Hijo de madre nacida en la ex Yugoslavia y padre jamaiquino, el historiador Peter James Hudson nació en Canadá y es docente en la Universidad de la Columbia Británica, en Vancouver. Con un interés particular por “la forma en que las personas de ascendencia africana e india resistieron el imperialismo estadounidense en el Caribe”, se metió en una investigación que le llevó más de 15 años sobre el rol de la banca estadounidense en la expansión imperial en esa región. “Es importante para todos los que viven bajo el imperialismo estadounidense comprender cómo funciona la deuda, cómo funcionan los bancos, cuáles son sus historias y cómo estrangulan la soberanía de los pueblos de América Latina”, dice, ante un ejemplar de su libro Banqueros e Imperio. De cómo Wall Street colonizó el Caribe, que editó Tinta Limón.
-La expansión imperial sobre el Caribe se produjo después de los bancos, y justo ahora padecemos otra nueva expansión imperial.
-Cuando miramos la historia del capitalismo estadounidense, vemos que muchos de los fabricantes, financieros y empresarios son, en cierto modo, visionarios y por eso pueden ver las cosas antes que el Estado. Por eso están más preparados cuando llega la oportunidad. Es importante establecer esa conexión entre la Doctrina Donroe con la cultura y el espíritu del Destino Manifiesto de Estados Unidos de 1823, que se extiende hasta el presente. Estados Unidos cree que el Caribe les corresponde, que tienen el derecho. Y van allí por la proximidad.
-Es su vecindario.
-Sí, su patio trasero. Cuba está a 145 kilómetros, Haití no está lejos. Y yo diría también que esa región es muy importante estratégicamente, especialmente por el Canal de Panamá. Desde 1903 y luego en 1914, cuando se construyó, Estados Unidos debe asegurar toda la región del Caribe, garantizar que no haya influencia extranjera, asegurar que las rutas marítimas estén protegidas.
Foto: Leonardo Spinetti
–La expansión también llegó a China y Filipinas ya a fines del siglo XIX. ¿Ya estaban pensando en ir por el continente asiático?
-Después de la Rebelión de los Bóxers, China tuvo que pagar una indemnización a las potencias europeas y norteamericanas. En ese momento, la Corporación Bancaria Internacional, un banco pionero, vio la ocasión para obtener dinero. Otra cuestión es la de Filipinas. El libro no profundiza lo suficiente, pero es importante que se comprenda que Cuba y Filipinas deben ser analizadas simultáneamente desde 1898, porque así es cómo Wall Street las vio. Y, por otro lado, el Canal de Panamá es una puerta de entrada al Pacífico.
-Eran los últimos restos del imperio español.
-El imperio colapsa y eso también es parte de la historia: Estados Unidos se apoderó de lo que España tenía hasta entonces.
-Estados Unidos se caracterizó siempre por su capacidad para desestabilizar a través del sistema financiero. Lo hemos visto a fines del año pasado en Irán con la caída de un banco que provocó las manifestaciones que imaginaron como el disparador para un cambio de régimen.
– En cierto modo la historia del siglo XX es la historia del dólar estadounidense y su uso para desestabilizar y estabilizar la economía. Empezamos a ver esto a principios del siglo XX, en el periodo al que me refiero, a través de la llamada Diplomacia del dólar, que consistía en intentar controlar los sistemas financieros de diferentes países soberanos para someterlos a la voluntad de Estados Unidos. Por supuesto, cuando hablamos de esto también se menciona el uso de la fuerza militar, las intervenciones, los intentos de cambios políticos y los intentos de cambio de régimen.
-¿Cuál es el rol de la CIA en todo esto?
-No lo tomé en cuenta porque la CIA fue fundada en la Segunda Guerra Mundial. Pero la CIA en todo el mundo, en Irán, en Jamaica o en Cuba, ha sido fundamental para llevar a cabo una diplomacia encubierta, fomentando grupos y desestabilizando gobiernos en todo el mundo.
-En Argentina hemos padecido con el dólar por décadas y los bancos que nombrs, Citibank, Chase, CitiMorgan, aparecen implicados. Justo cuando ellos llegan al Caribe, llegaron a Argentina, ¿cómo fue?
-El City Bank, el National City Bank de Nueva York, llegó a Buenos Aires en 1914. Fue una de sus primeras sucursales en el extranjero y la pudieron abrir gracias a una nueva legislación en Estados Unidos, que les resultaba necesaria porque el capital se estaba estancando y buscaban nuevos mercados y necesitaban un intermediario. Cuando Citibank llegó a Argentina, trabajó muy de cerca de los intereses comerciales estadounidenses establecidos, específicamente con el frigorífico Armour Company. Es importante entender que Argentina no está separada de Cuba o Haití, porque la persona que abrió la sucursal aquí fue John H. Allen, quien abrió sucursales en Cuba y tuvo un papel importante en la desestabilización de Haití. Eso ocurrió durante la Primera Guerra Mundial y los bancos británicos y alemanes que estaban llevaron sus recursos a Europa. El City y otros bancos vieron una oportunidad en América Latina.
-Llama la atención también ver que Delaware se había convertido ya en aquel momento en el refugio para ciertas actividades no demasiado pulcras de los bancos en Estados Unidos.
-Si estaban constituidos en la ciudad de Nueva York, podían establecer un tipo de organización y con sede en Delaware o Connecticut que podía realizar actividades no permitidas. Y eso es lo más interesante que aprendí: la genialidad de los bancos para desenvolverse en diferentes espacios legales y en las zonas grises de la ley.
-Hay un capítulo que habla de “capitalismo racial”. Y eso se da después de la Guerra Civil y las leyes de protección de afrodescendientes. ¿El capitalismo de EE UU que necesita ser racista?
–(Duda) No diría que necesita ser racista… Diría que al menos una vez. (Ríe) O sí lo es. No quiero atribuirle capacidad de decisión ni ningún tipo de pensamiento al capitalismo. Pero se puede ver que cualquier intento de expansión, de acumulación de capital, siempre ha estado ligado al racismo en Estados Unidos. No hay un solo momento en que el racismo esté divorciado de la expansión del capital. Resulta revelador ahora mismo que, si observamos a Peter Thiel, a Alex Karp, a Elon Musk, vemos que, por un lado, se está expandiendo el capitalismo estadounidense al mismo tiempo que expanden una doctrina del capitalismo racial y creo que debemos analizar estas figuras y comprender ese tipo de mensajes, que se remonta a antes de la Guerra Civil, a la esclavitud. El término capitalismo racial para algunos es redundante, pero yo diría que no debemos olvidar que en ese adjetivo racial hay un vínculo intrínseco entre clase y raza.
-Estaba pensando que en realidad la guerra civil de Estados Unidos la ganó el sur, culturalmente e ideológicamente.
-Sí, sí. Se hicieron tantas concesiones que finalmente el sur le permitieron levantarse y entonces la pregunta sería ¿para qué sirvió todo eso?
Luego de postear en su red Truth que lamentaba no poder asistir al casamiento de su hijo Donald Jr en Bahamas porque “circunstancias relacionadas con el gobierno y mi amor por los Estados Unidos de América me lo impiden”, el inquilino de la Casa Blanca subió un mapa de Medio Oriente donde Irán aparece pintado con los colores de la bandera de las barras y las estrellas. Pero Donald J. Trump no se detuvo en minucias y al rato subió una foto de él asomando con mirada canchera sobre una postal de la ciudad de Nuuk con el mensaje «Hola, Groenlandia”. Podría decirse que tuvo otro día de descontrol digital, a una semana de su regreso de su diluida visita a Beijing y a tres de la de Vladimir Putin al trono de Xi Jinping. Sin embargo todo debería leerse en un contexto de reparto de figuritas geopolíticas. Hace unos días había publicado un mapa de Venezuela como el Estado 51, este fin de semana recrudece las amenazas contra Cuba, mientras en España se despliegan operaciones mediáticas y judiciales contra José Luis Rodríguez Zapatero y Pedro Sánchez y en Bolivia la revuelta popular por ahora frena el objetivo de detener a Evo Morales. La característica común de estas acometidas es que se trata de avanzadas contra proyectos políticos que se enfrentan a la voluntad imperial cada vez más brutalmente expresada por el magnate inmobiliario, pero sobre todo, representan un modo de avisar que la Doctrina Donroe es su línea roja, y que allí se incluye al país ibérico por su influencia en América Latina y a la isla del Ártico.
La escalada contra Cuba, un “grano en el patio trasero” para EE UU desde el 1 de enero de 1959, tiene en esta ocasión hasta ribetes si se quiere tragicómicos. Como que imputaron a Raúl Castro, de 94 años, hermano del líder de la Revolución, Fidel Castro, protagonista como él de esa epopeya y presidente entre 2008 y 2018, de conspiración para asesinar a ciudadanos estadounidenses por el derribo de un avión en 1996. Es que pasaron 30 años y un acercamiento del gobierno cubano en 2014 con el entonces presidente Barack Obama, quien visitó la isla para reanudar relaciones y reabrir la embajada en 2016, para que ahora desempolvaran una acusación contra el que era jefe de las FFAA cubanas que, si el caso se investiga a fondo, debería reconocer la responsabilidad de EE UU en el hecho.
Los cargos surgen de la acusación del fiscal Todd Blanche en el que se incluye a cinco expilotos de la Fuerza Aérea por el derribo de dos avionetas Cessna de un grupo anticastrista, Hermanos al Rescate, que sobrevolaban aguas caribeñas en “custodia”, según la versión edulcorada, de balseros que buscaban emigrar a Miami. Pero La Habana venía denunciando desde meses antes los sobrevuelos de naves como esa, que lanzaban propaganda contra el gobierno. Incluso hay documentación de que la Administración Federal de Aviación (FAA en inglés), el Departamento de Estado y la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI), los organismos encargados del control aéreo de EE UU temían que en algún momento pudiera haber alguna réplica que se les fuera de las manos. Era la gestión de Bill Clinton. De hecho, en 30 años no avanzó ningún planteo, Raúl Castro habló en la sede neoyorquina de la ONU dos veces y hasta alguien podría sostener que la causa prescribió.
Días antes de esta embestida judicial, el secretario de Estado, el cubanodescendiente Marco Rubio, había difundido un mensaje en castellano con fuerte acento caribeño en el que sostiene que los males que sufren los habitantes de la isla “no son por el bloqueo petrolero” sino al saqueo es las autoridades y desliza que una empresa de las FFAA fundada por Raúl Castro controla el país para beneficio propio. Mientras tanto, en Pentágono concentra buques y hasta traslada al Caribe el portaaviones Nimitz, DJT se queda en la Casa Blanca y hace acuartelar tropas como preparando el terreno para una operación similar al secuestro de Nicolás Maduro. La acusación judicial y el discurso de Rubio quedan como antecedente, al igual que las acusaciones previas, que justificarían -¿ante quién?- una decisión que solo tiene un objetivo de reparación psicológica tras el fracaso del ataque contra Irán.
El presidente español Rodríguez Zapatero.
Al tiempo que en Bolivia el panorama pinta complicado para el gobierno de Rodrigo Paz, una acusación contra el expresidente del gobierno español por supuesto tráfico de influencias y blanqueo de capitales en torno a la ayuda para la aerolínea Plus Ultra durante la pandemia, se inscribe en esta estrategia de cercar el terreno propio, como parte del juego en el tablero internacional que Trump llevó a Beijing. Rodríguez Zapatero fue entre 2014 y 2018 interlocutor entre el gobierno chavista y la oposición para un acuerdo que evitara un baño de sangre. El lider socialista que comandara La Moncloa entre 2007 y 2011 representa una forma de cooperación de España con América Latina que incomoda a Washington, cualquiera que sea quien duerma en la Casa Blanca.
JLRZ es apenas un peón contra Sánchez. Este sábado, las calles de Madrid se llenaron de manifestantes de las derechas ultras pidiendo la renuncia del premier. A una semana de una caída en Andalucía, el PSOE viene de capa caída pero es casi de manual que el acoso a Sánchez tiene que ver con la negativa a que EE UU use sus bases en España para atacar Irán y su postura contra el genocidio en Gaza.
Un mapita y una frustración
El mapita de Irán que posteó Donald Trump muestra sin dudas que la espina de su aventura le quedó clavada al “cowboy” de la Casa Blanca. Más aún si se tiene en cuenta que tanto la guerra del 28-F como la de los 12 días de 2025 fueron iniciadas por Israel y Trump solo hizo seguidismo, como lo acusan militantes de MAGA. Pero por ahora no hay plafond para volver a esas lides. Xi le dejó en claro que tiene intereses en esa región y eso se notó cuando el lunes dijo que pararía un ataque anunciado con bombos y platillos porque los países del golfo le pidieron esperar por negociaciones ya encaminadas con Teherán.
Este sábado, el gobierno iraní reiteró que ni el estatus del estrecho de Ormuz ni su programa nuclear están en la mesa de negociaciones con Estados Unidos, según afirmó el portavoz estadounidense Axios que se reunirá con sus enviados, Steve Witkoff y Jared Kushner para tratar la última propuesta de Teherán y ahí decidirá si se firma “un buen acuerdo” o va a «mandarlos (a los iraníes) al cielo de un bombazo».
Benjamin Netanyahu tampoco las tiene todas a favor. El lunes, uno de los sostenes de su gobierno, el ultraderechista ministro de Seguridad, Itamar Ben Gvir, del partido Otsmá Yehudit (Poder Judío) subió a las redes un paseo provocativo en el salón del puerto de Ashod donde estaban esposados -y maltratados- activistas de la Flotilla detenidos poco antes. El escándalo elevó el rechazo de gobiernos de todo el mundo y hasta el propio Netanyahu tuvo que salir a cuestionar a su adlátere. Esto generó una nueva crisis de crediblidad a Israel y hacia adentro, donde la oposición pide elecciones para sacarlo del poder.
La imagen de Donald Trump rindiendo pleitesía a Xi Jinping es la postal más clara del estado del mundo cuando se cumplen 78 días del ataque de Estados Unidos e Israel contra Irán. Y las palabras del presidente chino sonaron a un epitafio para la tumba del imperio. Pero la interpretación del mandatario estadounidense también ilustra sobre la endeble habilidad para el disimulo que se tiene en la Casa Blanca. Xi necesitó alertar sobre la Trampa de Tucídides para marcar la cancha a no solo un gobernante un tanto díscolo sino a un occidente que insiste en no ver que las cosas cambiaron. Es que guerras como las de Peloponeso de hace 2480 años se desatan cuando una potencia en decadencia no acepta al surgimiento de un rival que le hace sombra. China, en este juego, es a todas luces el emergente que no quiere una guerra pero ya no le esquivaría al desafío. Por eso, también, plantó bandera: el límite es Taiwán.
Es bueno recordar que cuando atenienses y espartanos se trenzaban en una contienda que duró casi tres décadas China ya tenía 4500 años de historia y estaba en el tenebroso periodo de los Reinos Combatientes. Por otro lado, el nombre oficial de ese extenso país es Zhongguo, que se traduce como “reino o país del medio, o centro”. ¿Centro del mundo? Algo así, que en 2026 regresa con toda su fuerza. Veamos: la visita de Trump mostró quién lleva las riendas y con qué precisión Xi desplegó el supremo refinamiento que caracteriza a esa milenaria civilización. Si hasta el propio Trump reconoció en un posteo en Truth la “gran elegancia” de su par, aunque prefirió creer que cuando le hablaba de declive se estaba refiriendo a su antecesor Joe Biden.
Otra muestra de la centralidad de Beijing como capital internacional lo da el hecho de que desde este martes Vladimir Putin estará por dos días en la capital china para mantener sus propios encuentros con Xi. Esa suerte de “besamanos” ya la habían ensayado oportunamente los jefes de estado de España, Italia, Francia y Gran Bretaña, con suerte dispar.
La decadencia de occidente y en particular de Estados Unidos, que oficia de líder de esa tropa abatida, no comenzó con la desastrosa guerra contra Irán, pero ese sería el punto de quiebre. A esta altura negar que en Ormuz hubo una derrota estrepitosa sería una necedad y la prueba más evidente de eso lo dan los análisis de gente dentro de EE UU a los que no se puede tildar de antiimperialistas, pero que no se engañan. Uno de ellos es Robert Kagan, alguna vez tildado de sucesor de Henry Kissinger. El hombre fue uno de los fundadores del Proyecto del Nuevo Siglo Americano, un thinh tank que en 1997 desarrolló un plan para que la centuria que estaba por comenzar fuera de la consolidación de la supremacía de EE UU. Su esposa, Victoria Nuland, siendo subsecretaria de Estado fomentó el golpe en Ucrania de 2014 que fue el punto de partida para la guerra con Rusia que comenzaría en 2022. En un artículo en la revista The Atlantic, Kagan escribió la semana pasada que la derrota en Irán es absoluta e irreversible. “Las derrotas en Vietnam y Afganistán fueron costosas, pero no causaron un daño duradero a la posición general de Estados Unidos en el mundo. La derrota con Irán será de una naturaleza completamente diferente”, lamentó el halcón del imperio.
Otro que habló fue el general Mike Flynn, de efímero paso como asesor de seguridad en el primer gobierno de Trump, en 2017, renunciado bajo la acusación mediática de haber tenido reuniones con el embajador ruso en Washington. Lo que Xi quiso decir es que “cualquier fracaso en acomodar el ascenso de China arriesga un conflicto mayor que Estados Unidos no puede permitirse (y actualmente hay prácticamente cero apoyo del pueblo estadounidense para más guerra y Xi lo sabe)”, publicó el militar en X. El senador demócrata Tim Kaine, por su parte, pretende urdir fuerzas en el Congreso para ponerle fin a una guerra que por ahora parece en suspenso ante un cese el fuego sine die. “Familias en Virginia estan pagando casi 10,8 millones de dólares más al día en gasolina de lo que pagaban hace dos meses. ¿La razón? La guerra ilegal e imprudente del presidente Trump en contra de Irán”, publicó en X.
Mientras tanto, este viernes en Nueva Delhi concluyó una cumbre de ministros de Relaciones Exteriores de los países BRICS para encontrar una postura común en relación con la guerra en Irán. Si bien se dijo desde el primer día que la ofensiva del 28-F para EE UU tenía a China como destinatario final, estaba en la mira el grupo de países que ya representan más del 40% del PBI mundial y le pisa los talones el G7. Contra lo que podría pensarse, no hubo un acuerdo para un documento final que expresara el rechazo que pretendía el canciller iraní. Abbas Araghchi los arengó sobre los riesgos del momento y advirtió: “La historia ha demostrado que los imperios en declive no se detendrán ante nada para frenar sus destinos inevitables. Un animal herido arañará y rugirá desesperadamente en su camino hacia abajo”.
Uno de los integrantes de ese grupo, Emiratos Árabes Unidos, tiene tanta cercanía con Israel y EE UU que hubiese sido ilusorio esperar que firmaran un documento de condena a los ataques del 28 de febrero. Brasil, miembro fundador de ese club, a su vez, volvió ofrecerse como mediador para una negociación entre Teherán y la administración Trump. El titular de Exteriores brasileño, Mauro Vieira, se lo transmitió a Aragchchi y luego mantuvo encuentros con sus homólogos Sergei Lavrov, de Rusia, y Subrahmanyam Jaishankar, de India. Brasil ya en 2014 había promovido un acuerdo nuclear con Irán junto con el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan a pedido de Barack Obama que fue desechado por la secretaria de Estado Hillary Clinton. Pero esa es otra historia.
Un «Lubio» en jogging
Donald Trump encaró el viaje a China con su estilo de hacer pata ancha sobre lo maravilloso de su gobierno y los triunfos de su gestión que no cesan. Por eso publicó en Truth un mapa de Venezuela pintado con la bandera de las barras y las estrellas y alardeando que el país caribeño sería el Estado 51. Su canciller, Marco Rubio, otro que derrocha petulancia, se hizo fotografiar en el Air Force One con un jogging de Nike Tech como el que vestía Nicolás Maduro cuando fue secuestrado, el 3 de enero pasado. Es cierto que el golpe sobre Venezuela complicó la prohibición de petróleo a China, no era por ahí que podría haber generado alguna respuesta más fuerte.
Rubio, de ascendencia cubana, pudo ingresar a China por la gracia de la presidencia de Xi Jinping. Siendo senador, el actual secretario de Estado lanzaba críticas feroces contra la política de derechos humanos de China entorno a Hong Kong y la población uigur. Hasta que, en 2020, en respuesta a sanciones de Estados Unidos a dirigentes chinos, Beijing aplicó medidas similares contra estadounidenses, entre ellos Rubio.
En teoría, no podría haber viajado junto con su presidente, pero cuando asumió el cargo, en enero de 2025, las autoridades aplicaron un subterfugio que le permitió sortear el control aduanero sin problemas, aunque la causa en su contra sigue vigente. En la visa cambiaron un carácter de su apellido en la transliteración al chino para que pasara sin problemas. Algo así como pasar de “Rubio” a “Lubio”. Pero la sanción sigue vigente y cuando se termine su influencia volverá a ser persona no grata.
Benjamin Netanyahu es para Estados Unidos un problema difícil de resolver. Porque las dos últimas guerras, la de junio del año pasado y la del 28-F contra Irán, complican a Donald Trump en su frente interno de un modo quizás irreversible. Y ahora suma a países como Emiratos Árabes Unidos, el que más compromisos tiene con Israel y tuvo que salir a desmentir al primer ministro, quien publicó en X que “visitó secretamente EAU, donde se reunió con el jeque Mohamed bin Zayed”.
También que se presentó a una amplia entrevista en la cadena CBS con Major Garret en la que mostró que no duda en comprometer a Trump en alguna nueva aventura. Algunas perlitas de ese reportaje: tras afirmar que no renuncia a desarticular el plan nuclear iraní, Garrett le pregunta como retirar el uranio altamente enriquecido de allí. “Entras y te lo llevas”, dice, entre risas Netanyahu, que luego afirma que Trump dijo repetidamente que quiere entrar a como de lugar.“No queremos que Irán tenga misiles balísticos con ojivas nucleares capaces de alcanzar ninguna ciudad de Estados Unidos, porque ningún estadounidense estaría a salvo”, recalcó.
Después negó haber forzado a Trump a entrar en la guerra porque el pueblo iraní se levantaría contra su gobierno. Pero a continuación se jactó de las capacidades letales de las FDI. “¿Recuerdan los buscapersonas? (septiembre de 2024 en Líbano y Siria). Dejamos inconscientes —no los matamos— a 2500 personas, pero las incapacitamos, las neutralizamos con precisión quirúrgica, sin daños colaterales, con los buscapersonas, ¿entienden? Y eso fue lo que hicimos contra sus científicos clave, contra sus comandantes clave, contra sus líderes. Pero… es un componente. No garantiza el éxito de una revuelta. Pero podría… ayudar a que ocurra”.
Sin embargo, Netanyahu se quejó de que en occidente cada vez son más quienes rechazan las acciones israelíes en Gaza y Cisjordania. “Israel recibe una mala reputación injusta. Una forma de medir el genocidio es observar la proporción de combatientes respecto a no combatientes, y probablemente sea la más baja en la historia de la guerra urbana moderna gracias a nuestros esfuerzos. Ahora bien, hemos visto el deterioro del apoyo a Israel en Estados Unidos, que diría que se correlaciona casi al 100% con el crecimiento exponencial de las redes sociales”.
No se privó de recurrir al viejo Goebbel para culpar a los que lo acusan de genocida. “Si la gente te tacha de belicista y lo repite hasta la saciedad, se da por sentado que es una verdad absoluta. Y eso es lo que está pasando. Te metes en sus teléfonos móviles. Consigues que los bots lo repitan. Muestras una foto aquí, otra allá, de una tragedia. Para nosotros en Israel, cada muerte de un civil es una tragedia. Para nuestros enemigos, es una estrategia”.
Si buscaba era cambiar la imagen negativa, haber celebrado este viernes la anexión ilegal de Jerusalén cuando se cumplió un nuevo aniversario de la Nakba, no parece adecuado. Mucho menos que el exgtremista ministro de Seguridad, Itamar Ben Gvir, provoque desde la Explanada de las Mezquitas con una bandera israelí. «
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