Rodrigo Nunes pasó por la redacción de Tiempo horas antes de presentar su libro “Bolsonarismo y la extrema derecha global”, que editó Tinta Limón. Buena ocasión para hablar de similitudes y diferencias con el actual gobierno argentino. Uno que, habrá que reconocer, hace un año, era impensable de este lado de la frontera. “Nosotros también decíamos que algo como Bolsonaro no podía pasar en Argentina porque habían hecho los juicios a los militares”, reconoce este profesor del Departamento de Filosofía de la Pontificia Universidad Católica de Río de Janeiro.
-Ahora muchas cosas se replican, pero no todas: la bandera brasileña está identificada con el bolsonarismo. Milei se jacta de que muchos seguidores llevan la bandera de Israel. ¿Qué tipo de nacionalista es Bolsonaro?
-El bolsonarismo es una convergencia de distintos elementos que estaban ya presentes en la sociedad. Uno es el ultraliberalismo o libertarianismo de mercado, mucho más fuerte aquí, y esto quizás sea una diferencia incluso desde la capacidad de movilización de Milei. Se comprende que sea más importante en Argentina por la crisis económica y porque es el origen del personaje, mientras que Bolsonaro tiene el perfil de un capitán del ejército durante la dictadura. El libertarianismo económico en Brasil estuvo presente al final en las redes sociales, pero los que salían a la calle son los que se llaman patriotas. Ese título tiene más una identificación imaginaria con un período de la dictadura “en que las cosas andaban bien”, la gente sabía su lugar en la sociedad. Este es un elemento de identificación grande con la bandera y los símbolos nacionales, pero tiene que ver con el conservadurismo social, esto de la batalla cultural, que ahora Milei intenta traer.
-Para Bolsonaro entonces, Patria es orden social.
-Un orden que incluso justificaría ir más allá de la ley y de la propia Constitución. Para los patriotas que estaban sentados frente a los cuarteles tras la última elección, esperar al golpe era esperar que se afirmara el orden contra la misma Constitución . El orden son las relaciones tradicionales de poder en la sociedad brasileña.
-Por eso no se le perdonaron al PT cosas que se le perdonaron al bolsonarismo.
-La justificación psicológica es que todo es aceptable ante la amenaza existencial de una venezuelización por la decadencia de los valores morales. La retórica bolsonarista ha logrado construir que hay una amenaza comunista a los roles tradicionales de género, a la “tradicional familia brasilera”. La sensación de que la izquierda nos está quitando nuestro mundo y hay que luchar inmediatamente justifica todo.
-¿Qué componente del movimiento de Trump hay en el bolsonarismo?
-El bolsonarismo se inspira muy claramente en las estrategias de comunicación de la derecha norteamericana. Allí hay una vieja clase obrera blanca que se siente desplazada y abandonada y la extrema derecha logra presentarles como explicación que no han sido desplazados por la globalización, porque las fábricas se han mudado a México o China, sino porque vinieron los mexicanos, o se han dado privilegios a los gays o a las mujeres o a los negros o lo que sea.
-Hay una frase en tu libro relacionada con la pandemia, la idea de que no hay suficiente lugar en la Tierra para todos. El “que se mueran los que se tengan que morir” que Milei aplica en relación con el hambre de grandes sectores sociales.
-Existe la constatación de la fuerza inercial de los cambios subjetivos tras cuatro décadas de ajustes neoliberales, y en particular lo que llamo “solidaridad negativa”: “esto que me pasa a mí le tiene que pasar todos y no quiero saber que nadie tiene alguna ventaja que no tengo yo”. Es una lógica sacrificial que se expresa de manera muy clara durante la pandemia. Yo creo que era el vicegobernador de Texas que dijo “la gente está preocupada por su vida, pero hay cosas más importantes que la vida, la economía”.
-Una lógica militar, diría.
-Lo que está por detrás es la competencia de mercado, que se combina con esta lógica sacrificial con un horizonte de expectativas decrecientes. Es el darwinismo social: uno compite y sobrevive o muere, y si muere es porque no tenía condiciones para competir.
– Si es por competir, los que están preparados para competir un mundo feroz son los bolsonaristas.
-Lo que nos lleva de vuelta a la idea del orden por encima de la ley. Al final el orden es la ley de la selva, gana el que tiene más fuerza. Creo que no está claro si el fenómeno de Milei es más bien electoral o es también un fenómeno político de más largo plazo como Bolsonaro. Por eso me parece interesante hablar del bolsonarismo, que es a la vez un fenómeno más amplio y más estrecho que la victoria electoral. Más estrecho porque no todos sus votantes podrían ser descritos como bolsonaristas. El hecho de que sea él la figura a la cabeza de esa convergencia fue un poco contingente. Podría haber sido otro.
-Milei ganó por un fuerte componente anti peronista que excede los desaciertos del gobierno anterior. Hay un concepto tuyo de “baja alta clase media”, esa parte de la sociedad de ingresos muy altos pero que temen perder lo que tienen. Sería el Medio Pelo que se siente más cómodo haciendo antiperonismo y ahora abomina del Estado ¿Pasó igual en Brasil?
-Lo que se imaginaba es que Bolsonaro sería más bien un estado-céntrico, porque fue varias veces votado en el Congreso como un defensor de los derechos de la familia militar, pero durante la campaña se encuentra con el elemento ultraliberal que había estado creciendo desde el principio del gobierno Lula con la creación de institutos y de formación de cuadros liberales y ahí entra Pablo Guedes, un tipo que estudió en Chicago al que nunca se lo tomó muy en serio porque era muy extremista. Pero en la política brasileña hay una fuerza política que se alimenta de su capacidad de sacarle plata al Estado, el centrão, que garantiza la gobernabilidad a quien sea, incluso ahora a Lula, y entonces exige un cierto nivel de presencia del Estado que impide que se vaya destruyendo todo. Milei está mucho más cerca de Thatcher, es mucho más ideológico a lo que era Bolsonaro, que al final es un oportunista.
-Marcás tres matrices discursivas en Bolsonaro: el militarismo, el emprendedorismo y el anti intelectualismo. El emprendedorismo acá es muy evidente y el militarismo en alguna medida también, por el nivel inseguridad en algunos lugares. Pero Milei quiere mostrarse como académico. Bolsonaro disfrutaba mostrándose poco preparado.
-Que Milei se presente como un intelectual no me parece enteramente incompatible con la idea de que hay un elemento anti intelectual en su base. Figuras semejantes a él, como Guedes, o la más importante, Olavo de Carvalho, también se presentaban como grandes intelectuales que no habían sido reconocidos por el establishment intelectual. El anti intelectualismo tiene que ver con la idea de que la prensa, la Academia, están todas controladas por la izquierda, que tiene todo bajo control y estamos bajo una dictadura de pensamiento.
-Se muestran como perseguidos y humillados.
-En una situación en que, por muchos motivos estructurales, mucha gente se siente humillada y perseguida.
-Uno se queda con la sensación de que no hay nada que se pueda hacer, que la izquierda no tiene cómo resolver el problema.
-Hay un tipo que yo sé que a Milei le gusta bastante que es el norteamericano Murray Rothbard.
-Uno de sus perros se llama Murray.
– Bueno, él escribió un librito donde dice “hay que aprender de los socialistas, que están ahí siempre con sus ideas hasta que aparezca la situación donde hay que presentarlas. Y el tipo de convicción, de determinación de alguien como Lenin es el que tenemos que tener nosotros los liberales”. Me parece que es el momento de aprender de los liberales lo que ellos habían aprendido de la izquierda. En la crisis del 2008, que todavía el sistema mundial no ha logrado resolver, la izquierda frecuentemente ha jugado el rol de defender el orden. Tras las protestas del 2013 se abre una oportunidad que el gobierno petista podría haber utilizado para repactar los acuerdos con la derecha. Pero muy claramente se identifica con el establishment y reprime a la gente que está en la calle. Cuando existen sentimientos antisistémicos muy fuertes, lo que hace la derecha es decir “si, tenés razón de estar ahí, de sentir que las cosas van muy mal, tienes razón de creer que hay que cambiar todo”. Reconocen y acogen estos sentimientos para inmediatamente desplazarlos hacia una explicación falsa o una causa imaginaria.
-¿El error de aquel gobierno fue no reconocer el problema?
-Hay que tener el coraje que ha tenido la extrema derecha de decir “si, hay mucho que cambiar”. En el libro yo planteo repensar el sentido del realismo político. Con la victoria de la extrema derecha se ve que el supuesto realismo de los políticos tradicionales no funciona más. Y no funciona porque se refiere a una realidad que no existe, define una realidad de un modo que ya no tiene resonancia con la mayoría de la gente.
Sin haber cumplido todavía los seis meses de gestión, Javier Milei se encamina a superar récords de crisis de gobierno en la historia argentina. Esta vez, dejó en el camino, y de mala manera, al jefe de Gabinete, Nicolás Posse, y al titular de la Agencia Federal de Investigaciones (AFI), Silvestre Sívori. Al mismo tiempo, se prepara el desembarco en algún ministerio de su mentor ideológico y armador del DNU 70/23, Federico Sturzenegger. Son hechos encadenados en torno al que seguramente sea el peor déficit del presidente anarcocapitalista, que dejó muy bien explicitado Guillermo Francos –exministro del Interior y ahora reemplazo de Posse– en las primeras entrevistas radiales que dio este martes de órdago.
«El presidente me elige a mí porque se da cuenta de que con la política argentina se le hace complicado, porque no la entiende, porque tiene diferencias, por equis motivos, y yo tengo una posibilidad mayor de dialogar y ahí viene la propuesta», dijo el experimentado dirigente que está en la función pública desde 1970, cuando ingresó al Ministerio de Justicia durante la dictadura militar que culminó en 1973. Él siguió y en una de sus escasas incursiones en la actividad privada, Francos se desempeñó en el Grupo Eurnekian, donde conoció a Milei, que era analista económico, y también a Posse, que era uno de los directivos de Aeropuertos 2000.
Se entendió que en las designaciones, tanto de Francos –que nunca dejó de estar relacionado con la «casta», ya que fue director del Banco Provincia con Daniel Scioli y, hasta agosto pasado, representante del Gobierno de Alberto Fernández en el Banco Interamericano de Desarrollo (BID)– como de Posse –que jamás había estado en la función pública–, primaba la relación de confianza. Un activo clave para un presidente que llegó de carambola a la Casa Rosada, que carecía de experiencia en gestión, detesta al Estado y a sus actores y, además, no confía en casi nadie en este mundo.
Lo que el propio Francos admitió es que en estos meses el vínculo entre Milei y Posse se había ido desgastando y que «la situación era insostenible». El destrato al que el líder de La Libertad Avanza sometió en el Tedeum del 25 de Mayo y el acto en Córdoba al que había presentado como «un amigo de hace 20 años», sumado a su ausencia en el Luna Park por la presentación del libro, presagiaban que el jefe de Gabinete tenía las horas contadas.
Por si fuera poco, Milei adelantó que ni bien se apruebe la Ley Bases –o lo que quede de ella– habrá un recambio ministerial, algo que le venía pidiendo el consejero ad hoc Miguel Ángel Pichetto para despabilar una gestión que hasta ahora muestra como rasgos preponderantes, exabruptos presidenciales y espectáculos más bien teatrales. El anuncio de hace cinco días era que Sturzenegger tendría un cargo, finalmente, en el Gobierno Milei, lo que generó más incertidumbre.
Desplazado. Tras semanas de destrato desde las propias filas de La Libertad Avanza, Posse se fue del Gobierno.
Foto: NA
Diferencias de criterio
Entre las razones para el despido de Posse, se adujo, en un texto difundido a los medios, «diferencia de criterios y expectativas en la marcha del Gobierno y las tareas encomendadas». También hay información –que dejaron trascender los comunicadores de más cercanía con Milei– sobre un presunto espionaje de la AFI a otros miembros de la gestión de LLA, entre los que se sumaría la hermana del presidente, Karina Milei, «el Jefe». De allí que, con el anuncio sobre la renuncia de Posse, se haya sumado el alejamiento de Silvestri, un abogado que llevó el ahora exministro. Ambos, Posse y Silvestri, visitaron la sede de la CIA en Langley a principios de año y recibieron luego la visita del jefe de los espías estadounidenses, William Burns. Acotación al margen, la traducción literal del inglés sería «Guillermo Quema». ¿Habrá algún Guillermo cerca de esta bufonada de estudiantina aburrida?
Lo que también está circulando en pasillos políticos es que Milei incrementó su nivel de desconfianza hacia la vicepresidenta, Victoria Villarruel. Para una persona con evidentes signos de manía persecutoria como el mandatario, cualquier sonido de hojarasca puede presagiar una tormenta, y la vicepresidenta, desde el primer día, dio muestras de querer jugar un juego propio.
La cuenta que llevan en los medios es que ya renunciaron 31 personas en cargos más o menos influyentes para la función, y en algunos casos, la forma del despido fue humillante para quienes les tocó irse. El caso de Posse tiene particular relevancia porque cuando lo designó, Milei dijo que había sido un gran apoyo en momentos dramáticos de su vida. Una frase de sobrecito de azúcar recomienda: «Ten cuidado a quién pisas al subir, podrías encontrarlos al bajar». Quizás le vendría bien escuchar ese consejo al presidente.
Mientras sucedía todo esto, Milei viajaba con la hermana hacia Silicon Valley, donde tiene un encuentro programado con el creador de Facebook, Mark Zuckerberg, y luego hacia El Salvador para la asunción de otro mandato de Nayib Bukele. En esos encuentros y en esa compañía es donde parece sentirse más seguro.
En las relaciones exteriores, como en la vida en general, se puede hacer y decir cualquier cosa, menos evitar las consecuencias. Y el gobierno de Javier Milei es un rosario de desaguisados desde que asumió el cargo. No vale la pena recordar el recule con los gobiernos de Brasil y China luego de maltratos varios solo para mostrar ante propios y ajenos un alineamiento absoluto con Estados Unidos, Israel y el Reino Unido o con el clima ultraderechista que reina en buena parte de occidente. Algunas de esas secuelas se volvieron a percibir el domingo pasado cuando un posteo de la cuenta en la red X de Brics News mostró a un sonriente Vladimir Putin junto a la foto de una plataforma petrolera sobre una superficie congelada. Tan congelada como debió quedar la dirigencia política tras leer el texto: “Rusia descubre reserva de petróleo y gas en territorio antártico británico. Contiene un valor estimado de 511 mil millones de barriles de petróleo, 10 veces la producción del Mar del Norte en los últimos 50 años”.
Un analista foráneo podría pensar que esta novedad, a una semana del comienzo de la 46ª Reunión Consultiva del Tratado Antártico en Kochi, India, habría sido suficiente como para una respuesta contundente de la Cancillería argentina. Según el tuit, el territorio es británico, pero se trata de un espacio en el que coinciden reclamos de Argentina y Chile y que también pretende Londres. El mensaje creó zozobra del otro lado de la cordillera, donde el presidente Gabriel Boric adelantó que su gobierno se opondrá “a cualquier explotación comercial de minerales e hidrocarburos y trabajaremos en conjunto con todos los países reclamantes y los firmantes del Tratado Antártico para velar por el respeto de esta norma por parte de cualquier nación», posteó el jueves.
Por estas llanuras, en cambio, el vocero presidencial Manuel Adorni tomó nota del asunto en su conferencia mañanera y se limitó a decir que el tema no era nuevo, que en el Palacio San Martín estaban estudiando la situación y que oportunamente se tomarán “las acciones que correspondan”. Hasta este sábado eso era todo. Diana Mondino y el jefe de Gabinete, Nicolás Posse, andaban de gira por Washington, donde se vieron con el Consejero de Seguridad de Joe Biden, Jake Sullivan y el titular de la comisión de Relaciones Exteriores de la cámara Alta, el senador demócrata por Maryland, Ben Cardin. También estuvieron por los think tanks conservadores Meridian International Center -ligados al Departamento de Estado-, el Instituto Cato -fundado entre otros por Murray Rothbard, uno de los mentores de Milei- y del Citi Bank Group. Luego, Mondino firmó un “entendimiento marco estratégico” con el secretario de Estado Antony Blinken. Milei, por su parte, no se quiso perder el mitin neofranquista de Vox en Madrid, donde sería la estrella de la jornada (ver aparte). Ya tendrán tiempo de responder oficialmente. O no.
Se recordará la respuesta de tono canchero de Mondino cuando en febrero el canciller británico David Cameron se paseó por las Islas Malvinas. Y la respuesta de Milei a la periodista de la BBC que le preguntó, el 6 de mayo, si no pensaba que esa visita del ex primer ministro del Reino Unido era una provocación. “Ese territorio hoy está en manos del Reino Unido. O sea, tiene todo el derecho de hacerlo”, respondió. Y si, la corona de los Windsor tiene aspiraciones en la región desde la usurpación del archipiélago en 1833.
El Tratado Antártico, firmado en 1959, tiene a Argentina como uno de los 12 países “fundadores” en virtud de que es el primero que tuvo una base en aquellos hielos, en 1904 y en las Islas Orcadas. Fue durante el último tramo de la segunda presidencia de Julio Argentino Roca, otro mentor de Milei. El convenio, al que adhieren 54 naciones, deja en suspenso todo tipo de reivindicación territorial pero también lo califica de “reserva natural dedicada a la paz y a la ciencia”. Por eso en India se llevará a cabo también la 26ª reunión del Comité para la Protección del Medio Ambiente (CPA), suscripto en Madrid en 1998 y que garantiza al respeto por el medio ambiente en el sexto continente por 50 años. Los papeles dicen que después de 2048 se verá.
Pero en este clima pre bélico a nivel mundial, es llamativo que Rusia haga un anuncio semejante. Aunque quizás no tanto: la Argentina de Milei renunció a formar parte del grupo Brics ampliado, el 1 de enero pasado. Allí están algunos de estos actores que desafían el poder global, como China, Rusia, India y Brasil, con variadas razones para plantarse frente a estas nuevas relaciones carnales de la Casa Rosada. China porque es la principal potencia económica mundial, Rusia por su poderío militar demostrado en Ucrania. Brasil, porque la base de la OTAN que ya está en Malvinas y la otra que ofrece gentilmente Milei en Tierra de Fuego, son una amenaza para su propia soberanía. ¿Quién podría ser el enemigo más poderoso del imperio anglosajón en el Atlántico sur? Uno que además integra el grupo de naciones que le disputa el poder.
Itamaraty, por otro lado, no olvida el papel que jugó la dictadura brasileña en 1982 en favor de la soberanía argentina en Malvinas, una posición que mantenía desde antes y que no cambió con la recuperación de la democracia. Lo que sí cambió fue la defensa argentina del territorio nacional.
Treinta Vacas Muertas bajo el hielo
No es mucho lo que se sabe del descubrimiento de la mayor reserva de petróleo y gas del planeta, según la información que dejó trascender Rusia. La investigación comenzó en 2020 y el trabajo lo llevaron a cabo especialistas del buque Alexander Karpinsky, una nave operada por la empresa Russian Geological Exploration Holding, que se dedica a la búsqueda de reservas minerales para la explotación comercial. En el último viaje, la expedición parece haber dado frutos en un área que está bajo el reclamo de Argentina y en parte también de Chile, aunque el informe atribuye la soberanía a Londres. De ser verdad que ahí debajo del hielo hay 511.000 millones de barriles de crudo, se estaría hablando del equivalente a 30 yacimientos como el de Vaca Muerta.
Que Chile y Argentina tengan aspiraciones territoriales tiene sentido porque son los países más australes del mundo y, además, hay una continuidad geológica de la plataforma continental. En todo caso se debería en algún momento delimitar hasta dónde llega el espacio helado de cada nación, si es que finalmente se decide el reparto de las riquezas que habitan en esas regiones. Lo que pretende el Reino Unido se basa en la usurpación de las islas Malvinas, Georgias, Sandwich y Orcadas, territorios que Javier Milei está reconociendo como ya perdidos para la causa nacional. Aunque en verdad no da señales de creer en ninguna causa nacional. Como también es negacionista del cambio climático, seguramente poco le interesa saber que en India se inicia la 26ª reunión del Comité para la Protección del Medio Ambiente (CPA).
Un posteo en la cuenta Brics News en la red X desnudó las omisiones –cuando no deserciones– en la política exterior del Gobierno nacional. El texto, escueto y con una imagen genérica del continente helado y otra del presidente ruso Vladimir Putin, decía simplemente: «Rusia descubre reserva de petróleo y gas en territorio antártico británico» y concluía con la evaluación de la riqueza acumulada debajo de la superficie. Unos 511 mil millones de barriles de petróleo, «10 veces la producción del Mar del Norte en los últimos 50 años».
En un contexto de alineamiento automático de nuestro país con Estados Unidos e Israel, la publicación parecía una provocación del grupo de naciones llamados a liderar lo que venga del siglo XXI a una administración que rechazó formar parte de ese selecto club del que forman parte socios comerciales y estratégicos de importancia determinante como Brasil, China, India y Rusia, entre otros países que se incorporaron el 1 de enero.
La denominación de «territorio antártico británico» debería haber provocado airadas protestas de la administración de Javier Milei, que sin embargo se quedó en el amague. Se sabe desde la escuela primaria que Argentina reclama un área de la Antártida que en algún tramo se superpone con las aspiraciones chilenas, y que el Reino Unido se atribuye una superficie que involucra a ambos espacios. Se sabe también que la causa Malvinas no es solo por un archipiélago en el mar argentino, sino por su proyección hacia el Polo Sur.
Hace unos días, Milei había declarado a una periodista de la cadena pública británica BBC que no consideraba una provocación la visita a las islas del actual ministro de Relaciones Exteriores británico «porque ese territorio hoy está en manos del Reino Unido. O sea, tiene todo el derecho de hacerlo. No lo tomo como una provocación. De hecho, tengo un diálogo de muy alta calidad con David Cameron». En lenguaje diplomático, eso y admitir la soberanía de Londres es casi lo mismo. Pero tampoco debería extrañar: desde que llegó a la Casa Rosada, el líder libertario dio acabadas muestras de que en general la soberanía nacional no es un tema de su preocupación, ya sea en lo territorial como en lo económico y cultural. De allí que sus palabras de admiración por Margaret Thatcher no aminoren ni cuando se recuerda a los caídos en la guerra de 1982.
Sin posición Por el lado del oficialismo, el anuncio del hallazgo ruso ocupó algunos minutos en la conferencia mañanera del vocero Manuel Adorni, quien dijo que el caso «es algo que se conoció años atrás. Ahora, está siendo investigado por Cancillería» y aseguró que tomarán «las acciones que correspondan». Por el lado de la ministra de Relaciones Exteriores, Diana Mondino, al cierre de este artículo no habían pronunciado palabra.
Los que dejaron testimonio fueron el ex canciller y exministro de Defensa Jorge Taiana en la red social del expajarito. «A ver si ahora se entiende por qué insistimos desde hace años en la Pampa Azul y en la necesidad de cuidar estratégicamente nuestra soberanía en el Atlántico sur, Plataforma continental, la causa Malvinas y la presencia y despliegue en Antártida Argentina».
También escribió Daniel Filmus, exsecretario de Malvinas, Antártida y Atlántico Sur, quien consideró que el hallazgo «demuestra la necesidad de seguir sosteniendo la investigación científica en el continente blanco para preservar sus recursos y nuestra soberanía». Por lo que se sabe, el descubrimiento del buque Alexander Karpinsky ocurrió en el Mar de Weddell, dentro del sector que reivindica Argentina. La explotación del sexto continente está prohibida por el Tratado del Antártico y el Protocolo de Madrid relativo al medio ambiente. De igual manera, no hay soberanía reconocida para ningún país, aunque sí reclamos que se superponen a los de los nuevos jugadores globales.
Técnicamente, la Antártida es una «reserva natural dedicada a la paz y a la ciencia». Cabe recordar que la primera base que se instaló allí es la del Istmo de Ibarguren en la Isla Laurie, Orcadas del Sur. Según detalla la Cancillería argentina, «fue inaugurada el 1 de abril de 1903 por la Expedición Antártica Escocesa de William Speirs Bruce y el 22 de febrero de 1904 pasó a manos argentinas». Quedó bajo el área del Ministerio de Agricultura para la Oficina Meteorológica Argentina. Eran los últimos meses del segundo período de Julio Argentino Roca, otro de los referentes de Milei.
El Tratado de la Antártida fue firmado el 1 de diciembre de 1959 por una docena de países «fundadores». Por orden alfabético y su denominación actual son Argentina, Australia, Bélgica, Chile, Estados Unidos, Francia, Japón, Noruega, Reino Unido, Rusia, Nueva Zelanda y Sudáfrica. Argentina es Parte Consultiva desde que entró en vigor, en 1961. Adhirieron en total 54 naciones, pero no todas tienen reclamos territoriales.
El detalle a tener en cuenta es que entre el lunes 20 y el 30 de mayo se desarrollará en Kochi, India, la 46ª Reunión Consultiva del Tratado de la Antártida. De acuerdo a las normativas vigentes, el paraguas ambiental y territorial no puede ser revisado hasta 2048, de manera que no se espera que haya cambios en ese sentido. Pero el anuncio ruso pone un tema que sin dudas será parte de la discusión en el marco de las nuevas disputas geopolíticas globales entre Estados Unidos y Rusia.
El portal Infobrics, que no menciona el tuit de la discordia, analiza sin embargo que «el acuerdo entre Buenos Aires y Washington para instalar una base logística en el sur de Argentina podría involucrar a EE.UU. y China y traer mayor influencia externa al sur de Sudamérica (y) preocupa a Chile, que planea una sesión legislativa en la Antártida para fortalecer su soberanía en el aislado continente».
El presidente chileno, Gabriel Boric, también tocado por la situación, escribió en X: «Nos opondremos firmemente a cualquier explotación comercial de minerales e hidrocarburos y trabajaremos en conjunto con todos los países reclamantes y los firmantes del Tratado Antártico para velar por el respeto de esta norma por parte de cualquier nación».
Mientras tanto, el presidente Milei viajó a España para un encuentro de la ultraderecha internacional convocado por el partido neofranquista Vox, donde el argentino fue recibido como una estrella. La ministra Mondino, por su parte, junto con el jefe de Gabinete, Nicolás Posse, visitó Washington para encontrarse «con funcionarios del Gobierno de Estados Unidos, miembros del Congreso, representantes del sector privado y centros de pensamiento ultraconservadores. En ese marco firmó un «entendimiento marco de alto alcance» con el secretario de Estado, Antony Blinken. «Nos tenemos tanta confianza que firmamos el acuerdo sin haberlo leído», dijo Blinken según el corresponsal de Infobae.
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