por Alberto López Girondo | Mar 9, 2017 | Sin categoría
Si febrero fue un mes caliente para Mauricio Macri, marzo no mostró un cambio de tendencia. Más bien, el gobierno de Cambiemos aparece intentando corregir un vendaval que por primera vez desde que llegó a la Casa Rosada conmovió el andamiaje que lo sostiene. Para colmo, las calles fueron escenario de grandes manifestaciones populares contra la política del oficialismo en dos temas que calan hondo en la sociedad: los reclamos de los docentes y de los trabajadores en general.
En tal sentido, la marcha que había convocado el triunvirato de la Confederación General del Trabajo fue un buen termómetro para percibir el clima político-sindical. Anunciada como una escalada en un plan de lucha en reclamo de los puestos de trabajo perdidos y por un giro en el enfoque de la economía en general, la nutrida manifestación terminó con incidentes, fruto del repudio contra los dirigentes encaramados en la tarima ubicada en la Diagonal Sur, frente al Ministerio de la Producción. La respuesta de Héctor Daer, Carlos Acuña y Juan Carlos Schmidt al pedido de la multitud fue por lo menos contradictoria: si bien criticaron la falta de soluciones del gobierno y pidieron por políticas industrialistas, amenazaron con un paro pero esquivaron ponerle fecha concreta. Solo atinaron a mencionar un vago «a fin de mes o inicios de abril» mientras eran abucheados por los más enfervorizados, que pedían «paro nacional ya».
En cuanto al gobierno, si la noticia de un arreglo inadecuado sobre la deuda que el Correo Argentino –la empresa de la familia presidencial– mantenía con el Estado perforó la credibilidad en la transparencia prometida, la asignación de rutas aéreas de cabotaje resultó otro escándalo que repercutió en la imagen del mandatario, y también hizo mella en el interior de la «coalición del balotaje», como la llaman algunos analistas.
Así, en un calco del esquema armado a las apuradas en el Correo –volver a fojas cero con el acuerdo hecho entre bambalinas que benefició a su familia–, en el caso de Avianca, que en los papeles es una empresa colombiana que compró una aerolínea que vendió el grupo Macri, el presidente tuvo que dar la orden de suspender la licencia que ya le había otorgado a la compañía. Las denuncias por Avianca resonaron en las redes y luego en los medios masivos cuando se reveló algo que si bien no estaba oculto bajo la alfombra, no había tenido el alcance necesario en la prensa, mayoritariamente amiga de este proceso político.
Los directivos de MacAir, la empresa de Macri que operaba con taxis aéreos, son los mismos que los de la Avianca local, lo que resulta por lo menos sospechoso al punto que el fiscal Jorge Di Lello ordenó investigar e imputó tanto al presidente de la Nación como a su padre Franco y a los funcionarios y empresarios que participaron en la concesión de las rutas. Otra de las ganadoras en este rubro, Fly Bondi, también deberá esperar, ya que aparece en la mira judicial por sus vínculos con el secretario de Coordinación Interministerial, Mario Quintana. Y surgen preguntas como, ¿qué relación existe entre la renuncia de la expresidenta de Aerolíneas Argentinas (AA), Isela Costantini, y esta brumosa concesión aérea? Es que la ejecutiva se fue poco antes de abrirse la licitación de las rutas y sin explicaciones muy convincentes.
Alejamientos inesperados
Pero no es la única «acusación» que enfrentó la extitular de General Motors Argentina luego de alejarse de la gestión de la línea de bandera, en diciembre pasado. Costantini también había avalado un aumento de salarios para los empleados de AA superior al techo que pretende imponer el gobierno en las paritarias. La misma razón se deslizó respecto al alejamiento también inesperado de Carlos Melconian del Banco Nación. El economista, al que nadie consideraría cercano a cualquier aventura populista, fue aplaudido a manos rojas por sus hasta entonces subordinados el día que se despidió del cargo. Fue uno de los que firmaron la paritaria bancaria que provocó un fuerte cruce del macrismo con la dirigencia de ese gremio y con los jueces que avalaron el acuerdo que el Ministerio de Trabajo se negaba a homologar.
No es ocioso recordar que el eje de la política del gobierno para bajar la inflación es atacar por dos frentes al consumo. Por un lado, sometiendo los salarios a la baja, y por el otro generando las condiciones para un incremento en la tasa de desocupación. Este ariete golpea a las pymes por el ingreso de productos importados que las obliga a reducir salarios para competir con productos extranjeros o convertirse en importadores. Por otro lado, subsiste el argumento del exministro de Hacienda, Alfonso Prat Gay, de no tensar las negociaciones salariales a cambio de conservar el empleo. Así, los trabajadores se ven en la disyuntiva de aceptar pérdidas en relación con el costo de vida o sumarse al ejercito de desempleados. Pocas cosas hay que disciplinen tanto a una sociedad como la desocupación.
Ante un panorama bastante sombrío y en un año electoral clave para la continuidad del proyecto macrista, el presidente abrió las sesiones ordinarias del Congreso con un discurso que no tenía mucho que ofrecer hacia adelante y poco que exhibir hacia atrás, salvo la apelación a la herencia recibida. Pero es el segundo ejercicio que inaugura Macri y el recurso de recordar el pasado como una pesada carga se va agotando, mientras las encuestas reflejan la preocupación de grandes capas de la población que fueron clave para ganar el balotaje y ya no ocultan su descontento por un cambio que no es el que votaron el 22 de noviembre de 2015.
La nota saliente de aquel discurso del 1º de marzo fueron las críticas sobre la virulencia con que Macri se refirió no solo al anterior gobierno –deslizó nuevas sospechas por la muerte del fiscal Alberto Nisman, entre otras cosas– sino también al dirigente docente Roberto Baradel, el nuevo enemigo público del oficialismo. Baradel quedó en medio de fuego cruzado tanto del gobierno nacional, el bonaerense y los medios hegemónicos, que al igual que Macri, intentaron minimizar las amenazas que el dirigente y sus hijos habían recibido.
En la Casa Rosada, mientras tanto, se debate sobre cómo escapar a la tormenta sin perder demasiado en el camino. Y si el recurso de culpar a la gestión anterior de todos los males ya no causa el mismo efecto, el de «rebobinar» cada vez que los intereses económicos personales del presidente o de sus funcionarios chocan con los de la sociedad también se agota.
Revista Acción
Marzo 7 de 2017
por Alberto López Girondo | Feb 15, 2017 | Sin categoría
La CGT anunció una movilización para el 7 de marzo y un paro, sin fecha fija, para «la segunda semana» de ese mes. Se abrieron negociaciones a todo vapor en medio de los enfrentamientos internos dentro del sindicalismo. Debate por el perfil gremial.
Si algo mostró la masiva manifestación del 30 de abril de 2016 por el Día del Trabajador, es que el espacio del movimiento obrero podría convertirse en un baluarte de la oposición a las medidas más irritativas del gobierno de Mauricio Macri. El escenario de Paseo Colón e Independencia había juntado a las hasta entonces tres CGT y a las dos CTA en lo que se interpretó como el inicio de una escalada de reclamos por la pérdida de puestos de trabajo, poder adquisitivo y derechos laborales. Las más de 300.000 personas que habían ocupado de bote a bote las dos avenidas planteaban ese reclamo de combatividad que, sin embargo, se fue demorando en el tiempo.
En los meses subsiguientes, la caída de la actividad económica y la profundización de la crisis económica corrieron paralelas a negociaciones entre los distintos líderes sindicales y las autoridades. Como fruto de esas conversaciones, desde el gobierno decidieron abrir el grifo para pagar deudas con las obras sociales sindicales por unos 30.000 millones de pesos. El 22 de agosto se conformó finalmente el triunvirato para conducir una CGT unificada más por el espanto que por el amor. Héctor Daer, Carlos Acuña y Juan Carlos Schmid emergieron como las caras visibles de los sectores gremiales dentro de la central obrera cercana al peronismo.
Que no comulgaban en muchas de las iniciativas ni en las perspectivas frente al oficialismo era evidente desde antes de cerrar ese acuerdo. Pero hubo entonces una coincidencia que en sordina todos admitían: no convenía enfrentar drásticamente a un gobierno que había asumido pocos meses antes mediante el voto popular. Sobre todo ante un frente conservador que había llegado a la Casa Rosada enancado en los aires antipopulistas que destilaban los medios de comunicación.
Pero el inicio de 2017 trajo peores noticias. El aumento en el precio de los combustibles a mediados de enero y el tarifazo de la luz en febrero, que en nada contribuyen a la prometida baja en la inflación –41% en 2016, cerca de 2% en enero de este año– socavan cualquier intento de paz social que quiera ensayar una organización obrera, por más amigable que pretenda mostrarse. Más aún cuando los despidos en la actividad privada, con el añadido de la caída del consumo, golpean en el mismo sector asalariado que espera respuestas de la dirigencia y no la encuentra en la oposición política. Fue en este contexto que las CTA anunciaron la reunificación de la central, pero para 2018.
Shock eléctrico
El anuncio del ministro de Energía de un nuevo golpe al bolsillo de los argentinos, con subas de hasta 148% en la electricidad, fue difícil de digerir tanto para el ciudadano de a pie como para los empresarios pyme, que no logran despegar y ya computan miles de persianas cerradas desde diciembre de 2015. Las recomendaciones de Juan José Aranguren de reducir consumos de elementos ya esenciales para la vida en comunidad, como una computadora o un lavarropas, sin ir más lejos, generaron el punto de quiebre para convencer a los más realistas entre los dirigentes cegetistas de que algo tendrían que hacer.
Así fue que el 2 de febrero, en un debate áspero entre los distintos sectores que forman parte de la CGT, se anunció una movilización para el 7 de marzo y un paro general para la segunda semana de ese mes. La distancia a la movilización y la laxitud del anuncio de una huelga son síntomas no solo de la falta de consenso para enfrentar las medidas del gobierno, sino el deseo de negociar hasta última hora para que la sangre no llegue al río.
Se sabe que dentro del local de la Federación Naval donde se desarrolló el debate hubo pases de facturas. La división entre gremios de servicios y de la producción –por poner dos ejemplos extremos: metalúrgicos y trabajadores de estaciones de servicios– viven distintas etapas de esta realidad. Algunos tienen un día a día de despidos y suspensiones, los otros pueden capear mejor los temporales. Por otro lado, hay un grupo de gremialistas que fueron indispensables para sostener el modelo menemista en los 90, conocidos como «los Gordos» (entre ellos Carlos West Ocampo, de Sanidad; y Armando Cavalieri, de Comercio), que encabezan los grupos más afines a Macri y recibieron los mayores aportes a sus obras sociales. Como para devolver gentilezas a quienes rememoraron ese pasado, salieron a impugnar el acercamiento que gremios como la UOM y los albañiles tuvieron con los gobiernos de los Kirchner.
El secretario general de la Bancaria, Sergio Palazzo, hace tiempo reclama la elaboración de un programa de los trabajadores para enfrentar el embate contra derechos adquiridos. Radical de origen, Palazzo tiene buena llegada y sabe cómo moverse dentro de un mundo de tradición peronista como el de la CGT y les evoca asiduamente los programas combativos de La Falda y Huerta Grande en 1957 y 1962.
El gremio bancario logró aumentos en una paritaria corta con las cámaras que debía revisarse en mayo. El acuerdo no gustó en la Casa Rosada, que lo caratuló como un arreglo inflacionario y dio orden de no homologar al Ministerio de Trabajo. La puja llegó a la Justicia, que aceptó el pedido de amparo del gremio. Ahora es el turno de los docentes, que consiguieron que las provincias se sumaran a su reclamo de una paritaria nacional por área y no por distrito, como pretendían desde el Palacio Pizzurno. La oferta en la provincia de Buenos Aires era de un 18% con una cláusula gatillo si se dispara la inflación. Los gremios la rechazaron porque el año pasado se disparó la inflación pero el gatillo permaneció inmutable.
Revista Acción
Febrero 15 de 2016
por Alberto López Girondo | Dic 7, 2016 | Sin categoría
Foto: DIego Martínez
El vendaje en la mano derecha es la consecuencia no deseada de un partido de fútbol en Caracas con gente de la Cancillería. A Alfredo Serrano Mancilla, economista y académico español, director ejecutivo del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica. (CELAG) y asesor del presidente Nicolás Maduro, le gusta ir por el medio campo, pero no correr mucho. Dice que le gusta jugar al toque, como el Barça. Y eso que nació en la otra punta de España, en Cádiz. En esta charla con Tiempo analiza la crisis venezolana y la del Mercosur en el marco del triunfo de Donald Trump en EE.UU. y de la muerte de Fidel Castro en Cuba.
-¿Cómo interpreta la suspensión de Venezuela del Mercosur?
-Parece que hay una estrategia cada vez mas delimitada de las grandes potencias económicas internacionales de ir desintegrando cualquier bloque regional emergente, como ya han hecho con la Comunidad Andina de Naciones hace algunos años cuando la Unión Europea comenzó a tratar de país a país en lugar de bloque a bloque. En el acoso a Venezuela hay una intencionalidad de ir haciendo valer esta capacidad desintegradora.
-¿Qué puede pasar ahora con este organismo regional?
-Hace pocos días se aprobó un acuerdo complementario que era una de las exigencias-excusas que le ponían, eso debía terminar con los planteos jurídicos que se le hacían, pero es obvio que hay países que tienen la apuesta clara de expulsar a Venezuela alegando una cantidad de bobadas que casi no tienen sentido ni jurídico ni político. Un gobierno golpista como (Michel) Temer no puede presumir de dar lecciones democráticas en el marco del Mercosur, un gobierno como el de (Mauricio) Macri, que sigue manteniendo a Milagro Sala en la cárcel, no puede hacer ningún tipo de sugerencia democrática a un país como Venezuela. Mercosur es un bloque verdaderamente mucho más heterogéneo ideológicamente que hace unos años, lo que dificulta esa cuestión, pero no hay que olvidar que Mercosur tuvo como punto de partida un mercado común comercial, nunca fue como el Alba, la Unasur o la Celac, que tienen dimensiones políticas más fuertes. Qué ocurrirá con el Mercosur es muy difícil saber, porque si bien hay declaraciones de la canciller (Delcy Rodríguez) y del presidente (Nicolás Maduro) de que quieren estar en Mercosur, hay que recordar que cuando Venezuela entró se le aceptó la posibilidad de no suscribir tratados de libre comercio junto con el resto del bloque. Si Mercosur firmara un TLC con la Unión Europea, Venezuela tiene una cláusula que le permite no acabar en ese precipicio que sería para muchas economías. En eso fue muy cauteloso el comandante Chávez. Es más, me atrevo a decir que muchos empresarios en Paraguay, en Brasil y en Argentina estarían deseando acceder a un mercado interno como el venezolano, que sigue siendo muy jugoso a pesar de las dificultades económicas del país.
-¿Por qué no lograron acceder?
-Porque las propuestas de agresión política de sus gobiernos en estos últimos meses es contraproducente. Es muy contraproducente que (el presidente paraguayo Horacio) Cartes haga las declaraciones que hizo y que luego pida a escondidas que sus empresarios penetren en el mercado interno venezolano, lo mismo le pasa al señor Macri en Argentina. Los empresarios en ese sentido tienen intereses económicos muy pragmáticos y los gobiernos parecen que juegan por instancias más del Norte de sacar a Venezuela del mapa político.
-La situación política en ese país mejoró en estas últimas semanas, ¿es así?
-El dialogo es una iniciativa del propio gobierno con el apoyo de instancias internacionales como la presencia activa de Unasur, de ex presidentes de la región y del ex presidente español (José Luis) Rodríguez Zapatero. Todos han cumplido un papel relevante, han tenido una actitud positiva creyendo en el dialogo, respetando mucho la soberanía, no han sido injerencistas. La presencia final del Vaticano ha ayudado a que algunos sectores de la oposición que no querían ni estar, hayan cedido y me parece que eso ha rebajado mucho la tensión política y ha permitido canalizar el conflicto de cara al futuro, planteando mesas de diálogo en temas de política y economía.
-El diálogo revela que la oposición no tiene la homogeneidad que los medios intentan reflejar.
-Cuando uno elige un nombre lo que hace es mostrar al mundo de lo que carece. Llamar a la oposición Mesa de la Unidad Democrática es un desesperado intento de poner una etiqueta de lo que no son. La oposición en Venezuela es muy fragmentada y vienen de tradiciones históricas y políticas muy diferentes, hay gente de la ultraderecha fascista y otra que casi le da un codazo al de al lado para aparecer en la foto. Nadie acepta el liderazgo del otro, ni siquiera (Henrique) Capriles, que ha sido candidato en los dos últimos comicios. También está el presidente de la Asamblea, Henry Ramos Allup, el secretario de la MUD, Jesús Torrealba. A lo largo del diálogo se demuestra que no hay capacidad de ponerse de acuerdo, no han ido todos a la mesa y algunos siguen buscando la vía fascista. Todavía el partido más votado en las elecciones legislativas, aunque se perdió la mayoría, sigue siendo el chavismo, la oposición es infinitamente fragmentada y se nota.
-También parece un logro importante de Maduro que la OPEP tomara acciones para estabilizar el precio del petróleo.
-Nunca se ha valorado desde afuera el valor que tiene Venezuela en la OPEP, que no sólo es por la cantidad de petróleo que produce sino porque desde principios del siglo XXI (Hugo) Chávez tomó un rol clave en materia de la determinación soberana de los precios del petróleo por parte de los países productores y exportadores. Venezuela no sólo es importante cuantitativamente sino cualitativamente como marcador y eso hoy en día es clave. Venezuela ha sido de los países que han impulsado buscar espacios para entrar en un equilibrio en la cuota de producción de muchos de los países, como el caso de Arabia Saudita y la reinserción de Irán en el mundo petrolero después de los acuerdos nucleares con EE.UU. El precio del petróleo venezolano, que suele estar siete puntos por debajo del Brent, en 2014 era 88 dólares el barril en promedio anual, en el 2015 fue 44 y el primer trimestre del 2016 era 23. Hoy está en torno a 42 gracias a una política proactiva, soberana en materia de precios y ahora los ministros de los países de la OPEP discuten nuevas medidas en Viena con el agregado de Rusia, gran productor por fuera de la OPEP. Me parece que es casi irrefutable el papel que ha tenido el presidente Maduro. Pero siempre aparece opacado en los medios internacionales.
-¿Qué puede pasar en Venezuela y en la región con el triunfo de Trump?
-No hay duda que en la época de (Barack) Obama se han dado golpes de Estado muy fuertes, como Honduras, Paraguay, y ahora Brasil, más los intentos de derrocar a Chávez, a Maduro, a Correa, a Evo. No estoy exagerando y no creo que un futuro con (Hillary) Clinton hubiera sido mejor. Esto no niega que Trump tenga un papel muy agresivo en la política exterior en contra de la región latinoamericana, como lo mostró con México. En relación con Venezuela, después de un decreto que todo el mundo puede consultar de Obama declarando a Venezuela como un «enemigo amenazante», me parece que es difícil que Trump pueda redoblar esa apuesta. Seguramente la continuará y declarativamente pueda hacer algún tipo de disparate retorico. Venezuela es un país muy soberano, y con esto me quedo con cierta calma, sin que esto signifique que haya que estar tranquilo. No creo que en Venezuela puedan intentar hacer más de lo que ya hizo el señor Obama en el último tiempo.
-En relación con Cuba, sí podría haber un camino opuesto.
-La gran dificultad que tiene Trump, que parece que no le molesta, es tener que ir contra el mundo. Porque el mundo ha decidido ya hace años que el bloqueo es una locura, que la política es errada. Incluso la abstención de EE.UU. en la última votación demuestra que están en contra. Es difícil ir contra el mundo cuando hay un mundo que apoya y protege a Cuba en el sentido de las relaciones políticas y económicas, como China, Rusia, buena parte de Europa, buena parte de América Latina. Trump ha hecho declaraciones de que quiere desandar lo andado, habrá que ver cuánto puede echar atrás lo que se había avanzado con Obama, teniendo en cuenta que en ningún momento había levantado el embargo. O sea que Trump no tendría que volver a poner el embargo. A pesar de las buenas intenciones y de los acuerdos comerciales como la apertura de cuentas bancarias que se han ido produciendo en mínima medida, lo cierto es que no se levantó el embargo.
-¿Qué puede cambiar en el mundo con Trump?
-Creo que Trump retoma los viejos valores del nacionalismo-proteccionismo, lo cual no significa que no vaya a impulsar a sus trasnacionales con base y casas matrices en EE.UU. Muchas veces ha habido confusión, lo que Trump le está pidiendo al mundo es tener acuerdos comerciales desiguales de una manera clara. Es decir, que no penetren nada en EE.UU. y que EE.UU. siga penetrando en el mundo, lo cual es proteccionismo para un lado y libre comercio para el otro lado. Creo que esa es un poco la clave de la política exterior comercial de Trump y me parece que seguramente los grandes acuerdos como el transatlántico y el transpacífico seguramente van a estar condicionados por ese nuevo intento.
-Él dijo que el 21 de enero rompe el acuerdo TPP.
-Seguramente va a ser difícil predecir qué curso va a tener con las grandes marcas trasnacionales de EE.UU. Pero seguramente no va a permitir que esas grandes marcas internacionales no tengan los beneficios de los acuerdos de libre comercio que tienen afuera. Su problema es cuando estas grandes empresas no son productivas casa adentro. A nivel económico mundial reasulta interesante una nueva apuesta del señor Trump, más allá de las locuras políticas que va planteando. «
(Recuadro)
«No habrá antes y después de la muerte de Fidel»
-¿Qué cree que puede pasar en Cuba ahora que murió Castro?
-En los últimos años Cuba ha venido discutiendo los lineamientos de una nueva política económica. Se discutió mucho en todos los estamentos públicos, se ha discutido la aparición de los cuentapropistas con régimen tributario nuevo, están estudiando cómo reordenar los subsidios, el tema de la cartilla (de racionamiento), de las inversiones extranjeras directas, con nueva ley garantizando la soberanía que ha permitido la construcción del puerto Mariel, ha permitido entrada de capitales extranjeros con direcciones muy especificadas. En turismo han hecho grandes avances. No hay que pensar que va a haber un antes y un después de la muerte de Fidel. Va a seguir el modelo cubano garantizando soberanía hacia adelante, algo que parece innegociable. Cada vez que visito la isla y hablo con las contrapartes siento la maravillosa tranquilidad de que ellos tienen claro su estrategia de no negociar soberanía. Seguramente se tendrán que adaptar en algunos aspectos, lo han venido haciendo en los últimos años con este nuevo sujeto político que es el cuentapropista. Pero han sido muy inteligentes en ir reacomodándose a fenómenos económicos y políticos que estaban dándose por el propio proceso en la isla y en el mundo. El legado de Castro es muy vigoroso y Raúl tiene una calidad claveen materia económica y por mucho que digan que no hay cuadros, en Cuba lo que sobran son grandes cuadros políticos para seguir conduciendo la revolución hacia adelante.
Tiempo Argentina
Diciembre 4 de 2016
por Alberto López Girondo | Nov 23, 2016 | Sin categoría
Howard Waitzkin nació en un pueblo de Ohio en un hogar empobrecido por la gran crisis del ’30, y por razones que todavía hoy no puede entender, pudo recibirse de médico y mantener su compromiso con la comunidad y con un concepto de la medicina cada vez más enfrentado en uno de los mayores negocios en esta etapa de la globalización.
También es un referente de la izquierda en su país, donde cultivó la amistad de Bernie Sanders, el precandidato del partido demócrata que, asegura, podría haberle ganado la presidencia a Donald Trump.
Tiene razones para criticar la gestión de Barack Obama y el que aparece como tal vez su único legado, el Obamacare, al que compara con el Plan Nacional de Salud que presentó el gobierno de Mauricio Macri. «Son propuestas elaboradas por el Banco Mundial para beneficiar al sistema privado de salud», asegura.
–Si es que Sanders le hubiera podido ganar a Trump, ¿por qué no ganó la primaria demócrata?
–Porque le robaron la elección. Porque hubo represión a los votantes, especialmente en California, donde a los sectores marginales no los dejaron votar, los sacaron de la lista, cerraron puestos de votación y se armaron enormes filas de gente para votar. Además, porque se vota en un día de semana, cuando los trabajadores no pueden asistir.
–¿Por eso se negaron a votar luego por Hillary Clinton?
–Ella es la representante de la clase capitalista. Más que Trump, verdaderamente. El grupo Bill Clinton-Obama está en la línea de políticos que básicamente son de la clase capitalista que usan el simbolismo de líderes progresistas, ¿quieres datos?
–A ver.
–La propuesta de Hillary Clinton para la reforma de salud es la que Bill Clinton presentó en 1993, es la misma estructura de la reforma colombiana de 1994, que es la propuesta del Banco Mundial. Fue elaborada entonces por la vicepresidenta de una empresa de salud que después Bill nominó para ser procuradora de Justicia, Zoe Baird, que era vicepresidenta de Aetna, una de las mayores empresas privadas de seguros de salud de EE UU (N de R, Baird no pudo asumir el cargo porque se reveló que había contratado para trabajos particulares a inmigrantes ilegales durante años). Hillary recibió más dinero de las empresas privadas de seguro de salud que su oponente republicano para la campaña.Una directiva de otra empresa escribió los detalles de la propuesta del Obamacare, y Obama recibió en 2008 tres veces más dinero de empresas de seguro de salud que John McCain. Ese plan es básicamente el del BM en relación al uso de los fondos fiduciarios de seguridad social y en él se basa el sistema que propone Macri.
–No queda claro entonces por qué los republicanos se opusieron.
–Por el manejo de símbolos. Fue una operación brillante manipular los símbolos para decir que Obamacare es creación de la izquierda, cuando lo es de la derecha. Trump tiene más o menos la intención de destruir el Obamacare a pesar de haber sido un negocio brillante. Nunca en la historia del seguro privado las empresas de salud habían ganado tanto dinero como con el Obamacare.
–Se lo presentó como revolucionario y la impresión es que los republicanos obligaron a hacerle muchas modificaciones.
–Realmente no. El único debate fue sobre el aspecto del plan público, en competencia con el sector privado. Es que el sector público queda cada vez más debilitado porque le sacan dinero. Pacientes con dolencias complejas como cáncer, enfermedades prevalentes graves o accidentes van al hospital público, el resto queda en el sector privado. Es lo que pide el BM, crear una competencia que en realidad termina en un apoyo del sector público al privado, porque cada paciente costoso no va a los privados. Hablaron de un mayor acceso a la salud, pero en EE UU quedan 30 millones sin seguro de ningún tipo. Y el plan más barato tiene copagos deducibles de 10 mil dólares al año que debe pagar antes de recibir cualquier beneficio. Eso es el Obamacare.
–¿Por qué cree que ganó Trump?
–El triunfo de Trump fue esperado, aunque Hillary tiene más votos populares, llegará a superar los dos millones. A Trump lo votó la mitad de la mitad de los votantes y menos por la participación de otros partidos. El 50% de los votantes lo hicieron por enajenación, por pérdida de confianza en el proceso electoral y por la represión de votantes, como en la primaria. Pero el Partido Verde recibió 2% de sufragios y el Libertario 5 a 7 por ciento. Además, el voto para Trump es una minoría que no incluye inmigrantes legales e ilegales y la gente que no se registra, que son millones.
–La pregunta en todo caso sería cómo pudo ser nominado por los republicanos.
–Trump es un fenómeno particular. Él representa el enojo y la enajenación de la clase obrera blanca en los estados del centro del país como Ohio, Indiana, Michigan, Illinois, Wisconsin, donde los trabajadores perdieron sus empleos por los tratados de libre comercio. Las fábricas se van para México y luego a China, Cambodia, Vietnam, India. Eso lo mostró muy bien el artículo de Michael Moore publicado hace cinco meses, donde predecía que Trump iba a ganar. Trump combina populismo, racismo y fascismo, y la parte verdadera de relacionarse con trabajadores que han perdido mucho a través de esos acuerdos elaborados con la participación activa del Partido Demócrata. Hay un aspecto verdadero en él, porque tiene relación con ciertos organismos de la clase trabajadora, apareció en fábricas de Michigan y dijo que si una empresa usa el TPP y el Nafta para reimportar algún producto va a poner impuesto de 45 por ciento. Y tiene razón.
–Obama llegó como esperanza hace ocho años, ¿traicionó a sus votantes?
–Hubo una esperanza sin escuchar sus palabras como candidato. Fue la primera vez en mi vida que voté a un demócrata por la presión de mi hija, la que ahora está con Sanders. Él dijo voy a mantener los acuerdos de libre comercio, voy a bajar el esfuerzo de la guerra en Irak, dijo que iba a cerrar la cárcel de Guantánamo. Pero él fue el candidato de Wall Street, recibió tanto dinero de su campaña que pudo rehusar el financiamiento público que le correspondía. Y fue financiamiento de aseguradoras de salud, de bancos, de Wall Street y de millones de contribuciones pequeñas con esperanzas de cambio. Siguió con las mismas políticas que Bush, tal vez cambió algo con Cuba, aunque por la posibilidad de aumentar las ventas.
–Qué puede pasar con los votantes de Sanders, ¿hay posibilidad para la izquierda en EE UU?
-Hay una enorme posibilidad pero no a través de elecciones. Hay una famosa frase de Emma Goldman, enfermera de salud pública y anarquista: «Si el voto sirviera para cambiar algo ya lo hubieran declarado ilegal.» Y es así. Las elecciones tratan de símbolos y aun por la izquierda o la derecha la estructura del sistema capitalista no cambia mucho. No soy exactamente leninista, pero estoy muy de acuerdo con la predicción de Lenin de que el imperialismo es la etapa superior de capitalismo y produce regularmente crisis fundamentales. La de 2008 fue ejemplo totalmente consistente con la predicción. Los dos métodos para incrementar ganancias hoy son primero la guerra permanente, eso que Naomi Klein llama capitalismo de desastre, creando guerras para destruir infraestructura y abrir la posibilidad de hacer negocios con la reconstrucción. El otro es crear ficción con instrumentos de finanzas como los paquetes de riesgo y de crédito. Es un capitalismo que depende del socialismo para los ricos. En cada crisis socializan a los bancos y las automotrices, como pasó con General Motors. En este contexto, en mi opinión tenemos que avanzar en las luchas populares. Y no seguir con esta orientación capitalista que no funciona y no va a funcionar. Sanders tiene razón de convocar al socialismo como una posibilidad para los sectores pobres y marginalizados. Él dice que no es para ganar elecciones sino para usar el proceso electoral en concientizar a la población que no tiene poder.
–¿Que va a pasar con Trump, es un desastre universal?
–¿Desastre universal? No, yo creo que es una gran oportunidad. Ya no hay Tratado Transpacífico de comercio. Con Hillary no podías esperar nada de eso. Es cierto que eso también se debe a nuestra lucha de años. Es una oportunidad a pesar de los riesgos de fascismo, racismo, sexismo, pero se puede avanzar y resistir el sistema del BM, del FMI y de la OMC. Hay manifestaciones de todas las ciudades importantes, más o menos como las de Ocuppy Wall Street, que fueron reprimidas por la policía de Obama. Mi propia hija está en las calles en protesta por el sistema electoral. No sé qué va a pasar pero garantizo que habrá lucha.
Recuadro
Un socialista en primera persona
«Soy de una familia de trabajadores con una vida muy precaria. Mis padres siempre vivieron así, con un enfoque sindicalista. Mi abuelo fue agricultor, trabajaba en su pequeño terreno para producir alimento en un pueblito de Ohio. El salió de Letonia resistiendo la conscripción para el ejército del zar, llegó a EE UU y comenzó a cultivar un terreno que perdió durante la Gran Depresión. Se dedicó a pintar casas, fue sindicalista, militaba por Eugene Debs, que durante cuatro elecciones nacionales fue candidato por el Partido Socialista y llegó a obtener 12% de los votos. Es una historia muy poco difundida que no enseñan los libros. Hay dos razones para que eso ocurra, la primera es el manejo de la hegemonía a través de los medios de comunicación, que crean en los trabajadores la expectativa del mejoramiento a través del capitalismo. Y también la represión: matan gente, encarcelan gente. Hay gente del Partido Comunista de EE UU todavía en el exilio. Debs fue encarcelado como candidato socialista, esa es la historia del manejo de la hegemonía y la represión. La mayoría de mis amigos de la juventud murieron en Vietnam o están en posiciones precarias. Yo, por razones que todavía no entiendo, tuve la suerte de tener consejeros, guías, que me permitieron llegar al mundo de la academia y la medicina a través de becas y mucho trabajo. Por razones que tampoco entiendo tuve la suerte de poder mantener mi perspectiva como cuando era joven, mantener la posibilidad de servir a mi propia comunidad. Sigo trabajando como académico más o menos jubilado, tratando de enseñar en lugares como Nuevo México, con muchos alumnos marginalizados, indios, latinos, pobres. Y como médico en clínicas comunitarias en el sector publico.»
Tiempo Argentino
Noviembre 20 de 2016
La foto es de Tiempo Argentino
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