabajó en el equipo del BRICs Research Institute, que descubrió el potencial de VISTA. La nota se tituló “Quien controla a los mercados emergentes controla el mundo”.
Takashi Kadokura cuenta que esas naciones a las que hizo pertenecer a la Argentina mostraron “desde el 2000 un crecimiento rápido y ahora están atrayendo la atención de todo el mundo como mercados emergentes”. Kadokura tiene como objetivo encontrar salidas al estancamiento nipón, mira para este lado del planeta y descubre que nuestro país, por ejemplo, ofrece productos de la tierra y necesita tecnología, algo que Japón puede ofrecer con beneficio.
Hace 25 años, el gobierno de Raúl Alfonsín intentó el camino inverso y convocó a un especialista de fuste como el japonés Saburo Okita para que colaborara en la búsqueda de opciones para reactivar la economía argentina. El Informe Okita puso énfasis en la competitividad de la industria, en la expansión de las exportaciones y en incrementar el rol del Estado como orientador del desarrollo. Todo lo contrario de lo que se hizo entre 1989 y 2003.
Ahora, 25 años más tarde, Kadokura redescubre el potencial de Argentina y considera que a corto plazo los países del VISTA pueden estar afectados por la recesión global “pero de mediano a largo plazo, son zonas importantes y cruciales”, y reclama que las autoridades japonesas se acerquen a estas costas lo antes posible.
“Argentina es un país que tendrá un papel importante (en el futuro). Junto con Brasil, con el Mercosur de fondo, se espera tenga (aún) más crecimiento. Para el gobierno japonés, un gran tema para abordar es el de crear una buena relación con estos dos países sudamericanos.”
Ya en 2007, Paresh Upadhyaya, director Global de Putnam Investments, otra agencia de inversiones, de Boston, sostenía que “VISTA es un acrónimo muy pegadizo y muy bien puede significar que estamos empezando a entrar en una segunda ola (de potencialidades) en este grupo de países pequeños de mercados emergentes”.
Más allá de si Argentina necesita de este tipo de inversiones especulativas y de si estas naciones tienen algo que ver entre sí, lo cierto es que desde hace tiempo es tomada en cuenta en un bloque de países emergentes. Sólo hay que levantar un poco la VISTA y sacarse las anteojeras para percibirlo.

Tiempo Argentino, 25 de Diciembre de 2011

Delitos menores

Jacques Chirac tiene 79 años y, según informes periciales presentados por sus defensores, padece “severos problemas de memoria” y comete “importantes errores de juicio y razonamiento”. Razón suficiente para que la justicia francesa –que lo encontró culpable de una serie de delitos que se traducen en malversación de fondos públicos para financiar a militantes de su partido– no lo mande a prisión.
El tema de los ñoquis, que no es otra cosa, en términos rioplatenses, el acto de corrupción que se le achaca al conservador Chirac, ameritó en Francia un debate que se zanjó blanqueando la forma de financiar la política mediante aportes estatales. Hasta entonces, era práctica común recurrir a subterfugios presupuestarios para que el puntero político tuviera un ingreso que le permita vivir mientras se dedica a la militancia. De otro modo, la política se convierte en un lujo para millonarios que se ganan el sustento por otros medios, alegan los defensores de estas prácticas. Alguno de los ministros de los que Dilma Rousseff tuvo que desprenderse está acusado de haber desviado fondos para financiar a partidos aliados del gobernante PT.
El caso de Chirac, de todas maneras, se convirtió en un fallo emblemático que seguramente manchará su legado histórico y sobre todo a la dirigencia francesa, poco acostumbrada a pasar por los tribunales, desde el sonado caso del colaboracionista Henri-Phillipe Petain, condenado al fin de la guerra por traición a la patria.
Los abogados de Chirac no pudieron salvarlo del oprobio, pero demoraron la condena bastante, ya que la denuncia inicial había sido radicada en 1992. Y eso que hasta los fiscales terminaron por aceptar el criterio de que ya había pasado suficiente tiempo para llevar al ex mandatario al estrado. “Si lo condenan estarán diciendo que Francia estuvo dirigida durante 12 años por un oscuro cajero inescrupuloso”, chicaneó el abogado Georges Kiejman a los jueces. Pero de todas maneras Chirac la sacó barata.
La corona española, mientras tanto, padece su propio escandalete, tras la explosión del caso Urdangarin, el yerno del rey Juan Carlos, implicado en una trama para desviar fondos de dos comunidades españolas, aunque no para militantes sino para su propio bolsillo. Iñaki Urdangarin, esposo de la princesa Cristina, fue estrella del handball profesional, bronce olímpico en Atlanta 1996 y Sydney 2000, y ahora duque consorte de Palma de Mallorca.
Fue separado de los actos oficiales de la familia real el martes, cuando el caso atronaba los medios de información, ante una sociedad española especialmente erizada por una crisis económica que elevó a niveles insostenibles el índice de desocupación e implica reducciones presupuestarias y ajustes en todos los estamentos.
Primero se dijo que la maniobra de Urdangarin, que conseguía aportes del Ayuntamiento de Valencia y del gobierno de las Islas Baleares a través de Instituto Nóos, entidad sin fines de lucro que presidió entre 2004 y 2006, había desviado 5,8 millones de euros. Pero ayer trascendió que la suma podría ser mayor a 17 millones. Y que la participación de la infanta Cristina no fue la de simple esposa que ignora las actividades de su marido corrupto, sino que la consultora inmobiliaria Aizoon, pertenece en un 50% al ex deportista y la otra mitad a su real esposa. Y que desde allí también se llegaron a emitir facturas falsas para disfrazar el giro de millones del erario público al paraíso fiscal de Belice.
Como consecuencia del affaire, además de apartar el yerno díscolo de la foto familiar, Juan Carlos de Borbón decidió blanquear los gastos de la monarquía a través de la página web real.
En la península, al mismo tiempo, se ventila el caso Gürtel, una trama urdida por el empresario Francisco Correa (Gürtel en alemán) por la cual obtenían fondos estatales derivados luego a negocios privados. Que se acrecentaban esquivando prohibiciones edilicias para erigir emprendimientos inmobiliarios. A cambio, aparece un ex presidente de la comunidad valenciana, Francisco Camps, del PP, acusado –y con pruebas bastante contundentes, de haber comprado trajes de unos 12 mil euros pagados generosamente por la organización de Correa. El abogado del Camps llegó a justificar los regalos en que su defendido era bastante “racanillo” (pijotero) para comprase algo de calidad por sí mismo.
El presidente alemán, Christian Wulff, también está en el candelero desde que se conoció su políticamente incómoda relación con el empresario Egon Geerkens. Según parece, Geerkens le había prestado 500 mil euros al mandatario cuando era gobernante de Baja Sajonia. Al asumir la presidencia, Wulff “olvidó” mencionar ese detalle, lo que lo pone en la mira de los ciudadanos que buscan relaciones más cristalinas en el poder. El empresario salió en defensa del demócrata-cristiano y explicó que el dinero era para la compra de una nueva vivienda, sin ponerse colorado: “Todo el mundo sabe que los divorcios son caros, y Christian necesitaba rearmar su vida.”
Casos que bordean lo insólito se producen en todas partes, por lo que se ve. Como le pasó al presidente de los Estados Unidos, que por poco no termina enchastrado por el que fuera gobernador de Illinois, Rod Blagojevich, condenado hace unos meses por haber intentado “subastar” al mejor postor la banca que dejaba vacante Barack Obama en el Senado cuando asumió la presidencia, en 2009.
Si bien se trata de corrupción, es de un tipo bien diferente la que se revela en el informe dado a conocer en Holanda, donde se muestra que unos 800 religiosos de la Iglesia Católica de ese país habrían cometido entre 10 mil y 20 mil abusos sexuales a menores internados en colegios, orfanatos y seminarios.
Al igual que la enorme mayoría de aquellos niños holandeses, Miguel Montes Neiro también tiene un origen pobre. Y la suerte lo acompañó poco en su vida. Cayó por primera vez preso en 1966, a los 16, pero se desbarrancó definitivamente diez años más tarde, estando en el servicio militar de aquella España que salía de la feroz dictadura franquista e intentaba la vida en democracia con el recién coronado Juan Carlos de Borbón.
Montes Neiro fue acusado del robo de un fusil, que luego apareció. Irritado, arrojó el uniforme en un rincón y decidió desertar. Capturado al poco tiempo, entró en prisión en octubre de 1976, y desde entonces fue acumulando días tras las rejas y delitos sobre delitos (robo, fraude, hurto, evasión, medio Código Civil, en fin). Aunque nunca hizo correr sangre ni utilizó violencia, por esas cuestiones leguleyas que sólo se aplican a los que no pueden pagar bufetes más renombrados, se le sumaron todas las sentencias.
Montes Neiro es el decano de los presos españoles: lleva 16.822 días en prisión, y los pocos momentos de libertad fueron esos 1400 días que sumó al cabo de cinco escapes y un par de veces que consiguió una condicional, hasta que se le cruzaron unas joyas ajenas en el camino. Pudiendo haber salido en 1998, debería quedarse hasta 2021 tras las rejas. Ahora el gobierno socialista lo indultó y podrá volver con su familia.
Si es que en medio no se encuentra con alguna encrucijada de esas que los encumbrados no suelen padecer.

Tiempo Argentino, 17 de Diciembre de 2011