por Alberto López Girondo | Dic 11, 2015 | Sin categoría
Suele decir el técnico de fútbol Marcelo Bielsa que perder enseña mucho más que triunfar. «El liderazgo está directamente relacionado con la derrota. Porque es ahí cuando se verifica la consistencia del conductor», dijo alguna vez. Y completó: «Lo mejor del ser humano sale cuando el éxito nos abandona.»
Cualquier idea que refleje la importancia de «no darse por vencido ni aun vencido» resulta útil para reflexionar sobre este momento particular que vive la región luego de la contundente victoria de la oposición venezolana en las elecciones del domingo pasado. Sobre todo porque representa un traspié significativo en términos simbólicos para un proceso que había inaugurado Hugo Chávez cuando llegó al poder el 2 de febrero de 1999. Y también porque es como el colofón para una serie de retrocesos que se venían dando con los ataques al gobierno de Dilma Rousseff en Brasil y que en Argentina se evidenció con el ajustado triunfo de Mauricio Macri.
Que lo simbólico tiene su peso lo demuestra el hecho de que a la asunción de Macri vino el rey emérito de España, Juan Carlos de Borbón. El mismo que en una cumbre de jefes de Estado en Chile, en noviembre de 2007, lanzó el grito destemplado de «¿Por qué no te callas?» ante una denuncia de golpismo contra el gobierno del PP que lanzaba el mismísimo Chávez. El rey, que se vio obligado a abdicar en favor de su hijo Felipe en julio del año pasado luego de varios escandaletes –entre ellos una caza furtiva de elefantes- quería silenciar al líder bolivariano en un encuentro creado para concertar acercamientos entre los países iberoamericanos. Una estrategia que con un fuerte anclaje en el neoliberalismo buscaba tejer lazos entre la «Madre Patria» y las ex colonias latinoamericanas, con la idea lejana de establecer una suerte de Commonwealth ibérico.
Otro gesto encaramado en este cambio de rumbo que hoy tratará de extender Macri hacia el resto del continente está marcado por las declaraciones de su canciller, Susana Malcorra, para quien el ALCA «no es mala palabra en tanto y en cuanto encontremos una vinculación que sintamos que nos beneficia». A exactos diez años de aquel «alcarajo» del mismo Chávez en Mar del Plata no suena a respuesta de compromiso sino a una declaración de principios.
La reanudación de relaciones entre Estados Unidos y Cuba, lograda con la intervención del Papa Francisco hace un año, significó un giro inesperado para una política «negacionista» de sucesivos gobiernos estadounidenses en más de medio siglo. Implicó el reconocimiento de los errores que las administraciones de la Casa Blanca habían cometido en su empecinamiento por ahogar a una revolución que se mantuvo en firme a pesar del bloqueo y el aislacionismo. Pero en estos doce meses, lejos de ese triunfo de honda significación histórica, se fueron despeñando en un muy bien estructurado efecto dominó una serie de calamidades sobre los gobiernos progresistas de la región que manifiestan algo palpable: los enemigos de la integración nunca descansan.
A los pocos días de aquel primer diálogo entre Barack Obama y Raúl Castro, tomó su segundo mandato Dilma Rousseff y se inició un calvario que ahora dramáticamente la tiene a ella y al Partido de los Trabajadores contra las cuerdas. Pocos días más tarde se abre el capítulo Nisman, que golpeó de lleno en el gobierno de Cristina Fernández. Mientras tanto, la crisis económica y política iba desgastando la gestión de Nicolás Maduro. Fue un ataque económico despiadado calcado del que sufrió Salvador Allende en los ’70 y que no tuvo una respuesta adecuada del gobierno bolivariano ante la sociedad. En esta fisura caló el discurso de la derecha. Como lo probaron las elecciones que en este año se desarrollaron en Grecia, en esta etapa de la globalización la democracia consiste en que los pueblos voten con una pistola en la cabeza.
Desde junio de 2014 los precios del petróleo se fueron desmoronando luego de tres años de estabilidad y una media situada en torno de los 105 dólares por barril. En enero de este año bajaron de los 50 dólares y ahora se ubican en los 37 dólares el barril. El resto de los commodities y minerales también está en caída, o debiera decirse que el dólar se está revaluando en todo el mundo provocando una crisis de ingresos en los países emergentes, sobre todo en las economías china y rusa, y pega de lleno en las latinoamericanas.
El sueño de igualar en estas sociedades- las más inequitativas del planeta- se sustenta en gran medida en el precios de las exportaciones y ese sigue siendo un límite a toda expectativa de justicia social. No es que los gobiernos no lo sepan, pero modificar esas variables es una tarea que lleva décadas. Por otro lado, el capitalismo sigue dando muestras de contar con una alta capacidad de renacer de sus cenizas tras cada nueva crisis. Y los medios dominantes no tienen intención de apoyar y sustentar ningún cambio cultural sino más bien tienen como función reprimir cualquier intento de rebeldía.
No sólo las formas molestan e incomodan a esa dirigencia globalizada. Es el contenido. Pero si de formas se tratara, podría verse allí que también hay un cambio de paradigmas en cuanto al modo de operar de la derecha regional y el establishment latinoamericanista, con capital en Miami.
El giro de la Casa Blanca hacia Cuba fue un renunciamiento estratégico con relación a los golpes de Estado que hasta no hace tanto fomentaban la CIA y el Pentágono. Desde la revolución cubana, cuanta interrupción democrática hubo en la región tenía como excusa evitar el «camino al comunismo» que representaba el gobierno a atacar. Con el sostén imprescindible de las fuerzas armadas entrenadas en la Escuela de las Américas en la doctrina de seguridad nacional. La barbarie fue tan tremenda que poco a poco se fue instalando el proyecto «democratizador», con las trampas y variantes constitucionales al uso de cada país.
La constitución que el pinochetismo legó a los chilenos es la herencia maldita para poder construir una verdadera democracia en el país trasandino que a los tumbos intenta reformar Michelle Bachelet. El sistema electoral brasileño, que obliga a alianzas y coaliciones, ahora entierra bajo el lodo al PT por sus acuerdos con un partido que, además de venal, no duda en traicionarlo cuando percibe que el buque se hunde. Por supuesto que hay corrupción, el caso es cómo frenarla, cuando los propios corruptos son los que fijan las reglas, como es el caso del jefe de la Cámara Baja brasileña, Eduardo Cunha.
Chávez tuvo la perspicacia y aprovechó el poder político inicial para crear una nueva constitución, igual que lograron hacer Evo Morales en Bolivia y Rafael Correa en Ecuador. Los intentos golpistas que padecieron Morales en 2009 y Correa en el 2010 tienen su origen en esta nueva institucionalidad, que amplía derechos de una manera que el liberalismo político no tendría más que aplaudir. Pero pone límites a las aspiraciones de las minorías.
Para el resto, el papel que antes cumplían los uniformados ahora lo cumplen los togados. Es un Poder Judicial constituido a la usanza y bajo el molde del sistema creado en Estados Unidos con el argumento, James Madison dixit, de que » las democracias siempre han sido incompatibles con la seguridad personal o el derecho a la propiedad; y han sido, en general, tan cortas en su vida como violentas en su muerte».
El sistema judicial es el nuevo organismo de intervención, como lo padece el gobierno de Brasil y lo denunció la ahora ex presidenta argentina en reiteradas ocasiones. Un poder que también recibe entrenamiento en organismos de Estados Unidos para controlar eso que Madison, uno de los «Padres Fundadores», consideraba un riesgo: los posibles «excesos» de las mayorías sobre los intereses de las minorías. Los intereses económicos, se entiende, porque aún hoy las minorías étnicas bien que sufren todo tipo de excesos en la cuna del constitucionalismo americano, a pesar de contar con un presidente negro.
Tiempo Argentino
Diciembre 11 de 2015
Ilustró Sócrates
por Alberto López Girondo | Dic 8, 2015 | Sin categoría
El resultado de las legislativas venezolanas causó escozor en los sectores progresistas de América Latina, pero no sorpresa. Si bien las encuestas dejaron de ser un sistema creíble para prever conductas electorales, todos los sondeos previos adelantaban diferencias importantes entre la oposición y el chavismo. Y según dicen los analistas que transitaron las calles de ese país, la sensación de que soplaban nuevos aires era evidente.
Es difícil gobernar en medio de una guerra económica como la que se desató sobre la presidencia de Nicolás Maduro. El sucesor de Chávez triunfó en 2013 y desde entonces debió soportar una campaña de deslegitimación del derrotado candidato Henrique Capriles y de toda la oposición. Es cierto que había ganado por escaso margen, pero había ganado y el sistema electoral venezolano, se terminó de corroborar ahora, es seguro y transparente.
La denuncia de fraude servía a los fines de desgastar al chavismo, todavía golpeado por la muerte de su líder. La tarea fue seguida por el desabastecimiento de productos esenciales y por las guarimbas, una ola de violencia que costó la vida de 43 personas en 2014. Nunca pudo estabilizar la situación el presidente. Y la derecha regional también hizo su aporte.
La prueba más evidente, por si alguien dudara, de las profundas relaciones que imbrican a los países de la región es la forma en que se encadenan los procesos. La década del ’70, con su secuela de sangre y muerte, se extendió de Brasil a Chile, Uruguay y Argentina desde antes del Operativo Cóndor, el siniestro plan orquestado para eliminar a los sectores de la izquierda latinoamericana. La recuperación democrática en los ’80 también fue una sucesión como en dominó. Ni qué decir de los avances comunes en lo que va del siglo, desde el Brasil de Lula a la Argentina de Kirchner. Todo eso había empezado con la Venezuela de Chávez en 1999.
La oposición al líder bolivariano tardó su tiempo en unificarse detrás de un objetivo común: derrotar al chavismo. Apoyó el golpe de 2002 y luego intentó deslegitimar las instituciones bolivarianas negándose a ir a comicios en 2003. Chávez logró aprobar una Constitución que en un librito de tapas azules del tamaño de un paquete de cigarrillos regalaba a quienes lo visitaban. Una forma de crear ciudadanía. Esa misma constitución, rechazada por los sectores ultras de la MUD, terminó consolidada el domingo con el triunfo de la oposición. Es un triunfo para la democracia chavista. No hubo denuncia de fraude, ganó la oposición con las reglas de juego bolivarianas y nadie les deslegitimó el resultado. ¿Respetarán el espíritu de esa Carta Magna ahora que tendrán el poder formal en la legislatura?
por Alberto López Girondo | Dic 6, 2015 | Sin categoría
El año pasado la emisión de gases de efecto invernadero alcanzó un nuevo récord, según un informe de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), la agencia de Naciones Unidas que analiza el impacto de la actividad humana en el cambio climático. De acuerdo con este estudio, entre 1990 y 2014 el nivel de emisiones de los tres gases más perniciosos para la atmósfera –dióxido de carbono (CO2), metano (CH4) y óxido nitroso (N2O)– creció un 36% por las actividades industriales, agrícolas y domésticas.
«La concentración atmosférica de CO2 –principal gas de efecto invernadero de larga duración– alcanzó 397,7 partes por millón (y) en el hemisferio norte, las concentraciones de CO2 sobrepasaron el valor simbólico de 400 ppm en primavera, época en la que el CO2 es más abundante», alerta el documento.
El dato de que el mayor incremento se registra en el hemisferio norte es entendible porque en esas regiones se concentra la mayor superficie terrestre del planeta. Pero además es la zona donde están ubicados los países más desarrollados, que son los máximos responsables de este dramático deterioro registrado desde la revolución industrial en las condiciones generales de la esfera que habita el hombre.
Son ellos, por lo tanto, la parte esencial del problema y, al mismo tiempo, tendrían que serlo de la solución. Sin embargo allí es donde se concentran las principales resistencias a generar el marco adecuado para ponerle fin a un modo de explotación del medio ambiente que a corto plazo –y ya se ven algunas de sus consecuencias– resulta suicida para cualquier especie viva tal como la conocemos.
El Protocolo de Kioto, de 1997, establecía la reducción de las «emisiones antropogénicas agregadas, expresadas en dióxido de carbono equivalente, de los gases de efecto invernadero» a no menos del 5% de las de 1990 en un período de 15 años, esto es, hasta 2012. Pero el compromiso, el primero de significación desde que se conocieron las consecuencias del cambio climático, no fue firmado por todas las naciones. Algunos gobiernos se tomaron su tiempo para analizar las consecuencias en torno a su propio desarrollo. Porque para algunos emergentes había una trampa en pretender reducir emisiones cuando intentaban crecer como potencias económicas. Además, estaba el debate de quién y cómo debería pagar los costos de la conversión industrial.
Poco a poco casi todos se fueron sumando a la propuesta y aceptaron las condiciones establecidas en el documento, pero siguen reacios Kazajistán, Croacia, Australia y el principal contaminante del globo terráqueo, Estados Unidos. Las autoridades estadounidenses –y en ese sentido George W. Bush también fue un «cruzado»– tampoco querían ponerle coto a su propia industria ni aumentar sus costos internos cuando intentaban recuperar competitividad en relación con Japón, Alemania, Corea del Sur y China.
Pero hay otra razón de peso: existe un fuerte lobby ideológico negacionista, ligado con grupos extremos principalmente del ultraconservador Tea Party, y de corporaciones económicas, que consideran a toda regulación estatal –y el control ambiental lo es– como una intromisión en las libertades individuales. Los hay también que inscriben a las advertencias contra el cambio climático como operaciones de grupos antiestadounidenses.
Las evidencias en torno al daño a la capa de ozono y el aumento en la temperatura de los océanos son incontrastables. Y no es una cuestión que pueda inscribirse como un asunto interno de cada país. Sería como someterse al riesgo de un cáncer pulmonar por permitir que un fumador empedernido acabe con un cigarrillo detrás de otro en el mismo recinto.
El presidente de EE.UU., Barack Obama, prometió poner a su país en consonancia con el resto del mundo y firmó un convenio con 81 empresas multinacionales para la reducción de emisiones. No logró que se sumaran las petroleras, pero es un avance.
El desafío de la Conferencia del Cambio Climático de París, la COP21, será que todos los países, sin excepciones, cumplan con los acuerdos climáticos y, siguiendo la metáfora, vayan dejando el cigarrillo. En la Tierra no hay espacio para un salón de fumadores.
Revista Acción
Diciembre 1 de 2015
por Alberto López Girondo | Dic 4, 2015 | Sin categoría
Uno de los discursos más encendidos en el Senado brasileño a favor de la presidenta Dilma Rousseff fue el del representante carioca del PT, Luiz Lindbergh Farías. Desde el estrado dijo que la oposición tiene una idea fija, que es la de someter a un juicio político a la mandataria, y que en un modo que uno podría catalogar de irresponsable, no hace sino provocar desconfianza en la economía del país, lo que conlleva a una crisis sin precedentes que, puntualizó, “puede llevar a Brasil a una situación semejante a la de Argentina en el 2001”.
¿Fue una defensa irrestricta de la gestión de Dilma? Para nada. Farías, un ex dirigente estudiantil que comenzó su carrera política cerca de Fernando Collor de Mello, viene criticando los ajustes que la sucesora de Lula da Silva viene realizando desde que comenzó su segundo mandato, el primer día de este año.”El ajuste adoptado por el ministro de Hacienda, Joaquim Levy, trajo inflación y desempleo”, señaló el senador.
Proveniente de una familia con inclinaciones de centroizquierda, se llama exactamente igual que su padre, un gesto hacia el abuelo, admirador del héroe de la aviación estadounidense Charles Lindbergh, que cruzó al Atlántico con en avión Spirit of Saint Louis en 1927. Farías criticó duramente en estos meses el tarifazo que incrementó el precio del combustible y de la energía eléctrica, llevó la inflación a 9,5 % y elevó la desocupación 3,3 por ciento.
El pedido de impeachment, como se publicó ayer, fue una repentina respuesta del problemático e incombustible jefe de la Cámara Baja ante el respiro presupuestario que le había dado, una hora antes, el Senado, al aprobar una extensión del déficit presupuestario. Era la mano de cal que contrastaba la de arena.
Cunha es el mismo que no pudo explicar de un modo coherente y aceptable cómo es que tiene una fortuna de varios millones de dólares escondida en Suiza y que enfrenta pedidos de juicio político, a su vez, para ser alejado del Congreso. Con cara de digno, dijo que el proceso al que abrió las puertas era porque la presidenta mintió a la Nación, “y eso es grave”. Desde que se desplegó la crisis política que envuelve al PT y a sus incómodos aliados del PMDB -de hecho Cunha pertenece a ese partido, al igual que el vicepresidente, por lo tanto una destitución lo llevaría al gobierno, algo que por las urnas no logran desde hace décadas- hubo una pila de pedidos de impeachment a Dilma. Todos fueron frenados de acuerdo a los tiempos que marcaba el jefe de Diputados. Esta última presentación no tiene mayores razones que las otras: se trata de una acusación de haber violado disposiciones administrativas para superar de manera irregular los gastos sobre el presupuesto establecido, algo que podía llegar a solucionar la ampliación votada de Senadores.
El gestor de esta denuncia es Miguel Reale Junior, un abogado de rancia familia judicial que fue ministro de Justicia del gobierno de Fernando Henrique Cardoso. Reale Junior, miembro del principal partido opositor, que es el PSDB de Cardoso, consideró que «la sociedad civil, los grupos que se organizan a través de internet» respaldan su pedido de juicio político a la presidenta.
Otro opositor que está activo por estas horas es Marco Aurelio Mello, miembro del Supremo Tribunal Federal brasileño desde 1990. Es también un miembro de la familia judicial brasileña, pero además de la de Fernando Collor de Mello, ya que es primo del poderoso empresario de Alagoas que fue presidente entre 1990 y 1992, cuando fue exonerado del poder por un impeachment, acusado de corrupción, tráfico de influencias y sobornos.
El magistrado declaró, confirmando que la inestabilidad es parte del plan de la derecha en esta hora, que “(los brasileños) estamos sin gobierno”. Consultado sobre qué actitud tomaría ante el envío de un reclamo a la corte por parte del gobierno, dijo que es «preferible» que el STF no obstruya al Congreso. «El Supremo debe actuar como un poder moderador para preservar la Constitución, una Constitución que debería ser más amada por los hombres públicos», se explayó.
No es demasiado osado ligar a este recrudecimiento de la crisis en Brasil al triunfo de Mauricio Macri en Argentina –como señaló en una columna de ayer,Luis Faraoni- y a las elecciones del próximo domingo en Venezuela. Es más, cada movida de estas últimas semanas en la región parece juntar agua para el molino de la oposición a los gobiernos populares. Según las encuestas el oficialismo venezolano podría perder la mayoría de que dispone en la legislatura. Eso en caso de que el resultado se asemejara a lo que indican las encuestas, que últimamente no las tienen todas consigo. Pero es un dato a tener en cuenta. En todo caso, el líder más moderado de esa oposición, Henrique Capriles, se sumó al eslogan del triunfador en Argentina y deslizó que en «la Venezuela de hoy es claramente mayoría del cambio” que, aventuró, se va a concretar este domingo.
De resultar cierto este pronóstico, no será la primera vez que el chavismo pierde un comicio –el 2007 el propio Hugo Chávez no logró aprobar una reforma constitucional- pero si sería el primero desde la muerte de líder bolivariano e impactaría de forma dramática en la marcha del gobierno de Nicolás Maduro, ya abrumado por una crisis económica grave. El oficialista PSUV no solo perdería la mayoría parlamentaria sino que de acuerdo al resultado incluso el propio Maduro podría ser sometido a un referéndum revocatorio, como marca la constitución chavista. Simbólicamente sería un fuerte golpe al proceso iniciado por Chávez en 1999 hacia adentro de Venezuela y al mismo tiempo para la integración latinoamericana.
Otro que mira esta ola de corrimiento a la derecha con ansiedad es el gobierno del español Mariano Rajoy. El 20 de diciembre hay elecciones generales en ese país y la situación del Partido Popular no es una maravilla, luego de una gestión que no logró mejorar casi ninguno de los índices de desempleo, pobreza y deuda que encontró al llegar. Además, tiene en ciernes el proceso indepedentista catalán y el crecimiento de dos partidos menores, un por la derecha, Ciudadanos, y otro desde la izquierda y con inclinaciones chavistas, Podemos, que llegaron para romper la monótona alternancia PP-PSOE.
Para Rajoy, sin embargo, la situación no es tan grave como para no esperanzarse en permanecer en La Moncloa por otro periodo: según las encuestas, obtendría la primera minoría parlamentaria aunque no llegaría al 30% de los sufragios. Rajoy y el PP son de los sectores más cercanos a Macri en Europa y en estos días su canciller, José Manuel García-Margallo, se reunió con el futuro presidente nacional en una inesperada visita. Seguramente para que el aurea triunfadora del argentino le dé un impulso al último tramo de la campaña española. También allá esperan sumarse al baile macrista.
Tiempo Argentino
Diciembre 4 de 2015
Ilustró, como acostumbra, Sócrates
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