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Chávez, el hombre que inició una tarea de titanes

Era el único que podía derrotar a Hugo Chávez, y lo terminó doblegando. El hombre que enalteció los mejores ideales de un pueblo y despertó los de una región entera no pudo más. Como para demostrar que era humano, demasiado humano, sucumbió ante la enfermedad. Se fue antes de tiempo, con la obra avanzada pero aún por concluir. Como otros en la historia de este castigado continente.

Pero no se fue como Bolívar, solo y desencantado por la vileza de algunos de sus contemporáneos –más proclives a la traición que a la construcción– a los 47 años, en la Quinta de San Pedro Alejandrino, en Santa Marta, de la actual Colombia. Sintiendo que había arado en el mar.
Tampoco se fue como San Martín, que prefirió retirarse a Boulogne Sur Mer antes que inmiscuirse en una guerra fratricida fruto de miserias humanas no muy diferentes a las que acosaron al libertador venezolano. Ni como Artigas, que eligió terminar sus días en el Paraguay de Gaspar Rodríguez de Francia antes que levantar sus armas contra hermanos rioplatenses.
Chávez murió luego de haber triunfado 13 veces sobre sus adversarios, a esta altura convertidos en enemigos repletos de odio. En elecciones impecables y por diferencias incontestables, como para desmentir a esos que lo tildaban de autoritario y antidemocrático y que pintaron una imagen de monstruo moderno capaz de las mayores iniquidades.
Poco importa ahora lo que digan aquellos que confiaban más en la acción de las células malignas que en propuestas convincentes para lograr el amor de las mayorías. Porque en realidad lo único que tienen para ofrecer es para pocos y de mala forma. Cosa que los pueblos, en su perspicacia, no ignoran. Ellos, los que ahora brindarán por su muerte, no serán llorados ni llenarán de tristeza las calles. Ni encontrarán una línea amable cuando se escriba la historia de estos días.
Chávez no aró en el mar. Y así como otros movimientos políticos de la región encontraron el líder que continuara con ese proceso de cambio, también Venezuela tiene un semillero de dirigentes preparados para continuar la obra iniciada con la Revolución Bolivariana.
Mientras tanto, la derecha y los poderes ligados al establishment apostarán a la división interna en el chavismo. Saben cómo hacerlo, también ellos son bicentenarios en su infamia. Conocen los poderes del mundo dónde apretar las clavijas para intentar socavar la fe de una sociedad en su destino común. De otro modo, el ideal de la Patria Grande se hubiese construido hace mucho y sin derramar sangre inútilmente.
Pero detrás del gobierno venezolano no sólo está un país sino un continente encolumnado en los países de CELAC, su creación póstuma. La Unasur, que creció de la mano de Néstor Kirchner ya había dado muestras de su eficacia cuando logró sentar al flamante presidente colombiano Juan Manuel Santos con Chávez para evitar una guerra promovida por la derecha más reaccionaria.
Esas instituciones ahora más que nunca deberán velar por mantener firmes las convicciones y solidificarse en las propuestas de soberanía popular. Pocas veces en estos 200 años hubo tanta certeza de que la integración es posible y de que para evitar un retroceso es necesario mantener la unidad.
Queda en el poder Nicolás Maduro, un ex dirigente sindical del transporte que ahora va a poder demostrar de qué madera está hecho. Un líder que, como decía Napoleón, tenía el bastón de mariscal en la mochila para hacerse cargo de la situación cuando fuera necesario.
Chávez lo ungió desde la escalerilla del avión que lo llevó a La Habana. Cuando ya pensaba que podría no volver a ocupar la presidencia y pidió que lo votaran en su remplazo. Ahora podrá demostrar por qué es el elegido.
El continente también deberá estar a la altura del desafío que planteó el presidente bolivariano cuando en 1999 llegó por primera vez al Palacio de Miraflores para romper con el pasado. La región también deberá demostrar de qué madera están hechos estos pueblos y no dar pasto a los caranchos que sobrevuelan desde hace tiempo con los más diversos ropajes.

Tiempo Argentino, 6 de Marzo de 2013

Fortaleza sudamericana: entrevista a Pablo Celi de la Torre

Hace poco más de un año el ecuatoriano Pablo Celi de la Torre llegó a Buenos Aires, una ciudad en la que dice sentirse particularmente a gusto, para ocupar el cargo de subdirector del Centro de Estudios Estratégicos del Consejo de Defensa Suramericano. Una suma importante de títulos académicos –sociólogo, politólogo, doctor en Filosofía, doctor en Ciencias Políticas Internacionales, investigador y autor de estudios y publicaciones sobre relaciones internacionales, seguridad y políticas de defensa– y el ejercicio de la docencia en universidades e institutos de formación de fuerzas armadas revelan que Celi de la Torre es un experto en el tema de seguridad regional. Y su designación llegó cuando los países latinoamericanos comenzaron a pensar en diseñar políticas comunes que impidan llegar a instancias bélicas entre naciones hermanas, y eviten caer en la repetición de escenarios como los de los 70, cuando para los uniformados el principal enemigo estaba fronteras adentro. Regían entonces políticas pergeñadas desde la Escuela de las Américas a la medida de las necesidades estratégicas del Pentágono, que provocaron un divorcio entre las fuerzas armadas y los pueblos, muy difícil de revertir.
Lo primero que aclara el funcionario regional desde su despacho en la Casa Patria Grande Presidente Néstor Kirchner es que no hablará, por cuestiones inherentes a su cargo, de situaciones particulares de cada país ni de los gobiernos. Lo segundo, que no están sentando las bases para la creación de una OTAS, una Organización del Atlántico Sur, similar a la que Estados Unidos y Europa mantienen en el norte, pero sin participación de las potencias imperiales.
–¿Cuál es el principal objetivo del Consejo de Defensa?
–Partimos del aprovechamiento compartido de recursos donde hay asimetrías nacionales. Un caso importante, un proyecto que ya está aprobado por Unasur y en proceso de ejecución, es la construcción del primer avión de entrenamiento, que se va a realizar en Argentina con la participación de todos los países de la Unasur, lo que sería un primer ejemplo de cooperación en la industria militar. Sobre esto hay otro ejemplo que son los ejercicios Unasur. Ya no sólo se hacen ejercicios militares con EE.UU. como en el pasado, binacionales. Hoy hay un ejercicio militar conjunto de Unasur, con participación de todas las fuerzas armadas de la región a nivel de planificación estratégica. Esto nos da la medida de que en el corto tiempo de existencia del Consejo de Defensa se han tomado medidas muy realistas, muy verificables y que, de hecho, van creando también mucha confianza. En el pasado proclamábamos un discurso unitario del continente entero, pero todas las fuerzas armadas funcionaban con hipótesis de conflicto bilaterales, es decir, de uno con su vecino y viceversa. En este momento, el objetivo es que las fuerzas armadas tengan una planificación estratégica, una concepción doctrinaria, un sistema de capacitación, un sistema de relacionamiento en función de los principios políticos a los que los países están arribando.
–¿Cuál es la concepción doctrinaria?
–Es un concepto que incluye desde la determinación de cuáles son los intereses comunes de la región en el campo de la seguridad, cuáles son los escenarios en los que se inserta la región, hasta cómo definir, por ejemplo, qué entendemos por seguridad regional, un primer concepto básico. Y hasta dónde llega la región desde el punto de vista de la seguridad, cómo pensamos a Suramérica.
–¿Hasta dónde llega en términos físicos o en términos estratégicos?
–Las fronteras de una región dependen de cómo la región se inserta en los procesos mundiales. La idea es partir de un concepto estratégico de inserción global, superando lo que fue una reiterada visión de Suramérica privilegiadamente vinculada con Norteamérica, para llegar a una Suramérica inserta en el contexto de las relaciones globales desde el punto de vista productivo, desde el punto de vista comercial, tecnológico, con el tema de la seguridad y la defensa respondiendo a la misma lógica de inserción global. Lo que significa también que los países puedan aproximar sus visiones para tener actuaciones conjuntas con un libreto común en organismos como Naciones Unidas, en otras instancias en la región o en el hemisferio. Este es un primer concepto duro, el concepto de seguridad regional.
Un segundo concepto fundamental es cómo la defensa apoya la seguridad. La defensa no es autónoma. Las estructuras de defensa están ligadas con el uso y la organización del aparato militar. No pueden tener autonomía, deben estar subordinadas a una visión de la seguridad, a un concepto de la seguridad. Esto es, cómo las estructuras militares de estos países se insertan en una visión regional de Suramérica; todo esto ligado con que podamos determinar en conjunto cuáles son los riesgos, cuáles son las amenazas, cuáles son los espacios de oportunidad que nosotros encontramos en el plano de la seguridad internacional. Este es un tema muy importante, porque esta definición es la que va a marcar en última instancia la orientación de las políticas de seguridad. Aquí los países están haciendo un esfuerzo muy significativo para poder aproximar sus definiciones. Hasta hoy cada país define sus riesgos y sus amenazas. El objetivo es poder identificar cuáles son comunes y, por tanto, cuál puede ser la base para una acción compartida para esto que llamamos una seguridad cooperativa.
–¿Cómo se implementa la seguridad cooperativa?
–Unasur es un proceso que tiene sus fases, que van progresivamente de lo que constituye el acuerdo respecto de un conjunto de medidas de confianza hacia la construcción de una institucionalidad más sistémica de cooperación. La conformación del Consejo de Defensa Suramericano es la expresión institucional de un proceso de transformaciones muy profundas en las relaciones entre los países de la región. No existe una estructura institucional precedente; es más, había una ausencia de espacio institucional para estructurar una cooperación interestatal en estos ámbitos. La propia aparición del Consejo de Defensa Suramericano es una muestra de confianza, una muestra de que hemos avanzado en las relaciones interestatales. Los países ya no ven la seguridad regional desde la hipótesis de conflictos bilaterales, desde esa vieja noción de entenderla como requisitos de fuerza, proyecciones unilaterales de las fuerzas de los países, desde la hipótesis de amenaza o de la disuasión agresiva, sino más bien desde el principio de la cooperación.
–El hecho de cooperar implica en sí un cambio radical de la perspectiva de quién es el enemigo del que uno tiene que defenderse.
–El Consejo de Defensa Suramericano no es una alianza militar, no es un sistema de seguridad o de defensa de acción colectiva. La misión del Consejo de Defensa no es la predeterminación de enemigos, la predeterminación de conflictos, las hipótesis de guerra, las hipótesis de agresión; no es partir de esta hipótesis negativa sino partir de un acompañamiento positivo a los procesos de integración regional. ¿Qué significa esto? Que las estructuras de seguridad y defensa deben acompañar los procesos de consolidación de la cooperación en el campo económico, en el campo político, en el campo social y, por lo tanto, ¿de qué tienen que ocuparse la seguridad y la defensa? Del acompañamiento y el cuidado de los recursos sociales, naturales y estratégicos. El concepto, entonces, de seguridad y defensa va más allá del ámbito exclusivamente militar. Esto es lo que ha permitido que el Consejo de Defensa sea un espacio de diálogo, de intercomunicación de políticas de defensa nacionales. No existe hoy una política de defensa regional, existen políticas de defensa nacionales y un espacio de cooperación entre ellas. En esta perspectiva y con el objetivo de aproximar estas políticas, de encontrar sus puntos de acuerdo, el Consejo adoptó la decisión de crear un Centro de Estudios Estratégicos como un espacio donde los países puedan concurrir con representaciones oficiales para trabajar instrumentos analíticos, instrumentos metodológicos, propuestas conceptuales, propuestas doctrinarias, hacia lo que sería la configuración de un pensamiento estratégico compartido.
–¿Los integrantes del Centro de Estudios del Consejo de Defensa son militares, son civiles, forman parte de la burocracia en alguna de las áreas afines de los países?
–El Centro tiene una estructura de trabajo permanente integrada por delegados de cada país. Estos delegados pueden ser civiles o militares y están designados por el ministro de Defensa de cada nación. La intención es que, ya sean civiles o militares, tengan experiencia en seguridad, en defensa, en políticas de defensa, una formación académica o institucional que los familiarice con este tipo de temas. Estos delegados forman un equipo de trabajo permanente que ejecuta las demandas del Consejo de Defensa.
–¿Cómo funciona?
–Hay un manual de funcionamiento del Centro de Estudios Estratégicos con tres áreas de trabajo. La primera tiene que ver con definiciones de política y defensa, la segunda es el área que se refiere a la institucionalidad de la defensa, el Ministerio de Defensa, las Fuerzas Armadas, una tercer área son los estudios prospectivos. Por ejemplo, el Centro va a realizar estudios sobre Suramérica 2025, es decir, sobre la perspectiva de los recursos estratégicos de la región en ese horizonte. Además de estas tres áreas de trabajo, el Centro ha asumido algunas funciones adicionales; una de ellas es ser la instancia técnica para la ejecución del Registro Suramericano de Gastos en Defensa. La idea es no solamente tener un registro sino una lectura de esos datos desde la perspectiva de la integración. Un registro que, por ejemplo, toma el gasto militar en relación con el PIB, en relación con los presupuestos estatales, en relación con el número de efectivos de las fuerzas armadas, en relación con la población. Una serie de variables que van integrando una lectura del gasto en defensa que además va a formar parte de una base de datos regionales. Lo valioso es que se sustenta en el presupuesto oficial y ejecutable. Y que se basa en una metodología compartida, de tal manera que todos los países informan con las mismas categorías, lo cual hace que sea homologable y comparable la información. Es, sin duda, la primera y la mayor experiencia a nivel mundial de una región que presenta en conjunto la información de gasto militar.

Revista Acción, 1 de Enero de 2013

La balsa de piedra

Iberoamérica es un vocablo con el que en su momento los países de la península ibérica buscaron marcar le cancha al resto de sus socios europeos sobre la pertenencia cultural de esos pueblos del otro lado del océano, alguna vez colonizados desde el extremo pobre del Viejo Continente. Para oponerse al más amplio de Latinoamérica que pretendían los franceses para abarcar a los territorios francoparlantes, o Hispanoamérica, que deja afuera nada menos que a Brasil, con una población que es casi el 40% del resto del continente.
Si bien el concepto tiene un tinte colonial –ya que después de todo es la expresión del europeo de una determinada región que cruzó el océano para apropiarse de tierras y haciendas que pertenecían a los pueblos originarios– no deja de ser bastante claro para definir la pertenencia de esos casi 600 millones de habitantes que hablan dos lenguas hermanas en una región del mundo que se extiende sobre cerquita de 20 millones de kilómetros cuadrados.
Por estos días el mundo sufre los temores de la orgullosa Europa a un estallido terminal en la crisis griega que acabe de una vez con el sueño de una moneda común y de un conglomerado de naciones atadas a un destino común. Y recibe con desconfianza la oferta de ayuda de los BRICS, los países que se erigen en la vanguardia del siglo XXI.
Pero Europa también mira con recelo una crisis en el mundo árabe que no termina de cristalizar entre una primavera democrática o los estertores del “antiguo régimen” que no acaban de irse, y por las dudas cruza el Mediterráneo para ocupar Libia como lo hizo en Costa de Marfil no hace tanto. Y teme por lo que pueda ocurrir en Medio Oriente luego del pedido de reconocimiento del Estado palestino, un tema que preocupa no sólo a Israel sino a su aliado más firme, Estados Unidos, que a pesar de todo habla de buscar una salida pacífica a un conflicto que parece irresoluble.
Si es que las casualidades existen, todo este panorama coincide con el desarrollo del IV Congreso Iberoamericano de Cultura en la ciudad de Mar del Plata. Un encuentro en el que se habla, claro, de cultura y de Iberoamérica. Pero fundamentalmente, de política y de economía en el sentido más exquisito de esos términos.
Por esta razón, el secretario de Cultura argentino, Jorge Coscia, aclaró en su discurso de inauguración que “es imposible pensar la cultura sin la política y a la política sin el pueblo”. El funcionario destacó luego en su discurso que “no hay países más grandes o más chicos, porque no hay pueblos mejores ni peores”.
María Emma Mejía Vélez, secretaria general de Unasur, resaltó a continuación que “somos una unión que nació con pronóstico reservado, pero que a tres años y cuatro meses de su llegada puede reconocer una serie de victorias”, entre las que destacó la coordinación de estrategias comunes en defensa y alfabetización, en temas económicos y, aunque no lo mencionó explícitamente, en el diseño de un camino común.
“En una crisis que no sólo es económica y que abarca lo ético y lo moral, sabemos que estamos capacitados para convertirnos en una brújula”, aseguró Mejía Vélez. La colombiana había dicho unos días antes que los países iberoamericanos tuvieron “mayor imaginación y audacia en la toma de medidas”, que los desarrollados para enfrentar la crisis. Ellos “necesitan mucho más que sacar un comunicado, los bloques que representan ensayaron casi todo, pasaron leyes muy duras para los ciudadanos en los congresos, y no sirvieron. En cambio, nuestros países que integran el G-20 y el BRICS tuvimos mayor imaginación y audacia en la toma de medidas, por lo aprendido de las décadas del ’80 y ’90.”
Alguna vez en la península ibérica floreció una formidable cultura. Eran tiempos de dominación árabe, pero con un impresionante desarrollo del universo judío. Cuando convivieron el árabe Averroes junto con el judío Maimónides, por mencionar sólo a los filósofos más conocidos de la época. Pero eso fue antes de que unos y otros fueran desplazados por los cristianos de Al Andalus, como se llamaba ese territorio peninsular, y que viajaran cada vez más a Occidente para ocupar el nuevo continente.
A cuatro años del “¿Por qué no te callas?” del rey Juan Carlos de Borbón al presidente venezolano Hugo Chávez, en una Cumbre Iberoamericana en Chile, y a seis de otra en la misma ciudad de Mar del Plata, donde se le puso punto final a las aspiraciones de George W. Bush de implantar el libre comercio de Alaska a Tierra del Fuego, mucha agua corrió debajo de los puentes.
Porque quién sabe si en estos dos desplantes no está el origen de la crisis económica que hace exactamente tres años se desató con todo su vigor a partir de la quiebra del banco Lehman Brothers. ¿De qué modo?
Se conoce desde la escuela secundaria que el capitalismo engendra crisis cíclicas, en las que los períodos de bonanza devienen en épocas de derrumbes a todo nivel. Europa y Estados Unidos se habían acostumbrado demasiado a una relativa estabilidad. A la sensación de que habían encontrado la fórmula para burlar los tiempos de vacas flacas que contradecían la teoría económica. Un método que consistía en “exportar” la crisis a través de mecanismos financieros o la atadura a directivas de los organismos de gobernanza económica mundial.
Sin embargo, desde que un puñado de presidentes iberoamericanos decidió seguir hablando y decirle No al Alca para construir un destino común, la crisis estalla en su lugar de origen. Y ahora los ciclos recesivos no les resultan tan fáciles de trasladar a los mercados emergentes.
Curiosamente fue en Mar del Plata, alguna vez emblema de la oligarquía argentina, y luego, del ascenso social que produjo el peronismo. Cuando un simple obrero podía darse el lujo de veranear donde lo hacía el ricachón de la otra cuadra.
No debe ser casual que Europa, en medio de la desesperación, se encierre en medidas cada vez más estrechas que llevan a la destrucción de puestos de trabajo pero sobre todo de esperanzas, al punto que desde el FMI avizoran una generación perdida por primera vez en décadas, sin que medien guerras ni enfrentamientos internos.
En 1986 –el mismo año en que Portugal y España ingresaban a la Unión Europea– el genial portugués José Saramago publicó una inquietante novela, que se tradujo como La balsa de piedra. Inquietante porque cuenta las vicisitudes de un grupo de ibéricos de ambos lados de la difusa frontera hispano-portuguesa que comparten el momento en que, intempestivamente, la península se desprende del resto de Europa y comienza a navegar como una enorme balsa hacia el poniente. Y en su navegar se acerca cada vez más al continente americano. Son 583.254 km² que llevan a 52.353.914 de personas con rumbo incierto, pero en todo caso fuera de Europa.
Al cabo de un cuarto de siglo, el notable escritor aparece como un adelantado y, de releerlo, los ibéricos –atosigados por una crisis que los tiene como primeros en la lista de los futuros quebrados– podrían reflexionar con más detalle en el hondo significado de la alegoría saramaguiana. Escuchar más el latido de la tierra y en lugar del “por qué no te callas” ensayar un “dime cómo hacer para navegar juntos”.
Porque nos guste o no reconocerlo, todos estamos en la misma balsa.

Tiempo Argentino, 17 de Septiembre de 2011

“Debemos protegernos y cuidarnos sin injerencia de Estados Unidos”

Vino para la inauguración del Centro de Estudios Estratégicos de la Defensa, CEED, la primera avanzada en la elaboración de planes para la seguridad común que se da la Unasur. Y horas antes de exponer la posición de su gobierno, el vicepresidente de Bolivia, Álvaro García Linera habló con Tiempo Argentino sobre su visión de lo que el subcontinente debiera hacer para cuidarse y protegerse mutuamente, sin ingerencia de Estados Unidos.

–¿Cuál va a ser su planteo en el CEED?
–Nosotros pensamos en un sistema de defensa y seguridad continental que nos coloque en el contexto del mundo como una especie de Continente-Estado, integrado por muchas naciones, pero con la capacidad de ponerle el sello y nuestra huella a estos momentos de construcción de una economía globalizada donde los países solos ya no tienen mucha influencia y necesitan agruparse.
–¿Cómo se piensa construir ese sistema de defensa?
–Ese es un tema delicado, porque se precisa la articulación, la coordinación, la colaboración entre sistemas de seguridad soberanos de cada país, desde sus fuerzas armadas hasta sus sectores de inteligencia. Ya hay experiencia de que podemos resolver entre nosotros muchos problemas regionales. No necesitamos el tutelaje norteamericano ni europeo para resolver problemas que son latinoamericanos. Temas como el narcotráfico, la delincuencia organizada, el blanqueo de dinero, los podemos comenzar a resolver entre nosotros sin generar tensiones entre las inteligencias de cada uno de los países. Podemos ir avanzando en base a confianzas y en base a acuerdos entre países de Unasur. Evidentemente que hay adversidades y amenazas por nuestra posición estratégica en la economía del mundo, por los recursos que poseemos como región. Pero todas estas cuestiones las tenemos que ver con sinceridad y con grandeza. La idea es buscar mecanismos de protección continental, en base a los propios países latinoamericanos, que compartimos casi las mismas raíces y necesidades. Eso es algo que no se hace de un día para otro.
–¿Sería como una OTAN sin los Estados Unidos?
–Diría que es América Latina para los latinoamericanos, parafraseando a Monroe. Son demasiados los abusos, los maltratos, la manipulación que han sufrido nuestros países de parte de potencias que no tienen amigos sino sólo intereses para defender por encima de quien sea. El aliado del hoy, mañana puede ser crucificado, encarcelado. El conocido y socio de hoy para cualquier tipo de fechoría mañana puede ser acusado de terrorismo, narcotráfico, en una maniobra frívola, abusiva y matona de quererte llevar por delante. América Latina debe comenzar a pensar con cabeza propia.
–¿Usted inscribiría este planteo en las diferencias de su gobierno con la DEA y el descabezamiento de la cúpula de la Policía Nacional luego de detectar casos de corrupción al más alto nivel?
–Hay que ir con cuidado para no herir susceptibilidades. Hay que tener sueños pero a lo leninista, sueños realistas. Hoy es muy fuerte en nuestras instituciones la idea de lo soberano, por lo tanto debemos imaginar el continente en el marco de la existencia de las instituciones soberanas. Ir creando no algo que sustituya a las instituciones soberanas sino mecanismos de interconexión de esas instituciones. La DEA está en nuestros países y supuestamente dirige la lucha contra el narcotráfico, hace seguimientos de narcotraficantes, cuando quieren lo exhiben y lo desollan en la plaza pública y cuando no quieren se lo guardan porque usan políticamente el tema del narcotráfico. ¿Cuál es la fortaleza de la DEA?: tienen recursos, son sistemáticos, son ordenados y son pacientes. ¿No podemos nosotros también tener algo así? Alguito de dinero juntado entre todos los países, paciencia, lógica en las cosas y perseverancia en nuestros seguimientos, de manera que de aquí a cinco años podamos contar con información de cómo están estos flujos del narcotráfico que se quiere combatir. No imaginemos un sistema gigantesco de defensa continental.
–No estamos hablando de misiles.
–Estamos hablando de cosas muy prácticas, de lucha contra el narcotráfico, intercambio de formación de oficiales, creación de las bases para una doctrina continental que sustituya a la de la seguridad nacional que vino de EE UU, apoyo en momentos de desastres, mecanismos continentales de colaboración. Una base de datos común a mediano plazo que favorezca a nuestros países y para irnos independizando de esos sistemas de manipulación política militar norteamericanos. No es que ellos sean enemigos, pero son tipos sospechosos. ¿Por qué no unirnos entre latinoamericanos, que tenemos historias comunes y no nos creemos los amos del mundo ni andamos persiguiendo a nadie como si fuéramos sheriffs? ¿Por qué no nos protegemos y no nos cuidamos entre nosotros, en este contexto planetario?

Tensiones y Revolución
“El proceso boliviano ha tenido varias etapas. Una primera donde se funda la voluntad de poder de los sectores populares, indígenas, campesinos. Un segundo momento donde se dio una especie de dualidad de poderes, lo que llamamos empate catastrófico entre el proyecto neoliberal dominante y el proyecto popular indígena emergente. Luego el momento de la bifurcación o momento jacobino de toda revolución, que es cuando se define quién tiene el poder, si queda la vieja élite o se consolida el nuevo bloque revolucionario. Fue entre 2008 y 2009. Aun estamos en una quinta etapa, de la emergencia de contradicciones en el seno del pueblo. Derrotado temporalmente el enemigo principal, emergen tensiones fundamentalmente en la disputa del excedente de una pequeña riqueza. No es entre enemigos irreconciliables, pero hay sectores que propugnan un uso corporativo del excedente y hay sectores que piden un uso colectivo nacional del excedente. En la COB ha emergido una clase media estatal –sectores de salud, educación– reclamando un incremento de salarios. Tienen necesidades, por supuesto, pero otros sectores propugnan un uso colectivo común de ese excedente. Era algo previsible, algo necesario, y es de esas tensiones que nuestro proceso revolucionario se revitaliza, saca lecciones, se detiene, corrige errores y vuelve a caminar. Es un aprendizaje de ida y de vuelta. Si no hiciéramos eso no seríamos revolucionarios”.

Tiempo Argentino, 27 de Mayo de 2011