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El banco de los BRICS en combate contra el dólar

El banco de los BRICS en combate contra el dólar

Las esperanzas que despertó la cumbre de BRICS en Fortaleza fueron, para algunos medios locales, mayores que las realidades que se podían concretar en la primera participación argentina en ese foro exclusivo. Se juntaban dos escenarios particularmente complicados: por un lado, la crisis con los fondos buitre que jaquea a la Argentina en un momento crítico. Pero paralelamente son muchos los que ansían desde hace décadas la construcción de un poder que contrapese la asfixiante expansión de Estados Unidos hacia todos los rincones del mundo tras la caída de la Unión Soviética a inicios de la década del ’90.
Esta vez se unieron el deseo y la necesidad de este lado del Plata de lograr apoyos en su pelea de fondo en la Corte de Griesa y la expectativa de poder ingresar a BRICS para potenciar la voluntad de un desarrollo autónomo. Sin embargo, no es eso lo que fue a buscar Cristina Fernández y tampoco es eso lo que le estaban ofreciendo cuando recibió la invitación al encuentro de los presidentes en la ciudad brasileña.
BRICS es una construcción de los principales países emergentes, los que están destinados, según las especulaciones más sensatas, a liderar el mundo del siglo XXI. Cierto que el acrónimo surgió de un evaluador del banco Goldman Sachs (GS), una institución financiera que pocas ganas tiene de que cambie el mundo que hay. Y menos si ese cambio no lo puede controlar, como en cambio lo viene haciendo con la crisis europea. El mismo analista, Jim O’Neill, encontró otra sigla, PIGS (cerdos, en inglés) para definir a los que «se iban a ir para la B», Portugal, Italia, Grecia y España. Países estos donde el GS tiene mucha responsabilidad en el desastre.
En cuanto a los BRICS, puede decirse que hubo acercamientos en Asia de las principales potencias, Rusia, India y China, desde mucho tiempo antes de que O’Neill se pusiera a jugar con acrónimos. La aparición de Brasil en este horizonte se explica por la presencia de Lula de Silva en el gobierno, a partir de 2003. Y la de Sudáfrica le puso la frutilla al postre: sí, la visión del BRICS puede tener relación con factores económicos –representan el 43% de la población mundial y el 21% del PBI y ya explican la mitad del crecimiento mundial– pero mucho más la tiene con la geopolítica.
No solamente este grupo de naciones es fuerte en Asia, de donde son originarias y donde ocupan los primeros lugares en población y PBI. Ahora también tienen un pie en África y otro en América. Por otro lado, lograron unir a tres diferentes culturas que cada una a su manera buscan recuperar los lugares decisivos que han tenido a lo largo de la historia de la humanidad: la China milenaria, la trascendente India y el viejo hálito imperial de los zaristas. Todo bien sazonado con otra tierra que también supo ser imperio como Brasil y el país más europeizado del África negra. Hay que decir que una alianza entre el régimen racista de Sudáfrica ya se había producido durante los años de plomo en el Cono Sur, donde participaron las dictaduras brasileña y argentina. La idea era en esos tiempos setentistas armar una Organización del Tratado del Atlántico Sur de tinte fuertemente anticomunista. Pero esa es otra historia.
Lo cierto es que luego del embate inicial de Washington tras la debacle de la URSS –que a partir de los atentados a las Torres Gemelas avanzó para ocupar espacios territoriales en el entorno de Rusia y de China– se produjo la crisis económica del neoliberalismo y van apareciendo espacios para otros protagonistas en un nuevo escenario. China avanza a paso redoblado desde la apertura económica de 1979, de modo que no sorprende su nuevo rol de gran comprador y gran equilibrador internacional. La India, con el antecedente del gobierno de Rawahalal Nehru para «surfear» entre Moscú y Washington en los años de la Guerra Fría, ya ocupaba un espacio que por desarrollo y población le cabe. A esto se agrega Rusia, que con Putin y a caballo de la crisis europea busca retomar sus antiguas posesiones –con Crimea ya lo logró– y sus áreas de influencia, como hizo en Siria. Tres actores con intereses y armamento nuclear, dos de ellos con un asiento en el Consejo de Seguridad de la ONU. No es poco.
Por eso es que a medida que fue pasando el tiempo, BRICS se va consolidando como eje de un poder aún incierto pero creciente. Una característica es que van paso a paso, como dijera un DT argentino. De modo que la ampliación hacia otros actores globales, como sería el caso de Argentina, por ahora deberá esperar. Por otro lado, habrá que analizar si es que es necesario estar en ese club, y de qué modo intervendrían los otros organismos de los que con más pertinencia forma parte el país, como Mercosur, Unasur y la Celac.
A pesar de esto, la sola sospecha de que se pudiera tratar esa cuestión en Fortaleza bastó para que desde una de las centrales empresarias brasileñas se tirara a petardear cualquier ampliación. Lo más probable es que si alguna vez es oportuno contar con un nuevo socio, como todo lo que se hace en BRICS suele obedecer a los tiempos chinos, todos estén avisados de la novedad y no sorprenda a nadie.
Lo que sí se anunció en Brasil fue la creación de un Nuevo Banco de Desarrollo (NBD) y un fondo común de reservas para casos de contingencia; 50 mil millones de dólares en el primer caso, 100 mil millones en el segundo. La directora del FMI, Christine Lagarde, se apuró a celebrar la iniciativa, con el tono protocolar que se aplica en contiendas de alto nivel como esta. Pero no es una buena novedad para la entidad que forzó medidas neoliberales en todo el mundo con la excusa de la ayuda financiera, de modo que no habrá que augurar una buena convivencia.
Suele decirse que los bancos prestan un paraguas cuando hay sol y lo reclaman cuando llueve. Un banco de los BRICS es la promesa de un banco que preste a los países necesitados cuando llueva y sin exigencias neoliberales. Algo que podría ayudar al desarrollo de la región con créditos accesibles, pero no en este preciso momento. Es que el NBD, que se comenzó a diseñar en 2012, entraría en vigencia recién para 2016.
Lo que gradualmente sí está en marcha es el intercambio de mercaderías en monedas locales entre los socios de BRICS. Acuerdos similares se llevan a cabo entre Argentina y China, y también con Brasil. El Banco del Sur también tiene ese propósito, pero se viene demorando y no son pocos los que acusan de la lentitud al Planalto, que apostó más a sus relaciones extraterritoriales.
Habrá que decir que un banco «multipolar» tendrá que resolver el problema de fondo que subyace detrás de todo este debate: el fetiche capitalista del dólar como moneda de reserva e intercambio. Es decir, que ponga el último remache al féretro de Bretton Woods de 1946, que estableció las reglas financieras internacionales al fin de la guerra. Hay analistas que avizoran que la divisa china, el yuan, será en pocos años un fuerte competidor del dólar, la divisa en que aún se realiza más del 80% del comercio internacional. Pero si es por experiencia concreta, el euro nació el 1º de enero de 1999 para competir directamente con el «verde» y no sólo todavía no lo logró sino que sufre un embate desde 2008 que lo hizo trastabillar bastante. Y para colmo, habrá que ver cómo queda posicionado el euro luego de que Estados Unidos y la Unión Europea firmen el Tratado de Libre Comercio por el que vienen bregando aceleradamente.
Todo tiene que ver con todo, dicen las malas lenguas. Y el derribo del avión de Malaysia Airlines en Donetsk también entra en el inventario de este nuevo escenario global. Aunque es pronto para decir de qué manera.
Se entiende que la urgencia de un título periodístico es abrumadoramente más perentoria que las necesidades de los líderes que se vienen juntando desde hace un quinquenio para buscarle la forma a un mundo multipolar.

Tiempo Argentino, 18 de Julio de 2014

Nueva escalada bélica en Gaza

Nueva escalada bélica en Gaza

Si la visita del Papa para orar con los presidentes Shimon Peres y Mahmud Abbas pudo generar alguna esperanza de paz, la nueva escalada bélica en la Franja de Gaza demuestra que para lograr un marco de convivencia sostenible en Oriente Medio se necesita algo más que una invocación a Dios; sobre todo cuando el telón de fondo es el desarrollo de los conflictos en Siria y la avanzada de los grupos islamistas radicales de Irak.
En este contexto, las razones que esgrime el gobierno de Benjamín Netanyahu para responder ante ataques con cohetes desde Gaza se confunden con un historial que no hace sino probar las dificultades para navegar en estas aguas turbulentas luego de casi 70 años de guerra entre palestinos e israelíes.
Porque este conflicto, que ya dejó miles de muertos y desplazados, provocó daños incontables en ambas sociedades y creó divisiones muy difíciles de reparar si es que la propuesta más razonable para la dirigencia de ambos sectores en pugna es una paz seria y perdurable. Hay varias generaciones, tanto israelíes como palestinas, que detectan mejor el humo de la metralla que el perfume de las flores, en términos –si se los puede tildar así– poéticos. Algo como esto perciben los sectores más progresistas dentro de Israel, país que, ante el cariz que fueron tomando los acontecimientos, aparece como el malo de la película en virtud de las cifras que arroja su respuesta ante los ataques desde Gaza: más de 500 palestinos muertos, en su abrumadora mayoría civiles y con un 25% de niños, 3.000 heridos y cientos de miles de refugiados ante la orden del Ejército israelí de abandonar sus casas por nuevos ataques desde el aire. Del otro lado se computaban unos 15 muertos al cierre de esta edición. Un grupo de 62 intelectuales y 7 Premios Nobel de la Paz –entre los que figuran Adolfo Pérez Esquivel, Desmond Tutu, Rigoberta Menchú y Noam Chomski– reclamó un embargo de armas a Israel. El gobierno argentino, en tanto, condenó la respuesta israelí por los ataques de Gaza, que también repudió. Al mismo tiempo, rindió homenaje a «los niños asesinados en las últimas semanas». Pero muchos israelíes se suman a las críticas contra el gobierno derechista. David Grossman, un escritor y ensayista israelí, señaló hace unos días su perplejidad por el clima de desesperanza que nota entre la población judía más proclive a la convivencia con los vecinos. Dijo que siente «como si se estuviera hablando en nombre de una ley de la naturaleza, un axioma que afirma que entre estos dos pueblos nunca podrá haber paz, que la guerra entre ellos es un decreto divino, y que, en definitiva, todo será siempre malo aquí, nada más que malo».

Ingenuos o traidores
En un artículo que dedicó a Ron Pundak, uno de los impulsores de los acuerdos de Oslo de 1993, Grossman lamenta que, para el pensamiento imperante, quien no siga la corriente de respuestas militares cada vez más duras es considerado, en el mejor de los casos, un ingenuo o un soñador iluso, «y en el peor, un traidor que debilita los recursos de Israel, alentando a dejarse seducir por falsas visiones».
Grossman califica como integrante de la izquierda israelí, sector que fue perdiendo influencia desde la llegada al gobierno del derechista Netanyahu. Pero no se puede decir que Yuval Diskin siga ese camino. El hombre fue durante 6 años jefe del Shin Bet, el servicio de inteligencia de las Fuerzas de Defensa de Israel y tuvo a su cargo la misión de ponerle fin a la segunda Intifada Palestina. Por lo tanto, no es un soñador iluso sino un estratega que desde hace tiempo viene reclamando que el gobierno israelí negocie con mayor razonabilidad con el presidente Abbas para llegar a un acuerdo perdurable.
En una de sus últimas publicaciones de su página de Facebook, reproducida por el periodista Ezequiel Kopel, de la Agencia Paco Urondo, Diskin sugiere desconfiar de la realidad que pinta la administración Netanyahu. «Este es el resultado de la política llevada a cabo por el actual gobierno israelí cuya esencia es: “Vamos a asustar al pueblo sobre todo lo que está sucediendo a nuestro alrededor en el Oriente Medio, vamos a demostrar que no hay interlocutor palestino, vamos a construir más y más asentamientos y crear una realidad que no se puede cambiar, vamos a continuar sin tratar los graves problemas del sector árabe en Israel, vamos a continuar sin resolver las carencias sociales graves en la sociedad israelí”».
En sus palabras, la ilusión no es creer que una paz es posible, sino sostener que «todo se puede resolver con un poco más de fuerza, la ilusión de que los palestinos van a aceptar todo lo que se hace en Cisjordania y que no responderán a pesar de la rabia, de la frustración y del deterioro de la situación económica; la ilusión de que la comunidad internacional no va a imponer sanciones contra nosotros, de que los ciudadanos árabes de Israel finalmente no saldrán a las calles debido a la falta de atención a sus problemas, y que el pueblo israelí continuará, sumiso, aceptando la impotencia de su gobierno para hacer frente las brechas sociales que sus políticas han creado y continúan empeorando mientras la corrupción sigue envenenando todo lo bueno». Es una frase dura para alguien que no es un revolucionario y se enfrentó a los palestinos por años.

Malestar creciente
Es que en sectores cada vez más amplios de la sociedad israelí crece el malestar por la situación económica interna y los recortes presupuestarios que afectan a los que menos tienen. También porque la militarización genera resquemor e inseguridad en el hombre común, que ve pocas posibilidades de desarrollar un proyecto de vida en un clima de inseguridad cotidiana. Por otro lado, también se suman voces de rechazo moral a las acciones que los soldados desarrollan en los frentes abiertos dentro de Cisjordania y la propia Gaza.
El psiquiatra israelí Carlo Strenger cuenta en una columna al diario Haaretz –el tribunal donde se están expresado masivamente estas críticas– que le toca atender en su clínica casos de soldados que cuentan los padecimientos por los horrores que viven y que cometen en sus intervenciones. Como especialista en cuestiones psicológicas, pero también como pacifista, el también profesor en la Universidad de Tel Aviv entiende que el miedo de la población a lo que pueda ocurrir en un entorno político enrevesado en el mundo árabe debe ser comprendido no sólo desde el punto de vista de la psicología.
Hay, sostiene Strenger, una responsabilidad de los sectores de izquierda en sostener ideológicamente respuestas adecuadas ante el peligro real y los peligros que el gobierno pueda agregar en el camino. «Con demasiada frecuencia hemos dicho a los israelíes que necesitamos poner fin a la ocupación por el bien del carácter democrático de Israel. Hemos señalado cuán racista Israel se está tornando como resultado de la ocupación, y seguimos advirtiendo que Israel va a terminar siendo un Estado paria si la ocupación no termina». Pero, aclara, «la izquierda ha perdido progresivamente terreno en Israel, ya que no se ha ocupado de estos temores con valentía y claridad suficiente».
Nir Baram es un joven escritor que publica sus reflexiones en un blog que se llama +972, por el prefijo telefónico que corresponde a Israel. Baram señaló que «mientras hacemos duelo por el horrible asesinato de los tres niños israelíes en manos de asesinos despreciables, una vez más se escucha en Israel que en momentos así no hay izquierda y derecha, que estamos todos juntos», algo que rechaza desde la izquierda, para agregar, dramático: «Se ha formado una sociedad violenta y ocupadora en Israel, una sociedad que está en una posición de constante victimización: vemos los resultados ahora y los veremos en los tiempos por venir».
Otra israelí crítica, Amira Hass, explica parte de la situación en Gaza y Palestina usando precisamente el prefijo que les corresponde como país, pero agregando información clave para entender lo que está en juego. «El código separado, +970, es un gesto vacío que queda del período de Oslo. Pero el sistema telefónico palestino es una rama del israelí. Cuando el servicio de inteligencia Shin Bet llama a una casa en Gaza para anunciar que la fuerza aérea va a bombardear, el Shin Bet no tiene que marcar 970». El título del artículo en Haaretz señala un punto contundente: «Gaza no es un Estado independiente». Hass admite que parte de la situación en Palestina tiene que ver con la lucha entre facciones de Hamas y de Al Fatah, que controlan efectivamente Gaza y Cisjordania. Pero «Israel sigue controlando el registro de la población. Cada recién nacido palestino en Gaza o en Cisjordania debe estar registrado en el Ministerio del Interior de Israel (a través de la Coordinación y Administración de Enlace) para poder obtener una tarjeta de identificación a los 16 años. La información escrita en las tarjetas es también en hebreo. ¿Alguna vez has oído hablar de un estado independiente cuya población deba inscribirse en el “vecino” Estado (que ocupa y ataca), o de lo contrario no van a tener los documentos y no existirán oficialmente?».
Eso, sin contar con las consecuencias del bloqueo a Gaza, incluso la provisión de energía eléctrica y agua, y los permisos de pesca en el Mediterráneo y para cultivar la tierra cerca de la frontera. Por eso Hass agrega que los residentes en Gaza deben recurrir a sí mismos para conseguir, por ejemplo, el vital elemento, pero ocurre que «la demanda supera la oferta y no hay exceso de bombeo. El agua de mar se filtra en las aguas subterráneas, al igual que las aguas residuales de tuberías decrépitas. El 95% del agua de Gaza no es potable. Y en base a los acuerdos pasados, Israel vende 5 millones de metros cúbicos de agua a Gaza (una gota en el océano)».

Visita sin resultados

El 25 de mayo pasado, en coincidencia con la celebración del aniversario del primer gobierno patrio en su tierra natal, el Papa Francisco llegó a Jerusalén con el objetivo de lograr un acercamiento entre los líderes israelí y palestino, luego de los infructuosos intentos del estadounidense Barack Obama, que comenzó su gestión con el famoso discurso de El Cairo, en Egipto, en junio de 2009.
Mucha agua corrió bajo los puentes desde entonces: la Primavera Árabe expulsó a varios gobiernos autocráticos; entre ellos, el del propio anfitrión Hosni Mubarak, quien representaba al gobierno que durante décadas había garantizado moderación dentro de la región. Lo sucedió, tras las primeras elecciones libres en ese país, el islamista Mohamed Mursi, de la organización Hermanos Musulmanes (HM). Mursi tenía buena llegada con Hamas y en 2012, ante otra escalada bélica, logró una tregua que a duras penas se mantuvo hasta mediados de junio pasado. Mientras tanto, fue creciendo el conflicto en Siria y la situación en Irak y el norte de África se fue enrareciendo. Pero Mursi fue derrocado por un golpe de estado que persiguió a los HM y, tras otra ronda electoral, dejó en el poder al que lo derrocó, el general Abdelfatah al Sis. La llegada de Jorge Bergoglio podía implicar el ingreso de otro liderazgo para comandar un posible proceso de paz en Oriente Medio, ante las dificultades de la Casa Blanca. Pero ocurrió cuando Shimon Peres, que participó de aquellas conversaciones en Oslo y es un pacifista –bien que moderado– estaba terminando su gestión en un cargo que, además, es más bien honorífico. En abril, Abbas llegó a un acuerdo con Hamas para formar un gobierno de coalición para unificar los dos sectores palestinos. El 10 de junio, el parlamento israelí eligió como sucesor de Peres a Reuven Rivlin, un conservador más intransigente. El 30 aparecieron los cuerpos de tres adolescentes que habían sido secuestrados 18 días antes en Cisjordania. La ola de indignación fue creciendo entre los sectores más extremos y unos días más tarde fue encontrado el cuerpo de un chico palestino quemado vivo. El gobierno israelí encontró a los culpables de la venganza y acusó de los crímenes de Cisjordania a Hamas. A los pocos días denunció que el grupo islamista que gobierna Gaza desde 2006 había iniciado otra andanada de cohetes contra la población civil. Y el canciller Avigdor Lieberman, un fundamentalista, dijo que abandonaría la alianza gobernante por la timidez de la respuesta de Netanyahu ante los ataques. El resto es historia más reciente.

Revista Acción, 15 de Julio de 2014

Alí Rodríguez: Construir una Unasur sobre el modelo de la OPEP

Alí Rodríguez: Construir una Unasur sobre el modelo de la OPEP

Puede decirse sin dudar que Alí Rodríguez Araque es uno de los fundadores del movimiento chavista. Su antecedente de combatiente, cuando a fines de los 50 recurrió a la lucha armada, como muchos miembros de su generación, ante la falta de apertura democrática en Venezuela tras el derrocamiento del dictador Marcos Pérez Jiménez, pesó años después, ya con Hugo Chávez como líder de la revolución bolivariana, para que ocupara un puñado de cargos trascendentales para el proceso que se inició en 1999. Fue secretario general de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), presidente de la empresa petrolera estatal PDVSA, canciller, ministro de Economía y, desde hace dos años, secretario general de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR).
Es, también, un teórico de fuste, y así lo muestra Antes de que se me olvide, el libro construido luego de seis años de conversaciones interrumpidas por la actividad cotidiana con la periodista cubana Rosa Miriam Elizalde y con 200 horas de grabaciones. Ese trabajo, que acaba de ver la luz en Argentina, es una publicación imprescindible para entender el proceso de cambios que transita América Latina desde la irrupción de Hugo Chávez y que ya hizo un camino importante como para poder elaborar teorías al respecto.
Rodríguez Araque recibió a Acción poco antes de presentar el libro en el Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini. Llegaba luego de haber presidido la Conferencia de Defensa de la UNASUR que el organismo regional llevó a cabo junto con el Ministerio de Defensa argentino; una suerte de seminario en que se debatió con funcionarios del área de toda la región una cuestión crucial para el futuro de las nuevas generaciones del continente como es la del cuidado y vigilancia de los recursos naturales.
–¿Cuál es la situación actual de UNASUR?
–Un proceso de tan vasto alcance como es UNASUR obviamente pasa por distintos momentos. Pero lo que se debe mirar es la tendencia, hacia dónde apunta, hacia dónde avanza. Ya el simple hecho de haber firmado un tratado como el de UNASUR, como el de CELAC –y antes, el haber firmado todos los acuerdos que dieron lugar al ALBA– indica que en toda la región se va conformando una creciente conciencia de que somos lo que somos: una gran nación, que está fragmentada, pero una gran nación. La visión de concebir todo este inmenso territorio de Sudamérica, de 10.800.000 kilómetros cuadrados y poblado por 400 millones de seres, arranca desde ya hace dos siglos. La visión de José de San Martín y de Simón Bolívar no era liberar un pequeño fragmento. ¿Por qué San Martín regresa a los Andes para liberar a Perú, y por qué Bolívar viene desde tan largas distancias como son las llanuras de Venezuela y de Colombia, también cruzando los Andes, para llegar hasta el Alto Perú? Porque tienen una visión de que era necesario derrotar al imperio español hasta el último rincón de esta región. Más allá de la independencia, se veía esto como una sola nación; Bolívar llegó a hablar de una federación de repúblicas. El haber firmado el tratado de UNASUR implica que estamos rescatando ese sueño ancestral de nuestros pueblos, de nuestros líderes.
–¿Cómo se consolida la integración?
–Lo primero es que tengamos una estrategia. Porque todos los acuerdos, hasta en el hogar, o en las relaciones interpersonales, según dicen los que saben de eso, implican una política amorosa en un caso, y una estrategia en el otro, que debe buscar dónde está su principal fortaleza, su principal punto de apoyo. Y por descarte se llega a una conclusión: no es que seamos potencia militar, ni industrial, ni tecnológica y, afortunadamente, tampoco nuclear, sino que somos depositarios de una descomunal riqueza representada por todos los recursos naturales que tú quieras conseguir aquí. No solamente por lo que se encuentra en tierra firme, sino por lo que está alojado en los grandes océanos que bañan estas tierras. Se trata de qué vamos a hacer con esa enorme riqueza natural cuando además –y como contraste– tenemos más de 100 millones de seres viviendo en la pobreza y buena parte de ellos en situación de indigencia.
–En el libro hace hincapié en el tema de la transculturización. Muchas de esas 400 millones de personas no están enteradas de qué es Unasur o no les interesa o, peor aún, están en contra por razones culturales. ¿Cómo ve esta cuestión?
–El problema de la cultura, tal como yo la veo, es el súmmum de todos los cambios que puedan ocurrir en una sociedad, y hablo de cambios cualitativos. Porque para mí la cultura es, a fin de cuentas, el sistema de valores que mueve a una sociedad, y la cúspide es la ética de la sociedad. A los regímenes feudales corresponde una ética, al régimen capitalista ha correspondido otra ética. Pero la ética en una sociedad que esté verdaderamente al servicio de los pueblos, de una verdadera democracia, ¿cuál es? En mi opinión, es el trabajo, pero si bien el trabajo es la fuente de todas las riquezas, no es la guía ética de todas las sociedades. Pienso que hay cambios profundos de significación histórica en una sociedad cuando se producen cambios culturales, cuando hay una revolución cultural en el más legítimo sentido de la expresión. Es un primer aspecto a tomar en cuenta. Pero la cultura no viene por obra y gracia del espíritu santo; la cultura es la expresión de cambios que ocurren en las estructuras de las sociedades. Al fin y al cabo, la conciencia de las sociedades está determinada por las condiciones de existencia de las sociedades y no al revés. De manera que el primer gran reto –y estábamos hablando de eso– es una estrategia que permita desarrollar todo el poderío material que sirva de sustento para cambios culturales de vastas proporciones en toda la región. No se trata de una ruptura donde ya el pasado quedó liquidado. No. Porque son como afluentes que van discurriendo en distintas direcciones y en distintas épocas en la historia. Porque hay un acervo cultural en nuestra región, sobre todo en nuestros antecedentes, en los pobladores originales de estas tierras. En el Perú hay una civilización, la de los caral, que tiene 5.000 años. ¿Cuántos avances hubo en la sociedad inca, entre los chibchas, entre los aztecas, poblaciones arrasadas por la ocupación del imperio español de aquel entonces? Pero aun así hay una base cultural de gran importancia en toda la región que está llamada a florecer, acompañada de otros cambios que es perfectamente posible alcanzar sumando el concurso de las otras potencialidades que hay en la región.
–Cuando se ven las distintas dirigencias regionales, las distintas sociedades y tendencias, parece revelarse un tironeo por coordinar esas diferentes posiciones en torno de la integración.
–Cuando a mí me planteas ese problema, yo tengo un ejemplo a mano, la OPEP. ¿Tú crees que en nuestra América hay regímenes sociales y políticos más diversos que en la OPEP, o visiones políticas o incluso alianzas internacionales más complejas que aquellas que caracterizan a los países que están en la OPEP? Ni aun durante la guerra entre Irak y Kuwait dejó de funcionar la OPEP. ¿Qué tenían en común Muammar Khadafi con el régimen saudita? Y sin embargo allí estaban. Por qué la OPEP ha sobrevivido a todo tipo de conflicto internos y externos desde el 14 de setiembre de 1960 es una pregunta que debemos hacernos. Yo tengo una respuesta, y es que ha sido el acuerdo inteligente entre todos esos países para encontrar una fórmula eficaz para la defensa del derecho de propiedad sobre un recurso natural, el petróleo.
–Claro, pero dos de esos países, Irak y Libia, han sufrido los peores embates del imperialismo, y lo mismo ocurre ahora con Venezuela.
–Pero no por la OPEP sino a pesar de la OPEP. Por supuesto que no nos movemos en el mejor de los mundos. Son contradicciones que derivan precisamente del hecho de tener grandes recursos naturales. ¿Tú crees que a Irak la atacaron porque Saddam Hussein estaba construyendo armas de destrucción masiva, que es lo que dijeron? ¿O porque Irak tiene uno de los más grandes reservorios de petróleo a nivel internacional? ¿Y a Libia por qué? ¿Y a Siria por qué? Si bien Siria no es un gran reservorio de petróleo –aunque tiene una producción nada despreciable–, es un enclave estratégico muy relacionado con estos temas que estamos comentando.
–Este encuentro que se desarrolló en Buenos Aires, ¿ tiene la importancia de haber puesto sobre el tapete el núcleo sobre el cual se pueden unir las distintas posiciones de los países de UNASUR en torno de la defensa de los recursos?
–Claro, porque la tierra no es un problema de derechas o de izquierdas; la tierra donde están alojados todos los recursos sin excepción es un problema de los pueblos, de las naciones. En Venezuela, por ejemplo, todos los programas políticos de todos los partidos tenían como culminación de sus aspiraciones la nacionalización del petróleo. Por supuesto, cada uno con su propio esquema, nacionalizar para qué, en qué condiciones…
–Y para quién.
–Exactamente. Si tienes una estructura en la que domina un sector de la sociedad, como ocurría en Venezuela, ya se sabe quiénes van a ser los principales favorecidos, además de los grandes consorcios internacionales. Uno de los problemas que coloca a Venezuela en esas tensiones tan fuertes es que es depositaria de las más grandes riquezas petroleras del mundo: 297.000 millones de barriles en un espacio relativamente reducido, grandes reservas de gas, una ubicación estratégica a la cabeza de Sudamérica, frente al mar Caribe. No es un territorio cualquiera, además de las tradiciones que conocemos y además de todo lo que ha significado el liderazgo de Chávez como factor de impulso a la integración sudamericana, latinoamericana y caribeña, a quien (la secretaria de Estado de George W. Bush) Condoleezza Rice calificó como influencia negativa en la región. Eso explica el fondo del problema. Si, por ejemplo, Chávez hubiera dejado tranquilitos los contratos petroleros donde se habían eliminado las regalías, se habían reducido los impuestos, donde las dudas y controles se resolvían en tribunales extranjeros, y dentro de los cuales las empresas, las grandes corporaciones, tenían la mayoría accionaria –65% de las acciones en las asociaciones estratégicas–, seríamos objeto de las más grandes felicitaciones y elogios a nuestra democracia. Pero las regalías se llevaron al 30%, los impuestos al 50%, las controversias se resuelven en territorio venezolano y la mayoría accionaria la tiene PDVSA. Eso no les gusta ni a las grandes corporaciones ni a quienes les brindan sus apoyos a las grandes corporaciones.
–¿Uno de los temas que se planteó fue el de crear algún tipo de fuerzas armadas comunes para la defensa de los recursos naturales?
–Eso estaría mal planteado. Yo prefiero hablar de la defensa de los derechos de propiedad de los recursos naturales. Es un derecho de nuestros pueblos, de nuestras naciones. Hay una resolución de Naciones Unidas que tiene el número 1.803 y fue aprobada el 24 de diciembre de 1962 que establece como un principio, así lo dice, los derechos permanentes y soberanos de los Estados sobre los recursos naturales. Luego hay todo un desarrollo de esa resolución, de manera que podemos decir que ese es un principio de validez universal. Nosotros debemos tomar ese principio y desarrollarlo en las condiciones de nuestra región.
–¿Cómo será el futuro de UNASUR?
–Yo creo que UNASUR tiene un brillante futuro, siempre y cuando entendamos que es necesaria una estrategia, que es necesario impulsar un acuerdo en torno al mejor aprovechamiento de nuestros recursos naturales y que se acuerden orientaciones para superar los problemas de pobreza y mejorar las condiciones de existencia de nuestras poblaciones.
–¿Hay consenso para lograr eso?
–Bueno, estamos en la búsqueda. Hasta ahora nadie ha dicho que no y eso es un avance importante.
–Hablemos sobre Venezuela, ¿el diálogo con la oposición quedó frustrado?
–El diálogo para garantizar un ejercicio pleno y libre de la democracia es muy importante, pero se necesita la racionalidad de la oposición, porque si por algo se ha caracterizado, lamentablemente, es por su total carencia de ideas. Tú exploras todo lo que dice y escribe la oposición y te preguntas cuál es el proyecto alternativo; hay un gran vacío, pero al lado de eso está el problema del liderazgo. No hay un liderazgo que encarne algo que además no existe, como sería un programa, una visión alternativa. Oigo por allí que el mejor aliado que hemos tenido en Venezuela ha sido la oposición, porque tal vez con una propuesta racional y, por supuesto, con un liderazgo, podría haber hecho un papel mucho mejor e incluso podría haber dado conclusiones importantes en variantes políticas y en el desarrollo de la democracia venezolana. Lamentablemente no ha sido así y una de dos: la actual oposición está dejándose chantajear por un sector violento o bien es otra combinación de la forma de lucha. Es decir, por un lado, un sector actúa en el plano legal, y, por otro, actúa un sector ilegal de manera violenta, como ocurre con estos hechos bien conocidos y que afortunadamente ya han sido controlados. Porque, además, hay una nueva intervención nada oculta y nada enmascarada de Estados Unidos en los asuntos internos en Venezuela. Personeros muy calificados del gobierno norteamericano y del propio Congreso están interviniendo de la manera más grosera, más vulgar, más ordinaria y más brutal en los asuntos internos de Venezuela. Hay una trama allí que va más allá de los problemas de los venezolanos y que tiene que ver, una vez más, con el hecho de que Venezuela tiene un gigantesco reservorio de energía que Estados Unidos, que consume el 25% de la energía del mundo, necesita cada vez más.
–¿No hay a la vez un problema económico importante en Venezuela?
–Sí, por supuesto, uno no puede decir que todo es culpa del imperialismo y que todo es culpa de la oposición. Hay problemas reales de la economía. En estos momentos hay un problema de mucho circulante que ejerce una presión sobre el dólar y ejerce una presión sobre los productos en general. Venezuela tiene un problema estructural y crónico que viene arrastrándose desde los años 30, que es la sobrevaluación del bolívar.
–¿Cómo es eso?
–Con la crisis de los años 30 casi todas las monedas del mundo se devaluaron. Venezuela no devaluó, apreció la moneda; de 5,20 centavos por dólar se llegó a 3,09 centavos por dólar y, desde entonces, eso fue un golpe a la propiedad y la producción agrícola venezolana. De gran exportador de alimentos se transformó en gran importador. Eso no se ha podido corregir a lo largo de la historia. Porque, además, al tener un gran poder de compra y un dólar barato, ha sido más económico importar que producir. Hay problemas que ya se han hecho de orden estructural y eso implica, entre otras cosas, realizar un fuerte incremento de la productividad. Porque Venezuela tiene el nivel de productividad más bajo de América del Sur. Así, hay una cantidad de problemas que hay que enumerar y señalar con los que tiene que lidiar el actual gobierno del presidente Nicolás Maduro y no son cosas que se pueden resolver en un día, aparte de otros problemas, errores que se han cometido, como ocurre en la efervescencia de todo proceso de cambios revolucionarios.

Revista Acción, 15 de Julio de 2014

Los mascheranos y el país de mierda

Ganar es una contingencia del juego, se sabe. Y en las duras es cuando sale a relucir el talento pero básicamente el temple, el coraje, la sangre de un grupo humano. Al mismo tiempo salen a relucir miserias. Por algo dicen por ahí que uno juega al fútbol tal y como es en la vida. Eso demostraron los muchachos que disputaron el Mundial de Brasil. Cuál es el coraje, el temple y el talento que les corre por las venas.
Muchos apostaron a que Argentina no llegaba a la final y trataron de demoler el trabajo del entrenador. Un ultraK como gustan de llamar a los que se paran de este lado. (¿No existen simpatizantes solamente K?)
En fin, que entre las miserias quisiera anotar un diálogo que Jorge Lanata escribió en su columna semanal. “Es exactamente lo contrario a lo que somos, me decía Marcelo Longobardi en la radio (…) ¿Es Mascherano lo que somos o lo que queremos ser? ¿El reguero de pólvora de chistes, el centimil, las miles de menciones a Mascherano en las redes sociales evocan una necesidad, o la melancólica ausencia de lo que no seremos jamás? (…) ¿Estaremos, colectivamente, intuyendo el futuro? ¿Podremos pensar alguna vez en una Argentina de bajo perfil, con trabajo y compromiso, sin grietas y tan normal como Mascherano?”.
Los lectores de Página/ 12 de toda la vida recordarán que no fue sino hasta varios años después de que Lanata dejó la dirección –indignado, según decía, porque se había vendido a Clarín- que el diario comenzó a salir los lunes. Lanata despreciaba el deporte y en especial el fútbol, salir los lunes implicaba tener que cubrir el deporte preferido de los argentinos.
Si hubiera sido amante del fútbol, si alguna vez hubiera ido a una cancha -sobre todo de las categorías menores- hubiera encontrado a miles de mascheranos en la B, la C y la D que se cargan el equipo al hombro regularmente en canchas imposibles ante un público fervoroso y empecinado.
Sucede que los lanatas y longobardis machacan con que este es un país de mierda. Y como no se explican por qué miles de argentinos salen a las calles a celebrar lo que logró este grupo de muchachos, hurgan en el caso individual, no en la expresión colectiva que representan. No quieren perder protagonismo y no toleran que los Mascherano que hay en cada rincón del país –y son millones, en profesiones menos visibles que el fútbol- demuestren que este no es un país de mierda. En todo caso, es un país con demasiada gente de mierda. Pero eso es otra cosa.

Tiempo Argentino, 14 de Julio de 2014