Para la ministra de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto de la Argentina, todos los chinos son iguales. Se entiende que para el Partido Comunista de China también, pero cuesta creer que la canciller vernácula se haya querido referir a eso. Tan dogmático es el gobierno de Javier Milei, contra toda lógica diplomática, que Mondino tuvo que salir a calmar el frente externo luego de haber fustigado a Lula da Silva y a la RPCh, una nación con la que Argentina entabló relaciones en febrero de 1972, cuando todavía estaba en el poder la dictadura del general Alejandro Agustín Lanusse, que se avino a los tiempos inaugurados por Richard Nixon meses antes al reunirse con Mao Zedong en Beijing. Todos ellos «zurdos de mierda», según el pensamiento del actual inquilino de la Quinta de Olivos.
Como de aquellos polvos vienen estos lodos, ahora resulta que los dos principales socios comerciales de Argentina son Brasil y China y que además el país necesita no sólo de las inversiones que puedan llegar desde el gigante asiático sino que le perdonen la vida con los 5000 millones de dólares en swaps que vencen en junio. Tanto cacarear para esto, dirían en el barrio.
Con Brasil la cosa pinta parecida pero el líder metalúrgico –válgame Dios con la democracia– todavía no dio señales de haber leído la carta que le hizo llegar Milei días atrás. Debe estar muy ocupado, quién sabe.
Por estos días anduvo por China otro cercano al presidente argentino, su nuevo amigo el magnate sudafricano-estadounidense Elon Musk. Suele replicar posteos de Milei en la red de su propiedad, X, y celebra sus discursos anti-zurdos y pro empresa privada. Lo recibió en su anterior viaje a Estados Unidos como un héroe y se sacó una foto con él, con los pulgares para arriba y la trompita haciendo puchero, un gesto tan característico del «fenómeno barrial».
Pero si algo sabe Musk es que no es recomendable comer vidrio. Sucede que el hombre es propietario de una de las fortunas más grandes del planeta. Eso suele variar por cotizaciones de bolsa y ese tipo de minucias, de manera que no conviene entrar en detalles pero siempre está entre los tres del podio. Y entre sus empresas figura Tesla Inc., que fabrica autos eléctricos.
El domingo pasado, Musk viajó sorpresivamente para entrevistarse con el primer ministro Li Qiang, dice el portal Bloomberg, el principal de la economía y las finanzas internacionales. Necesitaba la aprobación para desplegar las funciones más avanzadas del manejo autónomo de sus vehículos en ese colosal mercado.
El director del Centro de Regulación y Gobernanza Global de la Universidad China de Hong Kong-Shenzhen dijo que este encuentro se inscribe en «un panorama más amplio en el que el Gobierno de Beijing y los gobiernos locales quieren abrirse más a la inversión extranjera», reporta Bloomberg.
El medio agrega que la relación con Musk es óptima. «Tesla fue el primer fabricante internacional de automóviles en operar sin tener que formar una empresa conjunta con un fabricante local, una excepción que no se concedió a empresas como Volkswagen AG o General Motors Co. (GM)», agrega el portal. ¿Será que Elon Musk es otro zurdito despreciable? Si es así no se entiende por qué pidió verlo mañana en Los Ángeles.
Es difícil prever el impacto de la multitudinaria marcha del martes 23 de abril en la vida política nacional, pero que removió el avispero fue algo muy evidente. Y en el entorno del presidente Javier Milei lo sospechaban desde antes. Por eso tuvo tres intervenciones públicas casi al hilo para tratar de sostener su imagen ante lo que imaginó, con razón, una tormenta en contra en vista del malestar de gran parte de la sociedad por las medidas económicas que puso en marcha desde el 10 de diciembre. En el discurso del viernes en el hotel Llao Llao ante los empresarios más beneficiados por su plan económico, el presidente dijo que el que fuga dólares «es un héroe, (porque) logró escaparse de las garras del Estado». Un argumento que combina perfectamente con el de Mauricio Macri, cuando afirmó que «en este país para ganar plata hay que evadir impuestos» y el del actual inquilino de la Casa Rosada llamando a no pagar impuestos en la provincia de Buenos Aires. El lunes 22, horas antes de la marcha en defensa de la universidad pública, Milei celebró desde un mensaje en cadena nacional de 16 minutos haber «logrado alcanzar el superávit financiero en tan solo un mes de gobierno». El miércoles, en la más histriónica de sus presentaciones, en el foro de la Fundación Libertad en Parque Norte, luego de burlarse de economistas de su propio palo que cuestionan el rumbo de sus medidas, y en lo que se pareció a una clase de economía para principiantes, aleccionó que entre las primeras monedas de intercambio en la historia de la humanidad estuvo la sal, valiosa porque «permitía que tenga gusto a algo la comida», que de otro modo sería «una cosa horrible». En todas estas apariciones el primer mandatario se enorgulleció del brutal recorte de presupuesto y ninguneó a quienes avizoran no solo que no hay un plan de estabilización detrás de esas jugadas, sino que el superávit que muestra no es sostenible en el tiempo ya que se basa en licuación de haberes de jubilados, postergación de pagos de importaciones y de ajustes que no podrán persistir sin que las protestas populares se incrementen. Algo de eso habían detectado desde el Ministerio de Economía, que insólitamente, tras percibir el enojo por los escandalosos aumentos en las cuotas de las prepagas, ordenó retrotraer los valores a diciembre, devolver lo supuestamente cobrado de más y actualizar solo por el índice de precios. Por si fuera poco, presentó un amparo judicial al que las empresas proveedoras respondieron: «Lo que está intentando obtener de la Justicia no es una decisión que involucre un conflicto entre partes adversas –caso judicial– sino la derogación judicial de lo dispuesto por el DNU 70/2023 y su reglamentario 171/2024». O sea, que la Justicia vaya contra una medida que dictó el propio Gobierno que hace el reclamo. Solo en ese escenario enrarecido se explica el discurso en cadena nacional, pero también el intento posterior de minimizar el mazazo que significó la marcha de estudiantes, dirigentes sindicales y políticos que contó con la convocatoria de los rectores de todas las universidades públicas y que movilizó a seguramente un millón de personas en todo el país. Tan importante fue y tan revelador, cuando la narrativa libertaria parecería haber calado hondo en la sociedad argentina como para haberle dado la mayoría en balotaje a Milei, que hasta la dirigencia más amigable y comunicadores aliados del Gobierno salieron de inmediato a dar un giro en el aire.
A dos bandas en el Congreso Desde los medios hegemónicos –muchos de ellos conducidos en programas centrales por egresados de instituciones públicas– recomendaron entonces a Milei que bajara un cambio y escuchara lo que dijeron las calles. Que, por otro lado, no es que se hayan expresado en un mensaje coincidente sobre el estado de cosas que se vive. Muchos habrán votado seguramente por La Libertad Avanza y a Juntos por el Cambio y acuerdan en la necesidad de bajar la inflación. Pero no sería osado decir que entienden a la educación pública, gratuita y de calidad como parte del ADN argentino desde muchas generaciones y que ahí hay un límite. Buscar reducir la cifra de manifestantes –un negacionismo propio de esos espacios reaccionarios– o pretender caratularlo como golpista o kirchnerista, o como hizo la vicepresidenta burlándose en un tuit de la fallecida Hebe de Bonafini, fue una reacción destemplada y de poco vuelo que duró poco. Lo concreto es que radicales y peronistas no K mostraron su adhesión –hasta Horacio Rodríguez Larreta se mostró en las redes– porque olfatearon que algo se estaba cocinando en esa olla a presión en la que el ajuste del Gobierno somete a la población. Percibieron con razón que hay un caldo de cultivo para algo que no saben qué es, entre gente que le había dado su apoyo a Milei para tener un horizonte creíble en el futuro y que ahora va viendo que por ahí tampoco era. El caso sería quién interpreta esa melodía y con quienes están dispuestos a ir de la mano quienes se pretendan protagonistas de lo que venga.
Diputados. El oficialismo logró aprobar en comisiones los proyectos de la Ley Bases y el denominado paquete fiscal.
Foto: NA
Había ocasión de dar muestras del nuevo registro el pasado miércoles, cuando algunos de los que habían marchado en favor de mayor presupuesto para la educación superior –el titular del bloque radical, Rodrigo de Loredo, fue el más notorio en su ambivalencia– no bajaron para dar quórum en el pleno de la Cámara Baja para tratar una iniciativa de Unión por la Patria acerca de dicho presupuesto. Ahí quedó expuesta la fractura en la UCR en algo que también forma parte de su ADN como es la educación pública, ya que solo faltaron cinco para abrir la sesión. En el Senado, Martín Lousteau, el presidente del partido, presentó en consecuencia su propio pedido para tratar una norma similar. Los diputados rosqueaban en otro estadio. Y el jueves aprobaron en comisión el renovado proyecto de la Ley Bases del oficialismo y, como cuestionaron desde UxP, metieron bajo cuerda una reforma laboral. En esta jugada participaron, además de la UCR, el PRO y Hacemos Coalición Federal, el bloque liderado por Miguel Ángel Pichetto. La nueva ya no tan megaley autoriza a privatizar Aerolíneas Argentinas, Aysa, Correo Argentino y Radio y Televisión Argentina, entre otras empresas púbicas, y deja afuera al Banco Nación. Le da facultades especiales al presidente para eliminar organismos públicos y en el plano laboral, la iniciativa que saldrá este lunes al plenario, plantea aumentar el período de prueba a seis meses, elimina las multas por mala registración y proyecta crear un fondo de cese laboral en lugar de las indemnizaciones. El llamado «sistema UOCRA», por el que se utiliza en el gremio de la construcción. Por otro lado, de aprobarse la normativa, los trabajadores de la cuarta categoría volverán a pagar impuesto a las ganancias desde 1,8 millones de pesos. Ellos no será los héroes de esta historia, ya que no están en condiciones de evadir o fugar divisas. Mala de ellos.
El regreso En el principal armado opositor, envuelto aun en la crisis posderrota electoral, la reaparición pública de Cristina Fernández es un dato relevante. Por un lado, instó a superar las discusiones internas. Invitó a sus compañeros a no ir a estudios de tevé «a putear a otro compañero», en lugar de hablar, por ejemplo, del golpe al bolsillo popular que significan los brutales aumentos tarifarios de las últimas semanas. La expresidenta fustigó al modelo en marcha por sus graves consecuencias sociales. «En el discurso del lunes en Cadena Nacional, el presidente dijo que la recuperación y el crecimiento van a venir de cuatro lugares. Petróleo, gas, minería y el campo. Nos preanuncia una economía de carácter extractivista, precapitalista. Me hace acordar a la argentina del virreinato del Río de la Plata. Más que anarcocapitalismo, me suena a anarcocolonialismo, en eso no estamos de acuerdo», manifestó. Fernández analizó en detalle la situación de la energía y la educación y llamó a discutir estos temas en la agenda política, vinculándola a las necesidades de la gente. Y brindó algunos datos muy interesantes. Por caso, dijo, solo con los beneficios fiscales que se otorgan a Mercado Libre se cubrirían las necesidades presupuestarias de las universidades públicas. En resumen, queda por ver en las próximas semanas el impacto de esta intervención en el plano nacional y, fundamentalmente, en Unión por la Patria.
Lo destacable del Gobierno de Javier Milei y especialmente del presidente de los argentinos es que nada de lo haga o diga debería llamar la atención. Porque a lo largo de su exposición mediática, tanto como panelista de tevé como en su campaña electoral, mostró todas sus rendijas de un modo se diría que transparente. Y una de sus aristas más relevantes es su poco apego a los intereses y necesidades del país. De modo que haber hecho flamear la bandera del Estado de Israel en uno de sus actos proselitistas o decir que la moneda nacional –en la que mal que mal todavía se ven algunos próceres nacionales– es excremento sería apenas lo mínimo. No es que el mandatario de La Libertad Avanza haya inventado ese desprecio por lo argentino, algo que le remarcó el presidente mexicano en un reciente cruce por las redes sociales. En la historia nacional no es el primero. Todavía se recuerda el discurso de Mauricio Macri en el acto central en la Casa de Tucumán por los 200 años de la declaración de Independencia, el 9 de Julio de 2016, cuando para congraciarse con Juan Carlos de Borbón, el escandaloso rey emérito, le dijo que «los patriotas debían haber sentido una gran angustia por tener que separarse de España». Poco antes, el 24 de marzo, cuando se recordaban los 40 años del golpe cívico-militar, había recibido al presidente de Estados Unidos, Barack Obama. Milei, para no ser menos que el expresidente, dejó las puertas de la Casa Rosada abiertas para que el director de la CIA, William Burns, a horas de la marcha por el día de la Memoria, la Verdad y la Justicia, se reuniera con el jefe de Gabinete, Nicolás Posse, y el titular de la Agencia Federal de Inteligencia (AFI), Silvestre Sívori. Hace ocho años al menos Obama se comprometió a desclasificar algunos documentos de la represión en manos de la Agencia de Inteligencia, cosa que se cumplió seis meses más tarde. Ahora el mensaje es reivindicativo de la barbarie.
Símbolos y señales En un capítulo de la exquisita serie de televisión italiana Montalbano, basada en las novelas de Andrea Camilieri, el protagonista, el comisario Salvo Montalbano, analiza con uno de sus ayudantes un cuerpo sin vida y arguye que el crimen tiene todas las características de ser obra de la mafia. «¿Cómo lo sabe?» le dice el inspector Giuseppe Fazio. «Hay toda una simbología que usa la mafia», responde, y pasa a detallar.
Presencia colonial. El Gobierno argentino no repudió la visita del canciller británico David Cameron a Malvinas en febrero de este año.
Foto: Getty Images
La gira de la jefa del Comando Sur, la generala Laura Richardson, iniciada el 2 de abril, tiene mucho de esa simbología que gustoso acepta el Gobierno nacional, que dijo presente en Ushuaia con Milei vestido de uniforme de fajina azul y el ministro de Defensa, Luis Petri, con pose militar. Otro detalle simbólico que tampoco es nuevo en gestiones derechistas. Ushuaia es la capital de la provincia de Tierra del Fuego, Antártida e islas del Atlántico Sur y allí el recuerdo de la Guerra de Malvinas tiene una fuerte impronta. El gobernador Gustavo Melella declaró a la militar estadounidense «persona no grata» y en consecuencia se negó a reunirse con ella. No es la primera vez que la generala está en Argentina. Hace justo dos años mantuvo un encuentro con la entonces vicepresidenta, Cristina Fernández. Desde que asumió su cargo, en octubre de 2021, la comandante de las fuerzas estadounidenses, que tiene como objetivo vigilar y custodiar el Atlántico sur a la manera de un «patio trasero» marino, se fijó como tarea marcar agenda de los intereses estadounidenses. También de manera transparente, hay que reconocerle. Y sus intereses son los recursos naturales, especialmente el litio, y correr de la región a China. Conviene recordar que, junto con la creación de la Unasur, aquel eje de la integración que las derechas alineadas con EE.UU. se encargaron de desactivar, se lanzó el Consejo de Defensa Suramericana, que había declarado a Sudamérica como zona de paz y buscaba fortalecer la unidad de las naciones. Esta concepción de la estrategia militar en las Fuerzas Armadas planteaba como hipótesis de conflicto la defensa de los recursos naturales, entre ellos el agua y el litio. Era una respuesta tardía pero potente a lo que se pudo comprobar en 1982 con el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (Tiar), creado por EE.UU. en el marco de la Guerra Fría y que prometía la defensa de cualquier país del continente que fuera atacado por una potencia extranjera: era un instrumento de sumisión liso y llano. La gestión Milei se propone reeditar esa sumisión en otras «relaciones carnales» como las que ensayó el menemismo en los 90. Y las señales que dio Milei desde que asumió fueron escalando aceleradamente. Inauguró sus relaciones exteriores con provocaciones a China y Brasil y renunció a formar parte de los Brics ampliados en los últimos días de 2023. ¿Cómo respondió a la visita del canciller británico David Cameron a Malvinas en febrero, antes de la cumbre de cancilleres del G-20 en Brasil? Con una preocupante pasividad de la Casa Rosada y el Palacio San Martín que repitió luego ante la ampliación de la zona exclusiva de pesca en torno del archipiélago posterior. Malvinas, hay que insistir, es una base de la OTAN, no solo del Reino Unido.
Sonrisas. Con atuendo militar, Milei se reunió con Laura Richardson en Ushuaia.
Foto: NA
Ya en marzo, la Administración General de Puertos firmó un convenio para que el cuerpo de ingenieros del Ejército estadounidense pueda ejercer tareas en la Hidrovía. Por otro lado, firmó la compra de 24 aviones F-16 de fabricación estadounidense actualmente en manos de la Aeronáutica de Dinamarca, dejando de lado una oferta de aeronaves JF-17 Thunder fabricadas en conjunto por China y Pakistán que según todo indicaba, eran más convenientes para las FFAA, pero preocupaban a Estados Unidos y Gran Bretaña. En 2022, Richardson presionó al entonces ministro Jorge Taiana para ofrecer los F-16 daneses. Estratégicamente, un Gobierno que quisiera tener presencia en el mar argentino debería tener opciones de repuestos y entrenamiento distintos de los que pretende la OTAN. Otra señal: el vocero presidencial Manuel Adorni confirmó que en mayo llegará a estas costas el portaviones de propulsión nuclear USS George Washington, mientras adelantó la posibilidad de que se analice el convenio firmado con China en 2012 por la planta espacial china en la localidad neuquina de Bajada del Agrio. El embajador Marc Stanley, en lo que debería ser considerada una intromisión en los asuntos nacionales, había declarado a medios proestadounidenses locales que no entiende como «Argentina permite que las Fuerzas Armadas chinas operen en Neuquén», un dato falaz. La ofensiva contra las relaciones con China, que el propio Milei denostaba desde antes de la elección, es el eje de este nuevo alineamiento sin balanceo que como ya ocurrió entre 1976-1983 y 1989-1999, para no ir más lejos, probó ser nefasto para los intereses nacionales. Salvo que se cambie el sentido del lema «la Patria es el otro» del kirchnerismo y se admita públicamente que ese otro ya no es el que se cobija bajo la bandera celeste y blanca.
El escenario lucía espectral. Media luz cenital a pedido del invitado más esperado de la jornada, dicen que para que su figura no se vea desmejorada, un tema que parece desvelarlo especialmente. Y allí, ante un publico por momentos exultante, el presidente Javier Milei anunció, entre otras intenciones de un Gobierno que se acostumbra a endulzar los oídos de las corporaciones, una nueva andanada de despidos. «Echamos 50.000 empleados públicos. No solo eso, sino que se dieron de baja contratos. Y fíjense que se están cayendo más contratos. Y van a caer 70.000 contratos», se ufanó, ante los acaudalados asistentes al IEFA Latam Forum, un encuentro organizado por el ahora fuerte empresario José Luis Manzano en el hotel Four Seasons de la Ciudad de Buenos Aires. Que un Gobierno neoliberal deje a miles de personas en la calle es por estas latitudes una conducta de manual; pero si alguna vez hubo cierta consideración en ese tipo de malas noticias, desde la administración de Cambiemos (2015-1019) ya no hay delicadeza que valga. Sucede entonces que «portavoces» mediáticos y trols que responden a la Casa Rosada en las redes sociales se solazan en denigrar a quienes serán despedidos mediante campañas que hacen dudar de la condición humana de quienes las emiten. Lo peor es que ese mensaje prende en sectores de la sociedad que aceptan esa descalificación –«ñoquis, inútiles, grasa militante»– como argumento para despidos que, por otro lado, se están extendiendo a trabajadores privados por el impiadoso ajuste del mandatario anarcocapitalista. El presidente aludía en el foro a que efectivamente finalizan contratos de personal en toda la administración pública. Luego, el vocero oficial, el tuitero Manuel Adorni, centró la cifra de expulsados en esta etapa en unos 15.000, aunque aseguró que «el resto se renovará por otros seis meses y luego se seguirá avanzando», en dejarlos a la intemperie. En algunos casos, los contratos datan de más de dos décadas, o sea que transitaron por varias gestiones en el Poder Ejecutivo sin haber sido incorporados a la planta oficial. Por lo pronto, la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE) anunció un paro y movilización en todo el país para frenar la sangría.
Debilitamiento «En los 90 abrazamos la consigna: “Fortalecer el Estado para liberar la nación”, y resulta que la fortaleza o debilidad del Estado depende de quien lo mire –dijo el secretario general del gremio estatal, Rodolfo Aguiar, en Radio con vos–. Si lo mira la Asociación Empresaria Argentina (AEA), el Estado se está fortaleciendo. Si lo miramos nosotros se está debilitando». Y avanzó: «Cuando decimos que sus políticas intentan destruir el Estado, en realidad lo que está pasando es que se está destruyendo el Estado de la gente y se está construyendo el Estado de los grandes grupos empresarios». Con el simple expediente de no renovar contratos, ya perdieron su trabajo empleados en varias Unidades de Atención Integral (UDAI) de la Anses y en algunos casos se cerraron esos centros de atención definitivamente. Ocurrió algo similar en el PAMI, también se anunció el cierre del Instituto de Agricultura Familiar, Campesina e Indígena (Inafci) y se redujo el plantel en el Centro de Alto Rendimiento Deportivo (Cenard) a pocos meses de los Juegos Olímpicos de París. Esas y otras «joyas» muestra Milei ante empresarios que aplauden este tipo de «valentía» política. De allí que el líder de La Libertad Avanza (LLA) no tenga problemas en contar en esos foros no solo chistes más propios del viejo teatro de revistas y en jactarse de que su plan consiste en «licuadora y motosierra». Lo cual no deja de ser absolutamente cierto; y si no que lo digan los jubilados y pensionados. Lo que muchos ya están percibiendo es que «la casta» no eran los que se prometía sino también los trabajadores de empresas privadas. Un poco por la brutal recesión que se expande aceleradamente y otro porque parte del «déficit cero» y el incremento de reservas en el Banco Central se construyen con las limitaciones al acceso de dólares y, por tanto, la falta de insumos industriales. No extraña entonces que la siderúrgica Acindar, la Petroquímica Río Tercero, las automotrices Toyota y General Motors, la fabricante de artefactos del hogar Longvie entre otros informaran despidos y suspensiones. Cierto que a las dificultades por la actividad económica y las importaciones los empresarios le agregan una dosis de presión para condicionar las paritarias, por las dudas no funcione la amenaza del ministro de Economía de pisar las homologaciones de aumentos a un 14% para marzo y 9% para abril.
Con la ciencia no. El ajuste de Milei alcanza a todas las áreas del Estado.
Foto: Federico Imas
Violencia digital Difícilmente esta ola de despidos se podría realizar de una manera tan arbitraria sin las falsedades y ultrajes que esparce el batallón de trols que trabajan para el Gobierno. En tiempos en que el bullying en redes resulta tan peligroso como efectivo –cómo será que hasta Mirta Legrand confesó que prefiere callar por los ataques–, resaltan algunos personajes que hasta ahora parecen impunes. El todavía incierto cierre de la agencia Télam y los despidos en Radio Nacional y en la TV Pública fueron precedidos por brulotes sobre la decencia de los trabajadores de esos medios. Demostrando que las razones no tienen fundamento económico, cada uno de los lugares donde va a haber expulsiones, genéricamente, es un «nido de ratas» y de corruptos. Sin más argumentos. Eso le pasó a Lucianna Sola Suquet, empleada en la embajada argentina en Francia. Primero hubo ataques en las redes y luego Adorni la tildó poco menos que de delincuente que cobra 9.000 euros al mes. En una entrevista radial Sola Suquet aclaró que ella vivía en Francia porque su marido es francés, que entró por concurso ganando 1.500 euros y ahora su ingreso era de 4.500 euros. «No soy delegada ni agregada, sino empleada local como los otros trabajadores que estamos bajo legislación francesa. Trabajo acá desde hace 17 años, con diferentes Gobiernos, lo que demuestra mi imparcialidad. Soy personal técnico, más allá de que tengo un máster en la Sorbona de París en Turismo. Nada más lejos de pertenecer a una casta, soy una laburante», dijo, tras añadir que había votado a Milei: «No pongo en tela de juicio la decisión del Gobierno dentro del plan de austeridad, pero no comparto ni acepto la forma. Sé que un contrato laboral se puede terminar, pero en un marco de respeto profesional y personal que no se dio en mi caso». Por lo tanto, dijo que iba a iniciar acciones legales por calumnias e injurias. El ataque indiscriminado contra los declarados enemigos de LLA hizo recular al secretario de Agricultura Fernando Vilella, quien padeció agresiones luego de haber retuiteado un posteo en la red X del titular de la UCR y senador porteño Martín Lousteau. «A partir de mañana no formás más parte del Gobierno. Nos vemos», amenazó en esa plataforma el Gordo Dan, uno de los infantes de esa armada libertaria. Para ¿cuidar el puesto o calmar a los violentos? Vilella replicó «fue un error». Bajo el seudónimo de Gordo Dan se escuda Daniel Parisi, uno de los más agresivos trols, junto con otro que parece haber encontrado conchabo en el mismo Estado que injurian: Juan Doe, el alias de Juan Pablo Carreira. Hay que reconocerle a Parisi –Gordo Dan– la sinceridad de reconocer el real objetivo de LLA en el Estado. «Hay que involucrarse muchachos. Somos la línea ideológica que ganó las elecciones, pero eso no alcanza. Se necesitan desplegar fuerzas de ocupación para ir cubriendo todos los puestos más importantes en el Estado, que hoy en día están ocupados todos por “kukas”», dijo en Break Point, el programa de Youtube que conduce junto con Mariano Pérez. El estratega de las redes –indican los que conocen la trama de ese espacio en el que LLA demostró ser muy ducha– es Fernando Cerimedo, que trabajó para Jair Bolsonaro y tiene causas abiertas en Brasil por el intento de golpe de Estado contra Lula da Silva del 8 de enero de 2023.
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