por Alberto López Girondo | May 17, 2013 | Sin categoría
Barack Obama sufre un embate de la derecha y de los medios concentrados que casi hacen olvidar que apenas cinco meses atrás asumía su segundo mandato luego de haber ganado los comicios de 2012. El clima se puso al rojo tras haberse conocido el «acoso» de la AFIP estadounidense sobre el ultaraconservador grupo Tea Party y las escuchas ilegales a periodistas de la agencia de noticias AP, lo que para muchos preanuncia un aire destituyente como el que terminó con el gobierno de Richard Nixon en 1974.
Fue en este contexto que tuvo que renunciar Steve Miller, el funcionario a cargo del Internal Revenue Service (Servicio de Impuestos Internos, el IRS), por la «inexcusable» intromisión en las cuentas impositivas de los republicanos más críticos de Obama. El secretario de Justicia Eric Holder, responsable de los organismos que vigilaron a los periodistas, sudó la gota gorda ante legisladores que le pedían explicaciones. Haciendo caso al reclamo del The Washington Post –el diario que destapó el escándalo Watergate en 1972–, que le pidió «atajar el mal a tiempo», Obama volvió a impulsar un proyecto de ley para garantizar a los periodistas la protección de sus fuentes confidenciales. Una norma presentada por el senador demócrata Charles Schumer en diciembre 2009 que nunca se trató sobre tablas.
Es claro que Obama no es Nixon y que en muchos sentidos la política del demócrata representa un giro de 180 grados sobre la que instauró en su momento el republicano, comenzando por la Ley de Salud. Por eso el ensañamiento sobre su gestión de algunos sectores de la prensa concentrada, y especialmente de la cadena Fox, que a esta altura parece empeñada si no en llegar a un impeachment como el que llevó a la renuncia de Nixon, al menos en limar tanto su segundo mandato como para que el recuerdo que quede en la sociedad sobre la administración del primer negro en ocupar la Casa Blanca no sea de orgullo. Cosa de que no se repita una versión mejorada.
Obama tampoco es Lula da Silva, otro que viene padeciendo los ataques del establishment a través de la prensa. «No perdonan que un metalúrgico pueda haber gobernado de un modo que ellos no fueron capaces de hacer», dijo varias veces el fundador del Partido de los Trabajadores (PT). Antes de tomarse el avión que lo trajo a la Argentina, Lula volvió a cargar contra los medios, a los que suele tildar de impiadosos. Y en un acto partidario por los diez años de gobierno del PT, comentó las reseñas que publicaron sobre esta década. «Si un inversor extranjero llega a Brasil desde Londres y lee los diarios O Estado de Sao Paulo, O Globo, Folha o las revistas Veja y Epoca sale corriendo, porque le parecerá que el país terminó en la ruina.»
«¿Cómo hace un gran editor de un diario de este país para explicar la generación de 22 millones de puestos de empleo formales mientras existen récords de desempleo en el mundo desarrollado?», objetó el ex sindicalista. Los antecedentes que podría mostrar Lula sobre la controvertida relación de los gobiernos con la prensa de Brasil son más dramáticos que los de Obama, pero igualmente ilustrativos.
Blogueros brasileños bautizaron como Partido da Imprensa Golpista (PIG, por Partido de la Prensa Golpista) a esos cotidianos embates del establishment a través de los medios de comunicación contra gobiernos democráticos con tintes progresistas. Las iniciales, que remiten a pig, cerdo en inglés, fueron creación del periodista Paulo Henrique Amorim en el año 2007, en ocasión del comicio en el que Lula fue reelecto. Otros internautas se plegaron a la chanza y alguno llegó a proponer a Arnaldo Jabor, un acérrimo enemigo de todo lo que huela a popular en América Latina, como «presidente del PIG». Recuerdan, incluso, que el lema es copiado del Canal Fox en su relación a Obama: «El candidato del PT no puede ganar.»
Amorin, a los 71 años, tiene una aquilatada experiencia en prensa gráfica, condujo programas televisivos y fue corresponsal en Washington de O Globo y la revista Veja. En su propio blog tenía una sección que tituló «No coma gato por liebre». Allí recuerda como antecedente de la prensa golpista a Carlos Lacerda, controvertido periodista que terminó envuelto de un modo insólito en el suicidio de Getulio Vargas en 1954. Un interesante personaje con una historia política que comenzó en su juventud como militante del Partido Comunista y luego viró a virulento antipopulista.
Vargas fue el máximo líder político brasileño del siglo XX que llegó al poder luego de un golpe de Estado en 1930 y hasta su muerte fue el máximo referente de los cambios que abrieron las puertas a un Brasil moderno que ahora ya juega en las grandes ligas, pero que en esa época tenía un PBI de la mitad del argentino. Acusado de inclinaciones fascistas y de no haber respetado demasiado las formas democráticas, instauró el Estado Novo a fines de esa década y, a la llegada de Juan Domingo Perón al gobierno, tendió puentes para la integración con Argentina y Chile que irritaron notablemente a la Casa Blanca.
Con los ataques de Lacerda desde la página escrita –había fundado el diario Tribuna da Imprensa– el periodista se convirtió en una suerte de coordinador de la oposición a Vargas en las elecciones de 1950 y taladró cada acto de su gestión desde entonces. La historia lo muestra aliado a sectores golpistas de las fuerzas armadas, mientras que los varguistas lo veían como el enemigo público. Hasta que el 5 de agosto del ’54 sufrió un atentado en la puerta de su casa. Recibió heridas menores en los pies, pero un mayor de la aeronáutica que le hacía de guardaespaldas murió. Arreció la ofensiva de toda la prensa sobre Vargas y aparecieron indicios sobre miembros de su guardia personal. Vargas aseguró que no tenía nada que ver con el asunto, pero agobiado por la presión el 24 de agosto se pegó un tiro en el pecho en su despacho del Palacio do Catete, la sede presidencial en la entonces capital brasileña, Río de Janeiro.
En una carta testamento, Vargas escribió que «las fuerzas y los intereses en contra del pueblo se coordinaron y se desencadenaron sobre mí. No me acusan, me insultan; no me combaten, me calumnian y no me otorgan el derecho a defenderme. Necesitan sofocar mi voz e impedir mi accionar, para que yo no pueda continuar defendiendo como siempre he defendido al pueblo y especialmente a los humildes.» Luego detalla la obra de gobierno que dejaba a la posteridad, entre ellas las conquistas de los trabajadores, el impulso al desarrollo social y a la formación de Petrobras y Electrobras. «Les di mi vida. Ahora les ofrezco mi muerte», finaliza.
Lacerda se tuvo que ir de la ciudad en medio de los funerales multitudinarios de Vargas.
Pocos meses más tarde hizo todo lo posible para que Juscelino Kubischek no ganara en las elecciones de 1955. Kubischek, el primer descendiente de gitanos en asumir como presidente en el mundo, continuó parte de la obra de Vargas: consolidó la petrolera estatal, pero también fomentó la industria automotriz y promovió la construcción de Brasilia.
Ni qué decir de la posición que fue tomando Lacerda ante la llegada al gobierno del sucesor de Kubischek, Janio Quadros. Una denuncia por contrabando de armas desde Argentina y de un intento de autogolpe forzaron la renuncia de Quadros, que acababa de firmar la recuperación de los yacimientos de hierro de Minas Gerais al estado federal, a siete meses de asumir, en agosto de 1961. «Fuerzas terribles se levantaron contra mí…», escribió en su renuncia. El vicepresidente Joao Goulart tuvo que pelear duro para poder asumir en su lugar. Porque era más radicalizado que Quadros y porque además, en el momento de la transición estaba de viaje por la China comunista.
Eran los años de la Guerra Fría y el triunfo de la revolución cubana, y Goulart, al igual que Arturo Frondizi, no estaba de acuerdo con clausurar sus relaciones con la isla ni con los países del bloque comunista. Luego de una entrevista secreta con el Che Guevara tuvo que enfrentar nuevos embates de Lacerda, a esta altura totalmente abocado a destituir al presidente, que iba consolidando su aceptación popular. El golpe del ’64 fue una bendición para el arrebatado periodista. Pero pronto se pasaría a la vereda de enfrente: los militares no venían a luchar por la democracia. Fue así que formó un Frente Amplio en noviembre de 1966, junto con sus antiguos enemigos, Kubischek y Goulart. Y como a ellos, la dictadora le quitó los derechos civiles.
Kubischek falleció el 22 de agosto de 1976 en un accidente automovilístico, Goulart murió oficialmente de un ataque al corazón en Corrientes el 6 de diciembre de 1976. Lacerda también figura como fallecido de un infarto, el 21 de mayo de 1977. La muerte de los tres en pocos meses siempre resultó sospechosa. La Comisión de la Verdad va a exhumar los restos de Goulart para analizar si efectivamente fue envenenado, como señalan muchos testimonios. Desde algunos sectores se impulsa hacer lo propio con el cuerpo de Kubischek. Nada se dice sobre Lacerda.
Tiempo Argentino, 17 de Mayo de 2013
por Alberto López Girondo | May 15, 2013 | Sin categoría
El caso conmovió desde las pantallas por su tensión más emparentada con Hollywood que con la vida real. Primero con las imágenes en vivo de público y corredores envueltos en una explosión mortal a metros de la línea de llegada de la tradicional Maratón de Boston y luego con la misma ciudad en estado de sitio y ocupada por miles de policías superequipados para atrapar a un sospechoso, malherido, de 19 años, que se había refugiado dentro de un bote a la espera de algún milagro.
Más allá de la cinematográfica captura, lo que luego se dispersó sobre la sociedad estadounidense fue un océano de dudas sobre la responsabilidad del gobierno de Barack Obama y de los organismos de vigilancia, como el FBI y la CIA, en torno de la prevención del atentado con bombas de fabricación casera que costó la vida a tres personas y dejó a otras 216 con heridas de distinta consideración. Porque la imputación sobre los hermanos Tsarnaev recuerda demasiado a la que hace casi 50 años se descargó sobre Lee Harvey Oswald como autor de la muerte del entonces presidente John F. Kennedy. Con sospechosos viajes a territorios de Rusia y misteriosas ayudas del espionaje estadounidense incluidos.
Tamerlan Tsarnaev fue muerto cuatro días después de que al menos tres bombas elaboradas con ollas a presión repletas de clavos estallaran en la Maratón. La carrera es un símbolo de la ciudad donde se originó la independencia de Estados Unidos, es una de las cinco más importantes del mundo y la más antigua, ya que comenzó a desarrollarse en 1897, tras los primeros Juegos Olímpicos de la era moderna en Atenas. Esta vez había convocado a unos 20.000 corredores de todo el mundo, con un puñado de argentinos entre ellos.
Muchos creyeron ver en el estallido del 15 de abril una señal de algún grupo proarmamentista, ya que por esos días se debatía en el Congreso de EE.UU. el proyecto de ley de Obama para limitar el uso de armas de guerra. Una tímida respuesta a las últimas masacres que espantaron al país, sobre todo la que en diciembre dejó un saldo de 20 niños y 6 adultos muertos en una escuela de Newtown, Connecticut. Por esos días también se conmemoraba el aniversario del atentado al edificio de Oklahoma que en 1997 causó la muerte de casi dos centenares de personas en ocasión de tratarse otro proyecto similar, en tiempos de Bill Clinton. La ley que pretendía Obama no prosperó por la oposición de los republicanos pero también de varios demócratas, en lo que para el presidente fue «un día vergonzoso para Estados Unidos».
Pero el golpe en Boston siguió latiendo en la sociedad y fundamentalmente en los medios masivos, que pronto advirtieron contra presuntas células islámicas en territorio estadounidense. Los voceros de Obama al principio se mantuvieron cautos para usar la palabra clave: terrorismo. Pero cuando el 11 de setiembre pasado el embajador en Libia, Chris Stevens, murió en un ataque al consulado en Benghazi el gobierno demoró en calificar al hecho como terrorismo y el presidente fue virtualmente ejecutado por los medios conservadores. La experiencia pesó para que apuraran definiciones, al menos semánticas. Pero quedaron pendientes otro tipo de explicaciones.
La primera información era que el mayor de los Tsarnaev, Tamerlan (el nombre remite al conquistador mongol que ocupó gran parte de Asia central en el siglo XIV), de 26 años, había sido eliminado por la policía luego de haber disparado contra un agente. Lo buscaban porque una cámara de vigilancia había detectado a dos jóvenes en actitud sospechosa cerca de la llegada de la maratón. En alguna imagen aparecen portando mochilas llenas y luego del estallido, vacías.
El menor, Dzojar, logró escapar tras haberse tiroteado con los uniformados. Lo encontraron luego de una cacería humana con varios disparos en el cuerpo, escondido en una lancha en los fondos de una casa suburbana. Había perdido mucha sangre y un proyectil le había atravesado el cuello, por lo que no estaba en condiciones de hablar, lo que despertó especulaciones de todo nivel.
Luego trascendió que se estaba recuperando y que había comenzado a brindar información. Hasta que alguien parece haber reparado en que se habían «olvidado» de leerle la Advertencia Miranda, el texto protocolar que le indica al detenido que no está obligado a declarar y que tiene derecho a un abogado. Ahí, según la información, volvió al silencio.
En el lapso en que se habría mostrado cooperativo –unas 16 horas hasta que se cumplió con la ley– habría explicado que él y su hermano «estaban indignados por las guerras de Estados Unidos en Afganistán e Irak y la matanza de musulmanes allí», según revelaron dos funcionarios que hablaron con la agencia AP a condición de guardar el anonimato.
El dato tiene como principal inconsistencia que ambas invasiones comenzaron hace más de 10 años. Para la misma época que ellos se mudaban a EE.UU. luego de un periplo familiar desde su lugar de nacimiento en la república rusa de Daguestán –a pesar de que el origen de los ancestros es Chechenia– y Kirguistán. Y que entonces ambos tenían 9 y 16 años respectivamente. El menor habría asegurado que el golpe en Boston fue organizado por el mayor, que fue rematado por balas policiales y no podrá declarar. Días más tarde, el FBI anunció la detención de otros tres jóvenes de 19 años relacionados con los Tsarnaev: Azamat Tazhayakov y Dias Kadyrbayev, originarios de Kazajastán, y Robel Phillipos. Eran compañeros de estudios de Dzijar y enfrentan cargos de obstrucción de la justicia porque tiraron elementos que había en la habitación del acusado.
Luego fueron apareciendo otros datos en la investigación del caso. El más chico se había nacionalizado, tenía una beca para estudiar en Cambridge y votó por los demócratas. Del mayor, en cambio, dicen que soñaba con representar a EE.UU. en algún certamen de boxeo amateur. Habían nacido en Majachkalá, capital de Daguestán, vecina de Chechenia, y profesaban la fe musulmana.
La familia Tsarnaev llegó a Estados Unidos escapando de la violencia en una de las regiones más convulsionadas de lo que fue la Unión Soviética. Anzor Tsarnaev, el padre de los jóvenes, dijo en una entrevista desde Rusia que «los chechenos eran perseguidos en Kirguistán, había problemas». El caso es que recalaron en Estados Unidos aunque no está muy claro cómo fue que los hermanos quedaron solos. Se sabe sí que la madre, Zubeidat Tsarnaeva, dijo también desde Rusia que ella no tiene nada que ver con algo parecido al terrorismo. A pesar de que Dzojar enfrenta cargos que lo pueden condenar a la pena capital, no puede ir a visitarlo porque está acusada del robo de mercadería valuada en 1.624 dólares en la tienda Lord & Taylor de Natick, Massachusetts.
Pero en la familia Tsarnaev aparece un tío que agrega su cuota de enigma a la historia. El hombre es el que apareció durante la búsqueda del fugitivo Dzojar recomendándole que se entregara para no causar males mayores a la sociedad. Ruslán Tsarni declaró a la cadena CBS que Tamerlan tenía ideas extremistas y al canal Fox 25 que Dzojar era un buen estudiante y quería ser médico. «Temo que su hermano mayor haya podido tener una mala influencia sobre él», resaltó, verborrágico por demás. Ruslan –que también se confesó «avergonzado» por la situación– añadió que su cuñada tuvo una «gran influencia» en la presunta radicalización de los hijos.
Más tarde saldrían a la luz otras cuestiones relacionadas con el tío indiscreto. En algún momento de su vida este hombre que hoy tiene 42 años se casó con Samantha Ankara Fuller. Por entonces, «Ruslan Tsarni era conocido como Ruslan Tsarnaev», escribe Daniel Hopsicker, el periodista que destapó esta parte de la trama. «Se desconoce cuándo cambió su nombre». La mujer es hija de Graham Fuller, un destacado oficial de la CIA especialista en terrorismo islámico que trabajó en la estación de «la compañía» en Afganistán y luego se pasó a la Corporación Rand, una proveedora privada de servicios de análisis y entrenamiento de cuadros militares para el gobierno estadounidense desde los inicios de la Guerra Fría. Él mismo confirmó la información aunque descartó cualquier vinculación con el hecho porque la pareja se divorció en 2004.
Sin embargo, escribe Kurt Nimmo en Infowars, resulta interesante compilar también esta relación familiar, «considerando que Tsarni está en el centro de los esfuerzos por convencer a la opinión pública de que Tamerlan Tsarnaev, el supuesto terrorista de Boston ahora muerto, fue víctima de un “lavado de cerebro” por parte de un hombre desconocido de Albania llamado Misha».
El papel de la CIA
El padre de los muchachos diría en una conversación telefónica con la agencia rusa Interfax que en su opinión «los servicios secretos se la han jugado a mis hijos porque son creyentes musulmanes». Pero Moscú tiene otra versión de los hechos. Así lo deja entrever un cable de la Associated Press firmado por Eileen Sullivan y Matt Apuzzo donde se señala que las autoridades rusas habían grabado en secreto varias conversaciones telefónicas en 2011 en las que Tamerlan hablaba vagamente sobre la yihad con su madre. La portavoz del FBI en Washington, Jacqueline Maguire, comentó que «las conversaciones son importantes porque, si hubieran sido reveladas antes, podrían haber significado suficiente evidencia para que el FBI iniciara una investigación más minuciosa sobre la familia Tsarnaev».
El detalle es que en apariencia las autoridades rusas sólo informaron que les preocupaba que Tamerlan y su madre fueran extremistas religiosos. Por lo tanto, de acuerdo siempre con la vocera, el FBI interrogó a Tamerlan sobre sus actividades en Estados Unidos y como no sacó nada en limpio dio el caso por cerrado en ese mismo año.
Para Moscú, los jóvenes habían sido entrenados por la CIA para atentar en territorio checheno contra los intereses rusos. Y el viaje de Tamerlan habría sido parte de esa preparación para cometer actos terroristas, pero en suelo asiático.
Revista Acción, 15 de Mayo de 2013
por Alberto López Girondo | May 13, 2013 | Sin categoría
En un discurso en el que puso todas las cartas sobre la mesa, el vicepresidente de Estados Unidos, Joe Biden, dijo que pretende una «relación más profunda» con América Latina, una región que en la última década se va mostrando cada vez menos propensa a ser el patio trasero del imperio y demuestra con hechos palpables que ya está jugando en las grandes ligas mundiales en contra de los deseos de Washington.
Biden habló en el marco de la 43ª Conferencia de las Américas, un encuentro organizado por el Departamento de Estado junto con el Council of the Americas, el think tank creado por el magnate David Rockefeller para fomentar el ultraliberalismo a nivel regional desde hace casi medio siglo y que solía convocar a ministros y altos funcionarios de los países latinoamericanos para brindarles su «bajada de línea» anual. Esta vez la ronda fue más bien escuálida, a pesar de que pomposamente se la presentó como la ocasión para el relanzamiento de las relaciones privilegiadas que la administración de Barack Obama pretende con la región. Los detalles de lo que dijo su compañero de fórmula y los anuncios muestran sin embargo que la posición de los demócratas no se mueve un ápice de la postura tradicional de Washington.
«Latinoamérica siempre nos ha importado, pero ahora aún más por el potencial existente», apuntó Biden, quien agregó que muchos países del continente, como México, disfrutan ahora de una mayoría de clase media y de un ambiente democrático estable que les permite mostrar otra importancia comercial y económica dentro del Hemisferio Occidental. «Antes nos preguntábamos qué podíamos hacer POR Latinoamérica, ahora se trata de ver qué podemos hacer CON Latinoamérica», enfatizó el vicepresidente.
Fue en esa minicumbre neoliberal que Biden anunció un próximo viaje a Colombia, Brasil y Trinidad Tobago y una inminente visita de los mandatarios de Chile y Perú a Washington. «Este es el más activo tramo de relaciones de alto nivel en mucho tiempo», dijo Biden, quien no olvidó mencionar la posición de su gobierno en torno de Venezuela. «Cualquier gobierno venezolano tiene una responsabilidad básica de permitir la libertad de expresión y asamblea, y eso no está ocurriendo en estos momentos», dijo sin inmutarse el ex senador por Delaware, el paraíso fiscal de Estados Unidos donde, sin ir más lejos, el Grupo Clarín armó un conglomerado de empresas con el objetivo de eludir impuestos, según viene denunciando este diario desde octubre de 2010. Esta quizá parezca una historia que no viene a cuento, pero hay razones para pensar que sí.
Lo que sí viene a cuento es el nuevo rol regional del diario español El País, que desde el estallido de la burbuja inmobiliaria en ese reino viene en picada en el plano de su economía. El grupo, que supo ser cabecera de playa de inversiones españolas en Latinoamérica y se extendió en proyectos propios en todo el hemisferio, no puede escapar a una deuda de más de 3000 millones de euros y gran parte de su paquete accionario está en manos de un fondo de inversiones oriundo de Estados Unidos.
Cuando la enfermedad de Hugo Chávez, el diario español cumplió un papel destacado como difusor de la oposición, incluso publicando una foto falsa. Desde fines de marzo, la edición internacional –que incluye el material online– se elabora desde México DF y Washington. El editor es el corresponsal del diario en la capital estadounidense, Antonio Caño. En su edición de ayer, mientras el presidente Nicolás Maduro viajaba de Buenos Aires a Brasilia en el marco de su gira por el Mercosur, publicaba un extenso reportaje al opositor Henrique Capriles. En titulares catástrofe decía: «Maduro se hunde cada día más porque su Gobierno es ilegítimo». La edición que recibieron los españoles en papel era un poco más medida y no ocupaba la tapa del diario sino un recuadro secundario: «Me han robado la victoria electoral», decía Capriles.
El vicepresidente de Obama quiere acercar lazos con Colombia y Brasil. El primero forma parte de la llamada Alianza del Pacífico, junto con México y los futuros invitados de la Casa Blanca, Chile y Perú. Ningún dirigente estadounidense que ande de gira por la región puede ignorar a Brasil, los otros acercamientos son reveladores de la estrategia que a pie juntillas siguen las derechas latinoamericanas. Algo que fue evidente este lunes en Lima, cuando el Congreso peruano aprobó una moción para retirar al embajador en Venezuela Luis Raygada por su apoyo explícito al gobierno de Maduro como representante legítimo de la República Bolivariana de Venezuela. Raygada, incluso, recomendó a sus detractores «tomar una pastilla de tranquilizante». Dos días más tarde se vio obligado a presentar su renuncia.
El discurso de Biden y la diatriba de El País se cruzaron con la designación de un brasileño al frente de la Organización Mundial de Comercio (OMC), la entidad con sede en Ginebra que tiene como rol fijar las condiciones y los acuerdos para el intercambio de productos entre los 159 países miembro. El dato no es menor si se tiene en cuenta que Roberto Azevêdo fue votado para suceder al francés Pascual Lamy en un final cabeza a cabeza con el mexicano Herminio Blanco.
Los entretelones de esta elección son por demás reveladores de los cambios que se registraron en el mundo en lo que va del siglo XXI. Roberto Carvalho de Azevêdo, de 55 años, es un ingeniero electricista que luego devino en diplomático tras pasar por el Instituto Rio Branco, que es la escuela de Itamaraty. Cierto que luego se doctoró en Economía en la «monetarista» Universidad de Chicago, pero hizo toda su carrera como hombre de la ágil e inquieta cancillería brasileña y es uno de los que más sabe de comercio internacional en ese organismo, donde es hasta ahora el embajador brasileño. Brasil precisamente es acusado de encabezar una suerte de boicot a los avances en la Ronda de Doha, el capítulo agrícola de la OMC.
El representante mexicano, en cambio, es un fiel exponente del libre comercio a ultranza. Herminio Blanco Mendoza, de 62 años, también pasó por Chicago pero siguió sus enseñanzas al pie de la letra al punto de que es considerado el arquitecto de la alianza comercial de su país con Estados Unidos y Canadá en el NAFTA y de la firma de 34 acuerdos de libre comercio.
Estados Unidos, los 27 países de la Unión Europea, Japón y Corea del Sur fogonearon al mexicano cuando se dieron cuenta de que entre los nueve postulantes que se anotaban en diciembre pasado no había nadie que les pudiera resolver el problema principal, que era el de seguir manejando la entidad como lo vienen haciendo desde su fundación. Es interesante resaltar que, de cualquier modo, el elegido sería un latinoamericano, aunque representaran dos caras visiblemente opuestas de la forma de encarar la economía y la distribución de los poderes en el mundo.
«La competencia para suceder a Lamy, el francés que ha presidido la OMC desde 2005, también había sido vista por algunos como un sustituto de batallas comerciales más amplias entre los mundos desarrollado y en desarrollo», describe James Politi en el británico Financial Times. «Antes de la votación final, los funcionarios mexicanos reclamaron el apoyo de Japón y Corea del Sur, mientras que las autoridades brasileñas dijeron que China estaba de su lado», destaca el Financial Times.
Azêvedo logró el apoyo de los países sudamericanos y del Caribe, los de África y parte de Asia. Itamaraty en pleno explicó a representantes de todos los países del mundo las ventajas de destronar la tradicional alianza de la OTAN del comercio a favor de un miembro de los países emergentes como Brasil. La designación del Papa Francisco parece haber tenido un trasfondo similar en torno de soluciones a problemas globales de otra institución sagrada como la Iglesia Católica, pero este sí es otro cantar.
El prestigioso diario económico de la City londinense agrega un clarísimo testimonio de Ed Gerwin, analista de política comercial de Third Way, un think-tank basado en Washington. «Hubo un día en que los EE UU y Europa se sentaban en una habitación a decir: ‘Este es nuestro hombre’, y nadie más tenía ni voz ni voto significativo en el proceso. Esto sin duda ha cambiado y es una buena cosa», reflexiona Gerwin, para explayarse finalmente: «Si realmente queremos someter el comercio basado en normas a todo el mundo, todo el mundo tiene que sentir que están implicados en el proceso.»
El vicepresidente chino, Li Yuanchao, llega al país en su primera gira al exterior, que incluye a Venezuela y debiera leerse como un avance estratégico hacia la consolidación de nuevos bloques de poder. Si algo saben las nuevas autoridades del gigante asiático –socio de Brasil en el grupo BRICS– es para dónde soplan los vientos.
Sería interesante que las derechas latinoamericanas también percibieran estas corrientes, porque pueden ser brisas que no amenazan con erosionarlos, pero cada vez levantan más polvareda.
Tiempo Argentino, 13 de Mayo de 2013
por Alberto López Girondo | May 5, 2013 | Sin categoría
Escribió Cuba: revolución o reforma y asegura que un revolucionario hace reformas, pero no es un reformista. Es decir que «no acepta la realidad tal cual es, y avanza a pequeños pasos en torno a ella, sino que la quiere modificar de raíz». Por eso para Enrique Ubieta Gómez, investigador y ensayista cubano que vino a presentar su libro a Buenos Aires, el debate sobre los cambios que se están produciendo en la isla son un tema incesante de debate en el plano cultural, a pesar de que estos pareciera sólo una movida económica.
«Se asocia el concepto de revolución con la violencia, cosa que me parece absurda. Pero hay muchas maneras de ser revolucionario que no tienen que ver con la violencia. En América Latina se han producido procesos revolucionarios a través de las urnas. Entonces, revolucionario también es saltar sobre lo imposible», dice en esta charla con Tiempo Argentino.
–Para algunos sectores conservadores, Cuba se está volcando al el capitalismo, reconoce que el socialismo fracasó. ¿Qué puede responder a eso?
–El mundo en que Cuba existe cambió. Evidentemente el camino que nosotros estábamos transitando para superar el capitalismo es hoy inviable. Es preciso rediseñarlo empleando el mayor recurso que tiene Cuba. Cuba ha creado una sociedad donde las masas se han transformado en colectividades de individuos con un alto nivel de instrucción. Es preciso desatar un poco las capacidades individuales y buscar de esa manera posibles desarrollos que no existen desde la perspectiva de los recursos naturales que no tenemos, o convenios comerciales que sólo con muy pocos países podemos tener de forma verdaderamente solidaria. Ese desatar las fuerzas individuales constituye un gran peligro porque en el mundo el único individuo culturalmente concebido es el que responde al individualismo burgués. El gran reto del socialismo cubano es construir y propiciar el desarrollo y la construcción de la individualidad socialista. Diría más, es el reto que no ha logrado, ningún Estado Socialista.
–¿Se lo planteó algún Estado socialista?
–Yo creo que no lo vieron de esa forma. El socialismo es la solución de grandes problemas colectivos que impiden el desarrollo del individuo, pero a la postre, el individuo ha vuelto a emerger. Ahora, todo está preparado en el mundo para comprar a ese individuo. A un pelotero cubano nunca se le va a pagar 30 millones de dólares para jugar en Cuba, a un biotecnólogo nunca se le va a pagar por un desarrollo lo que pagarían las transnacionales. Hay que buscar otras maneras, en eso es hacia lo que Cuba transita hoy, y es un camino extremadamente difícil.
–¿El Che Guevara hablaba del Hombre Nuevo?
–Cuando el Che hablaba del Hombre Nuevo no hablaba de un hombre individual perfecto que hablara cinco idiomas, que fuera karateca.
–No, no… En Superman seguro que no…
–Él estaba hablando de un tipo diferente de relaciones sociales donde el individuo encontrara el pleno desarrollo de su felicidad no en el consumismo sino en una verdadera realización de sus potencialidades individuales. Hacia ahí va el concepto de individualidad socialista. Yo no hablo de eliminar el odio, porque donde existe amor, existe odio. Hablo de una manera de encontrar la felicidad de forma diferente, que no excluye –esto lo hemos comprendido plenamente– la satisfacción material, el confort.
–¿Pero el sistema capitalista le promete más al biotecnólogo o al beisbolista de lo que le puede dar Cuba?
–En efecto es una guerra, y una guerra desigual. Porque además la cultura del capitalismo está en Cuba también, no podemos pensar que Cuba es un lugar aislado. De hecho la cultura del socialismo es sólo un proyecto en desarrollo que se hace a partir de la contracultura del capitalismo y a partir de la cultura popular. Pero la cultura dominante en el mundo, la cultura del capitalismo, la tenemos en la televisión, en las películas de Hollywod, en la música, en el sistema de ventas de los Grammys, en la NBA. Es un gran reto, ahora el punto sería, ¿puede ser una batalla que sólo se gana desde lo cultura?, paradójicamente sólo desde la cultura puede ganarse, aunque la economía es el fundamento. Usted no puede retribuir a las personas según lo que aportan en la sociedad, que es la divisa del socialismo, si no existe una economía fuerte para eso. Y al mismo tiempo, sin un alto nivel de cultura en la población, sin un permanente debate de ideas, tampoco es posible vencer. Yo creo que estamos en un momento en la sociedad cubana donde es imprescindible debatirlo todo.
–¿Una revolución dentro de la revolución?
–Hoy por hoy, no existe capacidad alguna, ni interés alguno de prohibir nada. De hecho las nuevas tecnologías lo hacen imposible, el tema es que sí hay que debatirlo todo. Desarrollar en el ser humano la capacidad, la mirada crítica hacia todo lo que lee, todo lo que ve para que pueda discernir desde sus propios conocimientos. Esa capacidad crítica no se desarrolla por la simple acumulación de conocimientos, además tiene que haber un entrenamiento, y eso sólo lo ofrece el debate. Es lo que estamos diciendo siempre en los últimos meses, nos estamos refiriendo a ese tipo de debate. Porque no vas a poder competir, no vas a poder dar 30 millones de dólares a un beisbolista, pero le podés dar condiciones materiales adecuadas según lo que aporta a la sociedad, eso en la parte material. Pero a la vez, está toda la parte cultural, que esa persona sea capaz de sentirse feliz, teniendo lo elemental que merece tener materialmente, pero al mismo tiempo, teniendo la satisfacción de servir al país, de ser querido…
–De servir a la comunidad…
–De ser querido por las personas, de ocupar un lugar, de ser protagonista de la historia, de ser protagonista de su propia vida, de decir yo me muevo para acá, yo no quiero jugar en este equipo.
–¿Cómo está ese debate en Cuba?
–Yo creo que en Cuba hay un gran debate intelectual y popular, y es un debate que el partido está interesado en promover, yo creo que hay conciencia de la trascendencia de lo cultural, e insisto mucho en llamarlo cultural más que ideológico. Porque abarca muchos elementos que conforman una cosmovisión. Esa conciencia se ha ido tomando poco a poco, aunque se priorizó el aspecto económico que era primordial. Vamos tomando conciencia de la imprescindible necesidad de debatir las bases culturales del proyecto que estamos construyendo.
–¿La sociedad lo entienden así? Porque en países como los nuestros muchos terminan votando contra de sus propios intereses.
–Yo creo que la mayoría del pueblo de Cuba sigue apoyando la revolución y sigue pensando en la revolución como su camino, pero es una guerra que podemos ganar o que podemos perder, claramente. «
Los jóvenes y la participación
–Este libro me permitió recorrer todas las universidades del país y conversar con los jóvenes y creo que ha sido fructífero para ellos y para mí. Creo que son muy abiertos, muy espontáneos. A veces se pinta al joven cubano como apolítico y creo que puede haber un reducto donde estén más cercanos al mercado y a una idea de realización capitalista. Pero a la mayoría de los jóvenes cubanos les interesa lo que ocurre en la sociedad, y debaten mucho en torno a ello. A veces, discutir con ellos resulta escabroso, a veces la forma en que formulan una pregunta puede moverle el piso a alguien desprevenido. Pero yo creo mucho en su sinceridad y en su honestidad, y en el auténtico deseo de incorporarse como protagonistas de esos cambios.
–¿Por qué a más de 50 años de la revolución hay una generación que llega a tener estas contradicciones?
–Porque el mundo, lejos de haber cambiado a favor del socialismo, retrocedió; tú no puedes comprender a Cuba aislada del contexto internacional. Han pasado 50 años pero el socialismo del este europeo se desmoronó y dejó profundas grietas en su interior. Hoy existe un renacer de la izquierda en el mundo, en América Latina y en Europa también, pero había quedado una grieta profunda.
Actividad privada
«El que se incorpora a la actividad privada no necesariamente es mi enemigo. Esa persona tiene límites en su crecimiento, pero también va a aportar a la economía de la sociedad, y está recibiendo servicios de la sociedad, del socialismo.»
Tiempo Argentino, 5 de Mayo de 2013
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