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24-F-22, el día que estalló otra guerra por la hegemonía mundial

24-F-22, el día que estalló otra guerra por la hegemonía mundial

Desde fines del año 2021 parecía inminente el estallido de un conflicto en Ucrania, por Ucrania y contra Rusia. Así lo presagiaba –deseaba, necesitaba, alentaba– el gobierno de Joe Biden. Así lo anunciaba Volodimir Zelenski desde Kiev. Pero desde Moscú, las voces oficiales negaban toda posibilidad de una invasión, aunque el presidente Vladimir Putin insistía en su reclamo de acordar condiciones para un acuerdo de convivencia con la organización atlántica y Estados Unidos en Europa.

De hecho, el 8 de enero de 2022 le respondió a la periodista Diana Magnay, de Sky News, una cadena del millonario australiano Rupert Murdoch, que a Rusia no le resultaba aceptable «un mayor desplazamiento de la OTAN hacia el este» y agregó: «¿qué es lo que hay que entender ahí? ¿Estamos poniendo misiles en la frontera de EE UU?». En esa ocasión, incluso, recordó que alguna vez California y Texas pertenecieron a México. «Pero eso se olvidó», insistió (1).

En el ambiente se olfateaba ese aroma peligroso de la pólvora, pero la respuesta del Kremlin era que estaban abiertos a un acuerdo sustentable y definitivo para desactivar cualquier aventura bélica. Como parte de ese escenario de reconfiguración mundial, desde la Casa Blanca, sobre todo a partir de la administración de Donald Trump, China comenzaba a ser un objetivo que de ninguna manera desarticuló la gestión de los demócratas. Es así que las Olimpiadas de Invierno de 2022 en Beijing sufrieron un boicot político que por lo apresurado de la decisión no llegó a impactar –los atletas decidieron participar igual–, aunque la respuesta chino-rusa fue anunciar el mismo día de la inauguración la firma de un amplio acuerdo de amistad. (2)

De allí en más, todo se fue acelerando (3) mientras crecía el temor a que el conflicto se desmadre hacia un enfrentamiento nuclear (4). Y así, mientras el secretario de Estado Antony Blinken advertía sobre una inminente invasión que su par ruso Sergei Lavrov negaba, se iban intensificando los ataques contra población rusoparlante en el sureste ucraniano, el Donbass. La zona donde desde 2014 había un proceso de guerra civil alentada por Occidente, que no forzaba a que Kiev cumpliera con los Acuerdos de Minsk que debían garantizar la autonomía de esas regiones y permitir el uso de la lengua y cultura de sus habitantes.

Para el 19 de febrero, según los cómputos que llevaba adelante la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OCSE), el organismo de seguridad regional que integran 57 países de Europa, Asia y América del Norte encargado de que se cumplan aquellos documentos firmados por los líderes de Ucrania, Rusia, Alemania y Francia en la capital bielorrusa en 2015, se computaban casi 600 violaciones al alto el fuego en Donetsk y cerca de 1000 en Lugansk. (5)

Foto: Alexey Nikolsky / Sputnik / AFP

Cinco días más tarde, Putin anunciaba el inicio de una Operación Militar Especial (6). Para el presidente ruso, no se trataba de una invasión en los términos que planteaba EE UU o Europa, sino de una intervención que tenía como objetivo «desnazificar y desmilitarizar» a Ucrania. Para los gobiernos occidentales, era la puesta en marcha de la ocupación que ya venían advirtiendo meses antes, destinada a someter a los ucranianos a los designios de un autócrata que buscaba recuperar las añejas glorias del imperio de los zares.

Esta semana, el noruego Jens Stoltenberg, secretario general de la OTAN, recordó a la agencia AFP que en la noche del 23 se fue a dormir maliciando novedades. «Fue una noche muy corta, porque sabía que en algún momento, en unas horas, alguien me despertaría, y eso fue exactamente lo que pasó. No es de extrañar, porque lo sabíamos», confirmó. «No hay forma de sorprenderse, porque esto fue realmente algo que se predijo meses antes de la invasión».

Comenzó ese 24 F una nueva etapa en este proceso de reconfiguración geopolítica que venía gestándose desde varios años antes a la espera de que alguien encendiera la mecha. Un proceso en el que es ostensible la declinación del poderío de Estados Unidos en todos los planos y con ello queda patente una nueva discusión sobre el orden internacional.

Sobreextendido como gendarme del mundo y muy golpeado militar y políticamente por las intervenciones en Irak, Afganistán, Libia y Siria, tras décadas de desindustrialización, EE UU padece además la pérdida de influencia económica y tecnológica a manos de China.

La primera reacción de los países occidentales a la incursión rusa fue establecer una batería de nuevas sanciones contra Moscú y representantes de la cúpula dirigente. También fueron incautadas las reservas del Banco Central ruso en los países europeos y les expropiaron empresas y fondos de magnates-oligarcas.

Foto: Drew Angerer / AFP

Al mismo tiempo, se manifestó un amplio apoyo al gobierno de Zelenski que se dimensionó en cuantiosa ayuda en entrenamiento militar y armamentos, mientras millones de ucranianos atravesaban las fronteras para huir de la guerra.

Todo lo ruso fue cancelado a niveles incluso que no se vieron siquiera en la Guerra Fría. Cayeron en esa bolsa del oprobio todos los miembros del gobierno de Putin pero la tirria llegó a artistas y creadores tanto actuales como a algunos de la talla de Fedor Dostoievski, Piotr Tchaikovski o León Tolstoi, para no ir más lejos.

Al mismo tiempo, la amenaza de que una confrontación nuclear, teniendo en cuenta que tanto Rusia como EE UU y la OTAN tienen el mayor arsenal atómico del planeta, no deja de atronar en las mentes más lúcidas.

Soltenberg bajó estos días las expectativas de un arreglo a corto plazo al afirmar en esa entrevista con la agencia francesa de noticias que «necesitamos estar preparados para un largo camino. Esto puede durar muchos, muchos años».  «

1.https://www.youtube.com/watch?v=PwIBHMV8PoY

2. https://www.tiempoar.com.ar/mundo/el-juego-geopolitico-que-se-muestra-en-las-olimpiadas-de-invierno-en-beijing/

3. https://www.tiempoar.com.ar/mundo/crisis-en-ucrania-y-el-nuevo-mundo-de-xi-jinping-y-putin/

4. https://www.tiempoar.com.ar/mundo/homero-simpson-y-el-boton-nuclear/

5. https://www.tiempoar.com.ar/mundo/la-invasion-que-no-fue-realimento-el-polvorin-al-este-de-ucrania/

6. https://www.tiempoar.com.ar/mundo/tension-mundial-putin-ordeno-una-operacion-militar-en-ucrania/

Múnich con Ucrania

El viernes que pasó fue inaugurada la Conferencia de Seguridad de Múnich, un foro de debate del que forman parte 96 países al que por primera vez no fue invitada Rusia y donde, obviamente, el tema central es la guerra en Ucrania. Las intervenciones de la vicepresidenta de EE UU, Kamala Harris, y el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, marcan la tendencia.

«Estados Unidos ha establecido formalmente que Rusia ha cometido crímenes contra la humanidad en Ucrania mediante un ataque sistemático contra la población civil», dijo Harris. «Debemos darle a Ucrania lo que necesita para ganar y prevalecer como nación soberana e independiente en Europa», añadió Stoltenberg.

A una semana de que el mismo periodista que en 1969 reveló la masacre cometida por tropas de EE UU en la aldea vietnamita de My Lai y luego detalló crímenes similares en Irak y Afganistán informara sobre la orden de Joe Biden para destruir el gasoducto Nord Stream, lo de Harris resulta sorprendente. Ni qué decir de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen: «La versión de la participación de EE UU en el sabotaje nos parece absurda. En todos los años de existencia norteamericana, no se ha establecido y confirmado un solo hecho de violación del derecho internacional o acciones fuera del marco del derecho internacional. La reputación intachable del estado estadounidense nos permite ignorar esta versión. La Comisión Europea no dará cabida a las acusaciones de sabotaje del North Stream formuladas por Pulitzer Seymour Hersh», dijo sin pestañear.

Las palabras de Stoltenberg, a dos días de que la subsecretaria de Estado Victoria Nulland reconociera que «derrotar a Rusia nos permitirá mantener el orden mundial favorable a EE UU que tuvimos durante décadas y décadas seguros y prósperos», resultan también insólitas. Unos días antes, el jefe de la OTAN había reconocido que «las entregas de armas a Kiev superan la capacidad de producción de la OTAN».

Este mensaje desnuda que la estrategia rusa de desmilitarizar a Ucrania, aunque más lenta de lo que creían, se viene cumpliendo, lo que pone en un aprieto a la organización atlántica, acosada por el reclamo de Volodimir Zelenski de que le entreguen cuanto antes los tanques y aviones prometidos. 

Tiempo Argentino, 19 de Febrero de 2023

Una nueva tercera posición argentina

Una nueva tercera posición argentina

Uno debería acostumbrarse a pensar en qué se beneficia el pueblo argentino ante cualquier acontecimiento exterior. Y en relación con la guerra en Ucrania -de la que este viernes se cumple un año- es bueno pensar cómo pararse frente a este hecho de una trascendencia fundamental, partiendo del principio de que la Argentina es un pueblo de paz.

El discurso occidental se centra en señalar como culpable del conflicto a Vladimir Putin y su ansia imperial. Lo califican de dictador que busca someter a los ucranianos y luego al resto de Europa a sus designios. Es una guerra de la libertad y la democracia contra la autocracia.

Para Putin, en cambio, todo se reduce a la violación de acuerdos con la OTAN tras la disolución de la Unión Soviética para respetar las fronteras establecidas al fin de la Segunda Guerra Mundial.

Estados Unidos y Europa arguyen que Rusia y China pretenden cambiar «el orden mundial basado en reglas». Tanto Moscú como Beijing sostienen la necesidad de establecer un mundo multipolar donde se respeten las normativas de la Organización de Naciones Unidas de 1945.

El gobierno de Cristina Fernández hizo hincapié entre 2007 y 2015 en la necesidad de que en la ONU se diriman las diferencias entre los estados y no la fuerza del más poderoso. Como quien diría, «minga de mundo basado en reglas que dicten los poderosos». Argentina tiene buenas razones para reclamar entre iguales, por ejemplo, la soberanía de Malvinas y la deuda odiosa.

De eso partió la Casa Rosada en 2014 para no avalar la incorporación de Crimea a la Federación Rusa y mantener su apoyo a Ucrania, a pesar del golpe contra Viktor Yanukovich. Argentina, recordó CFK hace justo un año, salió en defensa del principio de integridad territorial.

Cuando para muchos que rechazan el imperialismo anglosajón, Putin es un personaje hasta romántico, ella –que siempre tuvo buenas relaciones personales con el líder ruso– explicó en una cadena de tuits el sentido de esa posición que mantiene ahora Alberto Fernández. Reconocer el referéndum en Crimea entonces y en el Donbass luego, implicaría también aceptar una consulta similar en las islas del Atlántico sur que legitimaría el despojo británico. China, de hecho, tampoco reconoce abiertamente esa forma de resolver entuertos. ¿Qué debería esperar de un plebiscito en Taiwán? Tanto Rusia como China por cierto reconocen la soberanía argentina en Malvinas.

Un mundo multipolar sería la mejor noticia para los intereses del pueblo argentino y de la región latinoamericana. En base a esta estrategia, sería conveniente consolidar la relación con todas las potencias y no comprar el discurso «democrático» de Occidente. No es eso lo que se discute a sangre y fuego en Ucrania. Hace unas semanas, en estas páginas, el embajador argentino en la OEA, Carlos Raimundi, propuso reflotar y adecuar aquella «tercera posición» de los gobiernos de Juan Perón a los tiempos que corren. De eso se trata.

Por otro lado, los países del sur global se muestran razonablemente esquivos en apoyar a la OTAN y EE UU. El bloque que está llamado a liderar el resto de este siglo, BRICS, tiene como socio al principal aliado de Argentina, Brasil. Con todo lo pro EE UU que es Jair Bolsonaro viajó a Moscú poco antes del 24F y celebró su amistad con Putin. La semana pasada, Lula da Silva le dijo a Joe Biden en sus narices que iba a mantener la neutralidad y esperaba convertirse en una suerte de arquitecto para una salida pacífica en Ucrania.

Tiempo Argentino, 19 de Febrero de 2023

La OTAN juega a provocar al «oso ruso», la vieja tentación de Occidente

La OTAN juega a provocar al «oso ruso», la vieja tentación de Occidente

El 25 de diciembre de 2021 se cumplieron 30 años de la disolución de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). Para ese entonces, el presidente ruso, Vladimir Putin, hacía meses que venía reclamando un acuerdo amplio de convivencia en Europa. Cuatro días antes había declarado: «Es extremadamente alarmante que elementos del sistema de defensa global de EE UU se estén desplegando cerca de Rusia. Los lanzadores Mk 41, que se encuentran en Rumania y se desplegarán en Polonia, están adaptados para lanzar los misiles de ataque Tomahawk. Si esta infraestructura continúa avanzando, y si los sistemas de misiles de EE UU. y la OTAN se despliegan en Ucrania, su tiempo de vuelo a Moscú será de solo siete a diez minutos, o incluso cinco minutos para los sistemas hipersónicos. Este es un gran desafío para nosotros, para nuestra seguridad».

Desde mediados de año la situación era cada vez más tensa. El gobierno de Joe Biden había ordenado el retiro de tropas de Afganistán luego de una aventura desastrosa de 20 años y la entrega del poder a los talibán. Los mismos contra los que había combatido durante todo ese tiempo y a los que había armado y entrenado desde la década del ’80 del siglo XX ante la invasión soviética. Así como la aventura en esa nación asiática había acelerado la debacle de la URSS, no le fue mejor a los estadounidenses, que se habían enterrado con la OTAN y la anuencia de las Naciones Unidas. El orgullo estadounidense, otra vez golpeado como en Vietnam, necesitaba recuperar el discurso «excepcionalista» propio de su ADN.

Vayamos a esas tres décadas para atrás entonces. La disolución de la URSS, para muchas generaciones, era un hecho imposible. Fue, además, sorprendente que esa utopía se esfumara en tan breve tiempo.

Pero la URSS era una potencia militar de alto rango y el armamento nuclear que atesoraba no daba para que Occidente se sentara a disfrutar semejante acontecimiento sino a maniobrar la salida menos conflictiva a corto plazo. De modo que esa caída –buscada con ahínco por el mundo capitalista desde aquel lejano octubre de 1917– fue un proceso negociado con las autoridades que se fueron sucediendo en Moscú. Primero la reunificación alemana, luego el cambio de régimen en el resto de las naciones soviéticas. ¿Luego?

Mijaíl Gorbachov, ex presidente de la URSS

Foto: AFP

Mijail Gorbachov, fallecido en agosto pasado a los 91 años, quedó como un personaje controvertido para la historia de aquellos tiempos. Premio Nobel de la Paz en 1990, por haber «contribuido a la distensión» entre el este y el oeste, popularizó dos palabras en ruso: perestroika (reforma política y económica) y glasnost (transparencia). Sus críticos, en vista del resultado, lo acusan de haber sido un agente extranjero. Los que lo defienden, que intentó salvar a la URSS, sumida en una crisis interna que la dirigencia se negaba a reconocer. En concreto, el modelo colapsó y ese 25 de diciembre de 1991, tras la negativa de nueve de las 15 las repúblicas a permanecer en la Unión, Gorbachov renunció a la presidencia y se decretó el fin del mayor experimento del socialismo real de la historia. El 1 de diciembre de ese año los ucranianos habían votado mayoritariamente por la independencia.

Boris Yeltsin, el sucesor de Gorbachov, asumió como propio el discurso del libre mercado y lanzó a la ahora Federación Rusa a un viaje sin paracaídas hacia el neoliberalismo, Consenso de Washington incluido. Cerca del final de esa década comenzaría a tallar otro hombre fuerte en Moscú: Vladimir Putin, quien asumiría como presidente del gobierno (primer ministro) en agosto de 1999. En marzo, la OTANhabía aceptado la incorporación de Hungría, Polonia y República Checa, violando el compromiso de no avanzar «ni una pulgada hacia el este». *Pero la Declaración de Roma de 1991** y las incursiones del organismo militar en el Adriático desde 1992 y su responsabilidad en la sanguinaria guerra civil en Yugoslavia marcaban tendencia.

Putin había sido oficial de inteligencia y estuvo destinado a la central de la KGB de Dresde. A la caída de la URSS volvió a su Leningrado natal (ahora San Petersburgo) y decidió emprender una carrera política. En poco tiempo descolló sobre la nueva camada de dirigentes surgidos en ese período. Se carga al hombro el gobierno, formalmente en manos de un hombre enfermo como era Yeltsin, quien renuncia el 31 de diciembre.

Ya como presidente, Putin va reconstruyendo en principio, el orgullo ruso, y luego avanzó en la recuperación económica. El país había quedado devastado y sin rumbo y sus empresas más importantes en manos de camarillas en muchos casos ligados al viejo poder soviético o las ventajas de estar cerca de las nuevas dirigencias.

La Federación Rusa conserva una superficie de más de 17 millones de km2. Conviven allí ocho diferentes etnias, aunque la mayoritaria es la eslava. Las riquezas minerales son incalculables, lo que despierta la codicia de las multinacionales. Durante los distintos gobiernos de Putin, Rusia se convirtió en el principal proveedor de energía barata para un proyecto de integración con Alemania no escrito pero que se consolidó durante toda la era de Angela Merkel como canciller. De esa sociedad son los proyectos Nord Stream I y II, la tubería para el gas que alimentaba la industria alemana hasta las primeras sanciones contra Rusia luego del 24F. Fueron destruidas por un atentado en noviembre pasado.

Para los países occidentales –Europa, el Reino Unido y luego EE UU– el «oso ruso» fue tanto una amenaza como una tentación. Pretendieron invadir Rusia primero Napoleón y luego Hitler. Viejos temores y cierto racismo antieslavo generaron antiguas desconfianzas. Por el lado ruso, sin embargo, siempre existió la aspiración a ser europeos. Está en su ADN desde Pedro el Grande, en el siglo XVIII. La ciudad que hizo erigir a orillas del Báltico es un buen ejemplo.

En 2004, un nuevo desafío de la OTAN levantó quejas de Moscú, con la incorporación de siete países de siete naciones de la exórbita soviética de un saque. En 2018 quedó plasmado el viejo objetivo de desmembrar a Rusia en una hoja de ruta de la consultora del Pentágono Rand Corporation. ***

Vale la pena ver el nivel de análisis frío y especulativo de cada acción y contrastarlo no con lo que la Casa Blanca dice, sino con lo que hace.  «

*Compromiso Baker-Gorbachov: https://nsarchive.gwu.edu/briefing-book/russia-programs/2017-12-12/nato-expansion-what-gorbachev-heard-western-leaders-early

**Declaración de Roma:  https://www.nato.int/docu/comm/49-95/c911108a.htm

***Sobreextender y desbalancear Rusia: https://www.rand.org/pubs/research_briefs/RB10014.html

Zelenski, el presidente que está solo y espera

Horas antes, Volodimir Zelenski había vuelvo a pedir a sus aliados occidentales que le cumplieran las promesas de entrega de armas y tanques a Ucrania. «La guerra iniciada por Rusia no permite demoras. Puedo agradecerles cientos de veces, pero cientos de ‘gracias’ no son cientos de tanques”, urgió el ucraniano. Pero desde Alemania, el denominado Grupo de Contacto para Ucrania decidió no suministrar los tanques «Leopard2» de fabricación alemana, que reclama Kiev. Dejó abierta, si la posibilidad de enviar más adelante sistemas de defensa antiaérea. La información la dio el secretario de Defensa de EE UU, Lloyd Austin, tras una reunión en la base de Ramstein y aseguró, además, que su país tampoco enviará tanques «Abrams».

No le sale una al presidente ucraniano que, horas antes había dudado sobre la salud de Vladimir Putin. «No sé si todavía está vivo», dijo antes de regresar a Kiev tras la reunión con líderes mundiales en Davos, quienes le dieron la espalda. Mientras el Ministerio de Defensa ruso informaba que pasaba a controlar el pueblo de Lobkove, en  Zaporiyia, al sur de Ucrania.

Tiempo Argentino, 22 de Enero de 2023

La guerra en Ucrania y el alumbramiento de un nuevo orden mundial

La guerra en Ucrania y el alumbramiento de un nuevo orden mundial

El 24 de febrero de 2022 el presidente Vladimir Putin anuncia el inicio de una «Operación Militar Especial» con el objetivo de «proteger a las personas que han sido objeto de abusos y genocidio por parte del régimen de Kiev durante ocho años» para lo cual, agregó el mandatario ruso «nos esforzaremos por desmilitarizar y desnazificar Ucrania y también para llevar ante la justicia a quienes han cometido numerosos y sangrientos crímenes contra la población civil, incluidos los ciudadanos de la Federación de Rusia».

Pasaron diez meses y medio y si algo queda claro es que el 24F será recordado como el día en que los cambios geopolíticos que se venían macerando en el mundo ingresaron en el punto de no retorno. Caben pocas dudas de que Europa es el escenario de una disputa global en el que el bloque de la OTAN pone las armas y ucranianos y rusos, la sangre.

Tampoco deberían quedar dudas de que no se trata una puja entre democracias y autocracias, o civilización y barbarie. Hay presentes y futuros pero también mucho pasado puesto en juego. No se trata de una región naturalmente pacífica que repentinamente se ve envuelta en una contienda sin sentido. Hay siglos de enfrentamientos y en el caso de Ucrania y Rusia, Kiev y Moscú, un componente de identidad nacional que se hunde en los orígenes de los pueblos eslavos.

Sin un orden cronológico demasiado estricto, intentaremos desde estas páginas aportar elementos para tener en consideración a la hora de analizar lo que sucede en esa parte del mundo. Habida cuenta de que quizás en esos campos de batalla se está decidiendo la suerte de la humanidad. Desde la crisis de los misiles entre Estados Unidos y la Unión Soviética, hace seis décadas, no se vivía una tensión como la de estos meses ante la posibilidad de una guerra nuclear. Es que iniciar una guerra es relativamente fácil, resulta complicado terminarla, pero es imposible evitar sus consecuencias. Sobre todo cuando se enfrentan potencias atómicas.

Pero hagamos andar el reloj hacia atrás y podremos ver que veinte días antes de que tropas cruzaran las fronteras, Putin y el presidente chino Xi Jinping habían firmado un Acuerdo de Amistad que fue presentado en la inauguración de los XXIV Juegos Olímpicos de Invierno en Beijing. Un certamen que había sido prolijamente boicoteado por la administración de Joe Biden con el argumento de «el genocidio y el crimen contra la humanidad que está llevando a cabo la República Popular China en Xinjiang y otros abusos de los Derechos Humanos».

El documento que firman Putin y Xi* dice que las relaciones internacionales están ingresando en una «nueva era de rápido desarrollo y profunda transformación». Y pone el acento en el inminente rediseño del mundo. De tal manera que al lema de la Casa Blanca para justificar sus puntos de vista sobre respetar «el orden internacional basado en reglas», el documento chino-ruso habla de «defender el orden mundial basado en el derecho internacional, incluidos los propósitos y principios de la Carta de las Naciones Unidas». Xi y Putin cuestionan el propósito de Estados Unidos de arrogarse el derecho de fijar unilateralmente las reglas y obligar a respetarlas manu militari. Por eso, sostienen su observancia de los valores de la democracia, la libertad y los derechos humanos. Pero le quitan entidad a la interpretación que les da Occidente. «Una nación puede elegir las formas y métodos de implementar la democracia que mejor se adapten a su estado particular, en función de su sistema social y político, sus antecedentes históricos, tradiciones y características culturales únicas. Corresponde únicamente al pueblo de cada país decidir si su Estado es democrático».

El documento se extiende sobre el medio ambiente y el rol que a cada una de ambas potencias cree que le cabe en el mundo. Pero lo más sustancial es que tras la caída de la URSS, es el primer desafío explícito a Washington y sus aliados de la OTAN.

Cuatro meses antes, el 15 de septiembre de 2021, Estados Unidos, el Reino Unido y Australia anunciaron la creación del AUKUS**, una alianza militar destinada al control y la vigilancia de la región Indo-Pacífico. «Como primera iniciativa bajo AUKUS, reconociendo nuestra tradición común como democracias marítimas, nos comprometemos con la ambición compartida de apoyar a Australia en la adquisición de submarinos de propulsión nuclear para la Marina Real Australiana», dice el texto, que generó la indignación de Francia, que había firmado un contrato multimillonario para la venta de artefactos similares elaborados en país galo con las autoridades australianas.

Dos semanas antes, el 31 de agosto, Estados Unidos había retirado sus últimos representantes en Kabul, un momento caótico que hizo recordar la derrota en Vietnam en 1975. Invadido por fuerzas estadounidenses y de la OTAN en 2003, Afganistán ya había significado el inicio del fin de la Unión Soviética. Continuará. «

*Versión en inglés del documento según el Kremlin.http://en.kremlin.ru/supplement/5770

**Texto original del AUKUS según la Casa Blanca. https://www.whitehouse.gov/briefing-room/statements-releases/2021/09/15/joint-leaders-statement-on-aukus

Navidad en medio de la batalla

Rusos y ucranianos celebraron la Navidad ortodoxa enfrentados en lo que seguramente es la batalla más sangrienta desde que se desató la guerra, la de Bajmut, la ciudad de Donetsk por la que disputan desde hace meses Kiev y Moscú. El presidente Vladimir Putin había decretado un alto el fuego unilateral para la celebración cristiana, pero desde el otro lado respondieron que no le creían y que no iban a cesar las hostilidades. AFP registró bombardeos a lo largo de la mañana de este sábado, dice la agencia francesa.

Putin asistió solo a la misa en una iglesia del Kremlin la medianoche del viernes y felicitó a los cristianos ortodoxos tras indicar que este día inspira «buenas acciones y aspiraciones». Por la parte ucraniana, cientos de fieles asistieron a una misa histórica en el célebre monasterio de las Cuevas de Kiev, que antes dependía del patriarcado de Moscú, pero que pasó ahora a manos de Ucrania debido a la guerra. La homilía fue oficiada por primera vez por el metropolitano Epifanio, líder de la Iglesia ortodoxa ucraniana formada en 2018-2019 tras un cisma con el patriarcado de Moscú.

Tiempo Argentino, 8 de Enero de 2023