A esta altura del año 1945, las tropas alemanas estaban derrotadas en todos los frentes, pero aún no se habían enterado porque hasta el 30 de abril un líder desquiciado y un grupo de adláteres refugiados en un búnker no querían asumir la realidad. La rendición incondicional se produjo el 9 de mayo, cuando los últimos vestigios de resistencia al Ejército Rojo en Berlín recibieron la orden de entregar las armas. Se ponía así punto ¿final? a una masacre que costó la vida de hasta 70 millones de seres humanos entre soldados y población civil, más otros 6 millones que fueron asesinados en campos de concentración de una manera espeluznante y que devastó a países enteros, para crear un nuevo orden mundial sobre tanta tumba desconocida.
A 77 años de aquella barbarie en la parte del mundo que se jactaba de ser el faro de la humanidad, una guerra en Ucrania despierta nuevas alarmas. ¿Realmente terminó la II Guerra Mundial o el 24 de febrero Vladimir Putin dio la orden de abrir una caja de Pandora que a duras penas se mantenía en sordina y que acarrea imprevisibles consecuencias?
Más allá de estas disquisiciones, persisten controversias sobre las cenizas de aquellas masacres. Por diferencia horaria, en Occidente se establece como fecha para el armisticio el 8 de mayo, mientras que en los países orientales de recuerda el Día de la Victoria el 9. Para los rusos, herederos de la tradición soviética pero también de la memoria de lo que llaman la Gran Guerra Patria, fue el día del triunfo sobre el nazismo, que había provocado 27 millones de muertos en los territorios de la URSS. Para Hollywood y el imaginario posterior, la guerra fue el gran triunfo de los estadounidenses, que perdieron solamente 200 mil soldados y ningún civil.
Como justificación para el inicio de la operación militar en Ucrania, el presidente Putin señaló que tenía como objetivo “desmilitarizar y desnazificar” al país, que tras el golpe de estado de 2014 quedó en manos de una cúpula ligada a milicias que abrevan en aquellas organizaciones anticomunistas que se aliaron a los nazis en la ofensiva alemana de junio de 1941. Esas fuerzas que no dudan en utilizar simbología nazi estaban masacrando a pobladores de etnia o lengua rusa en el Donbass, sin que las denuncias de Moscú tuvieran eco en los países occidentales, al punto que los tratados de Minsk nunca fueron respetados por Kiev, sin mayores represalias por las desobediencias a mandatos en que estaba implicada hasta la ONU. Pruebas para sostener esta versión de los hechos hay sobradas, incluso de la participación de agentes de EE UU y la Otan en el entrenamiento y el apoyo logístico.
La invasión del 24F, según la óptica occidental, fue pensada como un sencillo un paseo para ocupar Kiev y someter a los ucranianos antes el 9 de mayo, cosa de que Putin pudiera celebrar su propia victoria sobre los nazis. Ahora, tanto el gobierno de Volodimir Zelenski como voceros occidentales especulan con que Rusia prepara el recordatorio del 9M con algo grande. Desde la declaración formal de guerra, la ocupación de todo el sur ucraniano hasta Trasnistria, como puestos a imaginar, hasta un bombardeo nuclear. El papa Francisco también cree que los rusos preparan una “celebración” especial, y mientras espera una respuesta a su proposición de encontrarse con Putin para tirar líneas hacia un cese el fuego, dijo que el líder húngaro Víktor Orban fue quien le aseguró que “el 9 de mayo todo habrá terminado”.
Para quienes pensaron que no habría un 24F es difícil desmentir cualquiera de estas hipótesis. En todo caso, como ya pasó en otras ocasiones en los últimos años, lo seguro es que habrá dos homenajes. Uno en Francia, en la tumba del soldado desconocido, a horas de que Emmanuel Macron sea investido para un segundo mandato, y otro en Moscú. Putin dijo que no iba a ser algo grande porque no era “un número redondo”. O sea, es un aniversario que no termina ni el 0 ni en 5, por eso no invitaría a ninguna personalidad. Tampoco él fue invitado a Paris, como viene ocurriendo en los últimos 9 de mayo. La agencia rusa Sputnik, en tanto, informó que este año se realizará la marcha del Regimiento Inmortal en 88 países, uno de ellos, la Argentina. Se trata de una movilización de personas que portan las fotos de familiares que murieron en la II Guerra Mundial.
Pero este mismo 9 de mayo, el Europarlamento realizará un acto en homenaje al Día de Europa, donde se presentarán propuestas para el futuro del continente en un momento crucial de su historia. Un día como ese, pero en 1950, el entonces canciller francés Robert Schumann presentó la Declaración que lleva su nombre para consolidar las bases de una pacificación duradera en esa belicosa región del planeta teñida de sangre por siglos, mediante una propuesta para la administración conjunta de dos recursos indispensables para el desarrollo industrial autónomo y por el que habían peleado por añares entre galos y germanos: el hierro y el carbón,
La Comunidad Europea del Carbón y el Acero fue la base para el Mercado Común Europeo y antecedente de la actual Unión Europea, que ahora teme por su futuro en una guerra que nuevamente golpea a sus puertas.
El mensaje de China a la Otan
Los chinos tienen otra fecha para recordar este fin de semana. Y para pasar factura. Se trata de un nuevo aniversario del 7 de mayo de 1991, cuando fuerzas de la Otan bombardearon la embajada de China en Belgrado y causaron la muerte de tres periodistas y heridas en más de 20 diplomáticos de esa nacionalidad.
El mensaje del vocero de la cancillería, Zhao Lijian, no podía ser más claro: “China nunca olvidará el bombardeo”. El portavoz señaló, según un cable de la agencia oficial Xinhua, que «la Otan afirma ser una organización defensiva, pero ha violado repetidamente el derecho internacional y ha librado guerras deliberadamente contra países soberanos, lo que ha socavado la paz mundial y regional y ha matado y desplazado a un gran número de civiles inocentes».
Para que no queden dudas de que relacionaba con la actualidad ese hecho registrado en los tramos finales de la cruenta disolución de Yugoslavia –una guerra civil alentada por EE UU y la Otan– Zhao indicó que la organización atlántica llevó a cabo cinco oleadas consecutivas de expansión hacia el este después de la Guerra Fría “que no hicieron a Europa más segura, sino que sembraron la semilla del conflicto entre Rusia y Ucrania, reavivando la guerra en el continente europeo”.
En otro tramo de la conferencia de prensa Zhao sostiene que la Otan “debe hacer los ajustes necesarios, abandonar la mentalidad de la Guerra Fría y dejar de provocar la confrontación de bloques y de crear tensiones en Europa, Asia Pacífico y el mundo”.
El general Rustam Minnekayev, subcomandante del Distrito Militar Central de Rusia, pateó el hormiguero señalando que la segunda fase de las operaciones en Ucrania, iniciadas hay hoy justo dos meses, implicaban establecer “un control total sobre el Donbass y el sur” de ese país para garantizar un corredor terrestre de la península de Crimea hasta Trasnistria, la región prorrusa de Moldavia. Eso permitiría también mantener un cerrojo sobre todos los accesos por mar a Ucrania, con las consecuencias económicas imaginables para las exportaciones industriales y agropecuarias de ese país. Mientras tanto, la situación en Mariupol se centraba en el bloqueo de todas las salidas de la extensa planta siderúrgica de Azovstal, donde se habían refugiado tropas nacionalistas y algunos civiles. Para Moscú, entre ellos hay un batallón de mercenarios de varias nacionalidades y efectivos del batallón nazi Azov.
Parece lejana la posibilidad de una mesa de negociaciones para poner fin al conflicto. Ni siquiera se espera un alto el fuego para la celebración de la pascua ortodoxa, este domingo. Sin embargo, el presidente ucraniano Volodimir Zelensky propuso una reunión con su par ruso, Vladimir Putin, con un mensaje que pudo ser tomado como desafiante. «Creo que quien empezó la guerra podrá ponerle fin», dijo ante un grupo de periodistas a los que convocó en una estación de subte en Kiev. Pero agregó que abandonaría cualquier negociación si las tropas rusas matan a los ucranianos atrincherados en la acería.
Zelensky recibirá en la semana dos visitas con objetivos contrapuestos. Este domingo está programada una entrevista con el secretario de Estado de EEUU, Antony Blinken y el titular de Defensa, Lloyd Austin. Es sencillo comprender que el objetivo del dúo estadounidense no es asesorar al ex comediante en técnicas para tranquilizar los espíritus sino avanzar hacia la provisión de armamento y mantener el pedido de “no aflojar” ante Rusia.
Gira de Guterres
Luego viajará a la capital ucraniana el secretario General de la ONU, Antonio Guterres. Zelensky se mostró ofendido con esta visita, no por algo personal contra el portugués, sino porque primero viajará a Moscú para hablar con Putin. No está claro si Guterres conseguirá hablar con los presidentes, como era su propósito, aunque si están confirmados los encuentros con los ministros de Exteriores, el ruso Sergei Lavrov, y el ucraniano Dmytro Kuleba.
Putin celebró en la semana la toma total de la estratégica ciudad portuaria de Mariupol y recomendó en un video difundido especialmente al ministro de Defensa, Sergei Shoigu, que no atacaran a los ucranianos escondidos en la siderúrgica Azovstal, para no arriesgar la vida de los soldados propios sin necesidad. Eso si, le pidió “que no entre ni salga ni una mosca”.
El presidente ruso habló también con el titular del Consejo Europeo, Charles Michel, quien le reclamó, según las agencias internacionales, que permita el acceso de ayuda humanitaria para la población de Mariupol. Desde Moscú le respondieron que es Kiev quien no permite la rendición de los últimos soldados, sometiéndolos inútilmente a la posibilidad de perder la vida.
Las informaciones sobre este tema son contradictorias. La vice primera ministra ucraniana, Iryna Vereshchuk, indicó que “estamos intentando evacuar de nuevo a las mujeres, los niños y los ancianos”. Fotos publicadas en las redes sociales mostraban que además de efectivos militares hay niños en esos extensos túneles de la planta, edificada en los años 30 en uno de los planes quinquenales de la Unión Soviética.
Este sábado, y en consonancia con la declaración del general Minnekayev, fuerzas aeroespaciales rusas destruyeron un depósito de armas provistas por EEUU y la OTAN en Odesa, informó el portavoz del Ministerio de Defensa ruso, Ígor Konashénkov, según la agencia Sputnik. Añadió que fueron destruidos otros tres almacenes de armas, municiones y pertrechos militares en Ilichevka y Kramatorsky un complejo de misiles antiaéreos en Nóvaya Dmítrovka.
Espacio aéreo
El gobierno turco anunció el cierre de su espacio aéreo para aviones militares rusos con destino a Siria. “Entregamos los permisos por tres meses. Ellos tenían permiso hasta abril. Nuestro presidente habló con Putin sobre eso. Entonces los vuelos cesaron. Es decir, nosotros estamos llevando a cabo el proceso mediante el diálogo, basado en la convención de Montreux», dijo Mevlut Cavusoglu, canciller turco.
En Alemania, el jefe de gobierno, Olaf Scholz, surfea para evitar la ruptura de la coalición que le permitió llegar al gobierno en diciembre pasado. El tema de fondo es la entrega de armas a Ucrania. Scholz insiste en que su posición es evitar que la guerra se extienda a los países de la Otan. “No debe haber una guerra nuclear. Estoy haciendo lo posible para evitar que una escalada conduzca a una tercera guerra mundial”, sostuvo a Der Spiegel.
Desde el otro lado de Eurasia, el portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores chino, Zhao Lijian, protestó contra declaraciones de la subsecretaria de Estado Wendy Sherman. La funcionaria estadounidense había declarado que China “debe aprender las lecciones correctas de la situación en Ucrania”.
«La posición de China sobre la cuestión de Ucrania es legítima, justa, objetiva e irreprochable. Por el contrario, es la parte estadounidense la que tiene un mal historial sobre las cuestiones pertinentes», retrucó Zhao. «Aconsejamos a la parte estadounidense que se mire en el espejo y maneje apropiadamente sus propios asuntos antes de señalar con el dedo a otros», abundó.
Las imágenes de dos helicópteros bombardeando un depósito de petróleo en Belgorod, a unos 40 kilómetros de la frontera con Ucrania pero en territorio ruso, elevaron las alarmas ante un nuevo encuentro entre ambos países en una mesa de negociaciones. El gobierno de Kiev dijo al principio que “no confirma ni niega” su responsabilidad, pero luego atribuyó el golpe, que provocó el estallido de los tanques de combustible –que terminaron envueltos en llamas– a un “atentado de bandera falsa” perpetrado por Moscú. En todo caso, el ataque amenazó con empiojar las conversaciones de paz, aunque con las horas el tema fue bajando de agenda a medida que la complicada evacuación de civiles de la ciudad de Mariupol le agregaba una dosis de dramatismo a la situación general en este conflicto bélico que ya lleva 38 días.
Mientras tropas rusas aparecían reagrupándose hacia el este del país, como parte de algunos acercamientos para hablar de un alto el fuego, el anuncio del presidente Vladimir Putin de que a partir de este viernes los países que quieran seguir comprando gas a Rusia deberán abonar en rublos generó otro tipo de rispideces.
El decreto firmado por Putin dice que, “si no se realizan estos pagos, lo consideraremos un incumplimiento de las obligaciones por parte del comprador, con todas las consecuencias que ello conlleva”, léase, cortar el envío del fluido. La respuesta fue que los contratos fueron hechos en euros o en dólares. Pero entre las sanciones establecidas a instancias de Estados Unidos –y que acataron casi en su totalidad los países europeos–, las que más impactan se relacionan con las suspensiones de bancos y, sobre todo, la incautación de reservas del Banco Central de Rusia en el exterior, que suman el equivalente a unos 300 mil millones de dólares.
Hace algunos días el canciller Sergei Lavrov había manifestado la sorpresa para Moscú, que evaluaba sanciones pero nunca una semejante, ya que atenta contra confianza en el resguardo de depósitos de los fondos de países soberanos. Por si no bastaba con los 1200 millones de dólares de oro que el Banco de Inglaterra se niega a devolver al gobierno de Nicolás Maduro, argumentando que el Reino Unido reconoce a Juan Guaidó como presidente de Venezuela, ahora se agrega la mitad de la reserva acumulada por Rusia durante años y confiada en la seguridad de que los depósitos de países soberanos son intangibles.
La maniobra de Moscú tampoco se la esperaban en Occidente y el grupo G7 dijo que era inadmisible porque representa “un incumplimiento unilateral y claro de los contratos existentes”, según el ministro de Economía germano, Robert Habeck. Más allá de discusiones técnicas y hasta morales, lo concreto es que el rublo, que en los primeros días tras la batería de sanciones había caído hasta mínimos históricos de 115 por euro, a poco del anuncio de Putin se recuperó hasta 94. La razón habría que buscarla en compras en secreto de empresas u organismos públicos europeos para cumplir con las nuevas disposiciones.
Si las sanciones esperaban destruir la economía rusa, luego del impacto inicial tal vez termine por golpear más a los países occidentales y hay quienes sostienen incluso que el dólar dejará en el camino jirones de su vigencia para ser una moneda más, con lo que puede eso significar para la fortaleza económica de Estados Unidos.
Por lo pronto, India ya anunció que las compras de gas ruso se harán en monedas locales –rupia y rublo– y mediante un sistema alternativo al de transferencia SIWFT del que se eliminó a Rusia, lo que despertó amenazas de la Casa Blanca contra un país al que consideraban amigo de Washington. El Banco Central de Brasil, además, cuadruplicó sus reservas en yuanes –la moneda china– y redujo su exposición en dólares y euros. “El motivo es que ahora hay mayor incentivo al yuan después de que EE UU bloqueara aplicaciones en dólares a Rusia”, dice un comunicado del BCB, que preside desde la llegada de Jair Bolsonaro al Planalto el economista liberal Roberto Campos Neto.
Otra liberal, Elvira Nabiullina, ocupó los medios especializados estas semanas. A cargo del Banco Central de Rusia desde 2013 y considerada desde 2014 por la revista Forbes como una de las mujeres más poderosas del mundo, esta mujer de origen tártaro nacida en la República de Baskortostán tiene mandato hasta el 24 de junio y Putin ya adelantó que va a proponerla para un nuevo período.
Nabiullina fue muy criticada tras el bloqueo de las cuentas del BCR. Muchos la acusan de que con su consistente fe en los mercados, expuso al país a perder la mitad de sus ahorros. Pero al mismo tiempo, es una garantía para los mercados de que buscará que no se le desmadren las variables financieras. En 2014, tras la reincorporación de Crimea, había tenido que enfrentar un cimbronazo parecido y estabilizó el rublo incrementando las tasas bancarias del 9 al 17%, para luego volver al valor inicial. Ahora, elevó la tasa de referencia del 9,5% al 20% y frenó una posible corrida, que era el objetivo confeso de las medidas punitivas contra Moscú.
El premio Nobel de Economía Paul Krugman publicó una columna en el New York Times donde acota que “Rusia ha logrado defender con bastante eficacia el valor de su moneda” y, tras reconocer la importancia de haber impuesto severos controles de cambio, elucubra que una de las razones de Moscú para elevar las tasas es sostener al rublo como una estrategia de propaganda. El británico Financial Times fue más lejos y entrevistó a la subdirectora gerenta del Fondo Monetario Internacional, Gita Gopinath, quien dijo que “las sanciones financieras impuestas a Rusia amenazan con debilitar el dominio del dólar estadounidense y podrían resultar en un sistema monetario internacional más fragmentado”.
Los países occidentales, a su vez, ya están sufriendo en carne propia las consecuencias de guerra y las represalias. En Alemania sacaron del menú en los bares las papas fritas porque el aceite de girasol aumentó un 500%. El combustible también se disparó y la liberación de un millón de barriles de las reservas de petróleo que anunció Joe Biden no dio el resultado esperado.
«Ayuda» para prevenir conflictos en otros países
La Casa Blanca anunció un plan de diez años de prevención de conflictos a poner en marcha en Haití, Libia, Mozambique, Papúa Nueva Guinea y la costa occidental de África para «promover la estabilidad y favorecer el desarrollo económico». La nueva estrategia del gobierno demócrata se implementará «a través de la acción colectiva y la asociación», y se sustenta en la Ley Global de Fragilidad aprobada por el Congreso, informa la agencia AFP.
Entre los países que formarán parte de este esquema figuran también Benín, Costa de Marfil, Ghana, Guinea y Togo, y de acuerdo con lo que afirma Washington, se contemplan medidas para «prevenir conflictos, fomentar la resiliencia y la estabilidad y promover el desarrollo económico».
Para el gobierno de EE UU, es «más necesario que nunca» prevenir y estabilizar conflictos y «mirar más allá de las crisis urgentes y las necesidades a corto plazo» para centrarse en objetivos estratégicos a largo plazo. El gobierno afirma que se enfocará en fortalecer las instituciones democráticas, «por ejemplo, en las áreas del estado de derecho, anticorrupción, aplicación de la ley y transparencia fiscal», y en promover los Derechos Humanos y la igualdad de género.
El Congreso de Estados Unidos autorizó hasta 200 millones de dólares anuales para este tipo de estrategias y asignó 125 millones de dólares en el año fiscal 2022 para el Fondo de Prevención y Estabilización. En algunos de esos países, la intervención de Estados Unidos fue clave para crear las condiciones de su inestabilidad, como ocurre en Haití desde hace décadas y en Libia desde 2011.
Mientras se lanzan acusaciones mutuas por la instauración de un “corredor humanitario” que debe permitir la evacuación de población civil de las ciudades de Mariupol y Volnovaya, representantes de Ucrania y Rusia se disponían a una nueva ronda de negociaciones por un alto el fuego, la tercera desde que Vladimir Putin ordenó la incursión militar, el 24 de febrero pasado. Desde entonces, con tropiezos y ante una resistencia que da la impresión de ser mucho mayor de la esperada, las tropas rusas avanzan lentamente para cubrir todo el territorio y fundamentalmente, se acercan para rodear a Kiev, la capital del país y el bastión del gobierno proeuropeo de Volodimir Zelenski.
La estrategia de Moscú parece estar centrada en demoler todas las instalaciones militares ucranianas y este sábado el presidente ruso aseguró que ya fue destruida la mayor parte de las infraestructuras que atienden a las tropas de Kiev. El ministro de Defensa ruso Igor Konashenkov estipuló en 2037 la cantidad de objetivos destruidos. Las autoridades computan en este rubro almacenes de armas, depósitos de municiones, sistemas de aviación y defensa antiaérea y estaciones de radar.
De acuerdo a datos filtrados de la OTAN, desde la organización atlántica brindan información de inteligencia satelital sobre la ubicación de tropas y desplazamiento de la parafernalia de Rusia, lo que permitió la destrucción, a su vez, de gran cantidad de la maquinaria bélica utilizada en el operativo. Eso explicaría en parte la resistencia ante el avance ruso.
Entre las bajas más sonantes de esta semana figuró la muerte del mayor general Andrei Sukhovetsky, de 47 años, comandante general de la Séptima División Aerotransportada rusa y subcomandante del 41° Ejército de Armas Combinadas, alcanzado por el proyectil disparado por un francotirador desde 1500 metros.
Una medida de que el cerco sobre Kiev y el resto del occidente ucraniano se estrecha, sin embargo, tal vez la muestre la desesperación del presidente Zelenski por convencer a sus aliados europeos y de Estados Unidos para que se comprometan más intensamente en el apoyo y la defensa de Ucrania. Tras un encuentro desarrollado de manera virtual este viernes, el mandatario acusó a la Otan de haber mantenido “una cumbre débil, una cumbre confusa» y les endilgó: «Todas las personas que morirán a partir de este día también morirán por tu culpa, por tu debilidad, por tu desunión».
Zelenski pedía, entre otras cosas, más armas y que declaren zona de exclusión aérea sobre su país para evitar las incursiones de la aviación rusa. Putin, desde Moscú, advirtió lo que era obvio: que eso podría implicar una guerra abierta de final impredecible pero indudablemente letal para el continente. Zelenski repitió el pedido ante senadores de EE UU. El jefe de Estado Mayor estadounidense fue el encargado de responder y descartó desde Letonia toda posibilidad de una medida semejante. «Si se declarase una zona de exclusión aérea, alguien tendría que hacer que se respetara», dijo Mark Milley. «Tendríamos que ir y combatir activamente a las fuerzas aéreas rusas –explicó luego– y eso es algo que ni el secretario general de la OTAN (Jens Stoltenberg) ni ningún otro responsable político entre los Estados miembro hayan dicho que quieran hacer».
El presidente ucraniano oscila entre pedidos desesperados de ayuda, lamento por la falta de resultados y declaraciones en las que se muestra dispuesto a negociar una salida. Dijo que aceptaría reunirse con Putin para hablar en persona sobre la forma de resolver la cuestión sin condiciones, pero desde Moscú no recogieron el guante. Se limitan a sostener que toda posibilidad de arreglo por ahora debe ser tratada en la mesa de negociaciones, mientras entienden que los planes originales de “desmilitarizar y desnazificar” al país no tienen por qué ser negociados. Pero si al principio no querían saber nada con el ex comediante, ahora estarían más dispuestos a que siga en el cargo de cumplirse el objetivo de entrar a Kiev.
En la segunda reunión entre ambas partes, se había acordado un cese el fuego puntual para evacuar a población de las ciudades sureñas Mariupol y Volnovaya, que sufren la falta de artículos esenciales, electricidad y gas por el bloqueo ruso. Sería un corredor para transportar a varios cientos de miles de personas durante un tiempo determinado. Pero hubo denuncias de ambas partes de violación al compromiso de “silencio de armas” y de que no se estaba cumpliendo.
El miembro de la delegación ucraniana para la mesa de diálogo, David Arakhamia, confirmó desde su cuenta de Facebook que el lunes se reanudarán las conversaciones, sin especificar el lugar del encuentro. Rusia pretendía que se desarrollaran en Minsk, la capital de Bielorrusia, donde en 2014 y 2015 se firmaron los Acuerdos que, con anuencia de Alemania, Francia y Gran Bretaña, deberían haber puesto fin a la crisis en el Donbass, pero que nunca fueron cumplidos por Kiev.
Zelenski, precisamente por el contenido simbólico que hubiesen tenido esas entrevistas en ese preciso lugar, quiso se fueran en otro lado. La primera fue en Gómel, la segunda en Belovezhskaya Pushcha, en la región bielorrusa de Brest, cerca de la frontera con Polonia.
Putin, mientras tanto, sigue con una febril actividad diplomática y mantuvo un encuentro de más de dos horas con el primer ministro israelí, Naftali Bennett, para hablar de la situación regional en relación con la guerra en Ucrania y el impacto que tiene sobre ese escenario también lábil. Durante la semana, Putin también habló con el presidente francés, Emmanuel Macron, quien intenta por todos los medios convertirse en una suerte de mediador para acercar cabezas y bajar tensiones, hasta ahora con poco éxito.
En el delicado tablero europeo, la invasión rusa removió viejos temores y desempolvó antiguas disputas. Hubo manifestaciones en Hamburgo en contra de la guerra, mientras que en Munich se organizó una cadena humana entre los consulados de Ucrania y de Rusia. En Düsseldorf se juntaron varios miles en una marcha bajo el lema «Juntos contra la agresión rusa». En Serbia, en tanto, se desarrolló una manifestación a favor de Rusia. “Crimea es Rusia, Kosovo es Serbia”, se escuchaba en alguno de los cánticos.
Foto: AFP
Bitácora
Kiev acusó a Rusia de «terrorismo nuclear» y despertó alarmas tras un ataque en instalaciones de la central nuclear de Zaporiyia.
Tras una conversación telefónica con Vladimir Putin, el presidente francés Emmanuel Macron consideró que «lo peor está por venir», por la determinación de su par ruso para «tomar el control» de todo el país.
Más de 1,37 millones de personas huyeron de Ucrania desde el 24 de febrero, según la ONU. La mayoría cruzó a Polonia, pero también a Hungría, Moldavia, Eslovaquia y Rumania.
EEUU y Rusia establecieron una línea directa entre ambas cúpulas militares para prevenir errores de cálculo en Ucrania, dijo un alto cargo de Defensa estadounidense al The Wall Street Journal.
La guerra en Ucrania y las sanciones contra Rusia tienen un impacto significativo en la economía mundial y los mercados financieros, evaluó el Fondo Monetario Internacional (FMI).
El magnate Elon Musk dijo que el servicio de banda ancha satelital Starlink, que brinda su compañía Space X, no bloqueará a los medios de comunicación rusos «a menos que sea a punta de pistola».
Alemania cerró un acuerdo para construir una terminal para importar gas licuado (GNL) en la desembocadura del río Elba, la primera del país, con el objetivo de disminuir su dependencia del gas ruso, dijo el Ministerio de Economía.
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