por Alberto López Girondo | May 16, 2020 | Sin categoría
La conferencia de prensa del 8 de mayo en la Quinta de Olivos mostró un acercamiento muy estrecho entre el presidente Alberto Fernández, el jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y el gobernador bonaerense. Una señal no casual de coordinación para anunciar la extensión de la cuarentena: por un lado, era necesario no repetir los anteriores errores de comunicación. Pero también había que responder a las presiones del establishment para apurar una reapertura de la economía que se disfrazó de reclamos por lo que algunos sectores interpretan como un avance del Estado sobre las libertades individuales.
Es cierto que quienes fogonean estas manifestaciones de rebeldía en contra de las medidas sanitarias se expresan a través de las redes sociales. Pero como un mecanismo de relojería, de allí saltan a los medios antioficialistas y luego se potencian al resto de la sociedad. Por eso, tanto Fernández como Axel Kicillof fueron contundentes en puntualizar que el rol que les cabe a los dirigentes en puestos ejecutivos es enfrentar la pandemia de coronavirus y no hay lugar allí para actitudes «irresponsables».
El frente común en los distritos más afectados por los contagios de COVID-19 es inédito y muestra un compromiso que, según todas las encuestas, las mayorías aceptan y apoyan al punto que algunos analistas hablan de «malvinización» de la política argentina. Pero como suele ocurrir, quedan algunos afuera del convite.
Es clave en este entramado el rol que cumple desde el primer día de aislamiento preventivo el alcalde porteño, Horacio Rodríguez Larreta, quien paga costos hacia adentro del PRO y de la coalición Juntos por el Cambio. Lo propio sucede con los mandatarios provinciales socios de esta entente y, más fuertemente, con los intendentes del área metropolitana, donde junto con CABA se concentra un verdadero polvorín que podría estallar si no se coordinan las acciones contra el virus.
Es esperable que los municipios en manos de integrantes del Frente de Todos acompañen a la Casa Rosada y al Gobierno bonaerense. Lo que llama la atención es que personajes clave del arco opositor hagan lo mismo. Un hombre del riñón del macrismo, como Néstor Grindetti, que trabajó en el grupo SOCMA desde 1979 y fue el recaudador de las campañas políticas del expresidente Mauricio Macri, es uno de los más convencidos de que debe caminar junto al Gobierno nacional y al provincial. En la misma línea actúa su par de Mar del Plata, Guillermo Montenegro, exministro de Seguridad porteño. Más aún, Jorge Macri, primo del exmandatario y una de sus espadas a nivel provincial, no dejó dudas en su cuenta de Twitter: «En Vicente López ya recibimos dos nuevos respiradores, entregados por el Gobierno provincial y el nacional. Gracias @Kicillofok y @Alferdez, seguimos trabajando en equipo frente al COVID-19», posteó el intendente.
Claro que en política nada es gratis y así como el oficialismo parece encaminado a «terminar con la grieta», que es uno de los caballitos de batalla del presidente, también aparecen algunos cortocircuitos que enturbian la relación estrecha con el jefe de Gobierno de CABA. De hecho, la vicepresidenta Cristina Fernández apuntó contra Rodríguez Larreta al analizar la denuncia de la jueza Ana María Figueroa sobre presiones durante la gestión macrista. El reclamo de Cristina se refiere a una presunta extorsión a magistrados en la causa por el memorando con Irán que involucra al actual fiscal General de la Ciudad, Juan Bautista Mahiques.
Mesa chica
Dentro de la alianza opositora, en tanto, también hay tela para cortar. Los más aguerridos antiperonistas –la titular del PRO, Patricia Bullrich, o el radical Mario Negri–, cuestionan la actitud de los dirigentes alineados con el oficialismo. En la mesa chica del PRO la centralidad de «Horacio» representa una amenaza para el lugar natural que le destinan a «Mauricio».
La lideresa del Coalición Cívica, Elisa Carrió, puso freno a las críticas contra Rodríguez Larreta. En los últimos días, sin embargo, se despegó un tanto de su socio político para pedir «transparencia» en las contrataciones públicas. El escándalo por la compra de barbijos a precios exorbitantes y la contratación de hoteles a familiares del jefe de Gobierno comprometen el mensaje político que pretende Carrió, retirada temporalmente de la función legislativa pero activa en marcar la cancha en el distrito que considera propio.
La denominada «malvinización», en tanto, llevó a que 135 intendentes bonaerenses mostraran explícitamente su apoyo a la negociación de la deuda provincial que encara el gobernador Kicillof. Días antes, dirigentes sindicales y empresariales habían ido a Olivos a expresarse en esa misma línea sobre la renegociación de la deuda nacional. En ese caso, la voz discordante fue la de la secretaria Legal y Técnica, Vilma Ibarra, quien se quejó de que en la foto no había ninguna mujer.
Revista Acción, segunda quincena de Mayo de 2020
por Alberto López Girondo | May 12, 2020 | Sin categoría
Por decreto y sin avisar, el presidente Jair Bolsonaro incluyó a los gimnasios, salones de belleza y peluquerías en la lista de “actividades esenciales”, lo que implica que podrán realizarse a pesar de las restricciones que implementaron los gobernadores estaduales y alcaldes municipales. El primer choque, sin embargo, vino de su propio gabinete: cuando su nuevo ministro de Salud, Nelson Teich, fue avisado de la medida, dijo que no estaba enterado y como esquivando el dardo, afirmó que esa era una atribución presidencial en consonancia con el ministerio de Economía y no de su área.
La explicación de Bolsonaro fue que «quien está en casa como sedentario, por ejemplo, está aumentando su colesterol, el problema del estrés, un montón de problemas. Pero si pudiese ir a un gimnasio, lógicamente conforme a las normas del Ministerio de Salud, va a tener una vida más saludable. Igual con el peluquero. Y pintarse las uñas, arreglarse el cabello. Es una cuestión de higiene».
Teich, un médico oncólogo con una fuerte impronta empresarial que reemplazó a Luiz Henrique Mandetta el 16 de abril pasado, afirmó ante la prensa que no había sido informado del decreto que se publicó este lunes a última hora el Diario Oficial de la Unión (El Boletín Oficial brasileño). “Esa decisión no pasó por el Ministerio de Salud”, se exculpó.
Como para bajarle tensión al asunto, luego dijo que ese tipo de medidas pueden ser dictadas por el presidente y la cartera de Economía por ser ambos competentes en el tema. Y agregó que “si se crean las condiciones para que las personas no se expongan al riesgo de contagio, puede trabajar. Tratar a esas actividades como esenciales es un paso inicial”.
Las divergencias en cuanto al tratamiento de la pandemia mantienen en vilo a la sociedad brasileña. Mientras el presidente insiste en mantener la economía en funcionamiento y minimiza el peligro del coronavirus, los mandatarios regionales, que padecen las crisis en sus sistemas de salud, colapsados, son partidarios de respetar las recomendaciones de la OMS. El primer caído en esta pelea fue precisamente Mandetta, que pretendía seguir los lineamientos de la Organización Mundial de la Salud.
Brasil se convirtió en el segundo país de América en cantidad de contagios y de muertes por Covid-19, detrás de Estados Unidos. Acercándose a los 175.000 enfermos y con más de 11.000 muertos, es un peligro para el subcontinente, ya que ese país tiene fronteras con todos los países sudamericanos salvo Chile.
Pero las diferencias en la dirigencia llevan a un desconcierto de la población. Mientras el presidente no solo ningunea el virus sino que organiza marchas y promueve la ruptura del aislamiento, distritos como San Pablo y Río de Janeiro, los más poblados, instauraron cuarentenas bastante estrictas para tratar de contener el avance del coronavirus, que está diezmando a la población.
Ese enfrentamiento también se produce con el resto de las instituciones de la república, como el Congreso y el Supremo Tribunal Federal (STF), que vienen tratando de ponerle freno a las políticas de Bolsonaro. Por eso los hijos del presidente y los manifestantes bolsonaristas los tienen en la mira. (ver acá)
Una encuesta del Instituto Datafolha muestra que el 67% de los brasileños considera necesario que la población permanezca en sus casas para evitar contagios. Pero los seguidores de Bolsonaro atestan las calles en manifestaciones contra lo que afirman es una limitación a sus libertades. El más extremista dentro del Gabinete de gobierno parece ser el canciller Ernesto Araújo, quien llegó a declarar que se intenta “usar la pandemia para instaurar el comunismo”.
Tiempo Argentino, 12 de Mayo de 2020
por Alberto López Girondo | May 10, 2020 | Sin categoría
Si hay algo que Jair Bolsonaro no haría es recular en su postura de privilegiar la economía sobre la salud. Así lo demostró al participar de una marcha desde la sede del gobierno al edificio del Supremo Tribunal Federal (STF) para reclamar que la corte le permita poner fin a la cuarentena que dispusieron los gobernadores. Fue un apriete a gran escala con el objetivo de presionar al máximo órgano judicial y que tuvo el respaldo de ministros clave de su Gabinete, como el de Economía Paulo Guedes; el de Defensa, general Fernando Azevedo e Silva; y el jefe de la Casa Civil, general Walter Braga Netto. Por si esto no bastara, una veintena de empresarios acompañaron la movida.
Lo que preocupó a los togados no fue el despliegue que hizo el mandatario, sino la amenaza que significan las milicias fascistas que se apostaron frente al Palacio de Justicia para brindar el apoyo incondicional a Bolsonaro. Son, según la prensa brasileña, integrantes del Grupo 300, y realizan una suerte de entrenamiento militar cerca del edificio del STF gritando que mientras “los magistrados comen langostas, el pueblo pasa hambre” por la falta de trabajo debido al cierre de industrias decidido por gobiernos estaduales frente a la pandemia.
Brasil es el país latinoamericano con más cantidad de casos de Covid-19, medidos en cifras absolutas o relativas a la cantidad de población, con cerca de 150 mil contagiados y unos 10 mil muertos. La economía brasileña se desplomó, es cierto, pero lo mismo ocurre con la actividad en el resto del mundo. Y ya venía bastante golpeada por las medidas neoliberales desde la destitución de Dilma Rousseff.
Bolsonaro, que definió como “gripecita” al virus, se enfrenta con los gobernadores, algunos como el paulista o el carioca, que apoyaron su candidatura pero ahora deben lidiar con el drama de la pandemia. El STF defendió la potestad de los mandatarios estaduales para decidir las políticas sanitarias en base a la constitución federal. Es la excusa del presidente para alegar ante sus fanatizados seguidores que no lo dejan gobernar.
Este viernes, Joao Doria, gobernador de San Paulo, extendió la cuarentena en el distrito más poblado y poderoso de Brasil -y el polo industrial más importante de América Latina- hasta el 31 de mayo.
En paralelo, el STF autorizó una investigación sobre las bandas fascistas a pedido de la Procuraduría General de la República. Son los que la semana pasada marcharon pidiendo una intervención militar más directa aún y que, según se sabe, son financiados a través de una recolección de dinero a través de las redes sociales.
Los bolsonaristas están indignados con la Corte, que ya había bloqueado la designación del jefe de los espías brasileños al frente de la Policía Federal, para poder controlar investigaciones judiciales contra los hijos presidenciales. Ven al STF como la institución clave para frenar las transformaciones que Bolsonaro pretende para Brasil.
Y parte de verdad tienen, porque la dirigencia política no parece encontrar el modo de reaccionar ante una crisis que desde lo sanitario amenaza con destruir a la sociedad brasileña. Salvo las declaraciones contundentes de Lula da Silva contra Bolsonaro o un artículo que firmaron el expresidente Fernando Henrique Cardoso, el excandidato del PSDB y ex ministro de Relaciones Exteriores José Serra y los excancilleres Celso Amorim, Celso Lafer y Rubens Ricúpero, en el que rechazan “la violación sistemática por la política exterior actual de los principios rectores de las relaciones internacionales de Brasil definidos la Constitución de 1988”. Esto es, la subordinación de Bolsonaro a Estados Unidos.
EN AMAZONIA
Mientras en la Argentina se habían registrado 11 muertos en una jornada completa, en Brasil se produjeron 751 víctimas en igual lapso. Incluso se sospecha que la cantidad de fallecidos son muy superiores a los oficiales. En especial en el sur del país y en la zona de Amazonia: acusan 845 muertos, pero se sospechas que son varios miles.
Tiempo Argentino, 10 de Mayo de 2020
por Alberto López Girondo | May 10, 2020 | Sin categoría
A 75 años de la derrota del nazismo y del fin de la II Guerra Mundial en Europa, vuelven a crecer las diferencias de enfoque sobre lo que significó esa conflagración que envolvió a 61 estados nacionales y le costó la vida a alrededor de 50 millones de personas. Por una diferencia horaria, para los soviéticos la fecha fue el 9 de mayo, mientras que en el resto del continente se celebra un día antes. Pero esas son diferencias menores al lado de lo que marcaron esos 1418 días de feroces combates. El nazismo dejó un estigma de horror sobre la humanidad que aun hoy conmueve: el holocausto. Pero en estos 75 años hay muestras de la capacidad de destrucción monstruosa que puede desplegar una sociedad humana.
De esa guerra quedó un reparto del mundo, planeado por Josef Stalin, Winston Chuchill y Franklin Delano Roosevelt en un encuentro en Yalta, que el mandatario estadounidense no pudo ver cristalizado en las Naciones Unidas. Murió el 12 de abril, menos de un mes antes de la rendición alemana.
Roosevelt fortaleció entre 1939 y 1945 una alianza entre la Unión Soviética y los países occidentales que prometía una paz duradera en el mundo. La tarea que se puso Harry Truman, su sucesor, fue impulsar la Guerra Fría, luego de haber ordenado tirar dos atómicas sobre población civil en Japón.
Desde principios de 1945, las tropas alemanas venían perdiendo terreno tras la fallida invasión a la URSS. Los ejércitos soviéticos, en cambio, comenzaron a ser incontenibles para el III Reich. La potencia socialista fue la que más sufrió las consecuencias de la guerra en su territorio, con más de 20 millones de muertos.
De tal manera que los primeros en llegar a Berlín fueron tropas del Ejército Rojo. Adolf Hitler y la cúpula del régimen nazi se habían suicidado en 30 de abril en su bunker. Los ejércitos británicos avanzaban en Europa, los estadounidenses venían subiendo desde el sur de Italia, tras los acuerdos con los jefes mafiosos en Chicago y Nueva York que facilitaron el acceso.
Estados Unidos solo ingresó en la guerra cuando era claro que el Reino Unido no podría ganar, Francia estaba ocupada y la URSS comenzaba a dar muestras de que no sería derrotada. Una estrategia que le permitió convertirse en la gran potencia capitalista de fines del siglo XX.
A la caída de la Unión Soviética, en 1991, hubo otro momento de cercanía entre Washington y Moscú que hizo prever años de armonía. Poco duró ese espejismo y en los últimos años crece una cruzada contra la Rusia de Vladimir Putin que justifica el armamentismo en Europa y las continuas tensiones que amenazan a esa parte del mundo.
Putin envió mensajes de felicitación a los líderes y los pueblos de Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia con motivo del aniversario. «La gran victoria se ha convertido en un importante evento del siglo XX, que tiene importancia duradera para el destino de toda la humanidad», le dijo al primer ministro Boris Johnson, quien telefónicamente le recordó aquella asociación de hace tres cuartos de siglo e invitó a Putin a un encuentro virtual para hablar sobre la búsqueda de una vacuna contra al Covid-19.
Del otro lado del Atlántico, Donald Trump homenajeó a “las fuerzas de la libertad que derrotaron a la tiranía” y recalcó que “ningún desafío es mayor que la determinación del espíritu estadounidense”.
La versión de aquella gesta que expresa el departamento de Estado logró irritar a la burocracia estatal en Moscú. Así, la vocera de la cancillería rusa, Maria Zajárova, tildó de “acusaciones abominables por su hipocresía y falsedad” a las afirmaciones de que la guerra había comenzado en setiembre de 1939, cuando Alemania y la URSS invadieron Polonia.
Tiempo Argentino, 10 de Mayo de 2020
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