La llegada de Alberto Fernández a la Casa Rosada plantea un desafío importante para el acomodamiento del resto de los países de la región en torno a los problemas que acechan a un subcontinente que figura como el de peor distribución de ingreso del mundo. ¿Cómo será la política exterior de Fernández, entonces?
Por lo pronto, el mandatario electo, que ya tuvo cruces fuertes con el presidente brasileño, había visitado a Lula da Silva en la prisión de Curitiba y desde el palco donde celebró su triunfo el domingo, volvió a reclamar por la libertad del líder político, detenido como consecuencia de una causa típica del lawfare que la derecha utiliza para perseguir a los líderes populares. De modo que no es de extrañar que el primer comentario que hizo Jair Bolsonaro sobre el resultado de la elección fuera que “Argentina eligió mal”. Eso, luego de confesar que había hecho lo que estuvo a su alcance para que ganara Mauricio Macri.
Fernández, como jefe de Gabinete de Néstor Kirchner, articuló las relaciones con los gobiernos que construyeron la Unasur, y también el No al ALCA. Cultivó la amistad de Hugo Chávez, de Lula y cumplió un papel clave para la llegada al poder del Frente Amplio con Tabaré Vázquez en 2005, y de Evo Morales, al que Kirchner sostuvo cuando en 2009 debió enfrentar el levantamiento derechista de la Media Luna del Oriente boliviano.
Todos coinciden en que el presidente electo es hombre que hace de la moderación una virtud. Pero también tiene posición tomada sobre temas acuciantes en este momento de América Latina. De allí que durante la campaña salió a decir que es necesario reconstruir la Unasur, ante el papel lamentable que el uruguayo Luis Almagro está cumpliendo desde la OEA y la forma en que pretende incidir en los procesos políticos de Venezuela.
De hecho, el tema Venezuela sería seguramente la primera cuestión a resolver. Macri reconoce al diputado Juan Guaidó como presidente provisional y a una funcionaria de la Legislatura bonaerense vinculada a María Eugenia Vidal como embajadora venezolana, en un claro seguidismo hacia los dictados de Donald Trump desde EEUU. En el debate presidencial le dijo a Macri que esperaba que no enviara tropas a una supuesta invasión, como pretende la Casa Blanca.
Cuando le pidieron que definiera al gobierno de Nicolás Maduro, siempre buscó la forma de eludir la calificación de dictadura, aunque si señaló que tiene tintes autoritarios. Como solución a los problemas venezolanos, habló de unirse a la mesa de diálogo que proponen México y Uruguay para ayudar a una salida pacífica y democrática, y de salirse del Grupo de Lima, que hace lo posible para derrocar al líder bolivariano.
En esa clave hay que leer el intercambio de tuits que mantuvieron en las últimas horas Maduro y Fernández.
Los otros temas clave pasan por la relación con Estados Unidos y con el FMI. También en este caso la red social del nuevo presidente de los argentinos sirve para entender cuáles serían sus pasos en política exterior. Así le respondió al secretario de Estado Mike Pompeo. En la memoria institiucional de la Casa Blanca figura el portazo a George W. Bush en Mar del Plata de noviembre de 2005.
Y esto que sigue le dijo a la flamante titular del Fondo Monetario Internacional. La negociación con el organismo será fundamental para su gobierno pero cuenta a su favor con el argumento de que todos los créditos que recibió la administración Macri fueron entregados violando las directivas de la entidad. Y que el cambio de directora general no es ajeno a esta circunstancia, habida cuenta de que Cristine Lagarde se fue cuando ya era evidente que Macri no podría ganar la elección.
No se sabe quién será el canciller de Fernández, aunque el nombre que suena con insistencia es el del Felipe Solá. Para el diputado y ex gobernador bonaerense, la política exterior del país debe dar un giro rotundo sobre la actual, a la que no duda en catalogar como sumisa de Washington. También es crítico de los acuerdos anunciados entre el Mercosur y la Unión Europea. Al mismo tiempo analiza la crisis que vive el gobierno de Ecuador, cuestionando el rol del FMI y su receta de ajuste permanente. Todavía el presidente Lenín Moreno no tuvo un cruce epistolar con Fernández. Moreno, ahora acérrimo enemigo de Rafael Correa, no solo sacó a su país de Unasur sino que hizo retirar la estatua de Néstor Kirchner que estaba en la entrada de la sede central de la institución en Quito alegando que era alguien “indigno”. No se auguran tampoco, entonces, buenas relaciones con el que fuera vicepresidente de Correa.
El que sí tuvo intercambio con Fernández fue el chileno Sebastián Piñera, que se dio tiempo de felicitar en la red del pajarito el triunfo del representante del Frente de Todos.
Agradeció Fernández, marcando también un rumbo. La crisis que enfrenta Piñera se relaciona con la desigualdad. El rumbo de Alberto será junto con Andrés Manuel López Obrador, sin dudas, y hacia tierra azteca será su primer viaje como presidente electo. Y así lo indica.
También estrechará relaciones con los gobiernos de Paraguay…
Y por supuesto, con el de Evo Morales, al que con este intercambio reconoce como ganador de su reelección, más alla de las dudas que planteó el gobierno de Macri.
Fernández ya había entrevistado a Evo en su última gira antes de iniciar la campaña electoral. Esa vez también visitó al mandatario de Perú, otro “nuevo amigo” que tiene sus propios problemas puertas adentro.
Esa vez, luego viajó a Madrid para mantener una reunión con Pedro Sánchez, que ahora está a días de una nueva elección. También el líder socialista se alegró del triunfo de FdT.
El resultado del macrismo en la elección argentina hace prever “prima facie” una oposición de derecha muy concentrada y con mucha capacidad de bloquear al gobierno desde el Congreso. En cierto modo se repite el esquema con que Cambiemos llegó al poder en diciembre de 2015: un gobierno con minoría parlamentaria que está obligado a negociar permanentemente.
Pero puede decirse que Mauricio Macri pronto encontró interlocutores dentro de la oposición, que muchos saltaron pronto el cerco a fuer de ser acusados de “traidores” y que finalmente la Casa Rosada sacó gran parte de las leyes que se propuso en los primeros tiempos gracias a esos sarcásticamente denominados “opoficialistas”.
El dato es que todos los que hace cuatro años gritaron “se van y no volverán” se tuvieron que tragar el pronóstico. Del mismo modo, ahora no sería recomendable pensar que el macrismo se fue para no volver.
Más bien, la realidad es que la derecha nunca se va del todo. Y que a la hora de conducir la realidad para su beneficio, tiene una combinación rigurosa de paciencia y desprejuicio. La historia del mundo muestra que siempre hay recovecos, más o menos explícitos, donde se refugian los poderes concentrados y sus personeros. Y que Argentina dista mucho de ser una excepción.
Macri es representante de una clase oligárquica que normalmente se escudó detrás de bambalinas o fue a golpear a las puertas de los cuarteles. La política es una profesión de la que empresarios de ese nivel preferían estar lejos, aunque siempre necesitaron de sus servicios en democracia. Pero para eso están los lobistas. Y en todo caso, los políticos embanderados en proyectos que además de ideas, defienden sus intereses. Pero crisis como el “que se vayan todos” del 2001 son un llamado de atención.
Tal vez por eso de que la necesidad tiene cara de hereje, fueron apareciendo en el mundo empresarios que se decidieron a llegar al poder sin intermediarios. El caso de Silvio Berlusconi en la Italia posterior al escándalo del Mani Pulite es tal vez el más emblemático y de allí parece haber copiado el actual presidente su derrotero: primero un club de fuerte raigambre y luego un camino en la gestión pública.
En Chile, la novedad en su momento fue que Sebastián Piñera, una de las mayores fortunas del planeta -según Forbes está entre los más ricos de Chile y forma parte del selecto club de los “milmillonarios”- aspiraba a la presidencia, lugar que ocupó entre 2010 y 2014 y que repite desde 2018. Macri pretende emular a su amigo trasandino y deslizó que aspira a quedar como recambio para regresar a la Casa Rosada en 2023.
El paraguayo Horacio Cartes completó un período presidencial, entre 2013 y 2018, luego de haber sido elegido por el partido Colorado. Se jactó de no haber participado nunca en política y pudo ser nombrado candidato luego de haber logrado reformar la carta orgánica del Partido Colorado para que le permitieran representarlo antes de cumplir dos años de militancia. Si bien recayeron sobre él múltiples denuncias antes y después de haber ocupado el Palacio de los López, se fue tranquilamente a sus empresas el año pasado. Los que más lo criticaron fueron sus “correligionarios“, que se quejan de que nunca los quiso escuchar ni convocar.
En Perú, Pedro Pablo Kuczynski no tuvo la misma suerte institucional que sus colegas. Elegido primer mandatario en 2016 como un soplo de aire fresco para la política de esa nación, que veía a la dirigencia como una banda de incompetentes y corruptos, pronto reveló que ostentaba perfectamente esas dos “cualidades”: tuvo que renunciar y está en prisión preventiva por un coletazo del escándalo Odebrecht. Tampoco le fue bien al empresario Ricardo Marinelli, dos veces presidente de Panamá, que terminó preso en EEUU acusado en esa misma trama de la constructora brasileña.
Si algo caracteriza a esta dirigencia empresaria puesta a gobernar es en el maltrato a los políticos y a los partidos. Se entiende: acostumbran a dar órdenes sin debatir o en el mejor de los casos, rindiendo cuentas solo a un pequeño grupo de accionistas. La “rosca” les resulta intragable pero no por puros y limpios, sino porque eso forma parte de un debate que no suelen tener en la actividad privada.
Un botón para muestra es Donald Trump en Estados Unidos. Empresario inmobiliario y conductor de reality shows, un día se candidateó a la Casa Blanca y un poco porque nadie le creía y otro porque la dirigencia no tenía algo más atractivo que mostrar, terminó ocupando el Salón Oval. Desde que llegó no hace más que denostar a la política, y de paso a los medios, que encontraron en él una figura con la que llenar espacios físicos y virtuales. Ahora enfrenta la posibilidad de un juicio político, para lo cual es clave el grado de lealtad que puedan mantener con él los representantes de su propio partido, el republicano. Muchos ya avisaron que están cansados de sus desplantes.
La derecha política, normalmente, se escuda en algún recoveco institucional a la espera de mejores tiempos. Desde el inicio de este siglo, los sectores conservadores de las sociedades latinoamericanas vieron de qué manera los gobiernos progresistas iban transformando a la región. Y se tomaron su tiempo para la revancha.
Empresarios como el boliviano de origen croata Branko Marinkovic tuvieron a mal traer a Evo Morales durante el conflicto don la Media Luna de Oriente, en 2008. Financió a la oposición y hasta fue acusado de haber organizado bandas paramilitares para crear caos contra el gobierno central. Ahora apoya fuertemente a Carlos Mesa, quien perdió la elección del 20 de octubre pero desconoce el resultado.
La derecha boliviana, atrincherada en el rico territorio de Santa Cruz de la Sierra, había sido derrotada políticamente por Morales hace diez años, pero ahora da la impresión de haber renacido de las cenizas con el escritor y periodista, que ya había ocupado la presidencia entre 2003 y 2005.
Otro ejemplo de estrategia política es el ecuatoriano: el banquero Guillermo Lasso se presentó contra Lenin Moreno en 2017 para derrotar al correísmo. Ahora esta chocho con Moreno, porque dio vuelta las promesas electorales y ambos comparten la enemistad del ex mandatario.
La derecha buscó durante 15 años al candidato para derrotar al PT en Brasil. No pudo contra Lula da Silva desde el 2003 y para desplazar a Dilma debió recurrir a un golpe institucional al amparo de una causa, como el Lava Jato, que tiene mucho de Mani Pulite.
Esa derecha intentó crear un Macri en la figura del alcalde de San Pablo, Joao Doria. Pero no tuvo suerte. Finalmente, terminaron en manos de un excapitán del ejército, Jair Bolsonaro, que armó un gabinete repleto de uniformados. En Uruguay otro uniformado, el general Guido Manini Ríos, se mantiene expectante. Por ahora la derecha espera dar el zarpazo en el balotaje contea Daniel Ríos den Frente Amplio, en noviembre.
Ni Bolsonaro ni Macri daban el perfil de la persona mas adecuada para dirigir países del tamaño ni la influencia de Argentina y Brasil. Son armas de la derecha que, según necesidad y urgencia, encuentran las herramientas para estar siempre esperando volver, aunque no se note a simple vista.
Poco más de 2,4 millones de uruguayos van hoy a las urnas para elegir presidente, 30 senadores y 99 diputados en una elección importante en clave regional ya que el oficialista Frente Amplio confronta con un fuerte candidato del Partido Nacional, Luis Lacalle Pou, en un ambiente enrarecido por el discurso de la derecha, que logró acordar la votación en paralelo de una reforma constitucional para “enfrentar la delincuencia” con la creación de un cuerpo antinarco militarizado y la baja en la edad de imputabilidad.
El corrimiento hacia este discurso punitivista -del que se hizo eco el autor de la propuesta de enmienda, el senador blanco Jorge Larrañaga- viene de la mano de la aparición de un candidato de origen militar, Guido Manini Ríos: armó un partido, Cabildo Abierto y busca erigirse en el Bolsonaro uruguayo.
El FA, una coalición de partidos de centroizquierda que llegó al poder en 2005, espera mantenerse en el gobierno mostrando los notorios avances sociales y económicos que pudo lograr desde entonces. Por primera vez no presenta a sus líderes tradicionales. Su candidato, Daniel Martínez, ex intendente de Montevideo, pretende seguir los pasos del actual m andatario Tabaré Vázquez, que saltó desde la comuna capitalina, el mayor distrito, a la república.
Para ganar en primera vuelta, se necesita el 50% de los votos más uno. Las encuestas coinciden: Martínez (62 años), podría ir a segunda vuelta con Lacalle Pou, un joven abogado (46), hijo de otro presidente, Alberto Lacalle. El tercero en discordia, del Partido Colorado, es Ernesto Talvi, que a pesar de tener 62 años es nuevo en la política: se dedicó hasta hace poco a la investigación económicas.
La reforma constitucional propone, entre otras cosas, incorporar 2000 militares para tareas de seguridad interna; habilitar allanamientos nocturnos a los hogares, el cumplimiento efectivo de las penas eliminando cualquier posibilidad de morigerarla a cambio de buena conducta o el estudio y también imponer una cadena perpetua revisable a los 30 años. Si es que las encuestas pueden ser creíbles en este punto, un 56% de los consultados votaría favorablemente.
Pero se da la paradoja de que se somete a consulta popular un tema como la mano dura que sin embargo no cuenta con el aval de ninguno de los candidatos, a pesar de que fue una propuesta del partido de Lacalle Pou. Los analistas señalan que, de seguir la historia electoral del país, habrá que tener en cuenta que todos los referéndum que se hicieron junto con una presidencial terminaron derrotados.
Más allá de este espinoso tema, el FA somete a consideración electoral 14 años de crecimiento sostenido, aunque con una disminución en las expectativas en estos últimos meses por el contexto internacional y sobre todo por el de sus vecinos, Argentina y Brasil. En esta debacle regional, Uruguay “la va remando”, sintetizó Ramón Méndez, coordinador de los equipos de campaña del FA.
Uruguay, además, pudo mantener una política exterior independiente de sus socios del Mercosur en relación a temas como una intervención en Venezuela. El establishment, entienden en el oficialismo, si bien en estos años también disfrutó de una relativa bonanza económica, encontraron en Lacalle Pou al hombre que alineado con Buenos Aires y Brasilia, derrote a la alianza de centroizquierda. Pero del otro lado del Plata también hay un comicio clave que puede tornar a esa certeza en una esperanza vana. Registró el FA el malestar de muchos desencantados que al inicio de la campaña no estaban seguros de continuar con su apuesta por la coalición gobernante, que dio dos períodos a Tabaré y uno a José Pepe Mujica. Pero desde las agrupaciones que en 2005 perdieron el monopolio de la política que tenían desde mediados del siglo XIX, no alcanzaron a seducirlos, según todos los relevamientos. Lacalle Pou se inclinó cada vez más a la derecha a medida que el general Manini Ríos iba mostrando los dientes con su propuesta extrema y le hacía temer pos su público cautivo.Se considera que el FA mantendría el primer lugar y hasta podría ganar en primera vuelta. De no llegar, tendría garantizada la mayoría en la legislatura y luego debería esperar que en el balotaje no aparezca una mayoría que se contente solo con sacarlos del poder, sin medir las consecuencias. A esto apuntaba la campaña del FA al sugerir que se asomarían a lo que ocurrió en la Argentina de estos años. Cruciales elecciones en Bogotá
El desempate entre los dos candidatos mejor posicionados para ganar la alcaldía mayor de Bogotá, el principal distrito de Colombia y el segundo cargo ejecutivo en importancia, presentará hoy uno de los principales desafíos a la oposición a la derecha que gobierna en la nación y también en la ciudad. Elegirán gobernadores de 32 departamentos, diputados provinciales, alcaldes y concejales. Los candidatos con mayor caudal de votos son Claudia López (Alianza Verde y Polo Democrático), dirigente con sesgo progresista, que acompañan sectores de izquierda; y Carlos Fernando Galán (Mov. Bogotá para la Gente), a quien señalan como un continuador del actual alcalde, Enrique Peñalosa, ya que lo apoyó en la campaña de 2015 y hoy se desmarca.
Según las encuestas, los punteros presentaban un «empate técnico» en 25 puntos. Muy cerca lo seguía el candidato del Mov. Avancemos, Miguel Uribe (que no tiene relación con Álvaro) con unos 20. Fue secretario de Gobierno de Peñalosa y hoy es concejal. Cuarto viene, con el 13%, Hollman Morris, de Colombia Humana, el movimiento liderado por el exalcalde bogotano Gustavo Petro, actual senador y candidato que disputó la presidencia a Duque el año pasado. Se considera que el FA mantendría el primer lugar y hasta podría ganar en primera vuelta. De no llegar, tendría garantizada la mayoría en la legislatura y luego debería esperar que en el balotaje no aparezca una mayoría que se contente solo con sacarlos del poder, sin medir las consecuencias. A esto apuntaba la campaña del FA al sugerir que se asomarían a lo que ocurrió en la Argentina de estos años. Cruciales elecciones en Bogotá
El desempate entre los dos candidatos mejor posicionados para ganar la alcaldía mayor de Bogotá, el principal distrito de Colombia y el segundo cargo ejecutivo en importancia, presentará hoy uno de los principales desafíos a la oposición a la derecha que gobierna en la nación y también en la ciudad. Elegirán gobernadores de 32 departamentos, diputados provinciales, alcaldes y concejales. Los candidatos con mayor caudal de votos son Claudia López (Alianza Verde y Polo Democrático), dirigente con sesgo progresista, que acompañan sectores de izquierda; y Carlos Fernando Galán (Mov. Bogotá para la Gente), a quien señalan como un continuador del actual alcalde, Enrique Peñalosa, ya que lo apoyó en la campaña de 2015 y hoy se desmarca.
Según las encuestas, los punteros presentaban un «empate técnico» en 25 puntos. Muy cerca lo seguía el candidato del Mov. Avancemos, Miguel Uribe (que no tiene relación con Álvaro) con unos 20. Fue secretario de Gobierno de Peñalosa y hoy es concejal. Cuarto viene, con el 13%, Hollman Morris, de Colombia Humana, el movimiento liderado por el exalcalde bogotano Gustavo Petro, actual senador y candidato que disputó la presidencia a Duque el año pasado.
Marco Enríquez Ominami proviene de vertientes que fluctúan entre contradictorias y complementarias. Hijo del cofundador del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) Miguel Enríquez, nació pocos meses antes del golpe de 1973. Su padre fue asesinado un año más tarde y su madre, exiliada en París, se casó posteriormente con Carlos Ominami, que en 1990 sería el primer ministro de Economía posdictadura. Chileno por decisión, fue tres veces candidato a la presidencia y como partidario de la integración regional impulsó el grupo de Puebla. Algo que va a contracorriente de las élites que gobiernan en su país, como aclara ante Tiempo Argentino.
–Fuiste de los pocos que dijo que Chile iba a estallar.
–Andar diciendo lo que uno cree que va a ocurrir y que finalmente ocurra no es ningún orgullo, es demasiado dramático. No soy presidente del sindicato de políticos, pero creo que nadie vio esto ni fue capaz de prever la forma que esto adquiriría. No fueron los movimientos sindicales ni partidos políticos, esto es muy importante, o sea, no es la izquierda.
–¿No es un «que se vayan todos»?
–Hoy es más bien un claro desafío a Sebastián Piñera y a la desigualdad. No quisiera no estar empatizando con los compatriotas, pero cuando hablan de abusos, eso no es sinónimo en Chile de más derechos. Más bien es «me están cobrando muy caro». En un supermercado tú sientes que te están cobrando muy caro, eso es un abuso, no es «dénmelo gratis». Está detrás una concepción de «yo soy minoría de la minoría», y por eso creo que es un movimiento de consumidores furiosos. No lo digo con desprecio, es pueblo que sufre, clase media empobrecida que sufre, pero no está luchando por la educación pública gratuita. Chile es una de las economías más desiguales de América Latina en un continente que es el más desigual del mundo. Les dijeron a los chilenos que trabajar más significaba ganar más y que así entraban al paraíso. Y ahora están diciendo «quiero más ingresos para vivir en este paraíso que ustedes los ricos conocen». Quiero llegar ahí, no a otro lugar. Están mirando hacia un paraíso, el del 1% de la población.
–Es un paraíso capitalista.
–Exacto, y eso me parece que explica un poco el problema. El acceso al conocimiento, a la salud, está garantizado por el nivel de ingreso y por la herencia. ¿Cómo explicar que una parte de ese sueño se puede compartir si a la propiedad y/o la renta se le suben los impuestos? Impuestos, punto. Las repúblicas son lo que son por los impuestos. Es la manera de vivir juntos. Si no es con impuestos, no hay modo.
–Subir impuestos se ha convertido en mala palabra.
–El problema es que no estamos discutiendo impuestos. En eso Piñera tiene un problema, porque no habla de impuestos. Propone un plan por 1200 millones de dólares, pero 600 no están justificados, el resto son reasignaciones.
–Un logro que esgrimen los defensores del modelo es que redujo la pobreza.
–La pobreza se mide de muchas maneras, una es el consenso de la CEPAL de fines de los ’80, que estableció una canasta básica. Con el tiempo se agregaron factores multidimensionales: no sólo lo que se tiene o lo que se gana sino cuán cerca estás de un hospital, de lugares clave para tu bienestar. La edad de los hijos es un concepto de vulnerabilidad nuevo. La canasta básica en Argentina, o sea los productos mínimos para subsistir en la indigencia o en la pobreza, es más exigente. En Argentina tienes unos 20 productos en esa canasta básica, mientras que en Chile se toman en cuenta diez. De manera que una clase media de Chile podría ser pobre en Argentina. Se calcula que antes de la crisis ustedes tenían un 35% de pobreza y Chile entre el 8 y 11. Con la canasta básica de ustedes, Chile probablemente tendría 35% de pobreza.
–Te escuché decir que Chile fue el mejor alumno de la escuela de Chicago y el peor compañero de la región.
–Estoy convencido de que Chile nunca quiso integrarse por una decisión de las élites políticas. Entre otras razones, porque para una economía pequeña como la nuestra, en los ’90, era urgente salir de altas tasas de pobreza y entrar a la democracia plena. Había dos caminos: o esperaba lo que se articulaba con Brasil y Argentina, que tenían sus propios problemas, o saltaba a Asia. Chile dice «soy un jaguar», salta hacia el Asia y abre su economía de una manera alucinante. Hay más de 50 tratados de libre comercio. Alrededor del 90% de los productos de exportación chilenos tienen tasas de arancel cero. Todos productos primarios. Otro concepto es que somos una buena casa en un mal barrio. Que los chilenos nacimos por desgracia al lado de los argentinos, los bolivianos y los peruanos. Nuestros mejores amigos son los salmones, que son encantadores, higiénicos, se reproducen en el mar, no hacen ruido. La vecindad de Chile es con los salmones. La fuga de la élite a la integración es cultural. ¿Cómo se te ocurre que vamos a tener energía con los argentinos que «son poco serios»; que vamos a comprar gas a Bolivia, que «quiere nuestro mar»; que vamos a estar con los peruanos, que «nos detestan y son tan desordenados»? Pero el modelo de desarrollo de Chile es agroexportador agresivo de tres productos: cobre, salmón y madera. Si Chile quiere vender más necesita agua y también energía, que tienen Argentina y Bolivia, y que China construya más ciudades. Además, Chile no tiene fundiciones de cobre, que sí tiene Perú. Yo creo que ahora la autoestima de la élite chilena está muy golpeada. Se acaban los conferencistas chilenos. Quiero ver ahora al hermano del presidente Piñera, creador de las AFP. Quiero ver ahora en Londres y Washington a quién van a invitar a explicar qué. ¿Que nadie vio venir esto?
El grupo de Puebla y la educación
«El de Puebla es un grupo de líderes que representan sus pasaportes, sus miedos, sus certezas, sus convicciones personales, no a partidos. Son 32 lideres de diez países que se reúnen cada tres meses para conjugar dos verbos: pensar y articular. Alberto Fernández es uno de los fundadores, en conversaciones con él es que surgió este proyecto. Aloizio Mercadante, uno de los fundadores del PT, es otro. La primera reunión fue en México por el triunfo de Andrés Manuel López Obrador», detalla Ominami.
–¿Qué piensan para América Latina?
–Acordamos buscar respuesta a antiguos problemas, confrontar a la derecha en sus debilidades, pronunciarnos sobre el valor de la democracia participativa como principio ordenador y la autodeterminación de los pueblos. La economía nos pareció uno de los grandes desafíos. América Latina es el peor alumno del planeta: es el continente con mayor desigualdad, mayor violencia y baja productividad. Se hicieron algunas cosas, pero no se hicieron bien. La productividad es de las más bajas del mundo, y un problema del que el progresismo debe hablar. Yo creo que nuestra principal derrota no es en la economía sino en la educación. Porque ahí fue donde más se nos metieron los economistas neoliberales, donde más intervinieron. Lograron transformar la educación en un mercado. La economía es subsidiaria de la educación, no al revés. La economía debe estar al servicio de la educación.
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