por Alberto López Girondo | May 28, 2023 | Sin categoría
Todos miran a China, muestra del rol que el gigante asiático tomó desde el 24 de Febrero de 2022. Esta semana, autoridades de Alemania, Polonia y Francia le pidieron al emisario de Beijing Li Hui que convenza a su gobierno de presionar a Rusia para que abandone los territorios tomados en Ucrania. En la capital china, el primer ministro ruso, Mijail Mishustin, se reunió con el presidente Xi Jinping, quien le prometió el apoyo a Moscú «de manera firme en temas que afecten a los intereses fundamentales de cada uno, fortaleciendo la colaboración en los escenarios multilaterales».
Mientras tanto, la guerra en Ucrania entró en su semana 66 con el retiro de las tropas del grupo Wagner de la localidad de Bajmut para dejar el control de ese estratégico nudo de carreteras ucranianas a las tropas regulares rusas. Se acallaron las voces que hablaban de una inminente contraofensiva ucraniana de primavera –algo que de todas maneras no se descarta– pero lo que sí se ve son ataques del otro lado de la frontera rusa, como el que la semana anterior se produjo en la zona de Belgorod, atribuido en los medios occidentales a partisanos rusos contrarios al gobierno de Vladimir Putin y a la guerra en particular. Algo que desde el Kremlin fue desmentido enfáticamente al acusar a comandos ucranianos y prometer que responderá de manera «extremadamente firme» ante nuevas incursiones armadas en su territorio.
Este viernes se registraron nuevos ataques, confirmó el gobernador de Belgorod, Viacheslav Gladkov en su cuenta de Telegram.
El gobierno de Putin, en tanto, anunció que comenzó cumplir con su promesa de transferir armas nucleares a Bielorrusia, su principal aliado en esa región y limítrofe con Ucrania y Polonia, tal vez el socio de la OTAN más enemigo de Rusia.
Petitorios ucranianos
Kiev pidió al gobierno germano el envío de misiles aire-tierra, según confirmó el portavoz del ministerio de Defensa de ese país. Alemania se muestra como un fuerte aliado de Ucrania pero bastante remiso a la hora de entregar armamento. No es el único país que cuando se trata de concertar las promesas, demora la decisión.
Así lo confirma el noruego Jens Stoltenberg, secretario general de la OTAN, quien declaró que «hay puntos de vista diferentes en el interior de la alianza» en cuanto a apurar la aceptación del ingreso de Ucrania a la organización atlántica. En un encuentro promovido por la fundación estadounidense German Marshall, Stoltenberg se sinceró: «nadie puede decir exactamente cuál será la decisión final en esa cumbre en Vilna y la forma de responder a las ambiciones de Ucrania».
El gobierno ruso, por su lado, ordenó la expulsión de cientos de funcionarios alemanes destinados en la sede diplomática y a organizaciones culturales y educativas. Se trata de «contrasanciones» en el marco de los castigos que occidente y los aliados de Estados Unidos impusieron a Moscú. Desde Berlín alegan que entre los expulsados hay trabajadores del Instituto Goethe.
Yanquis por la paz
La semana pasada, los lectores del New York Times se sorprendieron con una solicitada a página completa que financió la Eisenhower Media Network, una fundación de ex miembros del establishment burocrático –militares, diplomáticos, asesores en política exterior– que consideran a la guerra en Ucrania «como un desastre absoluto» y culpan a la gestión de Joe Biden por las consecuencias en un futuro «exponencialmente mayor a medida que el poder nuclear lleve cada vez más cerca de una guerra abierta».
Bajo el título «Estados Unidos debería ser una fuerza de paz en el mundo», el documento señala que «los planes y acciones para expandir la OTAN a las fronteras de Rusia sirvieron para provocar temores en Rusia» y entiende que la respuesta de Moscú es entendible. «Como estadounidenses y expertos en seguridad nacional, instamos al presidente Biden y al Congreso a usar todo su poder para poner fin rápidamente a la guerra entre Rusia y Ucrania a través de la diplomacia», reclama el texto, que firman los directivos del EMN, Dennis Fritz y Mattehw Hoh; el coronel del Ejército (RE) Lawrence Wilkerson, exjefe de Estado Mayor del General Colin Powell; el exagente Especial de Inteligencia del FBI Coleen Rowley; el exembajador en la Unión Soviética Jack Matlock, y el economista Jeffrey Sachs, en su momento asesor de Nijaíl Gorbachov y Boris Yeltsin en el proceso de conversión de Rusia al capitalismo, al inicio de los ’90. «
Nuevo jefe militar en EE UU, con la mira en oriente
En una señal de que la mira de la Casa Blanca apunta ahora a China, el presidente Joe Biden nominó como jefe de Estado Mayor Conjunto a Charles Q. Brown Junior, el segundo afrodescendiente en ocupar ese cargo desde la creación del organismo en 1942. Hasta ahora era titular en su arma, la aeronáutica, y según su currículum, es un general de cuatro estrellas, piloto experto en aviones caza F-16 que lideró las bases de la USAF en Alemania y Co-rea del Sur. «El general Brown es un guerrero que ha sido comandante en Europa, en Oriente Próximo y después en el Indopacífico. Tiene un conocimiento único de nuestras operaciones y teatros operacionales y una visión es-tratégica para entender cómo trabajar todos juntos para garantizar la seguridad del pueblo estadounidense», dijo Biden al presentarlo.
Sustituye a Mark Milley, que se retira en septiembre tras cuatro años en el cargo. En enero pasado, Milley había declarado que «desde un punto de vista militar, es muy difícil o casi imposible que Ucrania pueda expulsar a las fuerzas rusas de cada centímetro ocupado de su territorio», lo que despertó críticas entre los belicistas de Washington.
El primer afrodescendiente en el Estado Mayor Conjunto fue Colin Powell, quien luego sería el secretario de Esta-do que se presentó ante Naciones Unidas en 2003 para pedir una alianza occidental que sustentara la invasión Irak destinada a acabar con «las armas de destrucción masiva» que, dijo, había acumulado Saddam Hussein pero nunca aparecieron. Ahora esa operación se considera el mayor error estratégico de Estados Unidos en su historia.
Tiempo Argentino, 28 de Mayo de 2023
por Alberto López Girondo | Abr 23, 2023 | Sin categoría
El canciller ruso, Serguéi Lavrov, hizo una recorrida por América Latina en coincidencia con la visita de altos cargos de la administración de Joe Biden a Argentina, Chile y Panamá, en una evidente puja por la influencia en la región. O en una demostración de que si es por tocar la oreja, el Kremlin no se queda atrás. Lavrov estuvo en Brasil, Venezuela, Nicaragua y cerró en Cuba. Salvo el gobierno de Lula da Silva, los otros tienen viejos enfrentamientos con la Casa Blanca y esta gira se percibe en respuesta a las que están frecuentando con Taiwán las principales espadas bipartidarias de Washington. Señales cada vez más explícitas de que nadie se guarda nada en esta disputa por la multipolaridad que se destapó con la guerra en Ucrania.
En este contexto, tras el encuentro de la semana pasada con su par chino, Xi Jinping, Lula estuvo en Lisboa, donde explicitó su deseo de colaborar para llegar a la paz en el este europeo. Al mismo tiempo, su asesor en política exterior y ex canciller, Celso Amorim, viajó a Kiev para entrevistarse con miembros del gabinete o el propio presidente Volodimir Zelenski.
Lula estará en la capital portuguesa hasta el martes, cuando se cumpla un nuevo aniversario de la Revolución de los Claveles, y después cruzará para reunirse con Pedro Sánchez en Madrid. En Lisboa celebró acuerdos bilaterales y respondió a las demandas de los periodistas. La inquietud de los medios se basaba en la irritación de la Casa Blanca ante las últimas movidas del líder metalúrgico y por el nuevo rol que le quiere imprimir a Brasil en el mundo.
«Estados Unidos y Europa deben dejar de alentar la guerra», había dicho Lula ante Xi. «Se hace eco de la propaganda rusa y china, sin tener en cuenta los hechos», dejaron caer voceros del gobierno estadounidense. «Nunca equiparé a los dos países, porque sé lo que es invasión y lo que es integridad territorial. Todos pensamos que Rusia cometió un error y ya lo hemos condenado en todas nuestras decisiones de la ONU. Pero creo que la guerra ya ha comenzado, la guerra debe detenerse ahora. Y, para parar la guerra, tiene que haber alguien con quien hablar», declaró el fundador del PT en una conferencia junto al presidente luso, Marcelo Rebelo de Sousa. Pero insistió: «Si no hablas de paz, contribuyes a la guerra».
Contraofensiva
Los países de la OTAN siguen jurando su compromiso con Kiev para una anunciada contraofensiva de primavera. Algunos analistas ironizan que es la maniobra militar más anunciada de la historia bélica y hasta los oriundos de España recuerdan los gags del humorista Gila en los que un militar negocia con el enemigo la hora del ataque para que no los tome durante la siesta o cosas así.
Este viernes, el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, se reunió en la base militar estadounidense en Ramstein, Alemania, con representantes de unos 50 países que comulgan con Ucrania. «Confío en que los ucranianos están en condiciones de liberar más territorios», dijo el noruego, luego de haberse reunido con Zelenski en Kiev y escuchar su enésimo reclamo de armas y pertrechos. El secretario de Defensa de EE UU, Lloyd Austin, se sumó al apoyo. «Juntos nos aseguraremos de que Ucrania tenga todo lo que necesita», dijo el exdirectivo de Raytheon, uno de los mayores proveedores de armas del Pentágono. Un caso paradigmático de «puertas giratorias», como se llama a esos personajes que atienden en los dos lados del escritorio, según la ocasión.
Zelensky también reclamó el ingreso de su país a la organización atlántica. «Todos los aliados de la OTAN han acordado que Ucrania se convierta en miembro de la OTAN, pero el principal objetivo ahora es, por supuesto, cómo garantizar que Ucrania prevalezca», esquivó el bulto Stoltenberg. «Sin una Ucrania soberana e independiente, no tiene sentido hablar de la adhesión», concluyó.
Granos del conflicto
Pero ese no es el único altercado que inquieta a Kiev. Así, mientras Polonia se postula como adelantado en la guerra contra Rusia, una enemistad de siglos que ahora puede eclosionar definitivamente, por otro lado junto con Hungría prohibió importaciones de granos y productos alimenticios ucranianos para no perjudicar a los productores locales.
Por un lado, el gobierno del primer ministro Mateusz Morawiecki da su apoyo irrestricto a Ucrania. Polonia fue el país que más emigrados recibió y está entre los que más armamento proveyó. Ahora en la cumbre de la OTAN se acordó que incluso en su territorio se erigirá un centro de reparación para los tanques Leopard de fabricación alemana que se comprometieron a enviar varios países.
Pero al mismo tiempo desde principios de abril se están aplicando medidas de restricción al ingreso de cereales. Primero por razones sanitarias, luego se reconoció que era porque afectan a los agricultores y de hecho por esa situación ya cayeron dos ministros polacos. En realidad, se arregló en julio pasado el paso de mercadería por el bloqueo de los puertos del Mar Negro. Luego de muchos tironeos, el jueves se firmó un acuerdo para que los granos puedan circular libremente pero con un mecanismo de control para que ni uno solo quede en Polonia. Algo similar se negociaba con Hungría. «
Biden y la reelección
Los principales medios de EE UU especulan con que este martes el presidente Joe Biden anunciará si se presentará a una nueva candidatura presidencial o preferirá volver a su mansión en Delaware a calzarse las pantuflas cuando termine su período. El mandatario, de 80 años y con visibles señales de deterioro físico y cognitivo, respondió el viernes pasado ante una requisitoria periodística con un lacónico «no sé» sobre la decisión que tomará.
El 25 de abril se celebra el cuarto aniversario del anuncio de que se presentaría para derrotar a Donald Trump como candidato por el partido demócrata en los comicios de ese año. Esa ocasión despertó las operaciones más disparatadas entre quienes se empiezan a peinar para la foto, tanto en el oficialismo como en la oposición. Así, el principal contendiente de Trump, el gobernador de Florida, Ron DeSantis, hará una minigira por países aliados de EE UU, como Corea del Sur, Israel, Japón y Gran Bretaña.
Al mismo tiempo, las caras más visibles de los republicanos en el Capitolio y sus medios afines, como el canal Fox, volvieron a insistir en la necesidad de profundizar la investigación sobre hechos de corrupción del hijo del presidente, Hunter Biden, que podrían salpicar al inquilino de la Casa Blanca.
Estos días, en una investigación que lleva adelante la Cámara de Representantes, Mike Morell, ex subdirector de la CIA, testificó bajo juramento que el actual Secretario de Estado, Antony Blinken, siendo jefe de la campaña electoral demócrata, lo llamó para coordinar acciones tendientes a tapar los negociados de Biden Jr. Y fruto de esa operación es una carta que les hizo firmar a medio centenar de funcionarios negando publicaciones del New York Post donde se revelaban los datos de una computadora del hijo presidencial que confirman sus chanchullos.
Tiempo Argentino, 23 de Abril de 2023
por Alberto López Girondo | Abr 23, 2023 | Sin categoría
Por un instante, hace 40 años, el 26 de setiembre de 1983, el planeta estuvo a un paso de el Apocalipsis. Gracias a un oficial de la Fuerza Aérea soviética a cargo del comando de Alerta Temprana que dudó sobre las señales que enviaban los radares, el mundo sigue andando. El caso no es tan conocido, aunque hubo algunos libros y filmes. Stanislav Petrov parece un personaje de ficción. Sin embargo, Eduardo Sguiglia llegó a cruzarse con él en 2004 en las Naciones Unidas, donde descubrió una historia que ahora refleja, a la manera argentina, en su última novela, La redención del camarada Petrov. El economista, ensayista, exembajador en Angola y escritor habla con Tiempo de los temores a que ahora no haya un último fusible de sensatez antes de una catástrofe.
«Me enteré de la historia de Petrov por casualidad –aclara– porque yo estaba en la ONU, en la época de Néstor Kirchner, y había un homenaje, en una sala chiquita, no más que este living (por el de su casa, en el barrio de Coghlan). Era raro porque era una reunión multirracial. Me llamó la atención, pregunté y me dijeron: ‘Lo que pasa es que un señor que está allí salvó a la humanidad de una hecatombe nuclear’».
–¿Qué pasó luego?
–Cuando volví le pregunté si sabía algo a (Isidoro) Gilbert (periodista y militante comunista) que tenía una memoria fabulosa y que además fue testigo de toda una época. Me dio unas pistas y la cosa quedó ahí en el tintero. Yo me sorprendí igual que vos, pero luego hice toda una investigación y en realidad el hecho (conocido como «El Incidente del Equinoccio de Octubre») se descubre porque un general (Yury Votintsev) lo cuenta en un libro de memorias.
–Tras la caída de la Unión Soviética.
–Sí. Y eso despertó la curiosidad de un periodista inglés que dijo, «¿Cómo? ¿Acá estuvimos al borde de la destrucción total?» y ahí se lo conoció a Petrov, que si no, hubiera muerto en el anonimato total. Y ahí se tuvo idea de lo que había pasado. Y a mí me parece un tema muy importante para la actualidad.
–Lo que pueda ocurrir en Ucrania resulta temible.
–Claro. Pero además la gente subestima lo que puede ser una falla tecnológica. Porque vos decís «mirá se movieron X cantidad de misiles para la frontera con Finlandia». Vamos a suponer que un tipo se distrae o pasa mal una señal… están todos los sistemas automatizados. Tendría que haber siempre alguien que dijera «no, pará, ¿cómo viene la mano acá?» Es una situación latente siempre.
–Vos reflejás en el libro aquel momento: gobierno de Ronald Reagan y la URSS de Yuri Andropov. Momento de amenazas y paranoias. Como que alguien está esperando algo y cualquier movimiento extraño puede desatar una tragedia.
–La hipótesis que trabajo, que tampoco es tan novedosa, es que eso generó un montón de dudas en los mandos soviéticos, como que no entendían de qué se trataba todo. Por un lado si era un infiltrado, y por otro, ¿qué ocurre si es que estaban probando algo? ¿El tipo era un loco o formaba parte de alguna organización? De hecho no le fue tan bien a Petrov luego de esto.
–El libro se sustenta en un personaje, un médico argentino, Juan Meyer, que va a luchar contra los nazis con los partisanos en Bielorrusia.
–Un periodista me dijo que la historia de los partisanos está tal cual se la había contado el suegro, que había sido partisano, no en Bielorrusia sino en Polonia. Y dijo que le había contado historias como las que están en el libro.
–¿Quién te contó esas historias?
–Es un personaje construido con varios testimonios de gente que quiso mantener el anonimato, por eso los cité de manera genérica. Y de ahí construí un personaje con distintas historias.
–¿Por qué contar esas historias en este contexto?
–Porque me parece que era la única manera de contar a Petrov desde el punto de vista argentino. Siempre escribo sobre temas que ocurren en otro lado, pero trato de que haya un argentino. Me consta, porque viví exiliado en México y fui embajador, que los argentinos andamos girando por el mundo de manera increíble. Me pareció que la única manera que podía presentar al personaje, a Petrov, y hacerlo relacionar con un compatriota era con alguien que también hubiera sido militar. Y gracias a estos informantes clave pude reunir elementos y constituir un personaje que es coronel y pasó por los movimientos partisanos.
–¿Hubo muchos argentinos como partisanos?
–Hubo muchos más argentinos en la Segunda Guerra en general que entre los partisanos, pero hubo. Una aviadora de la que hablo, que sí existió, se sumó a la Fuerza Aérea inglesa.
–Muchos primero habían estado en la Guerra Civil Española.
–Muchos. Pero otra parte pequeña, que fueron estos testimonios, fueron partisanos, aunque no necesariamente en Bielorrusia.
–¿Y por qué los pusiste ahí?
–Porque ahí dependían del Ejército Rojo. Había una dualidad, era un momento tan trágico que excedía el marco del estalinismo. Había un sector de los partisanos que respondían a la NKVD, los servicios de inteligencia soviéticos. Eran más politizados, los que estuvieron ahí eran españoles comunistas. Juan Meyer no es un militante partidario, conserva cierta distancia. Me parecía más interesante que integre una compañía de partisanos que luego dirige, no tan dependiente del poder político. Porque el Ejército Rojo, el último cable le llegaba a (general Georgi) Zhukov, que en base a sus propias memoras, no estaba tan interesado en el tema ideológico, el tipo quería llegar a Berlín. Y llegó.
–Miro este libro con perspectiva actual, y parece que ahora se está disputando una guerra para resolver cuestiones que en ese momento quedaron pendientes. Esos territorios están en guerra desde hace como un milenio. Por eso importa ver qué ocurrió, porque el riesgo nuclear está latente como hace 40 años o quizás más.
–La tensión no llega a ser similar, porque ninguno de esos protagonistas tiene las ínfulas de Reagan ni la formación, entre comillas,deAndropov. Reagan había impulsado la idea de hacer un escudo para detener un contraataque (Iniciativa de Defensa Estratégica). Pasa que nosotros lo vivimos acá con un criterio de lejanía.
–Era 1983. Estábamos recuperando la democracia.
–Sí, pero además ocurre otra cosa. Cuando en 1981 yo conocí a mi esposa, que es alemana, se estaba desarrollando un ejercicio en el que la OTAN despliega todos los misiles en Europa. Ella estaba aterrada y yo lo tomaba como un dato de la situación internacional.
–En base a todo esto ¿ves posible un riesgo así en la actualidad?
–El año pasado en los altos círculos militares y políticos de EE UU, la OTAN, se estudió la posibilidad de una confrontación y se dejó caer esa posibilidad. Si se llegó a decir entiendo que se analizó con seriedad. Uno espera que no ocurra algo así, pero por otro lado creo que Argentina debería bregar junto con otros como Brasil, ahora con Lula, para que esto se descarte de manera total. Porque esa lejanía de la que hablábamos es ficticia, cualquier altercado nuclear nos va a llegar sí o sí. Por lluvias radioactivas, por alteraciones climáticas, por los desastres económicos y sociales. Nadie va a quedar indemne de eso, nadie.
Tiempo Argentino, 23 de Abril de 2023
por Alberto López Girondo | Mar 26, 2023 | Sin categoría
La amenaza de una escalada nuclear en el este de Europa recibió un nuevo espaldarazo este lunes cuando la viceministra de Defensa del Reino Unido, Annabel Goldi, afirmó que su gobierno planea entregar a Ucrania obuses con uranio empobrecido. «Estas municiones son muy eficaces para destruir tanques y vehículos blindados modernos», dijo, impávida. La respuesta del presidente Vladimir Putin fue que «si esto ocurre, Rusia se verá obligada a responder en consecuencia, dado que Occidente, en conjunto, ya está comenzando a usar armas con un componente nuclear». La contrarrespuesta de Londres apareció en un artículo del The Guardian donde un portavoz del ministerio de Defensa británico acusó al Kremlin de «intentar deliberadamente desinformar» y buscó minimizar el efecto de ese armamento. «Es un componente estándar, no tiene nada que ver con armas y capacidades nucleares», argumentó, tras sostener que «Rusia lo sabe».
El tema, sin embargo, es que los efectos sobre la población son letales en el corto plazo y mucho más en el tiempo. Y la ocasión elegida por Goldi no pudo ser más reprochable: este viernes se cumplieron 24 años del inicio de un bombardeo de la OTAN sobre la ex República Federal de Yugoslavia que duró hasta el 11 de junio y en el que se arrojaron –según informes de la propia organización atlántica– más de 30 mil bombas con uranio empobrecido en Kosovo, unas 2500 en el resto de Serbia y 300 en Montenegro. Hay denuncias sobre el aumento de muertes por cáncer y nacimiento de niños con malformaciones en esos territorios.
El mismo armamento ya había sido utilizado en 1991 en la Guerra del Golfo y en Bosnia-Herzegovina en 1995. Precisamente el presidente de la República Srpska, una de las dos entidades federales de esa última nación, Milorad Dodik, informó: «Hoy decidimos detener cualquier contacto con el personal de las embajadas británica y estadounidense. Esta es nuestra actitud hacia los villanos que están dispuestos a usar uranio empobrecido».
Un estudio de la BMJ Open, una publicación de la Asociación Médica Británica, analiza consecuencias del uso de este producto desde hace más de 20 años y dice que «la evidencia disponible sugiere posibles asociaciones entre la exposición al uranio empobrecido y los resultados adversos para la salud entre la población iraquí. Se necesitan más investigaciones primarias y la publicación de los datos faltantes para diseñar intervenciones políticas y de salud significativas en Irak». (https://gh.bmj.com/content/6/2/e004166).
The Guardian cita conclusiones de la Organización Mundial de la Salud sobre que «en algunos casos, los niveles de contaminación en los alimentos y las aguas subterráneas podrían aumentar después de algunos años». En resumidas cuentas, los análisis médicos abren el paraguas y sostienen que para tener una evaluación más certera se necesitan más investigaciones. Pero nadie ordena parar la mano.
Centro del mundo.
China vuelve a ser, cada vez más aceleradamente, uno de los ejes del poder mundial, recuperando el significado del nombre con que se autodenomina, Zhongguo, Nación del Centro. Esta semana, el presidente Xi Jinping visitó Moscú y en una cumbre con Putin anunciaron el estrechamiento de lazos más profundos entre las dos potencias para consolidar una alianza estratégica a largo plazo. Y declararon el fin del unilateralismo.
Al regreso a Beijing, desde varios gobiernos occidentales anunciaron visitas de alto impacto a Xi. El primero será el brasileño Lula da Silva, este domingo. La gira debió posponerse porque el líder metalúrgico tenía neumonía. Entre el jueves y el viernes próximo estará el presidente del gobierno español, Pedro Sánchez. Según el ministro de Gobierno hispano, Félix Bolaños, «vamos a tener la oportunidad de explicar cuál es la visión que tenemos de la presidencia europea». España asumirá la presidencia protémpore del Consejo de la UE en julio.
Para el 4 de abril se anunció la llegada a la capital china del jefe de Gobierno francés, Emmanuel Macron. El mandatario galo iría acompañado por la actual presidenta de la Comisión Europea –el Poder Ejecutivo de la organización regional– Ursula von der Leyen.
Otra señal de que los tiempos ya son otros es que a una semana de que la Corte Penal Internacional dictara la orden de captura contra Putin, varios gobiernos que forman parte del organismo con sede en La Haya anunciaron que no piensan acatar la orden. Si el viaje de Xi a Moscú era una muestra leve –ninguno de los dos países integra la CPI– Hungría, que está en la OTAN, ya avisó que el presidente ruso puede viajar tranquilamente porque tampoco firmó el Estatuto de Roma.
Putin, a su vez, evalúa la invitación a la cumbre de los BRICS en Sudáfrica. Los líderes de la organización que nuclea a las principales economías emergentes –Brasil, Rusia, India, China y el país anfitrión– se reunirán en Durban en agosto próximo. Los BRICS, mientras tanto, designaron al frente de su Banco de Desarrollo a la expresidenta brasileña Dilma Rousseff.
Tiempo Argentino, 26 de Marzo de 2023
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