Kim Jong-un llegó a la estación de Dong Dang luego de una travesía de 60 horas en su tren blindado a través de territorio chino. Luego viajó en un Mercedes S600 Pullman a la capital vietnamita. Donald Trump bajó del avión presidencial Air Force One directamente en Hanoi y celebró en su cuenta de Twitter la recepción de las autoridades de la nación del sudeste asiático.
El segundo encuentro cumbre entre los líderes de Estados Unidos y Corea del Norte despertó expectativas, alentadas por el polémico empresario, de que finalmente se firmará un acuerdo de paz luego de 65 años de finalizada la contienda y que había finalizado con un precario armisticio firmado en 1953. Lo más importante, según el ocupante de la Casa Blanca, sería firmar un tratado de desnuclearización, con lo que Washington levantaría las sanciones comerciales y permitiría así una «lluvia de inversiones» en el norte de esa península asiática.
«Me dirijo a Vietnam para mi reunión con Kim Jong un. ¡ Esperamos una cumbre muy productiva!»
…había dicho Trump al subirse a la aeronave
«Acabo de llegar a Vietnam. Gracias a todas las personas por la gran recepción en Hanoi. Enormes multitudes, y tanto amor!»
…dijo al llegar.
La cumbre, que se desarrollará en el hotel Sofitel Legend Metropole, de Hanói, fue preparada con poca antelación, dijeron las autoridades vietnamitas. «Tuvimos apenas 10 días, cuando en Singapur -donde ese hizo el primer encuentro, en junio del año pasado- tuvieron como dos meses». Una muestra de la preocupación por cualquier incidente que opaque el encuentro que podría significar la paz definitiva en esa parte del mundo y lllevaría, sin dudas, a cambiar la economía norcoreana definitivamente.
Los analistas de medios occidentales se demoraron en explicaciones sobre las posibles razones de Kim para viajar en tren durante casi tres días para recorrer más de 4000 kilómetros. Algunos atribuían la decisión a tradiciones aún vigentes en esa nación desde que el ferrocarril era el medio preferido del abuelo de Kim, el fundador de la dinastía, Kim Il Sung, porque le temía a los aviones. Aprovechan esta explicación para contar que este tercer Kim hizo una suerte e de purga entre sus funcionarios hace algunas semanas, cuando ya estaba definido el nuevo encuentro con Trump.
Si bien la información que proviene de Piongyang se basa usualmente en trascendidos con poca posibilidad de ser verificados, fuentes surcoreanas aseguran tener certezas de que Kim III hizo detener o ejecutar a unas 70 funcionarios y dirigentes a los que acusó de actos de corrupción.
El dato es que muchos de esos exonerados fueron críticos de las concesiones de que acusan a Kim para lograr un acercamiento a Estados Unidos. Es que, se sabe, negociar quiere decir precisamente conceder para obtener algo a cambio. Y los halcones de la política no suelen hablar ese idioma.
Algo parecido le pasó a Trump al volver de Singapur. Recibió furibundas críticas de funcionarios del departamento de Estado pero también de los medios de comunicación y de dirigentes del Partido Demócrata, que lo acusaron de haberse reunido con un dictador y de con esa cumbre no hizo sino legitimar un régimen comunista.
Podrían marcarle también la contradicción de que mientras le dio la mano a Kim Jong-un, que reivindica una vía coreana al socialismo, en América Latina mete presión y amenaza con invasiones a gobiernos como el de Venezuela, el de Nicaragua y el de Cuba.
«Ahora todos pueden sentirse mucho más seguros que el día en que asumí el cargo. Ya no hay una amenaza nuclear de Corea del Norte», había dicho Trump el año pasado. Ahora especuló que el deseo de negociar de Pionyang obedece a que Kim «se da cuenta, quizás mejor que nadie, de que sin armas nucleares, su país podría convertirse rápidamente en una de las grandes potencias económicas de cualquier parte del mundo. Debido a su ubicación y su gente (y él), tiene más potencial para un crecimiento rápido que cualquier otra nación! «.
Luego de un fin de semana tenso en la frontera colombo-venezolana, todos se preguntan cuáles son los próximos capítulos de esta ofensiva contra el gobierno de Nicolás Maduro. Porque el resultado del intento de ingresar camiones con «ayuda humanitaria» hacia el país bolivariano no dio el resultado esperado, con lo que a quienes pretenden derrocar a Maduro le van quedando menos opciones pacíficas en vista de su negativa a negociaciones diplomáticas. Además, si bien hay cerca de 50 países que siguieron la directiva de Washington y reconocieron al diputado Juan Guaidó como presidente, ya la Unión Europea avisó que no aceptará una intervención militar. El mandatario venezolano ya había dicho que estaba dispuesto a aceptar el ingreso de ayuda, pero proveniente de la UE, en un intento por mantener canales de diálogo con el bloque antichavista internacional.
Lo que si va quedando claro es que los más enceguecidos promotores de una intervención armada contra Venezuela son los propios representantes de la Asamblea Nacional (ANV) con el auto designado Guaidó a la cabeza, y los representantes de Estados Unidos.
El resto mantiene posiciones contrarias a la escalada bélica o le dan largas al asunto para no enemistarse con la administración Donald Trump, que mientras tanto se prepara para un encuentro con el líder norcoreano Kim Jong-un y parece llegar a un acuerdo comercial con China, tensa la cuerda en América, en un abierta expresión de Doctrina Monroe recargada.
Lo que deja este particular momento para Latinoamérica, además, es que ya no hay prurito en mostrar las cartas sobre la mesa, por reñidas con la diplomacia y el derecho internacional que sean. Así, Guaidó no tiene empacho en pedir que la comunidad internacional «tener todas las opciones abiertas». para resolver el entuerto.
Por si quedan dudas de que lo de «opciones abiertas» es una intervención está Julio Borges, antecesor de Guaidó como presidente de la ANC y furibundo antichavista. Así lo manifiesta en un tuit previo al encuentro que el Grupo de Lima, los países de la región que tratan en caso Venezuela, desarrollarían en Bogotá este lunes.
El estadounidense de origen cubano Marco Rubio, descarnadamente anticastrista y anticomunista y ex precandidato a presidente de EEUU por los republicanos, llegó a perder los estribos en una cadena de tuits donde no dudó en ilustrar lo que desea para Maduro con imágenes de Muammar Khadafi, asesinado por fanáticos libios en 2011.
También tuvo un recuerdo para Manuel Noriega, ex mandatario de Panamá y agente de al CIA que fue detenido tras la invasión de es país en 1989 y condenado por narcotraficante en Miami en 1991. No olvidó en sus mensajes en las redes al ex presidente rumano Nicolae Ceasescu, derrocado y ejecutado con su esposa en 1989 por la revolución que terminó con el régimen estalinista.
En EEUU, a su vez, el vicepresidente Mike Pence es quien llevó a cabo la tarea de disciplinar a los países del sur del Río Bravo en el encuentro que se desarrolló en la capital colombiana. No oculta que su postura es abiertamente militarista, en línea con el presidente Trump, el secretario de Estado Mike Pompeo y el consejero en seguridad Nacional, John Bolton, aunque el documento que salió de dicha reunión parece ir a contra mano. «Reiteramos la convicción de que la transición a la democracia debe ser conducida por los propios venezolanos pacíficamente y en el amparo de la Constitución y el derecho internacional, apoyada por medios políticos y diplomáticos y sin el uso de la fuerza», indicó el canciller colombiano, Carlos Holmes Trujillo, quien leyó resolución adoptada por los miembros del Grupo de Lima.
Para tener una idea de lo que estos halcones entre los halcones piensa sobre el modelo de democracia al que aspiran en la región, baste poner un tuit de Bolton sobre el referéndum de este domingo en Cuba, donde los ciudadanos votaron una reforma constitucional.
El referéndum constitucional de Cuba hoy es otra estratagema del régimen cubano para encubrir su represión y tiranía. Los Estados Unidos apoyan al pueblo cubano a pedir libertad y democracia.
Un paso mas adelante Mike Pompeo, que fue director de la CIA,. «Los días de Maduro están contados», afirmó desde Washington, tras bajar línea sobre la idea de que «todas las opciones están sobre la mesa».
«Agentes cubanos dirigen ataques contra la gente de #Venezuela en nombre de Maduro. El Ejército venezolano debe hacer su deber, proteger a los ciudadanos del país, y evitar que los titiriteros de La Habana maten de hambre a los niños».
Desde Colombia, las voces de Poder Ejecutivo están todas en contra del gobierno de Maduro, al tiempo que el presidente Iván Duque funge como abanderado de la lucha para destituir al chavismo. Duque es hombre de Álvaro Uribe, viejo enemigo de Hugo Chávez de cuando era presidente. El riesgo de una guerra entre vecinos y hermanos es grave y las voces de alarma llegan desde el ex alcalde de Bogotá y competidor de Duque en el balotaje de 2018, Gustavo Petro:
Esta nueva andanada de medidas contra Venezuela surgen luego de que la operación de este sábado para el ingreso de «ayuda humanitaria» terminara en un fiasco. Cierto que hubo incidentes con dos muerdos y varios centenares de heridos en escaramuzas fronterizas. También que circularon cientos de «fake news» con imágenes trucadas o información tergiversada que llevan a al percepción de que lo de Maduro fue una agresión inhumana.
Pero esta renovada apuesta por la intervención manifiesta la impotencia en lograr los objetivos destituyentes por otros medios.
Uno de los hechos más destacados fue el incendio de un camión que estaba sobre el puente entre Cúcuta y Táchira repleto de alimentos y medicamentos, según la oposición. Le atribuyeron el hecho a chavistas, sin embargo hay imágenes que revelan que se trató de guarimberos -como se llama a los manifestantes violentos en Venezuela- y que habían cruzado desde el lado de Cúcuta.
Esto también lo reflejó Petro en su red de Twitter.
Luego se difundieron videos donde se ve que los camiones en realidad también llevaban elementos para alentar nuevas guarimbas del otro lado de la frontera.
Así están las cosas cuando los gobiernos de la derecha atinoamericana, con apoyo del secretario de la OEA, Luis Almagro, de disponían a tratar nuevamente «el problema Venezuela».
Venezuela padece el acoso más dramático desde la llegada de Hugo Chávez al poder, hace 20 años. Esta vez, la amenaza de una invasión o una guerra civil son más que meras especulaciones. Todo sazonado con un tremendo aparato mediático al servicio de una estrategia del Pentágono que falló en el 2002,retomó Barack Obama y pretende culminar Donald Trump.
Dos festivales musicales, a pasos de la frontera colombo-venezolana, sintetizan el momento.
De un lado, un mega recital organizado por un empresario británico con estrellas de varios países latinoamericanos convencidos de que hacen pop sólo para contribuir a la democracia. Del otro, artistas menos renombrados –entre los que destaca La Bersuit– con el apoyo de Roger Waters en una muy clara posición antibélica.
En esa frontera caliente no hay butacas cómodas.
De un lado está el proyecto bolivariano, con sus pro y sus contras. Del otro, Elliot Abrams, enviado por Trump para ver si puede dar la estocada final, con su experiencia de haber sido cómplice de dictaduras genocidas en América Central en los ’80. O el asesor John Bolton, reconociendo que el objetivo es que las corporaciones estadounidenses se apropien del petróleo y los minerales venezolanos. O el vicepresidente Mike Pence, que promete ir luego por Nicaragua y Cuba.
Waters se preguntaba en un video si «de verdad queremos que Venezuela sea un nuevo Irak, otra Libia, otra Siria». De acuerdo a Information Clearing House, un portal de EE UU, desde la invasión de 2003 (buscando armas de destrucción masiva que nunca aparecieron) fueron asesinados 1.455.590 iraquíes, en su abrumadora mayoría civiles. Las bajas oficiales entre las tropas de ocupación son 4801, mientras que el costo de las aventuras armadas, incluido Afganistán, es de 4.742.731.881.655 dólares (4,74 billones, casi un cuarto del PBI).
Amnesty Internacional recuerda que desde el linchamiento de Muhamad Khadafi, en 2011, no hay un gobierno consolidado y al menos tres grupos armados compiten por el control de Libia. Oficialmente se registran más de 50 mil muertos. El petróleo no dejó de fluir.
El conflicto en Siria ya causó 511 mil muertos y según ACNUR, el organismo de la ONU para los refugiados, es el segundo país con más desplazados del mundo: 6,2 millones de personas.
Colombia, sede del Venezuela Aid Live, lidera ese ranking doloroso, con 7,7 millones. Desde la implementación de los acuerdos de paz con las FARC, fueron asesinados unos 600 militantes sociales; 18 en lo que va del año.
Ninguno de los artistas presentes en Cúcuta hizo mención a alguna de estas tragedias. ¿Estarán enterados? ¿O tomarán esos datos como propaganda chavista?
La crisis política que se comenzó a incubar a poco de que el excapitán Jair Bolsonaro se puso la banda presidencial, finalmente terminó por consolidar un gobierno que para las grandes decisiones mucho se parece a una junta militar. Reminiscencia de aquella que gobernó al país entre 1964 y 1985 y que Bolsonaro recuerda como un hecho virtuoso en la historia brasileña. Sin embargo, no sería un déjà vu sino que la influencia militar es una suerte de preventivo a una administración que preocupa en el estabilshment brasileño porque lo ven sin rumbo.
La expulsión del secretario general de la Presidencia, Gustavo Bebianno, tiene su secuela. El hombre, cinturón negro de jiujitsu, un arte de defensa japonés muy arraigado en Brasil, estaba enfrentado con los hijos de Bolsonaro, Carlos y Flávio, por cuestiones de influencias políticas.
El escándalo de las cuentas ocultas del chofer de Flávio, Fabricio José de Queiroz, posible testaferro de negocios no tan pulcros del senador carioca, golpearon debajo de la línea de flotación en el mandatario, que había basado su estrategia electoral en la transparencia en pleno auge de la causa Lava Jato, que comandaba el juez Sergio Moro. De hecho, Bolsonaro padre le dio el Ministerio de Justicia al magistrado que llevó a prisión a Lula da Silva.
Para colmo, el presidente tuvo que ser internado para retirarle la bolsa de colostomía que le habían puesto tras la cuchillada que recibió durante la campaña electoral. Bolsonaro no supo muy bien de qué lado venía la filtración sobre las finanzas de su hijo Flávio, pero sospechó de los dos que perfilaban como enemigos del vástago, mucho más derechista en sus expresiones, si cabe, que su progenitor. Uno era Bebianno, el otro su vicepresidente, el general Hamilton Mourão. Por eso se negó a pedir licencia mientras estuvo internado.
Mourão es un militar de estirpe: su padre también vistió uniforme. Integra el complejo entramado de miembros de las Fuerzas Armadas que conforman el núcleo de la gestión bolsonarista desde el primer día. El secretario de Gobierno es el general Carlos Alberto dos Santos Cruz; el titular del Gabinete de Seguridad Institucional, el general Augusto Heleno Ribeiro; el ministro de Defensa, el general Fernando Azevedo e Silva Minas. En la cartera de Energía está el almirante Bento Costa Lima Leite de Albuquerque, mientras que en Ciencia y Tecnología, el teniente coronel de la Fuerza Aérea, Marcos Pontes, primer astronauta latinoamericano.
Bebianno quedó en el ojo de la tormenta cuando aparecieron los primeros artículos sobre el chofer de Flávio, un policía militar que manejaba cuentas con más de 300 mil dólares con un salario de empleado administrativo. Los Bolsonaro no tuvieron duda que el hombre que comandó el Partido Social Liberal (PSL) que coronó al presidente había filtrado la noticia a O Globo y lo comenzaron a atacar por las redes sociales. Ni lerdo ni perezoso, Bebianno dijo que si él caía también caería el presidente y se negó a renunciar. El presidente lo echó el lunes a la noche y puso en su lugar al general Floriano Peixoto.
Las primeras disidencias de Mourão con Bolsonaro se comenzaron a mostrar cuando el presidente anunció que analizaba trasladar la embajada de Brasil en Israel a Jerusalén, siguiendo los pasos de Estados Unidos. El vicepresidente relativizó el anuncio al decir que Brasil tiene relaciones y reconoció al Estado Palestino.
Cuando la situación en Venezuela comenzó a escalar y desde el entorno del mandatario se deslizaba un acompañamiento irrestricto al deseo de Donald Trump, fue también el compañero de fórmula del excapitán, quien dijo que «no tendría sentido una intervención militar estadounidense en Venezuela. La cuestión de Venezuela debe ser resuelta por los venezolanos».
La sensación que deja en los analistas este momento de la política brasileña es que el gobierno está a la deriva, que hay pujas internas promovidas por los hijos de Bolsonaro que afectan su desempeño. Y que los militares avanzan para cumplir el objetivo fijado al apoyar la destitución de Dilma Rousseff pero sobre todo, para controlar al hombre que expulsaron por un acto de indisciplina en 1988.
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