Que Jair Bolsonaro ya no tiene el poder como para desprenderse de un ministro incómodo fue más que evidente este lunes, cuando se quedó con las ganas de despedir al titular de la cartera de Salud, Luiz Henrique Mandetta. Ese día quedó también expuesto el peso decisivo del jefe de la Casa Civil, el general Walter Braga Netto, en el rumbo del Brasil. Pero esas son apenas dos manifestaciones de un proceso que tiene como objetivo final desplazar al ex capitán de la primera magistratura con el menor daño posible a las Fuerzas Armadas. Y el que se peina para esa foto de liderazgo es el general Hamilton Mourao, el actual vicepresidente y sucesor constitucional. Un militar de gran formación histórica que -por lo que deja trascender en las redes sociales – aspira a ser la continuidad de una línea imperial que concrete el sueño de Brasil Potencia.
La crisis entre Bolsonaro y los militares que apoyaron su candidatura se fue profundizando en las últimas semanas. El presidente se puso tan en contra de las recomendaciones de la OMS para luchar contra el coronavirus que hasta la organización Human Right Watch lo considera un peligro para la humanidad. Ni qué decir de los 5700 alcaldes y 25 gobernadores que al igual que las federaciones de médicos y de sanitaristas que venían alertando sobre las consecuencias de no dictar un aislamiento obligatorio para impedir la diseminación del virus.
El empecinamiento de Bolsonaro y el sector fundamentalista evangélico en que sustenta sus raíces ideológicas lo lleva a tomar actitudes de “adolescente caprichoso”. Desde asegurar que el Covid-19 es apenas una gripecita hasta pasearse entre sus seguidores sin ninguna protección o, como hizo estos días, recorrer un shopping como si nada. Solo para desafiar a los médicos.
Si bien los sectores financieros, el gran capital y los medios hegemónicos apostaron fuerte por Bolsonaro como el único modo de frenar a Lula, ahora perciben que las actitudes del mandatario comprometen al propio sistema, por mas que estén de acuerdo con no frenar la economía. Por ello ahora no verían con malos ojos un reemplazo, aunque se conforman con el rol de “reina loca” que le dejaron entre Braga Netto, los presidentes de ambas cámaras legislativas y el Supremo Tribunal Federal (STF), que ya se plantó en declarar inconstitucional un posible levantamiento por decreto de la cuarentena que impusieron los gobernadores estaduales.
Mucho se habló de que se le hizo un “golpe blanco” a Bolsonaro. Y que el nuevo jefe de operaciones, Braga Netto, es el presidente en operaciones. Todo indica que no será tan fácil convencer al ocupante del Palacio del Planalto de que resigne el cargo. Pero el poder detrás del poder es sin dudas Mourao.
Hijo de un general de prestigio y padre de un economista neoliberal, Hamilton Mourao nació en la capital de Río Grande do Sul, un territorio que alguna vez soñó con separarse del imperio de Brasil y donde también nacieron Getulio Vargas y Joao Goulart. Fue elegido como vice de Bolsonaro, según Eduardo, uno de los hijos del presidente, porque “tiene cara de cuchillo en la calavera”. Pero desconfiaron de él desde el primer día en el cargo.
El perfil oficial de Mourao dice que es artillero y fue escalando dentro del Ejército, hasta ser representante de Brasil en una misión de paz en Angola en 1997 y agregado militar en la embajada en Venezuela, entre 2002 y 2004. Integra la Logia Masónica Grande de Oriente y como defensor del golpe militar de 1964, fue castigado durante la gestión de Dilma Rousseff por declaraciones contra el gobierno siendo jefe de un comando militar. Fue clave también una frase suya en 2018 para que el STF fallara por mantener a Lula en prisión e impedir que fuera candidato.
Para saber cómo piensa, no hace falta hurgar demasiado. Alcanza con mirar @GeneralMourao en Twitter. Allí, el mismo día en que Bolsonaro que atragantó con la permanencia de Mandetta, publicó que se cumplía un nuevo aniversario del triunfo de la armada imperial contra la porteña, al mando del almirante Brown, en la batalla de Monte Santiago, en la desembocadura de Río Santiago, en Ensenada, “asegurando la supremacía naval de Brasil en el Rio de la Plata, esencial para la victoria del Imperio en los conflictos con los dictadores de la región que ocurrieron a lo largo del siglo XIX”.
Semanas antes, el 3 de febrero, había recordado otra batallas en estas tierras, la de Caseros, cuando “la División del Brigadier Manuel Marques de Souza, el Centauro de Luvas, tomó por asalto a las fuerzas del dictador Rosas, una victoria de argentinos, uruguayos y brasileños para la independencia nacional, la democracia y la paz en la región”.
También celebró el cambio de guardia en la base Antártica brasileña, una tardía estrategia para poner un pie en el continente blanco inaugurada en 1984 en el mismo sector que reclama Argentina. El 31 de marzo pasado, recordó como hito la “intervención militar” de 1964. Luego de justificarla como una necesidad ante el desorden, la corrupción y la subversión, escribió que “con la elección del general Castello Branco se iniciaron las reformas que desarrollaron a Brasil”.
Convendría aclarar que no fue una elección sino un golpe de estado.
«A donde vayamos, irá Latinoamérica»
Alguna vez el expresidente de Estados Unidos Richard Nixon lanzó una frase que sería señera para los sucesivos gobiernos brasileños: “A donde vaya Brasil, irá América Latina”. Claro que ese lema tiene sus contratiempos, porque si sirvió para sostener el giro represivo de la región en los ’70, el Brasil de Lula fue también un pívot para la integración progresista en los primeros años del siglo XXI. Que Bolsonaro es un pro-estadounidense sin fisuras no es secreto para nadie. Tanto es así que llevó al extremo el negacionismo trumpiano del cambio climático y de los efectos del Covid-19. También exageró sus críticas a China, poniendo en riesgo al principal mercado para las exportaciones primarias de Brasil. Como sea, mientras un embate contra JB crece, el gobierno de Trump busca en alguna medida sostener a su amigo del sur acelerando una asociación económica. Se trata de una continuación del ALCA, abortado en Mar de Plata en 2005. El representante comercial de EE UU, Roberto Lighthizer, anunció en Washington que ambas administraciones avanzan hacia la formulación de un Acuerdo de Comercio y Cooperación Económica entre las dos naciones en el marco de conversaciones que comenzaron en 2016, con otros presidentes a cargo de los ejecutivos.
El repentino alto el fuego unilateral en Yemen que decretó el gobierno saudita este miércoles parecía un reconocimiento del fracaso de la incursión armada en ese conflicto hace 5 años. La versión oficial es que las autoridades de la monarquía querían evitar un contagio masivo de Covid-19 en los campos de batalla, porque no hay casos reportados en ese territorio. Poco tardó en salir a la luz que el virus ya se extendió en la cúpula de la potencia petrolera. No solo eso: la información es que al menos 150 miembros de la familia real tienen coronavirus y algunos de ellos, como el príncipe Muhammad bin Salman –el hombre fuerte del régimen- debieron ser derivados a un centro de atención en una isla del mar Rojo, frente a la costa de Jeddah.
El cese el fuego se produce luego de una escalada bélica en Yemen que burló el llamado de la ONU a detener las acciones para proteger a los civiles de la pandemia. Arabia Saudita encabeza una coalición de países árabes que interviene en ese país desde 2015 en apoyo de un gobierno reconocido por una amplia gama de naciones de todo el mundo. Del otro lado está la comunidad hutie, que recibe el apoyo de Irán.
Voceros sauditas dijeron a la agencia AFP que la tregua podría prolongarse y de ese modo permitir avanzar hacia una solución más amplia a la guerra civil que generó la crisis humanitaria más grave que vive esa parte del mundo en este momento, para lo cual no dudarían en sostener una mesa de diálogo con sus oponentes auspiciada por Naciones Unidas.
Los hutíes, que controlan la capital del país, Sanaa, presentaron un documento donde señalan que para ir a una paz duradera la primera condición sería el retiro de las tropas extranjeras y el fin del bloqueo de la coalición a los puertos y el espacio aéreo yemení. Mohammed Ali al-Houthi, alto funcionario huti, publicó el plan de ocho páginas en su cuenta de Twitter.
Del mismo modo reclaman que los ocupantes extranjeros aporten el dinero necesario para la reconstrucción total del país y el pago de salarios de funcionarios estatales por una década.
La noticia del contagio masivo en la familia saudita provino de un artículo del diario The New York Times donde cuenta que el rey Salman de 84 años; el príncipe bin Salman (conocido por sus siglas como MbS) son atendidos por Covid-19 en la isla, mientras que el príncipe Faisal bin Bandar bin Abdulaziz Al Saud, gobernador de Riad y sobrino del rey, está en una sala de cuidados intensivos del Hospital Rey Faisal.
Informes de fuentes de la familia real a TNYT indicaban que en ese centro de salud se habían ya preparado 500 camas para integrantes de la dinastía, según una alerta enviada a personal médico y enfermeros.
«No sabemos cuántos casos recibiremos «, decía el mensaje, que agregaba, según el diario estadounidense, que «todos los pacientes crónicos deben ser trasladados lo antes posible», y solo se aceptarán los «casos urgentes». También se les aclaró que cualquier profesional del hospital que se reporte enfermo sería tratado en un hospital de menor complejidad para dejar espacio a la realeza.
Los problemas para la casa gobernante –y especialmente para MbS, de 34 años y el autócrata de turno- no se limitan a la desastrosa intervención en Yemen, que no marchó nunca en el sentido que le querían dar desde Riad. Superado por “olvido y prescripción” mediático política el asesinato del periodista Jamal Kashoggi en octubre de 2018.
MbS debe enfrentar la crisis petrolera que se desató tras el rechazo de Rusia a firmar un nuevo acuerdo para reducir la producción y en tal sentido, mantener los precios del crudo. Tump pulsea para defender la producción de fracking de EEUU.
Este lunes, cuando los precios del barril se desplomaron a precios que no se veían desde hace un cuarto de siglo, la OPEP +, como se conoce a la organización de países productores y a los de mayores reservas pero no alienados, dirigidos los unos por Arabia Saudita y los otros por Rusia, debían mantener una cumbre para ahora si llegar a un acuerdo que permitiera bajar la producción.
Más allá de la guerra comercial, los mercados redujeron el consumo por las medidas de aislamiento en todo el mundo, de modo que incluso lo que salía a la venta hasta principios de marzo resulta excesivo. No hubo forma de que todos acudieran a esa mesa virtual de negociaciones hace cuatro días.
Este jueves, sin embargo, la mayoría de los países de la OPEP+ acordaron sus cuotas en el marco de la reducción de la producción de petróleo, según declaró a la agencia Sputnik una fuente de una de las delegaciones. «La probabilidad de firmar un acuerdo final es alta», comentó.
La casa real de Riad fue fundada por Abdelaziz bin Saud en 1902, cuando el territorio del actual reino todavía estaba bajo jurisdicción del Imperio Otomano. Las diferencias con los mandatarios turcos eran ancestrales y ese fue un eje que supo aprovechar el imperio británico para seducir a los sauditas. En un toma y daca muy conveniente, si apoyaban a los países occidentales en su guerra contra los imperios centrales –el Segundo Reich alemán, la Rusia Zarista y los Otomanos- recibirían a cambio el reconocimiento para el dominio de los países árabes.
En 1932 Bin Saud creó oficialmente el Reino de Arabia Saudita sin haber logrado que los británicos cumplieran sus promesas. Hasta que en 1938 se descubrieron los colosales yacimientos de petróleo. La dinastía pasó a ser una de las familias más ricas del planeta y desde entonces juegan en el tablero internacional cada vez mas cerca de las potencias occidentales.
La alianza con EEUU incluye el compromiso de que las ventas de petróleo se realicen en dólares, con lo cual a falta de respaldo en oro, la moneda norteamericana se apoya en el comercio del combustible. A cambio, ninguna de las iniquidades que cometa algún miembro de la casa Saud resulta condenada en Occidente.
Como en una obra de Shakespeare, puertas adentro de la monarquía, las cuentas del poder se saldan de modo drástico. Y puertas afuera es una teocracia de la línea wahabita donde el rol de la mujer es de absoluto sometimiento al hombre, sin contar con que no rige ninguna de los derechos civiles que definen a una democracia moderna.
MbS llegó al poder en 2017 luego de dos años de puja interna con su primo Muhammad bin Naif bin Abdulaziz Al Saud. Un año más tarde saltó a la consideración pública occidental cuando hizo encerrar a 200 miembros de la nobleza saudita y un puñado de empresarios en el Hotel Ritz Carlton de Riad hasta que los “convenció” de donar miles de millones de dólares al gobierno.
En octubre de 2018 se supo que estaba implicado en el crimen del periodista. Acostumbrado a la impunidad, ni se ocupó de ocultar las pruebas de su relación con los ejecutores de Khashoggi.Nadie osaría incriminarlo, por cierto.
Pero tuvo que recular en Yemen y ahora también ante un virus que parece que se ensañó con la Corona Saudita como lo venía haciendo con la casa de los Windsor-Mountbatten en Londres, donde el príncipe Carlos padece COvid-19 y el primer ministro Boris Johnson tuvo que ser internado en una sala de cuidados intensivos.
Jair Bolsonaro hizo de todo para echar a su ministro de Salud, Luiz Henrique Mandetta. Hacía semanas que venían chocando por la forma en que el presidente quería enfrentar al Covid-19. Es decir, por la adecuación del Brasil a las recomendaciones de la OMS. Bolsonaro, ex capitán del Ejército, privilegia la actividad económica y que caiga quien caiga, porque total, «de algo hay que morir». Mandetta, médico ortopedista y ex teniente de la misma arma, coincide con los gobernadores de 25 de los 27 estados en una cuarentena estricta para evitar el contagio masivo en un país que ya tiene más de 12.000 enfermos de coronavirus y cerca de 600 muertos. (ver acá)
Este lunes todo indicaba que el mandatario iba a matar o morir. No ocurrió nada de eso. Lo que si, ahora queda más claro que Bolsonaro queda como una “Reina Loca”, con el oropel del cargo pero sin mando de tropa: los militares que gobiernan en realidad al gigante latinoamericano lo obligaron a recular.
Desde temprano, los troles en las redes sociales atronaron con todo tipo de acusaciones y denuestos contra Mandetta. Con una aprobación del 76%, el ministro es visto por Bolsonaro -y sobre todo por sus tres hijos, los “estrategas” de su imagen- como una competencia incómoda.
Ciertamente, no es de buena práctica política que constantemente el jefe del Ejecutivo desmienta a un ministro y era obvio que en algún momento la cuestión debía dirimirse para no continuar generando contradicciones en un tema tan delicado como la salud en medio de una pandemia.
A mediodía Bolsonaro llamó a una reunión de gabinete a la que no fue invitado Mandetta. Si acudieron el diputado Osmar Terra y la médica Nise Yamaguchi, una inmunóloga que dirige el Instituto de Avances en Medicina y llegó al corazón de los bolsonaristas porque es de las que aconseja aplicar cloroquina como remedio para el coronavirus. También asistió el director de la Agencia Nacional de Vigilancia Sanitaria (Avinsa) Antonio Barra Torres.
De la reunión quedó claro, para los analistas, que Mandetta estaba fuera del juego, como venía diciendo el presidente en las horas previas. “No me va a temblar el pulso para usar el bolígrafo”, amenazó, para expresar que estaba decidido a firmar la exoneración del titular de Salud.
Era tal el clima que salía del despacho del Palacio del Planalto que O Globo publicó que el nuevo ministro estaría entre Terra y Yamaguchi. El propio Terra se peinó para la foto y en un intento de hacer lobby, llamó a algunos gobernadores para anunciarles la nueva.
A la cabeza de un equipo de trols contra Mandetta, señala un artículo de la revista Forum, estuvo el empresario Winston Ling, de origen chino, un inversor nacido en Río Grande do Sul que vive en Hong Kong, donde se dedica a la importación de productos brasileños en el gigante asiático.
Desde una red de whatsapp se diseminó la falsa información de que Mandetta estaba detrás de una operación para desestabilizar a Bolsonaro junto a los presidentes de ambas Cámaras, Rodrigo Maia y Davi Alcolumbre, y el gobernador del estado de Goiás, Ronaldo Caiado.
El mapeo de los ataques, publicó Folha de Sao Paulo, fue hecho por la Directoría de Análisis de Políticas Públicas de la Fundación Getulio Vargas y apunta al millonario afincado en Hong Kong. Ling, más allá de una afinidad consistente por Bolsonaro desde antes de que ganara la elección, también necesita que la actividad económica no se detenga porque vive de las exportaciones de Brasil a China. Y también propone aplicar cloroquina para combatir el Covid-19.
El caso es que cuando Mandetta ya estaba por vaciar los cajones de su escritorio, los militares que verdaderamente ahora están a cargo de la gestión federal convocaron a una reunión por la tarde de la que participaron Bolsonaro; el ministro de Salud; el jefe de la Casa Civil, general Walter Braga Netto; y el secretario de Gobierno, el general Luiz Eduardo Ramos.
A la salida se informó que Mandetta seguía en funciones. La versión edulcorada del encuentro fue que los uniformados “convencieron” al presidente -a la sazón un militar nunca deja de serlo y en el escalafón él es simplemente un capitán retirado- de la continuidad de Mandetta.
Los medios entonces catalogaron a la situación de Bolsonaro como la de la Reina Loca. Un impiadoso recuerdo de Juana de Castilla, hija de Isabel y Fernando, los reyes católicos, casada por conveniencia con Felipe de Habsburgo a los 17 años y viuda a los 26. Impedida de ser reina por acuerdos de varones a sus espaldas, fue encerrada en el Palacio de Tordesillas como insana y en su lugar gobernó Carlos de Habsburgo, su primer hijo varón. La primogénita, Leonor, casada con Manuel I, de la Casa de Avis, fue Reina de Portugal hasta la muerte de su esposo.
Habrá que ver cómo sigue esta historia. Seguramente a Bolsonaro no lo encerrarán en un palacio, aunque para muchos es un insano. Y tampoco se quedará callado, de modo que esta historia todavía tiene mucha tela para cortar.
Entre las costumbres que se venían imponiendo a paso lento pero decidido, estaba la de la videoconferencia. Muy útil y necesaria para reuniones de directorio de empresas multinacionales o intercambios universitarios a lo largo y ancho del planeta, la pandemia convirtió a una de sus plataformas más conocidas, Zoom, en imprescindible para las clases en los tres niveles educativos y para cumbres ministeriales en gran parte de los países que decretaron un aislamiento estricto. Pero de tan indispensable, el sistema comenzó a mostrar sus vulnerabilidades y primero el gobierno de Gran Bretaña y ahora el de Nueva York prohibieron su aplicación por los problemas de inseguridad que acarrea a sus usuarios.
(Foto: AFP)
Para la gran mayoría de los ciudadanos del mundo, Zoom era un programa para expertos y el promedio de usuarios, según su creador, el chino-estadounidense Eric Yuan, no pasaba de 10 millones al día. Un éxito para un sistema nacido en 2011 y una empresa desarrolladora que recién salió a la bolsa hace un año, el 19 de abril de 2019. Pero de pronto todo explotó: En marzo hubo 200 millones de conexiones diarias. Docentes, funcionarios, sacerdotes y hasta familias tan numerosas como aisladas descubrieron la ductilidad de este sistema de teleconferencia.
La plataforma permite hasta 100 personas conectadas en directo en forma gratuita por 40 minutos y sin límite horario por una módica suma cuando la cuenta es paga. La fueron incorporando de todos loe estamentos sociales como su herramienta en tiempos de cuarentena hasta que comenzaron a aparecer denuncias en Estados Unidos. En el condado de Orange, Florida, un hombre desnudo apareció en medio de una clase virtual. En otra clase, una persona no registrada mostró un tatuaje con la cruz esvástica. Hubo intrusiones en ceremonias religiosas con imágenes pornográficas. El FBI se lanzó a investigar y encontró, según explicaron, que las sesiones en Zoom estaban siendo pirateadas con relativa facilidad.
Peor. Que la empresa Zoon Video Communicatios captura toda la información que obtenía de los usuarios -lo que incluye al docente que organiza la clase y cada uno de sus alumnos- y la comparte con terceros. En si, nada diferente de lo que Google, Yahoo, Facebook, Twitter o Microsoft hace, según denuncia del informático Edward Snowden. El caso es que se demostró que Zoom en ocasiones recurre a servidores de China, lo que implica que está en posibilidades de entregar la misma información al gobierno de ese país.
En concreto, hubo denuncias de que Zoom garantiza que sus clientes tienen la posibilidad de comunicaciones encriptadas de extremo a extremo (E2E), lo que implicaría que nadie en el medio puede acceder a la información que circula. Pero una investigación del Cotizen Lab, de la Universidad de Toronto, en Canadá, encontró que eso no es así y la respuesta de la compañía fue que “Actualmente, no es posible habilitar el cifrado E2E para las videoconferencias de Zoom”. Además, a través de la plataforma hubo una ola de ataques de trolls que dio pie a la creación de un neologismo: zoombombing.
Yuan, a todo esto, se disculpó en un mensaje público: «Apreciamos la indagación y las preguntas que hemos estado recibiendo sobre cómo funciona el servicio, sobre nuestra infraestructura y capacidad, y sobre nuestras políticas de privacidad y seguridad. Estas son las preguntas que harán que Zoom sea mejor».
Allí remite a un blog que dice: «Reconocemos que no hemos cumplido con las expectativas de privacidad y seguridad de la comunidad y las nuestras». Y agrega, con firma de Yuan: «No diseñamos el producto con la previsión de que, en cuestión de semanas, todas las personas del mundo estarían de repente trabajando, estudiando y socializando desde casa». Luego se comprometió a trabajar junto con especialistas y clientes para “concentrase en los principales problemas de confianza, seguridad y confidencialidad”.
En cuanto a los desvíos de información hacia el país asiático, Yuan señaló que algunas llamadas, “por error”, habían sido enrutadas hacia China, lo mismo que las claves de cifrado. Eso es algo que inquieta a los expertos porque parece que se trata de cifrados desarrollados en exclusiva por Zoom. En el caso de una información que circula por China, eso habilita a que Beijing exija las claves si lo desean.
“Durante las operaciones -indicó Yuan- los clientes de Zoom intentan conectarse a una serie de centros de datos primarios en la región del usuario o en su cercanía, y si esos intentos de conexión múltiple fallan debido a la congestión de la red u otros problemas, los clientes llegarán a dos centros de datos secundarios de una lista de varios centros de datos secundarios como un posible puente de respaldo a la plataforma Zoom. En todos los casos, los clientes de Zoom reciben una lista de centros de datos apropiados para su región». Si el cliente es muy avezado tal vez elija por donde pasar o no. Pero no es el común de los casos.
Yuan, hijo de un ingeniero en minas, nació en China y emigró a Estados Unidos en 1997, luego de que le hubieran rechazado la visa siete veces. Soñaba, dice un artículo de la revista Vanity Fair, con emular a Bill Gates. Su primer empleo, como matemático y programador, fue en la tecnológica WebEx, una de las primeras en estos sistemas de conexiones plurales on line. Era el programador jefe de WebEx cuando en 2007 la firma pasó a manos de Cisco.
Cuatro años más tarde, Yuan se animó a su propio emprendimiento. Un ex jefe suyo le acercó el primer dinero fuerte para desarrollar lo que luego sería Zoom. La primera versión vio la luz en 2013 y en el 2019 se presentó en Nasdaq, la bolsa de valores de las tecnológicas.
Como para empezar a rodar en ese tablero selecto, salió con una valuación de 9200 millones de dólares. El día del debut el mercado le dijo que valía 15900 millones. Con el 20% del paquete, Yuan terminó siendo más rico de lo que imaginó jamás.
Ahora, el alcalde de Nueva York, Bill Di Blasio, prohíbe el uso de su plataforma. “No vamos a poner la privacidad y los datos de nuestros estudiantes en riesgo -dijo en conferencia de prensa- es tan simple como eso”. Por ahora el Departamento de Educación recomienda a los docentes utilizar Microsoft Teams en el sistema de colegios públicos, que nuclea a un millón de alumnos. Ya la habían prohibido la NASA y escuelas del estado de Nevada.
Las acciones de Zoom perdieron valor aceleradamente pero no tanto como habían crecido sus clientes en este tiempo. En las redes circularon recomendaciones para mantenerse seguro al recurrir a Zoom para clases o reuniones de una ONG colombiana, la Fundación Karisma.
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