por Alberto López Girondo | Feb 26, 2023 | Sin categoría
El aniversario de la guerra en Ucrania encontró a los líderes occidentales en franca competencia por demostrar quién está más comprometido en apoyar a Volodimir Zelenski, aunque en la práctica eso no se pueda traducir más que en un rosario de promesas. De hecho, el este europeo se ha convertido en un agujero negro por donde pasan a otra dimensión ingentes cantidades de apoyo financiero, armamentos y vidas humanas. Ponerle una cifra a esas pérdidas resulta a esta altura imposible, porque ningún bando muestra las cartas. No sería prudente dar un número de bajas, tanto sean civiles como militares, pero Washington ya destinó casi 70.000 millones de dólares a los que hay que sumar otros dos mil anunciados este viernes. El armamento es otra incógnita porque mucho fue destruido en el marco de la estrategia rusa de “desmilitarizar”, y otro tanto aparece en manos de tropas irregulares de conflictos regionales en África.
El primero en visitar Kiev fue Joe Biden, el presidente de Estados Unidos, quien llegó en un viaje secreto que lo llevó en avión al aeropuerto de Rzesznow-Jasionka, en el sur de Polonia, donde se subió a un tren que lo dejó en la capital ucraniana. Allí lo esperaba el excomediante vestido con su ya clásica remera de tipo militar. La comitiva que acompañó al mandatario estadounidense fue muy reducida y entre los medios de prensa solo llevó a una periodista del Wall Street Journal y un fotógrafo de la agencia Associated Press. Desde Moscú, la siempre filosa vocera del Ministerio de Relaciones Exteriores ruso, María Zajárova, dijo que “Biden no se atrevió a visitar Kiev sin advertir a Rusia y sin pedirle a la parte rusa que garantizara su seguridad”.
Como sea, luego acudieron a esa cita en conmemoración del 24F de 2022 los jefes de Estado de España, Pedro Sánchez; de Italia, Giorgia Meloni; de Polonia, Mateusz Morawiecki, y hasta la titular del Fondo Monetario Internacional, Kristalina Giorgieva. Zelenski le pidió un nuevo crédito al FMI por 15.000 millones de dólares para solventar el déficit, los que se suman a otros 20.000 millones otorgados a lo largo del conflicto.
Los otros mandatarios prometieron, a su vez, en envío de tanques para aguantar el avance de las fuerzas rusas. Pero las cantidades de esos artefactos bélicos no parecen ser tan significativas: Sánchez anunció 12 Leopard alemanes de una serie vieja, Suecia anunció otros diez y Alemania completará 14 del último modelo, mientras que Morawiecki dijo que pronto sumará 60 de origen polaco, PT-61, a los 4 ya enviados. Zelenski, en respuesta, afirmó que “la victoria de Ucrania será inevitable si los países occidentales cumplen con su palabra y respetan los plazos de entrega”.
El problema es que, como lo reconoció hace unas semanas el propio jefe de la organización atlántica, Jens Stoltenberg, “la tasa actual de consumo de municiones en Ucrania supera ahora la capacidad de producción de los países de la Otán». Un tácito reconocimiento de que ni EE UU ni sus aliados occidentales pueden sostener una guerra de largo aliento como esta por mucho tiempo, lo que habla de una debilidad para la disputa hegemónica y un error de cálculo sobre las características que tomaría esta contienda o ambas cosas.
Esto ya es un indicativo de que si hubiera que hacer una evaluación de este primer año de conflicto, las potencias del oeste no la están pasando tan bien como alegan los medios afines en el campo de batalla. Cierto que tampoco Moscú puede afirmar que está a un paso de la victoria definitiva. La movilización de 300.000 reservistas en septiembre pasado fue una señal de que el primer contingente no fue suficiente para mantener las posiciones.
Desde el principio los especialistas en cuestiones militares sabían que si verdaderamente Rusia quería ocupar todo el territorio no tenía en el campo suficiente cantidad de soldados. De hecho, el primer “amague” sobre Kiev (1) no fue sino una estrategia para que las fuerzas ucranianas salieran del asedio al Donbass, que era el objetivo del Kremlin.
Algunos analistas entienden que el anuncio de Vladimir Putin de estos días de suspender la participación rusa en el START III, último tratado de desarme nuclear con EE UU, es una amenaza pero también una señal de que en Moscú prevén que la cosa viene para más largo y ponen un nuevo límite. Ya Donald Trump había suspendido el tratado de las Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio, que se había firmado en 1987, con lo que el riesgo de un enfrentamiento atómico sin red de contención se acrecienta.
En ese contexto, la cancillería china presentó este viernes una propuesta de doce puntos para encontrar una vía diplomática que resuelva el conflicto (2). El plan especifica la necesidad del respeto “de la soberanía de todos los países” que establece la Carta de las Naciones Unidas. “Todos los países, grandes o pequeños, fuertes o débiles, ricos o pobres, son miembros iguales de la comunidad internacional”, detalla, aunque agrega que “la seguridad de una región no debe lograrse fortaleciendo o ampliando bloques militares” mientras reclama “detener las sanciones unilaterales”.
En resumen, llama a sentarse a una mesa para reanudar las conversaciones de paz interrumpidas abruptamente por Ucrania en junio pasado y alerta sobre los riesgos de una escalada nuclear. Rusia aceptó el convite, en Occidente son más reacios. No quieren dejarle el rol de árbitro internacional a Beijing.
Esta semana, con el patrocinio de 75 países (entre ellos Chile, Ecuador, República Dominicana y Uruguay) y a instancias de EEUU, la Asamblea General de la ONU aprobó un documento que reclama el cese de hostilidades en Ucrania y el retiro de las tropas rusas. Obtuvo 141 votos a favor -entre ellos Argentina y Brasil- y 32 abstenciones, entre las que destacan China, India, Sudáfrica -integrantes del grupo BRICS con el gigante sudamericano- Bolivia y Cuba. En contra se pronunciaron Rusia, Bielorrusia, Corea del Norte, Eritrea, Mali, Nicaragua y Siria. Y Europa anunció más sanciones a Rusia.
1-https://www.tiempoar.com.ar/mundo/la-estrategia-de-los-rusos-en-territorio-ucraniano-analizada-por-un-alto-mando-argentino/
2-https://www.fmprc.gov.cn/mfa_eng/zxxx_662805/202302/t20230224_11030713.html
Tiempo Argentino, 26 de Febrero de 2023
por Alberto López Girondo | Feb 5, 2023 | Sin categoría
Los máximos dirigentes de la Unión Europea visitaron Kiev para dar su apoyo a Volodimir Zelenski a 20 días del primer aniversario del inicio de la guerra en Ucrania. Las grandes novedades son el compromiso de enviar tanques Leopard, de fabricación alemana, y de cohetes de mayor alcance -Bombas de Pequeño Tamaño Lanzadas desde Tierra (GLSDB por sus siglas en inglés)- por parte de Estados Unidos, lo que implica una profundización de la contienda iniciada el 24 de febrero pasado.
Al mismo tiempo circuló un nuevo informe de la consultora Rand Corporation (RC) que recomienda precisamente lo contrario. Y trascendió en un tradicional y respetado medio suizo, Neue Zürcher Zeitung, que a raíz de las conclusiones de ese documento, “a mediados de enero, el presidente Joe Biden instruyó al jefe de la CIA, William Burns, para evaluar si Kiev y Moscú estaban dispuestos a negociar”. La base del acuerdo que propuso la Casa Blanca sería la cesión del 20% del territorio ucraniano a Moscú, es decir, reconocer la soberanía rusa sobre el Donbass. Ambos gobiernos se habrían negado y la gira de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, del titular del Consejo Europeo, Charles Michel, y otros 15 comisarios europeos -más la aceptación alemana a enviar tanques a Ucrania- señalan que hay allí diferencias por ahora irreconciliables sobre cómo seguir esta historia.
El informe de Rand se llama “Evitar una guerra larga. La política estadounidense y la trayectoria del conflicto entre Rusia y Ucrania” (Acá) y contradice uno de 2019, ya publicado en Tiempo, (Acá) donde desde el título, “Sobreextender y desbalancear a Rusia”, proponían en 2019 una estrategia para debilitar al país euroasiático que siguió al pie de la letra la administración Biden.
La organización no gubernamental pero financiada con fondos de la Secretaría de Defensa y el Departamento de Seguridad Nacional, ya en los 60 había evaluado que la guerra de Vietnam era inganable tras un estudio pedido por el secretario de Estado de John Kennedy y Lyndon Johnson, Robert Mc Namara. La historia de las mentiras sobre las que se basó la incursión de EEUU en el sudeste asiático fue revelada por Daniel Ellsberg, un empleado de RC, en el caso que se conoció como “Los papeles del Pentágono”, popular por varios filmes, el último The Post, de Steven Spielberg, de 2017. Ahora RC sostiene algo parecido: según los autores del informe, Samuel Charap y Miranda Priebe, ni Rusia ni Ucrania pueden asegurarse una «victoria absoluta» que cumpla con todos y cada uno de los reclamos que los llevaron a la contienda. Pero lo peor es que esta situación repercutirá negativamente en los intereses de Estados Unidos.
“El control territorial, aunque inmensamente importante para Ucrania, no es la dimensión más importante del futuro de la guerra para Estados Unidos”, concluye el estudio. Y agrega, sin consideraciones emocionales, como suele hacer la Rand, que “además de evitar una escalada a una guerra entre Rusia y la Otan o del uso de armamento nuclear por parte de Rusia, evitar una guerra prolongada es también una prioridad más alta para los Estados Unidos que facilitar significativamente más control territorial ucraniano”.
Por si quedaran dudas sobre el alcance de las propuestas de Rand -que por cierto, entiende que el poderío ruso está muy diezmado, aunque aún tiene capacidad para mantenerse en la lucha- el documento recuerda que “el presidente Joe Biden ha dicho que la guerra terminará en la mesa de negociaciones. Pero la administración no ha hecho aún ningún movimiento para llevar a las partes a una negociación”. Quizás es lo que el jefe de la CIA intentaba calladamente hacer entre Kiev y Moscú, con suerte esquiva por el momento.
Tiempo Argentino, 5 de Febrero de 2023
por Alberto López Girondo | Nov 13, 2022 | Sin categoría
Volodimir Zelenski celebró con euforia la llegada de las primeras tropas ucranianas a la ciudad de Jersón. «Es un día histórico», dijo el mandatario. «Es una victoria conjunta, una victoria de todas las naciones amantes de la paz en todo el mundo», dijo horas después Dmytro Kuleba, ministro de Relaciones Exteriores de Ucrania, al cabo de una reunión con el secretario de Estado Antony Blinken en una cumbre en Camboya. En fila, altos funcionarios de Estados Unidos aclamaron el acontecimiento, al que calificaron de una manifestación de valor de los ucranianos y de que Rusia viene perdiendo la guerra, iniciada el 24 de febrero pasado. A ellos se agregó Ben Wallace, ministro de Defensa del Reino Unido, quien habló de un «nuevo fracaso estratégico ruso».
Pero lo que bien podría denominarse la Batalla de Jersón-2022 –por la primera capital que había sido tomada por tropas de Moscú y que integra la provincia del mismo nombre, incorporada a la Federación Rusa en octubre– es en sí misma una postal de lo que ocurre en Ucrania.
Desde que el 8 de octubre pasado el general Sergei Surovikin fue presentado como el nuevo comandante de las tropas rusas en Ucrania, hubo un claro cambio de estrategia del alto mando ruso. Así, mientras se espera la llegada de las nuevas tropas -unas 300.000 reservistas que están haciendo su entrenamiento– las fuerzas rusas fueron abandonando puestos donde se veían superadas numéricamente por los efectivos de Kiev.
Desde hace 15 días, Moscú anunció que los habitantes de la ciudad debían irse hacia territorio seguro, del otro lado del río Dnieper. El viernes, el ministro de Defensa Sergei Shoigu, dijo que se había completado el retiro de los civiles y que «las tropas rusas salieron hacia la orilla izquierda del río Dniéper».
Por un lado, esa movida revela que para Moscú las cosas no pintan tan bien en Ucrania y está buscando torcer el tumbo. Por otro lado, Kiev celebra el triunfo en una batalla donde no se disparó ni un tiro. Difícil saber si es que están siguiendo las indicaciones del estratega chino Sun Tzu o quieren vender una denodada ante un escenario al que faltaba el enemigo.
A todo esto, hubo muchas dudas al principio sobre qué iría a ocurrir. Entre que se retiró el último ruso e ingresó el primer ucraniano pasó un tiempo en que la comandancia militar y el propio Zelenski no querían cantar victoria temían que se tratara de una trampa.
En ruso hay una palabra, maskirovka, que se traduce como engaño. Es una estrategia que fue usada en la segunda guerra mundial ante la invasión nazi. Consiste en algo tan poco novedoso en la guerra como dejar pistas falsas, amenazar por un lado y atacar otro, cosas así. Hasta último momento dudaban de si los rusos no los estarían esperando agazapados en las esquinas.
La explicación del general Surovikin –con amplia experiencia de guerras en Chechenia y luego en Siria– debía haberlos instruido sobre lo que ocurría. Surovikin reconoció que los rusos no tendrían posibilidad de defenderse de un ataque masivo y que mantener ese puesto era arriesgar vidas inútilmente.
Aquí es donde los expertos militares recuerdan que desde el primer día Rusia tuvo muy pocos soldados como para emprender una invasión. Lo que probaría que el objetivo inicial estaba más cerca de lo que declaraba Vladimir Putin (que solo quería desnazificar y desmilitarizar a Ucrania) que de, como se decía en los medios occidentales, tomar Kiev y ocupar todo el territorio.
Las primeras imágenes de soldados ucranianos volviendo a Jersón, por otro lado, pusieron en foco el perfil de las tropas con que Ucrania intenta recuperar territorio. En cuentas de las redes sociales de analistas o difusores muy cercanos a Occidente detectaron con preocupación que algunos llevaban en el casco y en una manga el emblema de la División Dirlewanger, de las SS nazis. Dos mazos cruzados, muy a tono con lo que era, una Brigada de Castigo integrada por convictos por los peores crímenes y que cometieron las atrocidades más feroces en Ucrania, Bielorrusia y Polonia durante la invasión alemana, de 1941. Los que apoyan a Kiev ahora se preguntan cómo hacer más adelante para desarmar a esos grupos que ellos mismos armaron.
Tiempo Argentino, 13 de Noviembre de 2022
por Alberto López Girondo | Oct 22, 2022 | Sin categoría
La última ofensiva rusa en territorio ucraniano dejó a un tercio del país en «situación crítica» por falta de luz y agua, señaló Volodimir Zelenski en su cuenta de Twitter el martes. Este sábado, el mandatario ucraniano le puso números al «ataque masivo»: más de un millón de hogares afectados en el centro y el sur del país.
Mientras tanto, las autoridades de Jersón, una de las regiones incorporadas a Rusia el 30-S, ordenaron la evacuación de los civiles ante lo que denominaron «una situación tensa en el frente» por la ofensiva de las tropas de Kiev.
Las fuerzas ucranianas están en problemas, según los expertos militares: se les acaba el tiempo favorable para avanzar antes del invierno y la llegada de refuerzos rusos, y también se quedan sin pertrechos recibidos de Occidente, cuando se acercan elecciones de medio término en EE UU que podrían inclinar la balanza en su contra. Pero además, la concentración de tropas y material bélico en la frontera de Bielorrusia hace temer una gran ofensiva desde el norte hacia la capital, por lo que no pueden descuidar ningún escenario.
Quizás por eso es que trascendió una conversación telefónica entre los titulares de Defensa de EE UU y Rusia, el secretario Lloyd Austin y el ministro Sergei Shoigu. La versión del Pentágono es que Austin «enfatizó la importancia de mantener las líneas de comunicación en medio de la guerra en curso contra Ucrania». Desde el Kremlin el portavoz presidencial, Dmitrti Peskov, declaró que el presidente Vladímir Putin «siempre estuvo abierto a negociaciones tanto con la OTAN como con EE UU incluso antes de la Operación Militar Especial» del 24-F.
También se supo que el viaje a Colombia, Perú y Chile del secretario de Estado, Antony Blinken, a principios de mes, no tenía como objetivo la cumbre de la OEA o hablar de migración con los mandatarios de corte progresista de la zona. Según John Kiriakou –un exagente de la CIA que pasó una temporada en prisión por revelar las atrocidades cometidas por efectivos de EE UU en Asia en tiempos de Barack Obama– fue en busca de viejo equipamiento ruso. «Las armas estadounidenses son difíciles de usar, sofisticadas y complicadas, y simplemente no hay tiempo para capacitar a los ucranianos sobre cómo usarlas».
Tiempo Argentino, 23 de Octubre de 2022
Comentarios recientes