por Alberto López Girondo | Jul 21, 2019 | Sin categoría
Hezbollah, Partido de Dios, nació en 1982, a raíz de la segunda invasión israelí a territorio libanés. El objetivo era expulsar a las fuerzas invasoras. Fue al inicio una guerrilla de orientación chiíta que creció en el contexto de la revolución islámica triunfante en Irán, que se había producido en febrero de 1979. Luego devino en partido político. Para sus seguidores y simpatizantes, es un grupo de resistencia. Para un puñado de países alineados con Washington, en cambio, es una organización terrorista.
Pero tener un brazo armado no implica cometer actos terroristas. De tal modo, la Organización de Naciones Unidas nunca aceptó incorporarla a la lista que elabora sobre ese flagelo. De hecho, nunca se logró un consenso internacional para definir qué es terrorismo, algo básico si se quiere encuadrar un delito. Y la razón no es menor: muchas de las acciones de Estados Unidos, Israel o Arabia Saudita en el mundo podrían ser consideradas como terroristas de acuerdo a la mayoría de las definiciones vigentes en los claustros académicos.
Hezbollah cumple innumerables tareas sociales en los territorios donde se asienta. Además, tiene una cadena de televisión, Al-Manar, una de radio, Al-Nour, y una revista, Qubth ut Alla, con bastante ascendencia entre los libaneses, especialmente entre las clases populares. Actualmente cuenta con tres ministros en el gobierno de El Líbano y 13 diputados en el Parlamento.
Muchos analistas atribuyen el encono del gobierno de Donald Trump y el de Benjamin Netanyahu a que efectivos de Hezbollah fueron claves para que el gobierno de Bachar al Assad pudiera derrotar a los extremistas de ISIS, que recibían apoyo encubierto de las potencias occidentales y Arabia Saudita.
«Hezbollah no es una organización terrorista, es un partido político, con un brazo armado, formado ad hoc para combatir al invasor israelí que ocupaba –y ocupa– el Líbano desde fines de 1970 a la fecha. Que luego combatió al terrorismo en Siria para seguir defendiendo al Líbano», indica Galeb Moussa en una columna que publicó este medio.
«¿Cómo puede ser terrorista esta agrupación político-militar, cuando hay calles de Beirut que llevan los nombres de sus mártires? Y siguiendo la misma línea de interpretación. ¿Por qué no se considera así a Isis, Al Qaeda y sus patrocinadores como Israel, Estados Unidos, Arabia Saudita, Emiratos Árabes o Turquía, que promueven el terrorismo real?», se pregunta.
«Acusar a Hezbollah o a cualquier otra persona jurídica o física de ser una organización terrorista o de participar en una, sin ningún documento de respaldo de las Naciones Unidas, del Comité contra el Terrorismo de su Consejo de Seguridad y sin ningún respaldo probatorio de esa acusación producido por algún estamento estatal de nuestro país, nos pone a las puertas de un conflicto diplomático con múltiples países y de una situación de arbitrariedad interna intolerable en un Estado Democrático», argumenta Marcelo Brignoni, también desde Tiempo, apelando a la normativa jurídica que rige las relaciones internacionales.
Y recuerda Brignoni que en varias ocasiones el mismo gobierno de Mauricio Macri firmó convenios con la ONU en relación al terrorismo pero jamás se puso en la lista a Hezbollah, lo que contraría el decreto firmado por el primer mandatario en ocasión del 25 aniversario del atentado a la AMIA.
Recién en 1997 Washington incluyó en su lista negra a Hezbollah. Y para tener en cuenta: en 2015 el presidente Barack Obama, en el marco del acercamiento con el gobierno de Raúl Castro, sacó a Cuba de la lista de naciones que apoyan el terrorismo.
La política desplegada por Trump desde que llegó a la Casa Blanca fue de avance sobre Irán y apoyo irrestricto al gobierno de Netanyahu. No es posible enfrascarse en una dirección semejante en esa región sin mantener a Hezbollah como un grupo terrorista, sobre todo cuando en la guerra civil en Siria, impulsada por los países occidentales, Estados Unidos tuvo que recular a partir del apoyo de Rusia a Al Assad y de la incursión de milicianos libaneses en defensa de su gobierno.
A principios de julio, Trump amplió sanciones contra miembros de Hezbollah con participación política en El Líbano. Entre ellos, fueron castigados un funcionario de seguridad del movimiento libanés, Wafiq Safa, y los parlamentarios Amin Sherri y Muhammad Hasan Rad. Esto generó el rechazó y la protesta del presidente del Parlamento, Nabih Berri. «Los actos hostiles contra el Parlamento (libanés) sin duda también lo son contra todo el Líbano», dijo.
El primer mandatario libanés, Michel Aoun, insistió en que Hezbollah es un partido político que cuenta con apoyo de la población y que representa al chiísmo, una fe religiosa como otras que conviven en ese convulsionado país.
Entre la nueva tanda de sanciones de Trump hay penalidades económicas a parlamentarios y a la organización en general. Las autoridades de la UIF, la Unidad de Información Financiera, que investiga lavado de dinero en Argentina, se sumó a Washington y ordenó congelar activos de Hezbollah.
Hasán Nasralá, líder de la agrupación en El Líbano, aseguró este lunes que «la Administración del presidente Donald Trump busca a través de intermediarios abrir canales de comunicación con Hezbollah», y afirmó que redujo al mínimo la participación de sus milicianos en Siria. habrá que ver la reacción en Buenos Aires ante un nuevo escenario en Medio Oriente.
Tiempo Argentino, 21 de Julio de 2019
por Alberto López Girondo | Jul 21, 2019 | Sin categoría
No alcanzó a sacarlo del poder la crisis de la deuda, que dijo que sería fácil de resolver porque bastaba con la credibilidad que él iba a garantizar a su llegada a la Fortaleza –la Casa de Gobierno de Puerto Rico–, ni las denuncias de corrupción. Pero una serie de chats misóginos empujaron a una sociedad golpeada, empobrecida y humillada a salir a las calles para pedir la renuncia del gobernador Ricardo Roselló. Las multitudinarias manifestaciones contaron con la presencia de figuras relevantes del jet set de la isla, como los cantantes Ricky Martin y Daddy Yankee, el actor Benicio del Toro, y René Pérez, excantante de Calle 13, no siempre tan visibles en expresiones políticas de tanta relevancia.
El propio Donald Trump aprovechó el clima de protesta para golpear bajo la línea de flotación contra el endeble sustento político del dirigente del Partido Nuevo Progresista (PNP), que postula la anexión de Puerto Rico como la estrella 51 en la bandera de Estados Unidos. «Conozco bien a la gente de Puerto Rico y son geniales. Pero gran parte de su liderazgo es corrupto», escribió el presidente de EE UU en su cuenta de Twitter. «El Congreso de los Estados Unidos dio tontamente 92 mil millones de dólares para el alivio de huracanes y que fueron desperdiciados», añadió. Se refería al María, la catástrofe climática que sacudió al Caribe el año pasado.
Ricardo «Ricky» Roselló es hijo de Pedro Roselló, uno de los líderes del PNP que ocupó la gobernación entre 1993 y 2001. Puerto Rico tiene estatus de Estado Libre Asociado, lo que le permite tener una banca en el Congreso con voz pero sin voto. La situación es tan particular que los portorriqueños votan en las internas de los partidos estadounidenses, demócratas y republicanos, pero no pueden elegir presidente. Egresó como ingeniero bioquímico del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) y fundó una empresa farmacéutica especializada en productos contra el cáncer, la diabetes y el VIH.
Con una deuda de más de 70 mil millones de dólares, Roselló declaró la quiebra en 2017 con el objetivo de renegociar las condiciones y los montos con los acreedores. Pero nada de lo que propuso Roselló se cumplió y las condiciones para la población fueron empeorando. La tasa de pobreza es del 45%, el desempleo ronda el 15%, sólo atemperado por la emigración hacia Estados Unidos. A esto se fueron sumando las denuncias por corrupción enfocadas en miembros del Gabinete y en el propio gobernador.
Hasta que, en el contexto de marchas contra Roselló por la brutal crisis, aparecen la publicación de casi 900 páginas de chats de un grupo privado de Telegram del que forma parte el gobernador en los que revela la manipulación de las consecuencias del huracán María, el ocultamiento de muertes y la tergiversación de informes sobre la situación de la vivienda en el país.
Pero lo que indignó sobremanera fueron los comentarios misóginos contra mujeres dirigentes. Incluso los integrantes de ese grupo denigran a Ricky Martin, quien se asumió como gay en 2010. «Menosprecian a las mujeres, menosprecian a la comunidad LGTBI, a la gente con discapacidad. La corrupción, es una locura. Estamos cansados. No podemos aguantarlo nunca más», dijo en un video el cantante boricua.
Tiempo Argentino, 21 de Julio de 2019
por Alberto López Girondo | Jul 21, 2019 | Sin categoría
España está a las puertas de contar con un gobierno respaldado en las urnas luego de más de un año de vaivenes políticos y quizás el más inclinado a la izquierda desde la recuperación de las democracia, se entusiasma Pablo Iglesias, el líder de Unidas-Podemos. El precio es que él mismo se corra a un costado para que el actual presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, designe un gabinete bicolor y acuerde un programa común. Pero hasta último momento mantienen una delicada negociación que conlleva una puja desembozada entre el establishment del Partido Socialista Obrero Español y los sectores más progresistas de la sociedad española, en un país atravesado por las esquirlas de la crisis desatada desde 2008 y el avance del independentismo en Cataluña.
Mientras tanto, quedan los jirones de una lucha que en las últimas semanas enfrentó a Sánchez con Iglesias y que el miércoles hizo pensar que se avecinaban nuevas elecciones para dentro de un par de meses. Es que el tablero político, si bien los últimos comicios mostraron una franca recuperación del PSOE y la caída estrepitosa del Partido Popular, quedó repartido entre dos sectores fragmentados. A centroizquierda PSOE y Unidas-Podemos, a derecha el PP, Ciudadanos y el neofranquista Vox. En un lugar expectante, independistas catalanes y nacionalistas vascos.
Para gobernar, Sánchez necesita de los votos de Unidas-Podemos, pero aun así no le alcanza. El deseo de la burocracia del PSOE sería alguna maniobra para un gabinete monocolor y las manos libres para hacer y deshacer. O más bien, para no reformar demasiado.
La forma de lograrlo sin quedar manchados con el apoyo derechista, lo que contradiría el postulado con que Sánchez trepó al poder dentro del partido y de allí a La Moncloa, sería convencer a alguna de las agrupaciones conservadoras de que se abstenga de votar. Caso contrario debería convocarse nuevamente a comicios.
A eso apuntó Sánchez cuando, un poco para clausurar el debate interno, dijo que no tenía en mente someterse al deseo de Unidas-Podemos. Iglesias, para mover el avispero porque también él tiene presiones internas, fue convocar a un referéndum entre sus bases para decidir si aceptan una coalición con el PSOE. La consulta terminó este jueves, con un 70% de apoyo. Pero la participación, en una elección que no era obligatoria, no pasó del 26 por ciento.
Para tensar la cuerda, Sánchez declaró que no aceptaría un gabinete con Iglesias. «No se dan las condiciones para que el señor Iglesias sea miembro de ese gobierno», dijo el presidente. Las diferencias sobre la política a seguir con Cataluña, argumentó, lo hacen desconfiar «y no se puede tener un vicejefe en el que no confías», agregó. El viernes, Iglesias replicó: «He estado reflexionando estos días y no voy a ser la excusa para que el PSOE evite ese gobierno de coalición (…) Estar o no en el Consejo de Ministros no será un problema siempre y cuando no haya más vetos y la presencia de Unidas-Podemos en el gobierno sea proporcional a los votos». Ahora, Sánchez dijo que estudiaría la nueva propuesta.
Pero no la tendrá fácil ni en su partido ni entre los dueños del poder real. «El programa económico de Unidas-Podemos haría que la economía fuera hacia atrás», dijo Antonio Garamendi, de la Confederación de Organizaciones Empresariales (CEOE), la poderosa cámara de empresarios de la península.
Tiempo Argentino, 21 de Julio de 2019
por Alberto López Girondo | Jul 18, 2019 | Sin categoría
Hezbollah, Partido de Dios, nació en 1982, a raíz de la segunda invasión israelí a territorio libanés. El objetivo era expulsar a las fuerzas invasoras. Fue al inicio una guerrilla de orientación chiíta que creció en el contexto de la revolución islámica triunfante en Irán, que se había producido en febrero de 1979. Para sus seguidores y simpatizantes, es un grupo de resistencia. Para algunos países occidentales, y especialmente Estados Unidos, en cambio, es una organización terrorista. Sin embargo Naciones Unidas nunca aceptó incorporarla a la lista que elabora con consenso internacional sobre ese flagelo.
Hezbollah tiene una cadena de televisión, Al-Manar, una de radio, Al-Nour, y una revista, Qubth ut Alla, que tienen bastante ascendencia entre los libaneses, especialmente entre las clases populares. Conformado como partido político, actualmente cuenta con tres ministros en el gobierno de El Líbano y 13 diputados en el parlamento.
Muchos analistas atribuyen el encono del gobierno de Donald Trump y el de Benjamin Netanyahu a que efectivos de Hezbollah fueron claves para que el gobierno de Bachar al Assad pudiera derrotar a los extremistas de ISIS, que recibían apoyo encubierto de las potencias occidentales y Arabia Saudita.
«Hezbollah no es una organización terrorista, es un partido político, con un brazo armado, formado ad hoc para combatir al invasor israelí que ocupaba – y ocupa – el Líbano desde fines de 1970 a la fecha. Que luego combatió al terrorismo en Siria para seguir defendiendo al Líbano», indica Galeb Moussa en una columna que publicó este medio.
«¿Cómo puede ser terrorista esta agrupación político-militar, cuando hay calles de Beirut que llevan los nombres de sus mártires? Y siguiendo la misma línea de interpretación ¿Por qué no se considera así a Isis, Al Qaeda y sus patrocinadores como Israel, Estados Unidos, Arabia Saudita, Emiratos Árabes o Turquía, que promueven el terrorismo real?», se pregunta.
«Acusar a Hezbollah o a cualquier otra persona jurídica o física de ser una organizacion terrorista o de participar en una, sin ningún documento de respaldo de las Naciones Unidas, del Comité contra el Terrorismo de su Consejo de Seguridad y sin ningún respaldo probatorio de esa acusación producido por algún estamento estatal de nuestro país, nos pone a las puertas de un conflicto diplomático con múltiples países y de una situación de arbitrariedad interna intolerable en un Estado Democrático», argumenta Marcelo Brignoni, también desde Tiempo, apelando a la normativa jurídica que rige las relaciones internacionales.
También podés leer: Duelo, indemnizaciones y registro terrorista, el combo de decretos de Macri por AMIA
Y recuerda Brignoni que en varias ocasiones el mismo gobierno de Mauricio Macri firmó convenios con la ONU en relación al terrorismo pero jamás se puso en la lista a Hezbollah, lo que contraría el decreto firmado por el primer mandatario en ocasión del 25 aniversario del atentado a la AMIA.
De hecho, recién en 1997 Washington incluyó en su lista negra a Hezbollah. A tener en cuenta: en 2015 el presidente Barack Obama, en el marco del acercamiento con el gobierno de Raúl Castro, sacó a Cuba de la lista de naciones que apoyan el terrorismo.
La política desplegada por Trump desde que llegó a la Casa Blanca fue de avance sobre Irán y apoyo irrestricto al gobierno de Netanyahu. No es posible enfrascarse en una dirección semejante en esa región sin mantener a Hezbollah como un grupo terrorista, sobre todo cuando en la guerra civil en Siria, impulsada por los países occidentales, Estados Unidos tuvo que recular a partir del apoyo de Rusia a Al Assad y de la incursión de milicianos libaneses en defensa de su gobierno.
A principios de julio, Trump amplió sanciones contra miembros de Hezbollah con participación política en El Líbano. Entre ellos, fueron castigados un funcionario de seguridad del movimiento libanés, Wafiq Safa, y los parlamentarios Amin Sherri y Muhammad Hasan Rad. Esto generó el rechazó y la protesta del presidente del parlamento, Nabih Berri. «Los actos hostiles contra el Parlamento (libanés) sin duda también lo son contra todo el Líbano», dijo.
El primer mandatario libanés, Michel Aoun, insistió en que Hezbollah es un partido político que cuenta con apoyo de la población y que representa al chiismo, una fe religiosa como otras que conviven en ese convulsionado país.
Entre la nueva tanda de sanciones de Trump hay penalidades económicas a parlamentarios y a la organización en general. Las autoridades de la UIF, la Unidad de Información Financiera, que investiga lavado de dinero en Argentina, se sumó a Washington y ordenó congelar activos de Hezbollah.
Hasán Nasralá, líder de la agrupación en El Líbano, aseguró este lunes que «la Administración del presidente Donald Trump busca a través de intermediarios abrir canales de comunicación con Heizbollah» y afirmó que redujo al mínimo la participación de sus milicianos en Siria. habrá que ver la reacción en Buenos Aires ante un nuevo escenario en Medio Oriente.
Tiempo Argentino, 18 de Julio de 2019
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