por Alberto López Girondo | Jul 17, 2018 | Sin categoría
Hubo mucha expectativa en octubre pasado cuando el presidente Donald Trump liberó 35000 documentos secretos de la CIA que había permanecido en la oscuridad por más medio siglo sobre el asesinato de John F. Kennedy. Hubo entonces una gran decepción, porque no había mucho más de lo que ya se había especulado acerca del magnicidio que conmovió a Estados Unidos y el mundo el 23 de noviembre de 1963. Quizás eso influyó para que en abril pasado no muchos investigadores se tomaran en trabajo de hurgar en otra tanda de 18000 papeles que el gobierno desclasificó, a regañadientes de la CIA, que venía pidiendo más tiempo para sacarlos a la consideración pública. Un experto en ese momento de la historia contemporánea, Jerry Kroth, encontró datos que pueden torcer definitivamente la versión oficial y abonaría muchas de las hipótesis que circularon desde entonces. Y demostraría que detrás del crimen estaba no solo la agencia de inteligencia estadounidense y el FBI, sino que los ejecutores fueron sicarios de la mafia corsa y específicamente un asesino a sueldo que estuvo detenido en Buenos Aires por el robo a un banco y salió en libertad para terminar eliminado en México en 1972.
Kroth es profesor emérito en la Universidad de Santa Clara, en California, y acaba de mandar a imprenta el libro El asesinato de Kennedy: lo que realmente ocurrió. Allí se sorprende de que en esos nuevos documentos aparezca la historia de dos soldados que, de haber sido tenidos en cuenta por quienes tenían la responsabilidad de proteger al presidente, hubiera servido para evitar el desenlace registrado en esa trágica visita a Dallas.
Uno de ellos es Eugene Dinkin, un operador de código criptográfico del Ejército de EEUU destacado en Metz, Francia, que a principios de noviembre de 1963 detectó en alguna de las comunicaciones que llegaron a su despacho detalles de un plan para asesinar al mandatario demócrata. Los implicados, según registró Dinkin, serían Jean Souètre, un miembro de la mafia de Córcega, Guy Banister, un agente del FBI sobre el que lanzó sus sospechas el fiscal Jim Garrison, y William Harvey, del staff de la CIA.
Similar información, según los papeles de la CIA ahora conocidos, tenía Davis Christensen, un sargento de la Fuerza Aérea apostado en una base de comunicaciones de Kirknewton, Escocia. Un destino parecido tuvieron ambos luego de haber compartido esta informacion con sus superiores: tanto Dinkin como Christensen terminaron confinados en instituciones mentales,diagnosticados con algún tipo de alteración psicológica. No se sabe mucho qué ocurrió después con ellos, ya que no pasó ni un mes de sus advertencias cuando Kennedy cayó baleado en su recorrida por la ciudad texana.
Según Kroth, la documentación muestra que tanto el vicepresidente Lyndon Johnson como el titular del FBI, Edgard Hoover, y su par de la CIA, Richard Helms, tenían las manos manchadas con el magnicidio.
La punta de Souètre, en cambio, lleva a la OAS (Organización Armada Secreta), la banda paramilitar francesa que tras la derrota de las tropas galas en Vietnam en 1954 se propusieron impedir la liberación de Argelia apelando a la violencia más extrema. Luego muchos de ellos entrenaron a los militares argentinos que protagonizaron el golpe genocida de 1976. Decididos criminales y anticomunistas por sobre todas las cosas, estuvieron implicados también en el homicidio del líder congoleño Moise Tshombe, en 1966.
Tres años antes, habría estado relacionado con el grupo que llevó adelante el operativo para eliminar a Kennedy, según una investigación del periodista Stephen RIvele publicada en 1988 y que ahora vuelve a tener su peso porque se demuestra que lo suyo no era una especulación en base a testimonios de personajes del submundo del comercio internacional de drogas ilegales.
En efecto, Rivele cuenta en Kennedy, la conspiración de la mafia, que un tal Jean Souètre habría conectado a sicarios de la mafia de Córcega para hacer un trabajito en Dallas. Entre ellos estaban Lucien Sarti, Saubeur Pironti y Roger Bocognoni.
Sarti, junto con Joseph Ricord y Francois Chiappe, fueron detenidos en 1968 en Buenos Aires, donde se supone que intentaban -o habían logrado-armar un centro para el tráfico de estupefacientes en el marco de la Conexión Francesa. Los tres compartían sus ideas ultraderechistas y su cercanía con la OAS. Fueron acusados por el robo a la sucursal de Boedo del Banco de la Nación, de donde se llevaron un total de 68 millones de dólares.
Todo indica que los tres salieron algunos meses más tarde por «falta de mérito». Ricord fue arrestado en 1972 en Paraguay y extraditado a EEUU. Volvió a Asunción en 1983 y murió en 1985. Chiappe estaba preso en Devoto en 1973 cuando el gobierno de Héctor Cámpora dictó una ley de amnistía de la que se coló para cruzar las rejas. Murió en Córdoba, en un hogar de ancianos de Santa María de Punilla, en 2009.
Sarti -hombre de exquisita puntería con el fusil, cuentan quienes lo conocieron- es el que se supone que disparó el proyectil que en la película de Oliver Stone se ve que llega de frente y arroja la cabeza de Kennedy hacia atrás volándole la tapa de los sesos. Esa filmación casera de un testigo que quería registrar la gira del presidente, Abraham Zapruder, demuestra que Lee Harvey Oswald no podía ser el único en tirar, e incluso prueba la tesis de que el presidente quedó en medio de una triangulación. Sarti cayó en una refriega con la policía mexicana en 1972.
Habrá que ver si en los documentos desclasificados de la CIA se ven más detalles sobre un caso que sigue atrapando, a casi 55 años de producido.
Tiempo Argentino, 17 de Julio de 2018
por Alberto López Girondo | Jul 15, 2018 | Sin categoría
No es fácil desandar el camino de la integración con Europa. Lo sabe Theresa May, la jefa de Estado del Reino Unido, que pasó una semana de zozobra luego de la renuncia de dos integrantes de su Gabinete, descontentos por el nuevo perfil que analiza el gobierno conservador para el llamado Brexit.
El viernes pasado, May había dado indicios de que, ante el nuevo panorama que se abre para esa nación, habría que bajar un poco las expectativas del Brexit sometido a referéndum en 2016. Cerca de ella lo llamaron «softBrexit», o sea una salida de Europa (British exit) suave. Pero los más acérrimos antieuropeístas no dudaron en calificarlo de «Breshit», o sea, una «salida de mierda».
La crisis del Brexit llevó a la renuncia del titular de Exteriores, Boris Johnson, y del jefe de la oficina que lleva adelante la negociación con la UE, David Davis, ambos descontentos por el nuevo rumbo para esa decisión. Johnson había militado con alma y vida por irse de la UE y se le hacía difícil recular, por eso declaró que no quería un semiBrexit ni convertir al país en una suerte de colonia de la Unión Europea.
Davis, fue más escueto. Dijo simplemente que ocupaba un cargo que implicaba un compromiso con una política que en la que ya no cree porque es una versión «descafeinada» del Brexit que eligió la población hace dos años.
El reemplazante de Davis, Dominic Raab, tuvo su bautismo de fuego con la presentación del Libro Blanco del Brexit, un plan donde se establecen las condiciones que plantea May para las relaciones futuras con la Unión Europea.
Según el texto que presentó Raab, habrá «un comercio de bienes sin fricciones» con los Veintisiete y se evitará una «frontera dura» con Irlanda. De la misma manera, el nuevo Brexit dará al Reino Unido «la flexibilidad que necesita para firmar nuevos acuerdos comerciales en todo el mundo», dejará las manos libres para un área de libre comercio para bienes con la UE. Pero parafraseando aquel viejo chiste de Groucho Marx, Londres firmó un contrato muy ventajoso con Europa, sólo falta que lo firmen ellos.
Por lo pronto, el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, confió en que las renuncias de Davis y Johnson sean una señal de que Londres aceptaría dar marcha atrás con el portazo al bloque. Michel Barnier, el negociador de la contraparte europea para el divorcio, dijo desde Nueva York que «cerrar la negociación será difícil».
Donald Trump echó un poquito de leña al fuego al declarar al tabloide The Sun que un tratado de libre comercio RU-EE UU no sería posible con un Brexit. «Si aprueban un acuerdo como ese, estaríamos tratando con la Unión Europea en lugar de con Reino Unido», amenazó. Frente a May, sin embargo, dijo que esas declaraciones no eran ciertas, que se trataba de «fakenews».
«Lo que hagas, está bien», le dijo a la premier, confianzudo. «Esta señora es una mujer increíble que está haciendo un trabajo increíble», agregó, como para calmar los ánimos.
Tiempo Argentino, 15 de Julio de 2018
por Alberto López Girondo | Jul 15, 2018 | Sin categoría
Yalta es una ciudad costera en Crimea, famosa porque allí, en febrero de 1945, Josip Stalin, Franklin D. Roosevelt y Winston Churchill se reunieron para ultimar detalles sobre el reparto del mundo tras la inminente derrota del nazismo, cosa que ocurriría un par de meses más tarde. Pasó mucha agua por esos mares en 73 años hasta que este lunes, en Helsinki, la capital finlandesa, Vladimir Putin y Donald Trump se vean las caras en lo que para el presidente estadounidense puede ser un Yalta 2, al que rechazan en cadena los aliados y el propio establishment de su país.
Será la tercera vez que el mandatario ruso y el inquilino de la Casa Blanca se encuentran. La primera fue en Hamburgo, hace justo un año, en la cumbre del G20. La segunda fue en Vietnam, en noviembre pasado, cuando el Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico. En ambas ocasiones, el revuelo político fue enorme y se entiende: Putin figura en los puestos más altos del ranking de enemigos de Occidente. Cualquiera que pretenda una cercanía con el líder ruso corre el riesgo de terminar embadurnado en lodo.
Es lo que le viene ocurriendo a Trump desde su campaña para la presidencia, cuando preanunciaba que quería sentarse con el ocupante del Kremlin para «arreglar los problemas del mundo». De allí la acusación de que agentes rusos colaboraron con su candidatura para derrotar a Hillary Clinton en noviembre de 2016 hackeando mails de la ex secretaria de Estado de Barack Obama.
Desde que Trump tomó el cargo, se profundizó una investigación del FBI y justo este viernes, a horas de la cumbre de Helsinki, el fiscal especial Robert Mueller imputó a 12 funcionarios de inteligencia rusos por un presunto ciberataque contra el Comité Nacional del Partido Demócrata.
Según Rod Rossenstein, el fiscal adjunto, los acusados integraron dos unidades del Departamento Central de Inteligencia (GRU por sus siglas en ruso), el servicio de espionaje exterior creado hace un siglo por los líderes de la Revolución de Octubre. El funcionario dijo que Trump estaba al tanto del anuncio. Sin embargo es vox populi la enemistad entre el titular de esa oficina, Mueller, y Trump, que intentó echarlo sin éxito. De modo que el anuncio sale justo para empiojar la reunión de mañana.
Al mismo tiempo, en otra señal de coordinación al menos sospechable, las autoridades británicas informaron que la policía encontró una botella con un producto neuroparalizante en la vivienda de Amesbury donde una pareja había sido envenenada hace once días.
Como publicó Tiempo el domingo pasado, Dawn Sturgess y Charlie Rowley habían sido ingresados el 30 de junio al hospital de Salisbury con signos de sobredosis de heroína. Cuatro días más tarde el gobierno dijo que se habían envenenado con Novichok, un agente nervioso desarrollado en la Unión Soviética con el que en marzo, en ese mismo distrito, se habían envenenado el ex espía ruso Sergei Skripall y su hija Yulia.
Para la primera ministra Theresa May, en los dos casos fue una acción realizada por Rusia, aunque sin motivos claros. Ahora, el miércoles 11 parece que descubrieron la botellita que un amigo de Sturgess y Rowley dijo una semana antes que habían encontrado en la calle. Y lo informaron justo el viernes, cuando Trump hacía una visita al Reino Unido y esperaba tomar el té con la reina Isabel II.
Trump había estado con May, a la que entre otras cosas le explicó que no había dicho lo que un diario inglés dijo que había dicho sobre el Brexit (ver aparte). Los modos de Trump, que tanto incomodan a la prensa, no son nada en comparación con las movidas que en política internacional viene desarrollando desde que está en el gobierno.
El comunicado oficial dice que con la jefa de Estado británica hablaron de cómo seguirá de aquí en más la relación con el principal aliado de Estados Unidos desde las dos guerras mundiales, de lo que dejó la cumbre de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) del jueves y también de lo que se conversaría con Putin el lunes.
La «gira» de Trump por Bruselas dejó su estela. En ese tono desafiante que se le conoce, conminó a sus colegas europeos a que aumentaran sus presupuestos de defensa para que no sea EE UU el que haga el gasto militar en la OTAN.
Esa organización fue creada en la Guerra Fría para enfrentar a la Unión Soviética y el bloque socialista en Europa Oriental. Tras la caída de la URSS, fue usada en los conflictos en los Balcanes, Afganistán e Irak, aunque siempre con la voz cantante del Pentágono. Ahora, su mira está puesta en rodear militarmente a Rusia.
Trump se volvió a quejar y exigió elevar el presupuesto de defensa al 4% del PBI, algo que incomodó a la dirigencia europea. Trump también estaba incómodo con la presencia de representantes de dos ex repúblicas soviéticas, Georgia y Ucrania, que están en la lista de espera para entrar a la OTAN.
Tuvo entreveros con todos los líderes presentes, que en sordina deslizan su rechazo al acercamiento a Putin. En ese clima le dijo a Angela Merkel que su país sí que era dependiente de Moscú. «¿Para qué sirve la OTAN si Alemania está pagando miles de millones de dólares a Rusia por el gas y la energía?». El acuerdo al que se llegó implica un 2% para defensa. No es lo que pretendía, pero es mucho más de lo que hubieran aceptado en otras condiciones.
El polémico empresario viene jugando fuerte en política exterior, lo que desencaja a sus opositores. El cónclave con el líder Norcoreano Kim Jong-un fue una sorpresa y puede llevar a la desnuclearización de la península coreana. La guerra comercial con China se da mientras mantiene buenas relaciones personales con Xi Jinping. Y la cumbre con Putin habla de que Trump reconoce el mundo multipolar en el que debe alternar golpes en la mesa con gestos amistosos para un nuevo reparto del poder. Aunque para ello debe lidiar con la entente estatal-mediático-militar. «Es muy difícil hacer algo con Rusia. Cualquier cosa que hagas, siempre va a ser, ‘Oh, Rusia, él ama a Rusia»’, declaró en Londres. «Amo a Estados Unidos», continuó, «pero me encanta llevarme bien con Rusia, China y otros países».
Tiempo Argentino, 15 de Julio de 2018
por Alberto López Girondo | Jul 11, 2018 | Sin categoría
Mientras el Ejército nicaragüense se vio en la necesidad de emitir un comunicado en que niega que cualquiera de sus integrantes haya participado en actos violentos, la vicepresidenta Rosario Murillo aseguró que el gobierno de Daniel Ortega, su esposo, está venciendo «un período tenebroso» para el país, envuelto en una espiral de violencia desde el 18 de abril pasado tras manifestaciones de protesta por cambios en la ley de jubilaciones con un saldo de al menos 250 muertos.
El fin de semana pasado grupos de civiles armados ingresaron en templos católicos y agredieron a sacerdotes y obispos en la región sur de Nicaragua. Para la oposición -derrotada por la fórmula Ortega-Murillo en noviembre de 2016 con un aplastante 72% de los sufragios- el ataque fue realizado por paramilitares afines al gobierno y con el rostro cubierto. Para el oficialismo, en cambio, se trata de sicarios contratados por sectores de la oligarquía vinculados a agencias estadounidenses que solo intentan forzar la renuncia del presidente sandinista o ir a elecciones adelantadas, cuando el actual período culmina en 2022.
La información sobre el ataque a los religiosos también difiere. Para la oposición de la Alianza Cívica y las agencias internacionales, el obispo auxiliar de Managua, Silvio Báez, monseñor Miguel Mántica, el cardenal Leopoldo Brenes y el nuncio apostólico, Waldemar Stanilaw Sommertag, fueron agredidos «por turbas y paramilitares» en la Basílica de San Sebastián cuando intentaban garantizar que los feligreses que estaban adentro del templo pudieran salir sin ser atacados.
Voceros opositores condenaron el ataque y declararon que «una vez más quienes exigimos el cese de la represión somos víctimas del odio y la violencia. Este ataque cobarde se suma a la ola de represión que dejó más de 20 personas asesinadas en Carazo (al oeste del país) desde el domingo». Las cifras para los medios locales sería de entre 9 y 14 víctimas mortales de las refriegas.
El presidente Ortega puntualizó que muchos de los choques se producen entre militantes antisandinistas que cortan (trancan) rutas y caminos y terminan enfrentados a pobladores que quieren pasar para realizar sus labores cotidianas. Según el portal 19Digital, el mandatario del FSLN denunció el sábado que «muchos hermanos han sido asesinados en los tranques, otros fueron secuestrados en los tranques (…)hace dos días tienen secuestrada a una compañera de la Policía en Jinotepe, donde una banda de asesinos financiada y estimulada por los sembradores del odio, sigue cometiendo crímenes».
Filmaciones emitidas por el canal Telesur muestran a pobladores de Jinotepe que reclaman contra lo que consideran una injerencia de la Iglesia en favor de la oposición. Es que bajo instrucciones del Vaticano, la curia nicaragüense se ofreció para mediar entre los dos sectores enfrentados para bajar tensiones y evitar que continúe el derramamiento de sangre.
En el caso de Jinotepe, las autoridades aseguraron que grupos armados habían torturado a militantes sandinistas y mantenían secuestrados a cerca de 400 transportistas y que se habían refugiado en el templo. Lo que ocurrió este lunes, y que muestran las imágenes, es que manifestantes gritaban a los sacerdotes «asesinos, golpistas».
Una vez que lograron ingresar a la capilla, destacó un testigo, descubrieron que los sicarios que los habían tenido bajo amenazas por varias semanas estaban vestidos con ropas de monjas. «Los sacerdotes estaban escondiéndolos y fueron cómplices de lo que ocurrió», contó Alberto Mora, director de la revista En Vivo. Los vecinos enardecidos reclamaron a los religiosos por esta actitud.
Según las denuncias, los grupos armados pertenecen a las bandas Maras 18 y 19 y fueron contratados por la derecha para sembrar violencia en la sociedad. Este versión de los hechos exculpa al gobierno por la situación. Ortega, en tal sentido, dijo que había tenido que recurrir a la policía para impedir que los hechos se fueran de control.
Todo comenzó cuando el gobierno anunció un cambio en la modalidad de las jubilaciones que implicaba un impuesto a los ingresos más altos y el incremento en el aporte patronal. Ortega dijo en ese momento que tenía dos opciones, una del FMI que era recortar de un modo brutal todas las retribuciones, y el otro el que él había decidido. De todas maneras, y en aras de bajar tensiones, la reforma fue suspendida.
Pero el estallino no se detuvo y la Iglesia se ofreció a mediar entre Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia -que nuclea a sectores disímiles que coinciden sin embargo en el objetivo de sacar a Ortega del poder- y el gobierno. La oposición se plantó en su reclamo en pedir adelantamiento de elecciones para marzo próximo a más tardar. El oficialismo busca negociar una salida para calmar los ánimos pero insiste en que ganó cómodamente las elecciones hace poco más de un año.
Tras el ataque en Jinotepe, el obispo Báez dijo en un tuit que los miembros de la Conferencia Episcopal «hemos decidido seguir prestando el servicio que el gobierno nos pidió como mediadores y testigos del Diálogo Nacional. Con el mismo entusiasmo y la misma entrega. Próximamente llamaremos a las sesiones plenarias».
Por ahora, el secretario de la OEA, Luis Almagro, esquivó definiciones que le piden desde la Casa Blanca y desde los medios hegemónicos para incluir a Nicaragua entre los gobiernos «no democráticos» de la región, junto con Venezuela. Pero las amenazas de sanciones de EEUU están latentes y se sabe cómo reacciona el ex canciller uruguayo ante situaciones como esta.
Sobre todo porque el presidente electo de México, Andres Manuel López Obrador, por boca de su designado canciller, Marcelo Ebrard, «seguirá una política exterior respetuosa de la no intervención y no esperamos abandonar esa política».
México, junto con Colombia, Panamá y Venezuela fue clave en 1983 para buscar una salida pacífica al intento del gobierno de Ronald Reagan de invadir Nicaragua, que hacía no tanto había terminado con la barbarie de la dictadura de Anastasio Somoza con el triunfo de la guerrilla del Frente Sandinista de Liberación Nacional.
Ese grupo recibió el nombre de Contadora, por la isla panameña donde se realizó la primera reunión, y a él se sumó el gobierno de Raúl Alfonsín ni bien asumió el cargo en diciembre de ese año. Ortega fue el primer presidente de la recuperada democracia y, derrotado en 1990, recuperó el poder a través de las urnas en 2006.
Tiempo Argentino, 11 de Julio de 2018
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