por Alberto López Girondo | Nov 7, 2017 | Sin categoría
La Plaza Roja estuvo vallada y solo se podía ingresar con autorización especial. El público comun lo miraba por la pantalla de los teléfonos.
La Plaza Roja de Moscú fue escenario de un desfile en conmemoración de la histórica parada militar del 7 de noviembre de 1941, cuando las tropas nazis estaban a pocos kilómetros de la capital soviética y el gobierno de Stalin quiso mostrar que tenían resto para soportar una guerra llevando tropas a que desfilaran frente al Kremlin para luego volver al campo de batalla.
El desfile solo pudo ser presenciado por invitados especiales ubicados a un costado del Mausoleo de Lenin, el líder de la revolución rusa, de la cual se cumplía precisamente un siglo.
La gente, que intentaba ocupar lugares cercanos a las tropas y batallones de estudiantes vestidos con uniformes de época, tuvieron que quedar lejos, detrás de vallados y detrás de policías que hicieron una guardia de honor pero tapaban la visual de la ceremonia.
Muchos de los que fracasaron en un intento de ver de cerca lo que habían preparado las autoridades para la ocasión, debieron contentarse con mirar por la pantalla del celular la transmisión televisiva de eso que ocurría a pocos metros de sus narices.
A las puertas de Moscú quedaron los intentos de dos invasores, derrotados por la resistencia de los rusos y por un clima que en invierno es letal para quién no está preparado.
Primero fue Napoleón, en 1812. Luego serían derrotados los ejércitos de Adolf Hitler, claro que a un costo en vidas que supera los 20 millones de muertos. Casi la mitad de la población argentina cayò entre la invasión de 1941 y el fin de la guerra, que tras haber vencido en Moscú realizó un avance arrollador con el Ejército Rojo hasta Berlín, el 9 de mayo de 1945, la otra gran fecha patria luego de la caída de la Unión Soviética.
Por eso en el desfile de este 7 de noviembre había uniformes desde los de la guerra contra Napoleón y hasta los que se usaron en la Segunda Guerra Mundial. Pero el gobierno de Vladimir Putin no decretó feriado (lo había hecho el lunes 6 por el Día de la Unidad Nacional) y por lo tanto el público que quiso ver el espectáculo lo tuvo que hacer en un día laborable. Pero además no se la hicieron fácil.
La Plaza estaba rodeada de vallas y había cada tanto un marco para detección electrónica de metales. Pero no había manera de pasar sin una tarjeta de invitación especial.
Muchos quisieron observar lo que ocurría desde el Shopping Gum, ubicado justo frente al Kremlin, y que tenia las puertas abiertas. Solo un par de locales tuvieron la gentileza de dejar mirar por la ventana un rinconcito de la plaza.
Del otro extremo del playón, al lado de la Catedral de San Basilio y cercano a la costanera del río Moskva, se había agolpado otro grupo que se contentaba con mirar la salida de los que habían desfilado. Modesta limosna para curiosos y turistas de todo el mundo que no tuvieron el privilegio de la autorización.
En una calle lateral del edificio del Shopping una mujer mayor concitaba la atención de cámaras de teve y curiosos. Estaba rodeada de jóvenes cadetes de la escuela de paracaidismo y un hombre de unos 50 años con uniforme de la guerra. Un chico de no más de 12 años, con uniforme de cadete, sostenía un viejo casco agujereado y oxidado. Era de su marido, el padre del soldado y abuelo del preadolescente. Compungida, decía que no la habían dejado presenciar el desfile.
El homenaje comenzó a las 10 horas, hubo marchas militares y jinetes de uno de los ejércitos de caballería mostraron sus destrezas. Detrás de las valla apenas se divisava el penacho de los jinetes y las lanzas.
Para las 11,30 la plaza ya estaba despejada y limpia. Un batallón de personas de limpieza con uniformes anaranjados se volcó a dejar todo impecable, como si nunca hubiera habido una parada militar. Tampoco ellos pudieron ver el homenaje desde adentro.
Tiempo Argentino Martes 7 de Noviembre de 2017
por Alberto López Girondo | Nov 7, 2017 | Sin categoría
El guerrillero argentino apareció en consignas no solo de compatriotas que fueron a celebrar el centenario de la Revolución Rusa.
Convocados por el Partido Comunista de la Federación Rusa, miles de manifestantes que habían acudido a Rusia para recordar la Revolución de Octubre se congregaron en la Plaza Pushkin, de Moscú, para iniciar una marcha hacia la Plaza de la Revolución en lo que representó el único homenaje claro y concreto a la toma del poder en 1917.
Entusiastas militantes y activistas venidos de todo el planeta (son más de 130 delegaciones de 89 países) fueron llegando desde las 13 horas de Moscú a la plaza que recuerda al poeta ruso por excelencia.
Un impresionante dispositivo de seguridad fue montado desde la mañana en las inmediaciones, con camiones de recolección de basura cortando calles adyacentes, un vallado alrededor de la calle lateral, el bulevar Strasnoy. Para ingresar dentro de esa suerte de corralito armado por la policía, había que atravesar, cuando no, por pórticos de detección de metales.
Poco a poco se fue haciendo la hora planificada para la partida y luego de un intercambio entre las autoridades policiales y la dirigencia del PR ruso, se fueron abriendo las valles del frente que da a la avenida Tverskaya para iniciar la marcha. Había una multitud que podría estimarse en unas 20 mil personas que pugnaban por avanzar. Los lugareños aseguran que no hay marchas de este tipo en ese país.
La manifestación no se hizo por la calzada, como es usual en otros lugares del mundo y alguna vez incluso en Rusia. La policía valló un carril de la avenida y dejó libre la vereda.
Como se sabe, el gobierno de Vladimir Putin fue reacio a cualquier tipo de ceremonia que represente un reconocimiento de lo que fue la era soviética, que cubrió 74 años de historia rusa. Por eso hubo muchas dudas hace algunas semanas sobre si las autoridades moscovitas iban a dar el permiso.
Finalmente la respuesta fue positiva pero las condiciones fueron las que se vieron. Eso no impidió que el recuerdo de lo que fue aquella aventura iniciada con la toma del Palacio de Invierno encendiera en los más grandes la nostalgia y en los menores la esperanza de poder construir una sociedad donde no haya clases sociales, como repetían casi en forma unánime los asistentes.
Flameaban las banderas ante una brisa gélida que castigaba los rostros, la única parte del cuerpo expuesto a la inclemencia.
Ni qué decir que el color predominante era el rojo, aunque había una enorme bandera argentina con la imagen del Che Guevara y otra que reclamaba por Santiago Maldonado.
El Che acompaña también una especie de exposición de próceres del comunismo que llevaban cuatro manifestantes, donde estaban Lenin, Marx, Engels pero también Stalin. Había banderas de la ex Yugoslavia y de Libia, con una imagen del asesinado líder Muammar Khadafi. Predominaban en general las imágenes de Lenin, en reproducciones fotográficas, y también abundaban de Stalin.
Cada delegación tenía un tema musical con que recordar el acontecimiento. Los italianos desfilaban cantando Bella Ciao, otros entonaban La Internacional. Pero se escuchó a Volver a los 17, de Violeta Parra y la despedida al Che de Carlos Puebla, ambas en ruso. Con marcado acento ruso, una delegación gritaba «Comandante/ Che Guevara/ Comandante/ Che Guevara».
La caminata hasta la Plaza de la Revolución, que está frente al Teatro Bolshoi y a un costado del monumento a Carlos Marx, fue relativamente rápida y una vez allí (otra vez había que pasar vallas y controles electrónicos) hablaron representantes del PC local, el de Cuba y los de otros países.
Todos destacaron que le hecho de que haya desaparecido la Unión Soviética no implicaba que hubiera desaparecido la lucha de clases «ni la solidaridad entre los pueblos». Y recordaron los logros de esa revolución en el plano social como científico y técnico. Pero también buscaron dar esperanza a los asistentes para la construcción política de alternativas que lleven a la recuperación del poder. Todos de alguna manera terminaron su intervención prmetiéndose, como el médico argentino, «hasta la victoria siempre».
El PC es el segundo partido en cantidad de votos y ronda en un 20% del electorado. Por ahora, aparecen debajo de la aprobación que muestra Vladimir Putin para los comicios de 2018.
Tiempo Argentino Martes 7 de Noviembre de 2017
por Alberto López Girondo | Nov 6, 2017 | Sin categoría
El gobierno recordará la marcha del 7 de noviembre de 1941, con las tropas nazis a las puertas de la capital. Sectores de izquierda de todo el mundo, la toma del poder en 1917.
Moscú se preparaba para celebrar el 7 de noviembre, centenario de la Revolución Bolchevique, con la misma ambigüedad con que viene respondiendo a los reclamos de militantes y simpatizantes de todo el mundo que se acercaron a la capital rusa para recordar una fecha clave para la historia de la humanidad, pero con el renovado temor a que cualquier incidente termine por aguar las fiestas preparadas.
Este lunes fue feriado por el Día de la Unidad Nacional y el martes, la fecha en que los soviets tomaron el Palacio de Invierno en San Petersburgo hace cien años, habrá una marcha militar en la Plaza Roja. Pero será en homenaje a la marcha que se realizó el 7 de noviembre de 1941, cuando los nazis estaban a las puertas de la capital de la Unión Soviética y las tropas desfilaron, si, pero en homenaje al triunfo del socialismo, y luego volvieron al campo de batalla.
Se lo considera un desafío a los alemanes y una muestra al mundo del temple del soldado ruso ante semejante peligro para la nación. El desfile será una recreación con vestimenta de época para la cual ya estuvieron ensayando los soldados convocados por las autoridades (ver foto). Pero no será feriado.
Este lunes se lleva a cabo un festival de música y luces en la histórica plaza frente al Kremlin. Como se dijo, no fue un día laborable, pero porque el día tomado ahora como recordatorio de algo que uniera a los rusos fue el sábado (en este caso, se conmemora el levantamiento popular que expulsó a los polacos del 4 de noviembre de 1612). Se hizo un feriado puente que cayó justito para competir con el día de la revolución.
Por lo demás, también estas fechas y la posibilidad de incidentes preocupan al gobierno de Vladimir Putin, que puso todas las fichas a la realización del Mundial de Fútbol de 2018 y teme atentados como los que en los últimos meses causó 16 muertos en una estación del metro de San Petersburgo, reivindicado por Estado Islámico, el grupo al que el sirio Bachar al Assad viene derrotando con ayuda de Rusia.
Este sábado el combinado local juega un amistoso con Argentina y el temor se acrecienta por la presencia de Lionel Messi, señalado como objetivo por el grupo terrorista. Por la mañana, Tiempo pudo comprobar el amplio despliegue de policías en torno de la Plaza Roja (ver foto) y la instalación de equipos de detección de metales y scaners de bolsos.
Paralelo al desfile oficial celebrando la marcha que celebraba la revolución, valga la redundancia, se realizó un foro internacional de fuerzas de izquierda en Moscù y el líder del Partido Comunista ruso, Guennadi Ziuganov, indicó a la prensa que también desfilarán, en homenaje a Lenin y la Revolución de Octubre junto con dirigentes, militantes y simpatizantes de más de 130 delegaciones de 85 países, entre ellos la Argentina.
“Expresaron su deseo de participar pesa al frío y les compramos especialmente ropa de abrigo para que quienes vinieron de otras latitudes no se congelen”, dijo el secretario del PCR. Las temperaturas estaban cerca de 0 por la mañana, pero con una brisa fría que calaba los huesos.
La propuesta es partir de la plaza Pushkin hasta la Plaza Roja donde habrá un gran mitin con participación pública de quienes se hallen presentes. Viene a cuento decir que hay turistas de todo el planeta que acudieron a ver algún tipo de actos y realmente lo tendrán. Habrá que ver si captan de qué se trata.
En cuanto a las medidas de seguridad, se ven tropas policiales por todos los rincones del centro moscovita y se nota un cierto nerviosismo en los agentes. Se los ve muy celosos al acercarse a grupos en actitud que entienden como sospechosa, hay detectores de metales y controles en los ingresos de todas las estaciones del subterráneo y los edificios públicos.
No solo los yihadistas de EI son un peligro potencial para las autoridades. Rusia viene padeciendo las consecuencias de su incursión en Chechenia desde hace 20 años y la sospecha de que puedan aprovechar los festejos de este martes, el partido del sábado y el mundial del año que viene son grandes.
Según el gobierno de Putin, mediante información del servicio secreto, FSB (heredero de la KGB) hay unos 2900 yihadistas rusos originarios en su mayoría de las repúblicas musulmanas del Cäucaso.
Tiempo Argentino Lunes 6 de Noviembre de 2017
por Alberto López Girondo | Nov 4, 2017 | Sin categoría
Putín reniega del pasado. Un acontecimiento central para la historia del siglo XX ahora parece incomodar a la sociedad y al gobierno.
Mientras en muchos rincones del mundo el centenario de la Revolución Rusa será recordado con emoción y nostalgia, en las calles de San Petersburgo nadie parece darle gran relevancia al hecho de que esa ciudad fue el epicentro de un cambio histórico que enmarcó definitivamente al siglo XX. Ya sea por las adhesiones que concitó en quienes vieron en la Toma del Palacio de Invierno la antesala de la gran utopía de una sociedad sin clases, como entre quienes la combatieron sin piedad.
O más bien, como murmuran algunos lugareños, el 7 de noviembre de 1917 fue un acontecimiento en la gran historia del pueblo ruso, pero ahora son otros tiempos y es mejor mirar hacia adelante.
Hay algunos hechos del pasado de esa nación que les sirven de justificación ante una pregunta que les resulta incómoda. Esa ciudad fue creada en 1703 de la nada sobre un pantano por el zar Pedro I para que el imperio tuviera una salida al mar por el Báltico, y fue la coronación de más de dos décadas de guerra con Suecia por el control de esa región estratégica.
Fue capital del imperio más grande en extensión de su tiempo y cada milímetro de sus edificios fue construido con directivas de los más grandes arquitectos italianos y franceses de la época para ser una Paris eslava. Y en la segunda guerra mundial, cuando era conocida como Leningrado, las tropas nazis sitiaron de 900 días en que murieron más de 1,2 millones de habitantes de hambre y frío, pero no se rindió.
“La celebración incomoda a todos, porque hay temas que nos dividen y la discusión de esa parte de la historia nos llevaría a enfrentamientos”, señala Nadia, quien estudió Humanidades e idiomas durante el período soviético y vivió como tragedia cotidiana la caída de la URSS. “De pronto el estado se retiró y no sabíamos qué hacer para sobrevivir, perdimos todo, los ahorros, los trabajos, las pensiones”.
No se muestra particularmente atraída por los últimos tiempos de la Unión Soviética, pero lo que vino es un mal recuerdo que no querría volver a vivir. Y como dato anecdótico, y porque conoce algo de la Argentina, recuerda que en los años 90 del siglo pasado recorrieron el país “expertos” (dibuja las comillas en el aire) de todo el mundo. De Estados Unidos, de Europa y hasta nuestro conocido Domingo Cavallo viajó para dar sus consejos a las autoridades que se fueron sucediendo en esos momentos de caos.
Hasta que llegó Vladimir Putin y la situación se calmó. Si tuviera que resumir en una frase cuál podría ser el milagro del actual presidente ruso es: «Nos devolvió la dignidad”. ¿De qué forma? Los convenció de que Rusia es una gran nación y que Estados Unidos se estaba aprovechando de un momento de debilidad.
“Obligó a que los oligarcas paguen impuestos”, añade Nadia.
La historia fue en su momento dramática: en medio de una situación explosiva y la desaparición real de las instituciones, las empresas y bienes que habían sido de propiedad estatal pasaron a manos privadas. Esos nuevos ricos eran los dueños reales del país y habían dictado las reglas que les permitían prosperar en detrimento de la sociedad.
Putin, nativo de San Petersburgo, hizo carrera en la KGB y luego fue escalando posiciones dentro del gobierno central, ya en la era que llaman “de la transición”, y sucedió a Boris Yeltsin en 2000. ¿Cómo logró convencer a los nuevos ricos de que el que ahora imponía las reglas era él?
Para Nadia, porque sabía mucho de cada uno de ellos por su paso por el servicio de espionaje soviético. En Argentina diríamos que apeló al “carpetazo”.
Y los que no se avinieron a esta nueva era, como el magnate petrolero Mijail Jorodkovski, terminaron procesados por evasión impositiva, presos y en la ruina.
Hurgar en esta época de incertidumbre implicaría revolver una época en que la sociedad vivió convulsionada y temerosa de su futuro. Cruzada por acusaciones sobre quiénes eran los culpables de lo que ocurría. Para unos, los responsables eran los comunistas, que habían dirigido el país desde 1917, sin distinciones. Para otros, la injerencia de los estadounidenses y los oligarcas, también sin distinciones.
Putin, como lo viene haciendo desde que está en el poder, se fijó el objetivo de reconstruir una nación que se había derrumbado. Y lo hace desde los gestos simbólicos más insignificantes como tener, según se dice, un cuadro de Nicolás I, el zar que lideró la guerra de Crimea en 1853. Además, en 2014 encabezó él mismo la recuperación de esa península estratégica en el mar Negro luego de una movida de la Unión Europea para poner en el gobierno de Ucrania a los sectores antirrusos de esa nación, tan íntimamente ligada al nacimiento de Rusia.
¿Eso quiere decir que no va a haber ningún tipo de recordatorio? Si, los habrá en la ciudad donde se inició la Revolución Rusa y en Moscú. Pero aún no es época de recordar a Lenin o a los bolcheviques con la mirada integradora que pueden tener en París con Napoleón o con la Revolución Francesa, un acontecimiento clave en la construcción de la nacionalidad gala.
Pero hay un dato a tener en cuenta: desde 2004 y a instancis de Putin no hay feriado nacional el 7 de noviembre. El núcleo de la ceremonia es el 4 de noviembre, día de la Unidad Nacional, que recuerda la expulsión de los polacos de Moscú en 1612 y coincide con el día del Ícono de Kazán, el origen de la conversión del pueblo ruso al cristianismo. Kazan es la capital de Tartaristán y sera una de las sedes del Mundial de 2018.
En estos días se preparaban escenarios para actos y juegos de luces que prometen ser espectaculares en los lugares donde aquel proceso histórico tuvo lugar, como el Palacio de Invierno, ahora el impresionante museo Hermitage, o el crucero Aurora, desde donde se disparó el cañonazo que dio origen ataque sobre el portentoso edificio donde estaba reunido el gobierno provisional, que había surgido de la revolución burguesa de febrero del 17, la que derrocó al zar.
En el museo creado sobre la base de las riquezas culturales atesoradas por los Romanov, también se inauguró una sala especial que conmemora aquel hecho en el mismo recinto donde fueron detenidos los ministros. Las imágenes del zar Nicolás II compiten en importancia con las de Lenin. Putin ya había adelantado que no iba a haber ninguna celebración especial.
Tiempo Argentino Sábado 4 de Noviembre de 2017
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