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Hecha y derecha

Hecha y derecha

Victoria Villarruel tiene, desde que asomó a la política, un objetivo claro: reivindicar a los militares acusados por delitos de lesa humanidad y cambiar la matriz del principal consenso de estos 40 años de democracia, recuperada un 10 de diciembre, el Día de los Derechos Humanos. Tratándose de la compañera de fórmula de Javier Milei, la fecha elegida para su «homenaje a las víctimas del terrorismo» en la Legislatura porteña, 4 de septiembre, no suena a casualidad.
Cuando todavía no se acallaron los recordatorios por los cincuenta años del golpe contra el Gobierno de Salvador Allende, en Chile, no viene mal poner en contexto aquellos acontecimientos y contrastar con estos momentos decisivos que se viven en nuestro país. El 4 de setiembre de 1970 el médico chileno ganó las elecciones a la cabeza de una alianza, Unidad Popular –partidos socialista, comunista y agrupaciones de izquierda– por muy poca diferencia con respecto al conservador Jorge Alessandri, y apenas unos puntitos sobre el demócrata cristiano Radomiro Tomic. Fue una elección de tres tercios que terminó dirimiendo el pleno del Congreso, según la Constitución y los usos y costumbres de la época, en favor del más votado. El 11 de septiembre de 1973, y luego de tres años de acoso mediático, económico y político, tanto interno como desde el aparato de inteligencia de Estados Unidos y la Casa Blanca, tomaría el poder una junta militar encabezada por el dictador Augusto Pinochet.
La barbarie fue el mecanismo utilizado para desarrollar del otro lado de la cordillera el primer experimento en humanos de las teorías neoliberales pergeñadas por Milton Friedman en la Universidad de Chicago. Fue el modelo que se aplicó en Argentina a partir del 24 de marzo de 1976 y en gran parte del mundo desde entonces, con mayor o menor violencia institucional de por medio.
El acto organizado por Villarruel fue otro desafío más para el consenso del 83 desde que la figura de Milei comenzó a hacerse más visible. Quizás el punto culminante de esa ofensiva sobre valores que parecían indiscutibles haya sido el atentado contra Cristina Fernández de Kirchner, del que se cumplió un año el 1 de septiembre. Gran parte de la dirigencia y del Poder judicial no parecieron dimensionar lo que estaba en juego. La «grieta», ese término útil –aunque excesivamente cómodo– para explicar enfrentamientos ideológicos aparentemente irreconciliables en la sociedad, sirvió para solapar aquel intento de magnicidio que hubiera arrastrado al país a un nuevo abismo.
El discurso de Milei, de tono agresivo y con amenazas explícitas hacia sectores de izquierda o simplemente progresistas, fue calando en los medios ante el festejo de comunicadores que hasta alentaron los exabruptos del candidato. Milei se ocupa de poner sobre la mesa las medidas más impiadosas, simbolizadas en una motosierra alegórica. Villarruel, en cambio, que se postula como encargada de los temas relacionados con la Defensa y la Seguridad ante un eventual triunfo en los comicios, complementa el proyecto neoliberal de La Libertad Avanza con sangre y fuego. El modelo chileno era vouchers educativos y garrote. Hacia allí quieren ir los autodenominados libertarios.

Nuevas grietas
El acto del 4-S despertó el rechazo de diversas agrupaciones y hasta del vicepresidente de la Legislatura, el radical Martín Ocampo, quien argumentó a contramano del planteo de Juntos por el Cambio. El legislador dijo que el permiso para el acto fue otorgado siguiendo las reglas del Parlamento porteño –aunque jura que el petitorio fue engañoso sobre su contenido– y puntualizó que «este señor y esta señora vienen a romper esa política de Estado que teníamos y a plantearnos que ahora hay otra situación en la que hay que revindicar la dictadura». No solo eso. También dijo: «Si la grieta antes era kirchnerismo y no kirchnerismo, ahora la grieta es dictadura y no dictadura; y en el lado de la no dictadura estamos el kirchnerismo ni nosotros», sostuvo.
Dentro de JxC, sin embargo, no hay acuerdo sobre qué grieta quieren explotar de cara al 22 de octubre, y se vuelven a repetir llamativas coincidencias con LLA. «Es ahora. Es el momento de destruir el kirchnerismo, para que no vuelva más una ideología que ha generado un mal terrible en nuestro país», dijo Patricia Bullrich en el festejo por el aplastante triunfo de Maximiliano Pullaro el domingo pasado, en Santa Fe. Y pronosticó que luego de los resultados que augura en Entre Ríos, Chaco, Mendoza y Buenos Aires, «los kirchneristas no tendrán donde esconderse». El martes, en una recorrida por La Plata, Milei –acompañado por su aspirante a gobernadora, Carolina Píparo– dijo que «si les ganamos a los camporistas no tendrán dónde esconderse, porque ya perdieron hasta en Santa Cruz».
En el marco de la interna que se disputaba en JxC entre Horacio Rodríguez Larreta y la exministra de Seguridad, la lideresa de la Coalición Cívica, Elisa Carrió, cuestionó en junio pasado que el proyecto de Macri-Bullrich se basara en «un ajuste brutal con una represión indiscriminada». Y para que no quedaran dudas, completó: «Si a la violencia ilegítima de las calles se le agrega la represión indiscriminada para construir el orden, terminamos en un juzgamiento por delitos de lesa humanidad cometidos por el Estado, donde va a ser juzgado hasta el presidente».

La causa Malvinas
En el «mileísmo», a las idas y vueltas del propio fundador de LLA sobre la dolarización o los recortes en las áreas más sensibles del Estado se le sumó una declaración altisonante sobre el tema Malvinas de su candidata a canciller, Diana Mondino, al diario británico The Telegraph, en la que asegura que de llegar al Palacio San Martín «los derechos de los isleños serán respetados». Para rematarla, dijo que «el concepto de que se puede imponer a la gente lo que se puede hacer o lo que se debe hacer es muy feudal e ingenuo».
A las críticas de veteranos de la guerra de Malvinas y del Gobierno nacional y de Unidos por la Patria, se le adosaron dirigentes de JxC y cierto malestar dentro de LLA. Según el Centro de Ex Combatientes Islas Malvinas La Plata (Cecim), «ya vivimos la dictadura cívico-militar, los modelos neoliberales de los 90 con Menem, De la Rúa, Macri y su referente en este presente, Patricia Bullrich. Nos impusieron la muerte, el terrorismo de Estado, la destrucción del Estado, las privatizaciones, el desempleo, el hambre, la miseria y llevaron a millones de argentinos a la marginación y el olvido». El comunicado del Cecim recuerda, además, que «Bullrich quiso cambiar vacunas por las Islas Malvinas».
Del acto de Villarruel participó un veterano de Malvinas, el ex mayor del Ejército Marcelo Llambías. Condecorado por su actuación en la trágica aventura militar en las islas, fue acusado de delitos de lesa humanidad contra soldados conscriptos y es uno de los referentes de la candidata a vicepresidenta. Pero el hombre fue condenado por el asesinato de un par, el teniente coronel retirado Jorge Osvaldo Velazco, en 2001. Un crimen pasional, nada que ver con la ideología. Néstor Kirchner lo destituyó en 2005. En la cárcel, donde cumplió 9 años de prisión, se recibió de abogado y ahora defiende a acusados de violaciones a los derechos humanos.

Revista Acción, 17 de Septiembre de 2023

Macri hace su juego

Macri hace su juego

Si alguien creía que Mauricio Macri planeaba su pase a retiro cuando a fines de marzo pasado anunció que se bajaba de una eventual candidatura presidencial, las últimas movidas del fundador del Pro le habrán mostrado cuán equivocado estaba. No solo sigue con los botines puestos, sino que además provocó un vendaval dentro de Juntos por el Cambio, donde no dejó callo sin pisar. Desde la candidata Patricia Bullrich, su elegida en la PASO, hasta Elisa Carrió, la articuladora del frente de derecha que lo llevó a la Casa Rosada en 2015, pasando por radicales históricos como Federico Storani. Y todo, como juzgó su exministro de Economía Alfonso Prat Gay, por coquetear con Javier Milei, el aspirante ultraderechista a la primera magistratura que fue el más votado en las primarias.
Ya antes del 13 de agosto, Macri había manifestado su simpatía por el líder de La Libertad Avanza. Algo que no debería llamar la atención: desde que dejó el gobierno, el fundador del PRO profundizó sus relaciones con los sectores más conservadores del mundo, sobre todo en el universo hipanohablante. De allí sus encuentros con el Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa, quien dirige la Fundación Internacional para la Libertad (FIL), y con el ala más derechosa del Partido Popular español, como la diputada Cayetana Álvarez de Toledo y la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso. De allí, también, su promesa de hace un tiempo, cuando todavía soñaba con volver a la Casa Rosada, de volver a gobernar igual, pero «mucho más rápido».
Si en algo coinciden estos dirigentes –a esta altura, Vargas Llosa también lo es, al menos ideológicamente– es en su desprecio visceral por cualquier forma de populismo progresista y especialmente, en lo local, por el peronismo en su versión kirchnerista. La suma de «libertad» entendida como iniciativa privada sin limitaciones estatales y antikirchnerismo explícito da como resultado un apoyo a las propuestas de su exministra de Seguridad en la interna del frente que integra y si el viento dice que Milei es un factor ineludible en la política nacional, tentar algún tipo de alianza que integre los votos de ambos espacios para vencer al peronismo.
El entusiasmo de Macri, sin embargo, deja malheridos dentro de la alianza que se armó con la UCR y la Coalición Cívica, la agrupación de Carrió. La ferviente exdiputada renunció a su candidatura al Parlasur luego de las PASO alegando problemas –reales– de salud, pero también en rechazo al acercamiento con Milei. Carrió había apoyado a Rodríguez Larreta y había argumentado que el proyecto de Bullrich implicaba un ajuste brutal y represión sangrienta, en una sorprendente coincidencia con voceros del oficialismo. Lo de Milei pinta para peor. Maximiliano Ferraro, el presidente de la CC, pidió ponerse la camiseta de JxC «sin especulaciones o ambivalencias personales», lo que se interpretó como un sablazo al expresidente sin nombrarlo.

Río revuelto
El corrimiento de Macri también afecta a la referente del PRO y supuestamente quien debería recibir su máximo apoyo para la elección de octubre. La cara de sorpresa de la ganadora de la interna en la noche de la primaria fue elocuente cuando en el escenario Macri se presentó exultante por lo que parecía un triunfo personal y dijo que «Argentina entra en un cambio de era». La apuesta por su primo en la Ciudad de Buenos Aires y por Bullrich en lo nacional había sido refrendada en las urnas.
La candidata presidencial de JxC, en cambio, quedó algo descolocada por el resultado de las PASO y más aún por la simpatía de su jefe político con quien es su principal competidor para llegar al balotaje. Para colmo, Milei dijo que en caso de ser presidente le ofrecería a Macri ser su «representante ante el mundo». Si un cargo le puede interesar al exmandatario es cualquiera que lo coloque en un aeropuerto. Su nominación a la Fundación FIFA ni bien se fue de la Rosada y sus frecuentes participaciones en los mundiales de Bridge son datos relevantes acerca de su afición por los viajes.
«Queremos a todos nuestros dirigentes, incluido a Mauricio, haciendo campaña. Necesitamos a todos. No hay que descartar a nadie», cita Página/12 a Damián Arabia, hombre cercano a Bullrich. «Dijo que iba a ser neutral en la interna y no fue neutral en la interna. Y ahora resulta que no solo no fue neutral en la interna, sino que está siendo neutral en la general, porque hay una especie de coqueteo con Milei que confunde mucho al votante», agregó Prat Gay. Lo de Storani va más al hueso. Los radicales, fundamentales para que Macri fuera ungido presidente en 2015, se sintieron, con razón, ninguneados durante sus cuatro años de gestión. Rodríguez Larreta hizo una alianza fuerte con el más que centenario partido en busca de los apoyos que necesitaba para derrotar a Bullrich, que a su vez convocó a un radical como compañero de fórmula. El aparato partidario y su titular, Gerardo Morales, estaban junto con el jefe de Gobierno porteño. Pero no le alcanzó.
«Si votara en Capital no votaría por Jorge Macri (porque) está puesto ahí para custodiar negocios», lanzó Storani, todavía dolido por la derrota de Martín Lousteau en el distrito capitalino. Y concluyó: «Es indisimulada la alianza que existe entre Mauricio Macri y Javier Milei, los guiños que se hacen, Macri le daría la gobernabilidad que Milei no tiene, con legisladores, gobernadores, intendentes».
Desde la ciudad marroquí de Marrakech, donde se disputa el Mundial de Bridge, Mauricio Macri articula nuevas movidas en ese aristocrático juego, despreocupado de la situación de un país atosigado por el cepo más dañino, el del FMI, al que convocó en 2018 para que –infructuosamente– lo ayudara a ganar las elecciones de 2019.  Y entre partida y partida no se privó de cuestionar al gobierno por el reciente ingreso al grupo BRICS. En redes sociales difundió un mensaje al respecto: «El Presidente nos compromete en uno de sus momentos de mayor debilidad a ser parte de los Brics, mientras Rusia invade Ucrania; y a ingresar nada menos que con Irán», escribió Macri quien, en 2018 participó de una cumbre del grupo que ahora critica, también en Johanesburgo, donde mantuvo reuniones con Putin y Xi Jimping, a quienes elogió efusivamente.

Revista Acción, 25 de Agosto de 2023

Giancarlo Summa: «Hay que tener respuestas frente a la campaña del miedo de la derecha»

Giancarlo Summa: «Hay que tener respuestas frente a la campaña del miedo de la derecha»

Es investigador de la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales (EHESS) de París y uno de los fundadores en Brasil de la red Multilateralismo y Derecha Radical en América Latina (MUDRAL). Si bien Giancarlo Summa nació en Italia y ahora hace su tarea en Francia, buena parte de su trayectoria se desarrolló en Brasil, donde trabajó en las campañas de Lula da Silva. De paso por Buenos Aires, invitado por el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), visitó la redacción de Tiempo para hablar del tema que lo ocupa y preocupa: el avance de derechas radicalizadas en el mundo. «Lo que las investigaciones muestran es que hay una extrema derecha ideológica que tiene un programa estructurado y que si bien no son todos iguales, tienen algunos puntos de contacto», sostiene.

-¿Cómo cuáles?

-Hay una explotación del miedo, que es un sentimiento muy fuerte, mucho más que la categoría de la esperanza, que es normalmente con la que trabaja la izquierda: la esperanza de un mundo mejor. El miedo es muy fuerte porque para nuestro cerebelo es algo primitivo de cuando estábamos combatiendo en la sabana como humanos para poder vivir. El miedo es esencial al neoliberalismo en un mundo de precariedad laboral, incertidumbre por el futuro, por si tendremos trabajo, si vamos a comer. Ante esta incertidumbre existencial una reacción es encontrar culpables de la situación. En América Latina es muy fuerte el miedo por razones de seguridad. En Europa, por los migrantes, los extranjeros, en su mayoría africanos. Otro punto es el de la comunidad homogénea. La idea de la nación o la patria como unidad en la cual unos son los verdaderos autorizados a definirse como los patriotas porque pertenecen a determinados grupos étnicos o tienen una determinada religión o piel. Es una visión del mundo también patriarcal, heterosexual.

–¿No existía eso con el nacionalismo del siglo XX?

–Eso era parcialmente verdadero en la época de la derecha tradicional, cuando el mundo era mucho menos globalizado. Hoy hay gente de todo el mundo que está en todo el mundo y en las últimas décadas hubo un muy fuerte cambio social con el feminismo y la reivindicación de los derechos LGBT. Eso pone en discusión el modelo tradicional de sociedad. Hay una reacción a todo eso.

–Lo que está en juego también es el rol del varón blanco y europeo.

–Eso es algo que percibes en Argentina, en Brasil tenemos una sociedad mucho más mestiza.

–Eso llama la atención, porque hay afrodescendientes que apoyan a Jair Bolsonaro.

–Porque no se sienten un grupo minoritario. Su principal representación no es como afrodescendientes sino como hombres, o los que trabajan para los pobres que viven de subsidios sociales. Hay una serie de categorías que se están superponiendo que no tienen que ver con la visión de clases sociales con las que nosotros trabajábamos. Hay otros niveles de percepción relacionados con cambios sociales, que son algo planetario, de desindustrialización. Si hablamos de la región, ¿Dónde están las industrias? No hay más, es algo marginal. Entonces no hay más sindicatos como había, no hay más lugar donde hombres y mujeres socializaban con compañeros.

–¿No pasó en Europa?

–Es una de las razones es la crisis de la izquierda en Europa. En América Latina teníamos que ocuparnos de otras cosas como la democratización, como los golpes militares hasta antes de ayer. Ellos tienen 15 años de delantera, pero llegamos a eso: sociedades desindustrializadas donde las agrupaciones sindicales no tienen ni la sombra del poder de negociación, de representación, de construcción de una visión del mundo. Esos son elementos centrales: un lugar homogéneo, la familia en crisis, la tradición de un pasado como lugar donde las cosas eran buenas y las relaciones sociales eran distintas.

–Donde las mujeres eran mujeres y el hombre era hombre, dirían.

–Y los países de Europa tenían su papel superior y los países del sur del mundo sabían cuál era su lugar. O como pasa en Argentina, esa cosa orgullosa de decir «nosotros venimos de Europa».

–Todas estas derechas son más radicalmente neoliberales que quienes se reivindican como tales.

–Por eso es una nueva derecha, donde hay un conservadurismo social muy agresivo, una visión nacionalista xenófoba, un rechazo racista. Las derechas tradicionales tenían una visión nacionalista pero con un papel del Estado muy importante en la mantención de sus privilegios. Esta derecha es contraria a los derechos individuales. El único derecho que reivindican es el de propiedad y la única que importa es la libertad económica. Yo analicé 30 mil tuits de (Javier) Milei, que es un ejemplo de manual, y las palabras que más presentes son «libertad carajo». ¿Pero qué libertad? La de hacer cualquier cosa sin control del Estado.

–Como vender a un hijo.

–O un riñón, sin control, sin reglas. La libertad es sólo la de emprender, el único papel que reconocen al Estado es el de arbitraje de contratos y de policía, para reprimir cualquier tipo de oposición social.

–¿Por qué no hay una nueva izquierda?

–Tenemos 40 años de la descomposición social que provocó el neoliberalismo. Es la maduración de los cambios sociales que ocurrieron debido al cambio de sistema económico global. El sistema no se estableció de la misma forma en el mundo y entonces es un fenómeno de las Américas y Europa. Y después está Internet, por lo bueno pero también por lo malo, por la aceleración de la discusión de determinadas ideas. Por nuestro lado, el de la izquierda, todavía nadie supo inventar nada nuevo después de la caída del muro de Berlín. Eso fue en 1989, y en América Latina casi no nos dimos cuenta porque se estaba celebrando la segunda vuelta de las elecciones en Brasil, cuando Lula casi ganó. Cuando la izquierda mundial decía «¿y ahora qué hacemos?» acá se decía «mira, acá la izquierda ganó las elecciones, no es problema nuestro». Después descubrimos que ahora la izquierda tiene los votos pero no tiene las ideas. ¿Cuál es el modelo que la izquierda supo proponer luego de la represión, las dictaduras, la recuperación de la democracia? Esencialmente es el mismo modelo económico un poco más civilizado. Porque no queremos que nadie se muera de hambre, y entonces tenemos algunos programas sociales.

–Un capitalismo amable.

–Funcionó en Europa, en años mejores. Los gloriosos años del 45 al 75, de la reconstrucción, pero 40 años más tarde hacemos sólo la defensa de lo que quedó. La izquierda más de izquierda desapareció de Europa. En Brasil se reeligió Lula pero por muy poco: podría haber ganado Bolsonaro. ¿Qué proponen los gobiernos progresistas? En Francia, donde la economía no está tan mal –casi pleno empleo– las fuerzas que crecen son de derecha y hay convulsión social no organizada, que no se refleja en las elecciones. Y en América Latina, luego del ciclo de dictaduras, creció la desigualdad, la desindustrialización y reprimarización de la economía.

–¿De qué manera influyen los medios?

–Desapareció la importancia de los medios en general para fijar la agenda. Trabajan para inflamar el discurso, con amarillismo, simplificando la información. Y las redes sociales son tierra de nadie, no hay regulación y son manejadas por multinacionales, los gobiernos no se animan a darles pelea. Hay una aceleración de la circulación de ideas extremas, que siempre existieron pero antes no había tecnología para difundirlas. No defiendo ni un poco que la izquierda tenga que trabajar de la misma forma sino que el camino sea justo, ético y aceptable.

–Pareciera que es para cortarse las venas.

–Para nada. El partido con la extrema derecha en América Latina aún lo estamos jugando. En nuestra región están, hoy, los partidos de izquierda y movimientos  sociales más fuertes y organizados en el mundo, y la nueva derecha radical aún se está articulando. Hay espacio para resistir y hasta avanzar. Pero la izquierda y los progresistas necesitan tener respuestas a las cuestiones económicas para impulsar un cambio del modelo, salir del neoliberalismo, reducir la desigualdad y proteger el medio ambiente. Y hay que tener respuestas de verdad frente a la campaña del miedo de la derecha. ¿Qué pasó en España? Que la derecha del PPO y Vox no tuvo la afirmación aplastadora que todas las encuestas sugerían. Es cierto que el país se fue a la derecha, pero no como se temía y hubo mayor participación electoral, quizás porque los españoles democráticos, progresistas, fueron a votar a los socialistas para evitar una victoria arrolladora de la derecha dura. Quién sabe esta sea una lección importante para Argentina en octubre.

Tiempo Argentino, 6 de Agosto de 2023

Votos que definen rumbos

Votos que definen rumbos

Ganadores. El gobernador electo junto a Manzur, en el festejo del FDT en Tucumán. Claudio Poggi, vencedor en San Luis por JxC, acompañado por Larreta, Morales, Lousteau y Stolbitzer. (Fotos: Télam / Na)

La coalición Juntos por el Cambio pudo mostrar este domingo una imagen ganadora tras el comicio en San Luis, las PASO en Mendoza y las elecciones locales en Corrientes y Río Negro. El oficialismo, a su vez, confirmó en Tucumán que el impedimento de la Corte Suprema a una postulación del candidato a vice, Juan Manzur, solo demoró un resultado que no varió demasiado de lo que seguramente hubiese ocurrido el 14 de mayo, aunque si impidió –con la prohibición en simultáneo de la candidatura de Sergio Uñac en San Juan– que ese día el Frente de Todos tuviera un fin de semana arrasador. Lo que también se vio en las urnas tucumanas fue una caída estrepitosa del aspirante de la ultraderecha, Ricardo Bussi, que detrás de la imagen de Javier Milei sacó la tercera parte de votos que cuando fue solo, en 2019.
A horas del cierre de la inscripción de alianzas electorales a las primarias abiertas, y a una semana de la fecha límite para presentar las candidaturas, los números del segundo domingo de junio de 2023 impactarán en los debates del radicalismo en la convención de este lunes en Parque Norte. En una cumbre clave para el oficialismo, por otro lado, la del Frente Renovador, el ministro de Economía, Sergio Massa, desmintió versiones de ruptura en el FdT y confirmó que, si bien considera que «el mejor camino es la unidad», si la decisión mayoritaria dentro de ese espacio es dilucidar candidaturas en las PASO de agosto, «anótennos, vamos a estar poniendo lo mejor de nosotros y buscando los mejores acuerdos», dijo.
Desde Mendoza, donde celebró junto con el actual senador Alfredo Cornejo el triunfo en las primarias de Cambia Mendoza –la marca local de JxC–, Patricia Bullrich Luro Pueyrredón anunció una hora antes de la confirmación oficial que en la vecina San Luis, Claudio Poggi era el gobernador electo de la provincia puntana. El apuro tenía sentido en clave interna: Poggi es más cercano a Horacio Rodríguez Larreta en la puja de JxC y la exministra de Seguridad de Cambiemos quería «primerear» a su contrincante, que a esa hora estaba en Corrientes junto al mandatario provincial.
Las fichas se repartieron así: Bullrich tuvo su foto con Cornejo, su aliado radical mendocino; Rodríguez Larreta con su radical correntino, Gustavo Valdés. La elección en San Luis no venía tan clara, de modo que estar con Poggi de entrada parecía demasiado aventurado y a esta altura del campeonato conviene ir a lo seguro. Por eso el alcalde porteño se mostró junto al gobernador electo recién a medianoche, al lado de Margarita Stolbizer, Martín Lousteau y el jujeño Gerardo Morales. En la «tierra del sol y del buen vino» el más cercano a Larreta, Omar de Marchi, no aceptó a ir a la PASO contra el aparato oficialista mendocino, lo que irritó en su momento a sus socios políticos.

Identidades variables
El que aparece como mayor éxito electoral del 11J es el de San Luis. Los titulares de los medios afines a JxC coinciden en que Poggi dio «el batacazo» y logró terminar con 40 años de reinado de los Rodríguez Saa. Pero si se desmenuza un poco se percibe que la cosa tiene sus matices. Poggi, cordobés de nacimiento, inició su carrera política en el radicalismo, con Franja Morada en la Universidad de Río Cuarto, y luego se sumó a las huestes del espacio que gobernó San Luis desde 1983.
Contador público, fue ministro de Hacienda y luego de Economía de Adolfo Rodríguez Saa. Con la gestión provincial de Alberto Rodríguez Saa, fue diputado nacional, y en 2011 fue elegido gobernador. En 2015, al término de su mandato, encabezó la lista de diputados por Compromiso Federal, el sello del «rodriguismo» de entonces. Pero en 2016 comenzó su acercamiento con Cambiemos. Ahora, llegó nuevamente a la gobernación apoyado en JxC a nivel nacional, pero tras la ruptura de los hermanos. Alberto apoyó a su rival de este domingo, Jorge Fernández, mientras que «el Adolfo» estuvo a su lado. Poggi llega a Terrazas del Portezuelo con el 53,24% de los votos de Cambia San Luis contra el 45,79% de Unión por San Luis. En 2019 había quedado segundo de «el Alberto», que ganó con 42,34%. Poggi llegó esa vez a 34,54% de sufragios y Adolfo Rodríguez Saa –ya enfrentado a su hermano– sumó 22,03%. Desde el punto de vista matemático, la derrota del albertismo puntano se puede explicar por la pelea fraterna. Pero en la foto del podio y los zócalos televisivos, Adolfo no aparecía.

Luna tucumana
La intervención de la Corte Suprema impidió que el actual gobernador, Juan Manzur, pudiera presentarse a una nueva elección, ahora como vice de Osvaldo Jaldo. Las diferencias entre ambos eran muy fuertes cuando en 2021 el presidente de la Nación designó a Manzur jefe de Gabinete. Solo al cabo de reuniones de alta tensión se logró zanjar el entuerto. Manzur no confiaba en su compañero de fórmula de 2019, lo que explica la frialdad con que Jaldo recibió la noticia de que se suspendían las elecciones.
Ahora, acompañado por el ministro de Interior tucumano, Miguel Acevedo, sumó el 56,3% de los sufragios contra el 34,1% de Norberto Sánchez, de JxC. La ultraderecha –lejos de ser un cuco en un territorio que gobernó con mano genocida el padre de Bussi y luego a través de los votos– esta vez con Bussi Jr., obtuvo un 3,9% de adhesión. En 2019 había llegado a 13,78%. En el reparto de porotos, el espacio opositor nacional había computado hace 4 años, como UCR, 14 puntos menos, mientras que ahora el peronismo creció 6 puntos.
En Corrientes, por su lado, se elegía legisladores provinciales. Encuentro por Corrientes, la sigla de JxC, superó por 40 puntos al FdT en diputados y senadores. Era un resultado cantado, por eso Larreta se mostró junto a Valdés. En la puja interna con el PRO, los radicales descuellan otra vez como los dueños de los votos provinciales de la derecha, un escenario donde el partido fundado por Mauricio Macri solo puede presentar a la Ciudad de Buenos Aires y algún distrito del Conurbano. Pero incluso en la UCR las cartas no están del mismo lado. Valdés, Loustau y Morales juegan con Rodríguez Larreta, Cornejo con Patricia Bullrich.
Este lunes se verá cómo acuerdan discutir la conformación de una alianza que viene complicada luego del convite de Rodríguez Larreta al gobernador Juan Schiaretti. Es el inicio de una semana que pinta muy interesante.

Revista Acción, 12 de Junio de 2023