por Alberto López Girondo | Sep 30, 2018 | Sin categoría
Como en una vieja película de Hollywood, el protagonista debe enfrentarse con un pasado equívoco y del que parecía haberse desprendido hace años. Podría decirse incluso que Brett Michael Kavanaugh escupió contra el viento y ahora no halla la forma de esquivar el salivazo. De pronto, incluso, el hombre de 53 años que Donald Trump quiere colocar en la Suprema Corte para garantizar un tribunal ultraconservador, teme que no sólo peligre su nominación, sino que si prospera la investigación del FBI por abuso sexual cometido en una fiesta de graduación en 1982, podría perder su cargo como juez en la Corte de Apelaciones del distrito de Columbia. Si no es digno para sentarse en el estrado máximo del Poder Judicial de Estados Unidos tampoco debería serlo para ocupar un tribunal de Apelaciones, se plantean los analistas.
Como sea, los dados están echados y en una áspera sesión ante la Comisión de Acuerdos de la Cámara Alta, tuvo que responder un cuestionario similar al que en 1999 había armado como asesor de la bancada republicana para interpelar a Bill Clinton en el impeachment por las relaciones «impropias» del entonces presidente con la pasante Monica Lewinski.
El jueves, en otra sesión tensa y punzante que duró unas cuatro horas, Christine Blasey Ford, una profesora de Psicología de la Universidad de Palo Alto de 50 años, respondió a una catarata de preguntas sobre lo que ocurrió en una fiesta estudiantil en una vivienda de Chevy Chase, en Maryland, cuando tenía 15 años.
Ford dijo que en un momento de la noche fue al baño de la casa donde se realizaba la reunión de chicos adolescentes, entre los que identificó a Kavanaugh, que según parece, tenía cierta fama entre sus pares. «La gente estaba bebiendo cerveza –recordó– en un pequeño living del primer piso».
Ford dijo que tuvo que cruzar un pasillo cuando «fui empujada desde atrás hacia un dormitorio». Afirmó que no pudo recordar quién la atropelló pero sí que Kavanaugh y un amigo, Mark Judge, la ingresaron al cuarto, visiblemente ebrios, y trabaron la puerta.
«Fui lanzada hacia la cama y Brett se tiró arriba mío. Comenzó a manosearme todo el cuerpo y a frotar su cadera sobre mí. Grité tratando de que alguien me oiga escaleras abajo, y traté de sacármelo de encima, pero era demasiado pesado».
Luego, dice la mujer, «Brett me tocó y trató de sacarme la ropa. Le costaba porque estaba muy borracho y porque yo tenía ropa interior de una pieza. Creí que iba a violarme».
La docente afirma que forcejearon, que le pidió a Mark que la ayudara pero que el otro muchacho también intentó treparse a la cama. «Traté de gritar, pero Brett me tapó la boca. Esto fue lo que más me aterrorizó y tuvo el mayor impacto en mi vida posterior. Fue muy difícil para mí poder respirar, y pensé que iba a matarme accidentalmente.»
Finalmente, pudo zafarse y salió corriendo de la habitación. Dice que quedó tan conmovida y, eran otros tiempos, atemorizada, que recién en 2012 tuvo coraje para contarle la historia a su esposo.
Este viernes, el juez aspirante tuvo que enfrentar el cuestionario que había ayudado a elaborar hace 20 años. «¿Alguna vez ha rozado o frotado sus genitales contra la doctora Ford? ¿Alguna vez cubrió la boca de la doctora Ford con su mano? ¿Alguna vez ha participado en algún tipo de episodio sexual con la doctora Ford?». Las respuestas fueron siempre que no.
La comisión, bajo presiones políticas internas y de la sociedad que tenía en la mira a Kavanaugh desde que fue propuesto por el primer mandatario, aprobó con lo justo llevar su designación al plenario. Once votos de los republicanos contra diez de los demócratas. Pero como la cosa está tan espesa, el senador oficialista Jeff Flake propuso una nueva investigación sobre las denuncias de la profesora universitaria. Compungido, Flake dijo: «Este país está siendo destrozado, pero tenemos que asegurarnos de que sigamos el debido proceso en esta circunstancia». Ni bien se conoció el dictamen, el presidente Trump ordenó al FBI que abra una pesquisa sobre las denuncias.
Este tramo de la historia política estadounidense comienza el 31 de julio pasado. Ese día el juez supremo Anthony Kennedy presentó su renuncia para acogerse a la jubilación y se desató una feroz campaña para torcer el rumbo de lo que parecía inevitable, y es que a Trump le había llovido del cielo la ocasión de formatear la Suprema Corte hacia la derecha extrema, poniendo en riesgo incluso la despenalización del aborto y el matrimonio igualitario, como se apresuraron a señalar los colectivos de los derechos civiles y de igualdad de género.
Es que Kavanaugh mostró desde que asumió su cargo, en 2006, cómo está tan inclinado a la derecha que se supone con razones de peso para que en su programa figurara modificar de cuajo el argumento que dio lugar al fallo Roe-Wade en que se sustenta el derecho al aborto desde 1973 para todo el país.
No es que Kennedy haya sido un progresista, más bien fue un conservador moderado que había sido designado por Ronald Reagan en 1988. Pero desde ese lugar, acompañó posiciones más liberales de la Corte y respetó el statu quo sobre el aborto, ese que ahora corre peligro, según se apuraron a ventilar a los cuatro vientos –entre otros– la senadora demócrata Elisabeth Warren. La mujer era la candidata preferida de Barack Obama para un cargo en la Corte en 2016 cuando murió Antonin Scalia, aunque luego el mandatario envió el pliego de Merrick Garland.
Esa vez los republicanos bloquearon la designación de Garland argumentando que era un año electoral y que el nuevo magistrado debería ser nominado por el ganador del comicio. En febrero de 2017 fue ungido Nail Gorsuch, un conservador. El retiro de Kennedy, a los 81 años, también se produce en un año de elecciones, aunque de medio término.
La batalla se podría haber desenvuelto sólo en términos de oportunidad para que los demócratas devolvieran la «gentileza» de hace dos años, aunque no tienen fuerza en el Senado como para bloquear a un candidato del presidente sólo por capricho.
Sin embargo, Kavanaugh tiene bastantes cuentas pendientes en su pasado y ya la sociedad toda tomó posición sobre quién es el postulante. Y no son tiempos para que pase inadvertida una ofensa sexual como la que denuncia Christine Blasey Ford.
Tiempo Argentino, 30 de Septiembre de 2018
por Alberto López Girondo | Sep 27, 2018 | Sin categoría
Luego de 39 años de lucha, la hija de un ex diplomático brasileño finalmente puede ver reivindicada la memoria de su padre, asesinado por la dictadura militar para evitar que publicara un libro con contundentes pruebas de corrupción en la construcción de la represa de Itaipú. Lygia Jobm por ahora se conforma con que en el certificado de defunción figure que Jose Jobim falleció el 24 de marzo de 1979 de “muerte violenta causada por el Estado brasileño en el contexto de la persecución sistemática y generalizada a la población identificada como opositora política al régimen dictatorial de 1964 a 1985”. Y no que diga que se suicidó o, como algo más tarde, que fue un homicidio con autores desconocidos.
En declaraciones radiales, la mujer dice que por ahora no avanzará hacia la justicia penal porque en el actual escenario de la justicia de su país, no confía en los magistrados para hacer una investigación seria y profunda. Pero que “mañana Dios dirá”. Esó si, irá a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) a presentar su caso.
Jobim había nacido en 1909 en San Pablo en el seno de una familia acomodada y vinculada con la dirigencia política de aquel Brasil semifeudal. Su esposa, Lygia Maria Collor, era hermana de la madre del ex presidente Fernnado Collor de Mello, destituido en un impeachment en 1992. El mismo José llegó a trabajar en la empresa de caucho Rubber Army, que había prosperado durante la Segunda Guerra Mundial. Su hermano, Danton, fue presidente del diario Última Hora, el único opositor al golpe de Estado, luego de que el anterior titular, Samuel Wainer, tuvo que exiliarse.
José incursionó en la carrera diplomática y fue vicecónsul en Washington, ministro plenipotenciario en Helsinki, embajador en Asunción y luego en Quito entre 1944 y 1962. Pero tuvo un encargo que a la sazón le terminaría costando la vida de parte de Joao Goulart, un líder popular destituido en 1964, acusado por la derecha y especialmente por OGlobo de ser izquierdista, que murió
en circunstancias poco claras en diciembre de 1976 en Corrientes, donde se había refugiado de los militares de su país.El caso es que el presidente Goulart le pidió a Jobim que fuera a Asunción para ultimar los detalles de la licitación de las turbinas para la mayor represa sudamericana, entre Paraguay y Brasil. En una entrevista a la emisora ABC Cardinal -perteneciente al multimedios ABC Color- Lygia Jobim, la hija, contó que la propuesta más ventajosa para ambos países era la de una empresa de la Unión Soviética. “Eso fue lo que recomendó mi padre- señaló la mujer, también diplomática- pero a poco de volver se produce el golpe y Goulart es obligado a dejar la presidencia”.
Finalmente las turbinas las construyó la alemana Siemens, según Lygia Jobim, a diez veces más el valor de las soviéticas. Como detalles anecdótico, las turbinas de la represa argentino uruguaya de Salta Grande fueron construidas en la URSS. También la oferta resultó la más conveniente. Y en ese momento, de este lado del río gobernaba el peronismo, mientras que del otro había una dictadura que le dio vueltas al asunto porque el proveedor era de la potencia comunista.
En cuanto a Jobim, luego del golpe siguió vinculado a su metier, por lo que entre enero de 1965 y septiembre de 1966 fue embajador en Colombia y luego fue trasladado a la sede diplomática de Brasil en Argel. De allí recaló en la Santa Sede. Siempre tuvo como tarea al margen, la recopilación de datos sobre la construcción de Itaipú. Le había picado el bicho sobre ese repentino cambio de condiciones que permitieron modificar de un modo tan drástico el presupuesto para la obra, que oficialmente se inició en 1966 y se comenzaría a poner en marcha en 1984.
La dictadura brasileña, con aires de prolijidad y desapego al poder que permitió una cierta institucionalidad de un modelo autocrático, le puso límite al mandato de cada jefe de gobierno. Así, el 15 de marzo de 1979, el general y hasta entonces jefe del servicio de Inteligencia, Joao Baptista de Figueiredo, tomó la banda presidencial de otro general, Ernesto Geisel.
Invitado a la fiesta que se hizo en honor al cambio de mando, José Jobim contó a algunos de los contertulios que estaba escribiendo sobre el escándalo de corrupción en Itaipú. Que tenía mucha documentación por sus contactos en el Paraguay, gobernado con puño de hierro por Alfredo Stroessner, y adonde había sido embajador y enviado por Goulart para algo así como auditar los contratos.
Pero Figueiredo había sido jefe de los espías y tenía oídos en todas partes. El 22, una semana después de la fiesta, Jobim desapareció al salir de su casa en Río de Janeiro. Horas más tarde una farmacéutica de Barra de Tijuca dijo que el hombre le entregó una nota en la que decía que había sido secuestrado en su propio auto y que lo iban a llevar al Puente de Joaotinga.
Dos días más tarde, el 24 de marzo, su cuerpo apareció algo más lejos de ese puente, colgado a la rama de un árbol de una cuerda de nylon, con las piernas dobladas pero los pies apoyados en el piso. El informe policial se apuró a decir que había sido un suicidio. La esposa de Jobim revolvió cuielo y tierra para demostrar que se trataba de un homicidio. Cuatro años más tarde las autoridades judiciales aceptaron que había sido un crimen, pero de autor desconocido. Treinta y nueve años deberían pasar para que la hija obtuviera el documento que certifica que hubo autores conocidos, y que pertenecían al régimen militar.
“Pudimos hacer que el caso se investigara en la Comisión de la Verdad creada en 2012–reveló Lygia- y en 2014 se determinó que la muerte estaba relacionada con el libro que mi padre iba a publicar”. ¿Qué pasó con esa información? La mujer cuenta que con su madre guardaron todos los documentos en una valija que escondieron en la casa que habitaban. Al año fueron a buscarla para ver qué hacían con ella y la valija estaba vacía. “Habían entrado a la vivienda sin que nos diéramos cuenta, sin tocar aparentemente nada, y se la llevaron”.
Tiempo Argentino, 27 de Septiembre de 2018
por Alberto López Girondo | Sep 23, 2018 | Sin categoría
El derribo de un avión IL-20 de la Fuerza Aeroespacial rusa que causó la muerte de 15 militares de esa nacionalidad cerca de la costa siria no es un incidente aislado y representa el clima de máxima tensión en que se desarrollan estas horas finales para que Bagdad recupere totalmente la provincia de Idlib de manos del yihadismo. Pero todos juegan al filo de la navaja y un error como el del miércoles puede desatar una guerra en la que todas las grandes potencias terminen arrastrando al mundo hacia un infierno. Por eso las máximas autoridades militares israelíes viajaron el jueves de urgencia a Moscú para explicar de primera mano qué fue lo que ocurrió. El viernes Rusia y Turquía anunciaron el acuerdo para crear una zona desmilitarizada en esa región y este domingo el gobierno de Vladimir Putin va a dar el informe oficial sobre la situación en ese explosivo rincón del mundo.
El ataque a la aeronave creó escozor, porque la primera noticia era que cuatro cazas israelíes F-16 que estaban bombardeando instalaciones en Latakia habían atacado un avión ruso que regresaba a su base de Hmeymim luego de una misión de reconocimiento. Posteriormente se supo que el IL-20 cayó abatido por un misil del sistema S-200 sirio, provisto por Rusia. La otra parte de la verdad es que los israelíes habían utilizado al avión ruso como escudo.
El Ministerio de Defensa ruso mostró su ofuscación en un comunicado en que calificó a las acciones israelíes como hostiles y amenazó con represalias. Pero Putin le bajó la ira a Serguéi Shoigú con un mensaje conciliador, luego de una llamada telefónica de Benjamin Netanyahu, en la que el premier israelí le remarcó la necesidad de sostener «la asociación ruso-israelí».
A pesar de los gritos de guerra de los sectores nacionalistas dentro y fuera del Kremlin, Putin apostó una vez más a mantenerse en calma, siguiendo un viejo refrán ruso que un analista moscovita recordó por estos días. «Se necesita prisa sólo para atrapar pulgas, acostarse con la esposa de otro y cuando tres comen de un plato». Por eso aceleró el acuerdo al que habían arribado el lunes en un encuentro cara a cara con Recep Tayyip Erdogan, el mandatario turco, para suspender por ahora la operación tendiente a liberar Idlib.
El ingreso de tropas sirio-rusas a ese distrito implicaría la recuperación total del territorio de ese país y el triunfo definitivo de Bashar al Assad. Así se explica que algunos de los actores de este drama apuren decisiones para poner condiciones, a pesar de que las circunstancias son favorables a Al Assad.
Francia y el Reino Unido intentan ganar en los despachos de la ONU el derecho a seguir interviniendo en la región a pesar de que no tuvieron éxito en los campos de batalla ni con los grupos terroristas –»opositores», en la jerga utilizada– a los que habían apoyado con dinero y armas desde antes de 2011, cuando estalló el conflicto.
Pretenden digitar a través del negociador de Naciones Unidas, Staffan de Mistura, el desplazamiento de Al Assad y una nueva Constitución para el país que según Terry Meissan, especialista francés creador de Voltaire Net y radicado en Damasco, es similar a la que EE UU impuso en Irak. El resultado es que ese país, invadido en 2003 para terminar con Saddam Hussein, permanece en perpetua crisis política.
El otro plan para Siria, que sostienen Rusia con Irán y Turquía, que conforman el Grupo de Astaná, no tiene el visto bueno de las potencias europeas ni de Donald Trump, ahora envuelto en las elecciones e medio término y por lo tanto más proclive a dar curso a las propuestas del Pentágono y sus halcones en el gobierno.Un atentado en Irán dejó el saldo de 29 muertos
Un atentado producido en el suroeste de Irán durante un desfile militar y que reivindicó el grupo terrorista Estado Islámico, dejó un saldo de al menos 29 muertos y casi 60 heridos. El presidente iraní, Hasan Rohani, acusó del golpe a «un régimen extranjero», con apoyo de Washington, y prometió una respuesta «terrible».
En un mensaje oficial de condolencias, resalta un cable de la agencia afp, el guía supremo iraní, el ayatoláh Ali Jamenei, vio en el atentado «una continuación de la conspiración de los gobiernos de la región a sueldo de Estados Unidos y que buscan sembrar la inseguridad en nuestro querido país».
«Entre los mártires hay una niña y un excombatiente que murió sobre su silla de ruedas», declaró el portavoz de las fuerzas armadas iraníes, general de brigada Abolfazl Shekarshi. Un atentado en Irán dejó el saldo de 29 muertos
Un atentado producido en el suroeste de Irán durante un desfile militar y que reivindicó el grupo terrorista Estado Islámico, dejó un saldo de al menos 29 muertos y casi 60 heridos. El presidente iraní, Hasan Rohani, acusó del golpe a «un régimen extranjero», con apoyo de Washington, y prometió una respuesta «terrible».
En un mensaje oficial de condolencias, resalta un cable de la agencia afp, el guía supremo iraní, el ayatoláh Ali Jamenei, vio en el atentado «una continuación de la conspiración de los gobiernos de la región a sueldo de Estados Unidos y que buscan sembrar la inseguridad en nuestro querido país».
«Entre los mártires hay una niña y un excombatiente que murió sobre su silla de ruedas», declaró el portavoz de las fuerzas armadas iraníes, general de brigada Abolfazl Shekarshi.
Tiempo Argentino, 23 de Septiembre de 2018
por Alberto López Girondo | Sep 23, 2018 | Sin categoría
Martín Vizcarra llegó a la presidencia del Perú medio de refilón. El 21 de marzo pasado el presidente Pedro Pablo Kuczynski (PPK) tuvo que renunciar, complicado en parte por el escándalo Odebrecht, pero más que nada por sus propias torpezas políticas, que lo llevaron a quedar embretado en una interna de la familia Fujimori. La sombra de Alberto Fujimori, el expresidente que fuera indultado por PPK de delitos de lesa humanidad, sigue cubriendo la política peruana al punto de que en esta semana Vizcarra se jugó una parada fuerte para ponerle límite a Keiko Fujimori, la hija de «El Chino» –como se conoce al exmandatario, a pesar de su origen japonés–, que utiliza la mayoría parlamentaria en un sostenido intento por esmerilar al gobierno y forzar una salida favorable a sus intereses. Por ahora no pudo ser, pero la pelota todavía está en el aire.
Fuerza Popular, el partido de Keiko, había obtenido en julio de 2016, un total de 73 escaños sobre 130 diputados. Cierto que la bancada se fue desgajando por un par de expulsiones pero básicamente por la pelea entre los dos hermanos, Kenji y Keiko. El muchacho buscó congraciarse con su padre, acusado de múltiples crímenes en el combate a la guerrilla de Sendero Luminoso, entre 1990 y 2000, y sentenciado en 2009 a 25 años de prisión. Fue así que hizo un acuerdo con PPK para que a cambio de la amnistía sus legisladores rechazaran el juicio político al presidente que pedía Keiko, en diciembre.
Poco le duró el respiro a Kuczynski, porque a la revelación de que había trabajado para Odebrecht y las sospechas sobre contratos cuando fue primer ministro, en tiempos de Alejandro Toledo, se le sumó la difusión de un video donde se lo veía con Kenji Fujimori y otros dirigentes arreglando pagos para salvar el pellejo en el pedido de impeachment de diciembre.
Fue entonces que Vizcarra, que había sido elegido vice de PPK pero era embajador en Canadá, volvió para hacerse cargo del gobierno. El dato es que el hombre, un ingeniero de 55 años, ocupaba el cargo de ministro de Transportes y Comunicaciones y el 22 de mayo de 2017 había sido trasladado a Montreal luego de varios escándalos que lo habían obligado a renunciar a la cartera.
Parecía una presa fácil para Keiko, que perdió la elección contra PPK en el balotaje, por poco más de 40 mil votos, luego de haber obtenido el doble que Kuczynski en la primera vuelta. Luego de la arremetida contra el presidente, un dirigente de reemplazo con al menos 48 denuncias penales en su contra y desprestigiado tras su paso por el Gabinete no podía durar mucho si se lo sometía a presión.
Vizcarra quedó a merced de la aprobación de la bancada fujimorista. Pero aplicando técnicas de un deporte típicamente japonés, el judo, supo aprovechar la fuerza de su oponente. Y pacientemente viene denunciando que bloquean sus iniciativas de reforma y purificación de la política y la justicia.
El Poder Judicial peruano no está menos manchado que el político. Y el escándalo que envuelve a los presidentes de la Corte Suprema, al titular del Consejo de la Magistratura y al fiscal general fueron buen argumento para que Vizcarra planteara una amplia reforma que tiene una muy buena recepción en la ciudadanía, hastiada de tanta corruptela como le muestran los medios.
La reforma judicial modifica la forma de elección del organismo que debe nombrar y eventualmente juzgar a jueces y fiscales. La política establece controles para la financiación de las campañas electorales. Propone también la creación de un congreso bicameral, todo esto mediante la realización de un referéndum.
Para el fujimorismo, esa consulta popular puede terminar consolidando el poder de Vizcarra y dieron largas al asunto para evitar su sanción. El presidente planteó una «cuestión de confianza» el domingo, y amenazó con disolver el Congreso y llamar a elecciones parlamentarias.
En 1992, Fujimori disolvió el parlamento, hizo una reforma constitucional a gusto y piacere de las políticas neoliberales –a la moda de aquellos años– que buscaba imponer. Así, sin oposición legislativa, logró reelegirse para seguir con su plan. Pero finalmente terminó preso. Vizcarra aprendió a pulsear con la hija. Habrá que ver como continúa la historia. «
Hitler va a las urnas contra Lenin
El 7 de octubre habrá elecciones distritales en Yungar, en el departamento peruano de Ancash. Se elige alcalde y los dos postulantes más renombrados son Hitler Alba Sánchez y Lenin Vladimir Rodríguez Valverde. La curiosidad permite todo tipo de alegorías. Alba Sánchez, que asegura ser «el Hitler Bueno», carga con una mochila que él no eligió. El candidato de Somos Perú cree que en ese sitio tan alejado del mundo, el nombre sonaba atractivo para sus padres y ya fue jefe comunal, entre 2011 y 2014. «Cuando estudié la historia quise cambiarme el nombre –dijo Alba Sánchez a El Universal– pero la ya gente y los amigos me conocen así y los vecinos no tienen ese complejo».
Lenin Vladimir, por su parte, tuvo el primer altercado con su rival cuando quiso impugnar su candidatura. No lo logró pero fue perdonado por el exalcalde. «La oposición ha utilizado a ese ciudadano para que puedan confundir pero entre ‘revolucionarios’ no vamos a chocar», ironizó. El lema del controvertido candidato es «Hitler es pueblo» y «Hitler es confianza».
Las elecciones locales están pasando casi inadvertidas en Perú, sumido en las últimas semanas en una incertidumbre política por el enfrentamiento entre el gobierno y el Congreso.
En estos comicios, en los que hay 23,4 millones de habitantes aptos para votar, se elegirán unas 13 mil autoridades entre gobernadores, consejeros, alcaldes y regidores.
Hitler va a las urnas contra Lenin
El 7 de octubre habrá elecciones distritales en Yungar, en el departamento peruano de Ancash. Se elige alcalde y los dos postulantes más renombrados son Hitler Alba Sánchez y Lenin Vladimir Rodríguez Valverde. La curiosidad permite todo tipo de alegorías. Alba Sánchez, que asegura ser «el Hitler Bueno», carga con una mochila que él no eligió. El candidato de Somos Perú cree que en ese sitio tan alejado del mundo, el nombre sonaba atractivo para sus padres y ya fue jefe comunal, entre 2011 y 2014. «Cuando estudié la historia quise cambiarme el nombre –dijo Alba Sánchez a El Universal– pero la ya gente y los amigos me conocen así y los vecinos no tienen ese complejo».
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Tiempo Argentino, 23 de Septiembre de 2018
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