Manuel Adorni alcanzó celebridad desde las redes sociales. Ácido comentarista de las políticas sociales de las gestiones kirchneristas, en la ex-Twitter acostumbró, desde el primer día, a emitir una frase con aires de sentencia que culmina –aún hoy desde la función pública– con un categórico «Fin». Como si luego de una sesuda intervención no hubiera ya nada más que decir. Agitador exitoso, incursionó como panelista y columnista televisivo y llegó a tener programa propio en Radio Rivadavia. Producto de las redes tóxicas, entiende el negocio de generar rechazo porque sabe también que al final del día, en estos tiempos que corren, eso es lo que «garpa». De hecho, sus provocaciones le generaron tanta visibilidad que en 2023 fue premiado por la Asociación de Periodistas de la Televisión y la Radiofonía Argentinas (APTRA) con el Martín Fierro Digital como el «Twitero del año».
Desde que Javier Milei asumió la presidencia de la Nación, Adorni es el polémico protagonista de conferencias de prensa mañaneras. Hay dos términos en inglés que podrían definir su rol en el Gobierno argentino. «Frontman», el cantante de una banda, o «anchorman», el presentador de los programas matinales en la época dorada de la TV. La figura relevante que instala los temas que luego serán –o deberían ser– agenda en todos los medios y que generan los debates más encendidos en la sociedad.
Un ejemplo reciente lo muestra en todo su esplendor. En su conferencia del 13 de agosto celebró el «Día del Zurdo», una fecha insólita inventada en Londres en 1976 para recordar las dificultades que enfrentan en un mundo hecho para los diestros quienes tienen sus habilidades desarrolladas en la parte izquierda del cuerpo. Para un Gobierno que recuperó de tiempos de la dictadura la utilización injuriosa de la palabra zurdo, como amenaza para quienes representan alguna idea –por mínima que sea– que suene a igualdad social, era obvio que la chicana tendría respuesta. Porque agrupó entre los «zurdos del bien» desde Lionel Messi y Ángel Di María a Charly García y Gustavo Ceratti. Y fingió su mejor cara de inocente cuando la periodista acreditada de Tiempo Argentino le recordó que Diego Maradona también era zurdo.
En el Día internacional del Zurdo, Manuel Adorni saludó a grandes deportistas argentinos y eligió no mencionar a Maradona. "¿Quién? Ah, era zurdo…", dijo el vocero de la Presidencia de la Nación Argentina. pic.twitter.com/A2XEP9SOHT
Entre muchos repudios al vocero en defensa del ídolo fallecido en 2020, sobresalió su preparador físico, Fernando Signorini. Con un mensajito en su cuenta de X breve como los del involucrado y que hubiera merecido un «Fin». «Adorni, vos serás olvidado en el trayecto del velorio al cementerio», escribió.
Adorni, vos serás olvidado en el trayecto del velorio al cementerio.
Pero sucede que el vocero presidencial es dueño de una particular jactancia que parece un sello imprescindible para integrar la gestión libertaria, la que, sin embargo, lo lleva a quedar en ridículo. Porque tiene clavada en su cuenta de X una página de la edición del 30 de diciembre de 2023 de la revista Noticias en la que se destacan las 100 personalidades más influyentes del año. El entusiasmo de Adorni, que ocupa el puesto 31, podría derrumbarse velozmente ni bien se percibe que Maradona ocupa el número 12.
Para peor, otros personajes que seguramente son despreciables para el oficialismo, que los catalogaría muy fácilmente de comunistas por lo menos, lo superan ampliamente. Es que es cierto que Milei, que recién había asumido, encabeza la lista, pero Cristina Fernández de Kirchner es la número 2 y Juan Domingo Perón el 5. Y antes del lugar 31 que lo enorgullece, están el papa Francisco, René Favaloro, Eva Duarte, Jesús (zurdo ideológico para amplios sectores cristianos), Axel Kicillof y el Che Guevara. Nada menos.
Muchas gracias por nuevamente haberme elegido como uno de “Los 100 más influyentes de año".
Nacido en la capital bonaerense hace 44 años, Manuel Adorni se licenció en Economía en la Universidad Nacional de La Plata y luego cursó estudios de Contabilidad en la Universidad Argentina de la Empresa y ejerció la docencia en la Escuela Superior de Economía y Administración de Empresas (ESEADE). La misma institución que le otorgó el título de Doctor Honoris Causa a Milei, cuna del pensamiento ultraliberal fundada por Alberto Benegas Lynch en 1978.
Adorni tiene un hermano, Francisco Jorge, que también es contador público y que despertó recelo cuando el 26 de marzo fue ascendido a titular de la Unidad de Auditoría Interna del Ministerio de Defensa, duplicando el sueldo con el que había ingresado tres meses antes como asesor en esa cartera.
El propio Manuel Adorni tuvo un incremento salarial, en tiempo de despidos en la administración pública, cuando su cargo pasó a tener jerarquía de secretario de Estado.
Habrá que ver cómo se presentan las cosas a nivel económico en los próximos meses, pero cuando los datos muestran que el derrumbe de la industria y la actividad en general es catastrófica, y al tiempo que el Indec confirmó un 4% de inflación para el mes de julio, más de lo que esperaban los gurúes oficialistas, Adorni lanzó otro mensajito con aires de bravuconada: «Saluden a la inflación que se va».
En el día a día, Adorni se enfrenta con periodistas que le hacen preguntas que no puede responder por cansancio, o información deficiente, como reconoció varias veces. O porque una respuesta resultaría comprometedora. Por otro lado, cada tanto ocurren algunos altercados que dejan a un representante de la prensa sin posibilidad de acceso a la sala por impedimentos que no se terminan de aclarar, como le pasó a Silvia Mercado y a medio centenar en julio pasado.
Para un Gobierno que basa su comunicación en la hostilidad desde las granjas de trolls y el brulote fácil contra los que se le enfrentan, habrá que reconocer que Manuel Adorni al menos da la cara cada día y no se escuda en un nickname pretendidamente ingenioso. Y que, a diferencia de Santiago Caputo, figura en la plantilla del Gobierno con un puesto que lo hace responsable de sus actos oficiales.
«Todos tenemos el compromiso de construir un país más justo, mejor, para todos. No nos resignemos a que los argentinos debemos vivir mal». Con esta frase, el arzobispo porteño, Jorge García Cuerva, sintetizó el reclamo de miles de ciudadanos que acudieron a la iglesia de San Cayetano en el día del santo patrono del Trabajo y otros tantos que protagonizaron una masiva peregrinación desde allí hasta Plaza de Mayo para reclamarle, en este caso al Gobierno, por las políticas económicas de ajuste que puso en marcha desde el primer día Javier Milei.
La marcha marcó de algún modo el regreso de la protesta callejera, un tanto frenada en las últimas semanas pese a la profundización de la crisis social y económica causada por las políticas oficiales.
Ante el contexto represivo vigente, los organizadores prefirieron curarse en salud y los peregrinos caminaron por dos carriles de la avenida Rivadavia sin interrumpir el tránsito para evitar cruces innecesarios con la «custodia» policial. Y poco después de las 14 horas, con puntualidad, comenzó el acto en un escenario montado frente a la Casa Rosada. Tras la lectura de un documento crítico contra la gestión presidencial se produjo la desconcentración. Hablaron Taty Almeida, de Madres de Plaza de Mayo, el premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel, Hugo Godoy de la CTA-A, Daniel Catalano de ATE capital y Alejandro Gramajo, de UTEP. «Están sometiendo a miles a la pobreza. No son números, es la historia de cada familia que no puede poner pan en la mesa, hay un Gobierno deshumanizado», dijo Almeida. «No ha dejado un solo lugar por atacar, basta de gobernar por decreto», agregó Catalano.
Bajo el lema «Paz, Pan, Tierra, Techo y Trabajo», la marcha se había iniciado también puntual, minutos después de las 8 desde la basílica ubicada en el barrio porteño de Liniers. Más allá de la masividad de la manifestación en un momento tan dramático para amplios sectores de la sociedad, en esta ocasión –o tal vez por eso mismo– se destaca la imagen de frente común que dejaron la CGT, las dos CTA y los movimientos sociales, encabezados por la Unión de Trabajadores de la Economía Popular (UTEP), y activistas de derechos humanos. Se sumaron por otro lado los sectores de izquierda, que directamente acudieron a la Plaza de Mayo.
Sentimiento popular. Miles de peregrinos acudieron a la iglesia de San Cayetano.
Foto: Guido Piotrkowski
Las esperables chicanas previas del Gobierno de Javier Milei salieron del vocero presidencial, Manuel Adorni, quien pontificó que «la peregrinación debe limitarse a una cuestión estrictamente de fe religiosa y no se tiene que entremezclar la política». De todas maneras, el grupo marchó luego de una ceremonia ritual a cargo de García Cuerva, junto al vicario general y obispo Gustavo Carrara, quienes bendijeron herramientas de la UTEP.
A la cabeza de la movilización, que partió de Cuzco y avenida Rivadavia, se destacaban Gramajo, Hugo «Cachorro» Godoy, Hugo Yasky, de la CTA-T, y Rodolfo Aguiar, de ATE Nacional. Los peregrinos salieron de la calle Cuzco y por avenida Rivadavia caminaron hacia el centro de la ciudad. Había militantes del Movimiento de Trabajadores de la Economía Popular (MTE), del Evita, de la Corriente Clasista y Combativa (CCC), Barrios de Pie, La Cámpora, pero también adherían Libres del Sur, el Frente de Organizaciones en Lucha (FOL) y Sacerdotes de Villas y Barrios Populares de la Argentina.
«Se hizo una bendición de herramientas, cerca del santuario de San Cayetano, y antes fuimos a misa. Estamos marchando por dos carriles, es una columna grande, con la idea de llegar a la Plaza de Mayo con la idea de hacer el acto», relató Esteban Castro, de la UTEP, a Radio 10.
«La entrega del patrimonio nacional que estamos sufriendo, el despido de trabajadores y trabajadoras en el ámbito público y privado lo que quiere es arrasar con la dignidad del pueblo. Por eso hoy, en el marco de San Cayetano, (estamos) unidos exigiendo terminar con esta situación de hambre. Paz, Pan, Cierre, Techo y Trabajo», indicó Godoy.
«Lo que le pedimos a San Cayetano es ser un poquito como él: hacía hospitales para los pobres, hacía que los curas fueran pobres, que fueran sencillos, que estuvieran al lado de los pobres. Fue el primero que hizo un banco para los pobres (…), les daba crédito a los pobres. Ojalá Milei aprendiera un poquito de este hombre», sostuvo el padre Francisco «Paco» Olveira en Futurock.
«Este es un paso más del plan de lucha que es acompañar a los sectores sociales en una movilización multitudinaria. Es una jornada más de protestas ya que todos los sectores estamos haciendo todos los reclamos que tiene cada actividad», declaró a C5N Pablo Moyano, secretario general de la CGT y adjunto de Camioneros. Moyano agregó luego que «Adorni, Federico Sturzenegger y Luis Caputo venden un país que no es. Son dos Argentinas: la ficticia de ellos y la que vemos todos los días nosotros».
También se había expresado a favor de la marcha el ministro de Gobierno de la provincia de Buenos Aires, Carlos Bianco. «Este modelo de desindustrialización, de desempleo, de caída de los salarios y las jubilaciones ha impactado muy fuertemente sobre el conjunto de la población y nosotros creemos que rápidamente hay que cambiar el rumbo de esta economía, porque no se ve ningún brote verde, está árido, es un desierto y no se ve ninguna luz al final del túnel tampoco».
En una asamblea realizada en la sede del sindicato del neumático, Sutna, un sector de la izquierda había acordado ir directamente a la Plaza con una columna en la que se nucleaban varios gremios. Mientras tanto, en la iglesia de Liniers, miles de fieles que se habían reunido desde la noche anterior en las calles adyacentes hacían sus plegarias para pedirle a San Cayetano por encontrar empleo o conservarlo. Los menos, según las declaraciones a los medios que fueron a cubrir la celebración –que se hizo mucho más masiva este año– a agradecer por haber encontrado uno en medio de una situación explosiva. Sin embargo, la cobertura no llenó espacios en los canales de mayor audiencia. Había otros temas que les resultaban más convocantes.
Además de adaptar su lema en una nota periodística –«con fe y esperanza, la libertad avanza»–, Daniel Osvaldo Scioli dio nuevas señales de fe en el credo libertario cuando anunció el achicamiento de los Juegos Evita, que pasarán a denominarse Juegos Deportivos Nacionales, y en la tercera semana de julio, adhirió de manera intempestiva a la privatización de los clubes de fútbol, yendo en contra de sus posiciones de -sin ir más lejos- noviembre de 2018.
Luego de que en Boletin Oficial se formalizara el decreto que habilita las Sociedades Anónimas Deportivas, el exvicepresidente y exgobernador bonaerense visitó canales de tevé para explicar su nueva postura, que sin embargao, ya había adelantado en un largo posteo en la red X en abril pasado.
Es que hay dos características pueden definir a Scioli: la ubicuidad y la resiliencia. La primera le permite aparecer siempre en los lugares donde se corta el bacalao, como quien dice. La otra, le sirve para reinventarse, como luego del terrible accidente en el que perdió el brazo derecho al volcar su lancha de carrera en diciembre de 1989. O como hace ante cada topetazo que enfrentó en su carrera política.
¿El último? Tras haberse frustrado una nueva candidatura presidencial en 2023, pegó el salto hacia el equipo del ganador del comicio y en enero dejó la embajada en Brasil para asumir como secretario de Turismo, Ambiente y Deporte de Javier Milei. De profesar una fe estatista durante todos los períodos junto al kirchnerismo, a sostener las virtudes de una gestión que se define como anarcocapitalista.
Sin embargo, en alguna medida podría decirse también que «Pichichi», como también se lo conoce en las lides políticas –una chanza porque figura como goleador en su equipo de Villa La Ñata, Tigre– volvió a estar en el mismo lugar del que había partido. Su cercanía con el expresidente Carlos Menem lo llevó –ya recuperado y después de ganar seis campeonatos en diferentes categorías de motonáutica– a una banca de diputado nacional en 1997. En la Cámara Baja comenzó a destacarse como presidente de la Comisión de Deportes, lo cual en 2001 –tras el estallido del modelo neoliberal instaurado por el riojano– lo depositó en la Secretaría de Deportes de la Nación en el interinato del puntano Adolfo Rodríguez Saá y continuó con Eduardo Duhalde. Desde allí saltó a la vicepresidencia con Néstor Kirchner en 2003.
Carreras off shore Scioli supo aprovechar, siempre, la ventaja que le dio la cuna. Es hijo de un empresario, José Osvaldo, que había llegado a consolidar una de las cadenas de ventas de electrodomésticos más importantes del país –cuya casa central estaba en la esquina porteña de Callao y Santa Fe–, tenía participación accionaria en el Canal 9 Libertad, que dirigía uno de los zares de la televisión, Alejandro Romay, y había sido uno de los recaudadores de campaña para Raúl Alfonsín en 1983.
Cuando Daniel Osvaldo (DOS, sigla quizás premonitoria) comenzó en 1986 con el berretín de las carreras off shore, las coberturas de los certámenes en sus noticieros eran kilométricas; inexplicables para un deporte absolutamente desconocido para las mayorías en el canal de mayor audiencia popular. Por eso su accidente en el Delta causó un gran impacto en la población. Su casamiento con la modelo Karina Rabolini lo puso en el jet set en un momento en que el límite entre el espectáculo y la política era cada vez más difuso. En ese período llegó a ser ejecutivo de firmas como Electrolux y Frigidaire, mientras el canal pasaba a manos extranjeras.
Otros tiempos. 2023: El entonces embajador de Brasil reunido con Cristina Fernández en el Senado.
Foto: NA
Su carrera meteórica en las grandes ligas implicó atravesar un ríspido 2002: ese año moriría su padre y la empresa familiar fue declarada en quiebra. En agosto de 2003 tendría un fuerte choque con el santacruceño: a seis meses de estar al frente del Senado, Scioli cuestionó la política energética del flamante Gobierno y puso en dudas el apoyo al proyecto de ley de la Cámara de Diputados que anulaba las leyes de Obediencia Debida y Punto Final. Kirchner hizo echar a todo el equipo que había armado su vice en Deportes. Scioli entendió el mensaje y encaró por otro lado la relación con el oficialismo.
Su libro de cabecera, según confesó, es La estrategia de aproximación indirecta, publicado en 1941 por el historiador militar británico Basil Henry Liddell Hart, un texto que también influyó en Jorge Bergoglio. Inspirada en El arte de la guerra, del chino Sun Tzu, la «aproximación indirecta» busca someter a las fuerzas contrarias mediante una maniobra envolvente «sin dar nunca un combate frontal contra el centro del poder adversario».
Un apoyo permanente Hubo un hombre que a su manera completó la imagen paterna, un empresario de origen gallego nacido en la extrema pobreza y que aquí construyó un imperio hotelero y mediático, Florencio Aldrey Iglesias. La vida de este hombre nacido en La Coruña en 1932 que llegó a Buenos Aires a los 17 años también da para la historia. Comenzó a labrar su fortuna desde sus primeros trabajos como mozo –algo usual para la época entre los emigrados de Galicia– y pronto se hizo con la concesión del buffet en el actual Club Ciudad. No tardó en tener diez locales similares en los clubes más grandes de la zona, entre ellos River, Boca, Huracán, Lanús. Entrador y dicharachero, hizo amistad con todos los personajes famosos y poderosos que pululaban por esos lugares. Se hizo de la mayoría accionaria del City Hotel en 1968 y siguió creciendo hacia «La Feliz», donde llegó a hacerse del Hotel Hermitage y a cultivar amistad con las estrellas que hacen temporada en esas playas.
En el City, Aldrey Iglesias tendría un golpe de suerte. Tenía como huésped a Félix Laiño, el mítico jefe de redacción del vespertino La Razón, el de mayor tiraje en un momento en que también se compraban diarios después del almuerzo. Laiño era un viejo zorro del periodismo, gran hacedor de periodistas, pero también estaba vinculado con los sectores más conservadores y de las Fuerzas Armadas que se sirvieron de las tapas del periódico para apoyar todos los golpes de Estado desde 1955 en adelante. Laiño convenció a Aldrey Iglesias de comprar por poco dinero un medio marplatense que estaba en bancarrota, La Capital.
El pobre inmigrante venido con una valija de cartón y muchas ilusiones construyó todavía más fortuna en medios marplatenses y aún más poder a nivel nacional. Se jactaba en sus oficinas de la City de la amistad con todos los que reparten el pastel, «en esta vida y en la otra». Así, lucía en fotos junto a Menem, Fernando de la Rúa y los cardenales primados. Cuando Amalia Fortabat se desprendió del centenario La Prensa, en febrero de 1997, Aldrey Iglesias puso un pie en medios porteños, aunque era uno ya bastante alejado de sus mejores tiempos. Laiño entró a la redacción en 1997 como asesor con una carpeta que decía Ejército Argentino. Se ufanó de sus amigos militares y de haber sido el que bautizó a la dictadura del 76 como «Proceso de Reorganización Nacional». Rodolfo Walsh en El caso Satanovski contó que detrás el homicidio del contador Marcos Satanovski se escondía una puja por el paquete accionario del diario en poder de los militares. Pero ese es otro tema.
Gobernación bonaerense ¿Cómo entra en juego Scioli? Resulta que la familia del exmotonauta pasaba la temporada veraniega en el Hermitage y surgió una amistad que se fue profundizando con los años. En ese hotel de realizaría la IV Cumbre de las Américas de 2005 en la que se le dijo «No al Alca» a George W. Bush, sin ir más lejos. Scioli llegó a la gobernación bonaerense en 2007 como la opción para retener la provincia para el espacio del kirchnerismo.
Último intento. Quiso ser candidato presidencial del peronismo para enfrentar a su actual jefe, Javier Milei.
Foto: Getty Images
Ya en La Plata, nombró como ministro de Seguridad en su primer Gabinete al fiscal Carlos Stornelli, de notoria fama en acusaciones poco prolijas contra Cristina Fernández en años posteriores. ¿Habrá que mencionar que obviamente debutó tirando al cesto de residuos la reforma policial de Arslanian y regresó a los viejos esquemas de negociación con las cúpulas para mantener la «gobernabilidad»?
Lo que vino después está más fresco en la memoria. Su candidatura presidencial en 2015, en la que terminó derrotado por Mauricio Macri; su designación como embajador por Alberto Fernández ante el Gobierno de Jair Bolsonaro; sus 49 días como efímero y humillado ministro de Desarrollo Productivo en una de las tantas crisis del Frente de Todos en la Casa Rosada; su vuelta a la sede diplomática argentina en Brasilia y su permanencia con el recambio presidencial. Hasta ese nuevo cargo en Deportes que quizás no debería sorprender.
La imagen del neofranquista Santiago Abascal bajo el titular «Vox populi», apenas una entre otras portadas del periódico donde se alabó sin mella el triunfo electoral de Bolsonaro en octubre de 2018 y su llegada al Planalto en enero de 2019. «Bem-vinda la derecha», dice una en portuñol; «Bolsonaro marca el camino», la otra.
En febrero pasado, el alcalde de la municipalidad de General Pueyrredón, Guillermo Montenegro, le entregó al acaudalado empresario una distinción como ciudadano ilustre de Mar del Plata. Scioli estaba en primera fila con una sonrisa de oreja a oreja. «Es un día de muchas emociones por todo lo que representa Florencio», dijo el exgobernador.
Se entiende el detrás de escena de la llegada de Scioli a Brasil, su breve permanencia y el cargo como libertario o neomenemista. ¿Nueva etapa?
El kirchnerismo sigue siendo para el Gobierno de Javier Milei, como lo fue para Cambiemos, la mejor excusa cuando el viento sopla en contra. Y vaya si no es un temporal el que se armó por el escándalo con las cerca de 5.000 toneladas de alimentos no entregados por el Ministerio de Capital Humano y los casos de corrupción en esa megadependencia que fueron escalando a partir de denuncias periodísticas –todavía se hace periodismo en algunos rincones del país– y que generaron otros despidos despiadados en el Gobierno. La involucrada en este caso es Sandra Pettovello, una de las bendecidas en el círculo áulico del presidente anarcocapitalista, quien era su secretario de Niñez y Familia, Pablo de la Torre, y el director administrativo de esa dependencia, Federico Fernández. De la Torre era el responsable de administrar la entrega de alimentos, entre los que hay leche en polvo que tiene fecha de vencimiento bastante cercana, en medio de una crisis alimentaria feroz y cuando desde el superministerio también se presentaban denuncias por presuntos comedores inexistentes. El secretario fue escarnecido públicamente y la ministra lo denunció ante la Oficina Anticorrupción por «falta de transparencia» en las entregas. Por otro lado, Fernández quedó expuesto porque sería el que filtró una planilla Excel en la que figuran pagos irregulares a «ñoquis» –se dice que contratados por De la Torre– a través de convenios ahora sospechados a través de la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI). La defensa de De la Torre, hermano del exintendente de San Miguel Joaquín de la Torre –senador y hombre fuerte de La Libertad Avanza en la provincia de Buenos Aires, de pasado en el peronismo, Cambiemos y ahora en el oficialismo, al que amenaza con dejar– es que le habían infiltrado a kirchneristas en su corta gestión.
Javier Milei, cuando percibió que hasta los comunicadores televisivos más cercanos al mileísmo le esquivaban el respaldo a su ministra, culpó al kirchnerismo de todos sus males. «Son cínicos, psicópatas, capaces de cualquier cosa», dijo a radio Mitre. De regreso de su gira por Silicon Valley y la visita a El Salvador para la asunción del segundo mandato de Nayib Bukele, posteó en su cuenta de la red X una encendida defensa de Pettovello, intentando evitar que la situación siguiera enlodando una gestión que todavía no cumplió seis meses, acumula goles en contra como la falta de GNC en las estaciones de servicio, y venía del espinoso recambio del jefe de Gabinete una semana antes. «Todos los corruptos están aterrados, no voy a entregar a Pettovello de ninguna manera», escribió el presidente en un tuit bajo un título pomposo en mayúsculas. «LOS VALORES NO SE NEGOCIAN» y donde también colgó una parte de una entrevista con radio Mitre en la que la define como su «abanderada en la lucha contra la corrupción».
Milei también había dicho «no sea cosa que por las distintas estrategias que están montando desde los medios afines a ellos (por el kirchnerismo), sedientos de pauta, que reciben pauta de la provincia de Buenos Aires… No sea cosa que además quieran plantar algún muerto». Seguramente se refería a que el escándalo por la retención de alimentos había sido publicado por Ari Lijalad en El Destape. La primera defensa que articuló el oficialismo fue que se trataba de una filtración de kirchneristas dentro del ministerio, pero el periodista aclaró que simplemente había tomado datos de un pedido de acceso a la información pública que establece la ley 27.275. «La información la proporcionó el propio Gobierno».
La expresidenta Cristina Fernández de Kirchner recurrió también a la red X para cuestionar la andanada de acusaciones. «Otra vez la burra al trigo… Córtela presidente con la cantinela de “son los kirchneristas”. No presidente, aunque resulte una obviedad, lo que pasa en el Ministerio de Capital Humano es responsabilidad de quienes son sus cuadros de conducción», anotó CFK en un largo texto al que adosa un artículo de Infobae donde se muestra que durante su gestión se habían bajado los planes sociales.
Por cierto, ella toma el período de las gestiones de su marido y sus dos gobiernos (2003-2015) y no anota como propio el enorme salto que se percibe en ese informe durante la administración de Alberto Fernández, que eleva aún más el de Mauricio Macri. Para coronar esta movida, este lunes el hasta ese momento ministro sin cartera, Federico Sturzenegger, anunció como gran solución un nuevo sistema para la provisión de alimentos y otros menesteres en «situaciones de emergencia». La iniciativa, muy acorde con el paleoliberalismo que profesa y que tanto seduce a Milei, consiste en un seguro, «call» como se lo conoce en el mundo de las finanzas, por el cual el Gobierno sostiene una opción de compra y «el sector privado (…) se compromete a la entrega de los bienes cuando y donde se le requiera». Funcionaría como una suerte de voucher como el que sueñan para la educación.
La explicación tiene la originalidad con que suele sorprender quien fue presidente del Banco Central durante el Gobierno de Macri. «Que el Estado maneje el stock es como si yo en vez de comprar un seguro de mi auto decidiera tener en mi casa los repuestos por si tengo un accidente». Curiosamente, el que salió a alabar la propuesta fue el dirigente social Juan Grabois, que fue quien presentó la denuncia penal por los alimentos. «Un sistema de contratos contingentes bien realizado puede ser una forma apropiada y eficiente de abordar las situaciones imprevistas (inundaciones, terremotos, etcétera). Felicitaciones, por primera vez se les cae una idea en vez de un insulto», escribió.
Claro que le advirtió al inventor del plan que «el contrato contingente hay que hacerlo bien, porque el diablo está en los detalles». Y aprovechó para recordarle a Sturzenegger que se corre el riesgo de que se organice un sistema que permita ganancias indebidas a los privados sin beneficio ni para el Estado ni para los que necesitan de los alimentos. «Ya te pasó cuando armaste el megacanje con De La Rúa y el país sufrió un perjuicio multimillonario en dólares que terminó en el desastre de 2001. Solo se beneficiaron –hablando de intermediarios– los bancos comisionistas de esa operación». Mientras según el relevamiento de la Universidad Católica Argentina, son once millones los argentinos y argentinas que sufren insuficiencia alimentaria, el Gobierno nacional retacea la ayuda y el presidente sigue echando nafta al fuego. La semana pasada, en Estados Unidos, dijo :« Va a llegar un momento donde la gente se va a morir de hambre. De alguna manera va a decidir algo para no morirse. No necesito intervenir. Alguien lo va a resolver». Alguien que no es Milei, evidentemente.
Comentarios recientes