por Alberto López Girondo | Nov 13, 2015 | Sin categoría
La sorpresiva conversión del alcalde porteño Mauricio Macri, la misma noche en que por muy poco retuvo el Gobierno de la Ciudad -fue el 19 de julio, hace apenas tres meses y monedas- autoriza a algunas reflexiones de cara al balotaje, pero mucho más al debate de este domingo entre los dos aspirantes a la presidencia. En temas como la política exterior, que no asomaron como parte de las campañas.
Aquella noche, con el rostro casi desencajado porque en el conteo de votos en el búnker del Pro temieron haber perdido con Martín Lousteau, y ante la protesta de sus seguidores, Macri salió a defender algunos logros del gobierno kirchnerista. Habló de la Asignación Universal por Hijo, de la recuperación de YPF y Aerolíneas y de otras cuestiones muy sensibles a los oídos de quienes creen que el rol del Estado es fundamental para reducir la desigualdad.
Tras conocerse el no menos impactante resultado de la primera vuelta nacional, una rápida conclusión fue que prácticamente la totalidad del electorado había votado a opciones que -de creer en la sinceridad de las promesas del candidato de la alianza Cambiemos- coincidían con políticas que se desarrollaron durante estos 12 años. Si a la recta final llegaron Daniel Scioli y el propio Macri, puede decirse que las alternativas que se presentan -de la boca para afuera- serían las mismas.
Más aún, ese lunes aciago para el oficialismo, Macri confirmó que Scioli había llamado para felicitarlo y prometió que una vez que se calzara la banda celeste y blanca, «el 11 de diciembre quiero hablar con todos los candidatos a presidente para acordar políticas de Estado, también con los gobernadores (sic)». No fue muy preciso pero si mencionó una modificación en el sistema electoral, «la recuperación de las economías regionales, el fomento de una justicia independiente y una Argentina de pobreza cero».
Ya que está dispuesto a establecer políticas de Estado, ¿Por qué no aprovechar que los dos contendientes se verán las caras este domingo para firmar un documento que establezca esas políticas de Estado que la ciudadanía plebiscitó el 25 de octubre? Que quede rubricado ante esa audiencia que será sin dudas multitudinaria -qué mejores escribanos que los espectadores- el compromiso de que gane quien gane ese será un compromiso férreo que de no cumplirse la ciudadanía deberá exigir. Si ya hay consenso en una YPF y una aerolínea estatal, y se emiten señales desde el PRO de que la educación y la salud públicas, los planes sociales y el apoyo a la ciencia se van a mantener, debería ser apenas un trámite y entonces sí «que gane el más mejor». Todo esto va en consonancia con las promesas de concordia y felicidad que se pueden ver en los spots que atruenan los medios masivos, de modo que no se perciben excusas válidas para negarse.
Pero a ese histórico compromiso debería agregarse un rubro que se nota descuidado en las campañas. Tal vez porque no aparece como una preocupación en los «focus group» con que se diseñan las estrategias publicitarias. Sin embargo, mal que les pese a analistas apresurados, Argentina no vive dentro de una burbuja y lo que ocurre del otro lado de las fronteras influye de manera decisiva.
Se podrá discutir la pertinencia de políticas llevadas a cabo por el oficialismo en esta década larga, pero ignorar de qué modo la crisis internacional afectó a la economía local debería ser considerado casi como un delito grave. Sin embargo, las acusaciones que de unos años a esta parte recibe el gobierno nacional son directamente maliciosas. Porque cuando había crecimiento a tasas chinas hablaban de «viento a favor» para minimizar la eficacia de las políticas locales. ¿Ahora que hay viento en contra lo exterior no existe? Porque las cifras locales, siendo menos auspiciosas que en el primer tramo kirchnerista, no son todo lo que auguraban desde las usinas opositoras y ni siquiera son tan malas como las que muestra Brasil, el socio comercial más cercano y determinante para le economía nativa.
Revisando los programas
Dicho esto, hagamos un recorrido sobre el lugar en que está parado cada aspirante al sillón de Rivadavia. Scioli avisó con tiempo que apuesta a profundizar la integración regional. Para lo cual se reunió con Lula, con Dilma, con Evo Morales, con Tabaré Vázquez y con José Mujica. Lo dice y lo repite: la Argentina bajo su gobierno será una continuación de la gestión exterior de Cristina Fernández. Aunque sus voceros ya adelantaron que piensan al mismo tiempo estrechar lazos con Estados Unidos y la Unión Europea. Lazos que por otro lado no estaban rotos. Sucede que la Casa Rosada en estos años negoció duro con la UE por la firma de acuerdos comerciales y se plantó frente a Washington de un modo que otras administraciones no habían hecho en asuntos como Cuba, Venezuela, golpes en Paraguay y Honduras, Irán e incursiones bélicas estadounidenses en el mundo. Sólo basta recordar las relaciones carnales y el envío de buques para el primer bloqueo a Irak del menemismo y los votos a favor del bloqueo a Cuba con la Alianza para ver la diferencia. ¿Esto implica que las relaciones con Barack Obama están rotas? De ninguna manera, pero negociar es como comprar un auto usado, hay que doblar la apuesta hasta que se llega a algún precio razonable. La asociación de YPF con Chevron prueba que los empresarios no tienen dudas al respecto.
Por el lado de Macri, la falta de definiciones en este tramo se puede cubrir en abundancia con declaraciones previas a la campaña y por gestos bien claros y contundentes. En primer lugar, sus amigos son el Partido Popular español y especialmente el ex presidente del gobierno José María Aznar y el actual Mariano Rajoy. En la región, su amigo es Álvaro Uribe, ex presidente colombiano y principal opositor a la firma de un acuerdo con la guerrilla que ponga fin a más de medio siglo de una guerra civil que causó miles de muertos y millones de desplazados en medio siglo y que está a punto de culminar en La Habana con un pacto que dé nacimiento a una nueva Colombia. Por otro lado, un triunfo del PRO es esperado como una señal de nuevos rumbos para la derecha latinoamericana por Henrique Capriles en Venezuela, Aecio Neves en Brasil y toda la dirigencia que aspira a poner fin a estos años de integración.
Argentina no solo logró que la UN apruebe declaraciones por Malvinas y contra los fondos buitre sino que se convirtió en un referente sobre Derechos Humanos y sobre la necesidad de integrarse en nuevos espacios democráticos a nivel internacional. CFK reclamó en reiteradas ocasiones cambiar las reglas de juego en ese organismo creado para consolidar el poder de los ganadores de la Segunda Guerra Mundial. ¿Cambiemos también impulsaría cambios en la UN?
El mundo está en las vísperas de algo nuevo. Estados Unidos sigue siendo una potencia relevante, pero su poder viene declinando y nuevos jugadores se suman al escenario. Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica (BRICS), están llamados a ser las potencias del siglo XXI y Argentina ya avisó que quiere estar en esa liga. Los voceros en política exterior del PRO repiten que con el triunfo de Macri llega la felicidad y aseguran que lo mismo ocurrirá en cuanto a las relaciones exteriores. Es más, sostienen que el país debe reinsertarse en el mundo. Una forma de ocultar que Argentina nunca estuvo afuera -en todo caso se abrió a rumbos no tradicionales- y que el mundo del que hablan es el de las viejas estructuras que, la realidad demuestra, vienen en caída. Es cierto que esa caída, como la del imperio romano, puede durar centurias y tal vez ni quien escribe ni quienes lean estas líneas la verán. Pero ¿no es que un estadista debe ver mas allá de la próxima elección?
Macri, como jefe de gobierno, no fue muy feliz con la comunidad boliviana y paraguaya cuando la toma del Indoamericano en 2010. Evo ya avisó que apoya a Scioli, Bolivia es el nuevo socio del Mercosur, ¿Qué plantea el PRO en relación con eso? ¿Qué haría con Brasil y Uruguay, que también eligen al candidato del FPV como garante de continuidad en política exterior? ¿Qué haría con los acuerdos con Rusia y con China? Su padre, sus empresas, tienen negocios con el gigante asiático, sabe que se puede ganar mucho con la relación, pero él mantuvo distancia y cuestionó esos convenios. Ahora Techint salió nuevamente a denostarlos, porque cree amenazados sus intereses particulares. ¿Lo que es bueno para Techint será bueno para los argentinos? Eso no sólo es economía, es política exterior y también es conveniencia a largo plazo ¿Macri estaría dispuesto a sostener estas políticas de Estado? Buena pregunta para el debate.
Tiempo Argentino
Noviembre 13 de 2015
por Alberto López Girondo | Ago 21, 2015 | Sin categoría
Desde el 5 de julio pasado, cuando los griegos fueron a las urnas y mayoritariamente rechazaron los planes de ajuste que pretendían imponer los representantes del ala más dura de la troika, pasaron apenas 45 días, pero parece que hubiesen sido añares. En este lapso, tanto la imagen de Alexis Tsipras como de la coalición Syriza, que lo llevó al poder en enero pasado, se fueron diluyendo ante el resto del mundo.
El primer ministro heleno pasó de ser la esperanza de cambio en una Eurozona que no aceptaba otra salida para la crisis económica que no fuera la de ponerle fin a lo que queda de Estado de Bienestar, a convertirse en un enigma difícil de descifrar. ¿Traicionó sus principios apenas dos días después del reférendum o la mejor opción para defender a los griegos en vista de que la cuna de la democracia occidental, como dice, es un enano luchando contra un gigante como Alemania? ¿Qué busca con la renuncia y el llamado a elecciones anticipadas, volver al gobierno con nuevo sustento electoral, aún a riesgo de destruir la agrupación que pacientemente ayudó a conformar en oposición a los partidos del ajuste?
El detonante de esta crisis, que ahora repercute al interior de Syriza y que preanuncia la ruptura del ala izquierda, fue la firma del Tercer Memorando de Entendimiento con la Eurozona. Allí se vio con mucha mayor claridad en qué consistía el renunciamiento de Tsipras tras conocerse el resultado de la consulta popular. Todo era peor de lo que parecía, y para colmo, la novedad se reveló al mismo tiempo que se informó que una empresa alemana se quedaría con 14 aeropuertos griegos. No es que una estación aérea sea el mayor símbolo del orgullo nacional, pero en un contexto de depresión y caída en picada de una economía puede ser la señal de que cada vez queda menos por defender. Y eso repercutió claramente en Syriza.
Alguien que conoce muy bien los entresijos de estos dramáticos meses, que fue parte de su gabinete como titular del área económica, Yanis Varoufakis, detalló ayer parte de los temas ríspidos que se fueron discutiendo desde que, junto con Tsipras, se hicieron cargo de los negocios públicos, a principios de año.
En su página web, el economista señala que lo acusaron los grandes medios de no haber tenido un plan alternativo ante la eventualidad de que, como ocurrió, los alemanes, y sobre todo su ministro de Finanzas, Wolfgang Schäuble, no dieran su brazo a torcer. También le decían, indicó, que los organismos financieros del continente no sabían qué se traían entre manos en el gobierno griego.
Varoufakis detalla planes presentados en mayo y junio, que implicarían una mejora de la economía para hacerse cargo de enfrentar la voluminosa deuda pública. Y agrega: «La verdad es que ellos sabían perfectamente lo que nos proponíamos, pero nunca prestaron atención a nuestras propuestas». Y se pregunta si es que esas propuestas no tenían ningún valor o, dice, «nuestras propuestas hacían difícil para ellos admitir que la verdadera razón por la que se negaron a aceptar nuestras sensatas iniciativas era que sólo se preocupaban por humillar a nuestro gobierno y descarrilar las negociaciones?»
Varoufakis reconoció desde que presentó la renuncia, ni bien se supo el resultado del referéndum, que tal vez pecaron de ingenuos al intentar sostener planes de contingencia contra una muralla de dirigentes que no pensaban aceptar ninguna otra salida que no fuera el recorte presupuestario y de beneficios sociales para la mayoría de la población.
Tal vez esa sea la esencia de la actual tragedia griega: la lucha de los militantes de Syriza fue ideológica, pero al menos en esta etapa de Europa –y especialmente dentro de la Eurozona- la ideología ha muerto. Lo único que prima son las razones de Estado.
Y esas razones implican que la batuta para arreglar los desaguisados económicos de cualquier de los países miembros la tienen los alemanes. No sólo los miembros del gobierno, sino la mayoría abrumadora de la población que considera que los griegos, los italianos y los españoles, los europeos del sur, básicamente son poco afectos al trabajo, desordenados, dados a la molicie, y por eso están en crisis. Una crisis, reflejan los medios masivos pero no desmiente la población, arrastra a toda la región hacia situaciones límite. «Hay que ponerle fin a esta situación», repiten al unísono. «Hay que disciplinarlos», agregan insidiosos.
Esa es una forma simplista de entender esta crisis y en general del momento que vive la Unión Europea, errada a juicio de este columnista.
Otra forma es hacer un pequeño relevamiento de lo que está ocurriendo fuera de las fronteras continentales. El superdólar está arrastrando a la mayoría de las monedas fuertes a una guerra en la que salvo Estados Unidos, todos por ahora tienen mucho que perder. El euro tiene como sostén de su valor las cuentas claras y precisas y sin déficit importantes entre sus socios, así quedó establecido desde su origen. China está sufriendo en carne propia esta guerra de monedas y por eso devaluó el yuan y permitió una baja en el valor de las acciones –una forma leve de desinflar la burbuja- en la bolsa de Shangái.
Paralelamente, el gobierno de Barack Obama está apurando los acuerdos de libre comercio denominados TTIP, por las siglas en inglés de Acuerdo Transatlántico de Comercio e Inversiones. Se trata de un ALCA para los países más desarrollados, como lo es el conjunto de la UE, que haga de contrapeso para el crecimiento de China, Rusia y Brasil y el resto de las naciones que integran el BRICS.
Como en todo tratado entre países que necesitan ser pares para que no estallen las diferencias, ambos contendientes están tratando de igualarse. Cuando se creó el NAFTA en América del Norte, México era una oferta de mano de obra barata para las empresas estadounidenses y eso facilitó las cosas. Pero Europa, por ahora y a pesar de todo lo perdido en estos años, en general ofrece muchos más beneficios a sus trabajadores de los que pueden disfrutar los estadounidenses. ¿Alguien podría creer que la administración de los demócratas subiría beneficios a los propios para empardar? Basta con ver que Obama apenas logró pasar una copia ajada de su plan de Salud, al que los republicanos prometen destruir si ganan en 2017. Lo más «sensato» para todos, entonces, es igualar para abajo. Porque, además, está la competencia de la industria china, que con esta devaluación y un régimen de flotación más flexible se hace más difícil de contrarrestar.
Por otro lado, Alemania y sus socios menores de Europa muestran una actitud que parece de dureza por las formas, pero que en el fondo refleja una gran debilidad. Si como dicen los gurúes neoliberales –en Argentina era un discurso habitual durante la convertibilidad- un país tiene que «seducir» a los inversores para que apuesten por hacer negocios en ese territorio, europeos y estadounidenses se están peleando por seducir a los verdaderos dueños del mundo, que son los dueños del capital. Esos que vienen trasladando –deslocalizando se dice en aquellos sitios- empresas desde ambos distritos hacia regiones que ofrecen más ventajas, en el Oriente y especialmente en China.
En este contexto, el debate que plantea Varoufakis se torna inocente por un lado, pero estéril en lo profundo. Todos saben que los griegos de Syriza tienen razón, el caso es que de lo que se trata es de otra cosa. Y en ese juego no hay lugar ni para románticos ni para debates teóricos. «Es el poder, estúpido», parece haber entendido Tsipras, y pegó el portazo. El tema es qué espera poder hacer si logra incrementar sustancialmente el respaldo en el futuro comicio.
Tiempo Argentino · 21 de Agosto de 2015
Ilustró, como siempre, Sócrates
por Alberto López Girondo | Ago 16, 2015 | Sin categoría
Es de esos referentes que es bueno tener a mano. Por experiencia, por conocimientos, y porque tiene na mirada crítica pero absolutamente comprensible de la economía para el ciudadano común. Carlos Abalo, economista, periodista, dice que su vida estuvo atravesada por el peronismo desde que vio los tranvías cargados de obreros que iban a plaza de Mayo aquel lejano 17 de octubre de 1945. «Yo tenía diez años y quise ver qué pasaba», recuerda ahora, a los 80, con una sonrisa cómplice. Esa «diablura» infantil le trajo problemas familiares y no por ser una travesura precisamente. Con el tiempo, también padecería los rigores de la política nacional: trabajó en El Cronista Comercial y fue muy cercano al desaparecido director Rafael Perrota. Exiliado en México, dio clases en la UNAM y a su vuelta al país, fue jefe de Economía y prosecretario de redacción de la revista El Periodista. Esta vez, la convocatoria fue para hablar de la crisis financiera y del impacto y las razones de la devaluación de la moneda china.
«Cuando en los años ’90 se terminó el socialismo y cayo la URSS, tuvimos el capitalismo global y la vuelta a la plena hegemonía de EE UU», dice en la redacción de Tiempo Argentino. «Eso marcó la Convertibilidad y el menemismo a nivel local, pero en el plano internacional empezó la emergencia de China, lo que llevó a la ampliación del radio de acción del capitalismo con un efecto de arrastre sobre los mercados emergentes que cambió el mercado mundial.»
-¿Cómo considera que se origina la actual crisis en China?
-Hay una fórmula para entenderla. El capital acumula a una velocidad mayor de lo que pueden acumular los trabajadores en ingresos. Permanentemente el ingreso de los trabajadores no va a poder comprar todo lo que acumulan los capitalistas y transforman en mercancía. Frente a eso se trata de colocar inversiones en otras cosas, y dentro de lo legal está la inversión financiera, atada al capital productivo porque los bancos prestan a los consumidores o al capital productivo y como ambos están en recesión, resulta que no pueden cobrar. Esta es la crisis financiera. Cuando más capital se derive hacia los bancos o hacia la realización financiera, más grande va a ser la burbuja. Esto se presenta en el 2007-2008 como una crisis del capitalismo.
-¿Una crisis más?
-Sí, pero de una magnitud más grande que las de los 30, porque aquella fue la crisis del capitalismo nacional. Todas las economías producían en sus naciones y hubo una sobreacumulación de capital productivo. No se resolvió tras la Primera Guerra porque ninguna economía podía saltar al capital planetario, es decir al capital mundial, algo que recién haría Estados Unidos al terminar la Segunda Guerra.
-¿Cómo afecta esto a China?
-Cae la demanda de los productos chinos en Europa y se registra una caída del crecimiento chino, que pasó del 10% al 7 por ciento. China tiene un capitalismo estatal, pero al mismo tiempo desarrolla un capitalismo privado controlado por el Estado. Esta restricción de las exportaciones que alimenta el proceso de crecimiento se frenó con la crisis europea, entonces China tuvo que empezar a crecer para adentro.
-¿En el 2008 se planteó eso?
-No se vio con claridad hasta hace dos o tres años. Pero además ocurre otra cosa: en China crecen los salarios y como el consumo estuvo muy restringido durante mucho tiempo, la población tiene una capacidad de ahorro del 50 por ciento. Una acotación al margen, en China, a pesar de ser políticamente un régimen dirigido por el partido comunista, nunca hubo una revolución comunista, sino una revolución campesina que resolvió los problemas nacionales. Entonces, con semejante volumen de ahorro, los chinos empezaron a comprar acciones y como el país crecía al 7,5% hubo una revalorización descomunal. Uno compraba una acción y valía 20 o 30% más un año después. Empezaron a tomar créditos para tomar acciones y se produjo una burbuja.
-Fue lo que estalló en Shanghái hace algo más de un mes.
-Exactamente. Lo que pasa es que el estado tiene un mecanismo de control de la burbuja, de la expansión monetaria y de la absorción correspondiente que no tiene agujeros, por la característica que hablamos del sistema. Probablemente a medida que avance esto no va a ser así, pero todavía la controlan.
-¿Cómo juega en esto la devaluación del yuan?
-Es que la crisis, además, responde a la dinámica del capitalismo global propia de esta época, y esta empujada por EE UU con el superdólar como una amenaza. Al ver restringida la capacidad de exportación combinada con un requerimiento de capital interno más intenso, se produce un desbalance entre la liquidez interna y la menor cantidad de divisas que ingresan. Tienen menos entradas de dólares y a la vez hay una aceleración controlada de la liquidez. Esto los obliga a tener que recuperar en la medida de lo posible más exportaciones a pesar de que China ya está orientada hacia adentro.
-¿Cómo se da la influencia del superdólar?
-A través del superdólar, EEUU está castigando a los emergentes que pueden ser el complemento de China: Rusia, Argentina, Brasil, Venezuela, y van a terminar enfrentándose con China. Porque en esta economía de base más amplia, si no hay una regulación desde arriba del poder dominante, se termina la hegemonía de ese poder dominante que hoy es EEUU, que siempre ha frenado al que avanzaba.
-Pero hay también una cuestión de geopolítica, con los tratados con Europa y la cuenca del Pacífico.
-Cuanto más se abra el comercio internacional, como EEUU está en la cumbre de la productividad y de la competencia, ellos ganan siempre. La crisis no sólo es una manifestación de la burbuja financiera y de las crisis clásicas. Esta crisis clásica empezó a ser empujada por EEUU con una amenaza de que van a subir las tasas de interés. Porque EEUU puede emitir dólares, divisa de reserva, y China todavía no lo puede hacer.
-Pero el yuan también aspira a ser moneda internacional.
-Esto fatalmente va a ser así porque al producir ese cambio interno y tener ese excedente de capital, China va a salir afuera como gran exportador de capital. De hecho ya lo está haciendo y por eso el renminbi va a ser una moneda internacional de libre flotación. El problema es cuándo porque en medio de la recesión y una situación en que se deteriora la capacidad de exportar de China y todavía internamente no se puso a la paridad, esto hoy la perjudica. Por eso el gobierno insiste en que todavía no están preparados.
-EEUU está forzando al máximo el enfrentamiento. ¿No puede pasarse a un enfrentamiento bélico?
-Es que China tiene toda la paciencia del mundo. Por eso le dijeron al FMI: «Noooo, nosotros todavía no estamos a la altura de Estados Unidos.» Y un capitalismo ampliado es una perspectiva que políticamente sólo se sostiene con paz.
-¿Por qué no con guerra?
-Porque se vuelve para atrás, a los capitalismos nacionales. En la guerra, EE UU derrotó a Alemania y a las demás potencias y gracias a eso terminó con los capitalismos nacionales y empezó el capitalismo global. Lo vemos ahora, pero empezó ahí. El Plan Marshall es eso.
-Pero la principal industria de EEUU es la industria bélica.
-Para China no es tiempo de hablar de una posible confrontación, aunque cada vez es menos vulnerable. De cualquier manera, si la economía china no tuviera algún límite se convertiría en la principal economía mundial y volvería a ser el centro del mundo junto con la cuenca del Pacífico. Porque Europa está sometida a otro tipo de crisis.
-¿Cómo es esa crisis en particular?
-La capacidad de recuperación de Alemania al fin de la guerra fue descomunal. Las fuerzas de ocupación hacen que Alemania pueda tener otra vez una moneda propia, le dan crédito y usan como reservas las tenencias de divisas de los particulares con la garantía de que con el Marshall no iba a haber devaluación.
-¿El euro no fue una forma de competir con la hegemonía del dólar?
-En los ’90, Alemania logra una zona propia con el euro. Pero como son países de distinta productividad es una suerte de marco para todos. Como Alemania ha ido concentrando todas las ramas duras de la economía y de la más alta tecnología, en realidad el resto de Europa es una periferia de Alemania, con una moneda común. Alemania es la economía más dinámica de Europa, pero está subordinada a la hegemonía política de EE UU.
Latinoamérica es el garante alimentario
«Si China se transformara en un centro del capitalismo mundial, quedándose en el capitalismo, la posibilidad de expansión del desarrollo económico sería mucho más grande. Y nuestros países necesitan de esa expansión para crecer. Hay dos países entre los emergentes que pueden tener un papel más «empujador» de China: Brasil y Rusia. Por otro lado, la seguridad alimentaria de China somos Argentina y Brasil. El Mercosur es la manera ideal de responder a la demanda agroalimentaria de China, porque esa demanda se completa con Argentina y Brasil, pero esto arrastra a los demás sobre todo porque la demanda de China no es solo de agroalimentos sino de minerales, de petróleo. Porque China tiene poca agua o mejor dicho no le alcanza para todos. Para atender y resolver el problema de sus alimentos necesita de la región», dice Abalo.
-¿Su problema es el agua?
-Su problema es el agua
-¿Por qué, por los cultivos?
-Están haciendo obras al respecto, pero son 1300 millones de habitantes. Y para todo lo que tienen que hacer el agua es una limitación, este es el problema central. Pero China apuesta al futuro y se prepara para la tercera revolución industrial y para la transferencia de mano de obra: sacar a obreros de las fábricas y transformarlos en obreros de la tecla.
Tiempo Argentino 16 de Agosto de 2015
Foto Soledad Quiroga para Tiempo Argentino
por Alberto López Girondo | May 2, 2015 | Sin categoría
El futuro de las relaciones exteriores argentinas en el contexto del proceso electoral que se avecina fue el disparador para una charla que bajo el título convocante de «Más integración regional o cambio de rumbo», organizó Tiempo en la Feria del Libro. Al encuentro en la Sala Juan Rulfo asistieron los especialistas en política internacional Ricardo Aronskind, Carlos Escudé y Khatchik DerGhougassian.
Abrió el debate Aronskind, economista y magister en Relaciones Internacionales. La pregunta inquietante de la que partió fue clara y contundente: «¿Por qué no hay más integración y por qué existe una probabilidad de cambio de rumbo?» Su análisis no fue menos perturbador. El primer lugar, dijo, las elites regionales no tienen interés en la integración. «Los partidos de centro o de derecha están en contra o plantean alternativas como la Alianza del Pacífico, que son un amontonamiento de países ligados a la economía estadounidense».
Luego, el también docente en la UNGS, UBA, UNSAM y Flacso anotó una lista de déficit en el proceso de unidad regional. Entre ellos señaló a lo que llamó «alma dividida de Brasil», que por un lado parece intentar sumarse al resto de los vecinos mientras que por el otro apuesta a «aliarse al elenco estable de potencias intermedias internacionales» entre las que están las que conforman el grupo BRICS. Que a principios de 2014 Brasil no haya mostrado la mínima intención de querer ayudar en la crisis de reservas que padecía la Argentina para el experto es toda una señal.
Economista al fin, Aronskind fue muy crítico de la posición argentina en relación a los socios menores del Mercosur, y especialmente Uruguay. “La política proteccionista en ese sentido es un error. Si un empresario local tiene que protegerse de Uruguay debe cerrar las puertas. La integración es superior a ese empresario”, sostuvo.
Otra cuestión pasa por esa suerte de comodidad ideológica de pensar que tras el No al ALCA en noviembre de 2005 el proceso de integración era indetenible. Es que Estados Unidos no iba a descansar en esa derrota parcial, como lo demuestra la historia reciente.
Escudé, doctor en Ciencia Política por la Universidad de Yale con más de 20 publicaciones y docente invitado en Harvard y Madrid en los ’90, disparó, por oposición, que en realidad América Latina «es la región más integrada del planeta». Y que precisamente por serlo, es que resaltan ese tipo de dificultades. Como prueba, Escudé señala que «entre Tijuana y Ushuaia hay 10 mil kilómetros a lo largo de los cuales se habla el mismo idioma”. Es como si entre Lisboa y Shanghai se hablara un mismo lenguaje, resaltó.
Esa es la razón para el que fuera asesor del canciller Guido Di Tella en el gobierno de Carlos Menem y teórico del realismo periférico que explica que especialmente el cono sur sea la región más pacífica del mundo. «Entre Argentina y Chile nunca hubo una guerra en 200 años de historia y con Brasil solo hubo una de baja intensidad entre 1825 y 1828». Eso, destacó, fue décadas antes de la unificación tanto de Alemania como de Italia. Y recordó que tras ese proceso político europeo, franceses y alemanes protagonizaron tres guerras, dos de las cuales «fueron las más holocáusticas (sic) en la historia de la humanidad».
Escudé agregó que este proceso integrador latinoamericano, que mira en cierto modo como modelo al europeo, está hecho en base a una iniciativa regional, mientras que Alemania y Francia fueron forzadas a la unidad por Estados Unidos, que no estaba dispuesto a tolerar nuevas carreras armamentistas y conflictos bélicos en el viejo continente. «La integración europea fue fruto del miedo», concluyó.
Cerró el encuentro Khatchik DerGhougassian, doctor en Estudios Internacionales de la Universidad de Miami en Coral Gables, Florida. El docente en las universidades de San Andrés y Lanús acotó que en Latinoamérica hay una suerte de costumbre de «multiplicar las siglas y las cumbres» que al principio generan mucho entusiasmo pero “terminan en una oficina y no se habla más”.
En tal sentido rememoró lo que fue el continente desde la crisis de 2001. «El giro a la izquierda indicó que algo pasaba en América Latina», y la creación de la Unasur elevó esperanza de que se podría «institucionalizar una iniciativa estratégica». Luego el No al Alca fue el principal capital político para la construcción de grandes proyectos de infraestructura, como gasoductos y hasta un Banco del Sur. Pero esos proyectos están bastante estancados en general, más aún en un momento en que al crecimiento económico es bastante menor en líneas generales.
DerGhougassian destacó que aún no se sabe qué ocurrirá tras la nueva amistad entre el presidente Barack Obama y el gobierno de Cuba, un país que siempre fogoneó la unidad continental. Pero llamó a considerar dos cuestiones que sobrevolaron todo el debate: si es por hablar un lenguaje común, el llamado mundo árabe podría ser un buen ejemplo de integración y eso dista mucho de ser cierto. Y Rusia, desde el zarismo y puntualmente durante la Unión Soviética, integró con infraestructura a naciones disímiles bajo una misma identidad. Ambos resultados, sintetizó, marcan la dificultad de la empresa que buscan los sectores más progresistas de la región.
Tiempo Argentino
Mayo 2 de 2015
Comentarios recientes