por Alberto López Girondo | Mar 17, 2018 | Sin categoría
Vladimir Putin se encamina a la reelección con la certeza de que cuenta con el apoyo abrumador de la sociedad rusa, pero con la incertidumbre de si eso alcanzará para que el resultado exprese la contundencia que necesita ante los desafíos que debe enfrentar en el exterior. Todas las encuestas le dan un 70% de aprobación al presidente, pero una escasa participación electoral podría «bajarle el precio» ante la mirada de los gobiernos occidentales. Es que Alexei Navalni, famoso por su blog y su participación en medios extranjeros y su encarnizada oposición a Putin, llama a una «huelga de votos». Se descuenta que esos mismos medios con los que colabora, como Forbes sin ir más lejos, computarán a favor de él a cada ciudadano que se quede en casa en lugar de ir a las urnas. En los comicios pasados, año 2012, desde las redes sociales Navalni había denunciado irregularidades y miles salieron a las calles en señal de protesta, lo que fue foto de tapa y motivo de debate durante semanas. Un año después fue hallado culpable de malversación de fondos y por ese antecedente lo inhabilitó la justicia electoral.
Una de las razones de la indudable popularidad de Putin, según pudo comprobar Tiempo, es que en esta última gestión profundizó una política exterior que para las mayorías «devolvió la dignidad al pueblo ruso». La Federación Rusa perdió gran parte de los territorios de la Unión Soviética pero sobre todo perdió influencia internacional y sufrió humillaciones a todo nivel. Putin se plantó firme ante Washington por la cuestión siria y ante el golpe de Estado proeuropeo en Ucrania, en 2014, movió las fichas de modo de que los habitantes de Crimea votaran volver al cobijo de Moscú. Esto generó el rechazo occidental, pero levantó el orgullo nacionalista acallado por casi dos décadas.
A este mismo orgullo apeló Putin en su último mensaje electoral. «Ejerzan el derecho a elegir el futuro de nuestra amada y gran Rusia», arengó. El clima externo lo amerita. La Unión Europea, Estados Unidos y el propio gobierno del Reino Unido salieron con los botines de punta contra Putin por el envenenamiento del exespía Sergei Skripal y de su hija Yulia, el 4 de marzo pasado en Salisbury, al sudoeste del país.
Apremiada por el exiguo nivel de aprobación, la primera ministra Theresa May aprovechó el caso Skripal para también poner sobre el tapete la cuestión nacionalista. Para The Independent, la dirigente conservadora ¨en medio de las negociaciones por el Brexit y una crisis económica que no puede superar¨ se mira en el espejo de Margaret Thatcher tras la recuperación argentina de Malvinas, en 1982.
Así, acusó directamente a Putin por el envenenamiento del hombre intercambiado por otros espías en 2010, nacido en Kiev y condenado en Moscú por haber sido doble agente para Rusia y Gran Bretaña.
El miércoles, May anunció la expulsión de 23 diplomáticos rusos a los que acusó de ser agentes de espionaje no declarados. Parece que se dieron cuenta recién cuando Skripal, de 66 años, y su hija de 33, fueron encontrados en estado comatoso en un banco público frente a un shopping. Ayer, Putin respondió golpe a golpe: echó a 23 diplomáticos británicos, pero además ordenó cerrar el consulado en San Petersburgo.
Londres asegura que los Skripal fueron envenenados con Novichok, un potente agente nervioso desarrollado en los ’70 por la URSS y que sólo en Rusia se consigue. Sin embargo, se negó a mostrar las pruebas y a permitir que peritos rusos viajen al Reino Unido para colaborar en la investigación, como reclamó el canciller Sergei Lavrov.
Sin embargo, esta hipótesis tiene algunas fisuras. Expertos occidentales mantienen sus dudas sobre incluso la existencia del Novichok, un químico más potente que el gas sarín o el VX, armas de destrucción masiva prohibidas por Organización para la Prohibición de las Armas Químicas, que en 1993 amplió el alcance de la Convención de Ginebra de 1925.
Se conoce de la existencia de este veneno por Vil Mirzanyanov, un científico ruso que publicó en los ’90 un libro sobre el proyecto de armas químicas de la URSS del que asegura haber participado como miembro del Instituto Estatal de Investigación Científica de Química Orgánica y Tecnología (GNIIOKhT). Condenado por traición, terminó en Estados Unidos, donde en 2007 en State Secrets (Secretos del Estado), reveló la fórmula del Novichok y dijo que Rusia ya había desarrollado compuestos mucho más potentes.
Pero en 2016, recuerda Craig Murray ¨exembajador británico en Uzbekistán y exrector de la Universidad de Dundee¨, el jefe del Laboratorio de Detección de Armas Químicas del Reino Unido, Robin Black, publicó en una revista científica que no hay muchos datos comprobables sobre el Novichok ni sobre su composición química. Dato a tener en cuenta: el centro que dirige Black está en Porton Down, a unas 8 millas de donde residían y fueron encontrados los Skripal. Por otro lado, la Junta Asesora Científica de la OPAQ no reconoció a Novichok como agente químico.
Si Mirzanyanov tiene la fórmula y trabajó en la Universidad de Rutgers en Nueva Jersey desde que ingresó a EE UU, en 1995, ¿cómo es que sólo los rusos podrían tener el compuesto que envenenó a los Skripal? Otra: ¿cómo se hizo para detectarlo, si en Porton Down no lo conocen? Finalmente: ¿cómo es que hubo acuerdo entre todas las potencias para no incluirlo en la lista de la OPAQ?
Los antecedentes de uso de las armas de destrucción masiva como argumento político no ayudan a la credibilidad, tampoco. Baste recordar la excusa para la invasión de Irak, en 2003. Dos años antes, y a poco de los atentados del 11S, sobres con esporas de Ántrax, otro potente tóxico, fueron enviadas a políticos con un saldo de cinco muertos. El gobierno de George W. Bush se apuró a acusar a Al Qaeda, pero los sobre habían salido de un laboratorio de armas químicas y biológicas de Estados Unidos. Nunca más se habló de este incidente.
Tiempo Argentino, 17 de Marzo de 2018
por Alberto López Girondo | Mar 13, 2018 | Sin categoría
Gran Bretaña podría incrementar la presión sobre Rusia para encontrar una respuesta satisfactoria al reclamo sobre el envenenamiento de un ex agente de Moscú y de su hija el 4 de marzo pasado. Pero mucho de lo que ocurra en estos días estará teñido con el clima de la elección que el próximo domingo celebrará el país euroasiático y que, de acuerdo a todas las encuestas, será prácticamente un paseo para el actual presidente, Vladimir Putin. Mientras tanto, los medios occidentales encontraron una buena historia para llenar ediciones de tinta y de bits, según los casos, con un clima de misterio y tensión difícil de empardar.
Aquel domingo comenzó a rodar esta novela cuando un policía de Wiltshire, uno de los 47 condados de Inglaterra, al sudoeste del territorio, recibió una alerta telefónica sobre dos personas que se contorsionaban extrañamente en un banco frente al shopping The Maltings, en Salisbury. El efectivo acudió presto al lugar y se encontró con Sergei Skripal, de 66 años, y su hija, Yulia, de 33, desmayados pero sin lesiones evidentes. Trasladados al hospital de ese distrito, se comprobó que habían sido envenenados con algún agente nervioso. También el policía resultó afectado, pero en grado menor. Los Skripal, en cambio, luchan por su vida desde entonces, ignorantes, hasta ahora, del estruendo que provocó su caso a nivel internacional.
Este lunes, la primera ministro británica, Theresa May, aseguró en el Parlamento que padre e hija habían sido «probablemente» atacados por agentes de los servicios de espionaje rusos al mando del gobierno o, incluso, «fuera de control». Y demandó una respuesta satisfactoria a la administración Putin, ya que consideró que el hecho «es un caso de uso ilegal de la fuerza del estado ruso contra el Reino Unido». Caso contrario, dijo que tomaría medidas, aunque no especificó de qué tipo. La premier conservadora, que encontró en este caso el modo de reanimar su baja popularidad, señaló incluso con qué producto fueron envenenados: se trataría de Novichok, un poderoso agente nervioso desarrollado en la era soviética.
La respuesta internacional no se hizo esperar y desde Washington, en el que tal vez fuera su último acto de gestión, el secretario de Estado Rex Tillerson puso a Estados Unidos a disposición para lo que necesite su principal aliado. Lo mismo expresaron los dirigentes de la Unión Europea y de la OTAN, la organización militar establecida en tiempo de la guerra fría para combatir a la Unión Soviética.
Desde Moscú hubo dos argumentaciones, una dura y otra más contemporizadora. «Esto es un espectáculo circense en el Parlamento de Gran Bretaña; la conclusión es obvia: una campaña política de los medios, basada en la provocación¨, dijo la vocera de la cancillería, Maria Zajarova. El titular de esa cartera, el experimentado Sergei Lavrov, en cambio, puntualizó que «Rusia es inocente y está dispuesta a cooperar» no sin recordarle a Londres que debe cumplir «sus obligaciones internacionales». Esto es, que si hay alguna acusación que presenten las pruebas. También pidió que les dejen participar de las pericias para determinar que ocurrió con los Skripal. No es la primera vez que el espía aparecía en una trama de alto nivel.
Humo y espejos
Poco es lo que trascendió sobre Sergei Viktorovich Skripal, como corresponde a un hombre acostumbrado al mundo del humo y los espejos. Nació el 23 de junio de 1951 en Kiev, la capital de la República Soviética de Ucrania. Ingresó muy joven al GRU, iniciales en ruso para Directorio Principal de Inteligencia, el servicio fundado hace 100 años en los albores de la Revolución Bolchevique. Pasó por todos los cargos y llegó a coronel. Luego de años de trabajos silenciosos tanto para la URSS como para la Federación Rusa desde 1991, en 2006 las autoridades encuentran que había estado trabajando como doble agente para el MI6, el servicio de espionaje exterior del Reino Unido. Según la información disponible- se entenderá que este es un terreno farragoso- se reconoció culpable de traición, dijo que lo había hecho por dinero, simplemente, y entregó una lista de otros 300 agentes que trabajaban a dos bandas con los británicos. La sentencia fue de 13 años de prisión.
Pero tuvo algo de suerte ya que en 2010, el entonces presidente ruso Dmitri Medvedev se encontró con su par Barack Obama y en el clima distendido de un local de la Ray’s Hell Burger de Virginia y paladeando una grasosa hamburguesa cada uno, acordaron un gran intercambio de espías presos en cada lado. Como en la guerra fría, tipo Puentes de Espías, de Steven Spielberg, pero en los primeros días de la administración Obama. Esa vez, la joya de los servicios era Anna Chapman, el nombre con que se movía en Estados Unidos Anna Kushchenko.
Entre otros agentes, la bella mujer pasó a manos rusas y Skripal a las estadounidenses y luego británicas en el aeropuerto de Viena, el 7 de julio de ese año.
El hombre se ve que realmente juntó dinero durante su doble trabajo, porque compró una casa en Salisbury por valor de 260.000 libras. Y se ve que había arreglado sus cuentas porque tras haber sido indultado por Medvedev, tenía la escritura de la vivienda a su nombre. Pero no todas fueron rosas en estos años. El 23 de octubre de 2012 murió sus esposa Ludmila de cáncer, a los 60 años. Y el 18 de julio pasado su hijo de 43 años falleció en San Petersburgo., sin datos precisos sobre la causa.
Hipotesis
Que circulaba libremente y sin preocupaciones lo muestra en que ese domingo fue a un shopping con su hija como cualquier hijo de vecino.E ste detalle es importante a la hora de hacer especulaciones. Cosa que los medios británicos y estadounidenses no se cansan de hacer desde que ambos fueron encontrados inconscientes en un banco público.
La primera capa de este juego de hipótesis es que el gobierno de Putin mandó a un equipo a que asesinaran al dúo. En una grabación de seguridad callejera se ve a dos personas circular cerca del banco donde se sentaban los Skripal un rato antes de las convulsiones, pero no necesariamente tenían que ver con el ataque.
Este domingo se celebran elecciones presidenciales en Rusia. Putin es el favorito con un abrumador apoyo del 70 % del electorado, según las encuestas. Es un hecho conocido en ese país, donde el voto no es obligatorio, que los ciudadanos no acuden a las urnas si no tienen reclamos que hacer a la dirigencia o están medianamente conformes con la marcha de la cosa pública. Una asistencia reducida podría representar un respaldo menor a Putin y según dicen algunos analistas, el presidente necesita un enfrentamiento con Occidente que lo posiciones como el defensor de la Patria rusa para convocar a sus votantes.
Los medios europeos se solazan con un Putin al que pintan con ansias de venganza contra el traidor a la patria que tuvo que ser entregado a cambio de un puñado de patriotas que trabajaban en el exterior por el bien de Rusia. Citan, para ello, una frase que habría pronunciado en 2010 el entonces primer ministro: «Estas personas traicionaron a sus amigos, a sus hermanos de armas. Lo que sea que obtuvieron a cambio de eso, esas 30 piezas de plata que les dieron, se ahogarán con ellas «.
Esta argumentación se choca con la evidencia de que Skripal estaba tranquilamente quizás tomando un helado o disfrutando de la tarde casi primaveral -eran las 16,15 cuando llegó el policía- y que además, si lo querían eliminar, tuvieron desde julio de 2010 para hacerlo. Por lo demás, si el espía «entregó» a 300 camaradas, seguro que se había ganado más de un enemigo en un territorio donde viven alrededor de 100.000 rusos.
No solo eso: el veneno es Novichik, según dicen los británicos, pero no hay peritos independientes actuando, de modo que es creerles o reventar. Y si se habla de agentes nerviosos, el gobierno tiene una fábrica de gas Sarin y VX en Porton Down, a ocho millas de donde los Skripal fueron hallados.
Debilidades
No son pocos los que acusan al gobierno ruso de aprovecharse de un momento de debilidad del oficialismo por los comicios que perdió hace unos meses y por la situación de inestabilidad ante el Brexit. «Putin sabe que la UE no va a poner todos los esfuerzos en un firme rechazo contra este ataque ni va a tomar sanciones», señalan.
La primera ministro, por esas cosas de la vida, era la titular de Interior cuando en 2006 otro agente ruso, Alexander Litvinenko, fue envenenado con polonio 210. La respuesta del gobierno esa vez fue la expulsión de algunos diplomáticos y el congelamiento de bienes rusos en esa nación. Ahora tal vez se vea tentada a doblar la apuesta precisamente por ese escenario de debilidad. Usar el caso Skripal como ariete para trepar en el apoyo popular.
El periodista irlandés Finian Cunningham, graduado en Química en la Universidad de Cambrigde antes de dedicarse a investigar asuntos de política internacional, ve detrás de este caso una operación de inteligencia, quizás hasta de bandera falsa, de organismos estadounidense para sabotear las relaciones de la UE con Rusia. Y dice, reconociendo que es pura especulación, que «la semana pasada, la campaña política encabezada por Estados Unidos para echar por tierra el proyecto de Rusia y la UE para el oleoducto Nord Stream 2 recibió un ímpetu renovado».
La tubería, de 1200 kilómetros de extensión, se completará el año que viene y según destaca Cunningham, «los ministros de Asuntos Exteriores de Polonia, Estonia, Lituania y Letonia se reunieron en Washington DC con el Secretario de Estado de los Estados Unidos, Rex Tillerson, sobre como podría ser cancelado el Nord Stream 2».
La razón para este boicot sería que ahora Estados Unidos es desde la revolución del «shale gas», con el sistema de fracking, fuerte productor y quiere meterse en ese negocio de la provisión de energía a Europa que por ahora mantienen la semiestatal rusa Gazprom y cinco privadas de la UE.
Pero justo este martes Donald Trump echó a Tillerson, ex CEO de la petrolera Exxon Mobil. ¿Tendrá algo que ver esta expulsión con todo este entuerto?
Tiempo Argentino, 13 de Marzo de 2018
por Alberto López Girondo | Nov 15, 2017 | Sin categoría
Los medios financiados desde fuera del país deberán registrarse como agentes extranjeros. Fue en respuesta a una medida similar contra RT y Sputnik dictada desde Washington. El gobierno de Mariano Rajoy acusa a Moscú de interferir en la crisis independentista catalana.
Las autoridades rusas tomaron represalia y mediante una votación casi unánime en la cámara baja de la Federación tienen en sus manos una ley por la cual todos los medios internacionales o que reciban financiación desde el exterior y que operen en ese país deben registrarse como “agentes extranjeros”.
El lunes, el Departamento de Estado había emitido una orden que obliga al canal de televisión RT América a inscribirse como agente extranjero apelando a una ley de la Segunda Guerra mundial que no tenía como fin el trabajo de prensa, precisamente.
La ofensiva contra los medios rusos, RT y Sputnik, comenzó a tomar espesor en Estados Unidos a partir de denuncias contra el presidente Donald Trump y su hijo Donald Jr, ni bien el magnate ganó la elección, hace un año. Se los acusó a él de tener vínculos con el gobierno de Vladimir Putin y a los servicios de inteligencia rusos de haber interferido en la campaña al filtrar información sobre la contrincante en noviembre de 2016, Hillary Clinton.
De ahí a considerar en el mismo esquema a hackers que habrían filtrado información sensible de los mails de la ex secretaria de Estado durante la gestión Obama, a espías de los servicios rusos y a los medios pertenecientes a ese país.
En Europa, mientras tanto, la catarata de incriminaciones contra Rusia se mantenía y se incrementaba con la crisis en Ucrania y en torno de la reincorporación de Crimea a la Federación Rusia. Y ya el año pasado el Europarlamento lanzó una declaración acusando a RT y a Sputnik de hacer propaganda antieuropea.
Cuando creció el reclamo independentista de los catalanes, el gobierno de Mariano Rajoy aprovechó para acusar a trolls rusos de haber lanzado una operación a favor de la secesión desde redes basadas en Rusia. Y a mediados de octubre, la red social Twitter prohibió todo tipo de publicidad en las cuentas de los medios rusos luego de haber asegurado –siguiendo el libreto de las agencias de inteligencia estadounidenses- que ambos espacios interfirieron en las elecciones de 2016 para beneficiar a Trump.
Luego de varias semanas de silencio, ahora desde Moscú tomaron empuje respuestas institucionales. En primer lugar, el canal RT anunció haberse sometido a la Ley de Registro de Agentes Extranjeros (FARA, por sus siglas en inglés) en Estados Unidos. Pero no dejó de acotar la incongruencia de que no le exigieron lo mismo la cadena británica BBC, la china CCTV, la francesa France 24 y la alemana Deutsche Welle no tuvieron que cumplir con ese requisito.
Desde la capital rusa, el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, atribuyó a “la histeria que observamos en Estados Unidos y otros países” el ataque contra RT y Sputnik. Fue luego de que los ministros de Exteriores y Defensa de España acusaran elípticamente a ambos medios de “desinformar y manipular” la crisis por Cataluña a través de internet. El diario el País directamente apuntó contra el Kremlin de haber hecho campaña a favor de la independencia catalana.
«Ni las autoridades españolas ni la OTAN ni los diarios aportaron ningún argumento válido a favor de estas acusaciones», retrucó Peskov.
El canciller Serguei Lavrov fue más ácido y señaló que “algunos de nuestros socios en Europa y Estados Unidos no tienen nada mejor que hacer que acusar a nuestros medios y calificarlos de agentes extranjeros. Es probable que una histeria sensacionalista así se mantenga para desviar la atención de los electores sobre la incapacidad de los gobiernos para solucionar los problemas internos”.
Es así que la Duma, la cámara de diputados rusa, aprobó una normativa para el registro como agentes extranjeros de los medios que reciben dinero desde el exterior.
La directora de RT, Margarita Simonián, tuvo también comentarios cargados de ironía para explicar el momento que viven los medios rusos. “Mis sinceras condolencias para todos los periodistas rusos y no rusos. Es que las astillas vuelan cuando talan el bosque de la colina del Capitolio”.
Tiempo Argentino Miércoles 15 de Noviembre de 2017
por Alberto López Girondo | Nov 8, 2017 | Sin categoría
Putin prefiere dejar las cosas como están, pero regularmente reaparece la polémica sobre si corresponde enterrar su cuerpo, que está embalsamado en una cripta vidriada en el Mausoleo frente al Kremlin.
Contaba John Reed, el cronista de la Revolución Rusa, que el 8 de noviembre de 1917 “la vida continuaba en toda su rutinaria complejidad, que ni la guerra interrumpe”. Dice que los tranvías circulaban normalmente, la gente iba a su trabajo, los restaurantes estaban abiertos y se anunciaban exposiciones de pintura como si nada. Un siglo después, la Plaza Roja amaneció cubierta con hierros y containers repletos de maderas que decenas de trabajadores iban acomodando frente al Mausoleo de Lenin, que ahora abrió como era lo usual hasta el desfile militar del 7 y los festejos del día de la Unidad Nacional del 6. Estaban preparando una gran pista de patinaje sobre hielo que cubrirá ese histórico lugar durante toda la temporada invernal. La gente circulaba a sus trabajos como si nada hubiera ocurrido.
En el monumento en homenaje al líder revolucionario, donde descansa su cuerpo embalsamado en una urna vidriada desde su muerte, en 1924, el movimiento de turistas era incesante y afuera, a pesar del frío, se agolpaban cientos de personas que aprovechaban, también, el día soleado luego de una seguidilla de varias jornadas nubosas.
Cada fecha clave de la era soviética se renueva la polémica desde la desaparición de la URSS, en diciembre de 1991. Qué hacer con el cuerpo del hombre que comandó la revolución bolchevique y murió joven, a los 54 años, dejando, para muchos, un enorme hueco en el proceso iniciado en 1917. Pero esa es otra polémica.
Como es de imaginar, la implosión del socialismo generó un caos generalizado en una población habituada a estrecheces pero no a perder el rumbo. El cambio de régimen se llevó puesta a toda una iconografía comunista y hubo enormes tensiones para borrar esa parte de la historia rusa por parte de los dirigentes más extremos del momento.
El caso es que todos provenían de aquellos años dorados del socialismo y algunos no tenían cómo explicar el deseo de hacer cuenta nueva en medio del marasmo.
Ana cuenta que se formó en la URSS y recibió su título universitario apenas unos meses después de su desaparición, y que para ella y toda su generación, Lenin era una figura enorme a la que todos se querían parecer. “Era abnegado, valiente, generoso”, dice con una sonrisa melancólica recordando todos los valores que se encarnaban en Vladimir Illych Ulianov.
Cuenta que desde la primaria recibían la impronta del revolucionario y que en un momento determinado tenían que hacer un juramento por la memoria de Lenin. Suena a parecido la promesa a la bandera que hacen los alumnos argentinos.
Mientras recita el juramento pensando en la mejor traducción posible, muestra la posición de la mano derecha para ese rito. Como haciendo sombra, a 45 grados y a pocos centímetros de la frente. Es una especie de venia militar pero a distancia. “Ensayábamos el ángulo exacto y los movimientos”, dice como quien habla de esos tesoros infantiles perdidos vaya uno a saber dónde.
“Ahora los jóvenes apenas saben quién fue Lenin”, dice la mujer, en la fila para la visita al Mausoleo donde además de Lenin, están los restos de dirigentes del Partido Comunista desde 1917. Allí está John Reed, el periodista estadounidense que conto en un relato vibrante lo que fueron aquellos “Diez días que estremecieron al mundo”.
El recorrido alrededor del cuerpo de Lenin resulta estremecedor. Es cierto, parece estar dormido, y los visitantes fijan la mirada, primero a su derecha y luego a la izquierda, como hipnotizados. No hay modo de quedarse un minuto más porque atrás la fila empuja.
La polémica en torno a ese monumento incluye, por supuesto, a los otros dirigentes enterrados allí, de los que se habla menos. Son los representantes de un tiempo que no es este pero de alguna manera siguen estando presentes a cada paso. Por lo menos Lenin, tiene estatuas por todo el país y salvo en algunos países del Este europeo, todas se mantienen en pie.
Regularmente fuerzas políticas de la derecha e incluso de Rusia Unida, el partido de Vladimir Putin, se hacen eco de publicaciones periodísticas donde se realza el costo de mantener el cuerpo y se señala que la voluntad última del jefe revolucionario fue que lo enterraran en cementerio Vólkovskoye de San Petersburgo. De hecho, su viuda, Nadezhda Krúpskaya, no había estado de acuerdo, según los testimonios, en que un ateo se convirtiera en una figura religiosa.
En abril pasado se presentó en la Duma, la cámara baja rusa, un proyecto de ley donde es especifica que el cuerpo de Lenin debe ser sepultado como era su deseo. Pero la declaración era tan laxa que dejaba en manos de Putin la decisión sobre tiempo y modo.
El secretario general del Partido Comunista ruso, Guennadi Ziuganov, exigió entonces, garantías al gobierno de que el Mausoleo seguirá a un costado del paredón del Kremlin y de cara a la Plaza Roja. El presidente prefirió dejar las cosas como están. No quiere comprarse otro problema cuando el fundador del estado soviético continúa siendo un referente para muchos que se criaron haciendo esa promesa que, después de todo, él también hizo.
Tiempo Argentino Miércoles 8 de Noviembre de 2017
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