La catarata de mensajes de líderes y de “influencers” de todo el mundo a raíz del triunfo de Javier MIlei en Argentina continuó revelándose este lunes, confirmando, por si hiciera falta, que el 19 N los argentinos no solo decidían sobre su futuro presidente, sino que en estas pampas se jugaba una disputa geopolítica de la que la mayoría de los ciudadanos no fueron conscientes. Es así que a la primera tanda de mensajes en la redes sociales (ver acá) le siguieron una nueva serie de repercusiones del más alto nivel. Fue en gran medida, el personaje del día.
Por caso, el presidente de Ucrania, Volodimir Zelenski, que tuvo un comienzo público también como comediante, escribió en su cuenta de X: «Felicitaciones a @JMilei@ por su contundente victoria en las elecciones presidenciales de Argentina. Aprecio su postura clara de apoyo a Ucrania. Espero trabajar juntos para fortalecer nuestra cooperación y restaurar el orden internacional basado en el derecho internacional».
A nivel regional, fue evidente el apoyo de gobiernos progresistas como el de AMLO en México, Lula da Silva y Gustavo Petro en Colombia al derrotado candidato Sergio Massa. Como mandas las reglas de la diplomacia, el mandatario brasileño envió una salutación y un convite a mantener las relaciones entre ambos países, habida cuenta de las violentas declaraciones previas del libertario contra el exlíder metalúrgico. Lo mismo hizo el gobierno de China, otro de los países denostados por razones ideo0lógicas.
Al mismo tiempo, el presidente electo recibió un guiño del hondureño Nayib Bukele burlándose de Petro, que lamentó el resultado del comicio.
Donde repercutirá con mayor impacto su propuesta y su postura en el escenario global es en el grupo de naciones que aceptó en agosto pasado el ingreso del país para conformar el BRICS 11. Un analista de fuste como el brasileño Pepe Escobar posteó en X que comenzará el BRICS 10.
El mismo Escobar, que maneja sólida información sobre política asiática, subió un tuit que celebra que Klaus Schwab, el fundador de ese otro grupo, pero de las oligarquías financieras llamado Foro Económico Mundial de Davos, se ha convertido en el real presidente del país desde el 10 de diciembre.
Yanis Varoufakis, exministro de Finanzas griego, empecinado luchador contra los ajustes del FMI en su país durante un tramo de la gestión de Alexis Tsipras en 2015 y cofundador de la Internacional Progresista, dijo que “Milei no es un anarcocapitalista. Robert Nozick (autor de ANARQUÍA, ESTADO Y UTOPÍA) fue eso. No, Milei es un nuevo Videla vestido de libertario decidido a acabar con la mera posibilidad de la soberanía democrática argentina. En cuanto a dolarización versus inflación, es como bombardear a un país con armas nucleares para deshacerse del Covid-19. Los argentinos merecen nuestra solidaridad en la pesadilla que están a punto de vivir.”
Destacan mensajes de Elon Musk y hasta de Donald Trump, que desde su red Truth aplicó el lema de su campaña para nuestro país con un rotundo Make Argentina Great Again (MAGA) «Hacer Argentina Grande otra vez», como se encargó de decir el elegido en su primer discurso. Ya Jair Bolsonaro había dicho lo suyo sobre la próxima asunción del liberrtario, (ver acá)
En ese post Trump coincide con el millonario sudafricano Elon Musk, que postea la misma imagen de un usuario End Wokeness, algo asi como El fin del progrfesismo, que es la bandera de Gandsen, emblema de los paleolibertarios del mundo. “La prosperidad está adelante para Argentina”, se alegra el dueño de X.
Javier Milei ganó por una diferencia de 12 puntos en el balotaje y anunció el comienzo de una nueva e incierta etapa política para la Argentina, donde el nuevo presidente se reivindica como «liberal y libertario» y tiene una compañera de fórmula que es defensora sin tapujos de la dictadura militar. Con el 95% de los votos escrutados, Milei obtenía casi el 56% contra el 44% del oficialismo, un resultado inesperado incluso para los mismos integrantes de La Libertad Avanza (LLA), el partido creado hace apenas dos años. En su primer discurso como presidente electo, Javier Milei saludó a «los argentinos de bien» y agradeció el apoyo del exmandatario Mauricio Macri y de la excandidata Patricia Bullrich. El libertario comenzó a hablar a las 22 horas tras la presentación de su hermana Karina y leyó un discurso de tono fuerte y enfocado en la promesa de que con sus propuestas, que identificó como continuadora de las de Juan Bautista Alberdi «y de los padres fundadores», el país sería una «potencia mundial» como, considera, fue en algún momento del pasado. «Estamos dando vuelta a una página de nuestra historia», añadió. Luego explicó su modelo sobre tres bases: Gobierno limitado, respeto a la propiedad privada y comercio libre. Y amenazó con que no habrá tibieza y que será implacable para quienes se resistan. El candidato de Unión por la Patria (UxP) reconoció apenas pasadas las 8 de la noche que había llamado a su competidor «para felicitarlo porque es el presidente que eligieron los argentinos» y agregó: «Fue una campaña difícil y en algún momento tuvo tintes ríspidos –dijo Sergio Massa– que ojalá Argentina abandone y el valor de la convivencia democrática y el respeto por el que piensa distinto se instalen para siempre». El ministro de Economía insistió en que «esta jornada ratifica que la Argentina tiene un sistema democrático sólido y transparente».
La jugada de Macri Las primeras sensaciones sobre el resultado final, precisamente, las dio el vocero y futuro ministro del Interior Guillermo Francos, luego de varias controversias y discusiones –algunas bastante violentas, incluso– que llevaron a las autoridades de la Cámara Nacional Electoral y la jueza federal María Romilda Servini a advertir sobre chicanas y maniobras para deslegitimar el resultado del comicio. «No faltaron boletas como decían, las pudimos reemplazar. Hemos tenido una elección transparente, fiscalizada por ambas propuestas electorales», dijo el hombre designado por La Libertad Avanza para relacionarse con el resto de la dirigencia política, convertido en el portavoz del siempre explosivo Javier Milei. Cuando todavía todo está en caliente, puede decirse que el expresidente Mauricio Macri hizo una jugada arriesgada luego de la primera vuelta que le resultó positiva y lo convierte en algo así como el líder de una gobernabilidad inesperada, mientras aparece como el que detrás de Milei fogoneará para «ir mas rápido» hacia el neoliberalismo que, entiende, no pudo poner en marcha cuando ocupó el Sillón de Rivadavia. Es decir, tiene un segundo tiempo, como esperaba, aunque a través de interpósita persona. Hay que ver cómo funcionará esa dupla. Por otro lado, la vicepresidenta electa, Victoria Villarruel, resulta un personaje que las organizaciones de derechos humanos y gran parte de la sociedad jamás hubieran esperado ver al frente del Senado desde el próximo 10 de diciembre, porque con su sola presencia pone en discusión consensos que ya llevan 40 años. Pero, además, claramente se presenta como la contracara de esa construcción democrática de la sociedad.
Futuro incierto Como fuera, lo que queda claro es que este 19 de noviembre comienza otra etapa en la vida política argentina, no exenta de tensiones y acechanzas. Por un lado, habrá que ver cómo prosigue la vida política del ahora excandidato de Unión por la Patria e incluso el peronismo en su conjunto. El gobernador bonaerense Axel Kicillof destaca como el uno de los mejor posicionados en el espacio. Por el otro, el radicalismo quedó también atravesado por una elección fallida que lo pone contra las cuerdas como pocas veces en su más que centenaria vida. Si bien es cierto que logró la gobernación de cinco provincias, pero la reconfiguración política es inevitable en todos los espacios. Las eventuales medidas que tomará la nueva gestión, según las promesas y anuncios de campaña, no auguran nada bueno para los trabajadores, las pequeñas y medianas empresas y los organismos públicos, desde la educación hasta la salud y las empresas estatales. Tampoco hay un buen pronóstico para relaciones internacionales que resulten beneficiosas para el país. El futuro es incierto. Ahora más que nunca, la esperanza debe estar centrada en lograr consensos democráticos y no volver, luego de cuatro décadas, a una segunda coalición cívico-militar tan destructiva como la que comenzó en 1976. Y, por cierto, analizar que Milei no llega a donde la ciudadanía lo puso por sus virtudes sino por errores de la dirigencia en su conjunto.
Hay que ver el gesto del secretario de Estado, Antony Blinken, cuando el presidente Joe Biden responde una pregunta si se quiere insidiosa de una periodista, tras el encuentro con el mandatario chino, Xi Jinping. Está circulando en las redes y es de antología. Y eso que se trata de un avezado diplomático con años de experiencia que debió tejer pacientemente una limitada y a la vez esperanzadora reunión de los líderes de las dos potencias predominantes del momento. Los que tienen en sus manos la responsabilidad histórica de que el mundo no se termine de ir al demonio por pujas globales.
Así lo entendieron en Washington, cuando a través de los cuadros medios de la cancillería estadounidense, esa que comanda Blinken, le hicieron saber a sus pares del otro lado del océano que el actual inquilino de la Casa Blanca quería que Xi se diera un tiempito para asistir a la 30° Cumbre del Foro de Cooperación Económica Asia Pacífico (APEC, en inglés), un club en el que se reúnen desde 1993 los representantes de 21 países bañados por el Pacífico con el objetivo de coordinar políticas comerciales y financieras. Era la excusa perfecta para un encuentro a solas donde decirse las cosas cara a cara para limar asperezas, ante los conflictos en Ucrania y la Franja de Gaza, que podrían llegar a desmadrarse sin remedio.
La APEC tenía programada su cumbre en San Francisco. En la diplomacia de este nivel, resulta clave dejar en claro quién va al pie y Biden no quería aparecer ante la opinión pública de EE UU –y sobre todo de la oposición republicana cuando se inicia el año electoral– como el que pedía la escupidera. Pero hubo mucho de eso. Y el saldo quedó reflejado en el resultado final, que puede tener gusto a poco, pero habida cuenta del escenario internacional y el contexto de EE UU, es considerable.
«Una relación estable entre las dos economías más grandes del mundo no sólo es buena para esas dos economías sino para el mundo», declaró Biden al finalizar un encuentro de algo más de 35 minutos que se realizó en la finca Filoli, a unos 50 kilómetros de San Francisco y donde se filmó la serie Dinastía en los años 80. Todo un mensaje.
Biden agregó que se había acordado que China controlará el flujo de los precursores químicos del fentanilo, que causa estragos en EE UU, y que se retomarán los contactos entre las fuerzas armadas de ambas potencias.
Xi fue más didáctico y dijo que en el futuro China y EE UU tienen dos opciones: cooperar para promover la seguridad y la prosperidad globales o aferrarse a una mentalidad de «suma cero», provocar rivalidad y llevar el mundo hacia la agitación y la división. También marcó la cancha: «China no tomará el viejo camino de la colonización y el saqueo, ni el camino equivocado de buscar la hegemonía con fuerza creciente. No exportará su ideología ni participará en actividades de confrontación ideológicas con cualquier país». Para China, repitió, Taiwán es una línea roja: «la reunificación es imparable», insistió. En un intercambio con empresarios, Xi apareció rodeado de CEOs de las más grandes corporaciones, que lo aplaudieron a rabiar. Había ejecutivos de Apple, MasterCard, Pfizer, FedEx, BlackRock.
Pero Biden siempre hace una de más y en la rueda de prensa, cuando le preguntaron si seguía considerando que Xi es un dictador, no tuvo mejor idea que decir: «Mire, lo es. Es un dictador en el sentido de que dirige un país comunista basado en una forma de gobierno totalmente diferente a la nuestra».
Blinken, entonces, se transfigura: parece que le hubieran pegado un gancho al hígado, aunque trata de no desencajarse. Búsquenlo en la web, no tiene desperdicio. Después, ante la cadena CBS, el funcionario diría: «No es un secreto que tenemos sistemas muy diferentes y el presidente habla con franqueza y en nombre de todos nosotros». Pero el daño ya estaba hecho.
La que habló posteriormente fue vocera de su par chino, Mao Ning, quien consideró que «esta declaración es extremadamente errónea y supone una manipulación política irresponsable». Pero apeló a la calma estratégica milenaria que caracteriza a su nación para concluir: «Siempre habrá algunas personas con segundas intenciones que intenten incitar y dañar las relaciones entre Estados Unidos y China».
Las últimas horas previas al balotaje del 19 de noviembre tienen un grado de tensión que no se vivía desde aquel lejano octubre de 1983, cuando la ciudadanía recuperaba la democracia tras la dictadura militar más sangrienta del siglo XX. Lo dramático es que muchos de aquellos contenidos volvieron a la mesa de discusiones de la mano de una fórmula presidencial que lleva a la cabeza a un ultraliberal y una defensora de genocidas que reivindica el terrorismo de Estado y que parece estar alcanzando vuelo propio luego del debate presidencial entre Javier Milei y Sergio Massa. Al mismo tiempo, líderes e «influencers» de todo el mundo reparten apoyos en lo que sin dudas es una apuesta global que se juega en Argentina entre ultraderechas y democracias participativas. Más allá de los análisis que se han hecho sobre el «cara a cara» entre los dos candidatos, lo cierto es que Milei tuvo que salir a morigerar ante sus comunicadores amigos algunos de los traspiés que lo dejaron expuesto y explicar lo que quiso decir en otros tramos intrincados del debate. Hay que admitir que el aparato mediático que lo apoya puso toda la carne en el asador y además de la proliferación de interpretaciones sobre causas judiciales y la avalancha de noticias falsas, el clima se hace por momentos irrespirable y no son pocos los que piden que la elección se haga cuanto antes para recuperar algo de calma. Si es que eso podrá ocurrir desde el próximo lunes.
Avanzada negacionista Por lo pronto, se avizoran días tumultuosos si ganara Milei en vista de que nadie imagina otro escenario cuando declaró sin desdecirse que, cuanto más alto esté el valor del dólar, más fácil le resultaría enterrar definitivamente a la moneda nacional. Pero si el triunfo fuera para Massa, ¿la alianza La Libertad Avanza-PRO reconocerá el resultado de las urnas? Los antecedentes de los partidarios de Donald Trump y Jair Bolsonaro, que son los socios ideológicos de Milei-Villarruel, no son tranquilizadores. Milei y algunos de sus publicistas en los canales LN+ y TN intentan esmerilar la credibilidad del sistema electoral argentino y el mensaje de fondo es que la sociedad de urgencia de Mauricio Macri y Patricia Bullrich tenía relación con la necesidad de fiscalizar la votación, además de «civilizar» los exabruptos del libertario. En ese sentido, la solidez del sistema no estuvo en dudas en la dirigencia política, con ciertas salvedades: la lideresa de Coalición Cívica, Elisa Carrió, denunció mediáticamente allá por 2007 que le habían robado votos en la elección que ganó Cristina Fernández de Kirchner y en 2019 que en las PASO también hubo fraude en la primaria que Cambiemos perdió por enorme diferencia. Sin embargo, ni antes ni ahora las denuncias pasaron de ser una operación de prensa y nunca llegó a convertirse en presentación judicial. Algo que los responsables de la Cámara Nacional Electoral por estos agitados días repiten al cansancio. Lo reconoció incluso la excandidata presidencial Patricia Bullrich, ahora aliada con Milei, en una entrevista con el canal uruguayo Teledoce. «Uno no puede decir que en Argentina hubo fraude y nadie presentó denuncias. Pudo haber mucho en las redes, pero ningún partido dijo que había habido fraude» declaró el lunes, para desdecirse un día después en una arenga a sus partidarios en la que alentó a fiscalizar «con un cuchillo entre los dientes para defender los votos». La que estuvo también activa fue la candidata a vice de LLA, quien hasta estrenó un logo propio diferente al del partido que la cobija en su aventura electoral. Quizás su protagonismo tenga que ver con el pobre desempeño de Milei en la Facultad de Derecho de la UBA. En tal sentido, una columna de Jorge Fontevecchia, el dueño de Editorial Perfil, ensaya un enfoque por lo menos inquietante: «¿Y si el plan de Macri fuera ella?», desliza en un editorial donde analiza que Milei podría durar poco en la Casa Rosada y no solo por falta de condiciones políticas. «Macri conoce perfectamente las dificultades que tiene Milei para que su propia racionalidad gobierne sus emociones», dice, tajante. Villarruel, como es notorio, es una ferviente defensora de militares condenados por delitos de lesa humanidad y reivindica su actuación en los años de plomo. Su caso explica de por sí esa sociedad Milei-Villarruel. El plan del libertario, sin dudas, solo cierra con una represión feroz, como advertía hace no tanto la propia Carrió. En un reportaje de este martes la postulante a la vicepresidencia habló de «una tiranía», sin que le repreguntaran. Otra defensora de condenados por violaciones a los derechos humanos como Cecilia Pando fue más clara y pidió una amnistía porque «la Argentina que se viene va a tener que tomar medidas no gratas, que tal vez requieran la participación de las fuerzas armadas».
Las castas No llama la atención que en este escenario las redes se llenen de mensajes amenazadores de militares ultramontanos como el capitán retirado Iván Volante, o del procesado líder de un grupo neonazi Carlos Pampillón, que recibió un aplauso y luego un rechazo de la diputada electa Lilia Lemoine cuando le dijeron quién era. La cosplayer, como muchos de los votantes de LLA, ignoran –error del que la dirigencia también debe hacerse cargo– qué es lo que está verdaderamente en juego el domingo. En el caso de Pampillón, que llama a una insurrección contra la cúpula militar, el problema se agrava porque, al igual que Milei, reivindica a la ex primera ministra británica Margaret Thatcher. Raros nacionalismos estos que no tienen la causa Malvinas en su horizonte.
Villarruel. La candidata a vicepresidenta de Milei reinvindica a los genocidas de la dictadura cívico-militar.
Foto: @VickyVillarruel
Otro tema que podría interpretarse como contradictorio en esto de que LLA quiere terminar con «la casta» política por ser la causante de los males del país, para los que la fecha de inicio de esta tragedia va variando desde los 40 años de democracia a los supuestos 75 de peronismo o los más de 100 de la Ley Saénz Peña de voto secreto, universal y obligatorio. Como quedó expuesto en el primer debate de candidatos a vicepresidentes, Villarruel no tenía trabajo registrado hasta que llegó al Congreso como diputada, en 2021, mientras que sus primeros aportes jubilatorios son de 2018. Reconoce que la familia le bancó los gastos mientras investigaba para escribir un libro. Su padre fue el teniente coronel retirado Eduardo Marcelo Villarruel, y su abuelo materno fue el contralmirante Laurio Destéfano. O sea que su familia y ella misma vivieron y viven del Estado al que aseguran denostar. En cuanto a la «casta», en el transcurso de la campaña, el término viró de ser un brulote para toda la dirigencia política (en torno a ese eje es que Milei resultó atractivo para muchos ciudadanos) y tangencialmente para hablar de «empresarios prebendarios» para terminar segmentado al kirchnerismo, ese colectivo en el que caben todos los peronistas, y que más genéricamente aún incluye al «populismo» como la suma de todos los males. Y allí entran socialistas, comunistas, demócratas cristianos y hasta integrantes del PRO con alguna sensibilidad social; pero si se habla de empresarios prebendarios pocos hay como los Macri. Lo que debe estar claro es que las políticas ultraliberales y sobre todo la dolarización, crearían una sociedad de castas a la manera de la India, donde se cristalizarían las diferencias sin posibilidad de ascenso social. Como cayó la ficha, así quedaría congelada para siempre.
Importancia del comicio para la región En este contexto, líderes de todo el mundo tercian en la contienda argentina, lo que demuestra que no es solo una elección local. La ronda de apoyos al ultraderechista vernáculo comenzó este mismo domingo, con una carta laudatoria que firmaron Mauricio Macri; el dos veces presidente chileno Sebastián Piñera; dos exmandatarios mexicanos, Vicente Fox y Felipe Calderón; el español Mariano Rajoy; y el exgobernador puertorriqueño Luis Fortuño. También aportó su rúbrica el escritor peruano Mario Vargas Llosa, habitué de esos sectores políticos. Del otro lado, el presidente brasileño Lula da Silva no solo consideró que un triunfo de Massa es importante para la Argentina y la región, sino que lo puso en términos económicos y recordó que nuestro país es el principal socio comercial de Brasil y viceversa. «Le pido al pueblo argentino que a la hora de votar piense en Argentina, piense en qué tipo de Sudamérica quiere, qué tipo de América Latina quiere crear. Juntos seremos fuertes, separados seremos débiles», dijo en un mensaje grabado. «En Argentina se decide no solo el futuro de su pueblo sino la esperanza de América. Esperanza o barbarie deciden los argentinos. Un Milei que nos regresa a Pinochet y Videla. O un Massa que puede abrir caminos de esperanza», publicó a su turno el colombiano Gustavo Petro. «Sergio Massa, ofrece un proyecto de unidad, representa la tolerancia y el diálogo y apuesta a la convivencia democrática», dijo el actual presidente de Gobierno español, Pedro Sánchez. «Milei, de Argentina. Facho. Está hasta en contra del papa. Llama al papa comunista, porque el papa está a favor de la justicia. ¡Su paisano! Nunca, con todo respeto a Perón, a Jorge Luis Borges, gran escritor. Con respeto a ese gran futbolista, Maradona, que para mí es el mejor. Con respeto a Messi, un fenómeno, bueno, ningún argentino como Francisco, y este facho ultraconservador se le lanza», dijo el mexicano Andrés Manuel López Obrador en una de sus rondas matutinas con la prensa. Y también apoyó a Massa el expresidente uruguayo, «Pepe» Mujica: «Votaría por Massa con las dos manos», dijo en un video difundido por redes sociales.
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