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Alí Rodríguez: Construir una Unasur sobre el modelo de la OPEP

Alí Rodríguez: Construir una Unasur sobre el modelo de la OPEP

Puede decirse sin dudar que Alí Rodríguez Araque es uno de los fundadores del movimiento chavista. Su antecedente de combatiente, cuando a fines de los 50 recurrió a la lucha armada, como muchos miembros de su generación, ante la falta de apertura democrática en Venezuela tras el derrocamiento del dictador Marcos Pérez Jiménez, pesó años después, ya con Hugo Chávez como líder de la revolución bolivariana, para que ocupara un puñado de cargos trascendentales para el proceso que se inició en 1999. Fue secretario general de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), presidente de la empresa petrolera estatal PDVSA, canciller, ministro de Economía y, desde hace dos años, secretario general de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR).
Es, también, un teórico de fuste, y así lo muestra Antes de que se me olvide, el libro construido luego de seis años de conversaciones interrumpidas por la actividad cotidiana con la periodista cubana Rosa Miriam Elizalde y con 200 horas de grabaciones. Ese trabajo, que acaba de ver la luz en Argentina, es una publicación imprescindible para entender el proceso de cambios que transita América Latina desde la irrupción de Hugo Chávez y que ya hizo un camino importante como para poder elaborar teorías al respecto.
Rodríguez Araque recibió a Acción poco antes de presentar el libro en el Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini. Llegaba luego de haber presidido la Conferencia de Defensa de la UNASUR que el organismo regional llevó a cabo junto con el Ministerio de Defensa argentino; una suerte de seminario en que se debatió con funcionarios del área de toda la región una cuestión crucial para el futuro de las nuevas generaciones del continente como es la del cuidado y vigilancia de los recursos naturales.
–¿Cuál es la situación actual de UNASUR?
–Un proceso de tan vasto alcance como es UNASUR obviamente pasa por distintos momentos. Pero lo que se debe mirar es la tendencia, hacia dónde apunta, hacia dónde avanza. Ya el simple hecho de haber firmado un tratado como el de UNASUR, como el de CELAC –y antes, el haber firmado todos los acuerdos que dieron lugar al ALBA– indica que en toda la región se va conformando una creciente conciencia de que somos lo que somos: una gran nación, que está fragmentada, pero una gran nación. La visión de concebir todo este inmenso territorio de Sudamérica, de 10.800.000 kilómetros cuadrados y poblado por 400 millones de seres, arranca desde ya hace dos siglos. La visión de José de San Martín y de Simón Bolívar no era liberar un pequeño fragmento. ¿Por qué San Martín regresa a los Andes para liberar a Perú, y por qué Bolívar viene desde tan largas distancias como son las llanuras de Venezuela y de Colombia, también cruzando los Andes, para llegar hasta el Alto Perú? Porque tienen una visión de que era necesario derrotar al imperio español hasta el último rincón de esta región. Más allá de la independencia, se veía esto como una sola nación; Bolívar llegó a hablar de una federación de repúblicas. El haber firmado el tratado de UNASUR implica que estamos rescatando ese sueño ancestral de nuestros pueblos, de nuestros líderes.
–¿Cómo se consolida la integración?
–Lo primero es que tengamos una estrategia. Porque todos los acuerdos, hasta en el hogar, o en las relaciones interpersonales, según dicen los que saben de eso, implican una política amorosa en un caso, y una estrategia en el otro, que debe buscar dónde está su principal fortaleza, su principal punto de apoyo. Y por descarte se llega a una conclusión: no es que seamos potencia militar, ni industrial, ni tecnológica y, afortunadamente, tampoco nuclear, sino que somos depositarios de una descomunal riqueza representada por todos los recursos naturales que tú quieras conseguir aquí. No solamente por lo que se encuentra en tierra firme, sino por lo que está alojado en los grandes océanos que bañan estas tierras. Se trata de qué vamos a hacer con esa enorme riqueza natural cuando además –y como contraste– tenemos más de 100 millones de seres viviendo en la pobreza y buena parte de ellos en situación de indigencia.
–En el libro hace hincapié en el tema de la transculturización. Muchas de esas 400 millones de personas no están enteradas de qué es Unasur o no les interesa o, peor aún, están en contra por razones culturales. ¿Cómo ve esta cuestión?
–El problema de la cultura, tal como yo la veo, es el súmmum de todos los cambios que puedan ocurrir en una sociedad, y hablo de cambios cualitativos. Porque para mí la cultura es, a fin de cuentas, el sistema de valores que mueve a una sociedad, y la cúspide es la ética de la sociedad. A los regímenes feudales corresponde una ética, al régimen capitalista ha correspondido otra ética. Pero la ética en una sociedad que esté verdaderamente al servicio de los pueblos, de una verdadera democracia, ¿cuál es? En mi opinión, es el trabajo, pero si bien el trabajo es la fuente de todas las riquezas, no es la guía ética de todas las sociedades. Pienso que hay cambios profundos de significación histórica en una sociedad cuando se producen cambios culturales, cuando hay una revolución cultural en el más legítimo sentido de la expresión. Es un primer aspecto a tomar en cuenta. Pero la cultura no viene por obra y gracia del espíritu santo; la cultura es la expresión de cambios que ocurren en las estructuras de las sociedades. Al fin y al cabo, la conciencia de las sociedades está determinada por las condiciones de existencia de las sociedades y no al revés. De manera que el primer gran reto –y estábamos hablando de eso– es una estrategia que permita desarrollar todo el poderío material que sirva de sustento para cambios culturales de vastas proporciones en toda la región. No se trata de una ruptura donde ya el pasado quedó liquidado. No. Porque son como afluentes que van discurriendo en distintas direcciones y en distintas épocas en la historia. Porque hay un acervo cultural en nuestra región, sobre todo en nuestros antecedentes, en los pobladores originales de estas tierras. En el Perú hay una civilización, la de los caral, que tiene 5.000 años. ¿Cuántos avances hubo en la sociedad inca, entre los chibchas, entre los aztecas, poblaciones arrasadas por la ocupación del imperio español de aquel entonces? Pero aun así hay una base cultural de gran importancia en toda la región que está llamada a florecer, acompañada de otros cambios que es perfectamente posible alcanzar sumando el concurso de las otras potencialidades que hay en la región.
–Cuando se ven las distintas dirigencias regionales, las distintas sociedades y tendencias, parece revelarse un tironeo por coordinar esas diferentes posiciones en torno de la integración.
–Cuando a mí me planteas ese problema, yo tengo un ejemplo a mano, la OPEP. ¿Tú crees que en nuestra América hay regímenes sociales y políticos más diversos que en la OPEP, o visiones políticas o incluso alianzas internacionales más complejas que aquellas que caracterizan a los países que están en la OPEP? Ni aun durante la guerra entre Irak y Kuwait dejó de funcionar la OPEP. ¿Qué tenían en común Muammar Khadafi con el régimen saudita? Y sin embargo allí estaban. Por qué la OPEP ha sobrevivido a todo tipo de conflicto internos y externos desde el 14 de setiembre de 1960 es una pregunta que debemos hacernos. Yo tengo una respuesta, y es que ha sido el acuerdo inteligente entre todos esos países para encontrar una fórmula eficaz para la defensa del derecho de propiedad sobre un recurso natural, el petróleo.
–Claro, pero dos de esos países, Irak y Libia, han sufrido los peores embates del imperialismo, y lo mismo ocurre ahora con Venezuela.
–Pero no por la OPEP sino a pesar de la OPEP. Por supuesto que no nos movemos en el mejor de los mundos. Son contradicciones que derivan precisamente del hecho de tener grandes recursos naturales. ¿Tú crees que a Irak la atacaron porque Saddam Hussein estaba construyendo armas de destrucción masiva, que es lo que dijeron? ¿O porque Irak tiene uno de los más grandes reservorios de petróleo a nivel internacional? ¿Y a Libia por qué? ¿Y a Siria por qué? Si bien Siria no es un gran reservorio de petróleo –aunque tiene una producción nada despreciable–, es un enclave estratégico muy relacionado con estos temas que estamos comentando.
–Este encuentro que se desarrolló en Buenos Aires, ¿ tiene la importancia de haber puesto sobre el tapete el núcleo sobre el cual se pueden unir las distintas posiciones de los países de UNASUR en torno de la defensa de los recursos?
–Claro, porque la tierra no es un problema de derechas o de izquierdas; la tierra donde están alojados todos los recursos sin excepción es un problema de los pueblos, de las naciones. En Venezuela, por ejemplo, todos los programas políticos de todos los partidos tenían como culminación de sus aspiraciones la nacionalización del petróleo. Por supuesto, cada uno con su propio esquema, nacionalizar para qué, en qué condiciones…
–Y para quién.
–Exactamente. Si tienes una estructura en la que domina un sector de la sociedad, como ocurría en Venezuela, ya se sabe quiénes van a ser los principales favorecidos, además de los grandes consorcios internacionales. Uno de los problemas que coloca a Venezuela en esas tensiones tan fuertes es que es depositaria de las más grandes riquezas petroleras del mundo: 297.000 millones de barriles en un espacio relativamente reducido, grandes reservas de gas, una ubicación estratégica a la cabeza de Sudamérica, frente al mar Caribe. No es un territorio cualquiera, además de las tradiciones que conocemos y además de todo lo que ha significado el liderazgo de Chávez como factor de impulso a la integración sudamericana, latinoamericana y caribeña, a quien (la secretaria de Estado de George W. Bush) Condoleezza Rice calificó como influencia negativa en la región. Eso explica el fondo del problema. Si, por ejemplo, Chávez hubiera dejado tranquilitos los contratos petroleros donde se habían eliminado las regalías, se habían reducido los impuestos, donde las dudas y controles se resolvían en tribunales extranjeros, y dentro de los cuales las empresas, las grandes corporaciones, tenían la mayoría accionaria –65% de las acciones en las asociaciones estratégicas–, seríamos objeto de las más grandes felicitaciones y elogios a nuestra democracia. Pero las regalías se llevaron al 30%, los impuestos al 50%, las controversias se resuelven en territorio venezolano y la mayoría accionaria la tiene PDVSA. Eso no les gusta ni a las grandes corporaciones ni a quienes les brindan sus apoyos a las grandes corporaciones.
–¿Uno de los temas que se planteó fue el de crear algún tipo de fuerzas armadas comunes para la defensa de los recursos naturales?
–Eso estaría mal planteado. Yo prefiero hablar de la defensa de los derechos de propiedad de los recursos naturales. Es un derecho de nuestros pueblos, de nuestras naciones. Hay una resolución de Naciones Unidas que tiene el número 1.803 y fue aprobada el 24 de diciembre de 1962 que establece como un principio, así lo dice, los derechos permanentes y soberanos de los Estados sobre los recursos naturales. Luego hay todo un desarrollo de esa resolución, de manera que podemos decir que ese es un principio de validez universal. Nosotros debemos tomar ese principio y desarrollarlo en las condiciones de nuestra región.
–¿Cómo será el futuro de UNASUR?
–Yo creo que UNASUR tiene un brillante futuro, siempre y cuando entendamos que es necesaria una estrategia, que es necesario impulsar un acuerdo en torno al mejor aprovechamiento de nuestros recursos naturales y que se acuerden orientaciones para superar los problemas de pobreza y mejorar las condiciones de existencia de nuestras poblaciones.
–¿Hay consenso para lograr eso?
–Bueno, estamos en la búsqueda. Hasta ahora nadie ha dicho que no y eso es un avance importante.
–Hablemos sobre Venezuela, ¿el diálogo con la oposición quedó frustrado?
–El diálogo para garantizar un ejercicio pleno y libre de la democracia es muy importante, pero se necesita la racionalidad de la oposición, porque si por algo se ha caracterizado, lamentablemente, es por su total carencia de ideas. Tú exploras todo lo que dice y escribe la oposición y te preguntas cuál es el proyecto alternativo; hay un gran vacío, pero al lado de eso está el problema del liderazgo. No hay un liderazgo que encarne algo que además no existe, como sería un programa, una visión alternativa. Oigo por allí que el mejor aliado que hemos tenido en Venezuela ha sido la oposición, porque tal vez con una propuesta racional y, por supuesto, con un liderazgo, podría haber hecho un papel mucho mejor e incluso podría haber dado conclusiones importantes en variantes políticas y en el desarrollo de la democracia venezolana. Lamentablemente no ha sido así y una de dos: la actual oposición está dejándose chantajear por un sector violento o bien es otra combinación de la forma de lucha. Es decir, por un lado, un sector actúa en el plano legal, y, por otro, actúa un sector ilegal de manera violenta, como ocurre con estos hechos bien conocidos y que afortunadamente ya han sido controlados. Porque, además, hay una nueva intervención nada oculta y nada enmascarada de Estados Unidos en los asuntos internos en Venezuela. Personeros muy calificados del gobierno norteamericano y del propio Congreso están interviniendo de la manera más grosera, más vulgar, más ordinaria y más brutal en los asuntos internos de Venezuela. Hay una trama allí que va más allá de los problemas de los venezolanos y que tiene que ver, una vez más, con el hecho de que Venezuela tiene un gigantesco reservorio de energía que Estados Unidos, que consume el 25% de la energía del mundo, necesita cada vez más.
–¿No hay a la vez un problema económico importante en Venezuela?
–Sí, por supuesto, uno no puede decir que todo es culpa del imperialismo y que todo es culpa de la oposición. Hay problemas reales de la economía. En estos momentos hay un problema de mucho circulante que ejerce una presión sobre el dólar y ejerce una presión sobre los productos en general. Venezuela tiene un problema estructural y crónico que viene arrastrándose desde los años 30, que es la sobrevaluación del bolívar.
–¿Cómo es eso?
–Con la crisis de los años 30 casi todas las monedas del mundo se devaluaron. Venezuela no devaluó, apreció la moneda; de 5,20 centavos por dólar se llegó a 3,09 centavos por dólar y, desde entonces, eso fue un golpe a la propiedad y la producción agrícola venezolana. De gran exportador de alimentos se transformó en gran importador. Eso no se ha podido corregir a lo largo de la historia. Porque, además, al tener un gran poder de compra y un dólar barato, ha sido más económico importar que producir. Hay problemas que ya se han hecho de orden estructural y eso implica, entre otras cosas, realizar un fuerte incremento de la productividad. Porque Venezuela tiene el nivel de productividad más bajo de América del Sur. Así, hay una cantidad de problemas que hay que enumerar y señalar con los que tiene que lidiar el actual gobierno del presidente Nicolás Maduro y no son cosas que se pueden resolver en un día, aparte de otros problemas, errores que se han cometido, como ocurre en la efervescencia de todo proceso de cambios revolucionarios.

Revista Acción, 15 de Julio de 2014

La pelea por el nuevo orden económico mundial

La pelea por el nuevo orden económico mundial

Los discursos del ministro de Economía Axel Kicillof y del canciller Héctor Timerman en la sede de la OEA apuntaron no sólo a medidas concretas y efectivas para terminar con el flagelo de los fondos buitre. La intervención en el organismo creado a petición de los Estados Unidos tras la Segunda Guerra Mundial busca abrir la cancha hacia el establecimiento de otro orden de las finanzas y la economía internacionales.
Cuando en junio pasado la presidenta Cristina Fernández arengó a los asistentes a la cumbre del G77+China en Bolivia sobre la trascendencia de crear un nuevo orden mundial, no hacía más que repetir un viejo anhelo de las naciones expoliadas durante siglos por el capitalismo más salvaje.
En diciembre, sin ir más lejos, se cumplirán 40 años de la expresión Nuevo Orden Económico Internacional, que se popularizó durante la VI Asamblea Especial de las Naciones Unidas de 1974. Algunas de las cuestiones tratadas entonces tienen una validez cada vez más imperiosa hoy para los países que buscan un lugar bajo el sol.
Aquella vez la ONU dictó la Resolución 3281 que habla de los derechos y deberes económicos de los estados. Junto a la Resolución 1803 de diciembre de 1962, integran un corpus que, de ponerse en práctica, modifican sustancialmente las relaciones económicas internacionales. La más antigua, que trata sobre la soberanía permanente de los recursos naturales, es utilizada como base para el debate que se plantea la Unasur sobre la cuestión, a instancias del secretario del organismo regional, el venezolano Alí Rodríguez.
Algunas de las conclusiones de la propuesta de 1974 podrían suscribirse hoy sin cambiar una coma.

*Aliviar la carga de la deuda exterior, e incluso condonarla a los países de menor desarrollo.

*Reducir o eliminar los derechos arancelarios de los países centrales.

*Afirmar el derecho superior de los Estados sobre la propiedad enclavada en sus límites territoriales.

*Aumentar el peso de los países subdesarrollados en el FMI.
Pero el término Nuevo Orden Mundial (NOM) no siempre fue utilizado para al defensa de los débiles. En los años 20 lo popularizó el entonces presidente estadounidense, Woodrow Wilson, quien impulsaba la Sociedad de las Naciones. Se entiende: los Estados Unidos aparecía como ganador de la I Guerra y quería repartir las cartas nuevamente.
En los ’90 sería George Bush padre el que recurriría a ese artilugio, durante la Guerra del Golfo. Ese país terminaba de ganar la Guerra Fría, y tras el derrumbe de la Unión Soviética no había quien le discutiera si un Nuevo Orden Mundial aplicaba en el sentido que le quería dar la Casa Blanca. «Cuando termine todo esto (por la operación Tormenta del Desierto) queremos ser los sanadores. Queremos hacer cuanto podamos por facilitar lo que con optimismo yo llamaría un Nuevo Orden Mundial», dijo Bush padre en enero de 1991.
Ocurre que la búsqueda de un Nuevo Orden es otra de las marcas de fábrica de los estadounidenses. Como que detrás del billete de dólar está la imagen que en 1872 diseñó William Barton donde se ve claramente –debajo de la conocida pirámide coronada con el Ojo de la Providencia– la frase «Novus Ordo Seclorum» (Nuevo orden de los siglos).
Pero el NOM de Bush tuvo vuelo corto. Así lo reflejó hace poco Eric Posner, docente en la Escuela de Derecho de la Universidad de Chicago en un artículo en la revista Foregin Policy. «Lo siento EE UU, pero el nuevo orden mundial está muerto», se tituló el trabajo en que el experto en Derecho Internacional señalaba que, contra las declaraciones de Barack Obama sobre el accionar del presidente de Rusia en Ucrania, «no es Putin quien tira al mundo al pasado». Para Posner, es Obama quien insiste en hablar y actuar como si todavía estuviéramos en el 1991.
La pelea de la Argentina contra los fondos buitre encontró una gran cantidad de apoyos. Este martes se sumó un aliado transatlántico que no trascendió mucho en los medios y seguramente tendrá poca incidencia, al que vale la pena escuchar para entender el trasfondo de la cuestión.
Se trata de Pablo Iglesias, el joven docente español de la Universidad Complutense de Madrid que dio el batacazo en las europarlamentarias con una nueva agrupación, Podemos. Al asumir la banca por España en Estrasburgo, el mediático licenciado en Derecho y Ciencias Políticas lanzó un discurso que generó resquemores. Algunas de sus frases podrían tranquilamente ser suscriptas por funcionarios de la región.

*»El mejor patrimonio de Europa es la voluntad de sus ciudadanos de ser libres y no ser siervos de nadie. No ser siervos de nadie, señorías, eso es la democracia.»

*»Nuestros pueblos no son menores de edad, ni colonias de ningún fondo de inversiones, no conquistaron y defendieron su libertad para entregársela a una oligarquía financiera.»

*»De América Latina aprendimos que la deuda externa está diseñada para ser impagable, y que los países que más han crecido lo hicieron con una quita sustancial y una auditoría pública de su deuda.»

*»La deuda es hoy un mecanismo de mando y saqueo de los pueblos del sur. Eso es lo que está sucediendo en esos países que, con marcado racismo, algunos denominan PIGS (cerdos).»
Gran polemista y de sólida formación, Iglesias suele insistir en que los países europeos están en manos de una casta de políticos que viven a expensas de los ciudadanos que los votan para otra cosa de la que terminan haciendo. «Es escandalosa la facilidad con que se mueven aquí los lobbies al servicio de grandes corporaciones así como las puertas giratorias que convierten a los representantes de la ciudadanía en millonarios a sueldo de grandes empresas. Hay que decirlo alto y claro: esta manera de funcionar hurta la soberanía de los pueblos, atenta contra la democracia y convierte a los representantes políticos en casta.»
Esperanza Aguirre, la ex presidenta de la Comunidad de Madrid y dirigente ultraconservadora del Partido Popular le respondió desde su blog. «El éxito (…) de Podemos, ese grupo mitad bolivariano y mitad marxista-leninista, ha estado basado en la repetición machacona de su voluntad de acabar con la ‘casta’.» Y agrega la señora Aguirre, en , es algo que acaso justifica a Iglesias: «Juegan estos bolivarianos marxistas con una realidad indudable: los españoles están descontentos con sus políticos. Lo demuestran las encuestas y basta escuchar cualquier conversación en la calle para comprobarlo». Pero ni se le ocurre cuestionar al mundo financiero y menos a las puertas giratorias.
De hacerlo, debería comenzar por el líder del PP y ex presidente del gobierno José María Aznar, que en abril cumplió diez años fuera del poder y «juntándola en pala» con asesorías empresariales, conferencias y libros. «Aznar ha colocado a su laboratorio de ideas, FAES, en el primer puesto de España, colaborado con universidades americanas, dado conferencias y asesorado a multinacionales. Ha ganado mucho dinero y estilizado su físico», dice un artículo del diario El País sobre el Aznar fuera del gobierno. Y detalla las amistades con las que se codea y con las que a veces comparte escenarios a razón de 200 mil euros por conferencia. «Mantiene una relación cordial con el matrimonio Clinton, familiar con el clan Bush, fructífera económicamente con los Vulcanos (el antiguo equipo de Bush) y sus empresarios colindantes, e ideológicamente a salvo junto a los miembros del ala más dura del Partido Republicano, como Marco Rubio, Mitt Romney, Jon Huntsman, la familia Díaz-Balart, John Bolton, Newt Gingrich o Ileana Ros-Lehtinen». Todos ellos hostiles a los gobiernos progresistas de América Latina y particularmente al de Cristina Fernández.
Rubio, en su libro Un hijo americano, reconoce los aportes a su campaña de 2012 de Paul Singer, «un joven empresario y donante conocido de Nueva York» y de Dan Senor. Singer –el dueño del fondo más agresivo en contra el país– y Senor son estrechos colaboradores del ex candidato republicano Mitt Romney.
La FAES (Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales) pretende convertirse en la gran escuela para la formación de cuadros neoliberales en América Latina. A ella adhiere con fervor el alcalde porteño, Mauricio Macri. Aznar, también se sienta en el directorio de multinacionales como el multimedios Murdoch, la minera Barrick Gold y la eléctrica Endesa, entre otras. Asesorar no es extraño a otro ex presidente español, el socialista Felipe González, que también tiene silla en la proveedora de gas Fenosa. Hay al menos 43 ex ministros de ambos partidos que cruzaron las puertas giratorias hacia el ámbito privado aprovechando sus contactos. La lista de estadounidenses es mayor y más peligrosa tanto para la economía mundial como para los conflictos bélicos.
Ah, José María Aznar Botella, el hijo del ex presidente del gobernó español y de la actual alcaldesa de Madrid Ana Botella, se asoció al fondo buitre Cerberuis para la gestión de los créditos impagos al quebrado banco español Bankia.

Tiempo Argentino, 4 de Julio de 2014

La OEA, la Unasur y el recuerdo de los golpes

El editorial que publicaron el miércoles los diarios latinoamericanos que decidieron coincidir en una campaña contra el gobierno de Nicolás Maduro es elocuente. Por la forma, el contenido y la oportunidad. Periódicos de derecha de Argentina, Chile, Uruguay, Colombia y Brasil, tradicionalmente implicados en golpes de Estado –uno de ellos, incluso, el O’Globo brasileño, hizo un mea culpa el año pasado- emitieron esta suerte de comunicado conjunto mientras una comisión de cancilleres de la Unasur mantenía encuentros en Caracas con las autoridades democráticas y con la oposición para facilitar un diálogo que ponga fin a la ola de violencia que se ensaña con ese país.
En el texto el editorialista (¿o habrá sido una tarea colectiva?) reclama un mayor compromiso de la Organización de Estados Americanos (OEA) en la crisis de Venezuela. Como se sabe, Panamá intentó forzar un llamado del Consejo Permanente de ese organismo a una reunión de cancilleres latinoamericanos. Por abrumadora mayoría los países de la región rechazaron esa demanda. Ya estaba en marcha, para entonces, un pedido de Maduro para que la Unasur hiciera un esfuerzo de acercamiento.
Unos días más tarde, la diputada de la oposición Corina Machado –»lideresa» de las movilizaciones opositoras que, según dijo explícitamente, deberían terminar con el derrocamiento del gobierno–, aceptó la invitación de Panamá para sentarse en el sitial correspondiente a ese país en otro encuentro de la OEA en Washington. Hubiera sido un buen golpe publicitario que ella lograra hablar de la situación interna de Venezuela en un ámbito que ya había decidido por mayoría no entrometerse en el asunto. Pero el horno no está para ese tipo de bollos en este momento y le negaron la posibilidad.
El ex candidato presidencial Henrique Capriles salió de inmediato a atacar a la OEA con las mismas razones que expuso el editorial de los diarios regionales: el organismo se desentiende de una crisis que atañe a uno de sus miembros. El que le respondió fue el secretario general, el chileno José Miguel Insulza. Le dijo, claramente, que «la OEA no está para poner ni sacar gobiernos».
Lo que revelan estas últimas jugadas políticas y mediáticas es de qué se está hablando cuando se habla de crisis en Venezuela. Se trata, en realidad, de la pérdida de influencia de los organismos diseñados en función y beneficio de la derecha latinoamericana y de Estados Unidos. Y si los golpes en Honduras y Paraguay demostraron que todavía tienen posibilidad de producir daño y causar escozor, no es menos cierto que es enorme el camino recorrido. Por eso la crítica de los medios y de la dirigencia ligada al establishment americano. De otro modo, ambos tienden a quedarse afuera del debate por la «cosa pública», algo a lo que no están acostumbrados y que no toleran hasta por una «cuestión de piel».
No es casual que mientras todo esto ocurría en Venezuela, en Brasil el coronel Paulo Malhaes relataba sin sonrojarse detalles escabrosos de las torturas a que sometió personalmente a detenidos durante la dictadura militar en ese país. El hombre «trabajó» en la llamada «Casa de la Muerte» de Petrópolis, cerca de Río de Janeiro, donde habrían sido asesinadas una veintena de personas y no será juzgado en virtud de la ley de autoamnistía que pergeñaron los dictadores antes de entregar el gobierno, en 1985. Pero su testimonio ante la Comisión de la Verdad creada por Dilma Rosseff tiene el valor de ser el primer reconocimiento de la barbarie, aunque Malhaes parece sentirse orgulloso de su oscuro pasado y hasta es posible que haya abierto la boca para amedrentar.
El lunes se cumplen 50 años de aquel golpe, que adelantó otras barbaries a nivel regional. Los militares brasileños venían complotando para voltear la débil democracia en ese territorio. Habían logrado desplazar a Janio Quadros, catalogado como «comunista» por haberse reunido con el Che Guevara. El sucesor, João Goulart fue derrocado también por su cercanía con la izquierda, según la versión oficial, el 31 de marzo de 1964. Pero las pruebas posteriores –aunque parezca insólito– demuestran que el golpe se produjo un día después. Sucede que en Brasil el 1 de abril es el Día del Bobo –o del Inocente- y se lo «celebra» contando mentiras que solo creería un tonto. No era una buena manera de comenzar.
Es otro dato bien conocido que Guevara representaba a Cuba en la reunión de Montevideo en 1962, cuando el gobierno de Fidel Castro fue expulsado de la OEA porque la revolución se había declarado socialista. Un encuentro con el Che también fue la excusa para sacar de la Casa Rosada a Arturo Frondizi. La resistencia sobre todo de los gobiernos argentino y brasileño a la expulsión de Cuba no logró el suficiente consenso como para evitar que se siguiera al pie de la letra el libreto que forzaba la Casa Blanca.
El dato que registra la derecha continental es que ya no se puede imponer así como así el deseo del Departamento de Estado al sur del Río Bravo. Hay una masa crítica con suficiente peso como para contrarrestar esas presiones. El remanido editorial sugiere que algunos de los apoyos que obtuvo Venezuela en la OEA se deben a que ese país entrega petróleo en condiciones beneficiosas para los países que integran Petrocaribe. Y por lo tanto exigen «pronunciarse valientemente sobre Venezuela y demostrar si quiere conservar o abdicar a su legitimidad».
Olvida el informe –o escamotea el dato– que Unasur surgió a impulso de Hugo Chávez. Y que precisamente se trata, a través de su última contribución a la integración regional, la CELAC, de avanzar hacia un club que no tenga entre sus socios a Estados Unidos ni a Canadá. De allí la importancia simbólica que tendría un avance de la OEA contra un gobierno chavista. De allí también la importancia de detectar quiénes son los que se candidatean en Buenos Aires pero van a rendir cuentas a Washington y a la OEA.

EN EUROPA DEL ESTE. En forma paralela se viene desarrollando la crisis en Ucrania. Para completar el círculo de lo que implica un golpe blando, ayer el Parlamento de Kiev aprobó una «ayuda» del FMI por un total de 27 mil millones de dólares. A cambio, deberá aumentar las tarifas de los servicios públicos y despedir gradualmente a un 30% de los funcionarios estatales, cosa de reducir el déficit fiscal a un 2,5% hacia 2016. El paquete financiero fue previamente aprobado por el Congreso estadounidense. En Washington, el FMI no logró que pasara una reforma a su carta orgánica que permitiría mayor peso específico de los países emergentes, entre ellos China, Rusia, Brasil y la India. Los congresistas también saben de la pérdida de influencia estadounidense y se niegan a renunciar a las pocas prerrogativas que aún conservan.
Mucho se habló de los tres golpes simultáneos que apoyó Estados Unidos en estos meses: Siria, Ucrania y Venezuela. A medio siglo del golpe en Brasil es bueno recordar la cadena de asaltos al poder entre los 60 y 70. Todos ellos enlazados bajo lo que después se conoció como el Plan Cóndor, que fue una maniobra casi simultánea con otra que se desarrollaba en Europa, conocida como Operación Gaudio. Que básicamente consistía en un plan de desestabilización mediante las acciones de grupos paramilitares que apuntaba a «combatir la amenaza comunista». El plan puso en marcha una «estrategia de tensión» contra la democracia italiana, cuando el PCI amenazaba con llegar al poder en cualquier momento.
Si alguien cree que estos planes forman parte de un pensamiento conspirativo muy propio de periodistas paranoicos, sería bueno mencionar que los entretelones de la Operación Gaudio fueron revelados en octubre de 1990 por el entonces presidente del Consejo de Ministros de Italia, el fallecido Giulio Andreotti, hombre de la Democracia Cristiana. Y que un par de meses después, Gaudio recibió la condena del Parlamento Europeo.
Para aquellos que aún así cuestionan al gobierno venezolano y eligen confiar en la información que emiten los centros de difusión conservadores, es bueno señalar que la burocracia estadounidense registra todos sus actos. Y que los archivos desclasificados nunca desmintieron las sospechas sobre acciones de ese país en el exterior.
Como colofón, esta frase que el economista Jorge Beinstein publicó en un imprescindible artículo titulado La ilusión del metacontrol imperial del caos (http://beinstein.lahaine.org/?p=516). Es el extracto de una charla que mantuvo el periodista estadounidense Ron Suskind con un asesor de George W. Bush: «La gente cree que las soluciones provienen de su capacidad de estudiar sensatamente la realidad discernible. En realidad, el mundo ya no funciona así. Ahora somos un imperio y, cuando actuamos, creamos nuestra propia realidad. Y mientras tú estás estudiando esa realidad, actuaremos de nuevo, creando otras realidades que también puedes estudiar. Somos los actores de la historia, y a vosotros, todos vosotros, sólo os queda estudiar lo que hacemos.»

Tiempo Argentino, 28 de Marzo de 2014

Una comisión que no debería no funcionar

No es casual que el primer viaje de la flamante presidenta chilena sea a Buenos Aires y Brasilia. Es cierto que comparte 5300 kilómetros de frontera con la Argentina y que Brasil es la potencia económica regional. Pero no es menos cierto que en los últimos cuatro años esos parámetros fueron los mismos y Sebastián Piñera hizo poco y nada para acercarse a los vecinos del Mercosur. Más bien aceleró el impulso para desarrollar lazos «neoliberales» con la Alianza del Pacífico, ese grupo más afín a la estrategia del Departamento de Estado puesto en marcha el 28 de abril de 2011, esto es, el presente griego con el que Alan García le entregó el poder a Ollanta Humala, justo dos meses más tarde.
Es interesante observar las movidas políticas de estos días en América Latina para comprender mejor el momento que vive la integración regional. Y también desempolvar algunas cuestiones que por sabidas no viene mal tener presentes, por eso de que el negocio de los medios es sacarlas de contexto para mostrarlas como hechos puntuales e irrelevantes.
El domingo pasado, Colombia fue a las urnas para elegir al nuevo Parlamento. El que debería aprobar eventuales acuerdos de paz con las FARC, que aceptaron sentarse a una mesa de diálogo con el gobierno de Juan Manuel Santos ante un pedido muy fundamentado de Hugo Chávez. Venezuela y Colombia estuvieron a punto de trenzarse en una guerra unas semanas antes de que Álvaro Uribe entregara la banda presidencial a Santos. Si no llegaron a las armas fue por la intervención de Néstor Kirchner, por entonces secretario general de la Unasur, que logró acercar a Santos y Chávez, desde entonces dos nuevos mejores amigos, según palabras del líder bolivariano.
Uribe, como el peruano García, le quiso dejar un presente griego muy difícil de digerir a Santos, que la oportuna reacción regional pudo evitar a tiempo. Uribe se presentó este domingo como candidato a senador. Las encuestas lo daban como ganador seguro de su banca, cosa que ocurrió. Pero aspiraba a un resultado importante para, desde su escaño, controlar el Congreso y desde allí trabar cualquier acuerdo pacifista y, de paso, condicionar la reelección de Santos este 25 de mayo. Ante el resultado puesto, Uribe no tuvo mejor idea que denunciar fraude.
Un triunfo rotundo o más o menos impactante de Uribe hubiese significado, además, una muy mala noticia para Venezuela, que tiene también una larga frontera común, de 2200 kilómetros. Como ocurre entre todos los países de la región, ese confín no es un verdadero límite, ya que a través de esa línea cruzan bienes y haciendas, al punto que hace un par de meses, ambos gobiernos firmaron acuerdos para perseguir el contrabando. Pero también cruzan paramilitares que se inmiscuyen en la crisis que desató la oposición derechista venezolana.
Santos mantuvo una posición de una relativa ambigüedad en torno al conflicto vecinal. No salió a defender a todo trapo a Nicolás Maduro, y habló elípticamente de mantener el diálogo entre las partes y respetar a las instituciones. Pero en la reunión de la OEA de la semana pasada en Washington, apoyó la posición mayoritaria a favor de respaldar la democracia y el espacio de diálogo que abrió el gobierno. Lo que levantó las esperables quejas de Uribe. En Perú, por haber adoptado una posición igualmente intermedia, García acusó a Humala de estar pagando las deudas de su campaña con Chávez. Ambos «ex» aspiran a una intervención que nadie aceptaría por estos lados.
Mientras tanto, en Chile asumía Bachelet y se conformaba una comisión de cancilleres de Unasur para que «acompañe, apoye y asesore en un diálogo político amplio y constructivo para recuperar la convivencia pacífica en Venezuela». Coincidieron los ministros de Relaciones Exteriores en que este comité fue propuesto a pedido del gobierno de Maduro y que de lo que se trata es de buscar una salida a una crisis que atenta contra la democracia y la Constitución. Y como dijo Bachelet, que no se aceptarán golpes de estado en esta parte del mundo. Que lo haya dicho la hija de una víctima de la dictadura pinochetista, que recibió la banda presidencial de la hija del mandatario constitucional que murió antes que dejar el poder en manos de golpistas y criminales, algo significa.
A Juan Domingo Perón, conocedor del alma humana tanto como de las mañas de la política, se le atribuye una frase que dejó huella: «Cuando quieras que algo no funcione, creá una comisión.» Sin embargo, la realidad del Mercosur desmiente ese aserto. La Unasur nació como un deseo de los presidentes que coincidieron en el poder en 2004 –fundamentalmente Chávez, Kirchner y Lula da Silva–, pero su nacimiento se oficializó el 23 de mayo de 2008. Por una cuestión orgánica –se quiso crear una instancia que tuviera el mayor consenso–, sólo alcanzaría estatus institucional cuando al menos nueve de los parlamentos de los 12 países lo hubiesen refrendado. Y eso ocurrió recién en marzo de 2011, cuando lo ratificó Uruguay. Luego lo harían Colombia y Paraguay.
Unasur era como quien dice un sello de goma cuando Bachelet se hizo cargo de la primera presidencia pro témpore del organismo. En ese 2008, la Argentina padecía el embate de la Mesa de Enlace, que el 12 de marzo había desensillado con la primera reunión para oponerse a las retenciones móviles. Paralelamente, el gobierno de Evo Morales sufría la embestida de la derecha de la Media Luna Fértil del Oriente, que buscaba directamente la secesión de los ricos territorios donde ahora fructifica la soja.
Como resultado de las protestas contra Evo –al que descalificaron básicamente por ser el primer presidente aymara en la historia de un país mayoritariamente indígena–, el 11 de setiembre hubo una matanza de campesinos en la localidad de El Porvenir, cerca de Cobija, la capital de departamento de Pando. Grupos ultraderechistas habían atacado la sede de las oficinas del Instituto de la Reforma Agraria donde estaban depositados los títulos de propiedad de los campos. Eliminando los registros, se demoraba la política de repartir tierras estatales a campesinos pobres. Tierras que la oligarquía sojera aprovechaba para su usufructo.
Ese 11 de setiembre hubo una marcha de campesinos que fue baleada y apaleada, tanto por efectivos policiales como por paramilitares. El gobierno local estaba –como en el resto del Oriente boliviano– en manos de la derecha, a través del prefecto Leopoldo Fernández. En la matanza cayeron 20 campesinos y otros cinco fueron desaparecidos. El gobierno de Evo ordenó detenerlo una semana más tarde, cuando los testimonios indicaban la responsabilidad de las autoridades de Pando por haber ordenado parar la marcha a como diera lugar, o por no haber hecho nada para impedir la masacre.
De más está recordar lo que se publicó sobre la detención del mandatario departamental. La sensación generalizada era que se venía un golpe en Bolivia. El problema es que para voltear al gobierno se necesita de las fuerzas armadas, y los uniformados ya habían dado muestras de que no querían más aventuras golpistas. Por otro lado, en este caso puntual podría haber implicado terminar fomentando una secesión, cosa que ningún militar habría aceptado.
Rápida de reflejos, Bachelet estrenó su cargo poniéndose en contacto con los demás presidentes e impulsó la creación de una comisión investigadora de lo que se llamó la Masacre de Pando. Al frente de ese organismo, y a sugerencia de Cristina Fernández, se nombró a Rodolfo Mattarollo, un militante por los Derechos Humanos desde la dictadura de Alejandro Lanusse que luego tuvo que exiliarse en Francia y posteriormente participó en investigaciones sobre delitos de lesa humanidad en varios países del mundo, con organismos dependientes de la ONU. En diciembre de ese año, Mattarollo, que fue acompañado por expertos de nueve países, entregó el informe donde se corroboraban las denuncias previas y se indicaba al gobierno de Evo Morales la necesidad de investigar a fondo. «La comisión expresa la convicción intelectual y moral según la cual el 11 de septiembre de 2008, en la localidad de Porvenir y otros sitios de Pando, Bolivia, se cometió una masacre», sentenciaba el documento, de 63 páginas.
La situación en Venezuela se asemeja mucho. Otro Leopoldo, López, fue detenido acusado de instigar las guarimbas, esas marchas violentas que ya se cobraron 28 víctimas. Cada una de esas vidas perdidas, la prensa concentrada se las imputa al gobierno, aún cuando entre las víctimas hay no pocos chavistas. La derecha boliviana se quedó sin argumentos y casi sin posibilidades políticas luego de aquel ataque. Con que esta comisión creada bajo la indudable influencia de Bachelet repita el accionar de su antecesora, también desmentirá la frase que se atribuye a Perón.
Por lo pronto, la presión mediática se acelera por estas horas y también las emboscadas criminales. Y es que mucho más que el gobierno nacional se juega en las calles venezolanas.

Tiempo Argentino, 14 de Marzo de 2014