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El Mundial que no miramos

El Mundial que no miramos

A punto de agotar la quinta parte del siglo XXI, parece noticia vieja recordar que el siglo no comenzó en el año 2000, como mucho se debatía por aquellos días, sino el 1° de enero de 2001. Y ese fue un año que de un modo implacable echaría sobre la mesa las cartas que se jugarían durante estos años y los que se vienen. Y si no, veamos esta cronología apurada.

La globalización, que se expandió en todo el mundo tras la caída de la Unión Soviética, en 1991, entró en crisis por el fracaso del neoliberalismo y las consecuencias catastróficas de los ajustes perpetuos para la sociedad, que se hacían palpables en las naciones periféricas y fueron exacerbado sobre todo en América Latina y particularmente en la Argentina.

Fue creciendo así una corriente crítica de ese “pensamiento único”, que se cristalizó en enero de 2001 en el  primer Foro Social Mundial, organizado por la Asociación Internacional para la Tasación de las Transacciones Financieras para la Ayuda al Ciudadano (ATTAC) y el Partido de los Trabajadores de Brasil (PT), en Porto Alegre, la ciudad de Río Grande do Sul que gobernaba el partido creado por Lula da Silva en 1980 para representar a la clase obrera en las instituciones democráticas brasileñas. Opuesto al Foro de Davos, emitió un documento bien claro sobre su objetivo. “Construimos una gran alianza para crear una nueva sociedad, distinta a la lógica actual que coloca al mercado y al dinero como la única medida de valor. Davos representa la concentración de la riqueza, la globalización de la pobreza y la destrucción de nuestra planeta. Porto Alegre representa la lucha y la esperanza de un nuevo mundo posible donde el ser humano y la naturaleza son el centro de nuestras preocupaciones”. La consigna “otro mundo es posible” se extendió como reguero de pólvora entre la víctimas del modelo de todo el planeta.

Estados Unidos, mientras tanto, planteaba una estrategia basada en lo que George Bush padre llamó “El Nuevo Orden Mundial”, regido desde Washington, con el apoyo estratégico del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM) en esta parte del mundo, y de la Unión Europea y el poder militar de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), sin un enemigo visible contra quien luchar desde el fin de la Guerra Fría.

Hasta que el 11 de setiembre de 2001 los atentados a las Torres Gemelas de Nueva York y al edificio del Pentágono lo cambiaron todo. Estaba en el gobierno George Bush hijo, y la derecha dura estadounidense aprovechó el estupor inicial para tomar una serie de decisiones que pusieron contra las cuerdas a las libertades individuales en nombre del combate al terrorismo, al que se responsabilizó por esos golpes bestiales.

Tres meses más tarde, la Argentina estallaba en mil pedazos tras una experiencia de diez años de convertibilidad y sumisión al FMI y al recetario privatista neoliberal. Justo unos días antes de que el euro, del otro lado del océano, entrara en vigencia plena para 15 países europeos.

Años interesantes

Este contexto permite entender el proceso que siguió. Por un lado, Estados Unidos se lanzó a la invasión de Afganistán e Irak en busca de terroristas de Al Qaeda que, poco antes, habían sido entrenados por la CIA para combatir la invasión soviética de fines de los ‘70. Por el otro, fueron creciendo opciones de gobiernos comprometidos en mayor o menor medida con el lema de ese otro mundo posible.

Así surgieron en 2003 los mandatos de Lula da Silva y Néstor Kirchner en Brasil y la en Argentina, y en el Uruguay, el Frente Amplio –una alianza anti-establishment de centro izquierda nacida en los ‘70– llegaba al poder y ponía fin a más de un siglo y medio de alternancia de los partidos Blanco y Nacional. Esa ola envolvió otros inesperados cambios regionales, como la elección de Evo Morales en Bolivia , Rafael Correa en Ecuador y Fernando Lugo en Paraguay. Y prefiguró la posibilidad de que en Mar del Plata, en noviembre de 2005, se le dijera a No al ALCA, el proyecto de mercado común continental que bajo la línea del Consenso de Washington habría debido entrar en vigencia en ese momento, según lo planteado en 1994 por los gobiernos conservadores latinoamericanos y el demócrata estadounidense Bill Clinton. En ese mismo año había nacido el NAFTA, el acuerdo de libre comercio de América del Norte, que habían firmado México y Canadá con EE UU y sobre cuyo modelo se planificó el ALCA.

Podría aplicarse a esa época la frase con la que alguna vez tituló un libro sobre el siglo XXI el historiador británico Eric Hobsbawm: fueron “años interesantes”.

Tras la cumbre marplatense, Lula y Kirchner acordaron pagar toda la deuda con el Fondo Monetario para liberarse de su tutela. Las exportaciones de productos primarios como la soja y el petróleo hacían fluir ingresos que por primera vez resultaban beneficiosos en los términos de intercambio para los países productores. China era el gran protagonista de esa suba y ya mostraba los dientes de que la previsión de los analistas internacionales no era errada: luego de “un siglo de humillación”, el gigante asiático está destinado a ser lo que en rigor fue durante cuatro milenios, una potencia centra+l. Y eso va a ocurrir en esta centuria.

Pero no era la única potencia destinada a sobresalir. Ya lo había señalado Jim O’Neill, economista de la banca Goldman Sachs cuando –también en 2001– armó un acrónimo para mencionar a los países donde valía la pena invertir pues serían los nuevos dueños del mundo: BRIC, por Brasil, India, Rusia y China. Un poco a regañadientes o tímidamente, los gobiernos de esos países vieron en 2006 la oportunidad de unirse. Cinco años más tarde invitaron a Sudáfrica. Con un pie en cada continente pero preeminencia en Asia, los BRICS comenzaron a ser una referencia geoestratégica.

Con la pelota rodando ya en Rusia, es bueno puntualizar que en la era moderna los certámenes deportivos más convocantes –los Mundiales de Fútbol, los Juegos Olímpicos– siempre han significado una vidriera enorme para mostrar una ciudad o un país. Por eso se gastan ingentes fortunas en infraestructura y en estadios que luego suelen caer de desuso, con tal de estar en el candelero de los grandes medios durante algunas semanas.

Con el de Rusia, este es el tercer campeonato consecutivo de la FIFA en un país BRICS, luego de los mundiales de  Sudáfrica en 2010 y Brasil en 2014. Los últimos Juegos en Río de Janeiro se realizaron ocho años después de los de Beijing, en 2008, y a continuación de los Invierno de Sochi 2014, en Rusia.

Mientras se institucionalizaban los BRICS, en América Latina se creaban dos organismos que fueron relevantes para la defensa de valores e intereses comunes y contra los intentos de ruptura constitucional: Unasur y Celac, una para América del Sur y la otra para todo el continente y el Caribe, con la cláusula expresa de que en él no participan ni EE UU ni Canadá, pero sí Cuba.

Primavera efímera

El episodio que cambiaría todas las perspectivas fue la crisis financiera que se desató con la caída del banco Lehman Brothers, en setiembre de 2007. En pocos meses todo fue un tembladeral en los países más desarrollados. EE UU, empantanado en Irak, se debatía ante las demandas sociales por la ayuda del gobierno a los bancos y un rechazo cada vez mas fuerte a la intervención armada. En este contexto, en enero de 2009, llegó a la Casa Blanca el demócrata Barack Obama, el primer presidente negro en la historia de ese país esclavista. Con una promesa tan grande de ser una bisagra de la historia que a fines de ese mismo año le dieron el Premio Nobel de la Paz.

Pero el aire de renovación duró poco. La secretaria de Estado, Hillary Clinton, siguió los lineamientos tradicionales de la política imperial y en junio de 2009 dio vía libre a un golpe institucional en Honduras, el primer ensayo de intervención estadounidense para bloquear los procesos progresistas en el “patio trasero” mediante el uso de las asambleas legislativas.

En tanto, las “primaveras árabes”, que habían entusiasmado a los sectores “bienpensantes” de Europa, pronto mostraron que llegaron a cambiar todo para que todo quedara igual. Hillary decidió dar apoyo a grupos terroristas para forzar la caída de Bashar al Assad en Siria. Y los mismos que habían promovido el Nobel a Obama no tardaron mucho en pedir que lo devolviera.

Para colmo, en 2010 aparecería Wikileaks, un sitio dirigido por el australiano Julian Assange, publicando millones de documentos secretos sobre las atrocidades cometidas por tropas estadounidenses en Irak. Descubierto el “filtrador”, el soldado Bradley Manning, la respuesta del gobierno no fue muy diferente a la que hubiera tomado cualquier gobierno WASP (por blanco, anglo-sajón y protestante). Manning fue detenido y condenado a 35 años de prisión y Assange, perseguido, se refugió en la embajada de Ecuador en Londres para evitar la extradición y un juicio en EE UU. Tres años más tarde, Edward Snowden, analista externo contratado por la CIA, revelaría el sistema de espionaje electrónico global que realizan los servicios de inteligencia estadounidenses. Conocedor del destino que le esperaba, se exilió en Rusia, luego de mostrar a la prensa el método aplicado para vigilar a los ciudadanos de todo el planeta. Era la culminación del proyecto de control social mundial legislado a raíz del 11S. 

Obama, mientras tanto, firmaba el acuerdo 5+1 con Irán junto con China, Rusia, Gran Bretaña, Francia y Alemania, por el cual el país persa aceptaba someter su plan nuclear a las inspecciones de organismos de la ONU. Y puso a Estados Unidos en el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP por sus siglas en inglés), un tratado de libre comercio de los países de la Cuenca del Pacífico.

Rechazo a la globalización

Los continuos recortes presupuestarios y la pérdida de puestos de trabajo en virtud de las nuevas reglas comerciales terminaron por hastiar a las sociedades europeas y de EE UU. La crisis financiera sumió al euro en un temporal del que por momentos pareció que no iba a salir. La moda de los acrónimos incluyó a cuatro países golpeados especialmente por esa tormenta bajo el nombre de PIGS –cerdos–, por las iniciales de Portugal, Italia, Grecia y España (Spain). Sobre ellos especialmente recayeron los sofocantes programas de ajuste presupuestario pergeñados por la “troika”, la tríada integrada por el Banco Central Europeo (BCE), la Comisión Europea (CE) y el FMI.

Como en una vuelta de tuerca, si al principio del siglo los movimientos de izquierda eran los únicos que se oponían a la globalización capitalista, ahora la derecha nacionalista y xenófoba fue tomando esas banderas ante la pérdida de atractivo del neoliberalismo para las mayorías populares. Ese descontento se expresó en Europa en el Frente Nacional francés (FN); el Partido por la Libertad holandés (PVV); el Partido de la Independencia británico (UKIP); Alternativa para Alemania (AfD), y la Liga del Norte italiana, entre otros. Hungría y Polonia dieron la nota con gobiernos que amenazan los valores de la UE. El Reino Unido, en tanto, votó un referéndum para dejar la Unión Europea. En Italia, tras varias idas y vueltas, asumió el gobierno una coalición de la derecha xenófoba de la Liga del Norte con el Movimiento 5 Estrellas. En España, cayó Mariano Rajoy, acorralado por la corrupción en el PP, y asumió el líder del PSOE, Pedro Sánchez. El reemplazante de Obama en la Casa Blanca, en tanto, se suma a esta corriente de nacionalismo xenófobo. Sus primeras medidas estuvieron destinadas a romper con los acuerdos que venían de anteriores gestiones. Entre ellos, el Protocolo de París, sobre medio ambiente, el de comercio TPP y el nuclear con Irán.

Al mismo tiempo que está acosado por el presunto apoyo de Rusia a su campaña electoral, Donald Trump desarrolla una política de cowboy caprichoso en el resto del mundo. Así, mientras reprende a los líderes europeos para que aporten más a su propia seguridad militar, patea el tablero en Medio Oriente al trasladar la embajada en Israel a Jerusalén y dar su apoyo irrestricto al gobierno de Benjamín Netanyahu. Plantea, además, una guerra comercial con China. Y se lanza desaforadamente al ataque contra el gobierno bolivariano de Venezuela, mientras da marcha atrás en el acercamiento de Obama a Cuba.

Para muchos, lo que parece una política errática de Trump no es más que un intento brutal de barajar y dar de nuevo. También la globalización perjudicó a los trabajadores estadounidenses, sus principales votantes. Su campaña se basó en prometer la vuelta a aquellos tiempos de supremacía de los Estados Unidos en el mundo, lo que implicaba también a la industria local. De allí la barbarie de sus ataques contra los inmigrantes latinoamericanos.

Pero el mundo ya no es el mismo y hay otros jugadores de peso. Vladimir Putin, en Rusia, y Xi Jinping, en China, saben el lugar que ocupan en este escenario. América Latina sufre el embate de las oligarquías locales –que, es justo decirlo, fueron alentadas a tomar el poder en la era Obama–, pero por esas piruetas del destino cuenta con un líder que mantiene su influencia, a pesar de que la institución que dirige atraviesa una profunda crisis. El argentino Jorge Mario Bergoglio, coronado Papa en 2013, intenta una postura diferente al pensamiento único neoliberal que retorna con fuerza en la región y que sostienen las instituciones internacionales como única opción. Desde su crítica a la devastación del medio ambiente y a la avidez financiera del sistema capitalista, Francisco encarna a su manera el rechazo humanista a la globalización.

El otro gran líder que podría ponerse ese sayo es Lula da Silva. Los años dorados de la región mucho tuvieron que ver con ese Brasil que miró a América Latina para encabezar las ansias de autonomía y puede volver a ocupar ese espacio en la elección de octubre. Pero el metalúrgico está preso, nadie garantiza que le permitan presentarse y hay que ver si el establishment quiere arriesgarse a permitir el comicio. Si no tuvieron prurito en expulsar a Dilma Rousseff con una maniobra institucional, no les temblaría la pera por tomar cualquier medida con tal de que ese otro mundo no sea posible.

Tiempo Argentino, 24 de Junio de 2018

Las cuatro vidas de Arkady Babchenko

Las cuatro vidas de Arkady Babchenko

Arkady Babchenklo lo podría celebrar como un cuarto nacimiento. Pero la operación que lo llevó en pocas horas de haber sido un periodista asesinado por servicios rusos en Kiev a renacer en una conferencia de prensa merece estar entre los fake news más temerarios de los últimos años. Pergeñado junto con espías ucranianos y hasta lo que se sabe a la hora de publicar este artículo, sin el conocimiento previo de la esposa del «resucitado».

Babchenko es presentador de televisión en el canal ATR TV de la capital ucraniana. Nacido en Rusia hace 41 años, Babchenko se jacta en su página de Twitter de ser suboficial de reserva y ex combatiente del ejército ruso, con el que participó en las dos guerras de Chechenia. El año pasado, luego de publicar en diversos medios sus enormes diferencias con el presidente Vladimir Putin, decidió exiliarse junto con su familia y terminó recalando en Ucrania, donde pronto consiguió ubicarse en la televisión local.

El martes, el ministerio del Interior ucraniano informó que habían recibido mediante un llamado a la línea de emergencia 102 el mensaje de una mujer que dijo que había encontrado en la entrada de su departamento a su marido tirado en el piso y cubierto de sangre. El informe decía que la víctima era Banchenko y que los médicos documentaron su muerte camino al hospital. Según el certificado, había recibido tres balazos por la espalda cuando salía del edificio donde vivía con su esposa para comprar pan.

En pocos minutos la noticia se expandió por todo el mundo y causó respuestas inmediatas tanto del gobierno ruso como de organismos europeos e instituciones de defensa de la libertad de prensa y de los periodistas, azorados todos ellos por el poco respeto a los trabajadores de prensa en esos distritos.

Entre los primeros que hablaron estuvo el jefe de la policía de Kiev, Andriy Kryshchenko, quien deslizó la sospecha de que el motivo del asesinato eran las «actividades profesionales» de la víctima, enfrentado con Putin y al cobijo de un gobierno enemistado con Moscú. El primer ministro de Ucrania, Volodymyr Groysman, se sumó a la versión y describió al periodista y ex combatiente como un «verdadero amigo de Ucrania que estaba contándole al mundo sobre la agresión rusa». Efectivamente, Banchenko dejó Moscú luego de haber denunciado amenazas de muerte tras haber descrito en su Facebook a Rusia como país agresor en Siria, en un artículo donde contaba las incidencias de la caída de un avión militar con un coro militar en el Mar Negro.

La acusación hacia Rusia despertó la rápida respuesta del canciller Sergei Lavrov, quien exigió una pronta investigación independiente y se declaró «triste» porque «Arkadi Babchenko fue asesinado, abatido en la escalera de su edificio y el primer ministro ucraniano responsabiliza a los servicios especiales rusos».

No tardaron en llegar mensajes de condolencia y pedidos de que se aclaran los tantos. Todavía sonaban por allí los reclamos tras el crimen de Pavel Sheremet, que murió por el estallido de una bomba colocada en su auto el 20 de julio de 2016.

Los rusos también anotaron en al cuenta la detención de Kiril Vishinski, corresponsal de la agencia RT en Kiev, quien fue apresado por autoridades ucranianas hace dos semanas acusado de traición a la patria por la cobertura de los sucesos en el este de Ucrania, la región pro-rusa de Donetsk y Lugansk. En los momentos previos al anuncio de la muerte de Banchenko, el Kremlin negociaba con el Servicio de Seguridad de Ucrania (SBU) el canje del periodista por el director de cine ucraniano Oleg Sentsov, condenado en una causa por terrorismo en Rusia.

Cuando el caso Banchenko escalaba en la agenda diplomática internacional, sorpresivamente el conductor televisivo «renació» en una conferencia de prensa que brindó el jefe del SBU, Vasili Gritsak. Juntos explicaron que todo había sido una operación para desarticular un atentado que estaba en marcha contra el periodista. El jefe de los espías, en un arranque de euforia, dijo que el plan había sido un éxito y que el autor intelectual del presunto atentado ya estaba detenido. Por supuesto, lo vinculó a los servicios rusos.

Babchenko, en tanto, pidió disculpas públicas a su esposa porque según parece la mujer no estaba informada de la escenificación y cuando le informaron que su marido había muerto sufrió un ataque de nervios y debió ser internada en el mismo hospital.

En 2008, Banchenko publicó «La guerra más cruel», un libro donde describe sus experiencias en Chechenia. Según su relato, vibrante por lo que coincidieron las críticas, en 1996 tuvo que abandonar sus estudios de abogacía en Moscú porque fue reclutado para la primera guerra en ese rincón de Rusia que buscaba su independencia. «Allí murió mi primer yo y empezó a existir una persona completamente distinta», dijo entonces en una entrevista con la agencia española Efe. Esa guerra no sería menos salvaje que todas las que en el mundo han sido, pero para un chico de 18 años fue un golpe demoledor.

Para la segunda guerra, en 1999, Banchenko no esperó a que lo llamaran: se presentó como voluntario. «No es que decidiese irme a la guerra, sino que escapé de un mundo en paz que no me había aceptado», dijo aquella vez. Tampoco en este aspecto, la de Chechenia fue diferente a otras posguerras. Pero de esta segunda salido con la convicción de que Putin había armado el conflicto para fortalecerse como «un poderoso zar de todas las Rusias» y de que en adelante quería transmitir sus vivencias a través de los medios que tuviese a su alcance.

Un día antes de su asesinato, Banchenko escribió en su cuenta de Twitter, ilustrado con una imagen ahora histórica: «Hace cuatro años, el general Kulchytskyy no me llevo en ese helicóptero. Debido a la sobrecarga. No había lugar. Dos horas después de esa foto, lo derribaron. Catorce personas fueron asesinadas. Tengo suerte. Resultó mi segundo cumpleaños», anotó. Serhiy Kulchytsky fue el director militar y de entrenamiento especial de la Guardia Nacional de Ucrania y murió el 29 de mayo de 2014, cuando ese helicóptero fue abatido por separatistas pro-rusos.

Si computara su paso por Chechenia tal vez Banchenko debiera decir que aquel fue su tercer nacimiento. Ni bien comenzaba a circular este recordatorio entre sus más de 190.000 seguidores cuando Babchenko se sumergía en lo que sería su tercera muerte.

Como bromeaban luego algunos de sus acólitos, no espero tres días para resucitar, envuelto en un mar de misterio sobre lo que verdaderamente ocurrió en esas poco más de 27 horas de estupor.

Tiempo Argentino, 30 de Mayo de 2018

Siria, un objetivo conveniente para Trump y sus aliados occidentales

Siria, un objetivo conveniente para Trump y sus aliados occidentales

El miércoles, Donald Trump puso en alerta rojo al mundo cuando tuiteó: «Prepárate Rusia, porque van a ir, suaves y nuevos e ¨¡inteligentes!». Se refería a un inminente ataque en Siria, unos días más tarde de haber anunciado que iba a ordenar el retiro de tropas del Medio Oriente.

La controvertida noticia de un ataque químico en la ciudad de Duma atribuido a las fuerzas del gobierno de Bashar al Assad -no comprobado por organismos neutrales- trastocó una política que parecía definida por el presidente de Estados Unidos. De inmediato, a Trump le aparecieron aliados dispuestos a secundarlo, como los mandatarios de Gran Bretaña, Francia, Israel y Qatar.

Sin embargo, un nuevo giro ahora hace pensar que el ataque que parecía inminente pasó a un segundo plano. La respuesta diplomática de Vladimir Putin fue que Rusia no se quedaría de brazos cruzados y entonces desde Washington se escuchó un «recalculando» bien fuerte desde otro tuit. «Nunca dije cuándo se llevaría a cabo un ataque a Siria», escribió ahora Trump. Pero los problemas internos que padece cada uno de los «cruzados» anti Al Assad no permiten avizorar que la opción de atacar Siria no esté en los planes cercanos.

El caso del polémico presidente estadounidense es el más notorio. Desde que llegó a la Casa Blanca, el 20 de enero de 2017, y antes incluso, tuvo fuertes encontronazos con los medios hegemónicos y el establishment político de Estados Unidos por relaciones supuestamente oscuras con Rusia que le habrían facilitado el triunfo electoral de noviembre de 2016.

A esto se agregaron denuncias por sus relaciones -pagas- con una actriz porno.

El carácter desafiante del empresario inmobiliario no ayudó a la comprensión o la aquiescencia de la prensa, de modo que ambos casos fueron creciendo paralelamente y ahora parecen en un punto de eclosión.

Por un lado, agentes del FBI allanaron estos días la oficina de Michael Cohen, el abogado personal de Trump, para confiscar documentos que probarían el pago de 130 mil dólares a Stormy Daniels, que es el nombre artístico de la mujer que habría tenido un affaire en 2006 con Trump.

Al mismo tiempo, el presidente evalúa despedir al fiscal especial Robert Mueller, designado para investigar aquellas vinculaciones sospechosas con agencias rusas. Mueller se convirtió en un grano en las posaderas del mandatario, pero también es un alfil para sus opositores, entre los cuales también hay de su propio partido, que desde el Congreso buscan respaldar su gestión.

Theresa May enfrenta sus propios problemas internos. Por un lado, comenzó la cuenta regresiva para el Brexit y la situación económica de los británicos no es la mejor, lo que eleva las quejas de sectores políticos que quisieran rever la medida votada en referéndum. Ahora parece algo olvidado, pero la pequeña crisis desatada cuando se reveló que Cambridge Analytica, una empresa de márketing político, había manipulado información personal de usuarios de Facebook para torcer el resultado de la consulta golpeó fuerte en el 10 de Downing Street. La empresa también participó en la campaña en favor de Trump, para colmo de males.

La premier conservadora se montó en el envenenamiento de un ex espía ruso, Sergei Skripal, y de su hija Yulia, para acusar a Rusia de intentar un doble homicidio en su territorio y forzar un enfrentamiento diplomático como no se veía desde la Guerra Fría con Putin, que rechaza esas acusaciones. Una guerra en Siria sería otra forma de esconder los problemas, por eso fue la primera nación en proponerse para participar en un posible ataque en Siria, lo que alertó a la oposición, que pretende que no se haga nada sin consultar con el Parlamento.

El antecedente de la postura del laborista Tony Blair en 2003 para atacar Irak en 2003 no es un buen argumento de venta para May. Esa vez la excusa fue que Saddan Hussein tenía armas de destrucción masiva que nunca se encontraron.

En Francia, Emmanuel Macron viene cayendo en la consideración pública y enfrenta una huelga escalonada de los ferroviarios que empalmará con la celebración del 50 aniversario del Mayo francés. Sus reformas neoliberales son un trago difícil para una sociedad que había dado un cheque en blanco favorable en las elecciones porque prometía otra cosa.

En Israel, Benjamin Netanyahu no las tiene todas consigo. Está acusado por varios casos de corrupción y el fiscal Avijai Mandelblit lo tiene en la mira. La policía pretende que se lo impute pero por ahora la justicia solo quieren indagarlo. Los últimos ataques en Gaza no le dan la mejor imagen en el exterior y se sospecha que busca la forma de adelantar elecciones porque por ahora los números le dan para ganar, más adelante quién sabe. De lograr este objetivo, se dice que haría votar una «ley francesa», un proyecto para que el jefe de gobierno no pueda ser juzgado por delitos que no vayan contra la seguridad del estado.

Qatar, con fuertes diferencias con Arabia Saudita y el bloque arabista desde hace unos meses, comparte una preocupación impensada con Rusia. Putin acaba de ganar los comicios por más del 75% de los votos y su principal preocupación debería ser que el Mundial de Fútbol sirva para mostrar al mundo la realidad de país.

Pero la ofensiva del FBI contra la FIFA despertó sospechas sobre la designación de Rusia como sede para este certameny también por el de Qatar en 2022. Según las acusaciones, la monarquía habría pagado coimas para lograr los votos necesarios durante la gestión de Joseph Blatter.

El Emir Tamim bin Hamad Al Thani está vinculado al fútbol desde que fue sponsor del Real Madrid y es dueño del Paris Saint Germain. Su relación con Trump pasó de ser considerado sponsor también de grupos terroristas, cuando el presidente de EEUU apoyaba a Arabia Saudita, hace poquitito. Ahora pasó a ser su nuevo mejor amigo y hace dos díasse vieron en Washington.

En el medio, EEU le vendió misiles a Qatar por 300 millones de dólares.

Como se ve, en mayor o menor medida, cada uno de estos jugadores tiene cosas por ganar si la situación en Siria se vuelve más complicada. Se sabe que una guerra siempre galvaniza a una sociedad y a ella recurrieron mandatarios de toda laya a lo largo de la historia.

El riesgo es que esa necesidad termine provocando un incendio que envuelva a todos los países en una guerra de imprevisibles consecuencias. Putin lo sabe y por eso intenta poner paños fríos mandando a que sus jefes militares se pongan en contacto con los mandamases del Pentágono. La vocera de la cancillería rusa, María Zajárova, aclaró que el Kremlin no está de acuerdo en la diplomacia del tuit.

Tiempo Argentino, 12 de Abril de 2018

Le dieron el alta a la hija del espía ruso pero está en un lugar secreto

Le dieron el alta a la hija del espía ruso pero está en un lugar secreto

Yulia, la hija del doble agente ruso Sergei Skripal, fue dada de alta y llevada a un lugar secreto por las autoridades. La mujer, de 33 años, había sido víctima de un envenenamiento el 4 de marzo pasado con un neurotóxico que el gobierno británico señaló como fabricado en Rusia. Su padre, de 66,  aún permanece internado en el hospital de Salisbury, indicaron los médicos, fuera de peligro pero recuperándose.

El caso se convirtió en una crisis diplomática que recuerda a la Guerra Fría, pero no deja de tener sus ribetes, ya que una sobrina del espía, Victoria, a quien le negaron la visa para visitar a sus parientes el viernes pasado, sospecha que su prima está de algún modo cautiva de los británicos y protesta para que no se lleven a los Skripal a EEUU como trascendió en medios ingleses.

Skripal, que trabajó subrepticiamente para el MI6, el servicio de inteligencia del Reino Unido, hasta que fue descubierto, vive en una residencia en la ciudad de Salisbury y había recibido la visita de su hija porque se iba a recordar a su otro hijo, Alexandr, muerto en julio de 2017 a los 43 años de algún tipo de insuficiencia hepática. Así lo contó Victoria a medios rusos.

Desde su vivienda en Yaroslav, al noroeste de Moscú, Victoria Skripal afirmó haber recibido una comunicación telefónica de su prima que le resultó inquietante. El audio fue reproducido por una radio de aquel país.

«No esperaba ese llamado -dijo Victoria al canal estatal ruso RT – yo ya sabía que me negarían el visado, pero no esperaba que Yulia me llamaría». La acotación es pertinente porque la joven recién salida de un grave envenenamiento le dijo que nadie le iba a dar un visado para ir a Londres y que, además, no era el momento apropiado para intentar visitarla.

«Aparentemente, le dictaban qué decir y, obviamente, marcaron mi número (de teléfono de la casa) por ella», evaluó Victoria, ya que descontó que no recordaba las nueva cifras de su celular. Remató la entrevista diciendo que «es nuestra familia y debe estar junta».

Fue el mismo argumento que utilizó para pedirle a la primer ministro Theresa May por su visa. Pero en el Foreign Office le respondieron que la rechazaban el permiso por errores en la confección del trámite. Una excusa sin dudas, ya que no dieron mas detalles.

Teniendo en cuenta que se trata de una historia de espías, es más que probable que el rechazo tenga que ver con la sospecha de que Victoria sea agente de los servicios rusos o que en esta ocasión este cumpliendo una función para ellos, que es lo mismo.

A poco de andar la investigación y a medida que el caso fue creciendo en los medios británicos, el gobierno conservador de May culpó a los rusos del envenenamiento que, dijo, había sido con Novichock, un neurotóxico desarrollado en la era soviética pero según Moscú, eliminado cuando la Federación Rusa adhirió a los protocolos sobre armas químicas de la ONU.

May ordenó expulsar a 23 diplomáticos rusos de Gran Bretaña. Rusioa le devolvió la «gentileza» unos días más tarde.

La controversia creció porque Londres no aceptó la presencia de peritos rusos o de la ONU para supervisar la investigación. Por otro lado, los científicos que conocen del tema mantienen sus dudas ya que en el caso de que efectivamente se haya pidodo fabricar en algún momento el Novichok, sobre lo que no hay certezas, la fórmula fue publicada en libros por agentes de la ex URSS exiliados en EEUU de modo que cualquiera la podría haberlo desarrollado.

Pero hay un detalle nimio que reveló en su momento Chris Busby, por décadas científico principal en el Departamento de Química Física de los laboratorios Wellcome Research de Beckenham, Londres. Para determinar qué sustancia integra algún compuesto, se debe contrastar con los patrones que tiene registrados un espectrómetro, el aparato utilizado para tal fin. Y la única forma para determinar que es Novichok y que proviene de Rusia sería tener una muestra previa absolutamente identificada.

Por eso es que no son muy específicos los expertos del laboratorio de armas químicas de Porton Down, ubicado estratégicamente a menos de 8 millas de Salisbury, donde ocurrió el hecho. Y por eso también, más allá de la ofuscación diplomática,  en el gobierno se limitaron a asegurar que el químico que casi mata a los Skripal es «un agente neurotóxico de grado militar de un tipo desarrollado por Rusia». Con eso les alcanzó para generar un conflicto como se veía por años.

La otra cuestión es que si no fue el gobierno de Vladimir Putin, como pretende May y niega el mandatario ruso, ¿quién pudo haber sido?

Victoria Skripal tuvo una primera impresión unas semanas después de conocido el suceso. Para ella, el objetivo no habría sido su tío, como se especulaba, sino su prima Yulia. «Ella tuvo una pelea con la madre de su novio porque le anunció que se iban a casar y formar familia», argumentó a The Sun, un diario británico sensacionalista.

«La suegra -de la que no dio mas datos- no aceptaba a Yulia porque era hija de un traidor que había puesto en peligro a 300 agentes. Pensó que si era hija de un traidor ella misma sería una traidora». Y para rematar adujo que el veneno es una forma de eliminación muy propia de mujeres rusas. «Ellas gustan del veneno como forma de venganza», agregó.

Ahora dice que está segura de que en realidad el envenenamiento «debe ser con algo que comieron».  Para Victoria, su tío estaba retirado y solo pasaba sus días cuidando un par de cobayos y un gato y ya no era un peligro para nadie.

Los peritos oficiales dicen que encontraron muestras del neurotóxico en la vivienda del ex espía, sobre todo en el pomo de la puerta de entrada. y que los cobayos estaban muertos y el gato famélico. Y que los llevaron a Porton Down, donde fueron incinerados

Las autoridades rusas piden explicaciones sobre la muerte de los cobayos y el gato, ya que podrían haber servido de prueba para determinar qué veneno había en la casa.

The Sun, citando fuentes gubernamentales, dice que Yulia fue llevada a un hospital militar para terminar totalmente su recuperación. Pero allí también estaría a buen resguardo de la prensa.

Dice luego que podrían ser trasladados a EEUU, donde les darían alojamiento e identidades reservadas. Victoria dice que es ultimo lugar al que deberían ir porque allí seguramente los matarían.

Esta historia, por lo que parece, continuará.

Tiempo Argentino, 11 de Abril de 2018