por Alberto López Girondo | Nov 3, 2017 | Sin categoría
Además de haber sido la cuna de la revolución rusa, la capital imperial también será sede del Mundial de Rusia 2018. Idas y vueltas de la construcción del estadio más caro y la historia de los Stalinets, luego convertidos en el Zenit, el equipo local donde juegan cinco argentinos.
Se sabe que el fútbol es pasión en todo el planeta y se convierte en una enfermedad cuando el mundial se disputa en la propia tierra. Lo comprenden ahora los rusos desde que se estableció que la copa de la FIFA de 2018 se disputará en esa tierra. Y lo viven con mayor intensidad en San Petersburgo, donde se construyó el estadio más caro, el más impactante y seguramente el que más críticas despertó de los 12 en que rodará la bola el año que viene.
Pero en las calles de esta bella ciudad no se percibe aún todo el marketing que seguramente saldrá a la luz el 1 de diciembre en el Kremlin, de Moscú, cuando se sorteen los equipos que compondrán los distintos grupos y se sepa entonces quiénes serán los que competirán en la antigua capital imperial.
En las calles se ven unos macetones con el dibujo de los gajos de una pelota de futbol y en los locales de ropa deportiva por ahora se vendían solo las camisetas de los que lideran el ranking aspiracional: Barcelona, Paris Saint Germain, y el local Zenit, donde juegan nada menos que cinco argentinos, Matías Kraneviter, Emanuel Mammana, Leandro Paredes, Emiliano Rigoni y Sebastián Driussi. Por supuesto que las miradas están todas puestas en Messi y entre las casacas es la del diez argentino la más requerida, comenta entre señas un vendedor con el que no hay otra forma de comunicarse. Tampoco hacía falta.
Los pocos lugareños que no hablan solo ruso (dato a tener en cuenta para quienes viajen el año que viene, pocos pueden mantener una conversación en inglés y muchísimos menos español), se muestran entusiasmados con el certamen pero los críticos, que no escasean en ningún lado del mundo, deploran los gastos que insumió el estadio Krestovski, internacionalmente conocido como San Petersburgo Arena, o también Gazprom Arena, ya que la empresa de energía de capitales mixtos es dueña del equipo y fue la que aportó para la construcción. Hasta cierto punto…
Porque como dice un joven que atiende en un restaurante de la avenida Nevski, la principal de la ciudad, el estadio es “un monumento a la corrupción”. Parece que la figura no solo es usada en Argentina para reflejar gastos en obra pública con amplios beneficios para bolsillos particulares. Pero en este caso, el escándalo llegó a golpear en el despacho del presidente Vladimir Putin, quien en una conversación con el titular de la FIFA, Gianni Infantino, le reconoció que detrás de lo que ocurría con la construcción del soberbio edificio del Zenit había “una historia triste”.
La historia se refiere a los enormes costos y la demora en terminar de construirlo, diez años. Desde 2007 cuando Gazprom, la principal compañía rusa, decidió convertir al Zenit en un top ten dentro del mundo futbolístico europeo.
En ese lapso, el precio de las obras, construidas bajo el proyecto de un japonés, Kise Kurokawa, quien murió a poco de comenzar los trabajos, se multiplicó por cuatro y llegó un momento en que Gazprom dijo que no iba a poner un rublo más.
Fue allí que Putin tuvo que intervenir para que el estadio de su ciudad natal finalizara en tiempo y forma para el mundial que, espera, consagre su figura en todo el mundo, como líder y organizador.
La mole de cemento y metal se erige en la isla de Krestovsky, de allí su nombre. La ciudad de San Petersburgo está construida en una zona pantanosa del estuario del río Neva, uno de los más caudalosos de Rusia, que desemboca en el mar Báltico. Son meandros y recovecos que conforman una red de canales que convierten a ese escenario en una joya paisajística. Esos canales crean un rosario de islas, unas 40, comunicadas por multitud de puentes. Una de ellas es la de Krestovsky.
Este año, cuando se acercaba la fecha planificada para su inauguración, en ocasión la apertura de la Copa Confederaciones, el nerviosismo atravesó a la dirigencia del club y de la ciudad: en un amistoso jugado en abril se habían detectado fallas en la estructura. Los inspectores de la FIFA, además, dijeron que faltaban terminar obras en los baños.
En el partido que abrió el certamen, entre Rusia y Nueva Zelanda, el propio Putin llegó en helicóptero para dar una arenga de mariscal ante una batalla para alentar a los jugadores locales. Esa vez solo hubo problemas con el césped, bastante destruido por las obras reclamadas por la FIFA dos meses antes y hechas a las apuradas.
Nadie se anima a determinar el costo real de las obras. Algunas estimaciones hablan de 800 millones de dólares, otro insinúan que pasó de los 1200 millones. Eso sí, está hecho como para no desentonar con la ciudad. Es una mole con forma de nave espacial, techo retráctil y capacidad para más de 68.000 espectadores sentados.
El Zenit tiene una historia muy relacionada también con San Petersburgo. Formado por la fusión de varios equipos de esa ciudad íntimamente ligada a la industria naval, fijó como fecha de fundación el año 1925. Y no es ocioso decir que “fijó” porque hubo bastante controversia sobre como armar su historia cuando hubo que dar cuenta de su origen, al nacer el mundo de internet y aspirar a estar en ese selecto mercado.
Uno de los equipos que luego pasó a llamarse Zenit es el de los Stalinets. Acá también es difícil saber de donde viene el nombre porque si bien es cierto que este equipo corría en las canchas en los años de Stalin, es bueno recordar que el sobrenombre del controvertido líder soviético deriva de la palabra rusa Stal, acero. Y los muchachos que se calzaban entonces la camiseta azul metálico eran trabajadores de los astilleros, o sea metalúrgicos.
Durante el sitio de Leningrado, como se llamaba entonces la ciudad, algunos jugadores se fueron hacia Moscú o Kazan. Pero otros se quedaron a resistir con sus familias murieron esos trágicos días y perdieron la vida.
Remozado por Gazprom para convertirse en estrella mundial, en poco tiempo se llevó a figuras prominentes del futbol argentino y contrató al italiano Roberto Mancini. No le va tan mal, esta primero en la Liga rusa y primero en el Grupo L de la Europa League.
Tiempo Argentino Viernes 3 de Noviembre de 2017
por Alberto López Girondo | Abr 12, 2017 | Sin categoría
El gobierno de Vladimir Putin exigirá a Donald Trump que presente pruebas de que Siria atacó con armas químicas en la ciudad de Jan Sheijun, provincia de Idlib, la excusa para ordenar la andanada de misiles que descargó sobre una base militar en Homs y que puso en vilo a la comunidad internacional. Será este martes cuando el secretario de Estado Rex Tillerson visite Moscú. «Que venga y que nos explique lo que hicieron. Le vamos a decir todo lo que pensamos», señaló a la cadena NTV la portavoz de la cancillería rusa, María Zajárova.
El sorpresivo ataque ordenado por Trump con misiles Tomahawk, según deslizan cerca de Putin y coinciden analistas internacionales, tenía como objetivo demostrar –mediante una peligrosa exageración de recién converso- que para nada es amigo del presidente ruso, principal sostén internacional de Bashar al Assad. Y que detrás de ese bombardeo sobre la base de Shairat, en la provincia de Homs, está el interés de realinear a la coalición occidental.
En ese sentido, en las últimas horas Bélgica y Alemania adelantaron un paso al costado de la coalición militar destinada a combatir al grupo yihadista Estado Islámico (ver aparte). Los últimos atentados en Suecia, Bélgica, Alemania y antes Francia tienen mucho que ver con esta decisión, pero también que no les queda claro hacia dónde quiere ir Trump o hasta dónde lo dejará el establishment, que desde que ganó la elección viene fustigando su pretendido acercamiento a Putin.
En la madrugada del jueves pasado, fueron lanzados 59 misiles de crucero Tomahawk desde el portaaviones USS George H. W. Bush, de la Sexta Flota apostada en el Mediterráneo, contra la base aérea siria de Shairat, causando al menos siete muertos, dos de ellos civiles.
La ofensiva unilateral estadounidense fue, según Trump, en respuesta a un supuesto ataque con armas químicas contra la ciudad de Jan Sheijun que causó 84 muertes y más de 500 heridos y había sido denunciado tres días antes por la opositora Coalición Nacional para las Fuerzas de la Oposición y la Revolución Siria, una ONG con sede en Londres.
Las imágenes de niños y adultos bajo los efectos del gas sarín conmovieron a todo el mundo y levantaron quejas en los grandes medios contra el gobierno de Al Assad, acusado de haber vuelto a viejas prácticas de utilizar químicos prohibidos por los protocolos de la guerra. Desde Damasco respondieron que todas las armas no convencionales en manos del gobierno sirio habían sido destruidas con supervisión de Naciones Unidas, tal como marcaron los acuerdos entre Barack Obama y Putin en 2014. Y que el ataque en Jan Sheijun fue contra una base del EI, que si eso desencadenó una nube letal es porque los terroristas tenían esas armas atesoradas en el lugar.
El canciller ruso, Sergei Lavrov, insiste en la posición de Moscú: no hay pruebas de que las tropas de Al Assad hayan usado armas químicas. «Esto recuerda a 2003 cuando Estados Unidos, el Reino Unido y sus aliado, invadieron Irak sin autorización del Consejo de Seguridad usando como excusa que Saddam Hussein tenía armas de destrucción masiva » que, por otro lado, nunca se encontraron. Este martes, Lavrov y el secretario de Estado Rex Tillerson se verán los rostros en Moscú, y el ruso ya adelantó que le piensa decir en la cara todo lo que piensa de esta peligrosa movida.
¿Esta maniobra implica un giro copernicano de Trump sobre su planteo inicial de cambiar de cuajo las relaciones internacionales de Estados Unidos? Se recordará que el empresario dijo en campaña y anunció desde que se mudó a la Casa Blanca, el 20 de enero, que la política de Obama había sido errada, que era necesario coordinar con Rusia la forma de manejar las relaciones internacionales. Además, que EE UU no iba a seguir haciendo el mayor gasto para sostener a la OTAN en Europa, y que los europeos debían hacerse cargo de cuidar de sus propias espaldas.
De cara al frente interno, Trump quiso representar la demanda de sectores afectados por la globalización, como los asentados en el «cinturón de óxido», la región del medio este donde prosperó la industria automotriz. Un cambio radical en relación al crecimiento de áreas como Silicon Valley, con su ultrasofisticado desarrollo tecnológico, y el aparato militar industrial, que hace negocios con la guerra. Esto bastó para enfrentarlo a la dirigencia política, la burocracia estatal (el llamado Estado Profundo) y los servicios de inteligencia y los medios hegemónicos.
Obama dejó el gobierno despotricando contra una presunta injerencia de Putin en la campaña a favor de Trump, culpando a espías rusos de haber hackeado cuentas de correo de su candidata, Hillary Clinton, quien sin embargo logró 3 millones de votos más en el conteo final. La embestida creció desde el 20 de enero al punto de que obligó a la renuncia de su designado asesor en Seguridad Nacional, el general Michael Flynn. El sucesor del puesto que alguna vez ocupó Henry Kissinger fue «acusado» de haber mantenido reuniones con el embajador ruso en Washington. El mismo cargo pesa sobre varios de los funcionarios designados por Trump.
El viernes, mientras el secretario general de la ONU, António Guterres, expresaba su preocupación por la escalada bélica en Siria, Trump celebraba en Florida el «formidable avance» de sus relaciones con China, durante el segundo día de visita oficial del presidente chino, Xi Jinping. En la Bolsa de Nueva York, en tanto, las acciones del fabricante de los misiles Tomahawk, Raytheon, subían el 1,72 por ciento. Mucho en los términos en que se manejan las acciones en el centro del poder financiero internacional. Raytheon, para los fundadores de la compañía, quiere decir “Luz de los dioses”.
Tiempo Argentino
Abril 9 de 2017
por Alberto López Girondo | Feb 7, 2017 | Sin categoría
En Europa oriental adaptaron una vieja frase que en América Latina fue muy conocida en épocas no tan lejanas. “¿Por qué no hay revoluciones de colores en Estados Unidos? Porque allí no hay embajadas de Estados Unidos”. La referencia es a los movimientos sociales en países que habían pertenecido a la órbita soviética y que en poco tiempo cayeron en manos de élites prooccidentales a través de revueltas populares contra la dirigencia establecida, como la Revolución Naranja en Ucrania en 2004. Algo parecido piensa un fino ironista como el británico Karl Sharro, que se permitió dar la bienvenida al Estados Unidos de estos días al concierto de las naciones que en la primera década del siglo protagonizaron la llamada Primavera Árabe.
La llegada de Donald Trump a la Casa Blanca y su estilo poco convencional irritaron al establishment cultural, político y mediático, y las manifestaciones populares en contra del intempestivo empresario podrían ser el nacimiento de un movimiento más profundo. Algunos sectores afines a Trump sospechan que detrás de esas movidas, que podrían llevar al derrocamiento del presidente, está la mano de los intereses del “estado profundo” y las multinacionales que no ven con buenos ojos el cambio de modelo que propone el flamante mandatario.
Los mismos que manejaron tras bambalinas revueltas antigubernamentales en regiones de interés estratégico para Estados Unidos, incluso, podrían haber metido la nariz en algunas de estas manifestaciones de rechazo a Trump. Las aguas están lo suficientemente confusas en el Norte como para aseverar algo así.
Por lo pronto, Trump trata con ese modo brutal que lo caracteriza de avanzar lo más posible antes de que se le pasen los 100 días de gracia que todo nuevo ocupante del Salón Oval tiene concedido. Por eso desde el progresismo ensayaron los Cien días de Resistencia para frenar el empuje conservador que amenaza con demoler valores que parecían incorporados al imaginario popular.
La designación de un juez para la Corte como Neil Gorsuch, antiabortista y al mismo tiempo partidario de la pena de muerte, fue uno de los ejemplos regresivos de la segunda semana de Trump en el poder. Los demócratas rechazaron esa designación por los antecedentes del magistrado pero por otras dos razones de peso: tiene 49 años, lo que implica que el tribunal contará con primacía ultraconsevadora por mucho tiempo. Además, porque a la muerte de Antonin Scalia, hace justo un año, los republicanos impidieron el tratamiento del candidato que había propuesto Barack Obama.
Ante esta realidad, y teniendo en cuenta que la aprobación de Gorsuch necesita del apoyo de senadores demócratas porque la mayoría oficialista no alcanza para cubrir los dos tercios requeridos para el aval, Trump intentó imponer la “Opción Nuclear”, que habilita en situaciones de extrema urgencia a cambiar las reglas de juego o así votarlo con el 50 por ciento.
Hubo trabas en el Congreso también para la designación del secretario de Estado, Rex Tillerson y de los titulares de Defensa y el director de la CIA, Mike Pompeo, entre otros. Los demócratas dejaron el recinto en un intento de demorar el procedimiento y negociar cambios. Pero finalmente, forzando la regla de que debe haber al menos un opositor en el recinto, el oficialismo impuso su voluntad. De paso, fue designada como número dos de la agencia de inteligencia Gina Haspel, que tuvo su cuarto de hora de fama en 2013 cuando fue removida de su cargo porque había autorizado el uso de la tortura en interrogatorios secretos en Taliandia. Trump ya había dejado claro que el tormento es efectivo para obtener información y dijo que no tiene drama en que se aplique.
La CIA, experta en desestabilizar gobiernos a lo largo y ancho del mundo, promete ser otro hueso duro de roer y no solo por el informe donde acusaban al gobernó de Vladimir Putin de haber hackeado cuentas de Hillary Clinton para beneficiar a Trump en la elección de noviembre pasado. Por eso crece la sospecha de que están maniobrando en todos los rincones para socavar a Trump. Se sabe que uno de los objetivos es el propio jefe, Pompeo, pero también el asesor de Seguridad Nacional, Mike Flynn, un general retirado al que vigilan por su frecuente trato con el embajador ruso, Sergei Kislyk.
En el Pentágono, donde el castigo físico no genera prurito alguno, Trump encontró una resistencia de consecuencias aún no mensuradas. Parte de su estrategia a nivel internacional se basa en un acercamiento a la Rusia de Putin, por eso puso de canciller a un ex CEO de Exxon que lo conoce personalmente, como Tillerson, y al propio Flynn. Pero este giro en la política exterior choca con los paradigmas de los generales de cinco estrellas asentados en el edificio de Arlington, ni qué decir de los fuertes intereses de la industria bélica.
Fue así que el comandante de las fuerzas estadounidenses en Europa, Ben Hodges, desplegó tanques en la frontera ruso-polaca y disparó salvas tras anunciar que no era un ejercicio de entrenamiento sino un mensaje a Moscú. El detalle es que en la OTAN alentaron esta jugada porque Trump quiere que los europeos pongan más dinero en la defensa de su propio territorio.
En la UE también crece el descontento con las medidas proteccionistas que ya comenzó a implementar la nueva administración. El francés François Hollande ya se quejó públicamente del destrato “inaceptable” del nuevo presidente al viejo continente, en el contexto de que en breve, luego del Brexit, Gran Bretaña volverá a ser socio privilegiado de Estados Unidos, como acordaron Theresa May y Trump hace nueve días.
La llegada de Tillerson también alarmó al personal del departamento de Estado y ya son 900 los funcionarios que firmaron un memorando interno donde se critica la prohibición de ingreso a refugiados y ciudadanos de siete países musulmanes que el gobierno central dictó por Orden Ejecutiva la semana pasada. Esa polémica medida también fue rechazada por las autoridades de los estados de Nueva York, Massachusetts y Washington. La respuesta a los díscolos en el equipo que ahora comanda el petrolero fue tajante: “Los diplomáticos de carrera deben cumplir el programa (del presidente) o irse”, les espetó Sean Spicer, portavoz de la Casa Blanca.
El que decidió irse sin que lo echen fue el CEO de Uber, TravisKalanick, quien abandonó el Consejo de Asesores del presidente luego de que una enorme cantidad de pasajeros borró la aplicación de sus celulares porque vieron a la empresa como asociada de Trump.
Indemnizaciones en los links
El estilo prepotente de Donald Trump no es nuevo y nadie sabe qué consecuencias podrá tener para el mundo. Pero un juez de Florida le puso precio a un gesto desconsiderado para con los socios de un club de golf de ese distrito. La historia cuenta que en 2012 el magnate compró a precio de ganga un negocio que era deficitario del Ritz-Carlton Hotel y entre sus primeras medidas modificó sin previo aviso las reglas de membresía al luego bautizado Trump National Golf Club Jupiter.
La queja de algunos viejos socios se estrelló con un seco “si no les gustan las reglas, váyanse”. Cosa que decidieron hacer de inmediato, no sin antes reclamar por sus depósitos en un plazo de 30 días, como estaba establecido con los anteriores propietarios.
Trump se hizo el desentendido pero el juez Kenneth A. Marra les dio finalmente la razón y la empresa deberá devolver a los demandantes 4,85 millones de dólares más intereses por 925.010 dólares.
Tiempo Argentino
Febrero 5 de 2017
por Alberto López Girondo | Dic 19, 2016 | Sin categoría
La Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos, la tan célebre como tenebrosa CIA, parece inmersa en otra de sus ancestrales costumbres: la de elaborar estrategias para derrocar presidentes poco amigos “de la casa”. O al menos eso denuncian muchos cronistas que no se creen eso de que Rusia intervino en las elecciones de Estados Unidos a favor de Donald Trump en un inédito resabio de la guerra fría. Sin embargo, el pedido de investigar una posible incursión cibernética de expertos de Moscú es apoyado hasta por líderes del mismo partido por el que compitió el polémico empresario inmobiliario.
Paul Ryan, presidente de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, fue candidato a vice de Mitt Romney en 2012 y es uno de los favoritos del Tea Party, el grupo más radicalizado dentro del partido republicano, lo que no es poco decir. A regañadientes –como muchos otros republicanos- aceptó que Donald Trump hubiera sido el aspirante a la Casa Blanca y se supone que lo votó por disciplina partidaria aunque con un broche en la nariz.
Ahora se sumó al abanico de dirigentes que rechazan las nuevas alianzas que “su” presidente electo quiere establecer con Vladimir Putin. Y es uno de los conservadores que se sumó al pedido de investigación de espionaje ruso en los comicios estadounidenses que la CIA viene fogoneando en sordina desde hace meses.
Un caso que, de ser verdad, implicaría no solo un escándalo internacional sino que debería poner al país en pie de guerra. Trump, sin embargo, dobló su apuesta y nombró a alguien que conoce muy bien a Putin y negoció infinidad de veces con él, como el CEO de ExxonMobil Rex Tillerson para la secretaría de Estado.
Quema esos mails
Desde sectores políticos de izquierda y principalmente desde rincones libertarios de tendencia pacifista, sin ser “trumpistas” sostienen que hay en danza una colosal operación del servicio de inteligencia que se inició en mayo con la intención de limar el apoyo ciudadano al mediático empresario. Y ahora, elucubran, buscan quitarle apoyos en el colegio electoral. Es bueno recordar que Hillary Clinton obtuvo más de 2,6 millones de votos que Trump, aunque tiene 232 electores contra 302 del republicano.
Justin Raimondo, un “paleolibertario antibélico”, es agudo en la ironía: “la CIA está a la altura de sus viejos trucos, derribar un gobierno democráticamente elegido. Solo que esta vez es nuestro gobierno”.
El 18 de mayo, cuando las primarias estaban a pleno y Trump venía arrollando entre los republicanos, el director de Inteligencia Nacional del gobierno de Barack Obama, James Clapper, denunció una serie de ataques informáticos contra los dos partidos y adelantó que “a medida que la campaña avance probablemente sabremos mucho más” sobre el asunto.
Un mes más tarde, una empresa de ciberseguridad contratada por el Partido Demócrata señaló como posibles responsables del robo de datos del sistema informático a “los poderosos y muy capacitados servicios de inteligencia del gobierno ruso”.
Al otro día de la nominación de Trump, el 22 de julio, WikiLeaks publicó cerca de 44.000 mails y unos 18.000 documentos pirateados al Comité Nacional Demócrata (CND).
WikiLeaks entre en el juego
No fue sino hasta octubre, en plena disputa electoral entre Clinton y Trump y a un mes de la elección, que Clapper denunció que detrás de los ataques estaba Moscú. Desde entonces WikiLeaks fue poniendo en la web correos electrónicos de la cuenta personal del director de campaña de Clinton, John Podestá, que afectan especialmente a la aspirante a la Casa Blanca por las maniobras que expone para llegar al poder y por su responsabilidad en el uso de servidor oficial para mandar información privada.
Algunos de esos mails demuestran que la esposa de Bill Clinton estaba muy preocupada por el avance de Bernie Sanders en la interna demócrata y desnuda oscuras estrategias para atacar al senador por Vermont. La defesa del CND fue decir que los mismos que habían atacado al comité son los que hackearon las cuentas y las filtraron a WikiLeaks.
Tras la confirmación del triunfo electoral de Trump, desde la comisión de Inteligencia del Senado estadounidense se comenzó a menear la idea de investigar si hubo intervención de Rusia en el comicio para beneficiar al empresario. Y este último fin de semana el Washington Post y el New York Times se hicieron eco de un informe de la CIA que afirma que el gobierno ruso quiso ayudar a Trump publicando los correos hackeados a Podestá y al CND.
El Post, incluso, asegura –siguiendo la línea indicada por el dossier de la CIA- que espías ligados a Rusia entregaron los correos pirateados a WikiLeaks. Y agrega, citando a un alto funcionario estadounidense al que deja en el anonimato, que “la opinión de consenso” en la agencia es que “el objetivo de Rusia era favorecer a un candidato sobre el otro, ayudar a Trump a ser elegido”.
Por las dudas, el diario aclara líneas abajo que esa información es apenas una evaluación de una de las 17 agencias de Estados Unidos y que no hay pruebas de quienes serían los funcionarios rusos que ordenaron filtrar la información a WikiLeaks. El mandatario electo, como era de esperar, rechazó las conclusiones del informe de inteligencia y las calificó de ridículas. «No saben si fue China, Rusia u otro», aseveró. Y golpeó en un lugar que duele en las mentes mejor pensantes de Estados Unidos: “Son los mismos que dijeron que Saddam Hussein tenía armas de destrucción masiva”.
¿Pirateo o filtración?
La primera gran desmentida sobre la información partió desde la embajada ecuatoriana en Londres. Allí el asilado creador de WikiLeaks, Julian Assange, declaró que la fuente de los documentos publicados por el sitio no es ningún agente ni intermediario ruso.
A favor de los dichos de Assange intervino Craig Murray, un diplomático, académico y bloguero británico que fue por casi dos años embajador de Londres en Uzbekistán, hasta que fue depuesto por decir cosas inconvenientes para la política de la corona como que el uzbeco era un régimen fascista. Ahora Murray reveló que no hubo hackeo en la difusión de los correos. Más aún, tras aclarar que hay una diferencia sustancial entre piratear y filtrar, asegura que la información que supuestamente benefició a Trump salió de Langley, la sede de la CIA. Y afirma que conoce al “garganta profunda” que llevó el material a WikiLeaks. Que obviamente no es ruso, recalca.
El nuevo enemigo publico
Varias preguntas surgen a partir de todo esto. Una es por qué desde la agencia e incluso entre quienes proponen investigar el caso desde el Congreso -ligados al partido republicano muchos de ellos- quieren ir contra Trump. La periodista independiente Marcy Wheeler, experta en temas de seguridad y defensora de las libertades civiles, percibe que las nuevas alianzas que pretende Trump incomodan a la gran corriente de pensamiento e intereses creados en torno de la política exterior estadounidense en varias décadas.
Y un punto clave sería el Medio Oriente, ya que el acercamiento a Putin implica correrse de la intervención en Siria, donde Moscú es el principal sostén de Bashar al Assad. Por otro lado, la relación con el régimen de Arabia Saudita cambiaría radicalmente, lo que dejaría a la CIA fuera de foco en esa región y complicaría una relación tortuosa pero beneficiosa para las necesidades estratégicas de Washington.
“La CIA tiene una relación de larga data con Riad y juntos han trabajado asiduamente no sólo para derrocar a Al Assad en Siria, sino para forjar una alianza sunita ´moderada´ que vigile la región mientras establece a los saudíes como hegemón regional”, sostiene Wheeler.
Esto explicaría algunas de las razones para ir contra el inefable Trump y también para haber planteado la operación cuando todavía se podía minar el apoyo al empresario en la interna partidaria y luego cuando se lo podía derrotar en la presidencial. La otra cuestión sería porqué con el resultado puesto seguir batiendo ese parche.
El que ensaya una respuesta es Raimondo. El 19 de diciembre se reúne el Colegio Electoral que debería ungir a Trump. Los que se oponen a su nominación podrían tener en este informe de la CIA –que bueno es decirlo, carece de fuentes identificadas y no generó una protesta encendida de Obama ni de su canciller John Kerry- una buena excusa para abstenerse o votar por otro, que no necesariamente debería ser Hillary Clinton.
La opción es la que desliza Paul Craig Roberts, ex funcionario del Tesoro en el gobierno de Ronald Reagan y encendido opositor ahora a la limitación de derechos que se extendió en Estados Unidos desde el 2001. “Si los oligarcas neoconservadores o de seguridad militar están dispuestos a actuar tan públicamente en violación de la ley contra un presidente entrante que podría acusarlos y someterlos a juicio por alta traición, ¿no estarían dispuestos a asesinar el presidente electo?”.
Inquietante pregunta para una nación que ya sabe de qué se trata eso.
Tiempo Argentino
Diciembre 15 de 2016
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