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Un largo y sinuoso camino en Venezuela

Nicolás Maduro será ungido presidente de Venezuela hoy y todo indica que esta etapa del remplazo de Hugo Chávez quedará cerrada, aunque con un saldo trágico de ocho muertos. Curiosamente, todos del mismo bando. Curiosamente, del que ganó las elecciones del domingo pasado. El que para la prensa conservadora cometió fraude en el conteo de votos.
Como se dijo ese día en caliente, Maduro deberá demostrar ahora hacia su propio campo su capacidad de liderazgo para llevar adelante esta etapa de la revolución bolivariana. Y también lo deberá demostrar ante una sociedad que se le aparece como dividida prácticamente al medio. ¿Son todos antichavistas los que votaron a Henrique Capriles? Eso está lejos de poder demostrarse. En principio, esos casi 700 mil que se pasaron de bando no dan la impresión de que abominen del proyecto de país que presentó Chávez hace 21 años, cuando su intento de toma del poder contra el gobierno de Carlos Andrés Pérez.
Del otro lado, Capriles también deberá probar su capacidad de liderazgo en el marco de una oposición que no es homogénea, cosa que si puede mostrar el oficialismo. No están todos detrás de un mismo modelo de país y de reparto de la riqueza. Los une más el espanto que el amor hacia un ideal común. Por eso la exageración de gestos de un Capriles que, desencajado, provocó una tragedia de la que no puede hacerse el desentendido.
Porque vamos, Capriles es descendiente de dos de las más poderosas familias de Venezuela, dueñas de conglomerados industriales, mediáticos y cadenas de cines del país. Algo que en sí no constituye un delito, porque él no es responsable del lugar en que le tocó nacer. Lo que sí muestra actitudes que son de su entera decisión sería su voluntad temprana de adherir a la organización de extrema derecha Tradición, Familia y Propiedad, como mencionan algunos que lo conocieron de joven. O más tarde, de haber fundado junto con el ultraconsevador Leopoldo López un partido como el Primero Justicia, bendecido por la internacional republicana, esto es, del International Republican Institute. Y de haber recibido apoyo –que monetariamente no necesitaba por cierto-– del National Endowment for Democrac (NED). Salim Lamrani, doctor en Estudios Ibéricos y Latinoamericanos de la Universidad Paris IV-Sorbonne, rescata un artículo del The New York Times donde se recuerda que el NED «se creó hace 15 años para llevar a cabo públicamente lo que ha hecho subrepticiamente la Central Intelligence Agency (CIA) durante décadas. Gasta 30 millones de dólares al año para apoyar partidos políticos, sindicatos, movimientos disidentes y medios informativos en docenas de países». Hasta acá, sólo cuestionamientos de tipo ideológico.
Pero sucede que cuando el golpe de 2002 contra Chávez, Capriles era un joven de 28 años que ejercía como alcalde de Baruta, un distrito que forma parte de Miranda y del municipio de Caracas. Desde ese lugar, ordenó el arresto de dirigentes y funcionarios chavistas, entre ellos el ministro del interior Ramón Rodríguez Chacín, brutalmente agredido ante las cámaras de la televisión (privada, claro, porque el canal estatal estaba bloqueado, como bien muestra el documental La revolución no será transmitida, de los irlandeses Kim Bartley y Donnacha O’Briain). Esa vez los golpistas disolvieron la Asamblea Nacional, la Fiscalía de la República, la Defensoría del Pueblo y el Tribunal Supremo de Justicia.
Mientras duró ese efímero gobierno de facto, solo reconocido por la España de José María Aznar y el Estados Unidos de George W. Bush, Capriles participó activamente del asedio a la Embajada de Cuba a la que, faltando a las más elementales reglas de la diplomacia internacional, no sólo le cortaron el agua y la electricidad. El mismísimo ex candidato presidencial ingresó con un grupito de exaltados a exigirle al embajador que le permitiera revisar las instalaciones, ante la presunción de que allí había buscado resguardo el entonces vicepresidente Diosdado Cabello. Luego del regreso de Chávez, el 14 de abril de aquel año, Capriles fue llevado a juicio y pasó cuatro meses detenido preventivamente, ya que se había mostrado esquivo a responder ante la justicia.
Danilo Anderson, el fiscal que seguía la causa contra 400 personas acusadas de crímenes contra el Estado bolivariano, entre los cuales estaba Capriles pero también las cúpulas empresariales, fue asesinado dos años más tarde, en noviembre de 2004. Terminó sus días despedazado por un explosivo C-4 colocado debajo del asiento del conductor de su Toyota Autana activado desde un teléfono celular. Tenía 38 años. La investigación por este crimen derivó en acusaciones y condenas contra ex agentes policiales venezolanos y paramilitares de la ultraderecha colombiana. Detalle: el ex presidente Álvaro Uribe se convirtió en fervoroso defensor del recuento de votos.
Luego de conocerse la información de que habían sido asesinados ocho personas en el marco de la revuelta que Capriles mismo había armado en Twitter al llamar a «descargar la arrechera», el opositor intentó bajar un cambio en una conferencia de prensa en la que dijo que su propuesta es de paz y que los que cometían acciones violentas no formaban parte de su movimiento.
Tardío reconocimiento a su responsabilidad. ¿Qué esperaba que hicieran sus seguidores, con el antecedente que le había mostrado con ese pasado turbulento? Porque entre los desmanes cometidos en estos días figuran establecimientos sanitarios y educativos donde participan médicos y docentes cubanos. Capriles ya les había enseñado que Cuba es el enemigo, cosa que repitió durante toda la campaña. ¿Cómo pensaba que podían actuar?
Es bueno que estos datos, que no fueron obtenidos de ninguna fuente de inteligencia ultrasecreta, sino que se consiguen en cualquier hemeroteca, fueran leídos también por dirigentes vernáculos que desde posiciones de centroizquierda o liberales dicen que hubieran votado a Capriles y llaman al reconteo de los votos del domingo. Porque más allá de que el sistema electoral venezolano fue considerado ejemplar por decenas de organismos de toda pelambre –e incluso en su anterior viaje a aquel país por Gabriela Michetti, amiga personal del Papa Francisco y a quien no se la puede tildar de izquierdista– el riesgo de desconocer las instituciones puede ser fatal para la integración regional y para el avance de la democracia en esta parte del mundo, que este domingo deberá asumir el resultado de la elección en Paraguay para determinar cómo sigue adelante. Con todo lo que implicó el golpe contra el ex obispo Fernando Lugo.
No es un olvido que Capriles haya dicho que recurriría a la ONU y la OEA para presentar sus quejas, ninguneando al Mercosur, Unasur y CELAC. Es que no intenta solamente derrotar al chavismo sino desconocer su obra de integración y principalmente la Constitución creada por el líder bolivariano. Los argentinos deberíamos recordar que el golpe contra Perón no fue sólo contra un hombre sino contra un modelo más justo, por eso, lo primero que hicieron los militares del ’55 fue tirar abajo la Constitución y el resto de las instituciones sociales y económicas creadas bajo su amparo. Al precio de fusilamientos sin juicio previo y las más bárbaras atrocidades contra los seguidores de Perón, que hasta tenían prohibido pronunciar su nombre.
Capriles no es un demócrata, pero además es un hombre peligroso para cualquier tipo de relación con sus vecinos. Por ahora necesita mostrarse fuerte contra Maduro para consolidar su poder dentro de la oposición. Y para conseguir apoyos de sus amigos externos, desafía a los gobiernos que apoyan al proceso democrático en Venezuela. ¿Será casualidad todo lo que ocurre en América Latina y en Argentina en coincidencia con dos elecciones clave para la región, como la venezolana y la paraguaya?
Maduro, aunque parezca paradojal, también necesita de un Capriles así de temible, cosa de terminar de convencer a los dubitativos de que –en términos maoístas– hay contradicciones principales y otras que resultan secundarias.
Mientras tanto, deberá ir construyendo su propio perfil y modelando el chavismo sin Chávez que dé cuenta de este momento histórico y resuelva los problemas de la gente, que de eso se trata. Por ahora dio un primer paso y puede decirse que esta primera prueba la pudo pasar. Pero el camino será largo y extremadamente sinuoso.

Tiempo Argentino, 19 de Abril de 2013

El gran desafío del elegido de Chávez

Ahora Nicolás Maduro tiene por delante un par de desafíos en los que le va la suerte de la revolución bolivariana. En primer lugar, deberá revalidar su liderazgo hacia adentro del partido creado por Hugo Chávez. Pero también lo tendrá que hacer hacia una sociedad que le dio su confianza por mucho menos holgura de la que le auguraban las encuestas. Y eso en política tiene su peso, como ya se lo marcó Henrique Capriles al desconocer el resultado del comicio de ayer.
Si bien la elección del 7 de octubre le dejó una amplia mayoría en la Asamblea Nacional y el panorama en los estados que componen la nación no es diferente, teniendo en cuenta que el PSUV ganó 20 de los 23 distritos, Maduro deberá demostrar con gestión que lo suyo es nada menos que el comienzo de un chavismo sin un líder de la talla del bolivariano fallecido el 5 de marzo.
Maduro tendrá que hacerse cargo de domar la encabritada economía venezolana, que en medio de una fenomenal crisis internacional viene además de dos elecciones presidenciales en seis meses. Todo esto en el marco de un proceso fuertemente imbuido del protagonismo de Chávez, una sombra que hasta puede resultar asfixiante si no esquiva las trampas que le tenderán los sectores oligárquicos.
Construir liderazgo será entonces una tarea excluyente, porque cada una de sus medidas será puesta a prueba no sólo por la eficacia que prometan sino por la destreza del mandatario electo para sostener el vendaval que le espera. A cada paso le van a contar las costillas buscando demoler la imagen de solidez que necesita para consolidarse en Miraflores.
Del otro lado, la sorpresiva elección de Henrique Capriles le da una estatura de poderoso opositor al gobierno, que si bien no debería traslucir en trabas para el Palacio de Miraflores, sin dudas significará un fuerte condicionante de cara a la opinión pública. Hacia la región, además, la derecha lo pondrá de ejemplo de que puede aspirar a algo más que a la queja continua, si encuentran el personaje adecuado. La pregunta es si con eso alcanzaría para administrar un país. Pero por ahora ese no es el desafío de Capriles.
El problema que planteó el gobernador de Miranda al desconocer el resultado del comicio, ya entrada la madrugada de hoy, es que cualquier futuro civilizado para Venezuela está ceñido al respeto por la Constitución y a un sistema electoral que nadie hasta ahora había cuestionado. Y que todos veedores de toda pelambre reconocieron como uno de los más prolijos y confiables del mundo, lo que no es poco.
Es más: si fuera por amañanaruna elección, lo más cómodo y conveniente hubiese sido «dibujar» una diferencia abrumadora que no dejara hilachas de donde agarrarse.
Políticamente, este resultado no es una buena noticia para el oficialismo. Pero como dijo Maduro, «así es la vida». En política se gana y se pierde y el chavismo ya probó que es capaz de tolerar una derrota, como le pasó en 2007. Le falta a la oposición ahora hacer otro tanto, aunque sea por tan poco.

Tiempo Argentino, 15 de Abril de 2013

Con una pequeña ayuda de los amigos

En estos días la organización WikiLeaks publicó en la web casi dos millones de documentos del gobierno de Estados Unidos correspondientes al período 1973-1976, en que Henry Kissinger fue secretario de Estado, e incluyen mensajes diplomáticos, reportes de inteligencia y correspondencia a legisladores. Se lo conoce como Archivo Kissinger y no tiene desperdicio sobre la relación del ganador del Premio Nobel de la Paz de 1973 con las dictaduras genocidas del Cono sur de Latinoamérica, con gobiernos represivos del México de entonces y la cercanía tan íntima del Juan Carlos de Borbón con la “Embajada” cuando aún vivía el dictador Francisco Franco. No se trata de filtraciones sino de material desclasificado del gobierno de Estados Unidos que el creador WikiLeaks, Julian Assange, estuvo compilando para facilitar la búsqueda desde el edificio de la embajada de Ecuador en Londres, donde se aloja a la espera del salvoconducto que le permita viajar al país sudamericano en calidad de asilado.
Al mismo tiempo, trascendieron cables del año 2006 de la representación estadounidense en Caracas, esta vez sí material escamoteado al secreto diplomático, donde se muestra al desnudo un plan de cinco puntos que promovía el entonces embajador William Brownfield para desestabilizar al presidente Hugo Chávez. La oficina responsable de poner en práctica el plan era la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID por sus siglas en inglés), una vieja conocida de los gobiernos de la región. Los ítems marcados por Brownfield señalaban la necesidad de “1) Fortalecer las instituciones democráticas; 2) Penetrar en la base política de [Hugo] Chávez; 3) Dividir el chavismo; 4) Proteger los negocios vitales de EE.UU. y 5) Aislar a Chávez internacionalmente”.
Chávez llegó al poder en 1999 luego de haber ganado en elecciones democráticas a los partidos del sistema instaurado tras el derrocamiento de Marcos Pérez Jiménez en 1958. El 12 de abril de 2002, el mandatario padecería un golpe de Estado que no fructificó por la respuesta de sectores de las fuerzas armadas que permanecieron leales a la Constitución pero básicamente por la población, que salió a copar las calles en defensa del proyecto chavista. El 14 de abril Chávez volvió victorioso y sus enemigos de entonces, como el líder de la cámara empresaria que juró como presidente de facto, huyeron del país y encontraron refugio en el exterior.
Para 2006 era evidente que a Chávez no podrían derrotarlo en las urnas, de allí el plan urdido por Brownfield y USAID, la agencia creada en 1961 por John Kennedy para contrarrestar la influencia de la revolución cubana en el resto del continente. La USAID ya había colocado más de 20 millones de dólares en «ayuda humanitaria» para financiar acciones destinadas a minar el proceso bolivariano desde el interior.
Es interesante leer la presentación que hace de sí misma la USAID en Venezuela. Luego de afirmar que es una «agencia federal independiente responsable de planificar y administrar la asistencia económica y humanitaria (…) en todo el mundo», añade que «los Estados Unidos se caracterizan por tender una mano amiga a todos aquellos que, encontrándose más allá de sus fronteras, se esfuerzan por lograr un mejor nivel de vida, recuperarse de un desastre o procuran vivir en un país libre y democrático. (…) La ayuda exterior de los Estados Unidos ha tenido siempre el doble propósito de apoyar los intereses de la política exterior americana, expandiendo la democracia y el libre mercado y, al mismo tiempo, mejorar la vida de los ciudadanos de los países en desarrollo».
De lo que entiende por democracia la USAID son testigos varios gobiernos latinoamericanos, como la Venezuela de ese 2002, o el Ecuador del golpe de 2010 contra Rafael Correa, o la Bolivia de Evo Morales tras la intentona separatista de Santa Cruz de la Sierra.
En junio pasado los cancilleres del ALBA recomendaron la expulsión de USAID de sus países (Venezuela, Ecuador, Bolivia, Cuba, Nicaragua y República Dominicana) «por considerar que su presencia y actuación constituyen un factor de perturbación que atenta contra la soberanía y la estabilidad política de nuestras naciones». En octubre pasado el gobierno de Vladimir Putin echó a la USAID de Rusia, alegando las mismas razones que los sudamericanos.
El responsable de la agencia para América Latina y el Caribe es en la actualidad Mark Feierstein, quien según el currículum que recoge José Steinsleger en el diario mexicano La Jornada es un «experto en guerra de cuarta generación (desinformación), dueño de Greenbarg Quinlan Rosler (firma que ofrece orientación estratégica sobre campañas electorales, debates, programación, investigación), jefe de proyectos para derrocar a los sandinistas en el decenio de 1990, articulista de The New York Times, asesor especial del embajador de William Clinton en la OEA y del prófugo de la justicia Gonzalo Sánchez de Losada, ex presidente de Bolivia».
A Feierstein se le endilga responsabilidad en el golpe que derrocó a Manuel Zelaya en Honduras en junio de 2009 y el que sacó del poder a Fernando Lugo en 2012 en Paraguay.
«Corren rumores de que el líder de la UNACE, el general Lino Oviedo, junto al ex presidente Nicanor Duarte Frutos, buscarían destituir a Fernando Lugo con un juicio político dentro del Parlamento», decía un cable secreto enviado desde la “Embajada” en Asunción en marzo de marzo de 2009 y filtrado por WIkiLeaks, donde se adelantaba, ya entonces, que el reemplazante del ex obispo de San Pedro sería su vicepresidente, Federico Franco. Allí también estaba la mano de USAID. Pero donde con más brutalidad se percibe cómo es esa «mano amiga» es en un procedimiento realizado en tiempos de Alberto Fujimori en Perú que fue reflotado durante la campaña en que participaba su hija, Keiko, contra el que resultó ganador, Ollanta Humala.
En los 90, USAID y un organismo de Naciones Unidas dedicado oficialmente a la salud reproductiva, UNFAPA, con el apoyo total del gobierno Fujimori, realizaron un escandaloso y siniestro plan para la esterilización forzada de cientos de miles habitantes de las zonas más pobres del Perú. Según el Ministerio de salud peruano, fueron esterilizados contra su voluntad 331.600 mujeres y 25.590 hombres. Un informe elaborado por la Sub-Comisión Investigadora de Personas e Instituciones Involucradas en las Acciones de Anticoncepción Quirúrgica Voluntaria (AQV), presentado en 2008 por el congresista Héctor Chávez Chuchón, un médico de Ayacucho indignado por las operaciones ilegales, señala que “hay un elemento que es fundamental para entender estas políticas (…) es un informe del año 1974, del señor Kissinger, que en ese momento era Secretario de Estado, (…) de unas 100 páginas más o menos, donde hace una síntesis de la situación geopolítica norteamericana, (y dice que) Estados Unidos y los países de Europa Occidental en ese momento, tienen tasa de natalidad negativa. Los países pobres tienen altas tasa de natalidad, en su momento eran 5 hijos ¿Esto qué significa? Que en el mediano plazo la población se va a duplicar o triplicar. Esta variable demográfica tiene o tendrá una repercusión económica indudable». En noviembre pasado la fiscalía peruana ordenó abrir la causa por genocidio contra todos los involucrados.
El candidato oficialista Nicolás Maduro denunció operaciones para asesinar al candidato opositor, Henrique Capriles, en el marco de un plan para crear inestabilidad en ese momento crucial de la vida venezolana. Luego dijo que él mismo podría ser víctima de un atentado. No nombró a USAID sino a los ex embajadores Roger Noriega y Otto Reich con agentes de la derecha salvadoreña.
Este domingo los venezolanos se juegan parte de su futuro en la elección para reemplazar al fallecido Hugo Chávez. El domingo 21 los paraguayos van a las urnas para dejar atrás este ominoso período de un Ejecutivo surgido de un golpe institucional. No es casualidad que en Rosario y Argentina un foro ultraconservador haya juntado a la derecha hispanohablante para debatir la forma de derrotar a los populismos en la región. «Debemos presentarnos abiertamente como lo que somos: defensores de la libertad, de la democracia y del progreso real de las sociedades», dijo el ex jefe de gobierno español, José María Aznar. Como presidente del Gobierno de España, el líder del PP fue uno de los dos únicos gobiernos en reconocer a los golpistas de abril del 2002, junto con George W. Bush.
«Es un espectáculo verdaderamente lamentable el de presidentes democráticos, que en sus países impulsan políticas democráticas, por la complicidad descarada con la que actúan en el plano internacional apoyando por ejemplo regímenes populistas, dictatoriales como el de Chávez y no se diga el de la dictadura cubana», protestó el Nobel de Literatura peruano Mario Vargas Llosa.
Detrás de este tipo de encuentros también está la mano amiga de la USAID.

Tiempo Argentino, 12 de Abril de 2013

Gianni Vattimo: «El futuro del mundo está en América Latina»

Hace años que Gianni Vattimo es una figura central en la filosofía contemporánea. Egresado de las universidades de Turín y de Heidelberg, discípulo de Hans–Georg Gadamer y continuador de Heidegger y Nietzsche, se reivindica como católico de rezo nocturno, comunista y gay en un país como Italia, que por el peso histórico del PCI y del Vaticano, siempre mantuvo esas cuestiones en permanente tensión.
Es uno de los impulsores del concepto de posmodernidad, pero también del llamado «pensamiento débil», una forma de dar cuenta de los acontecimientos sin estar aferrado a una lógica férrea, unívoca. Una forma de ser de izquierda sin ser estalinista, en términos brutalmente sencillos. Con una indeclinable inclinación política, es diputado en la Eurocámara por la Alianza de los Demócratas y Liberales por Europa como representante del partido Italia de los Valores.
En esta charla con Tiempo Argentino habló del presente, de cómo influye la designación del Papa Francisco y la muerte de Chávez en el futuro del mundo, del rol de contrapeso a los poderes del mundo que espera de Latinoamérica, de los medios y de una investigación que como diputado le tocó encarar al comienzo de este siglo sobre el sistema de espionaje electrónico más grande del mundo: la red Echelon.
–Cómo cambió todo desde la última vez que estuvo en Buenos Aires, en diciembre pasado, ¿no?
–Aparte de la inundación, que ya me ocurrió aquella vez, sí, la designación del Papa es una noticia trascendente.
–Que va en paralelo con la muerte de Hugo Chávez.

–Sí, aunque eso era algo que estaba más anunciado. Pero para mí la novedad más radical fue la designación del Papa. Porque en un sentido confirmó la centralidad de América Latina en el mundo actual. Eso era claro con Chávez, pero en mi imaginario, que no sé si es una imagen o una mitología de América Latina, tengo la impresión de que lo que acontece con Chávez, con Venezuela y con la política latinoamericana se ha definido más plenamente con la designación de Jorge Bergoglio. Incluso, los dos acontecimientos son casi simultáneos. Entonces, ¿Qué significa la leyenda, la historia de Chávez en América? Pues que finalmente se obtiene un continente más independiente, para mí el punto central. El continente representa un contrabalance al imperialismo yanqui, absolutamente. Mi actitud, como la de mucha gente de Europa, es como una mirada mitológica de Latinoamérica en el sentido de transformación de la política internacional. Por ejemplo, cuando Lula va a visitar a Mahmud Ahmadineyad en contra de la voluntad norteamericana, esto significa una modificación del balance internacional. Es del tipo de acontecimientos que me interesan. Cuando se añade la elección del Papa resulta más evidente que hay una tarea histórica latinoamericana. Repito: en parte esto lo reconozco como un mito. Pero espero que se impongan en la política internacional algunos países un poco más populares. No digo el mundo comunista ideal del futuro, pero que algo cambie.
–En los últimos años, Chávez pareció acercarse mucho más al cristianismo y a la vez hablaba mucho de Nietzsche, decía que lo estaba leyendo, que cuando se estaba haciendo su tratamiento por primera vez había pedido para leer Así habló Zaratustra.
–No le había escuchado decir eso, fíjese. Pero me alegro por él, porque Nietzsche es una lectura edificante, tenía un muy marcado sentido agonístico de la vida.
–¿Usted llegó a conocer a Chávez?
–Estuve una vez con un grupo de diez personas, después de su programa Aló Presidente, un domingo por la tarde. Fue un buen encuentro, aunque yo tuve más relación y me sentía muy contento con (Fidel) Castro. Con Chávez no he tenido un contacto tan directo, pero lo que él hacía era el castrismo verdadero, hacía lo que Castro había querido hacer. Su relación con el cristianismo siempre me pareció una cosa de pertenencia histórico cultural, es decir que era la cultura fundante, pero no sé si era tan…cómo decir… porque él era también un tombeur de femmes (un seductor empedernido), le gustaban las chicas claramente.
–Ese no sería un problema para su cristianismo, ¿o sí?
–No, no lo era, pero cómo decirlo, simplemente no era un cura.
–La designación de Bergoglio de alguna manera viene dar vuelta con un proceso que intentó clausurar el Concilio Vaticano II, que en su momento tuvo una gran influencia de la Iglesia latinoamericana. ¿Usted lo cree así?
–Confío en que es eso, porque los que mataron un poco al Concilio fueron los curiales del Vaticano, la tradición burocrática de Roma, que no es particularmente de derecha aunque si son muy conservadores. Me parece que Francisco abre la posibilidad de una nueva influencia del Concilio Vaticano II.
–Él teólogo Hans Küng decía que Bergoglio cumpliría una función como la de Mijail Gorbachov en la Unión Soviética.
–Yo creo que va a ser algo más, aunque lo que podría reducir su importancia es que el Vaticano es un poder económico enorme que necesita también de balances. Los dos grandes problemas de la Iglesia pública hoy han sido primero la pedofilia y luego el Banco del Vaticano. Y son problemas que la Iglesia se creó a si misma porque Jesús nunca habló mucho de si le gustaban los niños.
–Tampoco predicó por los bancos.
–No, absolutamente no. Los bancos son una creación absolutamente temporal de la Iglesia antigua. Pero fíjese que San Agustín era un filósofo y un obispo. Como filósofo podía desarrollar toda una teoría nueva sobre el cristianismo, pero como obispo tenía que ser un gobernante en medio del imperio romano en decadencia. Pero incluso, el problema de la pedofilia o la sexofobia de la Iglesia habla mucho de su actitud conservadora frente a las instituciones tradicionales como la familia, la herencia, el primer hijo. Todas estas cosas no tienen nada que ver con Jesús. Un Papa un poco más medido en su fundamentalismo, un poco más tradicionalista, más ligado el evangelio, se encuentra con esas superestructuras históricas que la Iglesia no puede eliminar de un día para otro, pero que son un escándalo para los creyentes. Yo tengo la tentación de no ser más creyente porque hay un banco del Vaticano o por la política sexual de la Iglesia.
–Otro tema de estos meses es que Italia se quedó sin gobierno.
–Un ejemplo que se cita es que Bélgica estuvo 589 días sin gobierno. Pero Bélgica es un país más pequeño y tiene todas las estructuras europeas que se identifican un poco más con Bruselas y, sobre todo, tiene gobiernos regionales más fuertes y definidos que Italia. El punto es que en Italia decimos que es un problema de Europa, que está contando con nosotros ciudadanos italianos más como un límite que una oportunidad, como algo positivo. Nos imponen límites de balance, nos impiden imprimir moneda, y esto me parece a mí un problema central. Además el problema fundamental de Europa es que los gobiernos nacionales siguen contando muchísimo en la arquitectura de la unión porque el Consejo Europeo es el gran senado del gobierno verdadero de Europa y son de derecha y ligados a una concepción económica que dice que el capitalismo es la mejor cosa posible. Esto efectivamente es el punto: Europa se organiza con una reforma que la haga más independiente frente a los poderes multinacionales extranjeros o se disuelve. Del lado de Italia puede venir un período de conflictos sociales muy marcados, quizás un terrorismo que renace y fomente un fascismo o un autoritarismo de Estado. Tengo miedo que pase esto, si no cambia algo de la estructura económica de los bloques en lo que se llama el fiscal compact (tratado de estabilidad fiscal), que ha sido aceptado inmediatamente por Italia pero no por Francia y Alemania. Nosotros somos los esclavos más diligentes.
–Pero Italia venía en decadencia tras los períodos de Berlusconi en el poder.
–En el sentido político sí, pero en el sentido económico es difícil de decir, porque la dramatización de nuestra situación económica ha sido un poco preparatoria para el remedio que el presidente de la República había pensado, que es (Mario) Monti y el gobierno de los técnicos como fin de la democracia. Uno no se puede imaginar cómo una política internacional tan elevada, tan dependiente de los bancos pueda ser democrática, pueda ser decidida por los ciudadanos. Por ejemplo, una regla de la Constitución dice que la política económica no puede estar sometida a un referéndum popular. Yo como diputado europeo, como me pagan, no puedo hablar muy mal de Europa, pero en estos momentos…
–No se trata de que hable mal, pero uno puede pensar si el crecimiento de América Latina no se explica por la caída de Europa, ¿no son dos caras de la misma moneda?
–Yo creo que América Latina se reconstituye un poco porque no han tomado más en serio al FMI, mientras que nosotros somos absolutamente esclavos de él y francamente no lo comprendo muy bien, porque incluso la derecha berlusconiana tiene muchas dudas frente a la política monetarista, de regularidad capitalista que nos imponen. Sin embargo, no sé hasta cuándo va a durar esto.
–¿No ve a movimientos sociales como «los indignados» capaces de hacerle frente?
–Yo creo que somos víctimas de un terrorismo económico y mediático terrible. En toda Italia, la gente acepta sacrificios porque dice «al final de mes, ¿Dónde hay un salario?», o porque los bancos pueden cerrar. Hay una campaña terrorista mediática, los grandes diarios italianos son todos favorables a la política de Monti, aunque esto significa cada día 2000 desempleados más en Italia. ¿Hasta cuándo va a durar la paciencia del pueblo, del bravo pueblo italiano?
–¿Cómo era que Cicerón le dijo a Catilina (el dirigente romano acusado de conspirar contra la república en el siglo I antes de Cristo)?
–(Risas) «Quousque tandem, Catilina, abutere patientia nostra?» ¿Hasta cuando vas a abusar de nuestra paciencia, Catilina?
–En relación con los medios, en la Argentina hay una nueva ley que todavía no se pudo implementar completamente.
–¿Tiempo Argentino como está con la Ley de Medios, del lado de Clarín o del otro lado?
–Del lado de la ley.
–Ah, bien. La Ley de Medios, por lo que conozco –me la han dado a leer una vez– me parece un gran ejemplo para Italia, porque el dominio de Berlusconi se fundó sobre el monopolio de los medios de comunicación. La ley argentina la veo como una buena dirección hacia una política más democrática
–¿En Italia nadie discute los medios más allá de los ámbitos académicos?
–No hay una política para los medios. Tenemos una televisión del estado (la RAI) que se comparte con las fuerzas políticas de la mayoría legislativa y el resto es un Far West donde Berlusconi hace lo que quiere. El proyecto que hemos tenido con la propiedad de los medios escritos y los televisados, que intentaba equilibrar un poco más las cosas, se disuelve ahora que la tevé y los medios electrónicos como Internet van destruyendo los diarios. Y yo todavía soy como un viejo señor que pertenece a la época del papel.
–¿Cómo ve el futuro tanto de Europa como de Latinoamérica?
–En un sentido, el futuro está en América Latina, porque el problema del mundo es que haya un fuerte contrapoder respecto a los poderes centrales, como son los bancos, las multinacionales. Yo tengo un prejuicio de tipo italocéntrico porque imagino la política mundial sobre el modelo de la política nacional de Italia a lo largo de los años 50 y 60. Entonces, el Partido Comunista nunca ocupó el poder, pero tenía una organización tan fuerte que condicionaba muchísimo y contrabalanceaba a los gobiernos. Yo veo que la función de Latinoamérica es similar, sin decir que todos los latinoamericanos son comunistas, claro. Pero es esta función de balance contra el poder mundial que nos ayude a no ser demasiado súbditos de los EE UU, de los bancos.
–Pero EE UU también está en declive.
–Sí, es cierto, pero cuando pienso en EE UU pienso más bien en los bancos, en Goldman Sachs, pienso en el poder efectivo, y en efectivo, en metálico (risas).
–China preocupa en Europa. ¿Cómo ve al crecimiento de ese país?
–China preocupa en Europa sobre todo por razones de competencia comercial. Yo creo que hasta ahora es un gran protagonista de la escena mundial, pero capitalista. El pobre Mao se revuelve en su sepulcro, creo. Hasta ahora yo no entiendo muy bien el interés por China que no sea un interés de tipo teórico. Qué pasa con una economía que no es totalmente del capital, pero que es una economía capitalista, con mucho dinero. China obviamente es la gran curiosidad. Cuando hablo un poco de mitología latinoamericana, pienso que son los que hablan de una socialidad más típicamente andina, no tan individualista como la democracia formal de EE UU. Cuando discuto de Castro en Europa me hablan de las listas electorales que se compilan públicamente en los barrios, y yo digo «pero esa es el máximo de democracia». Obviamente, la participación incluye la limitación de la independencia formal de cada uno. Imagino que estos mundos –incluso la democracia china, pero eso para mí es la oscuridad total– estos mundos contienen un modelo de socialidad posible que no es el individualismo anglosajón moderno. Yo siempre he pensado que la posmodernidad era el mundo latino y americano, porque somos bastante menos prisioneros de la industria británica, del industrialismo.
–Un mundo más multilateral incluso.
–Yo pienso que la única cosa que Chávez había prometido hacer y no hizo, y creo que con buenas razones, fue crear una nueva Internacional Comunista. Porque creo que la idea central de una revolución mundial no funciona. No pienso en una toma del poder en Europa, pienso más bien en el anarquismo, pienso en el desorden dentro del orden.
–¿Le interesa que haya desorden público?
–No, pero que haya un poco de vitalidad, de revuelta. Un Estado liberal puede ser un estado con conflictos sociales, arreglados sí, pero con conflictos. Si no hay conflicto no hay vida, este es el punto. Pensadores italianos como (Giorgio) del Vecchio o (Antonio) Gramsci mismo pensaban en una democracia vital. Conflictiva aunque arreglada para que no sea una guerra de todos contra todos. Esto me parece importante incluso como una anarquía de la sociedad que sea un contrapoder que evite la ruina, el desastre que se está preparando con los recursos naturales. A mí el futuro no me parece tranquilizante, porque uno siempre dice «bueno, ahora somos una democracia formal.» Y no. Sólo una buena revolución comunista instituye un Estado liberal. «
Echelon, una red para la vigilancia global
–Usted integró la comisión de la Eurocámara que investigó la red Echelon, ¿Qué me puede decir de eso?
–Fue una experiencia terrible. Cuando yo pienso en eso, pienso en la teoría del complot mundial que obviamente es otra mitología, pero negativa, negra, con buenas razones para ser creída. Es una red de control manejada por los grandes poderes de la vieja ONU: Estados Unidos, Gran Bretaña, Australia, Canadá y Nueva Zelanda. El mundo anglosajón controlando todo. El problema de la red Echelon es que ahora no se la menciona más. Es interesante porque se devalúa todo bajo la teoría del complot mundial que siempre incluye un poco de misterio, como el Club Bilderberg. Yo creo que se habla demasiado mal de esta teoría del complot.
–¿La red Echelon sigue funcionando?
–Absolutamente.
–O sea que en este momento nos están escuchando.
–Por supuesto. Mi esperanza siempre ha sido que para escuchar todo se necesita demasiada gente, aunque es cierto que los motores de búsqueda son muy poderosos. El problema es que es algo básicamente ilegal. En los países donde hay un sistema judicial, para escucharme se necesita la orden de un juez, pero ellos escuchan todo y después tiran como una red para atrapar peces. Si uno acá dice (se acerca al grabador) «bomba», «bomba», «Obama», «Obama», mañana quizás vengan a ver por qué se dice «bomba» y «Obama». Creo que la teoría del complot tiene sentido. Es muy difícil que haya un Gran Hermano, pero que haya todo un sistema de acuerdos secretos, no sé. La política de la moneda no la hacen los gobiernos nacionales. Yo sé que es una mitología, pero siempre las mitologías tienen algo de realidad.
–¿Los gobiernos no se preocuparon por el tema Echelon?
–Se preocuparon, pero individualmente no podían hacer nada porque son cuestiones militares y no se discuten públicamente, están ligadas a los tratados internacionales y los gobiernos europeos forman parte de la OTAN, que es Estados Unidos, que comanda todo. Nosotros habíamos utilizado una clave de una canción de Jacques Brel que era «Ne me décrypte pas» (no me descifres, por el tema «Ne me quitte pas», «No me dejes»). Pero no se podía hacer nada, y eso que se había comenzado con temas de competencia económica porque la Airbus había sido interceptada por la Boieng, y le había quitado un contrato de 6 mil millones de dólares con Arabia Saudita. Era algo relacionado con la libertad de mercado.

Tiempo Argentino, 7 de Abril de 2013