por Alberto López Girondo | Ago 1, 2014 | Sin categoría
El Conflicto en Medio Oriente tiene aristas intrincadas y que hasta al Papa le costaría resolver, al menos el corto plazo. Pero no es menos cierto que otros conflictos que también parecían imposibles se terminaron revolviendo. La pacificación en Irlanda del Norte entre el IRA, el Ejercito Republicano Irlandés, y el gobierno británico es uno de ellos. El de Colombia entre el poder central y la guerrilla de las FARC camino de serlo. Cierto que no se pueden comparar, pero es bueno tenerlo en cuenta.
En junio 2009 Obama, recién llegado a la Casa Blanca y con todas las ínfulas por completar la tarea que sus antecesores demócratas no habían logrado, tuvo un par de gestos que prometían cambiar la ecuación en la región: fue a Egipto donde brindó el famoso Discurso del El Cairo. Todavía entonces se mostraba orgulloso de llevar “los mejores deseos del pueblo estadounidense y un saludo de paz de las comunidades musulmanas de mi país” y se daba el lujo de saludar con un “assalaamu alaykum”. (http://www.whitehouse.gov/the_press_office/Remarks-by-the-President-at-Cairo-University-6-04-09)
A principios del 2009 había designado a George Mitchell como el negociador ante israelíes y palestinos. Mitchell había logrado unos años antes la paz definitiva en el Ulster, si había podido con el empecinamiento de británicos, protestantes y católicos, quizás iba a lograrlo entre dos pueblos de origen semita y una religión que tiene las mismas raíces. Pues, no, se fue con las manos vacías y casi al borde del papelón.
Ante cada intento de negociar impulsado por Washington, el gobierno derechista de Israel respondía con la ampliación de los asentamientos y Hamas con cohetes. O al revés, que viene a significar lo mismo.
El ya nombrado Norman Finkelstein habla claramente de las cuestiones legales implicadas en la región y entre ellas menciona específicamente la Resolución 242 de la ONU, que ordena volver a las fronteras previas a 1967. También recuerda la necesidad de garantizar el regreso de los refugiados, a pesar del tiempo transcurrido. http://www.youtube.com/watch?v=T3R0Mp6a6zg&feature=player_embedded
http://www.youtube.com/watch?v=58AMrFTW3Gc&feature=player_embedded
Finalmente, Finkelstein puntualiza que la Corte Internacional de Justicia de La Haya se expidió oportunamente en contra de la construcción de los muros. «La corte considera que la construcción del muro y su régimen asociado crean un hecho consumado sobre la base de que podría convertirse en algo permanente, en cuyo caso, independientemente de la caracterización formal que ha dado Israel, equivaldría a una anexión de hecho», afirmó el tribunal. «Esa construcción, junto con medidas tomadas anteriormente, impidieron gravemente el ejercicio del pueblo palestino a la autodeterminación», agregó la CIJ.
En noviembre de 2012, y con 138 votos a favor, nueve en contra y 41 abstenciones, la Asamblea de Naciones Unidas aprobó la admisión de Palestina como Estado Observador. No se pudo incorporar como estado pleno porque para eso se necesitaría el voto de los cinco miembros del Consejo de Seguridad, y el trámite se demora para no obligar a EE UU a tomar una decisión comprometida. Israel y Estados Unidos se encontraron muy solos –con unas naciones del tamaño de una servilleta de Oceanía y Canadá, Panamá y república Checa- en la Asamblea General de la ONU frente a un amplísimo consenso de países de todos los continentes.
Israel se viene quedando con la sola compañía de Estados Unidos en foros internacionales y son muchos los que dentro y fuera de su territorio se preocupan por lo que entienden ubica al estado judío como un paria del mundo. Incluso toman en cuenta al muro y al trato que se le da a Gaza para hablar lisa y llanamente de apartheid.
La Sudáfrica del apartheid también fue un paria internacional hasta que puso fin al segregacionismo. La dirigencia afrikaneer –población europea emigrada a África del Sur que tomó el control y sometió a la mayoría negra durante siglos- percibió que le resultaría más provechosa una salida consensuada con la mayoría negra (y también con la mayoría de los países del mundo, en verdad). El blanco Frederik de Klerk acordó con el negro Nelson Mandela iniciar un nuevo proceso plagado de incertidumbres pero auspicioso. Hace justo dos décadas, en mayo de 1994, el ex guerrillero que había pasado 27 años preso del régimen asumió la presidencia y De Klerk fue su vice en elecciones libres. La colaboración de ambos permitió la creación de la primera democracia multirracial y recibieron el Premio Nobel de la Paz. Mandela, que murió en diciembre de 2013, podía haber tenido argumentos para emprender una venganza contra los europeos que habían humillado y masacrado a su pueblo por centurias. Pero apostó a la convivencia.
Algo similar puede decirse del boliviano Evo Morales, quien fue campesino y dirigente cocalero. Dos lacras condenables: indio aymara y además cultivador de la planta que para su cultura es ritual pero en el “mundo civilizado” sinónimo de un negocio prohibido. Pero además, Morales es uno de los líderes del MAS, el movimiento al socialismo.
Los pueblos originarios de América sufrieron esclavitud, persecución y directamente genocidio desde la llegada de los españoles al continente. Cuando se constituyó Bolivia, el libertador Simón Bolívar pensó en un país de blancos y no contempló especialmente la existencia de los indígenas. Hasta la Revolución de 1952, las leyes no permitían que indios –y mujeres- pudieran votar libremente. Los pueblos aborígenes ni siquiera podían circular por la misma vereda que un blanco o sentarse en los mismos bancos de una plaza. Algo parecido al segregacionismo estadounidense hasta bien avanzada la década del 60, que jamás hubiera aceptado en la posibilidad de un negro como inquilino de la Casa Blanca, y sin embargo…
Fueron muchas las críticas que se hicieron sobre la experiencia de gobierno-hasta por la forma de vestir- desde que Evo llegó al Palacio Quemado, en 2006. Y ya cumplió un récord para un país tan acostumbrado a la inestabilidad y los golpes de estado.
Con una lucha tremenda, Evo logró aprobar una nueva carta magna y avanzó sobre los sectores más retrógrados y racistas de Bolivia. La respuesta fue la creación del Estado Plurinacional donde se reconocen 36 nacionalidades entre originarias, inmigrantes e implantadas (como los negros). El preámbulo de la Constitución del Estado Plurinacional dice taxativamente: “En tiempos inmemoriales se erigieron montañas, se desplazaron ríos, se formaron lagos. Nuestra amazonia, nuestro chaco, nuestro altiplano y nuestros llanos y valles se cubrieron de verdores y flores. Poblamos esta sagrada Madre Tierra con rostros diferentes, y comprendimos desde entonces la pluralidad vigente de todas las cosas y nuestra diversidad como seres y culturas. Así conformamos nuestros pueblos, y jamás comprendimos el racismo hasta que lo sufrimos desde los funestos tiempos de la colonia”.
Suena a inocente y habrá quienes traten a este intento de comprensión de un drama actual como de naíf. ¿Será este un modelo posible para Medio Oriente? Seguramente se necesitan liderazgos positivos para lograrlo. Y dos sociedades con la madurez suficiente como para entender que la paz es el mejor negocio. El cineasta Dror Moreh sentó ante una cámara a los últimos seis directores del Shin Bet, el servicio de inteligencia de las Fuerzas de Defensa Israelíes. Con sus diferencias, estos hombres a quienes no le tembló el pulso en los frentes de batalla y los palestinos, coinciden en el documental The gatekeepers, Los guardianes (http://www.teledocumentales.com/the-gatekeepers/ )en que esta es una guerra que no hay modo de ganar en términos militares. Algo así como que la política debería ser continuación inevitable de una guerra sin fin.
Las últimas encuestas indican que en Israel una abrumadora mayoría acepta y sostiene la ofensiva sobre Gaza que encara el gobierno. En Gaza pudiera ocurrir algo similar, porque la guerra solo genera odio. Pero un liderazgo no se construye solo leyendo encuestas.
La civilización no se entiende sin los infinitos aportes que ha hecho y hará el pueblo judío. Pero tampoco sin los palestinos. La pregunta es ¿Cómo hacer entonces?
1 de Agosto de 2014
por Alberto López Girondo | Ago 1, 2014 | Sin categoría
Entre los inventos argentinos figura en primer lugar el colectivo. No queda bien clara la razón de que aparezca en la misma lista que integran el dulce de leche y la birome, porque en realidad buses para el transporte urbano había en todas las ciudades del planeta cuando comenzaron a rodar los primeros carromatos vernáculos hace ya cerca de 100 años. Es curioso que el término popular con el que se los denomina en Buenos Aires venga del portugués. Bonde, según coinciden varios conocedores del asunto, es una palabra derivada en el habla popular de Brasil de la inglesa «bond», bono, y la pronunciación suena bastante parecida a «bonyi». Más curioso es cómo fue que «bonde» terminó por significar al ómnibus urbano.
Algunas versiones indican que a principios del siglo XX comenzaron a circular tranvías en San Pablo. Las empresas propietarias eran británicas y los vehículos tenían a un costado el precio del viaje y la palabra «bond», por el costo del pasaje. Otras explicaciones quizás más documentadas, recuerdan que la no menos inglesa compañía de tranvías de Río de Janeiro lanzó en 1876 acciones (bonos, bonds, o sea bondis) para ampliar al recorrido hacia el Jardín Botánico carioca. Así fue que bondi definió al tranvía en Brasil y al colectivo en la Argentina.
Tanta introducción bien a cuento para volver sobre el fallo del juez de Nueva York Thomas Griesa y la forma en que en Italia denominan a esta controversia. Para los medios especializados de allá –conviene recordar que en la península itálica había 400 mil pequeños ahorristas que habían comprado bonos argentinos defolteados en 2001– se trata de la crisis de los Tango Bonds, que ahora vuelven a ser noticia por las dificultades para ser cobrados.
En el mundo de las finanzas es usual este tipo de simplificaciones. El gobierno argentino entiende que no habría que usar la palabra «default». Y más allá del «mainstream» periodístico internacional, que se burla de esta aclaración, comienzan a aparecer voces que coinciden con la óptica de la Casa Rosada. Por eso ya hay quienes hablan de Efecto Tango.
La reminiscencia al llamado Efecto Tequila de hace justo 20 años o el Efecto Caipirinha del 1999 es obvia. Por eso será que el ministro de Hacienda brasileño, Guido Mantega se apresuró a declarar que lo de Argentina es un «impasse» y no de default, porque el país «está pagando». Se trata, añadió Mantega, de una «situación sui generis porque quien está impidiendo hacer el pago es un juez estadounidense».
Miriam Leitão, corresponsal de O Globo en Buenos Aires, especificó en una columna lo que cada uno de los bailarines de este tango peligroso pierde con el «calote» argentino. Y luego de detallar la situación que percibe para los holdsin y los holdsout, para la Argentina e incluso para Nueva York como plaza financiera internacional, Leitão considera que este «tampoco es un buen escenario para Brasil. No habrá contagio financiero o cambiario como en otras crisis de deuda, pero los efectos van a empeorar un poco más la débil coyuntura brasileña.» Fundamentalmente por la reducción del comercio y las exportaciones hacia este lado.
En tierras aztecas, la agencia Ansa rescató reflexiones de Raúl Feliz, del Centro de Investigación y Docencia Económica (CIDE), para quien el impacto de los Tango Bonds «será mucho menor que en 2001», cuando los mercados internacionales temblaron por la moratoria de la deuda decretada por Adolfo Rodríguez Saá. «Lo más probable es que el default selectivo se mantenga casi al final de este año» y que el país «regrese a los mercados de capitales el próximo año».
También José Luis de la Cruz, director general del Instituto para el Desarrollo Industrial y el Crecimiento Económico de México, piensa que un «default selectivo no significa que Argentina carezca de solvencia económica». Para el experto sólo habría un Efecto Tango si por alguna razón el gobierno argentino se viera obligado a pagar de inmediato el total de la deuda.
Tanto brasileños como mexicanos saben de lo que hablan. La crisis de la deuda mexicana fue la que en 1982 desencadenó una seguidilla de situaciones dramáticas en el resto de los países latinoamericanos que golpeó de lleno en la Argentina que intentaba retornar a la democracia con Raúl Alfonsín. ¿Cuántos de los temores de aquella sociedad –que estaba atormentada por haber asumido el enorme peso descubrir los horrores represión genocida– habrán terminado por quitarle espesor a la demanda de que se revisara la validez de cada peso que la dictadura había generado como deuda?
México tendría otra crisis, como la más profunda de 1994 cuando recién tomaba el cargo Ernesto Zedillo y daba sus primeros pasos el Tratado de Libre Comercio de Norteamérica (TLCAN o NAFTA según las siglas en inglés) con Estados Unidos y Canadá. El Efecto Tequila era un golpe al corazón del modelo neoliberal que se había extendido desde el Consenso de Washington y generó una pequeña oscilación en Argentina que, sin embargo, pudieron atravesar el presidente Carlos Menem y su inefable ministro Domingo Cavallo.
Pero como un temible buscapié, los problemas financieros se extendieron y tres años más tarde los hasta ese momento «exitosos» Tigres Asiáticos (Corea del Sur, Hong Kong, Singapur y Taiwán) entraron en bancarrota en la llamada crisis del Sudeste Asiático. En 1998 el Efecto Vodka provocó otro vendaval, con origen en Rusia y una secuela calcada de pérdida de reservas, devaluación de la moneda y mayor desocupación.
En 1999 la crisis se introdujo en América del Sur con el Efecto Caipirinha, que esta vez sí impactó de lleno en la Convertibilidad. El real, creado cinco años antes por el presidente Fernando Henrique Cardoso, fue devaluado y arrastró a la baja los precios de los productos brasileños, con lo que se afectó directamente la competitividad argentina. Lo demás es historia conocida: un alza incontenible del desempleo, deslocalización de empresas hacia Brasil y la venta final de lo que quedaba del patrimonio nacional en un último intento por salvar el «1 a 1». También un crecimiento geométrico de la deuda para tapar agujeros con consecuencias que aún se están pagando.
Es interesante revisar archivos para descubrir lo que decía entonces Standard & Poor’s, la misma calificadora que ahora se apuró a colocar a los bonos argentinos como en default técnico. En julio de 1999 una analista de S&P, Lacey Gallagher pudo decir que había decidido mantener la calificación argentina como favorable ya que no veía riesgos de una devaluación y «es remota la posibilidad de que se presenten dificultades» en el pago de la deuda. «Es posible que la Argentina sufra una recesión, pero desecho la posibilidad de una devaluación», abundó Gallagher para culminar en que «los países de peor calidad crediticia en la región han sido y seguirán siendo los más afectados por la crisis. Particularmente Venezuela y, secundariamente, Brasil.» A principios de ese año Hugo Chávez había asumido su primera presidencia, votado mayoritariamente entre otras cosas porque ofrecía algo diferente al electorado.
Los sacrosantos mercados parece que ahora coinciden con el ministro Axel Kicilloff, su colega brasileño y los analistas mexicanos. Porque no hubo ayer una caída estrepitosa de las bolsas internacionales e incluso se registraron levísimas alzas en Malasia, Australia y Nueva Zelanda. Hubo caídas en Europa –con un máximo del 2,1% en Madrid– pero lo curioso es la razón por la que se explica esta baja. Para el diario mexicano El Financiero, asociado a la agencia Bloomberg, «las bolsas europeas reportaron caídas al cierre de operaciones con la bolsa Lisboa y Frankfurt encabezando las pérdidas, arrastradas por el hundimiento en las acciones del Banco Espirito Santo y de la firma deportiva Adidas, luego de que ambas empresas reportaran resultados decepcionantes del segundo trimestre». Tiempo Argentino viene publicando la zaga del banco portugués, en la picota desde que la familia propietaria está investigada por un presunto vaciamiento de la entidad.
Sobre los Tango Bonds, El Financiero apunta apenas que «las noticias de que Argentina entró en cesación de pagos, luego que falló un acuerdo con los acreedores conocidos como ‘fondos buitre’, y la preocupación porque las tasas de interés suban en Estados Unidos antes que lo esperado causaron nerviosismo entre los inversionistas».
En ese mismo año de 1998, y mientras los rusos padecían la resaca del Efecto Vodka, Los Redonditos de Ricota lanzaban el álbum Último bondi a Finisterre. En latín, «finis terrae» significa el confín de la tierra, para decirlo en términos elegantes.
Es posible que, premonitores, la banda del Indio Solari y Skay Beilison haya advertido que el «último bono hacia el fin del mundo» habría ver la luz más temprano que tarde. En eso estamos.
Tiempo Argentino, 1 de Agosto de 2014
por Alberto López Girondo | Jul 26, 2014 | Sin categoría
Norman Finkelstein nació en Nueva York, hijo de sobrevivientes del gueto de Varsovia de campos de concentración nazis. Daniel Baremboim nació en Buenos Aires, donde sus padres buscaron refugio de las persecuciones en Rusia. David Grossman nació en Jerusalén y perdió un hijo, soldado, en un ataque de Hizbullah en el sur del Líbano en 2006. Carlos Escudé nació en Buenos Aires y se convirtió al judaísmo cuando ya había pasado largamente el medio siglo de vida. Son cuatro casos apenas que a su modo reflejan posturas tan claras como diferenciadas en relación con el conflicto en Medio Oriente.
Para Finkelstein, entender la cuestión es sencillo: las relaciones internacionales se ordenan de acuerdo a legislaciones más o menos consensuadas en la Organización de Naciones Unidas (ONU) y el Tribunal de La Haya y a esta altura Israel lleva desoídas varias de sus resoluciones, con lo que cualquier solución debe ser política. Baremboim, que tiene pasaportes como argentino, español, israelí y también palestino, piensa que «no es un conflicto político, sino uno humano entre dos pueblos que comparten la profunda y aparentemente incompatible creencia de que tienen un derecho sobre el mismo pequeño pedazo de tierra».
Grossman lamenta que vayan creciendo los israelíes que en su país ahora descreen de una solución posible para un conflicto que ya se llevó miles de vidas y lo sigue haciendo de un modo brutal con regularidad escandalosa. Escudé, en cambio, dijo alguna vez que “no todos los problemas humanos tienen solución, y el de Medio Oriente es un conflicto que tal vez no la tiene”.
Como en todo análisis que intente no caer en el pesimismo, es bueno partir desde algún punto para desmenuzar las divergencias en torno de esta delicada cuestión. Delicada por las consecuencias humanas y políticas que acarrea y por las pasiones que despierta en sectores de lo más disímiles.
Es bueno entonces recordar que árabes y judíos no han sido a lo largo de la historia enemigos irreconciliables. Más aún, los períodos de oro de la cultura árabe coincidieron en Al Ándalus, la región del sur de España más cercana al África, con la era dorada de la cultura judía.
Moros y sefaradíes convivieron durante ocho siglos en la península ibérica y pudieron alumbrar a pensadores de la talla del árabe Abū l-Walīd Muhammad ibn Ahmad ibn Muhammad ibn Rushd (más conocido en su versión castellana de Averroes) con el judío Moshé ben Maimón (Maimónides), nativos los dos de Córdoba. Salvo aislados incidentes, la coexistencia fue pacífica y ambos pueblos –ambas culturas- tuvieron destino de exilio cuando los reyes católicos lograron derrotar al Reino musulmán de Granada. Justo en ese 1492 cuando la España imperial también llegaba a América, de la mano del navegante genovés Cristóforo Colombo.
La expulsión de islamitas y judíos privó a España de los dos pilares más desarrollados de la cultura ibérica. Recién hace un par de meses el gobierno de Mariano Rajoy aceptó un reconocimiento histórico al aprobar una ley que permite a los descendientes de sefaradíes obtener la ciudadanía española, donde quiera que hayan terminado sus ancestros. Muchos otros tuvieron que convertirse al catolicismo o padecer el fanatismo criminal de la Inquisición, al igual que los creyentes de Alá.
Los judíos sufrieron persecuciones en el resto de los países de Europa, sobre todo en las regiones del este. “Pogrom” es una palabra que se traduce como devastación o disturbio y se aplicó a los violentos ataques contra poblaciones judías. La palabra es rusa y las persecuciones eran en la época zarista. “Ghetto” es un término que remite a los barrios cercados durante el nazismo, pero es una palabra en italiano que se relaciona con los vecindarios judíos de Venecia, desde donde el vocablo se trasladó al resto de la Europa central y oriental. Ninguno de los dos términos se relaciona con la cultura árabe.
El sionismo, por otro lado, es un movimiento político desarrollado por el húngaro Teodoro Hertzl tras el llamado Caso Dreyfuss, por el capitán del ejército francés que terminó condenado por un delito que no había cometido, víctima de un clima antisemita creciente en la Francia de fines del siglo XIX.
Fue entonces que los judíos europeos tomaron conciencia de que en un contexto de avance de los nacionalismos –era el período de las formaciones nacionales modernas, tras la unificación de Italia y Alemania fundamentalmente – había pocas esperanzas de que pudieron desarrollarse en un espacio de libertad y seguridad personal. Era una época de oro para la cultura europea -¿o habría que hablar de cultura judía?- con el florecimiento de figuras de la talla de Einstein, Freud, Marx, Buber por citar solamente a algunos.
Los judíos europeos, según el historiador israelí Zeev Sternhell, tenían en ese momento dos opciones: integrarse a sus países de nacimiento o fundar su propio estado. Bloqueada la posibilidad de integrarse como consecuencia de los pogromos y de la suerte corrida por el militar francés, quedaba la respuesta de un Estado Nacional, ¿pero dónde? La elección fue volver a la Tierra Prometida, el Eretz Israel. Fue así que comienzan a llegar a Palestina las primeras oleadas de inmigrantes durante la llamada Primera Aliyá, en 1882.
No es que en Palestina no hubiera judíos, pero la mayoría de la población era musulmana. En ese momento el territorio formaba parte del Imperio Otomano. No había mayores conflictos ni raciales ni religiosos, al punto que la guerra de Crimea de 1854 se comenzó a gestar en el plano ideológico –toda guerra es económica y geopolítica en primer término pero se fundamenta en cuestiones culturales- a partir del reclamo que hacían los zares de protección a los peregrinos cristianos ortodoxos que querían visitar los Santos Lugares.
Pero la Gran Guerra se llevó puesto al último sultán otomano y para el fin de la contienda, los británicos habían logrado repartirse con los franceses el control de la región. La Declaración de Balfour de 1917 prometía “los mejores esfuerzos” para apoyar la creación de un “hogar nacional para el pueblo Judío” en Palestina. Pero casi en simultáneo el alto comisionado británico para Egipto, Henry McMahon, con el fin de que los árabes se rebelaran contra el Imperio Otomano para apoyar a los Aliados en la Primera Guerra Mundial, también le había prometido el control de la región al Sharif de la Meca, Hussein.
Como sea, siguieron llegando inmigrantes judíos cuando el territorio quedó como Protectorado británico, al fin de la guerra. Y los nuevos pobladores fueron creando instituciones que cumplían funciones estatales, como la Histadrut. Las oleadas de perseguidos que se fueron sumando, sobre todo desde que el nazismo tomó el poder en Alemania, fue cada vez mayor.
La segunda guerra dejó como saldo horroroso el Holocausto de seis millones de judíos. Fue la prueba más contundente de que quienes pensaban que Europa no era un lugar seguro tenían razón. Fue, también, el momento en que la dirigencia del Eretz Israel –encolumnada detrás de Ben Gurión-decidió dar la última puntada para la creación del estado judío.
Como recordaba Rodolfo Walsh en una serie de artículos escritos en 1973 para el diario Noticias, los que llegaban a Medio Oriente eran los judíos pobres, que habían sido los que pudieron sobrevivir a los campos de concentración y vagaban sin rumbo porque lo habían perdido todo. Eran masas de desesperados en busca de un lugar donde poder soñar con un futuro de paz.
La visión para los palestinos era bien otra. Los que llegaban no lo hacían a un territorio vacío. Podrían considerarse, siguiendo a la Biblia, que eran un pueblo originario. Pero eso también podría argumentar los árabes nativos, que por otro lado comparten raíces semíticas. Suele decirse que así como los mexicanos, peruanos o bolivianos descienden de los pueblos originarios, los argentinos descienden de los barcos. Algo similar podrían sostener los palestinos de entonces: los israelitas también descendían de los barcos.
Hay muchas semejanzas entre la forma en que Palestina fue recibiendo nuevas oleadas de población venida de otros lares y el modo en que españoles pobres y luego italianos y anglosajones míseros vinieron a América en busca de un destino mejor. Porque una cosa es el trabajador que emigró para huir de la miseria y otra los imperios lanzados a la conquista de las riquezas sin la menor consideración humana. Esos imperios invasores destruyeron culturas, se apropiaron de recursos incalculables pero sobre todo asesinaron y sometieron a los peores vejámenes a millones de indígenas desde casi ese mismo año de 1492 en lo fue que uno de los mayores genocidios en la historia de la humanidad. ¿Se los debería poner en la misma lista que la de los que vinieron a ganarse la vida?
También el África negra sufrió y sufre las consecuencias de la codicia y la barbarie. Dos “virtudes” bien occidentales que los europeos suelen enmascarar de progreso civilizador. La Biblia y el garrote, dos instrumentos de sometimiento brutal que provocaron otro genocidio imposible de estimar en términos matemáticos. Es que los pueblos donde se produjeron las sangrías no tenían posibilidad de dejar registro porque eran ágrafos.
Continuará con los siguientes temas:
-La construcción del Estado y el abandono del universalismo.
-Las resoluciones de la ONU y las guerras árabe-israelíes.
-Fronteras seguras y la solución de los dos estados.
-Bloqueo a Gaza y túneles. ¿Es aceptable el argumento de los escudos humanos?
-El modelo boliviano y Nelson Mandela como ejemplos de integración.
26 de Julio de 2014
por Alberto López Girondo | Jul 25, 2014 | Sin categoría
Como en Juego de Tronos, nosotros mismos enfrentamos una situación de una complejidad política incomparable, y especialmente sentimos la imperiosa urgencia de tener que hacer algo para cambiar este desastre y empezar a hacerlo ya. Por cada segundo que pasa sin que aspiremos a democratizar los lugares donde se decide lo importante, aumenta sin cesar el enriquecimiento privado ilegítimo y el sufrimiento gratuito de la gente corriente. Democratizar es sencillamente devolver a las personas la capacidad para decidir sobre sus propias vidas, una capacidad que nos ha sido robada y debe ser restituida.»
La frase corresponde a un adelanto del libro que Pablo Iglesias acaba de compilar bajo el título Ganar o morir. Lecciones políticas en Juego de Tronos, la serie que hace furor desde hace algunos años, basada en las novelas del estadounidense George R. R. Martin y que detalla las impiadosas guerras dinásticas entre las familias «principales» por el control del poder en el continente de Poniente.
Iglesias se catapultó como líder de un sector en España que reniega de los partidos que gobernaron el país desde el retorno democrático –socialistas y «populares»– a los que acusa de comandar un sistema de castas que se reparten los cargos y lucran para sus propios bolsillos a espaldas del pueblo. Con esa crítica furibunda a lo que llama el «Régimen de 1978» llegó al Parlamento europeo en mayo pasado y aspira a construir una nueva opción para alcanzar La Moncloa más temprano que tarde.
En estos días, la realidad no hizo más que corroborar los argumentos de Iglesias y del partido que pergeñó, Podemos. Es que el gobierno de Mariano Rajoy sacó a subasta el Catalunya Banc, la ex Caixa Catalunya quebrada en 2011 y a la que el estado le inyectó fondos por 12,6 mil millones de euros para que no se fuera a pique definitivamente. Con el argumento de que «nada de lo que deba ser privado quedará en manos del Estado», como dijera algún ex funcionario menemista, se sacó a la venta el paquete nacionalizado. ¿La mejor oferta? Del BBVA, que prometió 1100 millones de euros, bastante más que sus competidores inmediatos pero muy por debajo de los 2500 millones de patrimonio neto que mantiene la entidad. Con lo cual la sociedad española pierde 11,6 mil millones, el equivalente a los recortes en sanidad y educación que forzó el PP para reducir el déficit presupuestario.
El problema financiero no se reduce sólo a España, ya que por estas horas el dueño de un banco portugués fue detenido en el marco de una investigación por blanqueo de capitales. Ricardo Salgado dirigió el banco Espirito Santo –por la familia propietaria– en los últimos 22 años y aparece en medio del escándalo por el giro de fondos provenientes de la institución hacia negocios oscuros tanto en Portugal como en Estados Unidos. Para evitar una corrida, las autoridades económicas habían decretado hace diez días un corralito para sus clientes.
Ese nuevo escenario que reclama Iglesias para España es el mismo por el que los países de esta parte del mundo bregan, con suerte dispar, desde hace diez años. La creación de instancias paralelas y hasta opuestas a los organismos que desde el fin de la Segunda Guerra mundial vienen gobernando el planeta tuvo un notorio avance desde la llegada de Hugo Chávez, Lula da Silva y Néstor Kirchner al poder, a principios del milenio.
La derecha regional, que para sobrevivir no tiene otra que alinearse con los «poderes constituidos» –léase el establishment proestadounidense– intenta por todos los medios poner freno a estos avances. Lo logró en parte con la creación de la Alianza del Pacífico. Pero se le escapa con la Unasur, Celac y también con los BRICS, que tienen una pata asentada en Brasil. Un golpe fuerte contra la unidad fue el derrocamiento del paraguayo Fernando Lugo. Y otro muy poderoso, de consecuencias aún impredecibles, es la arremetida de los fondos buitres contra Argentina en tribunales neoyorquinos. Un juicio punitivo contra la rebeldía de una nación que se opone a los poderes establecidos. Con lo que despierta afinidades y simpatías muy proclives a fomentar esos nuevos escenarios de los que se hablaba.
Es interesante detectar a quiénes incomoda la posición que sostiene el gobierno argentino, sobre todo fronteras adentro. Más allá de que algunos puedan ser socios locales de los buitres, lo que les preocupa no es tanto una cuestión de plata –si esperaron una década para llegar hasta acá bien pueden aguardar otros diez años– sino de obediencia a la ley dictada por el amo. Fue claro el semanario británico The Economist al comparar a la Argentina con el uruguayo Luis Suárez. A ambos los acusan de no querer respetar las reglas. La cuestión es ¿reglas dictadas por quién y en qué contexto? De eso se trata el Juego de los Tronos.
La que fue más clara quizás haya sido la diputada Elisa Carrió. Luego de protestar ante la posibilidad de caer en default, la chaqueña despotricó contra la «malvinización» de la pelea con los holdouts. Según su óptica, la Argentina debería mostrarse sumisa a los cánones para lograr mejores condiciones, algo que la realidad desde el menemato a esta parte se demostró falso de toda falsedad.
Se entiende que la ex radical tenga prurito en formar parte de un país al que se pueda abochornar por ser un deudor. Que incluso se avergüence de que los argentinos seamos de lo peor de la cuadra por la supuesta despreocupación de funcionarios y consejeros ante semejante catástrofe.»
Pero si estos pudorosos críticos buscaran información histórica descubrirían que ningún país estuvo a salvo de crisis como la que asolaron Argentina en el 2001 –y sus consecuencias actuales– y que además, el país ni siquiera es el que más veces pasó por crisis financieras de esta magnitud.
Así lo refleja una producción de la BBC firmada por Mark Sietz con el explícito título de «¿Cuáles son los peores deudores de la historia?» En esta lista figura en primer lugar España, con 14 defaults, seguida por Venezuela, Ecuador con 11 y, Brasil con 10. Entre los peores que la Argentina, que computa siete reestructuraciones, están Francia, Alemania, México y Chile, entre otros. Con siete «convocatorias de acreedores» figuran también Portugal, Colombia y Uruguay, mientras que Estados Unidos, Rusia y Grecia aparecen con seis, junto con el desaparecido imperio austrohúngaro.
Podría recordarse que a las crisis de Alemania se les suma la situación de Prusia, Hesse, Schleswig-Holstein y Westfalia, que se integraron al Reich a fines del siglo XIX. Por otro lado, Berlín terminó de pagar las indemnizaciones de la Primera Guerra Mundial, establecidas en el tratado de Versailles, el 3 de octubre de 2010. Cierto que esa es otra historia. Pero por lo que parece, para Lilita Carrió mantiene su vigencia, porque la legisladora arremetió contra la visita del presidente ruso Vladimir Putin, a quien califica como «el más perverso de los líderes mundiales» y lo acusó de estar desarrollando «una estrategia de dominación de todo Occidente». Es que, para Carrió, «volver a cometer el error de la segunda guerra sería trágico, hoy debemos conducir a la Argentina a la paz».
Para la derecha gorila, la única explicación para la pérdida de influencia del país desde la década del 40 sería el persistente populismo peronista pero, sobre todo, haber mantenido la neutralidad con la Alemania nazi, lo que según esta visión del mundo, hizo perder los favores del imperio, que desde entonces apoya el desarrollo del Brasil, que envió un batallón para combatir en Europa. Algo así piensa la derecha brasileña, que ya prometió en boca de dos de sus candidatos, Eduardo Campos y Aécio Neves, que en caso de ganar las elecciones de octubre romperán con el «eje Mercosur-Unasur» para acercarse a la AP.
«Podemos elegirnos a nosotros mismos como buenos al modo de Ned Stark (el Señor de Invernalia en la serie, según describe Iglesias), o como la Khaleesi (Daenerys Targaryen, la heredera de la Casa Targaryen en busca recuperar el trono perdido), podemos aspirar a que todos puedan tener una vida que merezca la pena ser vivida.»
De eso se trata.
Tiempo Argentino, 25 de Julio de 2014
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