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Bailando en la cubierta del Titanic

Bailando en la cubierta del Titanic

Que los líderes mundiales no hayan escuchado las advertencias de la OMS sobre la posibilidad de una pandemia no debería llamar la atención. Es una característica de los tiempos que corren y hasta quizás forme parte de la condición humana.

Por decirlo sencillo: si se atendiera al riesgo de muerte, nadie fumaría. Y aún cuando cada paquete muestra las dramáticas consecuencias del cigarrillo, la autocomplacencia se justifica entre “a mi no me va a pasar” y “un día de estos dejo”.

El sistema capitalista se funda sobre la apropiación irracional de la naturaleza. Y las alertas por el medio ambiente no vienen de ahora. Se diría incluso que la encíclica Laudato SI, de Francisco, llegó bastante tarde.

Así como el fumador es negacionista, las dirigencias políticas, pero fundamentalmente los grupos económicos que marcan la cancha, niegan el resultado de la devastación de los recursos naturales. Se caería el sistema si lo aceptaran.

Peor aún, la ola ultraderechista que se extiende sobre el mundo en la última década tiene raíces creacionistas. Algo que es muy evidente en gran parte de la sociedad estadounidense y en el bolsonarismo en Brasil. Esto es, los científicos son unos charlatanes, el cambio climático es sólo fake news y en última instancia, Dios proveerá.

Hasta descubrir que el iceberg no era penas un pedazo de hielo. Mientras todos, confiados, bailaban en la cubierta del Titanic.

Tiempo Argentino, 5 de Abril de 2020

Brasil: Bolsonaro no se va, pero cada vez conduce menos

Brasil: Bolsonaro no se va, pero cada vez conduce menos

Formalmente, el presidente sigue siendo Jair Messias Bolsonaro.

En la práctica, y a medida que el coronavirus se expande sobre la población, las decisiones políticas en Brasil corren menos por cuenta del excapitán del Ejército que por el general Walter Souza Braga Netto, ministro jefe de la Casa Civil desde el mismo día de su pase a retiro, el 29 de febrero pasado.

Si bien la información no es oficial, el tembladeral del gobierno federal a partir del negacionismo de Bolsonaro sobre los efectos del Codiv-19 -al que llamó “gripecita”- hacía prever que la situación del ultraderechista no era clara ni sostenible por el establishment brasileño.

Este descontento creció a raíz del enfrentamiento con los gobernadores que, ante la postura de Brasilia, fueron tomando por las suyas las recomendaciones de la OMS sobre aislamiento preventivo. Los más visibles fueron los cruces con el paulista Joao Doria y el carioca Wilson Witzel, dos aliados de Bolsonaro para las elecciones de 2018 que, si bien son de derecha, no comparten el fundamentalismo religioso del presidente. Y tampoco están dispuestos a comer vidrio.

Este miércoles DefesaNet, un portal creado por Nelson Francisco Düring -un periodista ligado a la industria militar con data normalmente certera sobre lo que ocurre dentro de los cuarteles- publicó que tras un acuerdo de la cúpula militar de la que habrían participado los nueve ministros militares del gobierno y el presidente de la república, se acordó que Braga Netto, en un cargo comparable a nuestro jefe de Gabinete, sería jefe de Estado Mayor del Planalto o, mejor dicho, el presidente operacional de Brasil.

Su misión sería comandar la crisis sanitaria y “arrojarse sobre las granadas” que a cada paso hace estallar el mandatario.

Bolsonaro -que cuenta con sus tres hijos como promotores de un ejército de trolls en las redes- privilegia mantener la actividad económica del país por sobre la opinión de la dirigencia política y las directivas de la OMS. Comparó estos días al coronavirus con una lluvia “que va a mojar al 70% de la población” y que en consecuencia matará a muchos brasileños. “Pero todos vamos a morir algún día”, filosofó.

Además de los gobernadores -que al unísono decidieron tomar medidas por su cuenta-, Bolsonaro está de punta con los presidentes de ambas cámaras del Congreso, a los que esta semana se sumó el Supremo Tribunal de Federal, cuando los magistrados establecieron apurar las denuncias contra el presidente por su actitud frente a la pandemia. Ya tiene denuncias de un grupo de abogados en el tribunal de La Haya por crímenes contra la humanidad.

El mandatario también puso entre sus enemigos al ministro de Salud, Luiz Henrique Mandetta, un médico que intenta desde ese campo minado que es el Gabinete cumplir con la Organización Mundial de la Salud. Las diferencias entre ambos son públicas y una encuesta de Datafolha reveló que el 76% de los brasileños aprueba la gestión de Mandetta.

El dato alarmó al excapitán, que le pidió la renuncia el sábado pasado. Mandetta, según trascendió, está harto, pero desde la dirigencia política le dijeron que si se va, todo empeoraría. La respuesta ante el ultimátum del presidente fue que no iba a renunciar, que si se lo quería sacar de encima, que lo eche y asuma el costo político.

La solución

Como indicio del clima, la revista Istoé, una de las más influyentes en las capas medias de ese país, publicó este viernes una tapa con la foto a toda página del vicepresidente y una frase contundente: “La solución Mourao”. Este apoyo desembozado al general Hamilton Mourao en la edición del número 2621 del semanario coincide en forma y contenido con el de la portada de la edición 2382, del 29 de julio de 2015.

El título, con una foto al corte del vicepresidente, era “La solución Temer”. Un año después, Dilma Rousseff era destituida en un juicio político y reemplazada por Michel Temer.

La explicación de DefesaNet para calificar a esta movida excede la crisis sanitaria. “La prensa ansiosa de una crisis institucional -dice- junto con las oligarquías estaduales y la oligarquía del Congreso, no tiene el apoyo de los empresarios y del sistema financiero”. Y agrega: “Esto disparó el inicio de la crisis especulando contra el real y en la bolsa, y ahora percibe que el riesgo de un posible crash bancario por la total insolvencia de los clientes no puede ser descartado”.

La respuesta militar es encarrilar la situación hasta superar este momento con un estratega que ya mostró experiencia en situaciones límite. Fue coordinador general de la asesoría especial para los Juegos Olímpicos que se celebraron en Río de Janeiro en 2016 y dos años más tarde, con Temer en el gobierno, interventor en la Secretaría de Seguridad carioca, para combatir una ola de delitos en la excapital brasileña. En 2019 asumió como jefe del Estado Mayor del Ejército y hace unas semanas es jefe de la Casa Civil, para apagar otro incendio en esa cartera generado por Onix Lorenzoni. Lo definen como un lector del teórico prusiano Carl von Clausewitz, al que suele parafrasear: “La Política es la continuación de la Guerra por otros medios”. Lo definen como un lector del teórico prusiano Carl von Clausewitz, al que suele parafrasear: “La Política es la continuación de la Guerra por otros medios”.

Tiempo Argentino, 5 de Abril de 2020

La infaltable guerra de Trump para echar sombra sobre otros problemas

La infaltable guerra de Trump para echar sombra sobre otros problemas

Donald Trump enfrenta un momento clave de su gestión, con la explosión de contagios de coronavirus al acecho tras haber ninguneado sus consecuencias durante semanas. Pero como buen seguidor del “manual de instrucciones para tiempos de crisis de la Casa Blanca”, apura medidas bélicas en un desesperado intento por cambiar de tema, cuando cada error puede afectar, como nunca antes en estos cuatro años, su reelección en noviembre. De allí que viene apurando la ofensiva contra el gobierno bolivariano de Venezuela al punto de haber anunciado un operativo naval de combate al narcotráfico que en la práctica implicaría un bloqueo a la nación caribeña. Lo que no calculó es que habría de enfrentar la resistencia -por ahora solapada- de los marinos, que tienen ya varios efectivos contagiados de Covid-19 en sus buques.

La escalada contra Venezuela no comenzó ahora. Trump profundiza lineamientos que había dejado Barack Obama, pero de un modo más brutal. Desde elevar sanciones tanto al país como a funcionarios y a los gobiernos y empresas que comercien con Caracas.

Luego, forzó la designación del diputado Juan Guaidó como presidente interino, siguiendo el modelo utilizado contra Muhammad Khadafi en Libia. Logró que 60 gobiernos lo reconocieran como único representante de Venezuela. Washington bloqueó cuentas bancarias, se apropió fondos venezolanos en el exterior y buscó cualquier alternativa para asfixiar al chavismo con la esperanza de generar un levantamiento popular.

Trump siempre dijo que para solucionar el “problema venezolano” tenía todas las opciones sobre la mesa, sin descartar una invasión.

La semana pasada el fiscal general William Barr anunció que, según una investigación de la DEA, en base a declaraciones, entre otros del mayor general retirado Cliver Alcalá, los más altos dirigentes de Venezuela lideran un cártel que comercializa droga en EE UU junto con las FARC. El exmilitar vive en Colombia desde hace dos años y fue detenido con un cargamento de armas que, dijo, iba a utilizar para dar un golpe contra el chavismo. De inmediato se anunció que EE UU ofrecía una recompensa por datos que lleven a la captura de Maduro y sus más inmediatos seguidores. Desde 15 millones de dólares por la cabeza del presidente.

Esta semana, el secretario de Estado Mike Pompeo anunció un “plan para una transición pacífica” en Venezuela. Consiste en que renuncien Guaidó y Maduro, y facilitar elecciones presidenciales sin ellos. Como ninguna de esas opciones parece haber despertado demasiada atención, se lanzó una megaoperación antinarcótico en el Caribe y el Pacífico para la cual en la Casa Blanca dicen que esperan contar con la participación de 22 países socios. Seguramente los mismos que votaron por la continuidad de Luis Almagro en la OEA a los que se agregarían Gran Bretaña y Francia.

Con lo que no contaba Trump es que en la Marina no están muy conformes con las últimas medidas de su gobierno. No lo dicen a voz en cuello, pero una fuente anónima habló con la revista Foregin Policy, una publicación de política internacional de consulta de especialistas y funcionarios de todo el mundo, para mostrar ese descontento. Están, por lo que parece, hartos de ser usados para operaciones de distracción política. Pero sobre todo están indignados por el despido del capitán Brett Crozier, comandante del portaaviones USS Theodore Roosevelt. La nave estaba en aguas japonesas cuando detectaron los primeros casos de coronavirus en la tripulación. Cuando la cifra superó los cien, se filtró al San Francisco Chronicle una carta donde Cozier reclamaba a sus jefes que tomaran medidas para evitar más contagios. «Si no actuamos ahora, no nos ocupamos adecuadamente de nuestro activo más confiable: nuestros marineros. Mantener a más de 4000 hombres y mujeres jóvenes a bordo es un riesgo innecesario y rompe la fe con los marineros confiados a nuestro cuidado «, dice la misiva. “No estamos en guerra. Los marineros no necesitan morir”, agregó. El jueves, el secretario de la Armada, Thomas Modly, le sacó el mando del portaaviones. Crozier salió por la escalerilla entre vivas de sus hasta entonces subordinados. Modly dijo que Cropzier es un oficial valiente y muy respetado pero que había cometido el error de pasar por sobre la cadena de mando. Cozier dice que la envió a 20 o 30 personas, pero no al diario El jueves, el secretario de la Armada, Thomas Modly, le sacó el mando del portaaviones. Crozier salió por la escalerilla entre vivas de sus hasta entonces subordinados. Modly dijo que Cropzier es un oficial valiente y muy respetado pero que había cometido el error de pasar por sobre la cadena de mando. Cozier dice que la envió a 20 o 30 personas, pero no al diario.

Tiempo Argentino, 5 de Abril de 2020

Trump ordena el bloqueo marítimo a Venezuela

Trump ordena el bloqueo marítimo a Venezuela

La escalada de Estados Unidos contra Venezuela pone ahora a los marines a las puertas de una invasión lisa y llana, aprovechando que los focos de la información apuntan al coronavirus, cuando en el territorio propio la cifra de víctimas de la pandemia encabeza ya las estadísticas mundiales. El bloqueo naval incluso impide el ingreso de mercadería y medicamentos al país caribeño. La semana pasada el fiscal general William Barr presentó cargos por narcotráfico contra el presidente Nicolás Maduro y un grupo de altos funcionarios del gobierno chavista y de inmediato pusieron precio a la cabeza del mandatario en 15 millones de dólares. (ver acá).

Ahora, la Casa Blanca anunció la movilización de una fuerza naval con buques destructores, aviones y helicópteros en cercanías del espacio marítimo soberano de la nación bolivariana. No sólo la actitud resulta provocativa, sino que recuerda la invasión a Panamá para detener a Manuel Noriega, en 1989.

Podés ver acá: Los archivos desclasificados de la invasión a Panamá.
Y también: Murió el ex agente de la CIA y dictador panameño.


Barr fue clave aquella vez, como abogado de la aerolínea Southern Air Transport, ligada a la CIA y vinculada también con el tráfico de drogas en el marco de la operación Irán-Contras. Ahora volvió a escena. Otro de los personajes protagónicos de aquel escándalo, Elliot Abrams, había sido desempolvado de su retiro por Donald Trump para encarar una estocada final contra Venezuela. No lo logró, pero insiste.

Podés ver acá: El golpista a cargo de derrocar a Maduro.
Y también: Áspera audiencia en el Congreso de EEUU.

El ataque contra Venezuela en este momento de crisis sanitaria en todo el mundo se hace contra la voluntad explícita incluso de países europeos, que reclaman el levantamiento de bloqueo para permitir la libre circulación de medicamentos e insumos médicos a Cuba, Irán y la propia Venezuela.El 18 de marzo pasado, el FMI rechazó un pedido de ayuda económica de Caracas para paliar la crisis sanitaria, que sin embargo no está golpeando a Venezuela -donde hasta hoy había 144 infectados y 3 muertos- como a EEUU, con 217.263 casos y 5.151 decesos, en explosivo crecimiento.

El argumento fue que como a impulso de Washington un grupo de naciones reconocen como presidente al diputado Juan Guaidó, no les quedaba claro quién mandaba en el país. Si es que estuvieran dispuestos a colaborar, lo tendrían que hacer a través de Maduro, que mantiene el poder estatal para canalizar cualquier ayuda en el territorio.Dos días más tarde de este rechazo, el uruguayo Luis Almagro fue reelecto en la OEA con el apoyo de los países que siguieron las directivas de EEUU. (ver acá). No fue el caso de Argentina ni México. Almagro es un incondicional de la administración estadounidense y ya deslizó que no tendría problemas en aceptar una invasión, algo que en América del Sur no ocurrió desde la independencia de España, desde 1810 en adelante.

La excusa de desplegar una flota para controlar los mares en una presunta operación antinarcóticos se choca, con la realidad de que el circuito de la droga no sale de Venezuela sino de Colombia y pasa por los países centroamericanos para cruzar la frontera mexicana.

Como recuerdan militantes por los Derechos Humanos estadounidenses como Roger Harris, si fuera por un interés genuino en combatir el tráfico, una buena medida inicial sería controlar el consumo en el país que más adictos tiene en el planeta: Estados Unidos.

Y luego implementar acciones contra quienes probadamente se determinó que colaboran en el proceso de esta industria tan lucrativa. Uno de ellos es el presidente de Honduras, Juan Orlando Hernández, que fue identificado en un juicio contra su hermano en un tribunal de Nueva York en octubre pasado.

Por otro lado, los datos comprobables son que el principal exportador del mundo de opio es Afganistán, un país ocupado desde 2001 por Estados Unidos y donde el comercio de ese producto es fuente de ingresos paraa miles de pobladores. Así lo atestigua el informe de la oficina de las Naciones Unidas para el combate de la droga y el crimen organizado (UNODOC).Informe drogas en Afganistán, año 2018.

Ni qué decir del país de Gabriel García Márquez, donde desde 1999 se implementó el Plan Colombia, destinado a combatir el narcotráfico. Ese país es el que con ese argumento, recibe la mayor “ayuda” militar en el continente, en dinero contante y sonante y en efectivos dispersados en las siete bases estadounidenses.

En los siguientes informes de la UNODOC se puede ver el explosivo crecimiento de los cultivos en Colombia entre 2013 y 2018, cuando pasó de 48.000 hectáreas cultivadas a 169.000, tras pasar por un pico de 171.000 hectáreas en 2017.Informe drogas en Colombia, año 2014.
Informe drogas en Colombia, año 2018.

Diosdado Cabello, el número dos del gobierno bolivariano, celebró -se entiende que de modo irónico- que el gobierno de Trump “tome acciones para controlar sus vulnerables y descuidadas fronteras de la droga proveniente del narcotráfico colombiano”. Y aprovechó para colgar ahí el comunicado de la cancillería venezolana donde expresa el repudio al ataque pergeñado desde Washington.

Tiempo Argentino, 2 de Abril de 2020