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Madrid: la derecha arrasó en las elecciones y Pablo Iglesias anunció su retiro de la política

Madrid: la derecha arrasó en las elecciones y Pablo Iglesias anunció su retiro de la política

A casi exactos 10 años de aquel masivo Movimiento de Indignados que el 15 de Mayo de 2011 hizo temblar el sistema político español y catapultó a una nueva camada de dirigentes como no se veía desde el advenimiento de la democracia, una neoderecha más al borde del sistema arrasó en Madrid y al menos momentáneamente, sepultó las aspiraciones de Pablo Iglesias, uno de los fundadores de Podemos, quien anunció que se retira de la política tras este fracaso. Pero también amenaza al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, del PSOE.

El resultado de las regionales, convocadas por una arriesgada Presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, fue un triunfo aplastante del Partido Popular que con Vox gobernará cómodamente. Como datos adicionales, Díaz Ayuso superó en votos a todas las agrupaciones de izquierda juntas y Mas Madrid -el partido surgido en torno de la ex alcaldesa de la capital, Manuela Carmena y de Iñigo Errejón, cosechó los mismos asientos que el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), lo que deja en difícil posición a Sánchez. El sueño del gobierno de izquierda mas avanzado desde la Segunda Republica parece haberse diluido apenas una década después de que la crisis inmobiliaria pusiera los fundamentos de la economía española contra las cuerdas.

El año 2008 mostró a la población de muchos países, desde Europa a Estados Unidos, lo vulnerables que eran las economías, sustentadas por ilusiones que se esfumaron como una nube de humo ni bien algunas de las variables financieras se fueron de cauce. Así fue que Barack Obama pudo llegar a la Casa Blanca con promesas de cambio que en la realidad no confirmó.

De un lado y otro del Atlántico, la solución del sistema fue inyectar millonadas… para salvar a los bancos. A pesar de lo cual quedaron en el camino grandes instituciones como Lehman Brother, Fannie Mae y Freddie Mac. En España cayeron bancos como el Popular y las cajas de Cataluña, Madrid y Bancaja, entre otros, que terminaron en el Bankia, que protagonizó otros escándalos de la mano del ex titular del FMI Rodrigo Rato.

En un contexto dramático de desalojos por falta de pago de los poseedores de créditos hipotecarios, fueron apareciendo un puñado de jóvenes formados en la Universidad Complutense de Madrid como Pablo Iglesias, Iñigo Errejón y Juan Carlos Monedero. Con una visión muy cercana a los gobiernos latinoamericanos progresistas de la época, como Hugo Chávez, Lula da Silva, Evo Morales, Rafael Correa y Cristina Fernández. Y una crítica mordaz al desmantelamiento de las políticas sociales.

En las calles, mientras tanto, la rabia crecía y floreció un Movimiento de Indignados, seguidores de las ideas de Stephane Hessel, uno de los redactores de la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948, que planteaba una insurrección pacifica en defensa de los valores que habían forjado la Europa del Estado de Bienestar posterior a la guerra.

El 15 de mayo de 2011 llenaron con sus reclamos la Puerta del Sol, el centro neurálgico de la capital española. Un par de años después, Podemos empezaba a dar batalla en la arena política como una amenaza contra el “sistema de castas” en la que la dirigencia del PSOE y el PP se repartían los cargos pero seguían la misma política de recortes neoliberales en perjuicio de las mayorías.

Así fue que la ex jueza Manuela Carmena ganó la alcaldía de Madrid en 2015, el año de gloria de ese movimiento progresista en todo el país, que dio triunfos en los principales distritos. Pero hubo una división fatal para esa agrupación entre Errejón e Iglesias que impidió la reelección de Carmena en 2019.

A pesar de eso, Iglesias logró una alianza con Sánchez para voltear al conservador Mariano Rajoy y abrirse a una alianza que finalmente el año pasado prosperó, luego de dos elecciones sin un claro triunfador, en el gobierno que Unidas Podemos integra.

El resto es historia más reciente. Iglesias se bajó en marzo y decidió jugarse a todo o nada en el barro madrileño. Se sabía que Díaz Ayuso tenía todas las de ganar y que por eso disolvió la Asamblea y llamó a elecciones anticipadas. La crisis de las izquierdas favorecía su apuesta y no se equivocó. Además, desde la crisis catalana, la derecha española se volteó cada vez más hacia posiciones ultras.

Ver más información acá: Madrid va a las urnas con los ánimos caldeados

Al cierre de esta edición, el PP lograba 65 de los 138 escaños en el parlamento, apenas a cuatro de la mayoría para presidir la comunidad nuevamente. Torció tanto a la derecha que casi se adosó a los neofranquistas de Vox, que obviamente le adelantaron el apoyo que necesitará.

Por el otro lado del espectro político, el PSOE, con Angel Gabilondo, obtuvo su peor resultado en años, con apenas 24 asientos, igualado con Mas Madrid. El partido de Iglesias trepó a los 10 espacios, tres menos que Vox. Lapidario, el profesor de Ciencias Políticas de la UCM anunció un paso al costado. Asumió el costo político de la derrota y lo explicó así: “cuando uno deja de ser útil, tiene que saber retirarse”. al cargo del partido queda la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz.

¿Es el retiro definitivo? Quien sabe. A los 42 años es difícil que Iglesias pueda renunciar a su pasión. Pero el momento no le da ocasión de otra cosa.

Tiempo Argentino, 4 de Mayo de 2021

Madrid va a las urnas con los ánimos caldeados

Madrid va a las urnas con los ánimos caldeados

Los madrileños van este martes a elecciones en medio de intimidaciones políticas que no se vivían desde el retorno de la democracia y con la sensación de que la polarización ideológica logró barrer debajo de la alfombra gran parte de las miserias de sectores de la dirigencia que se postulan a presidir la Comunidad, de 6,8 millones de habitantes y la segunda más rica de España.

Si las encuestas no yerran por mucho, la actual presidenta Isabel Díaz Ayuso logrará una mayoría suficiente como para quedarse en el cargo en alianza con la ultraderechista Vox. Si se atiende a las declaraciones de ambas fuerzas, no hay demasiada diferencia y sería la alianza natural.

Vox lleva como candidata a Rocío Monasterio, hija de un acaudalado terrateniente cubano exiliado tras la Revolución, y ella, arquitecta, haría empalidecer a algunos “gusanos” de Miami por percibir señales comunistas en cualquier expresión social. Se hizo viral su violento cruce con Pablo Iglesias en un debate televisivo. Díaz Ayuso, a su vez, no tuvo empacho en afirmar que “si nos llaman fascistas es que estamos haciendo las cosas bien”.

Clima de época, la aparición de Vox –la agrupación neofranquista de Santiago Abascal– inclinó el amperímetro del debate público legitimado desde los Pactos de La Moncloa, de 1977, hacia límites peligrosos para la convivencia. La coexistencia pacífica entre el PSOE y el PP, al menos en las primeras décadas de la transición democrática, llevó crecimiento y desarrollo a un país que salía de una cruenta dictadura.

Pero la crisis económica de 2008 golpeó primero en España. Eso, sumado a los escándalos de la monarquía y a los casos de corrupción en la dirigencia política, sobre todo en el conservador Partido Popular, crearon las condiciones para la emergencia de un partido de corte populista a la manera latinoamericana, Podemos, crítico por izquierda del statu quo. La competencia de centro provino de Ciudadanos, ahora al borde de la extinción. Vox, por ultraderecha, fue la frutilla del postre.

Díaz Ayuso, una impetuosa especialista en comunicaciones nacida el mismo año de la Constitución, 1978, llegó al poder en agosto de 2019 tras una maniobra para impedir la investidura del socialista Ángel Gabilondo. En una temeraria decisión, el 10 de marzo disolvió la Asamblea de Madrid y llamó a elecciones. Usó cada recoveco legal para que los comicios cayeran un martes, con lo que la participación probablemente sea menor. Pero por lo que muestran los sondeos, no le irá mal ya que se augura que el PP quedará a media docena de escaños de la mayoría. Con la ayuda de Vox, estará en condiciones de formar un gobierno a su gusto.

Las izquierdas –el PSOE, Más Madrid y Unidas Podemos– quedarían atrás del PP, que viene gobernando la Comunidad desde 1995 en forma ininterrumpida. Un milagro inestimable si se tiene en cuenta que los cinco presidentes anteriores terminaron todos procesados por distintos casos de corrupción. En el PP algunos dirigentes tienen más prontuario que currículum. Incluso la expresidenta madrileña Cristina Cifuentes renunció en 2018 cuando se divulgó que su master en la Universidad Rey Juan Carlos era trucho.

Iglesias, vicepresidente de España en alianza con Pedro Sánchez, se bajó del cargo en marzo para dar pelea en la capital. En ese sector quedaría tercero, detrás de Gabilondo, que vuelve por la revancha. El PSOE apuntaba para más al principio, pero los apoyos fueron para Más Madrid o se diluyeron. Diferencias entre los máximos líderes de Podemos, Iglesias e Íñigo Errejón, terminaron beneficiando a la derecha en 2019 y Carmena perdió la reelección a pesar de una gestión que todos indican encomiable. Lo peor, alejaron la posibilidad de derrotar al PP, que siempre termina gobernando la Comunidad aún con máximos del 30 por ciento.

Estas últimas semanas de campaña fueron de órdago. Iglesias denunció haber recibido una carta con balas a su residencia. Otros dirigentes también denunciaron haber recibido “regalos” amenazantes por correo. Una forma quizás de disimular un elefante en medio de una manada. En todo caso, la campaña giró de “comunismo o libertad”, como proponía la presidenta de la Comunidad, a “fascismo o democracia”.

PRINCIPALES CANDIDATOS:

ISABEL DÍAZ AYUSO

Foto: @IdiazAyuso / Twitter

Licenciada en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid y con un Máster en Comunicación Política y Protocolo, esta oriunda de Chamberí, a los 42 años demuestra un sólido conocimiento de los entresijos de la política madrileña. Estuvo a cargo la página web y las redes del PP y fue jefa de la campaña digital de Cristina Cifuentes en 2015 y tras la crisis en el partido, fue descollando con una fuerte personalidad y su disposición a correr riesgos. En 2019 fue electa presidenta de la Comunidad y en medio de la pandemia, encabezó el rechazo a las restricciones ordenadas desde el gobierno central. Para una ciudad que depende en grandísima medida de visitantes exterior, eso le granjeó la simpatía de sectores ligados al turismo. De allí que se juegue mucho este martes, de cara a liderazgos en la interna partidaria. A falta de opciones por la derecha institucional, Díaz Ayuso se ve cruzando de la Real Casa de Correos, alli frente a la Puerta del Sol, hasta el Palacio de La Moncloa. “Yo no voy a pactar con el desastre, que es lo que es el PSOE. Son una calamidad para España”, dice como en letanía,

ANGEL GABILONDO


Descendiente de una familia numerosa en la que entre sus nueve hermanos hay periodistas, médicos de renombre, religiosos y empresarios, tuvo una formación católica con los Corazonistas de San Sebastián, donde nació en 1949. Pero fue sopesando sus fundamentos tras cruzar la puerta de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Madrid, de la que egreso en 1980 y en la que dio clases y llegó a rector. Desde ese lugar dirigió instituciones vinculadas primero a la enseñanza superior de la capital española y luego de todo el país, Fue ministro de Educación con José Luis Rodríguez Zapatero, el más socialista de los jefes de Gobierno hasta Pedro Sánchez, también del PSOE. No es la primera vez que compite por la Comunidad. En 2015 perdió contra Cristina Cifuentes, quien luego renunció por escándalos varios. En 2019 obtuvo más votos para la presidencia, pero no logró urdir alianzas suficientes para la investidura. Ahora espera, con un estilo sosegado y si se quiere desangelado, poner fin a 26 años de gestión conservadora. Los astros no parecen estar de su lado, pero nunca se sabe.

Tiempo Argentino, 2 de Mayo de 2021

El virus de la polarización

El virus de la polarización

(Barreto/AFP/Dachary)

Abogado y economista, Ernesto Samper Pizano fue el último secretario general de la UNASUR, presidente de Colombia entre 1994 y 1998 y uno de los máximos referentes del Grupo de Puebla. Descendiente de una de las familias más tradicionales de Colombia, que alumbró intelectuales y dirigentes políticos desde la época de la colonia, comparte lazos afectivos muy fuertes con Argentina junto con su hermano Daniel, autor de libros con el luthier Jorge Maronna. En una charla por Zoom a horas de la segunda vuelta en Ecuador en la que ganó el conservador Guillermo Lasso y la primera en Perú, Samper consideró que en la región «hay un virus peor que el del COVID-19: el de la polarización ideológica», que la derecha utiliza «para pescar en el río revuelto de la izquierda dividida». Y señala que las oligarquías latinoamericanas, «siguen todavía con el cordón umbilical amarrado al programa de Trump».
–Se aleja la posibilidad de que la UNASUR vuelva a Quito, ¿verdad?
–Desde la Casa de la Patria Grande, en Buenos Aires, estamos montando programas sectoriales como el tema de la salud y podemos sobrevivir en la medida en que vayan concretándose espacios progresistas en la región. El Grupo de Puebla ha acordado trabajar en la CELAC, que es el organismo al que están concurriendo todos los países. Es una pena que no vayamos a poder utilizar la sede de UNASUR en la Mitad del Mundo a menos de que el nuevo presidente de Ecuador decida volver a considerar a Quito como la capital de la Integración. Pero no sería una reunión de países contra Venezuela y a favor de la agenda que impulsaba Donald Trump. Así es la democracia, tenemos que aceptar los resultados y también aprender las lecciones y es que hay un virus peor que el del COVID-19 y es el de la polarización ideológica, que es el arma que está utilizando la derecha para que la gente no concurra a las elecciones a escoger entre distintas alternativas políticas sino para decidir sobre un enfrentamiento que se plantea de manera violenta con el apoyo de los poderes fácticos que han venido reemplazando en la región a los partidos políticos.
–La sensación es que Donald Trump le facilitó la tarea a Joe Biden con la destrucción de organismos regionales.
–No hay que tener una visión tan pesimista. Hay vientos progresistas que soplan sobre la región. La elección de López Obrador en México, Alberto Fernández en Argentina, la posibilidad de una Constitución antipinochetista en Chile, habrá un candidato de centroizquierda en la segunda vuelta de Perú. La llegada de Biden representa una bocanada de oxígeno político para la región. Hay señales de que va a desradicalizar las relaciones de Estados Unidos con América Latina. Debemos aceptar que este tipo de episodios como el de Ecuador no son retrocesos sino tropiezos que se presentan en el camino de recuperar la gobernabilidad progresista en la región.
–¿Cómo cree que impactó el uso de herramientas como el lawfare y las fake news a través de las redes en el voto en Ecuador?
–Es evidente que Andrés Arauz compitió en las más difíciles circunstancias. Hasta último momento se discutió la legitimidad de su candidatura y padeció acciones hostiles en materia electoral, la persecución de Rafael Correa, la intervención desvergonzada del fiscal colombiano en los asuntos internos de Ecuador para tratar de vincularlo con el narcotráfico y el terrorismo en Colombia. No fue propiamente una campaña limpia. Estuvo llena de obstáculos, llena de sobresaltos, de zancadillas, esto nos debe llevar a reflexionar a los sectores progresistas sobre cuál es el sistema democrático en el que nos estamos moviendo. Las guerras jurídicas que ocurren en Argentina o Brasil muestran que hay enemigos poderosos que debemos enfrentar en esas condiciones, con los fiscales convertidos en actores políticos.
–Los medios de comunicación concentrados también son enemigos poderosos.
–A esto llamaba poderes fácticos, que son nuevos actores políticos que hacen política sin responsabilidad política, dentro de los cuales están los grupos económicos, los grupos comunicacionales, las ONG internacionales, los jueces y fiscales convertidos en protagonistas mediáticos y hasta las agencias calificadoras de riesgo. Si no abrimos los ojos a estas dificultades vamos a tener lo que se vivió en Ecuador: un enfrentamiento de una derecha polarizada apoyada por estos poderes fácticos y una izquierda dividida y fragmentada, huérfana de cualquier acceso mediático y defendiéndose como gato panza arriba en las redes sociales.
–En lo personal usted ha sufrido este tipo de situaciones y ahora aparece convocado a declarar en relación con el asesinato del dirigente político Álvaro Gómez Hurtado en 1995.
–Esto forma parte del folclore nacional. En Colombia también hay un Gobierno de derecha y un fiscal de derecha y hay unos organismos oficiales que están detrás de los mismos intereses. En Colombia las causas contra los expresidentes no se tramitan en la Justicia ordinaria. Se hacen a través de las comisiones de acusación del Congreso y ese es el escenario por el que debo responder por todos mis actos de gobierno. No he sido convocado ni siquiera en condición de investigado. Simplemente es un tema que produce efecto mediático como para que aparezca la inquietud de si voy a algo a lo que no tengo que ir.

(Horacio Paone)

–Hablando de Colombia, la situación sobre los acuerdos de paz parece bastante dramática: siguen asesinando militantes y dirigentes.
–Digamos que el vaso de los acuerdos de paz esta a medio llenar. La parte que está llena es la de que se desmovilizaron 12.000 combatientes. También que se creó una Justicia para la paz donde hay una comisión de la verdad, una jurisdicción de paz, una búsqueda de personas desaparecidas. A pesar de todos los intentos de este Gobierno (el de Iván Duque) por derribarlo, por quitarle recursos y posibilidades de acción y gracias al respaldo de la comunidad internacional, este acuerdo sigue funcionando. La parte que está vacía del vaso es que el Gobierno no ha puesto ningún interés en la protección de los sectores que deberían estar beneficiados por los acuerdos: no ha hecho una entrega de tierras, no ha reparado adecuadamente a las víctimas y está destruyendo los cultivos ilícitos de manu militari cuando lo que se convino en La Habana es que deberían ser sustituidos a través de un proceso voluntario. Todo esto sumado a la presencia del narcotráfico en algunas regiones. Tenemos la sensación de que el vaso está más desocupándose que llenándose. Es preocupante porque nos queda un año de un Gobierno que no cree en la paz, no cree en los acuerdos, y no está dispuesto a hacer nada para dar el paso de reactivar las conversaciones con el ELN, que en este momento está sentado a la mesa en La Habana esperando a que llegue alguien a negociar.
–La situación sanitaria en la región es preocupante y eso también hace lamentar la parálisis de la integración latinoamericana.
–Tenemos el 8% o el 9% de la población mundial, el 30% de los contagios y el 28% de las muertes. Hay casos atípicos como Brasil, que ha tenido un manejo desafortunado de la pandemia, como lo tuvo Trump. En términos generales podríamos decir que estamos pagando el costo de haber privatizado la salud en muchos países, de haber abandonado los programas epidemiológicos que se habían conseguido a través de mecanismos como el Instituto de Salud de UNASUR, y la presencia de un sector informal que supera el 50% de personas para las cuales medidas como el aislamiento no las aísla solo del virus sino de la comida, del trabajo y de la vida misma. Esa es una diferencia con lo que ocurre en Europa. Allí hay sectores formales, subsidios, canales que no los tenemos. Registramos estos niveles de contagios porque la gente esta saliendo para comer. Para sobrevivir.
–¿No cree que la dirigencia europea muestra mayor interés en el cuidado de sus habitantes, que las oligarquías locales que se inclinan más por salidas a lo Bolsonaro?
–Es que en muchas partes estas oligarquías ya se vacunaron en EE.UU. y eso establece un contraste con lo que está pasando en la región. Pero a mí me parece que Europa ha sido una de las regiones más desafortunadas en el manejo de la pandemia. Cada país se ha comportado con un nacionalismo sanitario que va en contra de todas las declaraciones políticas de unidad europea. Alemania cerrando totalmente sus fronteras, quitando el acceso a respiradores a cualquier país, las decisiones de prohibir la exportación de vacunas, la falta de capacidad de países como Francia e Italia para iniciar un proceso de vacunación masiva, han probado la incapacidad total de Bruselas de poner en marcha una solución a la más grave crisis que haya tenido la integración europea en muchos años. Aunque aquí tampoco hemos sido capaces de poner en marcha mecanismos conjuntos, existen por lo menos unas bases de solidaridad que se están haciendo presentes en muchos países. Si nosotros hubiéramos logrado, como hemos pedido en el Grupo de Puebla, que las vacunas se convirtieran en bienes universales –es decir, de libre acceso a costos aceptables o a la concesión de licencias obligatorias para poder clonar las vacunas– no estaríamos en la situación en que hoy día estamos. En Colombia se están planteando reformas tributarias con las cuales los contribuyentes van a ser las víctimas de la pandemia. Van a ser los pensionados, los asalariados, los desempleados los que van a tener que pagar más impuestos dentro de este concepto neoliberal de que lo que hay que hacer es quitarle impuestos a los de arriba para que generen más empleo.
–Joe Biden y su secretaria del Tesoro, Janet Yellen, anunciaron planes que hacen hincapié en lo contrario, en que la rebaja de impuestos en verdad no ha generado puestos de trabajo.
–Exacto. Y a mí me llama la atención que las oligarquías latinoamericanas, que están siempre tan dispuestas a imitar lo que haga el presidente de EE.UU., en este caso no lo están siguiendo. Y no lo hacen porque tienen una concepción de derecha que va más allá de sus afectos por el señor Biden. Siguen todavía con el cordón umbilical amarrado al programa de Trump. Hay dos maneras de salir de esto: reduciendo gasto social y el déficit fiscal, que es la vía neoliberal que ha fracasado, o imitar el modelo de Keynes en los años 30 cuando puso dinero en el bolsillo de los consumidores para que a través del aumento de la demanda se pudiera reactivar la economía. Es la única forma sensata de hacerlo. Que eso implique que haya que buscar otras fuentes de financiación sí, pero no puede ser lo único ponerle un impuesto a la clase media para sacar a un país de la crisis. Nosotros seguimos encasquetados en el modelo neoliberal y eso es lo que nos va a reventar realmente.

«El mío fue un gobierno social»

–Usted forma parte de una de las familias más tradicionales de Colombia, sin embargo tiene una visión del mundo diametralmente opuesta a la de la oligarquía.
–No hay que confundir oligarquía con aristocracia. Nosotros somos más aristócratas que oligarcas. No nos distinguen por grandes cantidades de dinero o patrimonio sino por tareas que hemos venido cumpliendo en favor de la sociedad. Yo podría decir que mi cercanía a esas oligarquías desde mi condición aristocrática me ha permitido conocer las entrañas del monstruo. Y precisamente si algunas dificultades he tenido con las oligarquías de Colombia y de Estados Unidos es que pensaban que yo era una especie de oveja negra en el rebaño de los oligarcas blancos. Por eso soy atípico en ese sentido y lo son los de mi familia que han estado trabajando… Mi abuelo que formó una biblioteca, mi hermano que no solamente es admirado en Argentina, sino que uno de sus sueños era haber nacido en Argentina. Porque es un fanático del fútbol, de Les Luthiers, de la carne. Yo creo que una de sus grandes tragedias es no haber nacido argentino. Ahí estamos y así se explica por qué sabemos dónde hay que aplicar el dedo en la llaga.
–¿Qué tipo de padecimientos sufrió por ser oveja negra?
–Obviamente la incomprensión de los poderes oligárquicos colombianos, que han llegado a armar una conspiración para tumbar a mi gobierno, que ha sido quizás el último gobierno social que ha existido en Colombia. No lo digo yo, lo dicen las cifras. Llevamos la salud de 8 millones a 23 millones de personas que hoy día se están beneficiando de esos canales para salir de la pandemia. Eso ha implicado una reorientación del gasto público y una diferencia con EE.UU. que se mantuvo hasta el final de mi gobierno. El mío no fue muy complaciente con EE.UU., fue un gobierno social, soberano e independiente y eso es algo que cuesta en América Latina.
–Lo llamativo es cómo hizo para llegar a la presidencia, siendo que a los progresistas les cuesta todo mucho más.
–Hubo una coyuntura histórica. El Partido Liberal que yo integraba, era más un partido socialista que un partido liberal en términos europeos, con una larga tradición histórica y alimentado por realizaciones de movimientos sociales, reformas agrarias, sindicatos. Era una especie de peronismo a la colombiana. Ese sentimiento se expresó durante muchos gobiernos liberales. Yo creo que fui el último presidente de ese peronismo colombiano de mitad del siglo. Después llego Álvaro Uribe y todo voló como en átomos y hoy día tenemos una gran fragmentación y eso es lo que aprovecha la derecha para pescar en el río revuelto de la izquierda dividida.

Revista Acción, 1 de Mayo de 2021