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Nueva era en las Américas

Si algo dejó la VI Cumbre de las Américas de Panamá fue la comprobación de que Estados Unidos ya no puede imponer su voluntad sobre el resto de los países del continente como solía hacerlo hasta hace 10 años. Lo supo Barack Obama, quien en su último encuentro como mandatario estadounidense debió aceptar no solo que Cuba existe, sino que debía hacerse cargo del reclamo de los gobiernos latinoamericanos para una nueva relación con los vecinos a los que despectivamente su secretario de Estado, John Kerry, todavía llama «patio trasero».

Como una parábola perfecta para el inquilino de la Casa Blanca, en su primera participación en este encuentro de presidentes, en 2009, recibió de Hugo Chávez un ejemplar de Las venas abiertas de América Latina, libro clave de Eduardo Galeano para entender el despojo que durante siglos padecieron los pueblos al sur del Río Bravo. En Panamá, varios de sus colegas le recordaron en diferentes tonos y sin mencionarlo explícitamente que América Latina había cambiado. Como para que la muerte de Galeano, unos días más tarde, sonara a cierre de una etapa que ya parece irreversible para la región.

Esta serie de rondas de jefes de Estado americanos, que comenzó en Miami en 1994 para poner en marcha el proyecto neoliberal expresado en el Consenso de Washington, viró 180 grados en Mar del Plata en 2005. Allí, al enterrar el Área de Comercio de las Américas (ALCA), frente al propio George W. Bush, la integración latinoamericana comenzó a andar.

Hay varios acontecimientos que no se pueden entender sin ese paso inicial. En principio, sería justo preguntarse hasta qué punto la crisis que se desató primero en Estados Unidos y que luego se extendió a Europa no tuvo su origen en la clausura de ese proyecto pensado para beneficio de la economía estadounidense en detrimento de los pueblos latinoamericanos.

Es más evidente, en cambio, que la creación de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) hace 8 años, y luego la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) es la consecuencia más directa e irrefutable de este avance. En ambos casos, las organizaciones cumplieron un rol destacado en defensa de la democracia y del estrechamiento de lazos entre los pueblos sin la participación de los países sajones, Estados Unidos y Canadá. Un hecho del que tomaron en cuenta los estrategas de Washington para decidir que Obama diera un paso que los 10 presidentes que lo antecedieron no se atrevieron a dar: sentarse a conversar con el gobierno de la Revolución Cubana para intentar restablecer relaciones diplomáticas.

Esta nueva era convirtió la OEA, el organismo del que había sido expulsada Cuba en 1962, en una cáscara vacía. Lo mismo que las cumbres presidenciales. ¿Qué sentido tiene un encuentro de jefes de Estado de países que poco y nada tienen en común, salvo que comparten la región con la principal potencia económica y militar del planeta?

El sentido se lo dieron en Panamá los líderes regionales que le pusieron al presidente estadounidense  «los puntos sobre las íes», como se dice popularmente. Fueron categóricos especialmente Rafael Correa, Daniel Ortega y  Evo Morales. Obama se ausentó en dos ocasiones, una cuando Nicolás Maduro le reclamaba por haber calificado a Venezuela como una «amenaza a la seguridad de Estados Unidos». La otra cuando habló Cristina Fernández, que hizo una encendida defensa de la dignidad cubana para soportar el embate norteamericano durante más de 60 años pero que también habló de Malvinas, otra causa latinoamericana contra un aliado de Washington.
A los pocos días, Obama envió al Congreso la recomendación de retirar a Cuba de la lista de naciones patrocinadoras del terrorismo. Y prometió hacer lo necesario para levantar el embargo. No las tiene fácil el presidente de los

Estados Unidos con un Legislativo opositor en el último tramo de su gestión. Sobre todo porque la voz cantante entre los republicanos la tienen representantes extremos del Tea Party, como Marco Rubio y Ted Cruz –precandidatos a suceder a Obama en 2017– e Ileana Ros Lehtinen, de origen cubano.

Se entiende entonces el pedido de Raúl Castro de creer en las buenas intenciones de Obama.

Revista Acción
Mayo 1 de 2015

La integración en debate: Aronskind, Escudé, DerGoughassian en la Feria del Libro

La integración en debate: Aronskind, Escudé, DerGoughassian en la Feria del Libro

El futuro de las relaciones exteriores argentinas en el contexto del proceso electoral que se avecina fue el disparador para una charla que bajo el título convocante de «Más integración regional o cambio de rumbo», organizó Tiempo en la Feria del Libro. Al encuentro en la Sala Juan Rulfo asistieron los especialistas en política internacional Ricardo Aronskind, Carlos Escudé y Khatchik DerGhougassian.

Abrió el debate Aronskind, economista y magister en Relaciones Internacionales. La pregunta inquietante de la que partió fue clara y contundente: «¿Por qué no hay más integración y por qué existe una probabilidad de cambio de rumbo?» Su análisis no fue menos perturbador. El primer lugar, dijo, las elites regionales no tienen interés en la integración. «Los partidos de centro o de derecha están en contra o plantean alternativas como la Alianza del Pacífico, que son un amontonamiento de países ligados a la economía estadounidense».

Luego, el también docente en la UNGS, UBA, UNSAM y Flacso anotó una lista de déficit en el proceso de unidad regional. Entre ellos señaló a lo que llamó «alma dividida de Brasil», que por un lado parece intentar sumarse al resto de los vecinos mientras que por el otro apuesta a «aliarse al elenco estable de potencias intermedias internacionales» entre las que están las que conforman el grupo BRICS. Que a principios de 2014 Brasil no haya mostrado la mínima intención de querer ayudar en la crisis de reservas que padecía la Argentina para el experto es toda una señal.

Economista al fin, Aronskind fue muy crítico de la posición argentina en relación a los socios menores del Mercosur, y especialmente Uruguay. “La política proteccionista en ese sentido es un error. Si un empresario local tiene que protegerse de Uruguay debe cerrar las puertas. La integración es superior a ese empresario”, sostuvo.

Otra cuestión pasa por esa suerte de comodidad ideológica de pensar que tras el No al ALCA en noviembre de 2005 el proceso de integración era indetenible. Es que Estados Unidos no iba a descansar en esa derrota parcial, como lo demuestra la historia reciente.

Escudé, doctor en Ciencia Política por la Universidad de Yale con más de 20 publicaciones y docente invitado en Harvard y Madrid en los ’90, disparó, por oposición, que en realidad América Latina «es la región más integrada del planeta». Y que precisamente por serlo, es que resaltan ese tipo de dificultades. Como prueba, Escudé señala que «entre Tijuana y Ushuaia hay 10 mil kilómetros a lo largo de los cuales se habla el mismo idioma”. Es como si entre Lisboa y Shanghai se hablara un mismo lenguaje, resaltó.

Esa es la razón para el que fuera asesor del canciller Guido Di Tella en el gobierno de Carlos Menem y teórico del realismo periférico que explica que especialmente el cono sur sea la región más pacífica del mundo. «Entre Argentina y Chile nunca hubo una guerra en 200 años de historia y con Brasil solo hubo una de baja intensidad entre 1825 y 1828». Eso, destacó, fue décadas antes de la unificación tanto de Alemania como de Italia. Y recordó que tras ese proceso político europeo, franceses y alemanes protagonizaron tres guerras, dos de las cuales «fueron las más holocáusticas (sic) en la historia de la humanidad».

Escudé agregó que este proceso integrador latinoamericano, que mira en cierto modo como modelo al europeo, está hecho en base a una iniciativa regional, mientras que Alemania y Francia fueron forzadas a la unidad por Estados Unidos, que no estaba dispuesto a tolerar nuevas carreras armamentistas y conflictos bélicos en el viejo continente. «La integración europea fue fruto del miedo», concluyó.

Cerró el encuentro Khatchik DerGhougassian, doctor en Estudios Internacionales de la Universidad de Miami en Coral Gables, Florida. El docente en las universidades de San Andrés y Lanús acotó que en Latinoamérica hay una suerte de costumbre de «multiplicar las siglas y las cumbres» que al principio generan mucho entusiasmo pero “terminan en una oficina y no se habla más”.

En tal sentido rememoró lo que fue el continente desde la crisis de 2001. «El giro a la izquierda indicó que algo pasaba en América Latina», y la creación de la Unasur elevó esperanza de que se podría «institucionalizar una iniciativa estratégica». Luego el No al Alca fue el principal capital político para la construcción de grandes proyectos de infraestructura, como gasoductos y hasta un Banco del Sur. Pero esos proyectos están bastante estancados en general, más aún en un momento en que al crecimiento económico es bastante menor en líneas generales.

DerGhougassian destacó que aún no se sabe qué ocurrirá tras la nueva amistad entre el presidente Barack Obama y el gobierno de Cuba, un país que siempre fogoneó la unidad continental. Pero llamó a considerar dos cuestiones que sobrevolaron todo el debate: si es por hablar un lenguaje común, el llamado mundo árabe podría ser un buen ejemplo de integración y eso dista mucho de ser cierto. Y Rusia, desde el zarismo y puntualmente durante la Unión Soviética, integró con infraestructura a naciones disímiles bajo una misma identidad. Ambos resultados, sintetizó, marcan la dificultad de la empresa que buscan los sectores más progresistas de la región.
 

Tiempo Argentino
Mayo 2 de 2015

Las fiestas prohibidas de la DEA

Las fiestas prohibidas de la DEA

En julio de 2011, la administradora de la agencia antidrogas de Estados Unidos, Michele Leonhart, anunció con toda la pompa el éxito de una misión sin precedentes entre organismos estadounidenses y mexicanos. Bajo el nombre muy adecuado de «Proyecto Delirium», durante 20 meses el operativo conjunto actuó en 13 estados norteamericanos y logró la captura de casi 2000 miembros de La Familia Michoacana, uno de los cárteles más violentos de México. Fue uno de los momentos brillantes en la carrera de la primera mujer en tan alto cargo en la DEA (Drug Enforcement Administration, administración del control de drogas) desde que la agencia fuera fundada por el presidente Richard Nixon, en 1973, poco antes del golpe en Chile. Dato adicional: le sede de la DEA está en Arlington, Virginia. Frente al Pentágono.

Fueron muchas las denuncias contra la DEA en estos años, sobre todo de países latinoamericanos. Es el caso de Bolivia, donde la agencia fue obligada a retirarse de su territorio en 2008 acusada de usar sus actividades como tapadera del espionaje político al gobierno de Evo Morales. Tiempo después, en 2011, fue detenido en Panamá el general de la policía René Sanabria, acusado de tráfico de drogas hacia Estados Unidos.

El affaire Sanabria fue un conflicto importante ya que desde los despachos gubernamentales se preguntaban cómo era posible que acusaran de narcotraficante a un hombre que había trabajado íntimamente con la DEA y protestaban por no haber informado al gobierno de las acciones que se estaban por tomar contra el policía. Consideraron entonces que todo había sido un dispositivo para golpear la credibilidad de Morales en un momento en que el mandatario reclamaba en los organismos internacionales que sacaran a la hoja de coca, de consumo ancestral para los pueblos andinos, de la lista de drogas peligrosas.

Pero nadie se llamó a engaño en La Paz: desde el mismo momento en que se conoció el operativo contra Sanabria sabían que la cosa no terminaría allí. De hecho, no pasó mucho para que ingresaran al policía en el programa de protección de testigos y le ofrecieron un acuerdo con la fiscalía –algo común en el sistema judicial estadounidense– para reducir la pena a cambio de «prender el ventilador». Morales resumió así la situación al recibir el doctorado Honoris Causa de la Universidad Nacional de Córdoba: «La DEA no lucha contra el narcotráfico, controla al narcotráfico para usarlo con fines políticos e implicar a dirigentes antiimperialistas.»

Dentro de todo, el caso Sanabria es casi escolar, porque no hubo derramamiento de sangre. Diferente es la historia del héroe de la DEA Enrique Camarena Salazar, mexicano de origen, que en 1981 había logrado infiltrarse en el entonces poderoso cartel de Guadalajara. Tres años más tarde, un megaoperativo del que participaron casi 500 soldados mexicanos destruyó el Rancho Búfalo, una plantación de marihuana donde trabajaban más de 3000 personas. No costó mucho que, según los datos oficiales, el capo Miguel Ángel Félix Gallardo descubriera quién era el soplón. Policías que trabajaban para el cártel lo secuestraron a plena luz del día a principios de febrero de 1985 y el 5 de marzo su cuerpo –con señales de haber sido torturado hasta la muerte con saña animal– fue encontrado en el pueblo La Angostura, Michoacán.

La investigación judicial determinó la responsabilidad en el hecho del capo narco pero también de altos cargos policiales y hasta de un cuñado del ex presidente Luis Echeverría. Luego saldrían a la luz hechos escabrosos en torno a la muerte del ídolo de los aspirantes a entrar en la DEA. Entre los responsables reales apuntan a agentes de la CIA presuntamente implicados en el tráfico en Centroamérica. Otras versiones hablan de oscuras relaciones de otros ex presidentes mexicanos en el negocio del narcotráfico, o de celos profesionales de otro agente que quería dirigir la central de la DEA en ese país. El asesinato de Camarena sirvió para conseguir un aumento de presupuesto. Rafael Caro Quintero, el dueño de la finca Rancho Búfalo, purgó 28 años de cárcel hasta que fue liberado en 2013 y desde entonces se esfumó.

Un periodista estadounidense, Gary Webb, quien ganó el Premio Pulitzer por sus investigaciones, fue encontrado muerto el 17 de diciembre de 2004. Había publicado artículos en el Mercury News donde detallaba la operación mediante la cual traficantes de drogas nicaragüenses vendieron crack en Los Ángeles para financiar a los contras con el apoyo de la CIA y la DEA. Webb –que reveló la información en Dark Alliance : The CIA, the Contras, and the Crack Cocaine Explosion (Alianza oscura: la CIA, los contras y la explosión del crack)– sabía que era vigilado por organismos gubernamentales, coinciden amigos y colegas. Se estaba por mudar de su casa, según contó Alex Jones en su programa de radio poco tiempo después. Lo cual llamó la atención porque el informe oficial dice que Webb se suicidó. Solo que de más de un balazo y en la cara. Cuando esperaba a la empresa mudadora, que fue la que alertó a la policía.

Las fuentes de Webb poco a poco sacaron el caso a la luz y en sendas entrevistas radiales con Jones, Cele Castillo, otro latino que ocupó el alto puesto en la DEA, desnudó la cruda realidad de la agencia. «Yo no soy ese tipo de individuos que proviene de la izquierda o de la derecha sino que vengo de una familia muy patriótica, muy patriótica, y todos los miembros brindamos servicios al país. Y cuando entré en la DEA pensé que exponiendo mi vida podía hacer algo distinto», le dijo al locutor y documentalista. Luego contó que en seis años en Centroamérica se dio cuenta de que dormían con el enemigo, «estábamos involucrados en el tráfico de drogas y cuando traté de exponer todo el asunto me dijeron:´ Nadie va a querer escucharte. Hacemos esto desde hace años y nadie va a pararnos jamás¨”.

Leonhart entró en la DEA a finales de los 80 y fue designada por el presidente George W., Bush para ocupar el máximo cargo en la agencia en 2008, aunque recibió la aprobación del senado dos años más tarde, ya con Barack Obama en la Casa Blanca. El periodista Phillip Smith había detallado los cuestionamientos contra la mujer, que incluye seis investigaciones abiertas, entre ellas «la masacre de civiles en Honduras, el uso de datos de la NSA para espiar a prácticamente todos los estadounidenses, la sistemática fabricación de pruebas y el controvertido uso de informantes confidenciales para abrir investigaciones”.

Leonhart, sin embargo, tuvo que dar la cara en el Senado por las fiestas sexuales de las que participaron durante años los agentes de la DEA en Colombia. Los conocedores del entramado legislativo estadounidense recuerdan que si bien la ley que creó a la agencia le otorga el control parlamentario, nunca se indagó en el Capitolio sobre qué hace y cómo, no sólo en Estados Unidos sino en el resto del mundo, a pesar de las denuncias mediáticas. Pero la moral sexual es otra cosa.

Tras la publicación del escándalo sexual, el Comité de Vigilancia de la Cámara Alta criticó que Leonhart –que solamente suspendió a siete agentes por unos días– fuera incapaz de imponer disciplina. «El castigo equivale a unas vacaciones pagadas», se indignaron.

No era la primera vez que ocurrían este tipo de festejos. Agentes del servicio secreto encargados de velar por la seguridad de Obama en la Cumbre de las Américas que se desarrolló en Cartagena en abril de 2012 también se habían prendido en festejos con prostitutas. Trece agentes recibieron sanciones y perdieron parte de sus sueldos temporariamente.

El general Petraeus, que comandara las tropas estadounidenses en Irak y Afganistán, tuvo que renunciar a la dirección de la CIA el 9 de noviembre de 2012 luego de que se difundiera que tuvo una aventura extramatrimonial con su biógrafa Paula Broadwell. Nunca debió responder por la situación en que quedó esa parte del mundo, donde los muertos se acumulan cotidianamente desde las invasiones de 2001 y 2003. En Estados Unidos cualquier error o demasía encuentra justificación y olvido, por una falta contra la moral puritana, en cambio, alguien debe pagar algún costo.

Tiempo Argentino

Abril 24 de 2015

Ilustró Sócrates

Rock pesado en Panamá

Rock pesado en Panamá

Dicen en Panamá que desde la invasión estadounidense del 20 de diciembre de 1989 no se veían tantos helicópteros sobrevolando la ciudad. Esa vez, tropas de la 82 División Aerotransportada de Estados Unidos enviadas por orden del presidente George Bush padre bombardearon el barrio En Chorrillo, donde estaban ubicados los cuarteles donde se alojaba el presidente Manuel Noriega. Hombre de la CIA y protegido de los organismos de seguridad estadounidenses, Noriega de pronto se convirtió en enemigo público de Washington.

¿Sabían los estrategas de la Casa Blanca que Noriega era el asesino y narcotraficante que a fines de los ’80 llegó a ser para los medios de comunicación masivos? Sí, pero mientras les sirvió para combatir al sandinismo, entre otros «favores», no tuvieron problemas en bancarlo. El caso es que cuando se quisieron deshacer de él aparecieron denuncias de su relación con el cártel de Medellín, que comandaba Pablo Escobar, y de sus tendencias homicidas contra opositores políticos. Así fue que un contingente de unos 26 mil soldados de elite inició el ataque para expulsar del poder al gobierno que antes había hecho lo posible por mantener en el poder.

Hubo un hecho tragicómico en la denominada Operación Causa Justa, que costó la vida a unos 6000 panameños inocentes de todos esos delitos compartidos. Porque tras los profusos tiroteos contra el búnker de Noriega, el dictador temía por su vida y se refugió en la Nunciatura Apostólica de Panamá. Como una agresión a la sede católica hubiese sido demasiado incluso para un gobierno como el de Bush padre (que por otro lado, había sido director de la CIA cuando Noriega era «amigo de la casa»), los invasores colocaron los equipos de música más poderosos frente al edificio y pusieron rock pesado a todo volumen. Unas horas más tarde, ante la alteración de sus anfitriones eclesiásticos, Noriega se entregó mansamente. Juzgado en Miami, fue condenado en 1992 a 40 años de prisión. En 2011, tras haber cumplido parte de su sentencia en Estados Unidos por narcotráfico y otra en Francia por lavado de dinero, regreso a Panamá, donde todavía debe pagar por sus crímenes políticos.

Ahora los helicópteros sobrevolaban Panamá como parte de la custodia de Barack Obama, que viajaba al país centroamericano para participar de la Cumbre de presidentes americanos más caliente desde aquella de 2005 en Mar del Plata en que un grupo de díscolos le dijo No al ALCA a George Bush hijo en persona.

Al anunciado regreso de Cuba a este foro continental, una posibilidad abierta con la reapertura del diálogo entre Washington y La Habana iniciado en diciembre pasado, se sumó la avanzada de Obama sobre el gobierno venezolano. Lo que levantó protestas y críticas de un amplio abanico de mandatarios latinoamericanos que no saldrían jamás en defensa de Noriega, pero no aceptan esa imagen de los golpes de Estado auspiciados y financiados por Estados Unidos, desde el del guatemalteco Jacobo Arbenz hasta el de Salvador Allende y la dictadura argentina. Y tampoco admiten golpes institucionales como los que derrocaron a Manuel Zelaya o Fernando Lugo.

Por esta razón, Obama le bajó un poco los decibeles al rock pesado que había desplegado contra el presidente Nicolás Maduro cuando firmó el decreto en que declaraba a Venezuela como una amenaza contra Estados Unidos. Así fue que en una entrevista con la agencia española EFE dijo que no cree que «Venezuela sea una amenaza para Estados Unidos y Estados Unidos no es una amenaza para el gobierno de Venezuela», y se promovió como abierto al diálogo con Caracas. Eso sí, dijo que está «preocupado por cómo el gobierno venezolano sigue esforzándose por intimidar a sus adversarios políticos».
La actitud de fiscal de la democracia y los derechos humanos que se atribuye la dirigencia estadounidense es el principal escollo para un buen entendimiento entre vecinos incómodos como los países latinoamericanos y los de origen anglosajón. A eso se refieren quienes llaman a esas acciones unilaterales como injerencia en los asuntos de otras naciones. El jefe de Gabinete argentino, Aníbal Fernández, lo expresó en su tono ácido cuando le recordó a la subsecretaria para Asuntos Hemisféricos de EE UU, Roberta Jacobson, que había cuestionado la marcha de la economía vernácula, que «no está bien eso de mirar la paja en el ojo ajeno». Una frase adecuada sobre todo si se destaca que el mismo día un afrodescendiente era asesinado por un policía en North Charleston, en el enésimo caso de gatillo fácil racial en los últimos meses en ese país.

Que Panamá iba a ser un escenario de debates, polémicas y enfrentamientos era un tema clavado por el regreso de Cuba y el embate contra Venezuela. Y las expectativas no resultaron defraudadas. Un grupo de 25 ex presidentes latinoamericanos, todos ellos de derecha y que no pudieron dejar herencia política en los nuevos tiempos que se viven en la región, se juntaron con el no menos derechista español José María Aznar para emitir una declaración donde hablan del «silencio complaciente» de los actuales mandatarios sobre la situación venezolana. Como era de prever, también dijeron que convocarán a otras fuerzas de la región e incluso a demócratas y republicanos de Estados Unidos en esta cruzada en defensa de «la libertad y la democracia». A esta lista de antichavistas se unió semanas atrás el representante del PSOE  Felipe González, que se presentó como defensor de dos dirigentes opositores presos en Venezuela, junto con otro puñado de ex presidentes latinoamericanos.
No muy lejos de allí, un grupo de opositores al gobierno cubano habían organizado un foro contra el acercamiento de Obama con Raúl Castro. El gobierno cubano lanzó una protesta inmediata contra la presencia en Panamá de Félix Rodríguez Mendigutía, un antiguo miembro de la CIA que participó en decenas de ataques terroristas contra la revolución cubana y es considerado como el asesino del Che Guevara.

Las autoridades cubanas salieron a denunciar la presencia del agente, a quien sindican como ligado a la CIA desde que Fidel Castro y el Che tomaron el poder en La Habana, en 1959. «Comenzó a entrenarse, en una base del Canal de Panamá, en explosivos, demoliciones, sabotajes y otras técnicas de operaciones encubiertas» (…), sus acciones subversivas se extienden por Cuba, Uruguay, Brasil, Costa Rica, Honduras, Guatemala y El Salvador, entre otras naciones de nuestro continente», señaló Ricardo Guardia Lugo, presidente de la Organización Continental Latinoamericana y Caribeña de Estudiantes (Oclae), en una carta pública dirigida a los organizadores del Foro de la Sociedad Civil que se realizó en paralelo.
Rodríguez Mendigutía, de 73 años, participó en la invasión de Playa Girón y es otro de los vinculados con el escándalo Irán- Contras, para contribuir con actividades ilegales en la financiación de los grupos antisandinistas en los primeros años ’80. Noriega era la otra pata del «negocio». Pero fundamentalmente será recordado por haber sido el agente enviado por la CIA a Bolivia en 1967 cuando se confirmó la presencia del Che en Ñancahuazú, donde fue encubierto bajo la personalidad del empresario Félix Ramos. Fue el que envió al Batallón Ranger a La Higuera, donde fue capturado el guerrillero argentino-cubano.

La actitud de Obama en relación con lo que por sus pagos se conoce como «el patio trasero» es ambigua. Por un lado está buscando un acercamiento, no por propia voluntad sino por la fuerza de los hechos, como sucede con Cuba. Pero por el otro quiere demostrar que no es blando y entonces «castiga» a gobiernos que lo enfrentan. El caso de Venezuela es paradigmático. Como una muestra de que piensa ir un paso más adelante, intenta ahora minar parte de sus apoyos en el Caribe. Por eso, antes de hacer escala en Panamá pasó por Jamaica, donde se reunían los países del Caribe nucleados en el Caricom. Espera poder torcer voluntades prometiendo petróleo subsidiado, como le viene entregando Venezuela desde la época de Hugo Chávez.
Otra forma de poner rock pesado en la región caribeña, como hace un cuarto de siglo.
 

Tiempo Argentino
Abril 10 de 2015

Ilustró Sócrates