por Alberto López Girondo | Nov 15, 2013 | Sin categoría
Que las agencias de vigilancia global de Estados Unidos pongan el foco en Brasil, y que además lo hagan sobre alguna de sus empresas más emblemáticas, como Petrobras, muestra no sólo la avidez de inmiscuirse en asuntos ajenos de los espías estadounidenses. Es una prueba de que Brasil es gravitante para Washington. Y mucho más desde que el gigante sudamericano decidió que ya no está para recibir consejos ni amenazas sino más bien para sentarse a la mesa de las grandes discusiones internacionales. Se lo hizo saber con firmeza Dilma Rousseff a Barack Obama cuando se conocieron las revelaciones del ex agente Edward Snowden sobre el espionaje a los correos electrónicos de la presidenta brasileña y los archivos más importantes de la compañía petrolera nacional, a punto de lanzarse a una licitación sobre algunas de las cuencas descubiertas en los últimos años frente a costas brasileñas. Verdaderos tesoros que ubican al país entre los de mayores reservas del precioso recurso, a niveles que no habían soñado generaciones anteriores, al punto que alcanzó el autoabastecimiento en ese estratégico rubro y va por más. Cierto es que EE.UU. ingresó en una etapa de declinación visible. Pero no lo es menos que Brasil es ya una potencia hecha y derecha, según se encargan de decir analistas de todo el mundo. No por nada es uno de los pilares de los BRICS, ese puñado de naciones que, según se estima, dentro de 20 años superarán en volumen económico al resto de los países desarrollados. Pero, además, tiene algunos de los factores determinantes para ser considerado una potencia: extensión territorial, riquezas naturales, población y desde hace muy poco, petróleo en abundancia. Y sobre todo, la determinación política de serlo. Brasil, sin embargo, fue considerado una subpotencia imperial, sumisa del «hermano mayor», EE.UU., hasta no hace tanto. Para Alberto Sosa, autor de Alianza Argentina-Brasil e integración sudamericana y cofundador de la asociación AmerSur, así como los pequeños necesitan de sus padres en su etapa de crecimiento, Brasil se apoyó en EE.UU. pero no gratuitamente. «Siempre obtuvo algo a cambio». Entre las ventajas de esa colaboración Sosa cuenta que Vargas quería desarrollar la industria pesada brasileña, para lo cual pidió ayuda al presidente Franklin Delano Roosevelt. Según parece, la negociación fue en términos parecidos a: «Si ustedes no me dan una mano en Volta Redonda (la primera acería integrada de América Latina, creada en 1942) le voy a tener que pedir ayuda a los alemanes». Y la respuesta, en vista del resultado, bien puede haber sido «declaren la guerra a Alemania y manden tropas». Como sea, también, para la época, el país del samba consiguió de EE.UU. el know how para la formación de un pilar clave del despegue brasileño, el Banco Nacional de Desarrollo (BNDes), que se sustenta con un impuesto sobre las jubilaciones y no con aportes particulares y apoya la transnacionalización de empresas brasileñas. «El estatuto del BNDes le permite financiar solamente a largo plazo proyectos de infraestructura o estratégicos, de industria pesada», especifica Sosa.También recurre a la historia reciente Ricardo Romero, autor de El Brasil de Dilma y director del Observatorio de Política Latinoamericana del Instituto de Estudios América Latina y el Caribe de la UBA. «Desde los años 30 en adelante la industrialización de Brasil tiene mayor asidero que el modelo agroexportador», lo que genera un crecimiento sostenido comparable solo con el Japón de entonces. ¿El secreto? Vargas derrotó a la oligarquía del café en 1932, pero aprovechó las buenas relaciones que ella había creado con la elite estadounidense. Y por sobre todas las cosas, «cuando las elites brasileñas se fijaron planes de metas, los cumplieron». «No es que ellos tengan una clase política excepcional ni empresarios excepcionales, pero han tenido un patrón de desarrollo muy sostenido en el tiempo y han respetado los acuerdos básicos por décadas sin conflictos internos», abunda Fernando Devoto, docente de Historia y autor de Argentina-Brasil 1850-2000 junto con el brasileño Boris Fausto. Es más, se jactan de haber mantenido políticas de Estado con Lula y Dilma Rousseff que venían de tiempos de Fernando Henrique Cardoso, a pesar de las diferencias obvias de enfoque. Es que sobre una base de negociación con el imperio portugués primero y el británico y estadounidense después, el país amazónico no se detuvo. «Brasil siempre ha tenido un nacionalismo empírico, no doctrinario. Los hispanoamericanos tenemos un discurso a veces antiimperalista a nivel retórico pero poco concreto en los hechos, ellos no», apura Sosa, con alto grado de razón. Esa capacidad negociadora es reflejo de los acuerdos internos entre las cúpulas del establishment, que se mostraron capaces desde la década del 30 del siglo pasado de fijarse metas de desarrollo y llevarlas a cabo. «El gobierno de Juscelino Kubischek, un desarrollista que coincidió con la presidencia de Arturo Frondizi aquí –sostiene Devoto– se propuso crear una capital en el medio del Brasil, lo que implicó una inversión pública enorme. Pero a la larga se generó un polo de desarrollo muy importante y Brasilia le cambió el rostro al país al sacar la capital de la que fuera cabecera del antiguo Imperio». «En 1968 Brasil hace una segunda revolución industrial –tercia Romero– con el Plan Nacional de Desarrollo, que se conoció como el Milagro brasileiro». Desde ese año y hasta 1974 el país creció a un ritmo del 12% anual, y entre 1960 y 1980 pasó de 60 a 120 millones de habitantes. Ese boom económico y social es lo que explica al Brasil que encaró los 90 discutiendo en otros términos con América Latina», agrega Romero. Es cierto que esta verdadera explosión de Brasil se hizo más explícita desde la época del ex dirigente metalúrgico. Pero tres décadas atrás, el economista e historiador estadounidense Jordan Young ya había avisado en los ambientes académicos que «Brasil es la fuerza emergente del futuro». Fue poco después de aquella otra frase más estratégica que lanzó el entonces secretario de Estado de EE.UU., Henry Kissinger, cuando necesitó que la dictadura brasileña ayudara en el trabajo sucio en la región: «Donde vaya Brasil irá América Latina».
Desconfianzas mutuas Como recuerda Devoto, las dirigencias brasileñas siempre miraron con desconfianza al resto de los países que comparten el continente, «los veían como democráticos pero muy inestables». Es bueno recordar que el proceso de independencia de Brasil tiene características bien diferenciadas. Fue un proceso de autonomía surgido por la presión de la burguesía local el que impulsó a que Pedro de Braganza rompiera con su padre Juan para instaurar el Imperio, en 1822. No hubo guerra de independencia y por lo tanto no hay héroes libertadores a quienes honrar. Tampoco, claro, padecieron los largos procesos de desgarramientos internos que sufrieron las jóvenes repúblicas. Como contrapartida, la región también se hizo desconfiada de esa elite imperial que mantuvo la esclavitud hasta 1888 y aprovechó cualquier resquicio para expandirse a costa de sus vecinos. Y eso se hizo patente incluso en sectores críticos de Brasil como es el caso del sociólogo Ruy Mauro Marini, quien definía al Brasil de la dictadura como una subpotencia de los poderes centrales más dispuesta a sofrenar cualquier proceso antiimperalista en la comarca que a plantear la integración. Desde que el Partido de los Trabajadores (PT) gobierna el país, sin embargo, el rumbo de Brasil aparece direccionado hacia América Latina y, a la vez, distanciado cada vez más de Washington. ¿Se puede confiar en que el cambio es genuino? El uruguayo Raul Zibechi, autor de Brasil potencia: entre la integración regional y un nuevo imperialismo lo plantea claramente. «Ellos tienen una alianza estratégica con Argentina y Venezuela. Esa alianza los lleva a negociar permanentemente sus vínculos. Hay una negociación permanente: Brasil no impone todo lo que quiere. Obviamente, tiene la quinta industria del mundo, tiene multinacionales muy poderosas, no puede haber igualdad total. Pero sí hay negociación». Para Sosa, sin embargo, el peso del gigante se hace sentir fundamentalmente en América del Sur. «Brasil es una potencia a nivel latinoamericano, pero no es una potencia mundial. No es China, no es Rusia, no está en el club de miembros permanentes del Consejo de Seguridad, tampoco es la India porque no tiene su peso demográfico ni militar y no tiene la bomba atómica». Por otro lado, la base de su comercio es la región, por más que entre sus objetivos están las naciones africanas, fundamentalmente por los lazos que la esclavitud dejó, es decir, tener una población con un 65% de habitantes afrodescendientes en distintos grados. Así, Brasil tiene superávit comercial con todos los países sudamericanos salvo con Bolivia».
Tecnología y desarrollo Ernesto Mattos es investigador en el Departamento de Economía Política y Sistema Mundial del Centro Cultural de la Cooperación. Para hablar de Brasil como potencia, el también miembro de la Cátedra Nacional de Economía Arturo Jauretche de la UBA, aporta datos estadísticos. «La deuda en relación con el PBI está en 40%, la desocupación del 5,6% y las reservas de casi 370.000 millones de dólares implican que pueden mover el tipo de cambio como quieren». Como falencia, Mattos señala que tienen un 40% de las tierras extranjerizadas y que en los últimos años fue creciendo el porcentaje de inversión extranjera directa (IED) hacia la soja y la caña de azúcar. Para colmo, el porcentaje de las exportaciones de productos primarios pasó de 40% al 60%, lo que representa un reflujo en sus aspiraciones de convertirse en exportador industrial.Otro dato para contar al país como potencia pasa por el peso que tiene la tecnología propia en su desarrollo. Romero resalta los avances en ese sentido en la industria petroquímica, el hardboard informático, la industria de los jugos procesados. «Ellos tienen un sistema universitario de elite que potencia y financia procesos de investigación. Hay mucho dinero para investigación y desarrollo y están buscando potenciar el desarrollo de industrias de base», añade el politólogo de la UNSAM. Zibechi plantea que también hay un despegue importante en el área nuclear. «Brasil está construyendo su primer submarino nuclear. Hay sólo cinco países en el mundo que pueden hacerlo. Eso quiere decir que Brasil domina buena parte del ciclo de la tecnología nuclear y, aunque no tiene bombas atómicas, podría hacerlas». En este aspecto, Sosa es algo menos entusiasta: «Cuando en tiempos de Lula le quisieron vender aviones Embraer a la Venezuela de Chávez, EE.UU. vetó la operación con el argumento de que si lo hacían le dejaban de proveer la tecnología», considera Sosa, quien apunta al mismo tiempo un detalle que figura como perdido en las negociaciones de Brasil en ese sector. Lula había firmado un acuerdo con el gobierno de Francia a cargo entonces de Nicolas Sarkozy. El proyecto era la provisión de aviones de combate Rafale por una suma multimillonaria. «El acuerdo era fabricar una parte en Brasil y con transferencia de tecnología», pero aún está en veremos por las presiones de EE.UU., que pretende colocar aeronaves fabricadas por Boeing. Lo cierto es que desde aquel 1º de enero de 2003 cuando Lula se calzó la banda presidencial, Brasil consolidó una producción agrícola abrumadora, pagó sus deudas con el FMI e incrementó sus reservas hasta casi 400.000 millones de dólares mientras descubría las riquísimas fuentes petroleras del denominado Presal, en el Atlántico (ver recuadro). También, junto con Argentina y Venezuela, sepultaron el ALCA ante las narices de George W. Bush. Fue entonces cuando, no por casualidad, EE.UU. decidió revivir la IV Flota, creada en la Segunda Guerra para «custodiar» el Atlántico sur y desactivada en 1950. En coincidencia, se abría un abanico de bases militares estadounidenses desde Colombia y en torno al Amazonas. Toda una señal de que el Pentágono registraba el cambio brasileño y no se pensaba quedar de brazos cruzados. Fue también durante este período que Jim O’Neill, un analista del banco de inversiones Goldman Sachs, reunió datos de los países emergentes más poderosos en un estudio que, para facilitar las cosas, denominó BRIC, por Brasil, Rusia, India y China, al que luego se agregaría la ese de Sudáfrica. Lula, que fue amasando durante sus dos gestiones prestigio y representación, se animó a más y aparte de fomentar esa alianza con los socios del exterior, intentó mostrar las cartas de Brasil como garante de la paz y la estabilidad.
No a los golpes Brasil jugó fuerte durante el golpe contra Manuel Zelaya en Honduras y hasta se animó a proponer, junto con Turquía, una salida negociada a la crisis por el plan nuclear iraní. La elección de Río de Janeiro como sede de los Juegos Olímpicos 2016 y la de Brasil como organizador del Mundial de Fútbol el año próximo no fueron más que otra prueba del lugar que estaba ocupando el país. Pero hay cifras que contrastan con el fervor positivo de los entusiastas. Así, aunque desde 2003 unos 22 millones de brasileños dejaron de estar en la pobreza extrema y 40 millones de pobres alcanzaron pautas de vida de la clase media, el índice que mide la desigualdad social, el coeficiente de Gini, marca 0,52 puntos, dentro de un rango en el que el 0 es la igualdad total y el 1 la inequidad más absoluta. Algunas de estas diferencias alcanzaron el debate público luego de las masivas marchas que en junio dejaron azorados a los dirigentes del país. El reclamo inicial fue contra el aumento de 20 centavos de real en el transporte público. Pero lo que emergió fue el rechazo a las obras faraónicas para el Mundial y los Juegos Olímpicos. Dos eventos con los que Brasil quiso mostrarse al mundo, pero que ahora lo hacen tambalear. Otros reclamos apuntaban a modificar el sistema electoral y político, diseñado para que nada cambie aunque todos quieran cambiar algo. Un sistema que obligó al PT a aliarse con sectores de centroderecha para poder gobernar. Las críticas al modelo «trabalhista» vienen de la mano de jóvenes que eran niños hace diez años como para tener conciencia del camino que abrió el ex tornero mecánico nacido en el empobrecido nordeste. La gran incógnita para el próximo año es qué pasaría ante nuevas manifestaciones cuando el Mundial, vidriera global sin par, se esté disputando. ¿Dónde quedaría entonces la imagen de Brasil potencia?
Argentina y la relación bilateralDesde que se conocieron las revelaciones que Edward Snowden formuló ante el periodista estadounidense Glen Greenwald, un luchador por los derechos civiles que reside en Río de Janeiro, el gobierno de Dilma mantiene una ofensiva contra el sistema de comunicaciones que, como tiene base en Estados Unidos, permite le vigilancia de todo lo que circula por los cables sin que el resto del mundo pueda más que quejarse retóricamente. Como respuesta, Rousseff impulsa una Internet alternativa, con nodos en cada uno de los BRICS sin tocar territorio estadounidense. También fomenta una red latinoamericana para esquivar el embate electrónico foráneo. En el marco de esa nueva fuente de controversia con Estados Unidos, el ministro de Defensa de Brasil, Celso Amorim, pasó por Buenos Aires para diseñar una estrategia común en contra de esa incursión en los secretos locales. Argentina representa para Brasil una alianza ineludible. No puede imaginarse como potencia sin tener las espaldas cubiertas. Al cabo de tres guerras en el siglo XIX y decenas de roces en la época colonial, sucede con ambos países lo que en Europa con Francia y Alemania: no pueden soñar un futuro posible el uno sin el otro. Por eso el primer viaje de Lula al exterior como presidente fue a Buenos Aires. Lo mismo haría ocho años más tarde Dilma. Amorim, continuador de esa política de Estado, viajó a la capital argentina para hablar de «las tres dicotomías» indispensables para analizar el mundo de hoy. «La primera es la dicotomía entre unipolaridad y multipolaridad», dijo, haciendo eje en la pugna entre los deseos de una potencia única frente al resto de las naciones. La segunda es entre multilateralismo y unilateralismo, donde se habla de la conformación de bloques más que de potencias individuales. El ejemplo es el de la OTAN, que forman 28 naciones pero responden en forma unilateral. «La multipolaridad se refiere a una situación en la que hay varios polos en un tablero, el multilateralismo habla de la forma de colaboración entre los polos en favor de la gobernanza global con énfasis en el Derecho y en las instituciones internacionales», aclaró Amorim. Brasil se anota, junto con los demás BRICS, entre los países que «están interesados en promover un orden internacional que sea no sólo multipolar, sino también basado en los principios del multilateralismo». Luego detalló una tercera dicotomía, entre cooperación y conflicto, y señaló que «Brasil y Argentina son pilares de una “comunidad de paz y seguridad” que se está formando en América del Sur». De hecho, para Itamaraty, la sólida y persistente cancillería brasileña, hay tres niveles concéntricos donde quiere asentar sus relaciones. Mercosur, Unasur y CELAC. Pero a nivel económico apuesta fuerte por BRICS, con quienes teje estrategias tendientes a crear un banco de inversión y reservas paralelo al FMI y a elaborar proyectos de desarrollo estratégico.Brasil, por otro lado, busca integrar el Consejo de Seguridad como miembro pleno, junto con India, Alemania y Japón. Y entiende, como especificó Amorim, que «para una multipolaridad efectiva, no es suficiente que existan países con peso significativo: es necesario que estén dispuestos a hacer valer este peso».
Riqueza bajo la sal El Presal es una cuenca marina frente a Brasil que se extiende por debajo de una extensa capa de sal que, en determinadas áreas de la costa, alcanza un espesor de hasta dos kilómetros. En la web de Petrobras, que fue la que hizo el gasto en la investigación, se explica que «se utiliza el término “pre” porque, en el transcurso del tiempo, se fueron depositando esas rocas (abundantes en petróleo y gas) antes de la capa de sal». La distancia a la que pueden estar los reservorios de petróleo puede superar los 7.000 metros.Se estima que Brasil suma unos 40.000 millones de barriles de petróleo con este descubrimiento, anunciado por Lula en 2007. Una presa apetecible como para reabrir una flota naval o enfocar los radares del espionaje electrónico. De hecho, la filtración de Snowden apareció pocos días antes de que se abriera la licitación por la cuenca de Campo de Libra, en la costa de Río de Janeiro. La adjudicación se hizo, a pesar de las sospechas sobre qué información podría haber pasado la NSA a alguno de los competidores. Como sea, ninguna de las empresas ganadoras era estadounidense. Se trata de un consorcio integrado por China National Corporation (CNPC), China National Offshore Oil Corporation (CNOOC), la francesa Total y la anglo-holandesa Shell. Petrobras será la operadora y tendrá una participación del 40%.Hubo violentos incidentes protagonizados en las afueras del hotel Winsord, por manifestantes que rechazaban lo que denominaban «la entrega del yacimiento» y la policía carioca reprimió con gases y balas de goma. Luego de las marchas de junio, el gobierno de Dilma logró imponer una ley para que el 75% de las regalías petroleras vaya para el área de educación, y el otro 25% a salud. Pero una parte de la población aún no se muestra conforme.
Revista Acción, 15 de Noviembre de 2013
por Alberto López Girondo | Nov 13, 2013 | Sin categoría
Ignacio Ramonet nació en Redondela, cerca de Vigo, en España, pero desde muy chico vivió en Tánger, donde sus padres republicanos se habían exiliado del franquismo. Luego recaló en París, donde dirigió Le Monde Diplomatique. Hoy es uno de los máximos referentes de la izquierda a nivel mundial. Como miembro fundador del Foro Social Mundial, se le atribuye la frase «Otro mundo es posible». Luego de varias publicaciones sobre análisis político y medios –es un firme defensor de la ley recientemente declarada constitucional por la Corte argentina– incursionó en el terreno biográfico con una larga entrevista con el Subcomandante Marcos, en 2001, que lo llevó a las Cien horas con Fidel, indispensable para saber quién es el líder de la revolución cubana. De paso por Buenos Aires para presentar la tercera etapa de esta saga, Hugo Chávez, mi primera vida, habló con Tiempo Argentino sobre lo que significó para el proceso de integración regional el presidente bolivariano, de quien todavía suele hablar en presente.
–En el libro usted reconoce que al principio desconfiaba de Chávez. Pero luego vio antes que otros quién era el personaje. Se ve que no le tiene miedo a los caudillos.
–Bueno, (Francisco) Franco era un caudillo.
–Me refiero a la imagen demoníaca que se suele dar de los líderes populistas latinoamericanos.
–Sí, claro, pero Chávez no era verdaderamente un caudillo. Yo lo conocí muy bien a (el ex presidente) Carlos Andrés Pérez y él sí que era un caudillo.
–¿Cuál sería la diferencia?
–Carlos Andrés era un hombre de aparato, con influencias internacionales, que realmente pensaba que la solución estaba afuera de Venezuela y Chávez es un hombre con una relación fusional con el pueblo, que sabe que la solución para Venezuela está dentro de Venezuela. Carlos Andrés era un caudillo también en el sentido de movilizar masas. Chávez dice que estaba impresionado de joven por Carlos Andrés.
–Es curioso, no habla mal ni de Pérez ni de Rafael Caldera, y eso que estaban en las antípodas.
–Es que Chávez, primero, es una buena persona, no es vindicativo. Fíjate que le dan un golpe de Estado, lo van a fusilar y los soldados se niegan a obedecer, y regresa y no toma ningún tipo de represalia. No hay un juicio, y al jefe del golpe, Pedro Carmona, lo pone en residencia vigilada y de allí huye a Colombia. De igual manera le tiene respeto a Caldera, reconoce que no era un hombre corrupto. Sobre la política de Carlos Andrés puede ser muy duro, pero sobre el hombre no hay ninguna palabra ofensiva. Él era un hombre muy respetuoso, un caballero, igual que Fidel. Un hombre que jamás tendrá un rasgo vulgar, mediocre. Por otro lado, la gran característica de Chávez fue que todo lo sometió a elección. Siempre. Era un hombre profundamente democrático. Para alguien que había hecho una rebelión militar, al que acusaban de ser golpista…
–El libro le llevó cuatro años.
–De conversaciones, tres años. Son como 200 horas. Tres o cuatro veces al año yo iba y nos reuníamos. Nos juntábamos por fechas. Él me pedía que le dijera de qué momento quería hablar y se preparaba muy seriamente. Tenía fotos, libros en una mesa, sus hijas en particular estaban encargadas de hacer ese trabajo de documentación. Nos aislábamos tres o cuatro días, no hacía ninguna otra cosa.
–¿Dónde se encontraban?
–Empezamos en los Llanos porque quería que conociera su tierra. Luego lo hicimos en casas de varios amigos, y en sus dos apartamentos de Caracas. Él tiene uno pequeñito en el Palacio de Gobierno, en Miraflores, y otro en la residencia presidencial, la Casona, que apenas ocupa. Nos hemos pasado días trabajando, en las fotos se ve cómo yo estoy cayéndome de sueño, porque eso empezaba a las diez de la mañana y terminaba a las cuatro de la mañana siguiente. Él se levantaba tres o cuatro veces para tomarse un café, que los bebía en permanencia. Tomaba 30 o 40 al día.
–En el libro da la impresión de que Chávez está ahí, hablando.
–Absolutamente, claro que es así. Hay muy pocas correcciones al libro. No quiso corregirlo. Lo leyó y se lo dio a leer a Fidel y él le dijo: «No te metas a corregir, no hagas como yo hice, que me pasé semanas trabajando.»
–¿Fue diferente trabajar las Cien horas con Fidel?
–Con Fidel era más complicado, porque Chávez era militar, entonces, si se compromete, se compromete y ya. Al principio, con Fidel también era así, muy estructurado. Pero luego me llevaba con él. Viajaba, daba un discurso, inauguraba una cosa, toma de posesión de un presidente… por ejemplo, fuimos a Ecuador y trabajábamos en el avión. Fue muy entrecortado, no era fácil. Y al final prácticamente había que agarrarlo y él me decía: «Pero Ramonet, tú no quieres que yo gobierne.»
–Esas entrevistas tienen ese estilo y esa profundidad de las que hacía la revista Playboy.
–¡Sí! Las he leído muchísimo, excelentes. Decíamos que nos daban el pretexto para leer la revista. Una de las mejores entrevistas con Fidel está en Playboy, y está citado en mi libro, una excelente entrevista. Eran muy preparadas, muy profundas. En Francia había un semanario, L´Express, que hacían unas entrevistas cada semana en profundidad con escritores, dirigentes políticos, científicos, que eran absolutamente apasionantes. Pero en este caso, curiosamente un libro ha traído al otro. Yo le hice una larga entrevista al Subcomandante Marcos, pequeñito. Estuve tres días, él quería verme, me invitó y allá estuve. La idea era hacer conocer al personaje. Fidel lo leyó y me dice: «Oye, qué tipo este, ¿Cómo se llama?» «Subcomandante Marcos» «¿Qué es eso de sub?, porque lo de comandante lo inventé yo, antes eran todos generales, como en la revolución mexicana. Entonces, nosotros tomamos el grado más bajo de la oficialidad, que es comandante. Luego todos se pusieron comandante, pero este dice subcomandante, ¿qué quiere decir eso?» (risas) Y yo le respondía: «Es muy claro, para Marcos el comandante es el pueblo, y el subcomandante es el que obedece al pueblo.» Y Fidel decía «Aaaaah, así es, claaaaro, está bien eso, es una buena idea.»
–Qué personaje también, Fidel.
–Ah, evidentemente. Un pensador, un dirigente. Pero como decía, Fidel me dijo: «Mira, tú no tienes tiempo, pero yo no me quiero morir sin decir cierto número de cosas.» Yo le dije: «Pues hagamos un libro.» «No, tú no vas a tener tiempo», me dice. «¿Cómo que no, comandante?, lo encuentro al tiempo.» Y así lo hicimos. Y ese libro le apasionó a Chávez. Lo tenía anotado, lo comentaba con él, aprendió mucho allí sobre la política de Fidel. Entonces yo le dije: «Bueno, hagamos uno también.» Le pareció interesante hablar sobre una parte que no era la actualidad.
–Para desdemonizarse.
–Eso le propuse. Le dije: «A usted no lo conocen, y si hablamos del período actual aparecerá como un pretexto. Hablemos de usted cuando no estaba tan directamente en la política, que la gente lo conozca humanamente. Porque no se le conoce.» De hecho, quiso dejarlo como testimonio para la historia. Y lo hizo muy seriamente. Cuando terminamos de grabar no estaba enfermo. En junio de 2011 le encontraron la enfermedad y nosotros grabamos en 2008, 2009 y 2010. En 2011 yo estaba desgrabando y le entregué el libro el 1 de diciembre de 2012.
–¿Cómo repercutió en él el tema de la enfermedad?
–Él había visto a la muerte de cerca, con el golpe de Estado estuvieron a punto de fusilarlo. Pero esta es una enfermedad –y no cualquiera– que lo toma en pleno ejercicio del poder. Con plenos deseos de llevar a cabo lo que se proponía. Muere a la edad de 58 años, o sea que tiene por lo menos diez años de vida política en el poder o en actividad.
–¿Cómo ve la situación de América latina desde su muerte?
–Se nota su ausencia en todo lo que es el proceso de integración. Chávez es un creador, un hombre con una imaginación política. No es fácil inventar en nada, pero en política es más difícil. Fidel es un inventor fuera de lo común y eso le permite ganarle la batalla a EE UU. Chávez era igual, por eso se entendían bien. Chávez era capaz de pensar lo impensable, de tener ideas y de tenerlas en abundancia. Y, además, tener la disciplina y la voluntad de llevarlas a cabo. Eso creó esta aceleración de la integración. En poco tiempo se creó el Alba, la Unasur, la CELAC. Se creó el Sucre, el Banco del Sur, Petrocaribe, nunca se había avanzado tanto. Y de todo esto el motor, el manantial de esas ideas ya no existe. Además, era un pedagogo y la gente agradecía eso. Porque cuando tú te apoyas en la inteligencia de la gente, la gente te lo agradece. Yo estuve conversando con Cristina hace un año, cuando él estaba enfermo y ella me decía: «Lo necesitamos absolutamente, cuando él está enfermo se nota en toda América Latina.» Y recordaba que cuando intentaron un golpe de Estado a Correa, o a Evo, inmediatamente se telefoneaban, Hugo se movilizaba. Había una coordinación, era un hombre de contacto muy fácil, muy cariñoso, muy caluroso. Así era con los presidentes de cualquier color. Un tipo como Piñera o como Santos, que no son de la misma escuela, tenían una muy buena relación con él. Porque Chávez como persona era alguien que tú sólo podías amar, querer, un tipo simpático, agradable inteligente, culto. Esa relación, eso, ya no existe. Y se nota, yo creo, que en la dinámica de la integración.
–¿Cómo está el proceso de la Unión Europea (UE) teniendo en cuenta los resquemores de los países del norte a los del sur, como España, Italia y Grecia?
–Quizás la UE nunca ha vivido una crisis institucional como esta desde el sentimiento de los ciudadanos. En muchos países hoy, a la pregunta de si tuviéramos que repensar o revotar para ingresar a la UE, la respuesta dominante es no. Nadie quiere salir de Europa, pero la respuesta es «no debiéramos haber entrado». En el norte, además, está subiendo la extrema derecha, porque la gente considera que la UE es una posibilidad para que vengan los extranjeros y está creciendo una xenofobia tremenda. Ha habido momentos en que nos planteamos si Grecia o si Chipre iban a salir del euro y ahora hay partidos que piden la salida de Europa. Como institución, nunca ha funcionado tan mal
–¿Por qué sucede eso?
–Porque millones de ciudadanos descubrieron que es genéticamente neoliberal. Si entras en la UE automáticamente, te tienes que aplicar un programa neoliberal y eso la gente no lo sabía. Entraba por razones geopolíticas: porque somos europeos y tenemos que vivir juntos, pero luego llegan allí y se encuentran con esto. En América Latina, en cambio, la condición para integrarse es estar en contra el neoliberalismo, como ocurrió con el No al ALCA. «
Maduro y un golpe en cámara lenta
«Muerto Chávez, se había acabado el problema, pero a medida que Maduro se fue afirmando ahora están haciendo la misma operación. Están tratando de ridiculizarlo, de hacerle perder la majestad de la función y por otra parte están llevando a cabo lo que llamo el «golpe de Estado en cámara lenta», reproduciendo lo que hicieron con Salvador Allende. Hay cortes de electricidad, de agua, falta de suministros, acaparamientos, sabotajes, también empieza a haber una especie de disfuncionamiento porque mucha gente se pasa horas tratando de encontrar cosas y no está en su puesto de trabajo. Maduro es la persona más seria que hay y Chávez no se equivocó, es el mejor dirigente político, con mayor personalidad, con mayor seriedad, con mayor honestidad. Fue sindicalista, no hay sindicalista irresponsable: un dirigente sindical tiene que negociar, entonces, es un hombre que está en la continuidad de lo que fue la revolución bolivariana, una revolución pacífica. Chávez se ha apoyado siempre en la armadura de las Fuerzas Armadas, que es el verdadero partido de Chávez. Podría haber elegido a un general. Pero eso hubiera identificado definitivamente a la revolución bolivariana con un movimiento militar. No lo hace porque sabe que esta revolución sólo puede mantenerse en el tiempo como una sólida alianza cívico-militar.»
Tiempo Argentino, 10 de Noviembre de 2013
por Alberto López Girondo | Nov 8, 2013 | Sin categoría
Albert Einstein fue seguramente el científico más importante del siglo XX. Nacido en Alemania en 1879, emigró a Estados Unidos a la llegada del nazismo. Ganó el Nobel de Física en 1921 por el desarrollo de la Teoría de la Relatividad. Moriría en Princeton, en 1955, no sin antes haber protagonizado dos hechos antagónicos perfectamente comprensibles en el marco de la época que le tocó vivir: impulsó el desarrollo de la bomba atómica por temor a que los nazis produjeran también semejante maquinaria destructiva, y cuando comprobó el resultado, devino en ferviente pacifista y luchador por las libertades y el internacionalismo.
La Albert Einstein Institution (www.aeinstein.org ) fue fundada en 1983 por Gene Sharp, un estadounidense que hoy tiene 85 años y funge de teórico de la no violencia. El hombre elaboró en un libro bastante difundido, De la dictadura a la democracia, una serie de estrategias para luchar –sin armas– contra regímenes no democráticos, en el contexto de la estocada final contra el bloque socialista, en la segunda mitad de los 80.
Según explicó este docente en la Universidad de Massachussetts Dartmout, la base de su ideario es la filosofía de Mahatma Gandhi. De hecho, su primer texto fue un estudio de los métodos del líder indio, publicado en 1960. Algún mal pensado como el francés Thierry Meyssan, fundador de la Red Voltaire, una organización internacional que promueve la libertad de expresión, encontró que el prólogo de ese opúsculo es de Einstein, que había muerto cinco años antes.
No es la única minucia que anotó Meyssan en un artículo que publicó en 2005 y donde sostiene que Sharp tuvo mucho que ver con el golpe contra Hugo Chávez en el año 2002. Y asegura que era visible su influencia en las manifestaciones contra el líder bolivariano a través de la dirigencia del movimiento Súmate, dos años más tarde. «Siguiendo una técnica que ya se ha hecho clásica, estos últimos lanzan acusaciones de fraude electoral y exigen la salida del presidente. Logran sacar a la calle a la burguesía de Caracas, pero el apoyo popular al gobierno de Chávez es demasiado fuerte para permitir que sea derrocado», decía el analista, que atribuía, por supuesto, el origen de la movida a operaciones de la CIA y de la administración de George W. Bush.
El hallazgo de Meyssan, con todo, fue la trama que sostenía a esos movimientos golpistas. Principalmente, el material teórico que aportaba Sharp (en castellano, «filoso»), abonado por un discípulo de fuste como Robert L. Helvey. Sincero este último, en el prólogo de su libro Sobre el conflicto no violento estratégico, reconoce que luego de 30 años de carrera como oficial de Infantería de Marina, las palabras de Sharp lo convencieron de que todavía tenía «mucho que aportar» a su país. Sobre todo en un campo que, como militar, le generaba mucha resistencia. «Mi percepción de la ‘no violencia’ había estado influida por la época de Vietnam (de los)hippies, pacifistas y renuentes al servicio militar», escribió Helvey. Lo más jugoso se lo reservó para contar el encuentro con el «gurú» de la Einstein. «De lo que trata la lucha no violenta estratégica es de apoderarse del poder político o de negárselo a otros. No se trata de pacifismo, o de creencias religiosas o morales», cuenta que le dijo.
Sharp contempla 198 formas de luchar contra los gobiernos dictatoriales en cinco etapas escalonadas. Son lo que hoy día se conocen como «Golpes Blandos», diseñados en principio para socavar al sistema comunista pero que se extendieron luego en contra de los gobiernos que no agradan a Washington. La estrategia parte del desarrollo de matrices de opinión que puntualizan faltas reales o potenciales del gobierno, promoviendo el descontento y el malestar con temas que afectan la vida cotidiana, desde la inflación, la inseguridad, las denuncias de corrupción o la falta de mercaderías básicas. Luego se pasa a la deslegitimación de las autoridades, la burla, el escarnio. Más tarde se plantea el fomento de las movilizaciones callejeras y todo tipo de protestas hasta llegar a la fractura institucional que facilite la caída del gobierno, o algún tipo de salida que modifique radicalmente el eje de la disputa.
Van algunas de las perlitas que propone Sharp. Como para sopesar la cosa, el punto número 1 es «alocuciones públicas»; el 198, «doble soberanía y gobierno paralelo». En el medio, y numeradas, «premios satíricos, gestos groseros, perseguir a las autoridades, burlarse de las autoridades, abandonar la reunión, dar la espalda, retención de la renta, cierre patronal, boicots económicos, retiro de fondos y de créditos, paralización económica, rechazo a la designación de funcionarios, obstaculización y obstrucción, ineficacia deliberada y no cooperación selectiva por parte de los agentes del orden, saturar los sistemas administrativos, trabajar sin colaborar».
Cuando el método se aplicó en Birmania o en la Serbia de Slobodan Milosevic, pasó por una forma de lucha contra la opresión y un canto de libertad. Pero era demasiado bueno para dejarlo allí, pensó Helvey, y terminó promocionado para voltear gobiernos progresistas y sobre todo a los que brotaron en la década en esta parte del mundo. Es lo que recriminó Meyssan en 2005, pero el propio Chávez recogió el guante en 2007 para denunciar las acciones de la oposición derechista, amparadas por la estrategia golpista que diseminaba la CIA a través del nativo de Ohio.
Fue entonces que Sharp contestó mediante dos cartas públicas. Primero, al francés, a quien le detalló que no recibía dinero de la CIA ni tenía contactos con el gobierno. Que lo suyo era una contribución desinteresada en favor del pacifismo en las luchas políticas. Y que le haría bien (a Meyssan) corregir los errores en el artículo para crecer como investigador.
Pero también le escribió a Chávez. Le dijo algo parecido en cuanto a su inocencia política. Y agregó en su defensa que «la acción no violenta es una técnica para la resolución de los conflictos, al igual que la guerra militar, el gobierno parlamentario y la guerra de guerrillas. Esta técnica utiliza métodos psicológicos, sociales, económicos y políticos, y se ha aplicado para una variedad de objetivos, tanto buenos como malos». En resumidas cuentas, tal vez le pasó como a Einstein, que apuró una maquinaria que al fin de cuentas resulta mortal, pero no lo admite explícitamente.
Al venezolano le recomienda, como para justificar su neutralidad, que también escribió otro librito, más corto, junto con Bruce Jenkins, El anti-golpe, donde alecciona a gobiernos democráticos para defenderse de ataques destituyentes. Todos los textos mencionados se pueden bajar gratuitamente del sitio de la Albert Einstein Institution con versiones en varios idiomas. Lo curioso es que The Anti-coup está solo disponible en inglés y francés. La edición gala cuenta con un prólogo escrito por el catalán Federico Mayor, donde anota una frase de Adolfo Pérez Esquivel: «Resistir es el comienzo de la victoria.»
Quizás, como protesta Sharp, sólo pretendió hacer un librito pacifista, pero todo se salió de cauce. Einstein tuvo esa misma sensación, pero ya era tarde. Mientras tanto, ese material alimenta las usinas golpistas en todo el mundo y sirve para justificar terapias de shock económico.
Estos días, el periodista español Ignacio Ramonet visitó el país para presentar su libro de conversaciones con Chávez. Conocedor de la realidad venezolana, acuñó la frase «golpe en cámara lenta», para referirse a las presiones que desde la derecha recibe el gobierno de Nicolás Maduro. Ataques desde la prensa, desabastecimiento, fuga de divisas, es decir, el método Sharp con todo su filo. La comparación con el gobierno de Salvador Allende es de cajón, y los archivos desclasificados de la CIA muestran que cuando los medios hablaban de torpeza gubernamental, se trataba de operaciones desestabilizadoras fríamente calculadas.
Por eso preocupa la visión que muestran los medios concentrados sobre la situación en Venezuela. El mecanismo de la burla y el escarnio, bien de operación Golpe Blando, se deslizó ramplonamente en un análisis en el diario Clarín, donde se considera «probable que Ramonet haya creído encontrar con esas declaraciones (la comparación Maduro-Allende) una forma de promocionar su último libro, otra larga entrevista esta vez al fallecido líder bolivariano Hugo Chávez. Pero lo notable es el despliegue persistente de un mecanismo de fabulación que parece una marca común de estos gobiernos de autodeclarada fe progresista. Desde cualquier mirada es incomparable la actual Venezuela con el Chile de 1973.»
Sucede que, a esta altura del campeonato como quien dice, hacer esa comparación es una obligación moral. El olvido o la alegación de inocencia, en situaciones semejantes, es un pecado de lesa honestidad. Porque así como van por Venezuela, también vienen a por todos nosotros.
Tiempo Argentino, 8 de Noviembre de 2013
por Alberto López Girondo | Nov 1, 2013 | Sin categoría
Los escándalos en los medios británicos derivaron en la creación de una nueva entidad para regular el funcionamiento de la prensa en ese país, sino la cuna de la prensa al menos un espejo en el que se gustarían mirar periodistas de todo el mundo. El caso, como se recordará, involucraba a los medios del Grupo Murdoch, propiedad del multimillonario australiano Rupert Murdoch, y consistió en una perversa sociedad entre periodistas de indudable baja calidad moral con agentes de Scotland Yard para pinchar teléfonos de políticos y celebridades con el fin de espiar sus movimientos y obtener primicias. Nada demasiado diferente a lo que la jueza Sandra Arroyo Salgado investiga en la Argentina y que mantiene bajo proceso al ex secretario de Inteligencia Juan Bautista «Tata» Yofre y a los periodistas Carlos Pagni, de La Nación, y Roberto García, de Perfil, acusados de hackear mails de funcionarios nacionales con el mismo objetivo «divulgador».
Estas prácticas, desde el punto de vista periodístico deleznables, fueron tan habituales en Gran Bretaña que se convirtieron en un verdadero modus operandi para los directivos de diarios como el News of the Word (NOTW), que había sido fundado en 1843 y tuvo que ser cerrado en 2011 tras el estallido del escándalo, o The Sun, el de mayor tirada en el Reino Unido. Justo es decir que la revelación de ese oscuro manejo de la prensa fue de otro medio británico, The Guardian, de activa participación en la publicación del material de Wikileaks y de los archivos de Edward Snowden sobre el espionaje masivo de Estados Unidos que día a día aporta una gota más de repulsión tanto entre amigos como entre enemigos de Washington.
Con cierta similitud también con la postura de los medios del establishment vernáculo en torno de la Ley de Medios, en Gran Bretaña los empresarios intentaron frenar la puesta en marcha de la autoridad de control votada en el Parlamento a través del Consejo Privado de la reina Isabel II, a principios de este mes. Alegaron ante los estamentos judiciales una serie de argumentos en defensa de una libertad de expresión en riesgo por la injerencia de los legisladores o el gobierno. Los magistrados desecharon la presentación por «falta de sustento» y le dieron vía libre al organismo, que remplazará a la obsoleta y demostradamente ineficaz Comisión de Quejas de la Prensa (PCC, por sus iniciales en inglés), que se supone que hacía ese trabajo en un cuerpo integrado por los propios empresarios periodísticos y sus gerentes.
El caso más terrible y que generó la mayor náusea fue el de Milly Dowler, una chica de 13 años secuestrada y asesinada en 2002. El hecho alcanzó enorme repercusión en Gran Bretaña y durante semanas mantuvo en vilo a la opinión pública porque se suponía que la menor seguía viva. Sucede que la casilla de mensajes de su celular se vaciaba cotidianamente. Después se sabría que agentes de Scotland Yard, en connivencia con periodistas de NOTW, se metían diariamente para escuchar los mensajes que enviaba la familia desesperada a la muchacha, que había sido violada y estrangulada por un asesino serial. El cuerpo de la chica apareció seis meses más tarde.
Los editores del NOTW están siendo juzgados por la maniobra, repetida con decenas de políticos, intelectuales como la autora de Harry Potter, o actores como Hugh Grant. El juez Brian Leveson, que investigó el proceder periodístico, recomendó la creación de una nueva entidad para regular la conducta ética del gremio y aclaró específicamente que sus miembros debían ser independientes del gobierno pero también de las empresas. El tema del espionaje está latente desde hace semanas, cuando The Guardian sacudió el avispero nuevamente con las revelaciones de Snowden, el ex empleado de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA) ahora refugiado en Rusia. Glenn Greenwald fue el único periodista en quien el joven estaba dispuesto a confiar para entregarle los archivos que copió mientras trabajaba como contratista en Honolulu. Greenwald reside en Río de Janeiro y ayer publicó su último informe para ese diario, porque fue contratado para un nuevo proyecto periodístico junto a otro militante de las libertades civiles como Jeremy Scahill.
Durante la semana, una delegación del Parlamento Europeo viajó a Estados Unidos para plantear sus quejas por el espionaje de la NSA sobre gobernantes y ciudadanos europeos. No es la primera vez que se ven involucrados en una protesta semejante en lo que va del siglo. Como en las otras ocasiones, debieron mostrarse sorprendidos por la operación de vigilancia global. En Washington se entrevistaron con funcionarios y congresistas, pero se fueron con muy poco de vuelta a Bruselas. El eurodiputado laborista británico Claude Moraes habló algo a la salida de un encuentro con el director de la NSA, el general Keith Alexander. «Se nos dieron algunos datos vagos, pero no especificaciones detalladas sobre los programas de espionaje», explicó el presidente del Comité de Libertades Civiles, Justicia y Asuntos de Interior del Parlamento Europeo.
En su último despacho, Greenwald destaca que Alexander acusó a los periodistas de estar «vendiendo» los documentos de la NSA y pide que se ponga fin «al constante flujo de información pública de los secretos arrebatados por el ex contratista de Edward Snowden». En un reportaje al blog Armed With Science, del Departamento de Defensa de EE UU, anota Greenwald, Alexander se explayó en abundancia sobre la cuestión. «Creo que está mal que los periodistas que tengan todos estos documentos, los 50 mil –o lo que sea que tienen y están vendiendo y publicando–, ya sabes, simplemente no tiene sentido».
La entrevista deja ver mucho más sobre el concepto de libertad de prensa del jefe de los espías electrónicos estadounidenses: «Tenemos que encontrar la forma de detener esto (la publicación). No sé cómo hacerlo. Eso es más (propio) de los tribunales y los responsables políticos, pero desde mi punto de vista, es un error permitir que esto continúe.» Acota Greenwald: «Me encantaría saber qué vía en concreto tiene en mente el general Alexander para ayudar al gobierno de EE UU a ‘encontrar la manera de detener’ al periodismo en esta historia. Cualquiera que sea la forma, será profundamente hostil a la Constitución de EE UU. ¿Qué clase de persona querría que el gobierno fuerce un operativo para clausurar los informes de la prensa? Cualquier clase de persona que sea, no es alguien en quien confiar para instituir y desarrollar un sistema de espionaje masivo que opera en la oscuridad. De hecho, nadie lo es.» Greg Mitchell escribió en el diario virtual The Nation, de Estados Unidos, un artículo que golpea en las mentes bien pensantes de aquel país a 45 años de la Masacre de My Lai.
El 16 de marzo de 1968, tropas de la Compañía C del 1º Batallón de la 20ª División de Infantería y de la Compañía B del 4º Batallón de la 3ª División de Infantería atacaron la zona de Soin My, en lo que era Vietnam del Sur, con helicópteros artillados y efectivos de infantería de marina. La escena puede percibirse en la película Apocalipsis Now, el clásico de Francis Ford Cóppola sobre la base de la novela de Joseph Conrad, El corazón de las tinieblas. Allí, un soberbio oficial encarnado por Robert Duvall muestra lo que pudo ser My Lai. Una orgía de horror y violencia absolutamente demencial e innecesaria.
La masacre no se divulgó sino un año más tarde, cuando la publicó Seymour Hersh, de un medio minúsculo llamado Dispatch News Service. Un ex fotógrafo del Ejército, Ronald Haeberle, logró colar algunas tomas dramáticas en el Cleveland Plain Dealer. Por el caso fue condenado el segundo teniente William Laws Calley, en medio de un escándalo mediático. Pero fue indultado tres años más tarde por el presidente Richard Nixon. Mitchell muestra ahora una foto impresionante que la doctoranda Valerie Wieskamp, de la Universidad de Indiana, Bloomington, analiza en detalle, y se sorprende de que nadie haya reparado en ella en casi medio siglo.
La imagen arquetípica de My Lai es la de una chica que huye desnuda envuelta en llamas porque le arrojaron napalm. Wieskamp descubre en «Asalto Sexual en la masacre de My Lai: el borrado de la Violencia Sexual de la memoria pública de la guerra de Vietnam», otra imagen ya publicada de la matanza que muestra a una aterrorizada anciana tomada violentamente por un soldado en primer plano, y a una adolescente con un niño en brazos. Cerrando su blusa. Una prueba, acota, de las violaciones masivas cometidas por soldados estadounidenses y ocultas por décadas detrás de epígrafes genéricos en la prensa. Porque nadie había reparado en que la muchacha se estaba abotonando la blusa luego de haber sido violada.
El fotógrafo ya había dicho algo de esto en su momento, pero nadie lo quiso escuchar. Ahora que el debate por la libertad de expresión aparece en boca de los empresarios sometidos a leyes de la sociedad en Gran Bretaña y la Argentina, y en medio de la divulgación de procedimientos reñidos con la moral y las reglas del buen arte a nivel político, es bueno reflexionar sobre estas cuestiones. Porque más temprano que tarde la verdad saldrá a la luz, pero la responsabilidad del periodista es que lo sea en tiempo real.
Tiempo Argentino, 1 de Noviembre de 2013
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